martes, 31 de mayo de 2016

III Marcha Senderista de Jaca "Pueblos de La Solana"

ANDADAS
III Marcha Senderista de Jaca
"Pueblos de La Solana"
Domingo, 29 de mayo de 2016


            Cuando te asomas al abismo del reloj y no encuentras las saetas. Cuando llegas al despertador antes que ellas. Cuando vienes de crearte un vacío que tienes que llenar con un montón de compactada actividad. Sólo te queda el llamarlas para que apresuradamente vengan a darte la hora. Cinco de la mañana. Hasta los gallos duermen, pero no todos, que los de algunos hogares de Jaca y Zaragoza ya llevan su rato funcionando. Hora de salida de la capi del bus, en su mayoría lleno de miembros de Os Andarines d’Aragón, que aunque tengan que pagar el tributo de la madrugada, han aprovechado el recurso que la organización de la III Marcha Senderista de Jaca “Pueblos de la Solana” ha puesto a disposición de gentes de Zaragoza y Huesca que se han querido sumar a la gran fiesta del senderismo de Jaca.


Crucero y puente de San Miguel
            Y de eso va hoy, de senderismo por la llamada Vereda Oeste de Jaca, constituida por siete pueblos enclavados en la solana camino a la Canal de Berdún. Siete pueblos, decimos, cuasi milenarios, cuyo testimonio está inscrito en la memoria de las piedras que constituyen el elemento básico de la construcción de esas iglesias medievales, que encierran los secretos de años convulsos de posesiones, de trueques, de avances, de reconquistas, de sangre, sudor y lágrimas, que han sabido amparar a pequeñas aldeas que aún hoy, libres de esos avatares, siguen luchando por su pervivencia contra los decretos, la indiferencia y la globalización. Por tercer año consecutivo, La Solana de Jaca ha sido el escenario para los tres recorridos por esos siete pueblos, que son: Banaguás, Abay, Novés, Araguás del Solano, Caniás, Guasillo y Asieso, en los que ha habido sendos avituallamientos de sólido o líquido para hacer más llevadero el camino.

Con chocolate se anda bien el camino
            Siete pueblos que llevamos ya tres años homenajeando a lo largo de nuestro paso por ellos, y haciendo posible que cientos de personas lo hagan de la mano del Club Atletismo Jaca y su buen plantel de voluntarios del grupo de andarines. La jornada comenzaba entre dos luces, con la degustación de un contundente desayuno con chocolate, churros y pastas, que iban a servir de combustible para cualquiera de las tres distancias, de 15, 30 y 40 km, que como el año pasado se han ofertado, en una prueba incluida en el Calendario de Andadas Populares de Aragón, estando la más larga en la Copa de Gran Fondo del citado calendario, junto a las prestigiosas de Jorgeada, Calcenada, 40x4000, Lizara y la Puerta al Invierno, que también se lleva a cabo en nuestro territorio, organizada por el CP Mayencos.

Salida de 40 km
            Los itinerarios han sido modificados ligeramente debido a las obras de la autopista a la altura de la Botiguera, que aunque no impedían el paso por el puente colgante, la organización ha considerado que no era el lugar más atractivo para su tránsito. Ello le ha restado algo de distancia, que se ha compensado en parte al dar una vuelta completa a la Ciudadela antes de salir de Jaca. Otra novedad importante en la distancia de 15 km, es que al contrario de años anteriores que se pasaba por Banaguás y Abay, este año se ha invertido, yendo primero a Abay, y a la vuelta Banaguás, subiendo luego a Guasillo y Asieso, incorporando de ese modo estos dos últimos pueblos al recorrido. También se ha eliminado la subida a la cooperativa y llegada por el Camino de Santiago, subiendo directamente desde el puente de San Miguel. Es algo que le ha restado algo de distancia, pero que ha sido objeto de satisfacción por parte de los participantes.


Banaguás
            Junto con Dani hacemos de abridores en la distancia de 40 km, saliendo de la plaza de San Pedro a las siete y media de la mañana. Vuelta a la Ciudadela y bajada por el Rompeolas al puente de San Miguel, para enfilar el sendero del Columbario y salir al camino del río, subiendo a Banaguás, donde nos aprovisionamos de agua. El siguiente hito es Abay, donde nos esperan con fruta y frutos secos. Camino de Ascara, lo dejamos al cruzar el río, al que nos abrazamos aguas arriba para pasarlo en dos ocasiones más y dirigirnos ya directos a Novés, donde tenemos otra ración de agua.

