sábado, 13 de abril de 2024

Collada de Planatuzal, de Ballabriga a Vilas del Turbón por el PR-HU 123

 Año XIII. Entrega nº 867


IXOS MONS
Collada de Planatuzal (1745 m)
Sábado, 6 de abril de 2024

            “El benedictino Abad, en su visita a Obarra, en 1772, vio aún los vestigios del castro Ripacurza y recogió una lápida con inscripción romana. Cerca de allí trepa el camino de acceso a Espés, remontando Ballabriga. Se trataba de una primitiva fortaleza romana allí emplazada para proteger el flanco sur de la garganta ribereña. Erigido sobre Ballabriga, se cubría por el sur con los fuertes de Roda de Isábena y Pedruy, a lado y lado del río; y los más cercanos de Calvera, Castrocid y alguno más ignorado de momento. Santiago Broto.



            La primera mención que se tiene de este lugar está datada entre 1010 y 1012, por Martín Duque, en su Colección diplomática de Obarra, nº 19, donde está documentado un tal Garuzo de Vallabricha. Desde entonces, y seguro que mucho antes también, se fueron sucediendo transacciones mercantiles con esta villa y sus tierras, dada la importancia de su emplazamiento estratégico, dominando, a través del cercano paso de la Croqueta, el congosto de Obarra. Parece ser que el sufijo “briga” significa fortaleza, castro… de cualquier modo, lugar alto. Desde sus 1180 msnm se tiene un dominio visual sobre el valle, aguas abajo del congosto. 



            Un dominio que vamos a ir perdiendo conforme nos vayamos alejando de este lugar. Para ello, salimos de Vallabriga junto a su parroquial, edificio que cuenta con los dedos de una mano los años que pasan de la centena, aunque parece ser que se emplearon en su construcción sillares y otros elementos de un antiguo templo románico. 



            La emprendemos, pues, siguiendo el PR-HU 123, que nos va a llevar hasta destino. Se sale por cómodo camino, hasta cruzar el barranco de la Rivera, a partir del que, inmediatamente tomamos un sendero que, empinado él, va a ir burlando la pista cruzándola en diversas ocasiones. Despidiéndonos visualmente de las sierras de Calvera y de Sis, vamos tomando altura por el sendero que, cruce tras cruce de pistas, va llegando al collado de Planatuzal que, con sus 1745 metros es el techo de la ruta, al que llegamos al cabo de una hora y cuarenta minutos. 









            La frondosidad del bosque es de tal calibre que impide la vista, y que aquí tiene ocasión de ampliarse hasta el infinito. Uno de esos infinitos más cercanos es el soberbio macizo del Turbón que, como gran arca varada en el tiempo parece asignarle la tradición popular la regencia del tiempo atmosférico, si hacemos caso del refrán de “si llueve en el Turbón, llueve en todo Aragón”. Estamos cruzando la cañada de Villacarlí, que une esta población, del municipio de Torre la Ribera, con el otrora transitado puerto de las Aras, y que desconocemos si tiene uso en la actualidad.




            Ya de bajada, en una de las salidas de pista a la derecha, encontramos una baliza que señaliza el circuito nº 3 de Nordic Walking, y que vamos siguiendo. En el lugar donde tomamos de nuevo la pista, cambiamos ya al término municipal de Torre la Ribera, que no abandonaremos ya hasta el fin de la ruta.




            A lo largo del descenso también se suceden los cruces con pistas, hasta que finalmente, y por terreno de margas, salimos del bosque y damos con el barranco de Canals, que cruzamos como podemos por el alto caudal que lleva. Seguimos por pista hasta entrar de nuevo en un sendero a la izquierda, que nos baja ya a la carretera local Hu-V-9601, que une distintos núcleos de las Vilas del Turbón. Situadas bajo el enorme macizo homónimo, si nos remitimos a la leyenda nos cuenta que el nombre le viene de que en esta montaña mágica encalló el Arca de Noé al descender las aguas del diluvio universal, cuando el personaje gritó “L’arca ba turbá, l’arca ba turbá”, considerando que turbar significaría eso, encallar. 





            Pues hasta aquí la ruta de hoy, que nos ha costado 3 horas, para recorrer 6,7 km, y salvar un desnivel acumulado en torno a los 620 m D+ y 395 m D-, uniendo dos poblaciones de estos valles tan cargados de historia y de patrimonio.



Bibliografía:

El Pirineo aragonés. Santiago Broto Aparicio. Ed. Everest (1979)

Historia de Aragón, los pueblos y despoblados I. Antonio Ubieto Arteta. Anubar (1984)

Historia de Aragón, los pueblos y despoblados II. Antonio Ubieto Arteta. Anubar (1984)

Web:

Rutas con historia  

Turismo Ribagorza  

Wikipedia 

Wikiloc   

RAE  

Fundeu  

IGN 

Geamap 

Hijo de la Tierra  




Las fotos, con sus comentarios y el track


* La publicación de la ruta, así como del track, constituyen únicamente la difusión de la actividad, no asumiendo responsabilidad alguna sobre el uso que de ello conlleve.


