domingo, 6 de octubre de 2019

Néouvielle, un mundo granítico entre lagos

AQUERAS MONTAÑAS
Néouvielle (3091 m)
Sábado, 5 de octubre de 2019



         En el valle de Neste Couplan, subsidiario del de Aure, se encuentra uno de los rincones más bellos del Pirineo Francés, al que se accede a través de una sinuosa carretera de montaña partiendo de la localidad de Fabian, próxima a la de Aragnouet, al otro lado del túnel de Bielsa. Allí, donde maridan en perfecta armonía los mundos graníticos y lacustres, surgen los primeros como grandes promontorios, y los segundos como apacibles extensiones de agua a sus pies, combinando lo vertical y lo horizontal, todo un simbolismo. Allí, una docena de esas montañas superan la mítica altura de los tres mil metros, reflejando sus afiladas siluetas en numerosos lagos por encima de los dos mil. Allí, un bello conjunto se ofrece al visitante, encuadrado en la Reserva Natural de Néouvielle.

            Allí. Allí hemos ido, dando cumplimiento al Calendario de Actividades del CP Mayencos, que virtualmente ha subido al techo del macizo, el Néouvielle, de 3091 metros, su flamante, y todavía virtual, Insignia de Oro de la Federación Aragonesa de Montañismo, concedida a la trayectoria de los cincuenta años de montaña del club.

Con el objetivo a nuestra espalda, listos para salir

Al regreso en la gran mesa orientadora
            Sí, decimos virtual porque no se nos será entregada hasta el 25 de este mes de octubre en la tradicional Cena de la Montaña, que anualmente se celebra, y donde se conceden diversas distinciones por otros tantos motivos, recayendo este año en nuestro club una de esas máximas distinciones. Pero eso no ha sido óbice para que lo vayamos celebrando, y lo hemos hecho con esta ascensión, por otra parte programada ya en el citado calendario, y culminada con éxito por los 19 mayencos que en esta ocasión han acudido a la convocatoria.


Progresando en el comienzo de la ruta

ASCENSIÓN
Conforme se va tomando altura cambia la perspectiva
            Si en este caso obviamos el epígrafe de “APROXIMACIÓN”, es porque se llega en vehículos hasta el mismísimo parquin del Lac d’Aubert, a unos 2150 metros ya de altitud. A orillas de dicho lago da comienzo la ascensión al Néouvielle, máxima altura de este gran macizo homónimo, con sus 3091 metros. Al filo del alba, el cruce por la presa del lago es el único momento de respiro, ya que culminado este, se empieza a empinar el sendero que en los primeros compases transcurre por terreno de tierra acompañado de grandes matas de rododendro. Pero enseguida se termina lo bueno, ya que pronto somos pasto del tirano mundo mineral, introduciéndonos en unos interminables campos de bolos, grandes bloques de granito que hay que ir sorteando para poder progresar.

Entre bolos

Nieve joven sobre "Néouvielle", que significa "nieve vieja"
            El camino está plagado de hitos. Varios itinerarios se van abriendo a la vista, debiendo elegir entre todos ellos, no pareciendo mejor cualquiera que los demás. Todo un monótono escenario sin apenas referencias, salvo esa gran brecha de Chausenque, nombre que le dio el primero en ascender esta montaña, que lo hizo junto con Teintu en 1848. Conforme  vamos ganando altura van apareciendo pequeñas manchas de nieve que se conserva todavía de estas últimas borrascas. Una nieve dura que hace extremar la precaución para que no sea ella la que dirija nuestros pasos. Aún permanecen grandes extensiones de nieve del último invierno, y que sustenta esos pequeños corros de la nueva, ofreciendo una creativa paleta monocromática en tonos blancos y grises, el vivo nuevo sobre el más apagado viejo.

