domingo, 23 de agosto de 2026

Doce días, doce rutas por los PN de las Montañas Rocosas de Canadá (J10). Wilcox Pass

 Año XV. Entrega nº 1024

AQUERAS MONTAÑAS
Wilcox Pass (2420 m)

Martes, 14 de julio de 2026

         

            «La única forma de descubrir los límites de lo posible es ir más allá de ellos hacia lo imposible».
(1917-2008).


Imagen de Wikipedia

            Quizás el nombre de Arthur Charles Clarke no le suene mucho a la gran mayoría, o quizá sí, tengo que confesar que a mí no, pero seguro que nos suena a todos la novela 2001: una odisea en el espacio, convertida en la mejor película de ciencia ficción de la historia del cine de la mano del director Stanley Kubrik (1928-1999)


Imagen de Wikipedia


            Una vez encuadrado el autor de nuestra cita de hoy, y su magna obra, lo que nos interesa es la propia cita, porque, como hemos dicho en alguna otra ocasión, la curiosidad es la que mueve el mundo. Si no vas en pos de los límites, ellos irán en tu busca y harán lo que saben hacer: limitarte.


Imagen de Historia General

            Eso lo sabían los viejos exploradores del siglo XIX, movidos por su afán de descubrir, por su afán de ir empujando los propios límites, como fue
(1869-1949), estadounidense de nacimiento y gran explorador de las Rocosas de Canadá, de algunos de sus extensos valles, y primero en alcanzar alguna de las altas montañas, como los montes Aberdeen (3152 m), Temple (3543 m), Niblock (2976 m), Keops (2561 m) u otros.


Imagen de Whyte


            En su empeño de buscar un paso hacia el río Athabasca, en 1896, se toparía con que en el fondo del valle se lo impedían los hielos del glaciar homónimo y el Saskachewan, por lo que se vería obligado a buscar otra ruta por la ladera este del valle, alcanzando las tierras que hoy vamos a visitar y que fueron bautizadas con su nombre, el Wilcox Pass, dedicado en 1899 por J. Norman Collie (1859-1942), explorador británico, doctor en química, y gran alpinista, que formaría parte del primer intento mundial de ascensión al Nanga Parbat (8125 m), en 1895.



            Pero quedémonos en nuestro territorio para ir dejando atrás Jasper, esta próspera localidad, que ha encontrado en el turismo de montaña su medio de subsistencia, y que se está reponiendo del trágico incendio de hace un par de años, que dejó calcinado casi la mitad del casco urbano, además de amplias extensiones de los alrededores, hasta un total de cerca de 40 000 ha.


Jasper ardiendo. Imagen de CTIF




            Si por algo se caracteriza la «93», es por la cantidad de glaciares que descuelgan de las montañas que vamos recorriendo visualmente, como el de Stutfield, bautizado así por el mencionado J. Norman Collie (1859-1942), en honor de su compañero de escalada Hugh Stutfield (1858-1929). Una gran cascada de hielo entre el pico homónimo (3450 m) y el monte Kitchener (3500 m), alimentando el río Sunwapta.


Stutfield Glacier

            Aprovechando la mudanza de Jasper a Kananaskis, recalamos en el trailhead* situado junto a la Highway* 93, más conocida turísticamente como Icefields Parkway*, que une Lake* Louise con Jasper a lo largo de 232 km, pasando por el corazón de los parques nacionales de Banff y de Jasper.



            Tras los primeros compases emboscados, vamos saliendo a espacios abiertos para ir tomando el aperitivo del gran menú que se nos ofrece hoy. Al cabo de una hora llegamos al Wilcox Pass que, aunque pareciera nuestro destino, aún tenemos que subir un par de colinas para llegar al extraordinario mirador sobre el gran valle del Sunwapta que, como indicábamos cuando estuvimos visitando las cascadas que llevan su nombre, significa «río turbulento» en lengua nativa.





            Tenemos que cruzar algún postrero nevero, pero una vez llegados a esta atalaya, que llaman Wilcox Viewpoint*, el alma se expande al ritmo que lo hace la vista, con unos horizontes infinitos, rasgados por unas montañas de ensueño.



