Año XV. Entrega nº 1030
«Pues ya estamos aquí de nuevo, otro verano que llega, pero éste no es como los demás, es el más caluroso que recuerdo, con temperaturas que, en Zaragoza, superan los 40º ya desde primeros de mayo».
Párrafo con la que comenzaba a relatar, en un diario que no había empezado a publicar, la jornada en la que subíamos al Acué un 11 de agosto de 2003. Un relato cuya lectura me ha recordado aquella ascensión, pero lo que más me ha llamado la atención es el detalle de la temperatura, y que se hable de ello al comienzo, lo que le da un plus de importancia.
Hoy en día no empezamos así las crónicas, y es fácil suponer porqué, y es debido a que, lo que en 2003 fue excepcional, hoy es absolutamente normal. Y ahí lo dejo porque esto no es un blog de meteorología ni, por supuesto, soy el más indicado para disertar sobre la materia, aunque se podría hablar de lo que se padece en propias carnes.
Se abre la posibilidad de visitar de nuevo este pequeño macizo, cuyas aguas orientales caen sobre el valle del Aspe, y las occidentales sobre el del Aragón Subordán, es decir, que se reparten entre Francia y España, aunque les preguntamos a las montañas, a los valles, a los puertos, a los ibones… y no saben de qué hablamos.
Un pequeño macizo, decimos porque, al contrario que otras sierras cercanas, éste se alza solitario, con dos cimas principales, el propio Acué, de 2258 msnm, y su prolongación hacia el norte, al que llaman Gabedaille (2245 m) que, en realidad, era el objetivo marcado para hoy. Veremos.
Como en aquella ocasión de hace 13 años, atravesamos las entrañas del monte Tobazo por el túnel de Somport, para entrar por las Forges d’Abel, donde merece la pena detenerse un poco para extraer de la red de redes información valiosa que nos ayude a conocer la zona.
Literalmente se podría traducir como las, y se dice que antiguamente existía una instalación minera, que fue incendiada por españoles en 1808 en la Guerra de la Independencia. Fue en 1825 cuando el ingeniero y fabricante de hierro Frédéric d’Abel (1780-1855), procedente de Stuttgart (Alemania), adquirió y modernizó el complejo, retomando su actividad en 1828, que duró hasta los primeros años de la década de 1850, cuando comenzó el declive de la actividad siderúrgica.
El lugar vivió un fuerte renacimiento a partir de 1908 como base para la construcción del lado francés del túnel ferroviario, constituyendo la primera estación francesa de la línea internacional, unas instalaciones hoy en día en estado de abandono, a la espera del anhelado resurgir de ese camino de hierro que cruce de nuevo la cordillera pirenaica. Un lugar, decimos, ocupado hoy en día por una pequeña central hidroeléctrica.
Bien, volvamos al presente para llegarnos al aparcamiento de l’Espelunguère donde, a partir de allí comenzamos la ruta por un sendero emboscado que, tras saludar a la cascada, nos va subiendo cortando la pista en algunos tramos.
El sol sale a nuestro encuentro, regalando unos juegos de luces al juguetear con el hayedo que, tristemente, ve cómo el otoño se precipita despiadadamente sobre él.
El dejar el bosque atrás viene acompañado de la salida a monte abierto, ocupado por granjas ganaderas que ofrecen sus frutos en forma de deliciosos quesos, y que vamos dejando atrás mientras subimos la empinada cuesta hacia el collado de Acué (2019 m), Col de Contende en algunos mapas.
Algo más de dos horas cuando cambiamos el escenario del Parque Nacional de los Pirineos, de Francia, de 45 700 ha, creado en 1967, por el del Parque Natural de los Valles Occidentales, de España. Dos espacios que para las montañas son uno solo y así los debemos considerar.
Un frugal bocado mientras contemplamos el amplio espacio que ocupan las montañas y valles que acaparan nuestras retinas y colman nuestros anhelos de fundirnos en un grandioso paisaje, con un Guarrinza en primer plano, y un sinfín de macizos que se alzan desafiando el horizonte. Destacan el Castillo d’Acher, Peña Forca, Chipeta Alto, Petraficha, Quimboas, Anzotiello, Mallo Gorreta, Gorreta de los Gabachos, Chinebral de Gamueta, Mallo Acherito, Sobarcal, Petrachema, con sus Agujas d’Ansabère…
En la salida del collado se produce una pequeña dispersión, fruto de la cual, mientras el grupo nos dirigimos hacia un visible collado, pensando encontrar el Acué y seguidamente el Gabedaille, el amigo Mané lo hace directamente hacia lo que podría ser este último, viendo mientras vamos llegando a ese collado, que necesita ir echando manos para alcanzar la cumbre.
Por nuestra parte, tras el collado, continuamos por la loma a dos aguas hasta alcanzar, por un estrecho y expuesto sendero, una ante cima, donde nos relajamos con la visión sobre unos amplios espacios que el propio macizo nos negaba.
Mientras hay quien continúa con esa contemplación, otros hacemos cima en lo que nos confirma la rotulación de la piedra cimera, es el Acué, al que vemos que va acudiendo Mané cruzando la arista que lo une con el Gabedaille, que es el único que ha alcanzado el objetivo inicial.
Pero es algo que no nos importa, porque nuestra ascensión también la damos por buena. Lo que sí nos empieza ya a importar es el descenso, que contemplamos hacer por la vertiente sur hacia el paso d’Escalé, uno de los distintos sitios por el que alcanzar el ibón de Estanés, que hoy no pensamos visitar, tan sólo visualmente.
El descenso lo hacemos por una ladera herbosa, siguiendo un sendero del mapa, pero que ya no existe sobre el terreno. Vamos buscando los mejores pasos para evitar meternos en algún marrón.
En dos horas, contando con la más de media para relajarnos y echar un bocado, alcanzamos el fondo del valle, que vamos recorriendo hasta el paso d’Escalé, donde volvemos a cambiar de espacio administrativo, abandonando el Parque Natural de los Valles Occidentales, para pasar de nuevo al Parque Nacional de los Pirineos.
El descenso por el bosque se hace un tanto tedioso debido al calor, pero que compensamos con el disfrute entre el hayedo, animando a sus habitantes deseandoles unas prontas lluvias que palíen el pertinaz sequero.
Convergemos con el camino de subida muy cerca ya del aparcamiento, al que llegamos tras 7 horas y cuarto de haber salido, y habiendo recorrido 10,4 km, con un desnivel acumulado de 930 m D+/- (Wikiloc: 907 m D+/-), con la máxima altitud en los 2258 msnm del pico Acué.
RECURSOS DIGITALES
Parque Nacional de los Pirineos
Parque Natural de los Valles Occidentales
Las fotos del autor, con sus comentarios, y el track
*La publicación de la ruta y el track constituye únicamente la difusión de la actividad, no asumiendo responsabilidad alguna sobre el uso que de ello conlleve.