jueves, 6 de mayo de 2021

Circular Hecho - Siresa, por las bordas de Valdespetal

 


IXOS MONS
Circular Hecho - Siresa
Miércoles, 5 de mayo de 2021


            Fue el rey Garci Íñiguez gran guerrero, y continuó la conquista contra los moros muy prósperamente; y casó con coña Urraca, según en la historia del príncipe don Carlos se afirma, era única hija heredera de don Fortún Jiménez, conde de Aragón. Y en la historia de San Juan de la Peña se llama Enenga, pero yo tengo para mí por constante que fue hija de Endregoto Galíndez, Hij(a) del conde Galindo Aznar, porque en un privilegio de San Pedro de Siresa, Endregoto Galíndez, juntamente con el rey Sancho García, que dice ser su descendiente, hacen donación de Javierre; y en aquel instrumento se prefiere al rey. Y con este matrimonio se juntó el condado de Aragón al reino de Sobrarbe y Pamplona… Extracto de los Anales de la Corona de Aragón, de Gerónimo Zurita, publicado por Anubar en la Valencia de 1967.



            Rondaba el siglo IX, y hoy, mil doscientos años después, y con gran respeto y admiración, impregnados de esa historia, nos acercamos a la misma geografía de montañas y ríos, de paisajes, vientos y soles, de cielos y nubes, preguntándonos si realmente es la misma, si la conciencia de todos ellos recordarán aquellos momentos cruciales en la historia de la construcción del Reino de Aragón y su posterior Corona, porque las montañas permanecen, pero los vientos y soles que las forman van y vienen, los ríos permanecen, pero las aguas que los nutren van y vienen, los cielos permanecen, pero las nubes que los pueblan, igualmente van y vienen. Como también lo hacen las personas, que van y vienen, de unos lugares a otros. Igual que nosotros, que no nos cansamos de ir y venir, de subir y bajar, siempre con el permiso de los vientos y de la lluvia, de las montañas y de los paisajes. Hoy nos acercamos a la bella localidad de Hecho para hacer una circular que la una con Siresa, antigua población que surgió al amor del monasterio de San Pedro, floreciente institución, quizá por estar a los pies de la antigua calzada romana que unía el Bearn con Zaragoza, por el puerto del Palo, y muy importante en los comienzos de nuestra historia más cercana.


            Llegando a la villa de Hecho, pasados escasos trescientos metros del desvío al valle de Ansó, encontramos el edificio de la Oficina de Turismo, en cuya trasera hay una muestra de lo que fue el Symposium Internacional de Escultura y Arte, celebrado desde 1975 hasta 1984. Tomamos el evidente sendero, cuyos primeros compases hay que superar para encontrarlo mucho más cómodo. En él, y a lo largo del posterior tramo de pista, podemos encontrar distintas esculturas que poco a poco se van adaptando al entorno. Venimos por lo que anuncia la tablilla del PR-HU 13 como Plana Basa, hasta que a los veinte minutos nos cruzamos con el GR 15que tomamos a la izquierda, con indicaciones de dirigirnos hacia el encuentro del PR-HU 18, que une Ansó con Siresa, y del PR-HU 16, de Hecho por la cabañera de Valdespetal.





            Atención, porque hay tramos con señalización tramo compartido con BTT. Al cabo de algo más de media hora desde el arranque nos encontramos un cruce, pero continuamos por el GR 15, a la vez que PR-HU 16, aunque por muy poco, ya que, en un desvío sin señalizar, dejamos que el primero siga por la izquierda, continuando nosotros por el sendero de la derecha. Pronto entramos en la zona de bordas, con sus extensos y verdes campos anejos. El cómodo camino se convierte en el pedregoso lecho de un ramal del río, aunque solo por diez minutos. En otros cinco avistamos el puente que cruzamos para iniciar el regreso. Nos incorporamos a la pista, y dejamos el PR-HU 16, para seguir por el PR-HU 22, que sube de Siresa a los cuellos de Lenito, y que tomamos en dirección contraria.




