martes, 6 de diciembre de 2016

Belsué, Cienfuéns y Dolmen, por los contra pasos de Roldán

IXOS MONS
Belsué, Cienfuéns y Dolmen
Domingo, 4 de diciembre de 2016



            "… para sorpresa de aquellos que le acorralaban, picó las espuelas y se lanzó al vacío. Ante los ojos de sus perseguidores, el corcel dio un salto tan prodigioso que, en lugar de precipitarse al fondo del cortado, consiguió llegar al otro extremo, estampando sus huellas, todavía visibles según algunos, sobre la peña de San Miguel…".

Roldán en alguno de sus lances (estella.info)
          ¿De quién, de qué y de dónde hablamos?, con ello vamos. Son leyendas que se cuelan en los pliegues de la historia. Hablamos del valeroso caballero Roldán, sobrino del también mítico Carlo Magno. Hablamos de la huida de Saraqusta, tras la fallida conquista. Hablamos del Salto de Roldán, entre las peñas de Amán y de San Miguel. Cuentan, los de los pliegues, claro, que el caballo murió del estacazo, habiéndose jiñado tres peloticas en su caída, que fueron a parar al Flumen, de éste al Alcanadre, al Cinca, al Segre, al Ebro, y finalmente al mar, en cuyas orillas africanas se depositaron, naciendo una flor de cada una de ellas, que fueron comidas por una yegua, que se quedó preñada de tres potrillos. Eso del corcel, pero no os perdáis lo de Roldán, que tras quedar un poco atontado del golpe, que eso no se dice, pero digo yo que así quedaría el hombre, aún le quedaron fuerzas para seguir huyendo, que lo hizo andando hacia su Francia natal, llegando agotado a Ordesa, y al ver que no pudo continuar, lanzó su espada Durendal creando la famosa Brecha de Roldán, su brecha vamos, para conseguir ver así su galo territorio por última vez. Y colorín, colorado...

Arrancamos, bajo la atenta mirada de Belsué, en lo alto


Embalse y presa de Santa María de Belsué
            Nuestras andanzas de hoy, con los amigos Sara y Javier, discurren por parte de esa huida legendaria. Discurren por tierras montañosas tras ese Salto de Roldán, que separa la Hoya de Huesca del comienzo de las montañas. Discurren por ese tajo que el río Flumen, valiente redundancia, se calza por el valle de Belsué, donde es amansado por su presa y otra más abajo a los pies de esos acantilados de Cienfuéns, que sin vértigo alguno se asoman a tajo sobre el vaso de este segundo embalse, que ahí está, porque dicen que no hicieron bien el primero. Y discurren, también, por lugares habitados en el Neolítico a juzgar por esos restos megalíticos funerarios, y eso no es leyenda, que ahí están también.

Barranco Barranquero
            En un recóndito lugar del Guara más occidental, entre las sierras del Águila y Belarre, se encuentra el pequeño pueblo de Belsué, que todavía lucha por sobrevivir, como al regreso nos cuenta Josemari, uno de sus 6 habitantes fijos. Una pedanía que goza y sufre a la vez de su soledad, de su arcaico ambiente de pueblo de montaña en este olvidado rincón cercano a Huesca, capital de la comarca y de la provincia, y por qué no decirlo de ese Alto Aragón que tantas bellezas atesora, y que por estas montañas comienza a hacerlo.

Barranco Senar
            Pues bien, llegados a Belsué desde la boca túnel de la Manzanera, en la antigua carretera del Monrepós, continuamos unos como 800/900 metros, y algo pasada una señal indicativa que nos direcciona al Pico del Águila y al Dolmen de Belsué, con las marcas verdes correspondientes al Parque Natural de la Sierra y los Cañones de Guara, donde nos encontramos, dejamos el vehículo, porque es por ahí por donde va a terminar esta circular. Una circular que comenzamos andando por esa misma carretera dirección a Lúsera, y a unos 500 metros tomamos un sendero a mano derecha, que no se muestra evidente en su inicio, pero que enseguida nos da ya la seguridad de estar en el camino correcto.

Enorme ejemplar de roble
            Este callado valle se caracteriza por su paisaje vegetal de media montaña, rico en rebollos, entretenidos ahora en tapizar el suelo de ese marrón viejo con el que se dará comienzo de nuevo el ciclo de la vida. Son no muy grandes ejemplares, pero que da gozo ver su vitalidad, ver cómo hacen frente a los rigores de las distintas estaciones del año. Pero no todos son pequeños, que de vez en cuando te topas con algún ser muy especial, que te transmite su apego a la tierra, su apego a formar parte de ese mundo natural por el que con gran respeto discurrimos.

