lunes, 28 de septiembre de 2026

Lago di Sorapis, desde el Passo Tre Croci

 Año XV. Entrega nº 1036

AQUERAS MONTAÑAS
Lago di Sorapis (1923 m)
Sábado, 12 de septiembre de 2026

            «Un trozo de cielo caído en la tierra, escondido entre murallas de piedra».


Imagen de lugar y autor desconocido


            Frase de pluma desconocida que define este emblemático lugar como pocos en las Dolomitas, y al que acudimos a sabiendas de lo que nos vamos a encontrar, aunque la realidad suele superar a la imaginación, como va a ser el caso.



            La zona que vamos a visitar se denomina «Sora el Piss*», que significa «sobre la cascada del Piss» que, a su vez, es una redundancia, porque «Piss*» significa en ladino* salto de agua. Una contracción del lenguaje la ha dejado en el popular término de «Sorapis». Nótese la similitud con el término castellano «pis» que, sin mucha necesidad de explicar, sí que podemos llegar hasta decir que en ladino* se emplea el verbo «pishar», entendido no precisamente como la única acepción de «pichar», por la RAE, y que es empleado en Aragón.   


Lago Sorapis. Imagen del Grupo de Montaña Peña Santa

            La susodicha cascada nace de la surgencia de las aguas subterráneas del lago en el llamado «Vallone di Sorapis», un impresionante circo y valle glacial que alberga el lago de aguas turquesas, cuyo color se debe a la llamada harina de roca, que se produce por fricción del glaciar sobre la roca. Son partículas que flotan en el agua, reflejando la luz solar.


Lago glacial en el Gangapurna, en las proximidades de Manang (3540 m), Nepal.
Imagen, con el mismo fenómeno, tomada por el autor el 9 de octubre de 2010

            Otro interesante apunte sobre este lugar es el referido al terremoto de Friuli que, con una magnitud de 6,5 asoló el norte de Italia el 6 de mayo de 1976, con una réplica de 6,0 el 15 de septiembre del mismo año, que afectó de forma severa el paisaje de la zona.



            La Saeta del Sorapis, una torre de unos 300 metros que había sido escalada por primera y única vez, el 9 de septiembre de 1969, por el alpinista y guía Franz Dallago, acompañado de Armando Dallago y Paolo Michielli, debido a la sacudida sísmica, se derrumbó, desparramando sus enormes bloques por el glaciar occidental del Sorapis, modificando de forma radical el paisaje natural.


Imagen del refugio Alfonso Vandelli


LA RUTA

            Hoy nos dirigimos a este magnético lugar en el que, por el momento parece que, tras la purga de hace cinco décadas, las montañas reposan con una tranquilidad y un sosiego que, sin duda, transmiten al visitante.



            Y para ello nos acercamos al Passo Tre Croci, que también guarda una trágica historia en sus entrañas. El nombre conmemora la colocación de tres cruces de madera, por parte de los habitantes de la zona, para honrar la memoria de una madre y de sus dos hijos que, desde Auronzo de Cadore, se dirigían a pie hacia Cortina d’Ampezzo, en busca de trabajo, cuando al paso por el puerto, en febrero de 1789, se vieron sorprendidos por un frío extremo, muriendo a causa de la hipotermia.



            Hoy en día, con estos veranos eternos, y mejores comunicaciones, no es tan fácil que eso ocurra, pero con la disrupción atmosférica que nos afecta, como se nos ha hecho creer que le dijo don Quijote a su escudero: «cosas veredes, amigo Sancho». Pero vamos a lo nuestro.



            La carretera SR48 es la que cruza el paso, con dificultades de aparcamiento en derredor de los establecimientos hoteleros, y es de donde salimos acompañando al sendero 215, por unos primeros compases por plácida pradera, para continuar por la pista, hasta que se corta en un derrumbe, desde donde sigue por ancho camino por el bosque.



            Estamos en el Parque Natural delle Dolomiti d’Ampezzo, disfrutando de estas maravillas, de estas montañas que algún claro del bosque nos permite ver, y que somos incapaces de identificar. ¿Todas?, no. Todas no, porque las Tre Cime di Lavaredo, y más habiendo estado hace unos días, son auténticamente inconfundibles.



