domingo, 1 de julio de 2018

Chimenea del Estrato de Bernera, otra mirada sobre Lizara

ESCALADA
Chimenea del Estrato de Bernera (PD+)
Sábado, 23 de junio de 2016



            Una actividad diferente toca hoy. Nuestros habituales caminos horizontales se tornan verticales… bueno, aunque no del todo, pero con los mismos elementos de seguridad como si lo fueran. Partiendo del refugio de Lizara, hoy nos acercamos hacia el macizo de Bernera para alcanzar uno de los murallones que lo sostienen y transitar por una chimenea, la del Estrato la llaman, y es que es por eso, porque la vía está equipada por esa debilidad de materiales más blandos intercalados entre los más duros. Así es que, hoy, con Julio, Carlos, María y Merche, vamos a la Chimenea del Estrato de Bernera, una sencilla vía de unos 220 metros de longitud, por roca caliza de pura adherencia, muy adecuada para iniciarse en escalada de largos en alta montaña, según indica su equipador Julio Benedé, quien la cataloga de PD sup.

El equipo, antes de salir de Lizara

Croquis de la vía,
equipada por Julio Benedé
            Bueno, hechas las presentaciones, allá vamos. Poco más de las ocho de la mañana, refugio de Lizara. El tiempo, como si no hubiera roto un plato en su vida. El invierno y la primavera los ha aprovechado bien para descargar la conciencia, en forma de agua y nieve, de todo lo que nos negó en verano y otoño. Era consciente de que no se portó muy bien el año pasado, y lo ha querido compensar en lo que llevamos de éste, y parece que ya ha tenido bastante. Nosotros hace semanas que nos hubiéramos conformado ya, pero… él manda. Y lo que nos ha mandado esta jornada han sido unos cielos limpios y unas temperaturas suaves, aunque por la mañana, que a partir del mediodía, la cosa comenzaba ya a cambiar. Pero bueno, nos dejó hacer.

Con ganas de monte, y bien pertrechados

La bien amada chorrota
            La chimenea es franca, se muestra ya desde el mismo refugio, algo que es bueno para ver en qué condiciones está, ya que es bastante usual que escurra agua, y más tras los episodios continuados de lluvias de los últimos meses. Aunque se ve un nevero en el comienzo, comprobamos que está seca, por lo que nos dirigimos a ella. Se toma el tramo común de GR 11 y GR 11.1 que se dirige al collado del Bozo, y que al cabo de algo más de una hora abandonamos antes de llegar a él. Y lo hacemos para tomar ya dirección hacia esa chimenea, que se nos muestra a cada paso que damos más y más enhiesta, más altiva, más en su sitio, pero que con humildad y con nuestro esfuerzo vamos a dejarnos hacer uno con ella.

A los pies de la vía

Julio, comenzando el ascenso
            Montamos dos cordadas. En la primera, Julio tira de Merche y de mí a continuación. Y detrás, Carlos y María. El comienzo de la vía se sitúa a más de 400 metros sobre la plana de Lizara, lo que le confiere ya una muy buena perspectiva hacia esa zona y los montes del Foratón hasta la Espelungueta. No así sobre Bisaurín ni sobre la Estiva, que nos la tapa la propia pared. Aunque en la reseña del equipador figura que no son necesarios los pies de gato, los hemos traído y los utilizamos. Se trata de una tapia bastante tumbada, con buena adherencia. Bueno, empieza el baile. Y lo hace con un IIº y dos IIIº hasta alcanzar la primera reunión. Es muy agradable y de subir sin dificultad. Seguidamente se van sucediendo los tramos y las reuniones hasta alcanzar la última, donde confluye con el término también de otra vía, algo más expuesta, que veníamos trayendo a nuestra izquierda, por en medio de una gran placa, que de IV+ tiene algo más dificultad que ésta, siendo común el primer largo. A ésta la llaman la de la Placa del Estrato.