Saliendo de Abay
            Dura se hace la subida a Araguás del Solano, pero con la mente en la recompensa se hace más liviana. Un bocata de panceta recién braseado con mimo aguarda al senderista, que se lo toma tranquilamente, sirviendo de descanso al haber llegado al pueblo más alto del itinerario. Por caminos de viejo salimos a la carretera para meternos de nuevo junto al río por el molino de Araguás. Se cruza para alcanzar Caniás por delicioso sendero, que hace olvidar en parte la dureza de la subida. De nuevo tenemos líquidos y sólidos para reparar fuerzas. En poco ya nos incorporamos al camino de la Solana, para llegar hasta el cruce del barranco de Castelillo, donde se bifurcan los destinos de 30 y 40. Los primeros han de seguir camino de Jaca, y los de Gran Fondo suben barranco arriba para hacer el Grosín y bajar a Guasillo por el collado de Serés. Una vez en este pueblo, donde también hay avituallamiento líquido y sólido, ya es común el recorrido con el de 30.


Alfombra floral del Corpus
            En este fin de semana coincide la celebración del Ultra Trail de Jaca, que con varias distancias, la prueba reina de 100 km, es Campeonato de Aragón de la especialidad. Al tener que estar presente en la entrega de medallas en representación de la FAM, tengo que abandonar la cabeza de mi grupo para dirigirme a Jaca, y lo hago precisamente en ese punto de bifurcación, en el que toman camino de Grosín. El acto de entrega se retrasa, afectado por la celebración simultánea del día del Corpus y su procesión por el casco viejo de la ciudad.

Primeros llegadores de 40 km
            Una vez terminado el mismo, nos incorporamos a las labores de colaboración con la organización de la marcha senderista. Incesantemente van llegando los participantes en la prueba de 15 km, seguidos de los de 30 y más tarde los de 40. Todos satisfechos porque las amenazas de lluvia se han quedado en eso, protegiéndonos el nublado del calor que podría hacer a estas alturas del calendario. Se culminaba la fiesta del senderismo de Jaca con una comida en el Pabellón de Hielo.


            Entre la procedencia de los asistentes, además de la local, ha habido también de otras partes de nuestra comunidad, incluso de fuera de ella, pero destacamos la masiva presencia de miembros de Os Andarines d'Aragón de Zaragoza, que aprovechaban el autobús puesto por la organización y que hacía escala en Huesca. Un éxito de participación, en suma, que año a año ve incrementado el número de aficionados a las andadas que vienen a disfrutar de nuestro territorio y que depositan su confianza en el Club Atletismo Jaca, organizador de la prueba.



viernes, 20 de mayo de 2016

Por el Campo de Belchite

IXOS MONS
Las Cucutas (989 m)
Tarayuela (940 m)
Entredicho (865 m)Miércoles, 18 de mayo de 2016


            Con apenas 5 habitantes por kilómetro cuadrado, la comarca del Campo de Belchite es la más deprimida de la provincia central de Aragón. La cabeza la tiene mirando al Distrito Comarcal de Zaragoza, y los tres pies apuntan hacia la vecina Cuencas Mineras, de Teruel. En dos de estas ubres, las de ambos extremos, se encuentran dos objetivos de hoy, y lo hacen en la misma muga, Las Cucutas y el Tarayuelas. Y desplazándonos hasta Fuendetodos, visitaremos el Entredicho. Quedo en Belchite, a primera hora de la tarde, con Rubén, de la Asociación Senderista Comarca Campo de Belchite, con el que vamos a tratar de ver la comarca desde estas tres de sus más altas cotas.
   