Últimos compases por la ancha chimenea

Lac d'Aumar y sus reflejos
            El grupo va progresando a distinto ritmo, lo que obliga a ir haciendo alguna parada para reagruparse. Los últimos compases discurren por una empinada y ancha chimenea que obliga a extremar la atención, y que entre tres horas y tres horas y media, desde el arranque, nos conduce a la cima. Una cima un tanto incómoda, ya que no se trata de una plataforma uniforme, sino de la culminación de esos grandes bloques de piedra que con sus afiladas aristas desafían a los cuatro elementos que erosionan estas montañas. Una enorme satisfacción, como siempre, al vernos conquistados por otra de las grandes, y que nos ofrece unas vistas extraordinarias sobre nuestro entorno. Por una parte, esa cantidad de lagos a nuestros pies; y por otra esas montañas pirenaicas, entre las que destacan la Munia, Monte Perdido, Cilindro de Marboré, Torre, Casco, Brecha de Rolando, Bazillac, Taillon, Gabietos…, pero el que más llena el espacio el gran macizo del Vignemale, desde aquí, o Comachibosa desde allí, porque bilingüe es.

Entre las espectaculares vistas, destaca el cordal de las Tres Sorores,
Monte Perdido, Cilindro, Torre, Casco, Brecha, Bazillac, Taillon, Gabietos...,
pero especialmente el macizo del Vignemale

DESCENSO
Comienza el descenso
            Tras media hora pasada en cumbre, y las fotos de rigor, se da comienzo al descenso, con más cuidado, si cabe, que el tenido para subir. Desandamos lo andado hasta el mismísimo arranque, que ahora hace de final, algo que hacemos en otras tres horas, dando así por terminada otra extraordinaria jornada de alta montaña pirenaica, tras haber recorrido algo más de 8 km, en poco más de 7 horas de tiempo total, del que la mitad ha sido en movimiento, con un desnivel acumulado próximo a los 1000 metros.


Más fotos y el track

martes, 24 de septiembre de 2019

Tendeñera, la fascinante reina de la fiesta

AQUERAS MONTAÑAS
Tendeñera (2845 m)
Lunes 23 de septiembre de 2019



            El metro, como unidad de medida, se creó, se definió en París, concretamente en la Academia de Ciencias de Francia, en los tiempos de Napoleón. Es fácil deducir, por tanto, que cuando los movimientos orogénicos alzaron estas cumbres hacia el infinito no entraba en sus planes lo de tenerlo en cuenta. La Tierra es un ser vivo, es decir, en constante movimiento, por lo que es fácil de deducir también que, aunque nos sea imperceptible, no ha terminado de asentarse el sustento de nuestro planeta. Son reflexiones que convergen en el hecho de que hoy en día cada montaña tiene su altura, y en los Pirineos unas pocas superan los tres mil metros. Las hay que están orgullosas de ello, y con razón, otras que no se lo merecen tanto, y otras por el contrario que no llegan aun mereciéndoselo, pero ahí están, dispuestas a enseñar sus encantos, que los tienen. Es el caso de Tendeñera, la reina de la fiesta.

La Ripera, una de las damas de honor de la reina

El forau del Diaple, en las catacumbas del reino
          La reina de la fiesta, sí. Se lo cree. Se lo hacemos creer. Aunque sabe que en el fondo lo compartimos. Porque sabe que en definitiva, los reyes nos sentimos nosotros al permitirnos acceder a su reino. Un reino en el que nos complace sumamente entrar, porque hoy estamos de estreno. Estrenamos mes, Libra; estrenamos estación, otoño; estrenamos reino, sierra, montaña: Tendeñera. Y estrenamos ilusión por echarnos, una vez más, al monte, porque cada día es distinto, cada montaña es distinta, aunque sea la misma, porque aunque lo fuere sería en día distinto. Pero hoy, hoy nos acercamos a una larga y sanamente codiciada. Codiciada también por los que se reparten el territorio, porque es una montaña grande, es una montaña que da juego a tres municipios: Panticosa, Yésero y Torla y a dos comarcas; los dos primeros del Alto Gállego, y el último de Sobrarbe. Tres municipios y dos comarcas hermanados en los 2845 metros del punto más alto de esta montaña y de esta sierra. Como para no ser la reina de la fiesta.