Merche, asegurada y asegurando

María cierra la segunda cordada
            Al cabo de dos horas y cuarto, en un tramo en el que el inclinado estrato por cuyo seno hemos ido subiendo, como cansado, se tumba, alcanzando el final de la vía. Un pasamanos de cuerda guía el también final de la de la Placa hasta aquí, donde nos encontramos un tinglado para rapelar, hayas subido por cualquiera de las dos. Nosotros, al ir cinco y ser de no menos de cinco o seis largos, pensamos que le íbamos a meter mucho tiempo y optamos por abandonar la vía por un itinerario marcado con flechas rojas y algún hito, y que conduce por ladera inclinada hacia un punto en el que ya se da vista al valle de Aísa, restando solo el bajar al sendero del nuevo trazado del GR 11 muy cercano al collado del Bozo.

Momento de la escalada, con el mundo Foratón al fondo

Por las cornisas del escape de la vía
            Todavía en el ascenso, y habiendo salido ya de la vía, incluso habiéndonos despojado ya de los pertrechos, habíamos tenido un percance,  que pudo tener peores consecuencias de las que tuvo, ya que una piedra de gran tamaño se desprendió arrastrándome en el primer momento, provocando un par de revolcones con resultado de abrasiones cutáneas en las extremidades y una fuerte contusión en el tobillo que, aunque con dificultades, no me impidió continuar hasta el collado, donde los compañeros me hicieron una cura de circunstancias y otros que estaban allí descansando me prestaron sus bastones para terminar de bajar hasta el refugio. Gracias a todos ellos.

En una de las reuniones. Imagen de Julio
            Y sin poder hacer ya la ferrata cercana al refugio, de esta forma terminaba esta jornada de montaña, de forma diferente y con algo que contar.

Imagen de Merche al final de la vía

domingo, 17 de junio de 2018

Canal de Izas, de ruta geológica y botánica

IXOS MONS
Canal de Izas
Sábado, 17 de junio de 2018



            “Cuando salimos al monte no se trata solo de ver, sino de mirar… y lo más importante es saber qué es lo que hay que mirar”. 

            Tras la bienvenida, por nuestra parte, a todos los asistentes, quince en la jornada de hoy, contando a los monitores, estas fueron las palabras de Daniel Gómez, también mayenco, Doctor en Biología y Vicedirector del IPE de Jaca, gran especialista de talla mundial sobre flora y vegetación en zonas de montaña, y que con ellas metía una cierta presión al grupo, que entre bromas nos mirábamos unos a otros y nos decíamos que, claro que nosotros veíamos y mirábamos… pero no. Ver, ver, igual sí, pero no, mirar, mirar, no, como así se quedaba demostrado a lo largo de toda la jornada.

Arranca una nueva jornada de Mayencos Montaña, esta vez didáctica

José María saca el aula a la montaña
            También nos acompañaba el mayenco José María Samsó, consultor geólogo, que al igual que Daniel, nos daba una lección magistral, resumiendo en una mañana la historia geológica de más de quinientos millones de años del planeta en general y de nuestras montañas en particular. ¡Qué capacidad de síntesis!, ¿no? Y por terminar la terna, contábamos con otro gran aficionado a la botánica, Javier Martínez, cuyo nexo con ella está en la nomenclatura científica, ya que es profesor emérito de lenguas clásicas.

Así nos recibe el barranco de Izas. Literal

Pitón volcánico de Anayet, en las proximidades de Izas
            Bueno, pues con estos tres fenómenos de la naturaleza a ella nos dirigimos para tratar, como decía Daniel, no solo de ver sino también de mirar, sabiendo a dónde hay que mirar, que bien vale para su materia, pero también para la de José María, porque ambas, mundo vegetal y mineral son los que sustentan nuestro planeta, estando íntimamente relacionados e interactuando entre ellos junto con otro elemento básico y fundamental, el clima, que influye sobre ellos, pero también es influido por ellos. Y todo ello, valga la redundancia, sirve de hábitat para el reino superior de nuestro planeta, el animal, del que formamos parte de forma más racional, aunque solo supuestamente, porque no hay más que ver la huella que estamos dejando, teniendo la etología como parte de la biología que estudia el comportamiento tanto animal como humano, aunque para éste último ha habido que inventar también la psicología y en última instancia la psiquiatría… porque vaya tela.