Wilcox Peak


Mount Athabasca, Andromeda, Campo de hielo Columbia, Athabasca Glacier, Snow Dome, Sunwapta Lake

            Una hora de auténtica embriaguez para los sentidos se nos hace poco tiempo, aunque intenso, y más si piensas que hemos seguido los pasos de aquellos primeros exploradores que hace siglo y cuarto tuvieron que subir a estas colinas porque todas las tierras fértiles que vemos en el fondo del valle, estaban cubiertas de hielos milenarios.


Cuenca del Sunwapta

            Podemos imaginar el hoy gran glaciar de Athabasca, que se descuelga del campo de hielo Columbia, uno de los más extensos de las Rocosas, entre grandes montañas como el Mount Andromeda (3450 m), el Mount Athabasca (3479 m) o el Snow Dome (2672 m) que, no sólo llegara hasta el fondo del valle, sino que lo cubriera.


Imagen de José Antonio

            Hoy en día, la acelerada reducción del glaciar ha dejado al descubierto a sus pies el lago Sunwapta, que da origen al rio homónimo y que, tras 50 km vierte sus aguas al río Athabasca, antes de que sus aguas se despeñen en las grandiosas cascadas que llevan su nombre.


Lugar hasta el que llegaba el glaciar Athabasca en 1890, a varios cientos de metros del actual

            De vuelta por el mismo itinerario, podemos contemplar una nutrida cabaña de big* horn*, una especie de cabra montesa de gran tamaño corporal y de su cornamenta. De nuevo a la furgo, hasta Canmore, donde nos detenemos para hacer las últimas compras.







Mount Rundle, sobre Banff

Three Sisters, sobre Canmore

            Finalmente recalamos en nuestro nuevo y más rústico hostel*, en Kananaskis, uno de los nombres que se conservan de los pueblos originarios, registrado oficialmente por el explorador John Palliser (1817-1887) en 1858, y que significa algo así como «reunión de las aguas».



Clasificar y recoger la comida es la rutina del día de compras


            Finaliza así nuestra décima jornada por estas grandes montañas, con una ruta muy asequible y de alto valor en la ecuación esfuerzo/resultado. Han sido 9,9 km, recorridos en 4 horas y 40 minutos, con un desnivel acumulado de 480 m D+/- (Wikiloc: 415 m D+/-), habiendo alcanzado la altitud máxima en los 2420 msnm de un punto entre el Wilcox Pass y el mirador.



GLOSARIO

Big: Grande

Glacier: Glaciar

Goat: Cabra

Highway: Carretera

Horn: Cuerno

Hostel: Albergue

Icefields Parkway: Carretera panorámica de los campos de hielo

Lake: Lago 

Mount: Monte

Mountain: Montaña

Pass: Collado

Tower: Torre

Trailhead: Inicio de sendero

Valley: Valle

Viewpoint: Mirador

 

RECURSOS DIGITALES

Historia General  

Whyte 

Explore Canmore  

Hostels Canadá  

Alberta Parks 

Parques Nacionales Canada 

Parque Nacional Banff

Parque Nacional Jasper 

Google Maps  

Geamap Canadá 

Wikipedia    

Wikiloc 

RAE  

Fundeu 

Hijo de la Tierra 


Las fotos del autor con sus comentarios

 

*La publicación de la ruta constituye únicamente la difusión de la actividad, no asumiendo responsabilidad alguna sobre el uso que de ello conlleve.







sábado, 22 de agosto de 2026

Castillo d'Acher, por la Canal Oeste

 Año XIV. Entrega nº 1023

AQUERAS MONTAÑAS
Punta de Oza (2193 m)
Castillo d'Acher (2184 m)
Castillo d'Acher Sur (2347 m)
Viernes, 21 de agosto de 2026

            «Se trata de una auténtica tragedia geológica desarrollada a lo largo de millones de años: el ciego enfrentamiento de unas fuerzas sin medida. Pero hemos aprendido a considerar que sólo hay verdadera tragedia en el hombre. Es decir, en la conciencia. La historia de la montaña, no sabría comenzar más que en el propio hombre, en esa primera mirada posada sobre una cima y que le ha dado verdaderamente la vida». Georges Sonnier (1918-1999).


Georges Sonnier. Imagen de Cultura de montania

            Certeras palabras que nacen del corazón, que nacen del amor que Sonnier tenía por las montañas, valiéndose de la relación del ser humano con ellas para poner de manifiesto el paralelismo que existe entre su conciencia y la de las montañas, porque ellas, que forman parte del paisaje, también la tienen, a su manera, pero la tienen, con sus ritmos, con sus tiempos, que se nos escapan… pero la tienen.