Ruinas de las viviendas de los trabajadores
            Por un momento nos codeamos con el barranco Barranquero, que sin cruzarlo vemos andar sus aguas cauce abajo para descargar en el de Senar, que sí que pasamos por debajo de la casa del Romeral. Abrazadas ya sus aguas, van a engrosar el embalse de Santa María de Belsué, que aunque se cree protagonista del valle, no lo será si no lo consideramos. Una vez cruzado, nos situamos ya sobre la orilla derecha del pantano, y con clara dirección hacia el sur, el sendero rinde a la pista que lleva a la presa. Una presa que después de haberla hecho, hace ya 85 años, después de haberla pagado, suponemos que entre todos, se dieron cuenta de que era permeable a las aguas, teniendo que hacer otra más abajo. Pero como en otros muchos momentos de la vida, más vale mirar hacia arriba en lugar de hacia abajo, aunque sea inevitable, una vez pasada la presa, ver cómo muy próximo al lecho del barranco la vegetación va fagocitando lenta y calladamente las ruinas de esas construcciones que sirvieron de cobijo a los trabajadores.

Transitando por los túneles

El Flumen por el lecho casi seco del embalse de Cienfuéns
            Nuestro sendero se hace ancho camino y juguetea por dentro de la roca en varias ocasiones, para salvar este congosto de Belsué. Pronto se hacen patentes a nuestra derecha los enormes acantilados de Cienfuéns que se crecen y se crecen para hacer las delicias de los expertos escaladores en roca, que ponen bien a prueba su resistencia. Pronto, la desolación del vacío embalse de Cienfuéns nos asalta. De nuevo tierras vencidas, de nuevo cemento, de nuevo obstáculos para mantener la biodiversidad que tiene como hogar el cauce de un río. Hasta aquí el ancho camino, para continuar por sendero, que como a hora y cuarto del arranque nos encontramos con un desvío cuyo ramal derecho está señalizado para el dolmen. Abajo vemos un edificio con pinta de haber sido un molino en sus mejores días.

Paredones de Cienfuéns

Desvío para el dolmen
            Nos dirigimos ya hacia ese dolmen, con vistas a ese Salto de Roldán entre las peñas de Amán y San Miguel. Un largo y bonito pasillo de rebollos, enebros, romeros, gayubas y demás plantas rastreras hemos de pasar hasta llegar a un claro, en el que tenemos indicado el desvío que en 200 metros nos lleva al dolmen. Parada y fonda. Fotos y vuelta al desvío para tomar ya rumbo de vuelta por empinada cuesta, que nos sube para integrarnos en la pista que del salto va a Belsué, a donde nos llevan los pasos, burlándola por sendero en un par de vueltas. Pasamos por la que llaman Caseta O Carro, que hicieron para resguardar el carro cuando hacían estas obras, y que anda ya medio destechada.

Solitarios caminos

El bosque encantado
            Poco a poco se nos va abriendo ya la vista al valle cuyo fondo está ahogado por el embalse. En poco ya llegamos al punto de partida, habiendo invertido 3h 50’ de tiempo total, del que 3h 20’ han sido en movimiento, para recorrer 14 km, con un desnivel acumulado en torno a los 780 m D+. Todo ello en una mañana en la que hemos buscado cielos más limpios que donde las primeras intenciones, que eran por Bentué de Rasal, pero que no nos arrepentimos en absoluto, porque hemos recorrido solitarios lugares de callados montes por caminos que ya tuvieron en cuenta Roldán y su séquito, pero mucho antes, nuestros antecesores neolíticos.

 
Salto de Roldán, entre las peñas de Amán y San Miguel
De vuelta
            A la salida hacia la vieja carretera de Monrepós, justo antes de llegar a ella, donde grandes cipreses jalonan la pista, se toma a nuestra derecha otra que a poco más de un km permite el paso hasta un recién instalado mirador, de Bonés se llama, puesto que estamos en esta sierra que por encima de los coladeros de los túneles que dan paso por este pre Pirineo, alberga bonitos puertos en los que tiene la cuna el río Flumen, que nos ha acompañado hoy durante buena parte del recorrido. Desde este mirador, decimos, se adivinan unas muy buenas vistas sobre el Pirineo y sobre este valle, que hoy las nubes nos niegan, pero seguro que están ahí.
   




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