            Compartir el tránsito entre el bosque con tantísima gente sólo es compensado por el ambiente que introducen los rayos del sol jugueteando entre el arbolado, y que confiere un ambiente especial.



            A medida que vamos formando parte del «Vallone di Sorapis», ese gran valle de origen glacial que se va abriendo a nuestros pies, se abandona el bosque en pos del sendero por roquedo que, más o menos estrecho, va enfilando a los visitantes, especialmente en los pasos más expuestos, facilitados por escaleras o protegidos con sirgas.







            En poco más de dos horas llegamos al desvío para el refugio Alfonso Vandelli, cuya visita la dejamos para la vuelta, porque lo que nos apremia es terminar de llegar a esa maravilla natural que es el lago Sorapis.



            Una maravilla natural cuya pureza no es capaz de mantener o, al menos esa percepción tenemos, ante la presencia de cientos de personas que, por otra parte, tienen el mismo derecho que nosotros a estar aquí.



            Como desacralizado, el brutal contraste con ese romanticismo a través del que filtramos nuestra visión de las montañas causa una desgarradora sensación cuando, por su estética, por sus conductas, por sus expresiones… ves que la mayoría no encajan en este escenario. ¿O quizá somos nosotros? Quiero no creerlo.



            En once lustros, nunca antes había tenido esa sensación al llegar a un lugar de tan extraordinaria belleza e, inmediatamente, tener ganas de abandonarlo. Me cuesta describirlo. Me cuesta entender en qué se está convirtiendo esta sociedad. Es como si tu alma no consiguiera conectar con el alma del paisaje. Es desolador, como si ahora sólo viera piedras y agua, cuando tendría que estar «viendo» algo más.



            Pero hay que hacerse al ánimo y disfrutar de lo que se pueda para lo que, en busca de huir de la masificación, de tanta, al menos, tomamos un sendero que rodea al lago donde, tras echar un bocado, continuamos hasta una extensa playa, donde reposamos mientras tenemos otra perspectiva del lugar.




            Volvemos sobre nuestros pasos hasta el punto de entrada a este gran anfiteatro de la dolomía característica de esta gran zona montañosa de los Alpes del nordeste de Italia, generado tras la retirada de los glaciares del Cuaternario, y cuyo arrastre sobre las rocas, ha provocado la «harina glacial» o «harina de roca», que es la causa de ese color turquesa tan intenso de las aguas.




           Pasando de nuevo sobre el desvío al refugio Alfonso Vandelli (1926 m), lo tomamos para visitarlo, aunque sólo sea por curiosidad. Y, ¿qué nos encontramos?, pues otro paquetón de gentes disfrutando a su manera.



            Detengámonos un poco en esta construcción más que centenaria, porque su origen data de 1891, viéndose destruido a los cuatro años por una avalancha; pero no acabaron ahí sus males, ya que en 1959 sufriría un grave incendio. 



            El 18 de septiembre de 1966 se inaugurarían las actuales instalaciones, propiedad del Club Alpino Italiano (CAI), gracias a la activa participación financiera de Alfonso Vandelli, a la sazón su presidente, cuyo nombre se vería ligado al refugio que, como vemos, actualmente también tiene problemas de suministro de agua, una epidemia ésta de la sequía, que empieza a ser pandemia.


            De vuelta al sendero, sólo nos resta volver sobre nuestros pasos, con un notable incremento de personal respecto a la ida, que hace incómodo el tránsito por las zonas más expuestas, hasta llegar, en menos de dos horas y media más, al punto de inicio, disfrutando del breve tránsito por la apacible pradera, dando por terminada una preciosa ruta por las Dolomitas.









Aproximación: 

Selva di Cadore, Cortina d’Ampezzo, Passo Tre Crocci       36 km 1 hora

Ruta:

Distancia: 12,3 km

Duración: 6 h 15 min

Desnivel acum.: 460 m D+/- (Wikiloc: 331 m D+/-)

Altitud máxima: los 1936 msnm del refugio Alfonso Vandelli.



