Año XV. Entrega nº 1017
«Cuando sopla el cierzo, cae la nieve, o azota la lluvia los vidrios del balcón de mi celda, corro a buscar la claridad rojiza y alegre de la llama, y allí, teniendo a mis pies al perro, que se enrosca junto a la lumbre, viendo brillar en el oscuro fondo de la cocina las mil chispas de oro con que se abrillantan las cacerolas y los trastos de la espetera al reflejo del fuego, ¡cuántas veces he interrumpido la lectura de una escena de La tempestad, de Shakespeare, o del Caín, de Byron, para oír el ruido del agua que hierve a borbotones, coronándose de espuma y levantando con sus penachos de vapor azul y ligero la tapadera de metal que golpea los bordes de la vasija». Gustavo Adolfo Becquer (1836-1870).
Poeta y narrador español, famoso por su obra, entre la que destaca Cartas desde mi celda que, en número de 9, fueron escritas en el Monasterio de Veruela, donde se restablecía de una grave enfermedad que, finalmente no pudo vencer.
Desde la ventana de su celda podía contemplar ese Moncayo envuelto en brumas, envuelto en leyendas, como una más de las montañas mágicas, de las montañas embrujadas. Unido a él desde hace casi un milenio, el Monasterio de Santa María de Veruela fue fundado en 1145 por la orden cisterciense, siendo el primero en Aragón, bajo el auspicio de Pedro de Atarés (1083-1151), de una de las familias más poderosas de Aragón, tanto es así que fue pretendiente al trono tras la muerte de Alfonso I el Batallador que, finalmente fue el hermano menor de éste, Ramiro II el Monje, quien tuvo que abandonar los hábitos a tal efecto.
Pero todo ello corresponde a un pasado si no remoto, poco reciente. La historia y sus vicisitudes siempre es importante, por cuanto el pasado nos trae al presente, que es lo que realmente nos importa, esos paisajes modelados secularmente por el ser humano y su aprovechamiento, y hoy en día por el homo turísticus y su depredación.
El actual territorio de Aragón está jalonado por dos grandes cordilleras montañosas. Como diría el ínclito Labordeta: «Al norte los Pirineos, al sur la sierra callada. Pasa el Ebro por el centro, con su soledad a la espalda».
Esa sierra callada es el Sistema Ibérico, que cruza de NW a SE la península, y tiene en nuestra provincia de Zaragoza, compartida con la de Soria, su máxima altura en los 2315 msnm del pico de San Miguel, o Moncayo, como se llama oficialmente, presidiendo una sierra considerada una isla atlántica en un mar mediterráneo, por la peculiaridad de su vegetación, que le ha hecho merecedor de haber sido declarado, en 1998, un espacio de 11 000 ha como Parque Natural del Moncayo. Venía del anterior Sitio Natural de Interés Nacional (1927) y Parque Natural de la Dehesa del Moncayo (1978).
Pues esa sierra es la que hemos puesto en el punto de mira, para recorrerla de forma integral en una ruta, que podríamos llamar de collado a collado, ya que comenzamos aupándonos al de Castilla, y nos apeamos en el de Bellido, visitando cinco cotas.
Partimos del aparcamiento de Haya Seca, muy próximo al Santuario de la Virgen del Moncayo para, al abrigo del bosque, dar comienzo a una notable cuesta, que se va suavizando al cabo de un rato. Dejamos a la izquierda los restos de una pequeña cabaña, y se llega a la divisoria municipal (Tarazona-Ágreda), provincial (Zaragoza-Soria) y autonómica (Aragón-Castilla y León), que en un giro de 90º hacia el sur, vamos acompañándola hasta el collado de Castilla, una de las puertas del cierzo, en el límite, también del bosque.
A la derecha tenemos dos cabezos, las Negrillas, que visitamos tan sólo visualmente, porque nuestro objetivo es acometer el cordal por la izquierda, teniendo al padre Moncayo en primera plana. Tres cuartos de hora y 375 metros de desnivel tienen la culpa de auparnos a esos techos provinciales, de Zaragoza y Soria, que es a la vez, el de todo el Sistema Ibérico, desde tierras burgalesas hasta valencianas.
Poco más de dos horas desde el arranque y contemplamos, al menos lo más cercano, de ambas provincias desde lo más alto de ambas. Hasta aquí llega el GR 86, el Sendero Ibérico Soriano que, en una de sus varias opciones tiene la de «Tierras de Ágreda, Et. 1, Deriv. 2», que sale de Cuevas de Ágreda y llega hasta la misma cumbre del pico de San Miguel.