Pozo de nieve de Lécera
            Entre un buen chaparrazo de agua, nos dirigimos pues hacia Lécera, de donde era originario Jesús Gracia, famoso cantador de jotas del siglo XX, nombrado Hijo Predilecto de su pueblo, e Hijo Adoptivo de Zaragoza, donde desarrolló gran parte de su carrera. El PR-Z 32 parte del centro urbano, pero lo tomamos desde la carretera A-223. Desde los inicios sale ancha pista, con campos a ambos lados. A la derecha tenemos la Nevera de la Val, un pozo de reciente restauración, al que se accede desde su parte inferior, a través de una puerta enrejada. Una vez dentro se puede admirar su magnífica cúpula. Seguimos camino entre grandes extensiones de cultivos de granado cereal, intercalados por campos de olivos y de almendros, dejando ver ya en lontananza a nuestro objetivo inmediato, Las Cucutas, que prominente en el horizonte nos invita a ir a su encuentro.

Camino a Las Cucutas
            Dejamos atrás el indicador de Las Cucutas por el pinar, para regresar por ese sendero. Seguimos por la pista y nos encontramos a nuestra izquierda una pequeña balsa de abrevar el ganado, junto a una ermita un tanto más alejada de nuestro camino. Cerca de 9 km llevamos de pista cuando una gran curva de la misma es burlada por una trocha más incómoda, pero que la acorta. Hasta aquí se puede venir en vehículo, con la condición de hacerlo despacio para disfrutar de lo que te ofrece el camino.

Último tramo
            Una baliza de PR nos conduce, caminando ya, para continuar, saliendo de nuevo a un corto tramo de pista, y volverla a dejar, para meternos a la derecha por otro camino, que nos sube ya a lo alto de la loma, donde unos cuidados rebollos te acompañan hasta dar con el alto de este monte, que luce vértice geodésico aupado a una alta zapata de cemento. Mirador de Las Cucutas lo llaman, y el plural le viene porque al norte hay otro pequeño alto. Y lo de mirador, tampoco tiene duda, porque las vistas desde sus 989 metros son espectaculares.

            La vuelta la hacemos sobre nuestros pasos por la loma. Al descender de ella, si hemos comenzado caminando la ruta podemos optar por meternos por el camino del pinar, para salir de nuevo a la pista. Por el contrario, si hemos subido con vehículo, tendremos que volver hasta él.




Fuente de Plenas
            Ya que estamos en el terreno, para hacer el segundo monte, que es el Tarayuela, desde Lécera, nos acercamos hasta Plenas, soportando otra vuelta de agua más fuerte que la anterior, incluso con granizo. De Plenas era originaria Manuela Sancho (1784 – 1863), heroína de los Sitios de Zaragoza, de la talla de Agustina de Aragón, en cuya casa natal tiene un Museo Etnográfico. Muy próximo a la visible y esbelta torre de la parroquial de Nª Sª de la Piedad, nos recibe un pequeño complejo hidráulico, por el que las aguas de la fuente con el nombre de la heroína, son aprovechadas para abrevaderos de ganado y para los lavaderos, antaño bien empleados.

Llegando a Tarayuela
            Bajamos para cruzar el río Santa María, donde nos encontramos con indicador del PR-Z 29, que nos muestra la dirección al Mirador de las Tarayuelas (5,4 km), al que, por pista entre campos de almendros, y un viejo aeródromo de la guerra civil, nos dirigimos en vehículo todo el recorrido, excepto los últimos 200 metros. Al detenerlo, nos encontramos en el alto de un monte, plagado de oloroso tomillo, en el que sin sendero ya marcado, una hilera de balizas, nos conduce hasta la cota más alta, señalada por un buen montón de piedras y una estaca inclinada, que sirve para delimitar la muga provincial. Unos metros antes hay una mesa orientadora, desde la que se describen, desde sus 940 metros, los montes de la sierra de Herrera, entre otros. Volvemos sobre nuestros pasos y huellas de neumáticos hasta Plenas, donde valoramos si nos da tiempo o no para hacer el tridente.
  




Fuendetodos
            Finalmente nos la jugamos. Desde Plenas nos acercamos hasta Fuendetodos, en la confianza de poder llegar al Entredicho antes que el sol al horizonte. Si hemos nombrado a sendos ilustres de Lécera y Plenas, el de aquí es mundialmente conocido, Francisco de Goya y Lucientes, nuestro pintor universal, que también tiene su museo en la casa natal, además de otro de grabados, ambos muy dignos de ser visitados.