          Media hora pista abajo entre espléndidos campos y bordas y más bordas, hasta que un desvío que indica a la Punta Santidoro, nos hace meternos por él. Se trata de un sendero que nos devuelve en cinco minutos a la pista de nuevo, para cruzarla y continuar, entrando ya en Siresa, esa pequeña población que alberga la iglesia del antiguo monasterio de San Pedro, enclave de origen visigótico y que calla más que lo que muestra, siendo un edificio de estilo románico de grandes dimensiones, solo comparable a la catedral de Jaca, y al que ya se le había dado mucha vida cuando la construcción de esta. Un plácido paseo contorneando el milenario conjunto arquitectónico y salimos a la carretera, por la que tenemos que regresar a Hecho si no hemos previsto aquí medio de transporte.



            Si hemos de hacer ese 1,7 kilómetro, hagámoslo por el margen izquierdo, con mucha precaución y a buen paso. De ese modo completaremos los 10,9 km del total de la ruta, en 3h 30’, y con un escaso desnivel de 310 metros D+/-, internándonos por Valdespetal, un pequeño y encantador valle entra la sierra del Vedao que vierte también al valle de Ansó, y la de los Cuellos de Lenito, que lo hace al Aragón Subordán.






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martes, 4 de mayo de 2021

Remílez, cuando la sierra de Gabás se asoma a Hecho

 


IXOS MONS
Remílez (1820 m)
Lunes, 3 de mayo de 2021

            Si analizamos etimológicamente la palabra “filosofía”, observaremos que es un término compuesto por el prefijo “filo”, del griego philos, que significa amor, pudiéndose traducir también como adicción, afición…, y el sufijo “sofía”, también del griego sophos, que significa sabiduría, conocimiento. Por tanto, ya tenemos cuál ha sido el faro en la vida de los grandes filósofos, y por qué no, de todo aquel que esté permanentemente en ese camino de búsqueda, como Jean Iris Murdoch, filósofa y escritora irlandesa que, entre otras muchas, nos dejó esta frase: Uno de los secretos de una vida feliz está en darse constantemente pequeños gustos.




            Es por eso por lo que uno se siente siempre feliz, porque constantemente se da pequeños gustos, pequeños placeres, en ese terreno de juego que tanto nos gusta y que tanto amamos, que son las montañas, las grandes y las pequeñas, da igual, porque en eso no importa el tamaño si sabes disfrutar por igual estés donde estés. En esta ocasión hemos elegido uno de los montes que la sierra de Gabás ofrece al valle de Hecho antes de dejar paso al río Aragón Subordán, en el que se refleja. Estamos hablando del Ramírez, aunque localmente se le conoce como Remílez que, con sus 1820 msnm, se alza 1000 sobre la capital del valle. Pues ahí hemos estado, en una mañana indecisa en lo meteorológico, pero que hemos querido acompañar en sus tribulaciones hasta que se ha convertido en tarde.




            Para situarnos en el punto de arranque diremos que, a la salida de Hecho hacia Oza, a mano derecha, junto a unos talleres mecánicos tomamos una pista asfaltada que lleva al polígono ganadero, pero que a unos 300 metros pasa por un lugar acondicionado para el descanso de caballerías de la Ruta Ecuestre del Santo Grial, pudiendo dejar allí el vehículo, frente a un ancho camino por el que volveremos, teniendo que retroceder unos metros para entrar por un camino por entre tapiales y campos. En poco salimos a otro más ancho, que tomamos a la izquierda, y que seguimos otros cinco minutos para continuar rectos en una curva cerrada. Enseguida salimos a un pequeño canal, que cruzamos recto, continuando ya por evidente sendero entre bosque. Es un viejo camino ganadero que, en algún tramo está reforzado para garantizar su continuidad. Una vez metidos en el barranco, si estamos atentos, se nos ofrece una bella imagen de un salto de agua entre badinas. Sin olvidarnos de Siresa, esa pequeña localidad hoy en día pero que escribió en letras grandes el comienzo de la historia del Reino de Aragón, con ese monasterio de San Pedro, que cobijó la educación y primeras enseñanzas del rey Alfonso I el Batallador.