Dotado de vértice geodésico, pilarete con la Virgen del Pilar y algún otro testimonio, mira a los cuatro vientos, aunque bien conoce el dominante. Continuamos con nuestra ruta para dirigirnos hacia la siguiente cota, el Cerro de San Juan, pasando por la cornisa del amplio circo glacial de San Gaudioso, un impresionante tobogán por el que se desliza la vista hacia la dehesa del Moncayo, y que fue formado con los hielos del Cuaternario, siendo escenario de cantidad de accidentes de montaña. No tan antiguo (482-541) fue el tiempo en el que vivió el que le dio nombre, prelado que lo fue del obispado de Tarazona.
Antes de acometer la subida al cerro de San Juan, encontramos tablillas que nos hablan del PR-SO 88, que llega al San Miguel desde Beratón que, con 1400 msnm es la población más alta de la provincia de Soria. Llegamos al Cerro de San Juan, con su amojonamiento excesivo, a nuestro juicio.
Cerro de San Juan
Bueno, pues ya hemos presentado nuestros respetos a dos montañas nominadas haciendo referencia al nombre de dos de los santos más relevantes del calendario litúrgico católico, apostólico y romano: san Miguel, que la Iglesia lo empleó para «taponar la hemorragia pagana» que representaba el equinoccio de otoño; y san Juan, que hizo lo propio con la del solsticio de verano. Lo que nos hace pensar que se trata de un sincretismo de libro dados los antecedentes mitológicos y brujeriles del lugar.
Desde los tiempos de los romanos, en los que se llamaba Mons Caius, Monte Cano, por estar todo el año nevadas sus cumbres, siempre se le ha considerado una montaña mágica. Podríamos hacer un alto en el camino para recordar alguna de esas leyendas que impregnan el Moncayo y sus alrededores.
Sería prolijo extendernos pero, al menos, mencionaremos algunas de ellas: la de los tres hermanos, que se disputaban la herencia de su padre; la del pozo de los Aines (o de los sueños), en Grisel; la cueva de Caco, en Los Fayos; y qué decir de Trasmoz, el único pueblo excomulgado de España, por hereje, con su castillo y sus leyendas de brujas que, hoy en día, constituye un atractivo turístico. De modo que no es extraño el variado nomenclátor de santos, sin olvidar el monasterio cisterciense que hay a sus pies.
Pero prosigamos. Otra vaguada y alcanzamos el Alto del Collado de las Piedras, con otro par de amojonamientos, uno mejor ordenado que el otro. De nuevo otra vaguada para llegar al Alto del Corralejo, donde confluyen los municipios de Tarazona y Añón de Moncayo, por la parte aragonesa.
Ante nosotros la última cota, el Lobera, con su vértice geodésico también, del que nos separa el collado de Morca, la parte alta de un ancho barranco, donde confluyen los términos municipales de Ágreda y Cueva de Ágreda, de la vertiente castellana.
Finalmente llegamos al extremo más meridional de la sierra, el Lobera, que a su vez parte los términos municipales sorianos de Cueva de Ágreda y el de Beratón. Pero nosotros, definitivamente, nos inclinamos hacia la parte aragonesa, despidiéndonos visualmente de la sierra y comenzando el descenso por una loma, por la que, levantando la vista, se nos ofrece la Muela de Beratón, las de Horcajuelo y Morrón, las Peñas de Herrera y la Tonda, que recordemos hayamos visitado, y todo un mundo de sierras y dehesas sin que ya apenas nadie quede para que les cierre los ojos.
Al final del descenso nos espera el collado de Bellido, donde el itinerario hace un giro brusco hacia el NW abrazándose al GR 90, que ya no abandonaremos hasta llegar al Santuario, pero para eso aún nos queda un buen rato.
El bosque nos acompaña, aunque nos da algún respiro. Al pasar por la base del barranco de Morca encontramos información sobre la zona protegida de flora. Hacemos aprecio a la fuente del Morroncillo. Un tiempo más pasado por el bosque hasta llegar finalmente al Santuario, justo donde arranca el sendero normal de ascensión al pico de San Miguel. Y poco más, en unos 800 metros la pista nos conduce hasta el aparcamiento, donde damos por finalizada la ruta.
Una ruta a dos aguas, aragonesas y castellanas, por la que hemos cabalgado a lomos del viento que ha venido a sofocar el tórrido ambiente que venimos padeciendo hace semanas, y a la que le hemos dedicado 5 horas y 10 minutos, para recorrer una distancia de 15,6 km, con un desnivel acumulado de 930 m D+/- (Wikiloc: 875 m D+/-), alcanzando la máxima altitud en los 2315 msnm del Moncayo.
BIBLIOGRAFÍA
Las brujas y la condesa. Carlos Garcés. Prames (2022)
40 Rutas por el corazón del Moncayo. Senderistas de la Huecha. Prames (2024)
RECURSOS DIGITALES
Las fotos del autor, con sus comentarios, y el track
*La publicación de la ruta, así como del track, constituye únicamente la difusión de la actividad, no asumiendo responsabilidad alguna sobre el uso que de ello conlleve.