Pozo de nieve de Culroya
            Este monte lo tenemos todavía mejor, porque junto al pueblo, al otro lado de la A-220, encontramos el SL 3, que recorremos en vehículo casi hasta lo alto del monte. Al comienzo, nos detenemos para contemplar otro pozo de nieve con cúpula, la Nevera Culroya, datada en el siglo XVIII, siendo el más monumental de la comarca. Una puerta de reja nos da acceso a la parte superior del interior, desde donde se puede descender por escalera de caracol adherida a las paredes.

Llegando al Entredicho
            Seguimos la ruta por pista que se convierte en mediocre estado, hasta que alcanza una más ancha que recorre toda la línea de aerogeneradores. Muy próximo ya, la baliza del SL 3 nos indica la dirección al vértice geodésico, por otra parte bien visible, ya que está aupado en una columna cuadrada de unos 4 ó 5 metros. Apenas 50 metros desde el coche. A través de unas grapas se puede acceder a lo más alto, desde donde tenemos una muy buena vista también, pudiendo acompañar visualmente al sol en unos momentos de su declive, regalándonos un bello ocaso.


            Y poco más, vuelta a Fuendetodos, y por la A-2101, a Jaulín y Botorrita para volver a Zaragoza, pero hay que hacerlo por Belchite para dejar a Rubén, buen compañero de ruta que nos ha enseñado la comarca del Campo de Belchite desde tres de sus más altas cotas, y en una tarde. Como resumen de esta media jornada podemos decir:

Lécera – Las Cucutas – Lécera.                     En total: 22,6 km, con 530 D+. Caminando: 5,2 km, con 210 D+.
Plenas – Tarayuela – Plenas.                         En total: 9,6 km, con 250 D+. Caminando: 0,2 km, con 20 D+.
Fuendetodos – Entredicho – Fuendetodos.     En total: 4,3 km,  con 110 D+. Caminando: 0,08 km, con 15 D+.



domingo, 15 de mayo de 2016

Tozal de Paco Tiesto, sobre los abismos del Balced

IXOS MONS
Tozal de Paco Tiesto (1.568 m)
Sábado, 14 de mayo de 2016



¿Qué tendrás en tu mente, mujer menuda?
Mujer hermosa y fuerte como ninguna.
Mujer del campo y del trigo,
de la viña y del sol,
de jornadas sin fin,
de noches sin luna;
huérfanas noches de amor.
¿Qué tendrás en tu mente, mujer menuda?


            Todavía se oyen susurrar estos versos de Jesús Villanueva cuando te vas aproximando a estas hoscas tierras que pocos corros dejan a la crianza del hordio y sus congéneres. Tierras calizas de cultivo mediterráneo, con unos campos de cereal que hoy, mecidos por las frías nortadas, explotan a los cuatro vientos. Tierras duras de trato, pero blandas a la erosión, capricho de los dioses de las aguas y de los airados cierzos. Tierras de mujeres y de hombres que supieron arrancar lo mejor de ellas, que no fue mucho, pero suficiente para subsistir… hasta que lo fue. Tierras, que aunque no todas, algunas sí, han sabido reconvertirse para usos modernos, usos del agua, de paredes y de caminos. Unos caminos de viejo que se ven transitados por las gentes, que como nosotros, nos decidimos a rendir culto a estas sierras que se alzan entre los abismos.


Barrio de la Honguera
            Volvemos de nuevo a Rodellar, lugar mágico sin duda, que invita a hacerlo una y otra vez. En esta ocasión, para visitar otra sierra, la de Balced, en cuyo paco se encuentra nuestro objetivo de hoy, el Tozal del Paco Tiesto, también llamado Larizora, de fácil deducción etimológica debido a la gran cantidad de erizones que albergan sus faldas. Lugares más alejados de los concurridos congostos próximos al pueblo, algo que se constata, al menos en la subida, en la que, con Toño y José Luis, estamos sólo con los cuatro elementos… ningún elemento más.

