sábado, 4 de agosto de 2018

Chemin de la Mature, de paseo por el bosque de Pacq

IXOS MONS
Chemin de la Mature
Sábado, 4 de agosto de 2018


            Debido al extremo calor reinante, la Sección de Montaña del CP Mayencos ha decidido posponer la salida prevista para hoy a la Tendeñera, cambiándola por un tranquilo paseo por los bosques del sur de Francia, concretamente por los alrededores de Etsaut, por el bosque de Pacq, por el bien conocido Chemin de la Mature, con una historia ligada a las pretensiones bélicas de Luis XIV de Francia, encaminadas a la creación de una marina de guerra para la defensa de su país. A alguien oímos decir en cierta ocasión que “el adulto se diferencia del niño por el juguete con el que juega”. Habrá quien esté tentado de decir que el comentario está fuera de contexto, y puede que tenga razón, pero es tan recurrente, tan versátil, que ahí lo dejamos… porque realmente, qué estaba en juego, la supervivencia de un pueblo o la vanidad de un gobernante. Es algo que nunca sabremos, pero que el implacable destino se habrá encargado de juzgar. Con total seguridad. De todos modos, habrá que reconocer los méritos de esas gentes que horadaron la roca… en los Monegros lo tuvieron más fácil.

Preparados para la marcha

Tablillas informativas
            Casi da un poco de reparo escribir sobre una ruta tan archiconocida, pero lo vamos a hacer. Para acceder a este lugar, desde Jaca, tenemos que tomar la N-330, que a través del túnel del Somport nos comunica con la N-134 que callada transcurre por el Parque Nacional de los Pirineos del país vecino. Como a 7,8 km de la salida del túnel, dejamos el nuevo trazado de la carretera para meternos a la derecha al pont de Cebers, al cabo del cual continuamos también por la derecha, dejando atrás un aparcamiento; seguimos por la estrecha pista asfaltada como unos 900 metros más, hasta una curva cerrada a la izquierda, donde podemos dejar el vehículo.

Vista aérea del fuerte de El Portalet

El profundo barranco de Le Sescoué
Un poste con tablillas nos introduce al camino, que al cuarto de hora ya nos sube hasta el final  del barranco de Le Sescoué, al que vamos a acompañar durante el tiempo que nos dure el tránsito por este singular recorrido tallado en la piedra. Lo primero que nos llama la atención son las vistas hacia el fuerte de El Portalet, una construcción para la defensa en caso de invasión española, como los hay en nuestro lado en perfecta simetría castrense. Unas vistas, decimos, aéreas, solo permitidas por la elevada posición que sobre él vamos teniendo. De cualquier modo, estamos ya sobre decenas de metros en la vertical del barranco, y cualquier mirada a algo que no sea el suelo donde pisamos, requiere detenerse. Vamos tomando altura con la misma decisión que lo hace este camino por las entrañas de la roca, que hace que lo atravesemos con gran respeto.

Primeras bordas

Entrada al bosque
            Un camino cosido verticalmente, tanto hasta llegar a él, como a partir de él, por cantidad de vías de escalada de diversa dificultad. Media hora casi conteniendo la respiración por respeto hacia esa roca robada, por respeto hacia esa gente que se dejó parte de su vida en ello, por respeto al lugar en donde estamos, por respeto al entorno. Media hora hasta entrar en el bosque, un profundo hayedo que nos acompaña, y que en otra media hora más nos hace pasar por el cruce, cuyo ramal a la derecha tentados estamos de seguir, porque es el que nos llevaría a Astún pasando por los lagos de Ayous, pero para ello teníamos que haber previsto allí un vehículo… bueno, para otra vez será.

La magia se viste de bosque

Los prados se mantienen verdes
            Seguimos, pues, en dirección al col d’Arras, que es nuestra faena de hoy. Tramos de bosque y praderíos se alternan hasta llegar en otra media hora a un singular abrevadero de madera, un largo tronco en cuya oquedad se serena el agua que sale de una fuente, quizá uno de los troncos que se salvó de haberse convertido en mástil. De aquí al col d’Arras un suspiro, que con sus 1280 metros de altitud sirva de cima de hoy. A partir de él, nos volvemos a revestir de la magia del bosque de hayas que, en menos de una hora el camino calzado nos deja en la carretera asfaltada, pasando antes por la entrada de casa Beoluté, una antigua cabaña pastoril reconvertida en lugar de alojamiento entre la paz del entorno.

Las ninfas del bosque

Diez minutos de bajada por el asfalto nos lleva a los vehículos, tras haber recorrido casi 8 km, en 3 horas de tiempo total, del que dos y media han sido en movimiento, para salvar un desnivel acumulado de en torno a 850 metros D+/-.

