domingo, 17 de octubre de 2021

El bosque de la Pardina del Señor, por el GR 15

 

IXOS MONS
Fanlo - Broto
Sábado, 16 de octubre de 2021

            Cualquier manifestación de la naturaleza, de las grandes manifestaciones hablamos, producen en el ser humano, y cuanto más sensible se sea, en mayor medida, una especie de estremecimiento, y ello es debido a que en el psiquismo del ser existe una memoria que lo vincula al mundo natural, que es al que pertenece, y cuanto más viva, cuanta más facilidad tengamos para acceder a esa memoria, cual diapasón, más vibraremos al unísono con esa manifestación. Los extensos desiertos, la inmensidad del mar, los grandes ríos, las altas montañas, las sabanas, las frondosas selvas… También en nuestro territorio tenemos, en menor escala, de todo ello, pero son los bosques, con su distinto latir en cada época del año, por los que transcurrimos, dejándonos transcurrir por ellos, como decía el escritor inglés John Fowles: De alguna manera misteriosa, los bosques nunca me han parecido cosas estáticas. En términos físicos, me muevo a través de ellos; sin embargo, en los metafísicos, parecen moverse a través de mí.



            Hoy, hemos ido en busca de ese estremecimiento, porque lo necesitamos, porque necesitamos estar asiduamente en contacto con esas manifestaciones, las grandes y las pequeñas que acogen, porque necesitamos que ese nuestro diapasón no deje de vibrar al compás de la Naturaleza. Este mes del año, Libra, el primero del otoño, es en el que comienza a durar más la noche que el día, lo que propicia el comienzo de una gran transformación allí afuera. La expansión del verano da paso al repliegue del otoño, la extroversión a la introversión, también en el arbolado, que va concentrando la savia en las raíces. Es un mes que corresponde con el elemento aire, y más en concreto con el aire de montaña, y donde mejor se toma es en los lugares en los que se fabrica, en los bosques, por eso se aprovechan más estos largos paseos.  


            Y lo hacemos por uno de los bosques cuyo declive otoñal, está considerado como uno de los más bellos de España aunque, claro, la duración de esa manifestación depende de varios factores, entre ellos la temperatura, el viento, la lluvia, la humedad del suelo…, y es en este último en el que queremos incidir, porque estamos atravesando una época de final de verano, comienzos de otoño, muy seca en estos lares, lo que puede propiciar, como ha hecho otros años, el que se vayan secando las hojas con más rapidez que el pausado y apacible cambio cromático tan atractivo, en el que siempre nos embelesamos los amantes de esas pequeñas/grandes cosas. Desde Fanlo, capital de Ballibió, hasta Broto, en el valle homónimo, atravesamos sus montes de la mano del GR 15 transitando por un tupido bosque, cuya señalización fue inaugurada el 25 de octubre de 2015. Pura vida.



            Salimos, como decimos, de Fanlo, a donde llegamos antes que el sol, cuyo temprano resplandor dibuja una bella silueta de la Peña Montañesa. Tomamos la carretera por la que hemos venido desde Sarvisé, y la recorremos como unos 800 metros, para meternos en el sendero, siguiendo las indicaciones de la tablilla. Un sendero que se embosca, y que no dejará de hacerlo, de momento, hasta las proximidades de Buesa, que comienza con un continuo zigzag para bajarnos hasta el lecho del barranco Borrué, y que posteriormente adquirirá el nombre de el Chate, y que recoge el caudal de innumerables otros barrancos laterales, para fundir sus aguas con las del río Ara en los Llanos de Planduviar, aguas debajo de Sarvisé (TM de Broto). 


            Nada más comenzar el ascenso nos encontramos con el aviso de que entramos en una propiedad privada, que no es otra que la pardina Ballarín, más conocida como la del Señor, a la que llegamos, tras atravesar los barrancos de Lana las Bracas y el de Ixos, al cabo de hora y cuarto desde el arranque. Lo que nos encontramos son las ruinas de una casa principal y varios edificios aledaños, con los de una ermita románica, tal y como detalla Antonio Gª Omedes en su página web de Románico Aragonés. Siempre que visitamos lugares semejantes se nos vienen a la cabeza las mismas cuestiones, y son las relativas a la gran función que realizaban aquellas gentes en cuanto a la gestión del medio ambiente, porque… esos sí que eran los verdaderos ecologistas, cientos de años antes de poner de moda un término que ojalá no se hubiera acuñado, señal de que no hubiera sido necesario. Esas gentes y sus trabajos, algo totalmente impensable en estos tiempos.