Fuente de Fonciachas
            Desoyendo las indicaciones que desde el mismo aparcamiento te invitan ya a echarte al camino hacia Cheto, nos parece que es mucho más vistoso el llegar a él al filo de los acantilados donde el Mascún ha sabido labrarse el porvenir. Saliendo por el barrio de la Honguera en dirección a la ermita de la Virgen del Castillo, como a unos veinte minutos la dejamos para seguir por el mismo margen del barranco, aunque el hacerlo así nos obligaría a acercarnos de propio a este antiguo poblado, del que se dice fue el origen del posterior asentamiento de Rodellar. Atrás queda también la fuente de Fonciachas, de la que se dice que jamás se ha conocido sin dar.

Piedras de rayo
            El viento enojado, apresurado, se estrecha por el Mascún. Ahí lo dejamos, que nosotros seguimos jadeantes por empinadas y empedradas cuestas nuestra ruta barranco arriba, ya por el de San Martín, bajo la impresionante figura de un gran morrón, bautizado en los mapas como Montillosa. El sendero se calma, y el tapiz herboso se alía con el caminante para permitirle distraer su mirada hacia esta gran pared rocosa, que dejamos atrás, una vez cruzado el barranco y subido pacientemente otra de las cuestas que te van alzando de las profundidades a los cielos abiertos.


Llegando
            Un brusco giro hacia el norte nos acerca al punto de confluencia con el sendero de vuelta. Llegamos a un puerto, colonizado por los erizones, que como velo de la memoria van fagocitando tanto esfuerzo, tanto trabajo, tanto sudor, para arrancarle al terreno la escasa subsistencia. Estamos en una amplia extensión de terreno, que al superar sus barreras de bojes, nos da vista ya a nuestro escondido objetivo, el Tozal de Paco Tiesto, un monte, el más alto de este cordal, que suave baja hacia poniente, aunque sólo de momento, donde discurre el Mascún, pero brusco hacia levante, asomándose al abismo de Balced.


Profundo Balcés
            Hay que estar atento, porque el ancho camino sigue por sus faldas, dejando a la derecha un incipiente sendero que entre erizones te va subiendo a la cumbre, a una primera cumbre señalizada por un hito de piedras, pero que hay que continuar unas decenas de metros hasta la siguiente, que es la verdadera altura. Desde aquí, lejos, muy lejos, es donde a los cuatro costados se juntan el cielo y la tierra, ayudados por las nubes, especialmente en el gran norte.

Las Forcas y el gran norte
            Estamos en una gran ralla entre dos grandes profundidades, al este la de Balced, al oeste la de Mascún. Al norte baja a beber a la Guarguera, donde el terreno toma impulso para empinarse más y más en esas sierras antesala ya de la gran cordillera. Y el sur calmo va hacia la gran depresión. El fuerte viento siempre dando mensajes de quién manda aquí, y ante eso, sumisión, reconocimiento, y para abajo, a retomar el ancho camino, por el que en cuatro zancadas nos acercamos hasta los pozos de nieve de Bagüeste, bien conservados, y deseosos de contarnos mil y una historias.

            
Collado de San Martín
            De vuelta ya, echamos un bocado en un abrigo y dejando a nuestra derecha el sendero de subida, seguimos por el camino de la sierra de Balced, alcanzando primeramente el collado de San Martín, que deja su peña a la izquierda, asomándose al profundo barranco. Circulando por la base de enormes paredones nos llegamos hasta otro punto importante, donde se cruzan los caminos de ambos valles, collada de Balced la llaman, y es la puerta para bajar a este barranco y a los pueblos colindantes. Nosotros nos tiramos para el nuestro, dirigiéndonos ya de tiro hacia Rodellar, a donde llegamos al cabo de hora y cuarto.


Ermita de San Lorenzo
            La entrada al pueblo no está exenta de magia. Anchos caminos flanqueados por renovados cagicos y tapiales de piedra seca que delimitan fincas, hoy prácticamente abandonadas, pero con un pedigrí escrito en el viento, y sólo recordado ya por los viejos del lugar. Por el costado de la ermita de San Lorenzo entramos en el casco urbano. Sin contar el acercamiento a los pozos de nieve, a los que nos hemos llegado desprovistos del GPS, hemos invertido 5h 10’ de tiempo total, del que 3h 40’ ha sido en movimiento, para recorrer 12,6 km, y salvar cerca de 1.000 m de D+, en una jornada que nos ha permitido una incursión a esta sierra de Balced, menos visitada, más callada, pero que te muestra también lo mejor de sí misma… que no es poco.
  