                         Caminos calzados de regreso a los vehículos





Wikiloc: https://www.wikiloc.com/hiking-trails/chemin-de-la-mature-27225144

lunes, 30 de julio de 2018

Punta Escarra, el pequeño Cervino

AQUERAS MONTAÑAS
Punta Escarra (2751 m)
Sábado, 28 de julio de 2018



            Piramidal es tu cuerpo, piramidal tu corazón, piramidal tu alma… como piramidal la voluntad de unir nuestras cúspides en una sola. Como doce rayos láser enfocados hacia el mismo punto, un punto visible desde decenas, quizá centenas, de kilómetros desde todas las direcciones de la Rosa de los Vientos, ahí nos hemos dirigido hipnotizados por tu belleza, rota, sin embargo, por los cuatro costados. Como doce más Uno fueron en torno a una sagrada mesa, ahí hemos estado en derredor tuyo, con ese Uno integrado, para comer de tus mieles, para beber de tus hieles. Soberbia, altiva, con vocación de ser la joya de la corona de Ip, los movimientos orogénicos no te eligieron, pero te compensaron con lejanía, te compensaron con dificultad, te compensaron con un singular atractivo que encandila. La bella y la bestia. Con una profunda humildad, y siempre a tu sombra, doce mayencos, vamos a tratar de deslizarnos por tus pliegues. Sabemos que vas a jugar con nosotros, sabemos que no nos lo vas a poner fácil, sabemos que nunca te vamos a poder tratar de igual a igual, ni lo pretendemos, pero queremos ver lo que tú ves, sentir lo que tú sientes, unir nuestros latidos al tuyo, con sumo respeto, porque siempre serás… el pequeño Cervino de nuestros valles.

Con una indisimulada risa floja, partimos.

De silueta inconfundible
            En ocasiones, inconscientemente, tendemos a minusvalorar los objetivos cuando son cercanos, cuando son familiares. Craso error. La Punta Escarra es la prominencia más occidental del Circo de Ip, cerrado y profundo él, que forma un característico valle colgado de origen glacial, que vierte al Aragón, con su ibón embalsado, que recoge todas las precipitaciones de la cuenca. La Punta Escarra forma parte también de otro circo a espaldas del anterior, el de Balsera, más pequeño, más humilde, pero necesario también, y con su también pequeño ibón, el de la Sierra, una cuenca ésta que vierte al Gállego. La Punta Escarra está situada entre su Hombro, que la apoya por el sur, y el cordal de la Pala de Ip, que se desgarra por el norte. En ella confluyen tres municipios, Canfranc, Sabiñánigo y Sallent, que se disputan su cumbre, que se disputan su dificultad, que se disputan su belleza… y es que la Punta Escarra… es mucha Punta Escarra.

El alba puede con todo

Majestuoso, el cordal sur de Ip
            Poco tiempo para soñar. Tras una escandalosa madrugada, al tajo. Le ganamos la partida al alba en el puente de Arriba de Canfranc, pero pronto viene a nuestro encuentro, y de frente, como debe ser. Subimos por el camino de la solana, que en algo más de dos horas nos lleva hasta el refugio del embalse, habiendo salvado ya el nada despreciable desnivel de más de mil metros. No queremos molestar y no nos asomamos, enfilando ya los pasos hacia nuestro objetivo, que ya nos tiene en su radar. Alto para echar un bocado y coger fuerzas, su mirada es implacable. Nadie en el entorno. Solas las montañas, con su única compañía… y si les vale, la nuestra.

Camino

Discurriendo por la canal
            Cogemos la canal que nos va a subir, no sin esfuerzo, en hora y cuarto hasta el collado, que nos da vista a las grandes extensiones tensinas a nuestros pies, y de gran parte de la cordillera en lontananza. Hasta aquí llega el corredor Norte, con vertiginosos tramos de hasta 55º de inclinación, codiciado en invierno. Nos ponemos los pertrechos. El indispensable casco, y el resto, arnés, cabo de anclaje, mosquetones, descendedor y cuerda, por si se usan. Diez minutos más para llegar a la base de la pared, donde las manos comienzan su tarea. A partir de aquí apenas cuarenta minutos de pura adrenalina, en los que hay que extremar la atención para no dar ni un paso en falso, ni un mal apoyo de manos sobre la roca descompuesta. Aunque marcado con hitos, no hay una única vira. En busca siempre de la más cómoda, finalmente llegamos a esos 2751 metros de su máxima altura, apenas 50 más que el Hombro que la sostiene.