Punta de la Ripera y Mallo las Blancas, más damas de honor

El Midi d'Ossau acariciado por los primeros rayos de sol
            Tendeñera es una de esas montañas lejana, altiva, pero que se hace querer. Preside la sierra a la que le aporta el nombre. Una de las llamadas Sierras Interiores de los Pirineos, que no participa de su eje, pero que pudiéndoselo tomar a mal, le ha dado la vuelta y lo ha convertido en virtud, porque ofrece unas vistas sobre él, y no solo sobre el, que sobrecoge. Es su gran valor, y de él hemos tenido el privilegio de participar con su ascenso…. También con su descenso, del que hemos vuelto más curtidos, más sabios, más gozados.

En el arranque de una bonita jornada de Alta Montaña


APROXIMACIÓN
Bella estampa, de las que escasean
            Montaña esta que se muestra altiva sobre los cuatro costados. Montaña esta, que se ofrece a ser ascendida por varios sitios, todos de enorme belleza. Hemos elegido hacerlo desde un lugar próximo al ibón de Sabocos, al que accedemos por pista forestal desde Hoz de Jaca. Con Toño, un par de Carlos, y 5º C, salimos para conectar estos bellos rincones con otro que no le va a la zaga, el Rincón del Verde, para lo que hemos de ascender hasta el collado de Sabocos, o del Verde, según mapas, acariciado por las sureñas faldas del pico del mismo nombre. No cabe duda de que estamos en ese dominio, en el del Verde, porque aquí todo lo es.   

Ibón de Sabocos bajo su peña

Refugio del Verde
            En menos de tres cuartos de hora el sendero se convierte en pista, que seguimos, pasando por el refugio, también del Verde, asombrados por los enormes paredones de las estribaciones de esta imponente sierra de Tendeñera, Peña del Verde, Mallo de las Peñas, Peña Forato, con su Forato de los Diaples, o de los diablos, que alberga una de las cavidades mayores de la cordillera, amén de ser origen de leyendas relacionadas con el inframundo. Continuamos nuestro camino hasta dar con el fondo del barranco de la Ripera, desde donde, tras hora y media, comienza realmente nuestra ascensión.

Pico del Verde

ASCENSO
Salto de Tendeñera
            Desde la cabecera de este bellísimo valle de la Ripera, y con la vista ya en el salto de Tendeñera, porque a ese dominio ya nos dirigimos, hay que tomar un sendero que de forma diagonal lo supera, para introducirnos ya en el barranco del Puerto de Tendeñera, un pequeño valle colgado, con su refugio de pastores, y que desde este nos conduce hasta el collado en menos de una hora. Nos vamos encontrando con marcas rojiblancas que suponemos serán del antiguo GR 11. Nuestro objetivo ya nos tiene en su radar, y nos va a ir acompañando visualmente hasta que nos tenga encima. Es una gran pala a la derecha de un promontorio puntiagudo que presume de escudero, pero que es todo fachada.

Valle de Otal

El sol se mece en la hierba, antes de llegar al collado
            Llegados al collado, nuestra recompensa es dar vista al valle de Otal, un magnífico valle de origen glacial que vierte al río Ara por encima de Bujaruelo. En su cabecera encontramos rincones con nombres como Faja Basarán o Rincón de Ainielle, que con el propio de Otal evocan localidades del cercano Sobrepuerto a las que pertenecían. El resto de vistas que se nos ofrecen las dejamos para más arriba, que se irán mostrando con más esplendor. Tomamos camino a la derecha, encontramos una alambrada de la güega con Torla. Poco a poco nos introducimos en un mundo de caos pétreo que vamos atravesando siguiendo los hitos, aunque no es fácil, porque hay varios itinerarios y despistan.

