Año XV. Entrega nº 1009
«Sin la curiosidad el hombre no es nada. A mí me llevó hacia espacios vírgenes, al alpinismo y a la exploración» Walter Bonatti (1930-2011).
El periodista y montañero italiano Bonatti es digno de estar en lo más alto del Olimpo de los dioses del alpinismo universal, considerado como uno de los más notables de la historia, especialmente por su pureza, que le ha merecido estar en esa delgada línea del filo de la leyenda. Aperturista en grandes montañas del mundo, recibió el premio honorífico del Piolet de Oro en 2009.
Forma parte de un gran elenco de grandes figuras que tenemos como referencia para, salvando las distancias, grandes distancias, tratar, al menos, de tener esa visión romántica sobre las montañas, sobre los paisajes, sobre esos seres vivos que constantemente nos conquistan, nos interpelan, nos retan, nos atraen, y que debemos abordar, con humildad, preparación y, sobre todo, con sumo respeto.
Y, por supuesto, estamos de acuerdo con la cita, porque es la curiosidad la que mueve el mundo, la que impulsa al ser humano a la investigación y que, por su propia naturaleza, se desarrolla en ambos sentidos, tanto para la evolución de la humanidad, como para su destrucción, pero quedémonos con lo primero, que es lo que nos interesa, y lo que nos mueve constantemente a ir en busca de nuevos retos.
En esta ocasión, nos fijamos en esa gran rallera* que como la cresta de un gran gallo se alza como seña de identidad del valle de Tena. Ya todo el mundo sabrá de qué hablamos, de la Peña Foratata, que tiene en esa cresta dos cimas principales, la Occidental y la Oriental, recorridas de forma integral este tiempo atrás.
La Occidental es más accesible, pero para acceder a la Oriental hay que manejarse en terrenos agrestes de ascenso por chimeneas y descenso mediante rápeles. En nuestro ascenso a esta última nos llamó poderosamente la atención el tránsito por una faja* a sus pies (Faja Herbosa a partir de ahora), y que ahora acometemos sin hacer cimas, es decir, como protagonista de la ruta, tomándola de este a oeste, y accediendo por ella a través de la Canal Sur.
En una espléndida mañana, acudimos a la parte alta de la urbanización de Formigal para dar comienzo a la ruta, que lo hacemos encaminando nuestros pasos hacia el collado de Baladrias, al que llegamos en cincuenta minutos. Es un paso, junto a la montaña homónima, transitado si se le quiere dar la vuelta al macizo.
Tomamos decidida dirección norte para seguir por un estrecho y empinado sendero que, por poco transitado, se lo va comiendo la vegetación. Se nos presenta una bifurcación, debiendo tomar el ramal de la derecha.
Conforme vamos saliendo del bosque se va empinando más el sendero, lo que nos facilita el acercamiento a la pared. La Canal Sur se caracteriza por un forao* visible desde lejos. Otros cincuenta minutos desde el collado, cuando nos pertrechamos con el preceptivo casco, además del arnés, por si hiciera falta emplearlo en algún paso, que no sería el caso.
Echando manos desde el primer momento, vamos progresando con cautela, encontrando algunos tinglados para montar rápel. Nos comemos las curvas de nivel a pecho por un terreno mixto entre roca, hierba, piedras y tierra, pero con buenos agarres en la caliza.
En media hora alcanzamos una pequeña plataforma, que nos da una tregua para estabilizarnos, al tiempo que nos abre una gran ventana sobre la vertiente norte, con la Sarra a nuestros pies y las montañas que la contemplan.
Una pequeña rampa y nos asomamos a un tramo de la faja* que desconocíamos, ya que no se transita por la ruta normal a la Oriental, y que llamaremos tramo 1. Se trata de un sendero muy definido y fácil de andar, pero con un patio considerable.
Nos aupamos a otro alto, en el que convergemos con esa subida normal, en donde encontramos el arranque de las chimeneas, protegidas por cordinos. Como consecuencia, aquí termina la Faja Herbosa, que para nosotros es el inicio.
Dos horas y cincuenta minutos desde el arranque, cuando damos comienzo a nuestro paseo triunfal, nuestro objetivo de hoy que, sin haberlo planeado, ya había comenzado al empezar el tramo anterior.
Como la anterior es un sendero bien definido, en la parte superior de una ancha y más vistosa faja*, pero con el mismo patio. Al término de la cual nos queda el corto, pero pendiente, ascenso al collado entre cimas, donde aprovechamos para echar un bocado y ver lo que él ve y sentir lo que él siente.
Estamos entre ambas cimas, y a partir de aquí ya es seguir el itinerario normal, tanto de ascenso a cualquiera de ellas como, un poco más abajo, el de la vuelta al macizo. Pues a ello. Aún queda un pequeño nevero y, en seguida, un tramo con grapas y sirga, que nos lleva a otro nevero y otra sirga.
El sendero va por debajo de la cresta, y al finalizar ésta, va ya descendiendo en busca del collado del Forato*, entre el monte homónimo y este gran macizo. Aquí tomamos como referencia las marcas blancas y amarillas del PR-HU 90 que, a lo largo de una hora, nos acompañan hasta el punto de arranque.
Una actividad más exigente que el puro senderismo, y no por distancia, tiempo o desnivel, sino por tener tramos más expuestos y otros en los que obliga a ir extremando la atención, y a la que le hemos dedicado 5 horas y 20 minutos, para recorrer 7,5 km, y salvar un desnivel acumulado de 690 m D+/- (Wikiloc: 606 m D+/-), alcanzando la máxima altitud en los 2212 msnm del collado entre cimas, y una similar al comienzo del segundo tramo.
GLOSARIO
Rallera: Cresta rocosa, generalmente caliza.
Faja: Sendero colgado
Forao: Agujero
Forato: Agujero
RECURSOS DIGITALES
Las fotos del autor, con sus comentarios, y el track
*La distancia, duración y desnivel son moderados, pero hay que estar acostumbrado a manejarse en trepadas y en senderos con exposición.
*La publicación de la ruta, así como del track, constituye únicamente la difusión de la actividad, no asumiendo responsabilidad alguna sobre el uso que de ello conlleve.