            Se pasa por un corto tramo de espedregales, que resta algo de magia al camino, pero que se compensa con creces otro paso posterior junto a un arroyo, y el posterior ascenso por el bosque. A los cuarenta minutos del arranque llegamos a un abrevadero bajo el primer encuentro con la pista. Salimos a ella y la recorremos a la derecha unos metros, hasta encontramos la continuidad del sendero, hasta que en cinco minutos volvemos a toparnos con ella que, al contrario que la primera vez, tenemos que bajar un poco para retomar el sendero que, en otros cinco y por tercera vez la cruzamos, teniendo de frente, en esta ocasión un camino más ancho, que se nos antoja trocha de saca de madera, por el que seguimos nuestro ascenso. En diez minutos empinados más, se llega a unos descampados que ofrecen buenas vistas al sur, y que cada vez son menos descampados, porque la vegetación va fagocitando el praderío.



            A partir de aquí, hora y cuarto desde el arranque, la traza del sendero se vuelve más perezosa y no se muestra con tanta claridad, por lo que hay que agudizar el instinto, siempre ayudado por hitos. Al entrar de nuevo en el bosque se retoma bien esa traza, que nos lleva a unos campos abancalados al inicio de los cuales continúa el sendero a mano derecha. Poco a poco, el bosque va dejando paso a los pastos de montaña, y con ello se acrecienta la visibilidad, con una franca sensación de que se discurre por el filo de la loma a dos aguas, que instintivamente nos va subiendo hacia la cima, anunciada desde antes de llegar por el vértice geodésico, que se abre paso en el horizonte. Es justo mediodía, y las dos horas y media desde el comienzo son fehacientes de las cuentas que se echan en montaña, que son aproximadas, pero que en este caso se han clavado, y que son de 400 metros de desnivel por hora, porque estamos justo a esos 1000 metros más elevados que la población.










            Estamos en el extremo occidental de la sierra de Gabás, que se extiende hacia la cabecera del valle de Aragüés del Puerto. A nuestros pies, al norte, el barranco de Escarrón, y por encima de él, visualmente, unas se ven y otras se adivinan, muchas de las grandes montañas de este valle de Hecho, cuyas cumbres están entretenidas con lo que las nubes les ofrecen. Vetada gran parte del panorama y con el nivel de bienestar en cumbre por debajo de mínimos, no es mucho el tiempo que permanecemos, de modo que emprendemos el descenso acompañando a esta sierra en su caída al fondo del valle. Y lo hacemos primeramente por una prolongada loma de tasca, lo Fraxinal, la llaman, hasta llegar a una zona de campos y posterior refugio homónimos en algo más de media hora, donde aquí sí, aprovechamos para echar un bocado en compañía de dos de las muchas vacas que ya han subido para una larga temporada.



            La Peña Forca, quizá la reina del lugar, sigue sin ofrecernos visión sobre sus altas cumbres, pero no se lo tenemos en cuenta. Encontramos una hilera de piedras, como sujetando el talud, y la superamos para encontrar más fácilmente el sendero que, junto a un gran pino, nos mete en el bosque, y que por tres cuartos de hora nos va bajando, dejándonos engullir ya por las fauces del barranco. Una vez fuera del bosque, si echamos la vista atrás podemos ver una magnífica vista sobre el monte que hemos visitado y que nos vigila con su mirada. Se llega a la pista que, unos metros más abajo nos ofrece el sendero para continuar nuestra ruta. Se pasa por el sifón que da continuidad a las aguas del canal, y enseguida se llega al lecho del barranco, que cruzamos, y en poco se nos abre una entrada que tomamos para incorporarnos a una vereda entre campos, que nos lleva justo hasta el vehículo.