Daniel en plena acción. Comienza la clase
Antes de arrancar vista al frente. Hay mucho que leer
            Bueno, al tajo, si no, no arrancamos. Y lo hacemos desde la explanada del Coll de Ladrones, encima de la estación de Canfranc, para ir introduciéndonos en la Canal de Izas, uno de esos corredores paralelos al eje pirenaico que, labrado por un barranco a lo largo de milenios, o miles de ellos, suponemos, va dejando al descubierto a ambos lados enormes paredones calizos que se desnudan ante el visitante para mostrar sus intimidades, esos pliegues que los geólogos admiran, estudian y difunden, contagiando ese entusiasmo por tratar de comprender que no solo son piedras lo que vemos, sino que hay un mensaje solo disponible al que lo sepa interpretar.

Senda de agua

Flor de lis
            Esta actividad del CP Mayencos, está enmarcada en el ámbito de la formación, y es todo un lujo contar hoy con estos eruditos. Es Daniel el que conforme vamos avanzando y ve algo interesante… o ¿tendríamos que decir mira? Bueno, pues eso, que ve, mira y hace mirar, porque vamos prestando atención a aquellas plantas que nos muestra, con todas sus particularidades y cómo se distinguen, algo que pasa desapercibido a los legos. La forma del tallo, de las hojas, de las flores, el porqué de su anatomía, siempre ligada a la necesidad que tengan de polinización, que es la de atraer a los insectos, o la facilidad que tiene el polen de ser transportado por el viento, son conceptos básicos por los que hay que interrogarse para encontrar respuestas a la infinidad morfológica que existe entre los seres encuadrados en ese reino vegetal, absolutamente imprescindible para la vida en el mundo, y que cuya merma o alteración influye, como ya lo está haciendo en el equilibrio planetario, comenzando por el clima.
 
Aguileña
No me olvides, prima de la borraja
            Otra cosa muy interesante también es cuando oyes que una planta está estrechamente emparentada con otra, jamás imaginable debido a la gran diferencia aparente entre ambas. Por ejemplo entre la Gentiana Lutea, esa amarilla, llamativa, que alberga sus flores en varios pisos en su tallo, y las que se muestran más humildes, sí, esas azules, pequeñas, en forma de campanilla, a las que nunca pasaremos de llamarlas así, gencianas azules. O esa otra pequeña, también azuladita, que sale en ramilletes, No me olvides es el nombre común, que oyes que está emparentada con la borraja. En fin, sorprendente.

Seguimos
Amapola amarilla... que también las hay
            Llegados a este punto, la pregunta que nos hacemos los que nos comemos las borrajas y pisamos a sus primas por los prados es: ¿y cómo se determina el parentesco?, porque, claro, del mismo modo que una misma planta puede tener decenas, cientos, de nombres populares en todo el mundo, solo uno es el científico, nombre normalmente en latín por la que es conocida en ese ámbito en todo el planeta. Del mismo modo que esto ocurre, decimos, también ese parentesco es unívocamente conocido y asumido por ese mundo científico, de hecho, normalmente también, va implícito en ese nombre y apellidos en latín.

Sarrión, de valor alimenticio
El fluir
            Bueno pues, ahora la respuesta, que como todas ellas hay que buscarla en el origen, y eso es a lo que se dedican los científicos, que son una auténtica fábrica de hacerse y de hacer preguntas, a buscar, a escudriñar el origen de las cosas, y en este caso de los seres, y ¿dónde encontramos el origen de esos seres?, ¿dónde encontramos el cuaderno de ruta de cada ser, ese que le hace crecer y desarrollarse de una forma y no de otra, ese que lleva grabado su comportamiento, sus fortalezas, sus debilidades, sus estrategias para la supervivencia…? Y eso es algo que ocurre en todos los seres, tanto humanos, como animales, como vegetales… y no nos paramos ahí, porque a riesgo de que nos llamen de todo, nos atrevemos a decir que también los minerales son seres vivos, con otro concepto de conciencia, pero también lo son.