Progresando por el caos de piedras

Cuesta final
            Tras remontar una corta, pero dura cuesta llegamos a superar ese promontorio que veíamos acompañando a Tendeñera, pero que ya se le han bajado los humos y tan solo es el saliente de un extenso plató que hace de ante cima, porque aún nos queda tajo. Bueno, media hora, no es tanto, como unos 140 metros de desnivel, que acometemos seguidamente, para lo que nos dirigimos hacia el sur para asomarnos hacia otro mundo, el de las faldas, enormes faldas, que esta montaña despliega hacia esa vertiente. Barranco de Sorrosal, del Puerto, del Infierno, de Gavín, con los cordales que los configuran. Arco Norte de Sobrepuerto, con Pelopín, Erata, Manchoya; el apacible valle de Broto

Por las alturas, con el Cañón de Ordesa al fondo

Barrancos del Puerto y del Infierno
            La última cuesta se agarra, pero es mitigada con esa ilusión de llegar, y para ello hay que pasar por una cresta, corta, pero valiente, a pie llano, sí, pero que no admite errores, las profundidades a ambos lados son abismales. Finalmente, y tras casi cinco horas entre aproximación y ascenso alcanzamos lo alto de esta montaña y de esta sierra, que comparten nombre, que comparten vistas, que comparten belleza, que comparten sentimiento con nosotros, que hemos visto culminado nuestro esfuerzo… bueno, al menos la mitad, que hay que volver. Pero antes aprovechamos bien este corto momento, porque va a formar parte de otros tantos inenarrables, esos que están en las runas de la memoria con la etiqueta de “momentos plenos”, que son los que pasas encima de una montaña cuando te ha conquistado.

Tres hombres y un destino

DESCENSO
La reina de la fiesta. Fascinante
            El cresterío que se abre hacia la Peña Otal, es francamente tentador, pero tendrá que esperar. Breve ha sido, sí. Breve ha sido la estancia en esta cumbre, una atalaya privilegiada sobre todo nuestro entorno, el cercano y el lejano. Muchas son las montañas que reconocemos, otras que no, y otras que buscamos y no encontramos. Breve, sí, porque el cielo empieza a estar ocupado por nubes de las que desconocemos sus intenciones. No nos paramos ni a echar un bocado, solo abrazos y fotos. Con las mismas, comenzamos el descenso por el mismo sitio, parando en ese amplio plató para, ahora sí, hacer un alto y reponer fuerzas.

Hace duelo bajar

Bello paisaje, presidido por el Vignemale
            Y no mucho más, que aunque largo, es volver por el mismo itinerario, collado, barranco de Tendeñera, cabecera de la Ripera, Rincón del Verde, y lo que peor sienta, subir hasta el collado de Sabocos, que aunque es tendido, no dejan de ser 400 metros de desnivel. Bajar al ibón, refugio, y último repecho para luego bajar al coche, al que llegamos después de 9h 15’ de tiempo total, del que poco más de 7 horas han sido en movimiento, para recorrer 21,2 km, y salvar, según nuestro GPS, un desnivel acumulado de 1930 metros D+/-, concluyendo así una ascensión que, aunque larga en su aproximación, ha merecido la pena, porque ha sido a la fascinante reina de la fiesta.

Las fotos y el track

martes, 17 de septiembre de 2019

Integral ermitas de Arnedillo, círculo de santidad

IXOS MONS
San Zoilo (650 m) 
Sgdo. Corazón de Jesús (765 m) 
San Miguel (765 m) 
Nª Sª de Peñalba (800 m) 
San Tirso (685 m) 
Santiago (655 m) 
San Andrés y San Blas (665 m) 
S. Servando y S. Germán (650 m) 
Virgen de la Torre (685 m) 
Lunes, 16 de septiembre de 2019



            Arnedillo, localidad de La Rioja Baja, situada entre las sierras de Hez y Peñalmonte. Regada por el río Cidacos como a mitad de los 80 km de su recorrido. Un río que al abandonar la población, lo hace estrechado por el Zopín y la Peña del Castillo, a cuyos pies está lo que le da nombre, las ruinas del viejo castillo, ya descrito en el siglo XII, cuando el rey Alfonso VIII de Castilla donaba a la catedral de Calahora y su obispo Rodrigo, la villa y el susodicho castillo, usado a posteriori como residencia de verano de los sucesivos prelados.