            Un total de 4h 40’ para recorrer 10,2 km y salvar un desnivel acumulado total de 1000 m D+/- ha sido el balance en números de hoy, pero que mucho más importante que eso ha sido la oportunidad que hemos tenido de degustar constantemente esos pequeños gustos en los que Jean Iris Murdoch nos contaba al principio que constituían los secretos de una vida feliz.





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domingo, 2 de mayo de 2021

Grosín, el otro guardián de Jaca


IXOS MONS
Grosín (1422 m)
Sábado, 1 de mayo de 2021

            El constante martilleo comercial no cesa de recordarnos que la implacable dictadura consumista ha impuesto la celebración del Día de la Madre, como si el resto del tiempo no hubiera que honrarla. Ese ser, ese cuerpo en cuyo seno nos hemos formado guarda un paralelismo con ese otro concepto de madre, el de la Madre Naturaleza, en cuyo seno, también, todo se crea, todo se regenera, todo se vivifica.



            Las montañas y los ríos son dos accidentes geográficos elementales y básicos que se estudian a una muy corta edad, pero son mucho más que todo eso, son un vivo y bello ejemplo, no solo de simbiosis, sino de colaboración, porque con esa mutualidad ambos participan en el proceso de evolución geológica del planeta. La Inteligencia Cósmica lo ha diseñado así. Las montañas aportan caudal a los ríos, y estos, en agradecimiento las dignifican, las hacen más altas con su permanente erosión del terreno. Las montañas son las madres de los ríos, y cuando las dejan atrás, se produce esa emancipación que les hace discurrir por la tierra media, y es esa madurez la que les aporta serenidad para desparramarse por la tierra llana, pero sin olvidar su esencia, sin olvidar sus orígenes, tanto es así que invariablemente vuelven a ellas en ese ciclo inagotable del agua, en ese también, ciclo inagotable de la vida, en el que nos hallamos atrapados como parte de él.


            El monte Grosín, constituye uno de los bastiones que, junto al Albarún, jalonan el río Aragón mostrando su más viva expresión a las puertas de la milenaria Jaca, depositando en sus orillas esas esencias de la Alta Montaña pirenaica que generosamente va esparciendo a su paso. Sus 1422 msnm y el ser la mayor cota de la sierra d’Angelé le dotan de unas magníficas vistas sobre sus alrededores y sobre sus horizontes, sobre todos sus alrededores y sobre todos sus horizontes. El resto de la sierra a sus pies, y por debajo de ella, el valle del Aragón a un lado, y el de Lubierre al otro. Y por encima de ambos esas Sierras Interiores que lo ayudan a alzarse en su camino hacia las grandes alturas pirenaicas. Al sur tenemos las Exteriores, esa Peña Oroel, ese Monte Pano, y otras muchas haciendo barrera con la tierra llana. Entre el frío norte y el cálido sur, a uno y otro lado se extienden sierras y valles que albergan la vida de la media montaña.





            Hoy hemos puesto la mirada en ese monte, en el Grosín, que alguna expresión de vida humana debió albergar, y de la que quedan restos del aljibe de una fortificación. Y para abordarlo, hemos hecho una aproximación en vehículos hasta el puente Grallas, de donde partimos por la pista que se adentra por el barranco de Serés, para al poco, dejar enderezar una lazada que dejamos siga su curso, porque nosotros mantenemos rumbo de frente por un sendero que nos lleva a cruzar ese barranco, tras de lo cual nos metemos por un ancho camino que sale a nuestra izquierda. Pronto nos alineamos con el tendido de alta tensión, incluso pasando por debajo de una de sus torres, para emboscarnos definitivamente, disfrutando de las bondades de un ambiente recientemente purificado por las generosas lluvias. Media hora hasta la entrada en el bosque.