Canal de Izas, vigilada por su Campanal

La gabacha entrando por El Tobazo
            Pues la respuesta, a ella vamos, nos la da la genética. Esa es la que emparenta a los seres, y como no podía ser de otra manera, también a los vegetales. Sí, eso hace que igual un chiguagua que un san bernardo, por ejemplo, sean llamados perros, o que esa diminuta flor azulada y las borrajas, cuya planta puede alcanzar decenas de centímetros, se hayan catalogado en la familia de las boragináceas. Es obvio pensar que el mismo individuo, del reino que fuere, tiene solo un mapa genético, pero en el caso del mundo vegetal podemos encontrar en los grandes y longevos árboles, que haya habido alguna alteración, pudiendo observar que distintas ramas hayan sido polinizadas por distintos medios, bien insectos, bien por el viento, y que a lo largo de los siglos, incluso milenios en algún caso, se haya visto modificada esa carga genética.

La Pala de Ip, que separa esta cuenca de la que lleva su nombre

La senera en plena floración
            Interesante también es conocer la más que estrecha correspondencia entre la anatomía de ciertas flores con la de ciertos insectos. O que también, como ocurre con la empatía en las personas, existen afinidades y rechazos entre plantas, encontrando algunas determinadas que gustan estar con otras, también determinadas; y al contrario, también las hay que se rechazan. Otra curiosidad es el conocer que las plantas también emigran, de hecho, bien por supervivencia, bien por supremacía, pueden ir colonizando terreno, incluso viajando a través del viento o aprovechando los flujos migratorios de las aves alcanzar tierras muy lejanas, en las que salir adelante, o no, como también se han visto casos. También ha ocurrido, y ocurre en los flujos migratorios de la humanidad.

Sello de Salomón

Gamón
            Este terreno del Valle del Aragón está constituido fundamentalmente por calizas. Y también de ello podemos sacar conclusiones, pues hay plantas calcícolas y calcífugas, dependiendo si se les da bien o no ese material rocoso. También las hay que se conforman con todo, como por ejemplo la senera, ancestralmente empleada para los palos del paloteau. Otra forma de hacer esa lectura sobre el manto vegetal es el preguntarnos si lo que vemos siempre ha sido así, porque no lo es, como tampoco lo será. Y ello por varios factores: el clima, la topografía, la geología, y lo más importante, o al menos lo de mayor impacto en el corto plazo, la acción del hombre. Cuando ha interesado arrasar un bosque para generar pastos, se ha hecho. Cuando ha interesado arrasar en el plano humano un valle porque se ha construido un pantano a decenas de kilómetros más abajo y hay que plantar pinos para que no se colmate, también se ha hecho… y esos árboles, además sin preguntarse si son los autóctonos, en consecuencia si es la mejor especie para su resistencia al clima y a los incendios. En fin, ahí estamos.

El prado está lleno de calderones
Eléboro
             Pero no nos quedemos con ese sentimiento de culpabilidad... porque en el fondo, la vida siempre se abre paso, y eso es algo que precisamente está en esa genética, en el poder de esa genética. Es auténticamente portentoso. La humanidad pasará, como otras anteriores lo han hecho, pero el planeta permanecerá, porque no necesita de nosotros, aunque sí al contrario. Lo podemos alterar, como así hacemos, pero muy soberbios tenemos que ser si pensamos que somos más fuertes que él.

Las edades de La Tierra

El mundo en un pañuelo
            Y esta es alguna de las conclusiones a las que llegamos oyendo a José María, que con sus amplios mapas y su juego de pañuelos nos explica la orogenia del planeta, y en concreto de nuestros Pirineos, con sus plegamientos, con sus movimientos, con esas idas y venidas de los continentes, que no es otra cosa que tierra emergida de los océanos. Es que cientos, miles, de millones de años dan mucho de sí, y nosotros llevamos aquí apenas un momento... y la que estamos liando.