Arnedillo, y al fondo el Zopín y la Peña del Castillo

Puente medieval y torre del castillo detrás del cementerio
            Enclavado en un espectacular escenario, rodeado de sierras, que le aportan un microclima especial, pero por lo que se ha ganado la fama desde hace tiempo es por aflorar en su término unas aguas termales a más de 50º C. https://chematapia.blogspot.com/2013/10/arnedillo-y-los-cuatro-elementos.html. De siglos de historia, muy mal lo han tenido que pasar sus habitantes a lo largo de todo ese tiempo porque se ve rodeado de una cantidad inusitada de ermitas y cruces en sus alrededores. No siendo apasionado ni de unas ni de otras, sí lo estamos del monte, y como es ahí donde se encuentran, es ahí donde hemos ido para unirlas en una bonita circular, que se nos ha antojado hacer para conseguir la integral, pero todos los puntos visitados se pueden hacer de forma individual y con menos mucho esfuerzo.

 
Hotel SPA Balneario Arnedillo
CAPILLA DE SAN ZOILO
Capilla de San Zoilo, en el interior del balneario
            Se encuentra en la primera planta del edificio principal del SPA Balneario. Está dedicada a San Zoilo, uno de los primeros mártires cordobeses, que era de familia noble y cristiana, dando fe pública de ello, por lo que, junto a otros compañeros, fue martirizado en el siglo III. Tras un cruce de mutuos reproches relacionados con la verdadera religión, si los dioses a los que adoraban los romanos, o la nueva instaurada por Jesucristo, fue Daciano el que lo mandó martirizar de diversas formas, y como permaneciera inalterable, finalmente mandó rasgarle la espalda y sacarle los riñones, permaneciendo vivo aún con todo, según la tradición, por lo que fue degollado por el propio Daciano en un ataque de ira y de furia. La Iglesia Católica lo considera el abogado del mal de riñones. ¿Tendrá ello vinculación con alguna de las propiedades balnearias?

 
Bucólico sendero tras el balneario

MIRADORES Y CAPILLA DEL SAGRADO CORAZÓN
Primer mirador de los Gurugús
            En las faldas del monte de la Encineta, justo detrás del edificio balneario, encontramos dos miradores. Desde el lateral del Parque Termal se toma un camino entre árboles, que en pocas decenas de metros nos sitúa en el primero de los dos de los Gurugús que, situado a unos 675 metros no habremos subido más de 25. Desde él se tienen buenas vistas sobre el río y las pozas naturales habilitadas por el ayuntamiento. Si nos ha parecido suficiente este corto paseo, podemos tomar el sendero que baja al río, para continuarlo y cruzar el puente de la Inmaculada, ya junto al casco urbano de Arnedillo.

Vista desde el primer mirador
Mirador alto, con el pueblo a sus pies
            Si estamos en condiciones de seguir, en dirección al monte sale un ancho camino que sube perpendicular al terreno de bosque, y que al ser muy pronunciado, se hace más aconsejable tomar el sendero que sale a la izquierda, pero por encima del que hemos mencionado. A través de unas cortas zetas alcanzamos el segundo mirador, con la misma estética que el primero, situado ya a 715 metros. Ganamos ya perspectiva sobre el entorno, especialmente sobre la zona de huertas. Desde aquí hay dos opciones, volver al primero o continuar por el sendero que nos lleva a nivel, por un barranco hasta su comisura, para ir ascendiendo ya hasta nuestro tercer mirador, el del Sagrado Corazón de Jesús, dotado de mesas cubiertas y una gran cruz, dominando el pueblo. Estamos ya a 760 metros, y un poco más arriba encontramos la capilla homónima, todo ello entre el pinar.

Mirador del Sagrado Corazón de Jesús
            Continuamos por el sendero del lateral de la capilla, y pronto se nos abre la vista hacia el NE, con la Peña del Castillo, Cogotombilla y Peñalba, con la ermita de San Miguel, nuestro siguiente objetivo, que para alcanzarlo, deberemos bajar por las zetas que nos ofrece el camino, hasta el sendero del río, que lo tomaremos a la derecha.
 