Imagen de Red Natural de Aragón

            Hoy visitamos uno de esos valles que forman parte del Parque Natural de los Valles Occidentales, una figura de protección que comprende 27 073 ha, más las 7335 ha de Zona Periférica de Protección, en esta comarca de La Jacetania, y que ampara tierras de los municipios de Aísa, Ansó, Aragüés del Puerto, Borau y Valle de Hecho. Tiene su techo en el Bisaurín (2670 msnm), que cuando se asoma hacia el Cantábrico, no encuentra ninguna otra montaña más alta que él.



            En concreto el valle de Hecho, y más en concreto aún en la Selva de Oza, donde se encuentra una de las montañas más emblemáticas, por su porte, por su espectacularidad, porque no forma parte de ningún macizo, que ella misma se basta para ello, hablamos del Castillo d’Acher, una montaña aparentemente inexpugnable y de un innegable atractivo para los que saben leer la historia de la formación de los Pirineos, escrita en sus piedras.



            En un blog especializado encontramos esta anotación: «Geológicamente, nos encontramos en el borde entre la Zona Axial Pirenaica y las Sierras Interiores. La Zona Axial constituye el núcleo del orógeno y en la zona occidental del Pirineo donde nos encontramos, está formado por rocas paleozoicas, principalmente calizas y pizarras devónicas y carboníferas que muestran deformación y metamorfismo hercínico de bajo grado. Sobre éstas se disponen materiales terrígenos pérmicos. Las Sierras Interiores bordean por el sur la Zona Axial y están constituidas por rocas del cretácico superior, sobre las que se disponen rocas carbonatadas del Paleoceno y Eoceno».


Mapa geológico del IGME. Imagen de Tectónica de placas

            Pues eso, que estamos ante un gigante donde los haya, cuyo nombre parece que deriva de la voz euskera «haitza» o «atx», que significa piedra, roca, de modo que estamos ante un «castillo de roca», con un sorprendente valle colgado en su seno, formando un auténtico sinclinal de grandes dimensiones, con los característicos foraus* de los suelos kársticos, y que hoy, de nuevo, y con todos los respetos, vamos a tratar de poner bajo nuestros pies.



            Y lo vamos a hacer a través de una de las pocas debilidades que muestran sus roquedos, la Canal Oeste, como ya hicimos el año pasado.



            La ruta da comienzo en la Selva de Oza, y por unos momentos, nos abrazamos al GR 11.1, una variante de la Senda Pirenaica. Dejamos a la izquierda el parque de arborismo y nos disponemos a ir disfrutando del frescor del bosque motivado por las recientes lluvias, que se han dejado desear.



            A los diez minutos dejamos el GR y continuamos por una senda, hasta que, en otros diez, cruzamos la pista. El bosque nos sigue envolviendo con su magia… y su pendiente. Con frecuencia te encuentras con pequeños barrancos que cruzan el sendero, hasta que atravesamos otros de mayor porte, como el de la Espata.





          Hora y cuarto y abandonamos el bosque, por no decir él a nosotros. El sendero sigue subiendo y nos va mostrando las lutitas del Pérmico, que afloran con ese intenso color rojizo, por las que vamos a tener que navegar. 




            En poco más de media hora más, dejamos la ruta normal para tomar un desvío que nos va acercando más y más a esa base de la pared. Con fuerte pendiente, y sin sendero definido, vamos ganando altura para ir acercándonos a la base de la pared, haciendo zetas en tramos de fuerte pendiente, echando manos para superar roquedos o con travesías horizontales no exentas de exposición.




            Sorprendemos a una gran cabaña de sarrios por encima de nosotros que, en sus movimientos dejan caer alguna piedra, lo que hace adelantar el uso del casco. 


                                                                             Imagen de Miguel



            Superados unos 200 metros desde el desvío y siguiendo el track, si no sería difícil encontrar la entrada a la canal, vemos la diminuta flecha que confirma que estamos en la entrada de la correcta.



            Se trata de una canal algo estrecha en su comienzo, con bastante inclinación y con muchas piedras sueltas que, al ir en grupo, obligaba a ir muy juntos, procurando progresar bien pegados a la roca, para tener en las manos la estabilidad que no encontramos en los pies.