            Los alrededores de las construcciones, o lo que queda de ellas, están profusamente poblados de vegetación, lo que impide darse una idea de los amplios espacios que las rodeaban, aunque bien es cierto que se pueden entrever los bancales, de los que arrancaban a la tierra una buena parte del sustento. Como si permaneciéramos en un lugar sagrado, con sumo respeto, recorremos alguno de los espacios del recinto, y con muchas más preguntas que respuestas, abandonamos el enclave, sin duda, de origen medieval, para continuar nuestro periplo por el bosque, en el que encontramos sorprendentes ejemplares de cajicos (robles). A las dos horas, y habiendo cambiado ya de término, encontramos de nuevo viejas bordas con campos que parecen aprovechados, son los de San Esteban, donde tuvimos una pequeña intervención en el primer programa de una de las múltiples temporadas del programa Chino Chano, de Aragón TV, en enero de 2014, recién señalizado como Sendero Turístico de Aragón. Estamos ya en los montes de Buesa, a donde llegamos tras otras dos horas, alternando tramos de sendero con pista.








            Pasamos a visitar la parroquial de Santa Eulalia, que aprovechamos para hacer un merecido descanso y echar un bocado junto al porche de entrada y la puerta que da acceso a la casa abacial, ya en ruinas. Salimos del pueblo siguiendo las indicaciones del GR y volvemos a combinar el paso entre la carretera de acceso y senderos, hasta salir a la general de Broto, que recorremos dirección norte como unos 500 metros, con sumo cuidado hasta entrar ya en la localidad de destino, donde esperamos la llegada del amigo Joserra, que amablemente nos da apoyo logístico para recuperar los vehículos de Fanlo, dando así por finalizada una bonita jornada de media montaña pasada en buena compañía, por bellísimos parajes a los que quizá hayamos llegado antes de la cita con la explosión otoñal.







            En total han sido 18,3 los kilómetros recorridos, en 7h 30’, con un desnivel acumulado total de 505 m D+ y 985 m D-, todo ello efectuado por uno de los rincones más bellos de nuestro Alto Aragón.





Más fotos y el track


jueves, 14 de octubre de 2021

Collarada, el techo de La Jacetania

 


AQUERAS MONTAÑAS
Collarada (2886 m)
Martes, 12 de octubre de 2021

            Aunque una gran minoría pueda pensar que el subir una montaña supone un esfuerzo inútil, por la mayoría restante es sabido que merece la pena, por lo que no podemos estar más de acuerdo con el escritor Josep de Tera cuando dice que … ascender una montaña es un esfuerzo duro, y para muchas personas, incluso un esfuerzo inútil. Pero yo siempre he salido ampliamente recompensado. La recompensa es múltiple, has hecho ejercicio, y no solo físico, también psíquico, has respirado aire puro, has pasado una jornada en pleno contacto con la naturaleza, desconectado, has compartido caminar y camino, posiblemente haya llegado gente a tu vida, posiblemente también, hayas enseñado, seguro que has aprendido… en fin, multitud de ventajas y no se nos ocurre ningún inconveniente.



            Sí, ninguno, aunque haya objetivos y objetivos, aunque el que te inviten a abordar hoy no te ofrezca excesivo interés, aunque sumen ya una docena de veces la que has visitado una montaña dura, áspera, poco acogedora, pero es la nuestra, y los nuestros son los que nos lo proponen, así que… media vuelta de tuerca a la actitud y a encarar una nueva jornada de Alta Montaña como se merece, porque nunca se va obligado, pero uno se rinde ante la llamada de la montaña, ante la llamada de un amigo que no hay que perder la oportunidad de conectar ambas para no defraudar a nadie y acudir a esa cita con la montaña, con esa montaña, porque estamos seguros de que va a suponer un esfuerzo duro, pero inútil en ningún caso, y más seguros todavía de que va a tener su recompensa. Hoy nos aupamos al techo de La Jacetania, hoy nos aupamos al punto más alto de la cordillera desde que sale de las aguas del Cantábrico, hoy nos aupamos al Collarada.



