Año XV. Entrega nº 1007
«Mucho más que una disciplina para el cuerpo, el alpinismo es un lujo para el espíritu y un recurso para el alma. Porque la montaña, para quien sabe verla, ofrece el aspecto de una sabiduría para conquistar y poseer». Georges Sonnier (1918-1999).
Cita de un literato, dramaturgo y gran amante de las montañas que, con su sensibilidad, nos recuerda que las montañas no sólo son unos accidentes geográficos, que lo son, pero también unos paisajes con alma, que interpelan la propia alma del ser humano.
Aunque no con las dimensiones de ese «alpinismo» que decía Sonnier, sí con unas adaptadas a nuestras aptitudes, salimos en busca de esa sintonía, para proyectar hoy nuestra pasión, dirigiéndonos a uno de los puntos más septentrionales del Parque Natural de los Valles Occidentales, un espacio de 27 073 ha, más 7335 ha de Zona Periférica de Protección, declarado como tal en 2006, para hacer una ruta incluida en el libro Los valles occidentales del Pirineo aragonés (Prames 2022).
El concurrido paraje de la Mina, en la Selva de Oza, es un auténtico cruce de caminos, donde confluyen el GR 11, o Senda Pirenaica, de oeste a este, con un final y principio de etapa; el GR 65.3.3, o Camino de Santiago por el puerto del Palo, de norte a sur, en su etapa del puerto a Hecho; y es el punto más meridional del Chemin de la Liberté, referido a los franceses que huían de la ocupación nazi.
Dejamos los vehículos a unas decenas de metros del comienzo del camino, donde se inicia la concurrida ruta al ibón de l’Acherito, la S5 del parque, por cuyos primeros compases coincidimos.
Dejamos a la derecha el desvío por el que volveremos, abriendo aquí la circular
Cruzamos el barranco y subimos impenitentemente la cuesta hasta dar con el desvío donde dejamos el concurrido camino para seguir por el nuestro, adentrándonos en el barranco de las Foyas.
En el momento de partir, nuestro primer objetivo, el Lariste parecía auparse para significarnos que era a él a donde teníamos que llegar. De hecho, por el barranco se nos iba haciendo presente su soberbio porte. Lo que no sabíamos entonces es que iba a ser la última oportunidad de verlo así, tan flamenco, porque conforme íbamos subiendo, el cordal se mostraba incapaz de detener la gabacha*.
Sorprendemos una buena cabaña de sarrios a la que, no siendo nuestra intención, le cortamos el paso, huyendo una parte de ellos por cada ladera, ofreciéndonos lo que saben, un gran alarde de moverse cuesta arriba, además de una envidia involuntaria.
La traza del sendero se borra en ocasiones, transitando más por intuición, subiendo y bajando lomas, dejando a un lado y a otro esas foyas* que le dan nombre al barranco. Un sendero al fondo del circo se va viendo evidente, al que nos vamos acercando para ir subiéndolo, y con un poco más de esfuerzo llegamos al collado, envueltos ya en las nieblas. Dos horas hasta aquí.
Momento de respiro húmedo que no nos permite echar las largas para contemplar el circo de Lescún en todo su esplendor. Y el resto de vistas, pues a capricho de las nieblas. Proseguimos hacia la cima por la misma cresta, por darle un puntito picantón.
Nos enfrentamos a la pala final para llegar al primer objetivo, la cima del Lariste, el techo de la ruta. Podemos apreciar las excelentes vistas, más sobre el sur que por el norte, pero que colman nuestros anhelos, porque lo consideramos como «un lujo para el espíritu y un recurso para el alma», como decía Sonnier. Dos horas y cuarenta minutos hasta aquí.
Mi primera incursión a estas montañas fue en diciembre de 2012, para subir un Belén montañero, que se quería subir a la cumbre, pero se quedó en un lugar indeterminado, debido a horroroso orache* que nos impedía ver más allá de nuestros pies, y que volvimos a intentar encontrarlo en octubre del año siguiente, con alguna sorpresa, que podéis ver aquí.
Subiendo el Belén (dic'12)
Fotos y más fotos y… p’abajo, para lo que descendemos la pala y continuamos por el sendero bajo la cresta. De vuelta al collado para continuar por el cordal, emprendiendo la subida al Marmida, nuestra siguiente cota, a donde llegamos algo antes de media hora de la anterior.