Capilla del Sagrado Corazón de Jesús


ERMITA DE SAN MIGUEL
Ermita de San Miguel
          Una vez en el fondo del barranco seguiremos hacia arriba, cruzamos un discreto, pero bonito puente para ya en el otro margen continuar la ascensión. Alcanzamos el sendero que viene de la ermita de San Andrés, que visitaremos a la vuelta. Tomamos el indicativo “Ermitas 2”. Dejamos unas bancadas de olivos a la derecha y alcanzamos finalmente la ermita de San Miguel, edificada en el lugar donde se encontraba la antigua del siglo XVI. San Miguel Arcángel es considerado por la Iglesia Católica como el que encabeza los ejércitos contra el mal. Se encuentran referencia ya en el libro del Apocalipsis (12, 7-9).

Proximidades de la ermita de San Miguel, con la Peña del Castillo al fondo

            El sábado más cercano al 29 de septiembre se celebra la romería. Porque es ese el día del santo, y en ámbitos esotéricos podemos decir que con él se da comienzo al signo cardinal de Libra, y en consecuencia al otoño. En cuanto a los elementos, ejerce influencia sobre el fuego, como consumación de los otros tres, al igual que los frutos lo son de la estación.
  
Pozo nevero

ERMITA DE Nª Sª DE PEÑALBA
Peñalba, sobre la ermita homónima
            Continuamos nuestro periplo en dirección a la ermita de Nª Sª de Peñalba, no sin antes detenernos en el pozo nevero, puesto en valor con un cercado de madera y un panel informativo. De tipología municipal, servía para almacenar la nieve y darle uso en el estío, acarreándola con caballerías hasta el pueblo, considerado, como otros muchos, uno de los oficios tradicionales perdidos ya en la actualidad.

Ermita de NªSª de Peñalba

Peña Isasa y Peñalmonte
            Tras una corta subida, en poco ya estamos en los 800 metros, el punto más alto de nuestro circuito. En una pequeña explanada se levanta la citada ermita, dominando todo el barranco por el que hemos subido y todo el ancho valle ya del Cidacos, como también Peñalmonte (1276 m) y la de Isasa (1474 m). Se trata de un pequeño edificio de mampostería remozado, de estilo mozárabe, cuyos orígenes datan del siglo X. A continuación, volvemos sobre la pista y continuamos hacia el sur, dejando a mano izquierda un ramal que nos llevaría hasta la Vía Verde, y que constituye una buena ocasión para el regreso.
  
La ermita de Nª Sª de Peñalba bajo el Cogotombilla

ERMITA DE SAN TIRSO
Sendero de acceso a la ermita
            Pero si queremos continuar, lo hacemos para completar este circuito de santidad, para lo que seguimos por la de la derecha como unos 800 metros, donde nos encontramos una bifurcación. Tomamos el ramal de la izquierda, que nos baja con unos 700 metros más, para tomar un sendero sobre el barranco de San Tirso. Nos baja en diagonal hacia media ladera, donde se encuentra el santuario rupestre. El descenso no tiene ninguna dificultad, salvo que es brusco y hay bastante patio a la izquierda, sobre los conglomerados del terreno.

La ermita rupestre de San Tirso, en un singular enclave

Explanada de la ermita
            Una vez llegados al cercado, tomamos a la derecha hasta la deliciosa explanada donde se encuentra el edificio bajo la roca. El lugar es excepcional, es como un oasis entre lo abrupto del entorno. Como todas las ermitas rupestres, no es una excepción, está situada en un enclave mágico, con más que probables propiedades telúricas. Cuenta la tradición que en el interior de la gruta se encontró una tumba con un esqueleto, cuya calavera estaba apoyada en una piedra con la inscripción "año 869", por lo que se considera como el origen de la primera ermita. Tirso fue otro de los mártires de la cristiandad, que murió en el 251 d.C. bajo el mandato del emperador romano Decio, y lo fue, como todos, por no renegar de su fe en favor de las deidades tradicionales. Antes de salir de este lugar de gran belleza, a pesar de lo austero del entorno, si tenemos la fortuna de encontrarnos sin más compañía que la de la propia naturaleza, podemos aprovechar para recogernos y unirnos a ella en un solo Ser.
 