Junto a la cascada de Las Negras

Auditorio final
            Boquiabiertos nos quedamos oyendo hablar a Daniel y José María, que con sus dotes pedagógicos hacen asequible al común de los mortales tanto, tantísimo, conocimiento obtenido a lo largo de decenas de años de investigación y estudio sobre el medio natural que es el que nos acoge en cada una de las salidas a las montañas, y que, bueno, algo se nos habrá quedado para no solo ver, sino mirar, observar, tratar de comprender esas leyes naturales en ese Gran Libro de la Naturaleza Viviente, que está ahí abierto a nosotros, y que nos muestra esa capacidad de supervivencia y de adaptación de los seres, que nos hace ver que está todo inventado, que el hombre solo hace que descubrir y adaptar para sí, y que todo, todo, ahí afuera guarda una estrecha relación con el ser humano y su psique.

            Gracias a todos, especialmente a nuestros maestros de hoy.
  


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domingo, 10 de junio de 2018

Inauguración GR 11, en el entorno de Lizara

AQUERAS MONTAÑAS
Puntal Alto de Foratón (2154 m) 

Espelungueta (1901 m)  
Sábado, 9 de junio de 2018




            Tras los trabajos de adecuación del GR 15 o Senda Prepirenaica, a Sendero Turístico de Aragón, se inauguraba oficialmente en octubre de 2015. A continuación le tocaba el turno al GR 11, la Senda Pirenaica que recorre nuestra cordillera de mar a mar, y que en nuestro lado aragonés discurre por las cuatro comarcas fronterizas. En la más occidental, La Jacetania, había un tramo que hablaba francés, y aunque las montañas no entienden de fronteras ni de lenguas, los despachos sí, y como es ahí donde se deciden las actuaciones que afectan a cada territorio, al convertir el sendero balizado decano aragonés a Sendero Turístico de Aragón, el GA instó para que se buscara una alternativa.

Valle de los Sarrios e ibón de Estanés, tomada desde el Ol'Ibón

Sirga de apoyo para el Paso de la Oreja
            Como miembro del Comité de Senderos de la FAM por la comarca de La Jacetania, recogimos el guante y nos pusimos manos a la obra hasta obtener ese recorrido alternativo, que discurriera íntegramente por nuestro territorio. Se consiguió desviándolo desde el ibón de Estanés hacia el sur, incluyendo el tránsito por el Valle de los Sarrios, uno de los rincones más alpinos de los Valles Occidentales, puerto de Bernera, plana Mistresa, con final de etapa en el refugio de Lizara, para de hecho aprovechar el binomio sendero-refugio, necesario para una gran mayoría de caminantes.

Jornada incluida en la campaña "Aragón a pie por GR", en otoño pasado

Señalización de altura
            Para alcanzar el trazado anterior, con final de etapa en Candanchú, se buscó la alternativa por el collado del Bozo, barranco de Igüer, foyas de Aragüés, puerto de Aísa, Esper, Loma Verde, Tortiellas, paso del Pastor y Tobazo. También se aprovechó para incluir alguna modificación en la variante GR 11.1, de modo que teniendo como puntos clave a Lizara, Canfranc y Candanchú, se queda marcada una circular que da la vuelta al macizo del Aspe en tres jornadas, con acceso en vehículo a los tres principios/finales de etapa. De todo ello ya dimos buena cuenta aquí.

Aspe y Llena de la Garganta, desde el puerto de Aísa, o mirador de Esper

Todo preparado para los montañeros
            El año pasado se concluyeron los trabajos de adecuación y señalización, según dicta el Decreto de Senderos Turísticos de Aragón 159/2012, de 19 de junio, no solo de estas modificaciones, sino en general de todo el recorrido aragonés, y ha sido este sábado cuando se ha celebrado la inauguración en el refugio de Lizara, a donde hemos acudido con mucha ilusión para ver disfrutar a cientos de personas, amantes de las montañas, de una jornada de convivencia para la que cualquier excusa es buena, siendo ésta especial, al menos para uno, que ha sido partícipe activo en esta modificación necesaria, quizá la mayor de todo el GR 11 aragonés, y que con el esfuerzo de todos, pero especialmente de la FAM y de los convenios suscritos con el Gobierno de Aragón y la Diputación Provincial de Huesca, se ha podido sacar adelante.