      




viernes, 12 de abril de 2024

Mirador de las Tosas, junto al collado entre Calvera y Bonansa

 Año XIII. Entrega nº 866


IXOS MONS
Mirador de las Tosas (1595 m)
Viernes, 5 de abril de 2024

            “Los pastos estaban muy bien organizados por los vecinos de cada lugar, no solo en altura -ascendiendo o descendiendo según la época del año-, especialmente los de verano en las “estivas” de las montañas, que se iban abriendo de forma paulatina, por zonas, hasta que se dejaban pastar por toda la montaña, bien entrado el verano, tanto para el ganado lanar como para el vacuno. José Mª Satué.



            Hoy en día, en pueblos como el que nos ocupa hoy, ya no hay nadie que organice los pastos, es algo que tienen que hacer ellos solos. 

            Ellos solos se han ido organizando hacia la no organización. 

           Ellos solos han ido viendo cómo iba desapareciendo esa inteligencia ancestral, rústica, del máximo aprovechamiento. 

        Ellos solos, han ido viviendo cómo les desaparecía el objeto pastoril e iban siendo invadidos por especies sin invitación alguna. 

            Ellos solos.



            Es algo que comprobamos con demasiada frecuencia siempre que nos adentramos en el Pirineo profundo, en esos tristes montes, como decía Severino Pallaruelo, en los que las actividades tradicionales han dado paso a la nada en algunos casos, y a ser transitados, y por ende, recordados, vivificados, por los caminantes que, en una actividad lúdica, todavía podemos recorrerlos para impregnarnos, aunque no lo hayamos vivido, de ese ambiente que aún flota en el aire, que evoca duros trabajos en las cuatro estaciones, de gentes que vivían en consonancia con ellas, porque les marcaban los ciclos del año, los ciclos de la vida.



            Estamos hablando de Calvera, mencionada ya en la compra de unas viñas por el conde Bernardo de Ribagorza, y su mujer Toda en el año 916 (Catalunya carolingia, III nº 127, de Ramón de Abadal), tierras que legarían al monasterio de Obarra, porque Calvera y Obarra son indivisibles. De esta localidad cabe destacar la parroquial de San Andrés, construida sobre un pequeño roquedo en la parte baja del pueblo, y que aún conserva parte de sus orígenes románicos del siglo XI, como nos cuenta el maestro Omedes.



            Y qué decir también de “su castillo (siglo XI), conocido hoy en día como casa Castell, en estado semi ruinoso, que aún conserva la torre; fue morada de la familia condal ribagorzana y está ubicado en las peñas que cierran el valle sobre el monasterio; se encontraba a medio camino entre el castillo Ripacurza y los pasos montañosos que se dirigían a Bonansa y a Pont de Suert. Había otro en la actualmente despoblada Castrocit”. Texto tomado del panel de acogida en el propio Calvera, que comprendía en su término, el mencionado Castrocit, Morens, las Herrerías y el monasterio, hasta que, en 1966, por decreto 1780/1966, del 16 de junio (BOA 173/1966), pasó a formar parte del de Veracruz, actual Beranuy.



            Pues precisamente es uno de esos tramos el que vamos a recorrer hoy, el camino de Calvera a Bonansa por el collado de las Tosas, resucitado del olvido y señalizado recientemente. Hoy lo haremos hasta el paso, con su mirador, reservando para otra ocasión la llegada desde Bonansa. Un paseo de algo más de tres horas con ida y vuelta por el mismo itinerario. Allá vamos.




            Calvera nos recibe callado, como todos los lugares que saben que tienen más pasado que futuro, sumido, pues, en su importante historia. Una historia que, afortunadamente, se va viendo remozada en sus casas, en sus fachadas, sigue habiendo vida, y eso es importante.




           Salimos en dirección este, por el costado de casa Carpinté, con un gran valle a nuestra derecha, que media entre nuestra mirada y la sierra de Sis, y que ha sido labrado por barrancos, el más importante el de Castrocit, que viene de la aldea homónima, que no ha podido resistir el paso del tiempo, y que ya traía las aguas del de las Tosas, a cuyos orígenes nos dirigimos.




            El camino, bien señalizado, va coqueteando por las curvas de nivel y entre tapiales de los bancales, que hoy en día sólo albergan unas carrascas que sacan sus robustas raíces por entre las piedras. Por caminos milenarios, se cruzan algunos barrancos, como el de Pegá y el Fondo, para salir, como a mitad de camino a una pista junto a un depósito de agua, que ya sin dejarla, va ganando altura poco a poco. 




            A menos de una hora de recorrido de la pista, se nos presenta un desvío a la izquierda, que hay que tomar, para llegar al collado en pocos minutos, donde podemos acercarnos hasta el mirador. Estamos muy próximos a los 1600 metros, y nada cercano nos impide alcanzar visualmente las grandes montañas pirenaicas, al norte, así como el comienzo de la sierra de Sis, al sur.




            De vuelta al collado, para emprender el descenso a Calvera por el mismo itinerario, al que, finalmente, le hemos metido 3 horas 25’, para recorrer los 11,4 km (ida y vuelta), salvando un desnivel acumulado de en torno a los 400 m D+/-, aprovechando así una mañana por entre estas montañas que destilan historia y paisaje.



Bibliografía:

La vida tradicional en el Pirineo. José Mª Satué Sanromán. Ed. Pirineo (2020)

Web:

Románico aragonés  

Rutas con historia 

BOE 

Wikipedia  

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* La publicación de la ruta, así como del track, constituyen únicamente la difusión de la actividad, no asumiendo responsabilidad alguna sobre el uso que de ello conlleve.