jueves, 5 de mayo de 2016

Cabezo de Guara, el nororiental de la familia

IXOS MONS
Cabezo de Guara (1.868 m)
Lunes, 2 de mayo de 2016


            Altibajos de la vida. Altibajos en la faz de la tierra. Altibajos. La vida es pura alternancia. Hay tiempo para inspirar, hay tiempo para espirar. Inspirando subimos a las montañas, espirando bajamos a los valles. En las cimas buscamos la pureza, la paz, el sosiego, la recompensa del trabajo, sin embargo es terreno hostil para la permanencia. El ser humano necesita la pureza, pero en dosis razonables, pues todavía no es capaz de resistir su intensidad. Por eso existen los valles, la tierra baja donde se encuentran las condiciones para vivir y trabajar. Los Pirineos son un buen ejemplo de ello, con sus altas cumbres y sus suaves y en ocasiones hondos valles, pero hay una tierra, entre ellos y el valle del Ebro donde quizá se reúna la más alta concentración de escarpes, de afiladas agujas, de rallas, de roquedos, de profundos cañones, donde el tiempo ha visto pasar el agua y el viento por sus recovecos, que anidando en ellos los ha acentuado más si cabe.


            Hablamos de la Sierra de Guara, cuyos dominios fueron declarados Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara en diciembre de 1970, constituyendo el mayor espacio natural protegido de Aragón, con sus más de ochenta mil Ha, incluyendo su zona periférica. Un espacio que sin embargo fue descubierto en el siglo XIX por precursores montañeros y naturalistas franceses, como Lucien Briet. 

            Hecho ya todo el cordal principal, sólo nos quedaba llegarnos hasta el díscolo, hasta el no alineado. Preguntándonos sin mucho éxito el por qué, visitamos el Cabezo de Guara, adentrado ya en la comarca del Somontano de Barbastro, y que con sus 1.868 metros es su mayor altura.

Campos de Pedruel
            Una nueva vuelta de orache nos ha dejado, y lo ha hecho dejándonos una cuña anticiclónica que no estamos dispuestos a desaprovechar. Este monte se puede subir por varios itinerarios. Nosotros hemos elegido hacerlo por Pedruel, pequeño pueblo que perteneció al municipio de Rodellar y llegó a estar abandonado. Hoy, junto con éste y con Las Almunias, de donde parte la estrecha carretera, están incluidos en el de Bierge, y gracias al turismo de montaña y escalada, gozan de muy buena salud. Pedruel, concretamente se alza a media ladera, sobre unos fértiles campos que hoy nos saludan con su verde fosforito, que transmite alegría, que transmite armonía, que transmite vida.

Interior de Casa Viñuales
            De este pueblo partimos con doce grados de temperatura, a medio camino entre los menos dos que hemos llegado a ver viniendo, y los veinticuatro que nos encontraremos a la vuelta. La mañana fresca, radiante, promete. Al tajo. La primera impresión que nos llevamos es la de unas escaleras de caracol, de piedra, en un campo de almendros, algo insólito, que nos deja perplejos, pero por poco tiempo, porque al paso sale la ama de la casa y nos lo explica. Se trata de unas escaleras que subían a la falsa de la casa de enfrente, suya también, y que decidieron sacarlas para que les diera el sol, supongo. Bueno, no sólo nos lo explica, sino que nos hace entrar en esa antigua casa, hoy reformada, para orgullosa mostrarnos sus encantos, testimonio de un pasado de vida y apego a la tierra. Casa Viñuales, para más señas.

Sendero
            Nueve y media pasadas y enfilamos una de las calles para meternos ya sin remisión en la senda bien definida, pero de incómodo pisar, que nos va subiendo sin cuartel. Media hora no ha pasado, y ya vamos teniendo vista sobre alguno de los grandes del Pirineo. El gran cordal de las Tres Serols y las Tres Marías, separadas por el enorme tajo del collado de Añisclo, llama poderosamente nuestra atención mudamente gritando que están ahí, a lo que correspondemos con nuestro mudo, también, contemplar.