Llegada del último autobús

Un buen número de participantes se dirigen al collado del Bozo
            Al filo de las diez de la mañana terminaban de llegar los últimos participantes al entorno del refugio, que tras recoger sus credenciales, se distribuían en alguna de las tres rutas propuestas: el collado del Bozo, con extensión al Napazal, la plana Mistresa, con extensión al puerto de Bernera e ibón Biello, y el collado del Foratón, con extensión al Puntal Alto del Foratón, Crestas del Gallo y pico Espelungueta, que es por la que personalmente nos decantamos. Tres rutas tuteladas por miembros del club local de montaña Lo Bisaurín, con la colaboración del cheso Asamún.

El Bisaurín se despereza

Cuatro mayencos en la ruta de Mistresa. Imagen de Javier Lacadena
            Las tres tienen lo suyo. Las tres tienen su encanto. A través de cualquiera de las tres se podía internar uno en la montaña para profundizar en esa simbiosis con un paisaje brutalmente favorecido por las lluvias, en ocasiones intensas, de estas últimas semanas, por no decir meses, y que se han sucedido tras un invierno también muy benéfico en cuanto a nieves. Unos paisajes, decimos, que rezuman agua y verdor por los cuatro costados, y que llaman la atención conforme vas entrando en el valle de Aragüés y vas subiendo en busca de este extraordinario emplazamiento que es Lizara, donde nace el Osia, río que lo surca.

Otro grupo mayenco, en el collado del Bozo. Imagen de Josemari Bonet

Sierra de la Estiva, con Napazal y Mesola
Imagen de Josemari Bonet
          La ruta del Bozo asciende hasta ese collado, paso natural para la cabecera del valle de Aísa, y de donde arranca esa sierra de la Estiva, que parte hacia el sur perpendicular al eje pirenaico, y que cierra al este el valle de Aragüés del Puerto. Desde él se obtienen vistas hacia Napazal y Rigüelo en primer término, que soportan la zapata de toda la sierra de Aísa, con las Llanas y Aspe. Una vista que se prolonga hacia la Madalena y más allá, alcanzando hasta la mismísima Collarada, techo de la comarca.

Ibón Biello, aspecto que tenía ayer. Imagen de Javier Lacadena

            La ruta de Mistresa se adentra por el barranco de Bernera hasta esa plana, desde la que se abre un mundo de posibilidades, entre las que está la prolongación a esta propuesta, alcanzando el puerto de Bernera, en cuyas orillas hiberna plácidamente el ibón Biello, y desde cuyas proximidades se puede contemplar ese valle de los Sarrios, espectacular en cualquier época del año.

Subiendo hacia el collado del Foratón, al fondo

Agüerri, Secús y Bisaurín
            Pero la que nos interesaba personalmente era la del Foratón, puesto que queríamos conocer la extensión hacia el pico de la Espelungueta. Y ahí marchábamos con Gustavo, sorprendentemente tan solo 9 personas, guiados por Luis, de Lo Bisaurín, mientras el resto de miembros del CP Mayencos lo hacían en las otras dos rutas. Bien. Tomamos el GR 11 un tramo breve, porque enseguida se marcha hacia Mistresa, continuando nosotros por la variante GR 11.1. Tras hora y cuarto, y dejadas atrás la Fuenfría de Abajo primero y la de Arriba después, y con un frío viento huracanado, llegamos vestidos de zetas al collado, que a casi los dos mil metros, muga con el TM de Hecho. Aquí se nos abre la vista hacia ese valle. A continuación del Bisaurín, que anda con la cabeza en otra parte, y tras el tajo de Taxeras, la serranía sigue por los Aguerri y la peña Valencia, que se asoma ya a la Boca del Infierno. Si seguimos el GR 11.1, al menos visualmente, tenemos los llanos de Dios te Salve y Plandániz, para alcanzar Gabardito. La Peña Forca también anda en sus cosas, lo que no sabemos es si serán las misma que las del Bisaurín.