GLOSARIO

Ladino: Lengua retorromance hablada en alguno de los valles alpinos del norte de Italia

Piss: En ladino significa cascada o salto de agua


RECURSOS DIGITALES

Montagna TV

Grupo de Montaña Peña Santa

Cortina Turismo

Refugio Vandelli

Club Alpino Italiano

Geamap Italia

RAE

Fundeu

Wikipedia

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Wikiloc

Hijo de la Tierra




Las fotos del autor, con sus comentarios y el track

 

*La publicación de la ruta y el track constituye únicamente la difusión de la actividad, no asumiendo responsabilidad alguna sobre el uso que de ello conlleve.
















domingo, 27 de septiembre de 2026

Media vuelta al monte Pelmo, desde el Passo Staulanza

 Año XV. Entrega nº 1035

AQUERAS MONTAÑAS
Media vuelta al monte Pelmo
Viernes, 11 de septiembre de 2026

            «Desde donde se lo mire, pero sobre todo desde el este y desde el sur, se presenta como una gigantesca fortaleza de una arquitectura monumental, no fracturada por minaretes y pináculos como la mayor parte de sus rivales en las Dolomitas, sino que, defendida por altísimos bastiones a pico, cuyas murallas en muchos puntos caen a más de 2.000 pies, presenta cornisas lo suficientemente anchas como para que pasen no sólo los corzos sino también quien les dan caza». John Ball (1818-1889). 


El polifacético John Ball. Imagen de Hoseito

            Este polifacético irlandés se destacó por ser un gran naturalista y político, miembro del Parlamento Británico y Subsecretario de Estado para las Colonias. Pero lo que hace que lo traigamos aquí es su faceta como alpinista, primer presidente del Alpine Club de Londres, fundado en 1857, el club de montaña más antiguo del mundo, pero más concretamente por haber sido la primera persona que se aupó a una de las cumbres de Dolomitas, la del monte Pelmo, a 3168 msnm.


Imagen del Club Alpino británico

            La conquista se realizó el 19 de septiembre de 1857, acompañado por el guía local Giovanni Battista Giacin, que fue el que le indicó el paso por el que observaba por dónde pasaban las gamuzas*, pero lo encontraron helado, y éste prefirió no seguir, alzándose Ball en solitario a la cima. Desde entonces, se conoce el paso como «Cengia* di Ball». Fue elegido este macizo por haberle parecido «el más majestuoso de todos los montes de las Dolomitas que había visto hasta ese momento».


            
            Otra cima menor, el Pelmetto (2996 m), tardaría en ser ascendido por primera vez, porque no fue hasta 1896 que lo consiguieron Clemente Callegari y los hermanos Panciera. Estas impresionantes montañas forman un conjunto comprendido en el Sistema 1 «Pelmo-Croda da Lago», que es el primero oficial de los nueve que componen las Dolomitas, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco que, con 4344 ha tiene su techo, precisamente en el monte Pelmo. 


Sistema 1 «Pelmo-Croda da Lago». Imagen de Fundación Dolomitas, Unesco



LA RUTA

            El refugio Staulanza (1783 m) se encuentra elevado sobre el puerto homónimo, por el que pasa la carretera SP251. Es de propiedad privada, gestión familiar y un punto clave en el final de la quinta etapa de la ruta de senderismo «Alta Vía nº 1 de las Dolomitas».



            El Paso Staulanza (1766 m) es un puerto de montaña alpino que conecta el Val di Zoldo con el valle Fiorentina (Selva di Cadore). Se encuentra ubicado en la provincia de Belluno de la región del Véneto, y queda estratégicamente situado en el corazón de las Dolomitas, justo entre dos de sus macizos más imponentes: el Monte Pelmo y el Monte Civetta.


Imagen de Val di Zoldo



            Enfrente justo, al otro lado de la carretera SP251 da comienzo nuestra ruta, con vocación de darle la vuelta a este extraordinario macizo que es el monte Pelmo, pero que se ve truncada por el cierre del sendero tras el refugio Venezia, como luego veremos.