Cabras silvestres
            Sabinas y carrascas van saliendo en nuestro auxilio para aliviarnos algo del sol. Algunos ejemplares de estas últimas, verdaderamente espectaculares, tanto así que sólo inspiran veneración y respeto. Tras pasar por un tramo de cómodo pisar, en cosa de hora y media hacemos el alto de una pequeña cumbre, Lacuna Alta, la llaman, desde donde se nos presenta ya nuestro objetivo, un tanto lejano, y siempre acompañado del Tozal de Cubilás. A nuestra derecha, la agreste sierra de Lupera, que en sus Gorgas Negras aprisiona a un Alcanadre que chicorrón, deseoso marcha a dar vida a la tierra llana. Detrás de esta imponente sierra, el no menos imponente cañón de Mascún. La mirada se clava en este bellísimo fenómeno geológico, y es difícil de convencer para seguir adelante.


            Nos sorprende una pequeña cabaña de cabras montesas, de las que se ven cada vez con más frecuencia por estos montes, y que según se dice, pueden provenir de antiguos rebaños domésticos que fueran abandonados a su suerte al tener que marchar las gentes precipitadamente de estos pueblos. Al margen de los motivos de unos u otros, lo cierto es que da gozo verlas por aquí.

Cerca ya de cumbre
            El sendero nos deja en la pista del Coto de Bastarás, que mucho se podría hablar de ello, pero no vamos a permitir que empañe esta extraordinaria jornada de montaña. Seguimos por ella unos minutos, sin dejar de ver nuestro objetivo, y de nuevo a la senda, que ya en menos de media hora más, y por terreno de lapiaz, nos sube a la cumbre. Una muy amplia plataforma, de la que emerge un vértice geodésico, y las ganas de que nos quedemos un rato, sale a nuestro encuentro. No le vamos a privar del deseo. En poco más de tres horas hemos recorrido algo más también, de los 8 km que distan desde Pedruel.

Nieve en la cara nororiental
            Tercera cumbre de este magnífico cordal de Peña Guara, auténtica columna vertebral de estas sierras, de estos barrancos, de estos territorios humildes, callados, bruscos, ariscos, pero que familiarizándote con ellos son de lo más gratificantes. Las vistas desde aquí son impresionantes. Hacia el sur, da comienzo la gran depresión que alberga el padre Ebro. A levante, el Alcanadre, el Mascún y las sierras que los forman. A poniente, los hermanos alineados del Tozal, Ballemona y Cubilás. Y dejamos el broche final para el Gran Norte, con el que median montes tan queridos como San Juan de la Peña, Oroel, Oturia… Y qué decir de ese gran telón de fondo, que contiene todos y cada uno de los macizos pirenaicos, con sus penachos generosamente nevados como hacía años para estas fechas.


Grandes ejemplares de carrasca
            A nuestros pies, en esa misma dirección, la Guarguera, castigada por el olvido, el tiempo y el abandono, salpicada de pequeños pueblos en los que reina la soledad y las casas espaldadas. Sentido tributo a todas esas gentes que un día se cansaron de estar cansados, trillaron la última siega, vendieron en la última feria sus animales, trajeron su último capazo del huerto, llegaron al límite de su paciencia y aguante, y con un portazo se fueron sin volver la vista atrás, dejando no sólo sus pertenencias, sus raíces, su historia, sus seres queridos en tierra, sino también una forma de vida que hoy ni se entiende ni nos esforzamos en entender.


Gran hito
            Pero la vida sigue. El sol sigue saliendo todos los días, y de una forma u otra sigue habiendo futuro. Y el nuestro inmediato es despedirnos de todo este plantel de montes, de todo este escenario del que hemos participado unos minutos, y poner proa al descenso. Un descenso que se realiza exactamente por el mismo itinerario, de modo que no mucho más que contar. El mismo sendero, las mismas cabras, el mismo paisaje, los mismos árboles… pero todo al revés. Volvemos a Pedruel, rodeado de verdor, tras haber recorrido 16,3 km, en poco más de 6 horas de tiempo total, del que 4h 50’ han sido en movimiento, para salvar en torno a 1.470 metros de D+. Ya tenemos todas las joyas de esta corona… y ellas a nosotros.