Año XV. Entrega nº 1008
«La relación más importante entre las personas y el paisaje no es estar en él, sino dejar que el paisaje esté dentro de ti». Kaori O’Connor (1945-2022).
La recientemente desaparecida autora de la cita con la que encabezamos este nuevo acercamiento a las montañas, y que ofrecemos a los lectores, fue una antropóloga social nacida en Hawaii, que combinó varias disciplinas en el terreno de las humanidades, y que nos demuestra una gran sensibilidad al mostrar que la verdadera relación con la naturaleza se establece cuando los paisajes interiores se identifican con los que vemos en el exterior, es cuando se lleva a cabo el verdadero disfrute, la verdadera sintonía.
Y en busca de ese disfrute, de esa sintonía, nos vamos en esta ocasión a tierras panticutas*, para alcanzar dos bellísimos ibones, el de Sabocos y el de Asnos, cuyo mirar al infinito se lanza bajo las paredes norte de la sierra de Tendeñera y, como luego veremos… algo más.
Damos por bueno un gran retraso en el acercamiento por la carretera general, que es debido al paso en nuestro mismo sentido de una nutrida cabaña de ovejas. Miles de ejemplares de una especie en peligro de extinción que da verdadero gozo ver custodiados por pastores y perros, por cierto, como única autoridad sobre el asfalto.
Finalmente llegamos al aparcamiento de Panticosa, desde donde parten nuestros pasos, cruzando el puente sobre el río Bolática para subir una empinada cuesta y tomar un sendero a la izquierda, que nos va introduciendo por los entresijos de un cerrado bosque de bojes, cuyos troncos están tapizados de un suave musgo que implora humedad.
Como media hora por la margen izquierda del Bolática cuando proseguimos por la, también margen izquierda, del barranco de Travenosa, saliendo poco a poco del bosque a los prados de montaña, con el telón de fondo de los alpinos paredones del Rincón del Verde.
Al cabo de hora y media de la salida nos vamos maridando con el barranco y su grácil cascada, para continuar por empinadas cuestas, que nos dan paso al sereno recinto del ibón de Sabocos y la oportuna cabaña a sus orillas, a donde llegamos al cabo de dos horas, y donde hacemos un descanso para dejar sintonizar nuestros paisajes del alma con los que desbordan nuestra mirada.
Tras cumplir la primera etapa de la ruta, nos encaminamos hacia el siguiente ibón, por terrenos ya colonizados por artilugios que permiten hacer las delicias de propios y extraños, amantes de los deportes de invierno.
Menos de media hora entre un ibón y otro. Estamos en el de Asnos, y a punto de iniciar el retorno, se plantea la posibilidad de volver por Hoz de Jaca, lo que implica una pensada logística, ya que tenemos en Panticosa los dos vehículos. Tras un corto debate y con el consentimiento de todos, que es lo más importante, somos dos los que decimos de ir a Hoz de Jaca, bajando el resto a Panticosa por el bosque de Yanel, quedando en que irían a nuestro encuentro, previsto en algún punto de la carretera local, entre la presa y el pueblo.
Dicho y hecho, con el amigo José Antonio de nuevo al ibón para emprender la subida al Cuello de Bozuelo por el PR-HU 92.1, una variante que nos va a bajar hasta Hoz de Jaca en dos horas según la tablilla sita en el mismo ibón. Veremos...
Pero no tan deprisa, porque al llegar al collado, cómo vamos a dejar pasar la ocasión para subir al Mandilar, que otras veces nos hemos quedado con las ganas. ¿Qué sería una ruta sin un poyaque*? Pues para arriba, a subir los algo más de 100 metros de desnivel. Nos encontramos con la parte superior de una pista de esquí, con su correspondiente aparataje.
Para compensar tal impacto, unas vistas también de impacto, sobre el valle de Tena, sus pueblos, sus montañas, la sierra Tendeñera, y más allá, incluso su majestad el Vignemale se hace visible… y no podía faltar nuestra familiar Peña Oroel al fondo.
De vuelta al collado para emprender el largo descenso siguiendo las marcas blancas y amarillas del PR en busca de los prados de Estatiecho donde, llegado a un punto, las perdemos y nos hace tontear un poco, como media hora de ir y venir, hasta que las retomamos.
Más de una hora desde el collado cuando, finalmente, salimos a la pista, que vamos bajando alternando por senderos que la burlan, hasta llegar finalmente a Hoz de Jaca, donde hacía muy poco que habían llegado los compañeros con los coches, algo que hubiera ocurrido carretera abajo de no ser por la hora de más entre la subida al Mandilar y la pérdida de señales.
Una travesía improvisada, a la que le hemos metido 5 horas y tres cuartos, para recorrer 13,4 km, salvando un desnivel acumulado total de 1125 m D+ / 1010 m D- (Wikiloc: 1076 m D+ / 960 m D-), alcanzando la altura máxima en los 2212 msnm del Narronal.
GLOSARIO
Panticuto/a: Gentilicio de Panticosa
Poyaque: Contracción de «pues ya que estamos aquí…»
RECURSOS DIGITALES
Las fotos del autor, con sus comentarios, y el track, quitado el bucle perdedor
*La publicación de la ruta, así como del track, constituye únicamente la difusión de la actividad, no asumiendo responsabilidad alguna sobre el uso que de ello conlleve.