            De momento tomamos el sendero 472, que nos va vistiendo de bosque por unas duras rampas al inicio, y que luego se suavizan. El día ha salido con una ligera lluvia intermitente, casi inapreciable, pero que obliga a pasar con cuidado las pasarelas de madera que hay sobre extensas zonas inundables.







            La visión del macizo del Pelmo por huecos que nos permite el bosque, es realmente apabullante. En el Col delle Crepe Cavaliere (1900 m), una tablilla nos anuncia la dirección para visitar unas huellas de dinosaurio, datadas hace 220 millones de años, pertenecientes al Triásico Superior, halladas en la década de 1980 por el naturalista local Vittorino Cazzetta, y cuyas réplicas se encuentran en el museo que lleva su nombre en Selva di Cadore.





            Seguimos nuestra ruta, pasando por otro lugar digno de mención, llamado I Lach (1982 m), que en ladino* significa «los lagos», y es debido a que se trata de unas praderas que constituyen el lecho lacustre de un lago colmatado y que, gracias a los sedimentos, se ha convertido hoy en día en «un valioso biotopo turboso y zona pantanosa en primavera u otoño, una pradera seca en verano y un manto blanco de ensueño en invierno».



            Es el techo de nuestra ruta de hoy. Pero continuamos, y lo hacemos llegándonos al Passo di Rutorto (1931 m), que toma el nombre del arroyo cercano, y que significa literalmente «río torcido», o «curso de agua serpenteante».





 



            Muy próximo ya encontramos el refugio Venezia-Alba María de Luca (1946 m), y nos detenemos primeramente para conocer algo más de él. Fue construido por la sección de Venecia del Club Alpino Italiano (CAI), de ahí el nombre, en 1892, considerado el más antiguo de las Dolomitas, gestionado en la actualidad por Bárbara Feltrin. Enclavado en un punto estratégico para el «Giro del Pelmo», cerrado oficialmente por el ayuntamiento de Borca di Cadore, el 10 de este agosto pasado, o la propia ascensión a la cumbre del macizo.



Refugio Venezia-Alba María de Luca

            Durante la Primera Guerra Mundial, fue utilizado por partisanos y, en septiembre de 1944, fue incendiado por los alemanes durante un bombardeo. En los años siguientes, fue reconstruido y reabierto, recibiendo el nombre de Alba Maria de Luca, en honor a una joven alpinista que falleció a los 18 años a causa de una trágica caída en la zona de Croda da Lago en el verano de 1947. Su memoria permanece ligada a este lugar.



            Es un refugio acogedor y con trato amable, que aprovechamos para degustar un pedazo de tarta doméstica al amor de un humeante cappuccino. Son momentos que querríamos que duraran y duraran, pero hay que regresar, de modo que, con las mismas, y un tanto frustrados por no poder completar la vuelta al monte Pelmo, volvemos por donde hemos venido, llegando al punto de inicio, en una jornada que, a pesar de las amenazas del tiempo, nos ha dejado hacer.








Aproximación: 

Selva di Cadore, Passo Staulanza       8 km 10 minutos

Ruta:

Distancia: 13,2 km

Duración: 6 h 10 min

Desnivel acum.: 570 m D+/- (Wikiloc: 405 m D+/-)

Altitud máxima: los 1990 msnm próximos al I Lach (el lago) donde el banco.



GLOSARIO

Gamuza: Rebeco, en altoaragonés, sarrio

Ladino: Lengua retorromance hablada en alguno de los valles alpinos del norte de Italia

Cengia: Parecido al término altoaragonés cingla, traducido como faja, cornisa, paso peligroso de cualquier modo.

Lach: En ladino, lago

 

BIBLIOGRAFÍA

A Guide to the Eastern Alps. John Ball. Longmans, Green, and Co. (1868)

 

RECURSOS DIGITALES

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*La publicación de la ruta y el track constituye únicamente la difusión de la actividad, no asumiendo responsabilidad alguna sobre el uso que de ello conlleve.