Por el barranco, en busca de la Vía Verde

ERMITA DE SANTIAGO
Los Cortados de Arnedillo, frente al Mirador de los Buitres
            El regreso lo hacemos bajando con cuidado hasta el fondo del barranco, y en un tránsito acompañando al escaso caudal, que nos durará como unos diez minutos, de verdadero disfrute, nos topamos con la Vía Verde en el punto más lejano de la circular. Antes de subir a ella, se nos presenta un antiguo puente de bonita factura. Una vez ya en terreno más dócil, tomaremos dirección a Arnedillo. Como veinte minutos nos costará recorrer los casi 2 km para llegar bajo el Mirador de los Buitres, donde se nos abre a mano derecha una escalinata para bajar a la vieja carretera, y a través del puente cruzamos la nueva y nos llegamos hasta la ermita de Santiago.

Ermita de Santiago

Escaleras de acceso
            Se trata de un edificio moderno, situado en el lugar de la antigua ermita del siglo XVII, y bajo la advocación de Santiago Apóstol. Coetáneo de Jesucristo, se le ha dado en llamar Santiago el Mayor, para distinguirlo de otro discípulo con el mismo nombre. Se dice que fue uno de los predilectos del Maestro, presente en momentos clave de su vida. Tras la muerte de este y la dispersión de aquellos primeros mensajeros, Santiago se dirigió a evangelizar Hispania, encontrándose en la tradición la creencia que fue la Virgen María la que se le apareció en carne mortal en Zaragoza, en el año 40, siendo el origen de la construcción de la basílica a orillas del Ebro.
  
Enorme paredón que alberga decenas de vías de escalada de diversa dificultad

ERMITA DE SAN ANDRÉS Y SAN BLAS
Vista del Cidacos desde el puente de la Vía Verde,
con la torre del castillo y el puente medieval
            Volvemos sobre nuestros pasos hasta la Vía Verde, donde nos encontramos unas antiguas instalaciones como de extracción de minerales. Con la vista en los enormes paredones de la derecha, que constituyen la segunda escuela de escalada de La Rioja, continuamos hasta la entrada al viejo túnel ferroviario que traspasa Arnedillo por sus entrañas. Tomamos la escalinata de la derecha, que nos sube al canto de la carretera general, que recorremos con sumo cuidado unas decenas de metros hasta meternos dirección al puente, cargado de historia, junto con el castillo, o lo que queda de él, como comentado en la entradilla. El paso por el puente medieval nos ofrece extraordinarias vistas sobre ambos lados.

Ermita de San Andrés y San Blas

Aspecto del pueblo desde la ermita de San Andrés
      Pasamos por el cementerio y ascendemos hasta la ermita de San Andrés y San Blas, un edificio de planta rectangular, barroco, del siglo XVIII. Andrés, hermano mayor de Pedro, fue el primer apóstol de Jesucristo, considerado el primer patriarca de la Iglesia Ortodoxa. Su símbolo es una cruz en forma de aspa, y también fue martirizado, en este caso por orden de Egeas, procónsul de Patras, cuando vio que había convertido a Maximila, su esposa. En cuanto a San Blas, fue médico y obispo en Sebaste, Armenia. Conocido por sus milagrosas curaciones, es el patrón de las gargantas por haber protagonizado un episodio con un niño, librándole de la muerte segura al llevar una espina clavada en ese lugar. Fue torturado en el año 316 d.C.

Procesión del Humo
Fotografía de Ernesto Pascual, obtenida del face de José Mª Moreno

            Desconocemos la relación entre los dos santos, pero lo que sí sabemos es la tradición existente en Arnedillo de celebrar la “Procesión del Humo” el último domingo de noviembre. Declarada de Interés Turístico Regional, se realiza quemando romero al paso del santo por las calles, conmemorando la curación, bajo su intercesión, de epidemia de viruela negra, que cayó sobre la localidad en 1888.