            Hay quien habla de 63 o 66 curvas, de cualquier modo, son más de 60 las que hay para subir por esta vertiente oriental del monte de Santa Eugenia, en el que conforme vamos subiendo, los pinos van dejando hueco a los cajicos, y donde nos vamos encontrando montones de piedras que testifican la presencia de pequeñas cabañas de uso pastoril, aunque otras, con mejor suerte siguen en pie, pero en ruinas. No es difícil imaginar este monte hace siete u ocho décadas, sin apenas vegetación y con todas esas cabañas salpicando la ladera, imagen que el tiempo devora, como el tiempo presente devora ferozmente al pasado. Como una hora más zigzagueando para acompañar al sendero, y veinte minutos más en esa travesía para alcanzar el collado de Serés, que es un cruce de caminos. Por un lado, la pista que sube por el barranco, y que hemos dejado al poco del arranque, y por otro la que baja a Guasillo. Ambas, señalizadas como PR-HU 52, se dan la mano para subir en una sola hacia esa sierra d’Angelé, a cuya mayor altura nos dirigimos.


         Por pista ya, como decimos, continuamos dirección norte, hacia ese Grosín que se abre ya a nuestra vista y que, llegados a sus faldas, hacemos caso omiso a la indicación de la tablilla, que nos manda a la izquierda. Es por donde bajaremos, pero de momento, seguimos por la derecha, porque consideramos que es mejor opción para subir. A los diez minutos del desvío, y pasando por la cabecera del barranco Pichacos (Zunzurrunca en los mapas), en llegando a un pequeño collado, que justo muga con Castiello de Jaca, encontramos el arranque de un sendero a mano izquierda, que enseguida se embosca y que, por un delicioso tramo, en un cuarto de hora, nos sube a nuestra cima de hoy, dotada de vértice geodésico, y donde tenemos a nuestro alcance visual las amplias panorámicas antes descritas. Las dos horas y tres cuartos desde el arranque bien merecen la serena contemplación echando algo al cuerpo.


            Para el descenso utilizamos el itinerario que se planteaba para subir, de modo que establecemos una circular. Bajamos por el sendero del solano, menos agradecido que el de subida, con un terreno descarnado, lo que favorece unas espectaculares vistas sobre la Solana de Jaca. En diez minutos llegamos a la pista, que tomamos a la derecha, situándonos ya sobre los pliegues de esta montaña, que albergan varios barrancos que conforman el de Castelillo. En otro cuarto de hora llegamos junto a otra cabaña espaldada, y un poco más adelante tomamos el sendero que ya nos dirige hacia esa Solana, y que pronto se viste de bosque por las faldas del llamado Pacolitano, sacándonos en pocas lazadas a un ancho cortafuegos, con la borda Plana ya a nuestros pies, y que enseguida alcanzamos. Una vez superada, ante la Corona del Villar, dejamos la pista de la derecha que vaya a Caniás, y tomamos la de la izquierda, que nos baja poco a poco hasta el seno del barranco.



            El terreno se abre, y el amor del cauce propicia los cultivos y las casas de campo con sus huertas. A media hora desde las Planas, nos topamos con el camino de la Solana, señalizado como PR-HU 62, que tomamos a la izquierda para bajar a cruzar Castelillo, que dejamos vaya a donde él sabe, a rendirse al río Aragón junto al puente colgante de la Botiguera. Nosotros nos encaminamos ya decididamente hacia Jaca, subiendo una corona, para continuar hacia Guasillo y seguidamente hacia Asieso, ambas localidades con fuente junto a su respectiva iglesia románica. Desde esta última, solo resta bajar burlando la carretera por la derecha, y antes de llegar a la general, tomar el camino de la Central, y de allí al punto de arranque.






            De este modo concluimos una gran vuelta por estos montes cerca de casa, tras haber recorrido 18,1 km, en 5h 45’, habiendo salvado un desnivel acumulado total de 790 m D+/-





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