Otra vaguada nos separa del siguiente objetivo, el Cotdoguy, al que damos alcance en cincuenta minutos. Las nubes no nos dan tregua, ni ocasión para asomarnos a ese impresionante circo de Lescún, pero nos conformamos con lo que tenemos, que no es poco.
Tenemos que ir retrocediendo conforme vamos descendiendo, para llegar al puerto del Palo, por donde pasa un ramal del Camino de Santiago, señalizado como GR 65.3.3 que, en el tramo .1 llega hasta Hecho.
Casi cuatro horas y media, cuando las voluntades parecen no converger. Mientras hay a quien le parece que ya está bien, que lo previsto era ya ir bajando, hay quien echa mano de los poyaques* para recordar el tan manido dicho de que «con lo que cuesta coger altura, ya que estamos aquí…». Y a nadie le falta razón, de modo que, viendo que el riesgo de partir el grupo era mínimo, con el consentimiento de todos, y de buen rollito, dos se van bajando, y cinco la emprendemos para subir al Burq, la que sería nuestra cuarta cota, y la primera al este del puerto.
El camino está bastante bien señalizado con hitos y, tras pasar una zona rocosa, en media hora nos presentamos en la cumbre de esta otra montaña fronteriza, bajo la que discurre, por su cara norte, la Senda de Camille, en su etapa de Arlet a Lescun.
Otra pequeña vaguada y subimos a la última cota del cordal, al O Risté, donde aprovechamos momentos de despiste de las nieblas que, como el Velo de Isis, nos permiten ver algo más de lo que antes nos han negado. Casi cinco horas y media hasta aquí.
Un largo descenso por la loma a dos aguas que, en algo más de media hora nos lleva a confluir con el Camino de Santiago, justo a los pies del Mallo Añarón, en el collado homónimo. Y, claro, cómo vamos a permitir que nos mire de soslayo, le vamos de cara a ver si quiere algo con nosotros.
En diez minutos nos aupamos a él, para ver lo que él ve y sentir lo que él siente. Aprovechamos para echar un bocado, el supuesto central de la jornada, pero ya se sabe, que se va a salto de mata en esas cuestiones. Es nuestra sexta cota, la más baja de todas, de hecho, no llega ni a los dos mil metros, pero, al estar alejada de la divisoria, es la que mejores vistas nos da.
Pero sólo de momento, porque la gabacha pretende conquistar estos valles, que no le corresponden. Salimos de aquí envueltos en la neblina y con frío. En cuatro patadas nos reincorporamos al GR, para no dejarlo ya hasta el punto de arranque.
El descenso lo hacemos a saco, al menos para intentar ir más rápidos que la niebla, pero conforme vamos bajando ya se da cuenta de que no puede con nosotros, y nos va permitiendo un ambiente algo más templado.
Cerramos la circular y ya, repitiendo itinerario, llegamos a la Mina, y en cuatro pasos a los coches, donde encontramos al grupo oficialista junto al río, al que apreciamos para darnos un buen refrescón, comparando el orache* con el que hemos salido, con el que nos encontramos.
Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado, pero prometemos que habrá más. En éste le hemos metido casi 7 horas y media, para recorrer una distancia de 14,2 km y salvar un desnivel acumulado de 1310 m D+/- (Wikiloc: 1238 m D+/-), habiendo alcanzado la máxima altura en los 2164 msnm del Lariste. Damos pues por terminada una magnífica ruta, con un tiempo que nos ha venido así, a rachas, y en buena compañía.
GLOSARIO
Gabacha: Nieblas que pasan de Francia por la divisoria
Foya: Hoya, agujero
Orache: Tiempo climatológico
Poyaque: Contracción de «pues ya que estamos aquí…»
BIBLIOGRAFÍA
La montaña y el hombre. Georges Sonnier Editorial R.M. (1799)
RECURSOS DIGITALES
Las fotos del autor, con sus comentarios, y el track
*La publicación de la ruta, así como del track, constituye únicamente la difusión de la actividad, no asumiendo responsabilidad alguna sobre el uso que de ello conlleve.