 
Puente de la Inmaculada, por el que accedemos al pueblo

IGLESIA DE SAN SERVANDO Y SAN GERMÁN
Iglesia parroquial de San Servando y San Germán
con la ermita de San Andrés y San blas al fondo
            Sobre los 665 metros de altitud de esta atalaya tenemos unas excelentes vistas aéreas sobre Arnedillo, donde sobresale la torre de la iglesia parroquial, nuestro siguiente objetivo. Para ello, continuamos por sendero entre la Peña del Castillo y la valla que nos protege del abismo. Llegamos hasta el cruce por el que hemos pasado en dirección a San Miguel, cerrando así el círculo. Tomamos camino a la derecha, cruzamos el puente y dejamos atrás el arranque al mirador del Sagrado Corazón de Jesús. Continuamos hasta el puente de la Inmaculada, que lo cruzamos. Seguimos a mano derecha unos metros, para meternos a la izquierda ya en el pueblo, encontrando la iglesia.

Parroquial de Arnedillo

Interior de los lavaderos
            Iglesia que reza a San Servando y San Germán, dos hermanos que fueron legionarios romanos seguidores de la fe cristiana, que al ser delatados fueron encarcelados. Liberados, fue Diocleciano quien los sometió a nuevas torturas, siendo decapitados finalmente en el año 290 d.C. El edificio, de gran porte, es de estilo gótico, estando datado en el siglo XVI; construido en sillería, se cree que fue levantado en el emplazamiento de otro más antiguo. Junto a él tenemos una fuente y los viejos lavaderos, en los que se hacían las labores propias, al no tener agua corriente en las casas. Contiguo está el museo y centro de interpretación. Continuamos callejeando, y en un hueco que nos permiten los edificios tenemos conexión visual con el paseo junto al río, justo a la altura del viejo trujal, hoy convertido en pieza de museo al aire libre, y que testifica un pasado agrícola volcado en la cosecha de la aceituna, algo casi perdido hoy en día a juzgar por el abandono en el que se encuentra el olivar.

Trujal

ERMITA DE LA VIRGEN DE LA TORRE
Ermita de la Virgen de la Torre
            Seguimos por la empinada calle hasta dar con la carretera general, a la salida ya del pueblo. Nos toparemos de frente con un chaflán, en cuyo interior se halla la ermita de la Virgen de la Torre, proviniendo tan singular apellido mariano de una posible torre de vigilancia situada en el lugar. Se trata de un edificio del siglo XVI, construido en ladrillo, y que alberga en su interior diversas tallas procedentes de aldeas próximas a Arnedillo, como son Peroblasco y Antoñanzas.

Piscinas municipales y escuela, bajo el amparo de la Encineta

Mirador de las pozas termales, con los del Gurugús al fondo
            Nuestra ruta llega a su final, y podemos hacerlo con calma, contemplando lo que nos ofrece a la vista el panorama mientras bajamos hacia el SPA Balneario, que tenemos enfrente, con la Encineta como telón de fondo. Pero antes, podemos ver en primer plano las antiguas instalaciones de la línea ferroviaria Arnedillo-Calahorra, hoy convertidas en las escuelas, y en punto de arranque de la Vía Verde. Junto a ellas, las piscinas municipales. Llegamos a un amplio aparcamiento próximo a las pozas naturales de aguas termales, que el ayuntamiento ha acondicionado para su disfrute, pudiéndolo contemplar desde otro mirador del mismo porte que por los que pasábamos al inicio de la ruta, y que podemos ver enfrente de nosotros al otro lado del río.

Pozas naturales de agua termal

Llegando ya al balneario
            Solo nos queda ya acercarnos al balneario, a donde llegamos habiendo recorrido 10,2 km, en un tiempo total de 2h 35’, del que 2h 5’ ha sido en movimiento, salvando un desnivel acumulado total de en torno a los 400 m D+/-. De este modo terminamos una interesante circular por los montes cercanos al pueblo, visitando una serie de enclaves de alto valor simbólico y cultural, y que nos ha permitido disfrutar de los caminos de estas sierras, participando de sus aromas, de sus encantos, de su soledad, de su rico pasado y de su lánguido presente. Todo ello en olor de santidad… y si nos ha parecido poco, podemos añadir que lo hemos hecho con la cruz de San Jorge en el pecho, portando una camiseta con el santo patrón de Aragón, removiendo parte del santoral en media tarde.


Más fotos y el track