Subiendo hacia el Puntal Alto del Foratón

Collado del Foratón, con vistas a Lizara y sus montes
            En el collado del Foratón, Xabier, Marguereta y otra compañera, estando próximos ya a culminar su punto de disfrute, deciden regresar tranquilamente al refugio. Mientras, los otros seis, comenzamos a hacer uso de la extensión de esta ruta, que continúa hacia el sur, para llegarnos al Puntal Alto del Foratón, que con sus 2154 metros es el punto más elevado de la misma. Aquí se nos abre la perspectiva de la Sierra de Gabás, que a través de las Cutas se dirige hacia el Ramírez, encima ya de Hecho. También la Sierra de Maíto comparte con nosotros su primaveral esplendor, una sierra que custodia Urdués, otra de las poblaciones de estos valles. Pero nosotros tomamos la más oriental, unas lomas que se suceden en un continuo sube y baja que da origen a su nombre, las Crestas del Gallo, una serie de promontorios que hay que ir sorteando por uno y otro lado para hacer más fácil el tránsito junto a pequeños roquedos que los conforman.

Camino a la Espelungueta

Valle de Aragüés del Puerto, tomada desde la Espelungueta
            Pero el mayor de todos ellos, roquedos decimos, es el pico de la Espelunguera, o Espelungueta, que llaman por aquí. De cualquier modo, su nombre tiene su origen en “espelunga”, o “espelunca”, que en aragonés significa cueva. Y no es extraño debido a lo kárstico del terreno. Bueno, pues a por él vamos, y alcanzamos tras bajar a unos puertos que gustan mucho a los sarrios, y en los que conviven la tasca de alta montaña con los pinos que se atreven con estas altas cotas. Un punto éste del puerto al que hay que volver para continuar el descenso. Pero mientras tanto, nos alzamos a los 1901 metros de esta Espelungueta, algo más baja que su vecina de Gabás, pero que goza de mejores vistas que ella, ya que el asome a todo el valle, con sus poblaciones de Aragüés del Puerto y Jasa, es un todo un lujo.

La peña de Gabás y las Cutas

Nieve en uno de los barrancos,
posiblemente el de la Cueva del Oso
            El gigante local, Bisaurín, ha decidido bajar de las nubes y tratarse con los mortales, mostrándonos su mejor cara, con la cabeza fría y unas faldas por las que se desliza suavemente el manto nivoso que se resiste a marchar, sin saber si va a volver el invierno próximo. Estamos en uno de esos sitios, ¡y hay tantos!, de los que no nos bajaríamos, pero… hay que hacerlo. Y lo hacemos destrepando lo trepado y bajando a ese puerto, para tomar el llamado camino de las vacas, que tras cruzar algún barranco, incluso con nieve, y algún tramo delicado de margas, nos lleva al GR 11.1 por encima de la Fonfría de Abajo, para alcanzar enseguida el refugio al cabo de algo menos de cuatro horas desde la partida.

Llegada a la carpa del refugio

Momento de la inauguración oficial del GR 11
            Son algo pasadas las dos de la tarde cuando llegamos a esa carpa montada para cobijar a los que, desde diversos puntos de Aragón, hemos acudido a este entrañable acto, cuyo acto oficial comienza tras el regreso de los caminantes de las distintas rutas. Un acto presidido por Maribel de Pablo, Diputada Provincial de Desarrollo por la DPH, Montse Castán, Presidenta de la Comarca de La Jacetania, Ángel Casajús, Alcalde de Aragüés del Puerto, José María Miranda, Alcalde de Jasa, y Luis Masgrau Gómez, Presidente de la Federación Aragonesa de Montañismo, y que representa al colectivo de montañeros, primeros beneficiados de estas instalaciones deportivas, como son los senderos balizados y los refugios, binomio al que hacían referencia en sus declaraciones.

Aspecto del comedor en el acto inaugural

            La jornada culminaba con una comida de hermandad bajo esa carpa que nos protegía del azote de unas lluvias desatadas, que nos dejaban hacer por la mañana, en una nueva incursión por nuestras queridas montañas, en esta ocasión para celebrar la culminación de unos trabajos de acondicionamiento y señalización del sendero más emblemático de Aragón, el GR 11, y su puesta de largo.


Foto de familia del CP Mayencos. Imagen de Álex Lacadena