Imagen de Miguel

            La canal en sí misma no ofrece gran dificultad. Tras un tramo en vertical, se alcanza una pequeña plataforma a la izquierda, buen lugar para reagruparse. Por delante, una canal más estrecha con una gran roca empotrada, que hay que pasar por debajo. En la comisura de esta pequeña estrechez, hay que auparse para asirse a una sirga y salir de su protección a otra plataforma, cómoda, pero con gran exposición.


Imagen de Miguel

Imagen de Javier


Imagen de Miguel



Imagen de Javier


            Vamos esperando para pasar todos y continuar con la ayuda de otra sirga para llegar a otro tramo, también protegido con sirga, que es más largo que los anteriores, pero cuyo anclaje central está suelto, lo que le aporta una mayor comba, siendo aconsejable el pasar por dentro de ella. Tampoco ofrece mayor problema al margen de tener que hacer las operaciones con la máxima concentración.



            Una vez fuera de estos tramos protegidos, nos espera otra pendiente canal a la izquierda, que obviamos, atravesando un pequeño tramo de piedra suelta para ir hasta la segunda canal, que se sube mejor que la primera, y que nos saca ya a la desembocadura del valle colgado que forma este extraordinario sinclinal que es el Castillo d’Acher, visitado ya en varias ocasiones, incluso por esta ruta. Media hora disfrutando los apenas 100 metros de desnivel de una canal tremendamente disfrutona, que es el desagüe del valle colgado. 



            Al salir de ella tenemos enfrente nuestra primera cota, la Punta de Oza (2193 m), la más occidental de la fachada norte de este gran macizo. Las nieblas han estado jugueteando, cuando sí, cuando no… y ahora toca el que no, al menos no del todo, lo que nos permite pasar lista hasta donde nos deja la visibilidad.



En la Punta de Oza

Barranco lo Campanil

            Bajamos de esta primera cota para ir acometiendo las siguientes, algo que se convierte en un permanente subir y bajar, hasta que llegamos ya a la punta más nororiental que, con sus 2384 msnm, es considerado el techo del macizo. 


Cotas de la fachada norte







            Cuatro horas y media hasta aquí, cuando me gustaría poder decir que ha merecido la pena el esfuerzo por las vistas que nos brinda, pero habrá que buscar otro motivo, como por ejemplo el de sentirte que has conquistado el «castillo» por uno de sus más comprometidos flancos, aunque en realidad es él quien te conquista a ti.



            A partir de aquí, ya tomamos la ruta normal para el descenso, con un par de excepciones, el asome a la chimenea de Ledormeur por donde ya subimos hace unos años, y un pequeño desvío para alcanzar la cima sur del Castillo d’Acher que, con sus 2347 msnm, es el punto más alto de esta fachada sur del macizo.





En el Castillo d'Acher Sur

            Con la vista puesta en el gran sinclinal que hemos ido rodeando, nos incorporamos al sendero de la ruta normal, que no abandonamos hasta terminar la ruta. En primer lugar, se baja el canchal, luego se sigue el más cómodo sendero, cerrando la circular, entrada en el bosque y ya, ya estamos abajo.







Macizo de Peña Forca

Cierre de la circular





            Una ruta distinta a una montaña muy concurrida, a la que le hemos dedicado 7 horas y media, para recorrer 12,4 km, y salvar un desnivel acumulado de 1410 m D+/- (Wikiloc: 1252 m D+/-), alcanzando la máxima altitud en los 2384 m del Castillo d’Acher.


Imagen de Javier


GLOSARIO

Furau: Agujero

 

BIBLIOGRAFÍA

La montaña y el hombre. Georges Sonnier. Editorial R.M. (1977)

 

RECURSOS DIGITALES

Red Natural de Aragón  

Comarca La Jacetania 

Tectónica de placas  

Senderos Turísticos de Aragón 

Wikipedia  

Wikiloc  

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RAE 

Fundeu 

Aragonario  

IGN 

Geamap  

Hijo de la Tierra  




Las fotos, con sus comentarios, y el track

 

Nota: La publicación de la ruta, así como del track, constituye únicamente la difusión de la actividad, no asumiendo responsabilidad alguna sobre el uso que de ello conlleve.