            Seguimos con la racha de buen tiempo, que nos permite acercarnos a la montaña sin sobresaltos, con mañanas frescas, pero conforme se va metiendo el día se va templando la temperatura. Subimos por la pista de la Trapa, pero sin llegar a ella, para dejar el vehículo en el cubilar de Espata, de donde salimos con un termómetro que hace verdaderos esfuerzos por añadir un segundo dígito a su marcador. Los primeros cuarenta minutos son de placentero calentamiento, andando por la pista hasta la Trapa, de cuyo refugio sale el sendero que nos mete ya de lleno en la montaña, bordeando una cubeta otrora con agua y aproximándonos a la muralla, que salvamos con la ayuda de una cadena. Hora y diez minutos al finalizar estas, tomando ya un sendero escoltado con hitos que, sin tregua, nos va subiendo y subiendo.







            Dos horas y media desde la salida de las cadenas para presentarnos en la entrada de la canal cimera, con un primer tramo más cómodo de tasca, y el siguiente de más incómoda pedrera. Tres horas y tres cuartos desde el arranque, de duro esfuerzo, pero que recompensa con creces, y lo hace con la perspectiva que vamos tomando sobre las montañas del entorno… del entorno y más allá, porque nuestra vista se alarga hasta el Moncayo y los Picos de Urbión. Tomamos un poco de resuello, y emprendemos la subida por la canal, que hay que acometer con cuidado, porque tiene su inclinación y mucha piedra suelta. Son veinte los minutos que nos separan de alcanzar un pequeño collado, que nos amplía las vistas hacia el norte y hacia la inmediata cuenca de Ip.







            En cuatro pasos se alcanza ya la cima, que nos vuelve a aportar más recompensas, una vista espectacular sobre esa cuenca habitada por un ibón de exiguo caudal, custodiado por grandes montañas que acompañan a la que hoy nos acoge. En el cordal norte, la Moleta, los Tronqueras y la Pala de Ip. Cerrando el circo por el este, la Punta Escarra, el Hombro de Escarra, los Campaniles de Ip, Punta del Águila y Pala de Alcañiz, y escorándose ya hacia el sur, los Cuchillares, Peña Nevera y el Fraile, dejando en segunda fila respecto a la cuenca, el Collaradeta, y las Somolas, Alta y Baja. Un auténtico recital de altas y bravas cumbres que rasgan el horizonte, y en lontananza un sinfín de montañas y macizos pirenaicos por las que pasamos lista, y que se aúpan para salir en las fotos, entre las que podemos destacar el sempiterno Midi d’Ossau, Balaitús, Palas, Infiernos, Vignemale, Perdido…  bueno, bueno, incontable, y si miramos hacia los Valles Occidentales, también están todos, habiendo disfrutado de la recompensa, como decía de Tera, en muchos de ellos.



            Aunque se gira frío en cumbre y no hay que extasiarse demasiado, no dejamos de recordar la cantidad de veces que hemos estado ya por aquí. La penúltima, en diciembre de 2017, en vísperas de las Navidades, para subir el Belén Montañero del Club en su 50 aniversario.







            Es hora del descenso, y lo hacemos por la vertiente este, para pasar por el collado de Ip, esa gran puerta por la que se cuelan los vientos en estas montañas. Se termina de bajar al fondo de la cubeta que forma con la vecina Collaradeta, y dejamos atrás las montañas para continuar con el largo descenso, a tramos por cómoda zona de tasca, y otros por menos cómoda de piedra, hasta llegar al paso de l’Abeté, desde el que se pierde desnivel con facilidad, pero con cuidado, terminando en una zona más empinada, en la que hay una cadena por si se necesita. Ya en el bosque, con cuatro patadas se llega al punto de arranque, cerrando una circular por la principal de las montañas de este gran macizo de Collarada.











            Agradecidos por esa recompensa que, sin duda, también hemos recibido hoy, terminamos una gran jornada de Alta Montaña, en muy buena compañía, habiendo compartido caminar y camino, también el aire y el sol, y ese entusiasmo que empuja a las gentes que amamos las montañas. En total, han salido 10,9 km, recorridos en un tiempo total de 7h 30', con un desnivel acumulado total en torno a 1225 m D+/-.





Las fotos y el track