El corredor Norte nos engulle visualmente

Al turrón
            Grandes patios. Buen ambiente de montaña. Cortas, pero expuestas travesías horizontales buscando las debilidades para ir ganando altura y conseguir finalmente alcanzar nuestra recompensa, siempre con el permiso de la montaña que, aliada con el buen tiempo, nos ha dejado hacer. Cinco horas justas desde la salida nocturna, como mil setecientos metros más abajo, han bastado para llegar a participar del banquete visual, del banquete sensorial, que nos ofrece esta cima, altiva, soberbia, rota, pero que se ha dejado acariciar por nuestras botas. Una cima largamente ansiada y a la que le ha llegado la hora mayenca de, como decíamos en la presentación, comer sus mieles y beber sus hieles.

Peña Nevera, Collaradeta, El Fraile, Collarada...

En el descenso
            La tarea pendiente del destrepe apenas nos deja disfrutar de la estancia, que se nos hace corta, muy corta. Felicitaciones, parabienes, asomes a los cuatro costados y fotos, muchas fotos que apostillen estos vívidos momentos que con tanta intensidad nos han unido a esta singular montaña, y que se quedarán para siempre grabados en su piel y en la nuestra. El descenso lo hacemos con más cuidado, si cabe, no hay margen para el error. Con suma delicadeza y asegurando muy bien pies y manos, vamos buscando esos pasos que nos permitan ir bajando por esas chimeneas rotas, por esas travesías horizontales expuestas, con la ayuda siempre de los compañeros de viaje. Media hora más de pura adrenalina para llegar hasta el collado, donde recogemos el material para seguir, ya por camino, bajando hasta las proximidades de los corrales de ganado, aguas abajo del embalse, donde paramos a echar otro bocado.

Agrupándonos en el collado, cerca de la altiva Pala de Ip

Los buxos nos dan la bienvenida al bosque
          Enfilados, como estamos, para tomar el sendero que baja por el paco, no queda más que tomarlo para recorrerlo en su totalidad, pasando por la Besera, esos corros de tierra, otrora cultivados por las esforzadas gentes de Canfranc, y llegar al punto de partida en menos de dos hora más. Con ellas y las de antes, hemos completado una vuelta, gran vuelta, de 19,5 km, recorridos en poco más de 9 horas y media, salvando un desnivel acumulado en torno a los 1800 metros D+/-, en una jornada inmersa en un puro ambiente montañero, tanto en el entorno, como en lo humano, con compañeros garantía de éxito, con los que hemos cumplido otro gran hito mayenco, la Punta Escarra, que a partir de ahora la miraremos ya de otra manera.


Para ver más fotos, en: 

Si quieres bajarte el track, en: 

domingo, 29 de julio de 2018

Por los valles de Arán y Barrabés, hermanados por la belleza

AQUERAS MONTAÑAS
Por los valles de Arán y Barrabés
Martes 17 a miércoles 25 de julio de 2018



            De nuevo con este extraordinario grupo de viejos montañeros, que no de montañeros viejos… aunque… bueno, un poco también, pero si no lo decimos seguro que no se nota nada, porque ahí están, estamos, dando batalla todavía por ixos mons, con las mismas ganas de siempre, con la misma ilusión de siempre. Este año vamos con José Luis y Maite, Luis y Lola, Javier y Maribel, Félix y Armando, Sara y Marisa. Y no se trata de un circuito, ni de una ruta, ni de una gran travesía, como otras veces, no, en esta ocasión nos han preparado una serie de jornadas sueltas, con el único nexo de la belleza de los valles araneses y barrabeses. Valles hermanos, valles cuyos circos en ocasiones se dan la espalda, mediando entre ellos unos impresionantes macizos, rotos cordales de empinadas crestas que en sus pies albergan innumerables cuencas ocupadas por esos vestigios glaciales de mirar profundo, que en el sereno invierno se repliegan sobre sí mismos, acariciados por buenos mantos de nieve, y en verano se despojan de ella para lucir sus mejores galas. Unos lagos de montaña, llamados Estanh en aranés, Estany en catalán e Ibón en aragonés que ellos, ajenos a todo eso tienen un único idioma, su enorme belleza, expresada en la honda emoción y el profundo respeto que emana de su contemplación. Unas jornadas plenas de ellos, plenas de montañas, plenas de amistad y compartir. Plenas.

Bosque de Carlac

Valle del Garona, desde Bausén
            Martes, 17 de julio. Jornada prólogo. Bausén y bosque Carlac. Jornada para toma de contacto de unos días por el Pirineo aranés y ribagorzano compartido. Comenzamos por el Valle de Arán, esa comarca del norte de Lérida cuya mayor parte del territorio pertenece a la cuenca atlántica, ya que está bañada principalmente por el río Garona. En su extremo más septentrional, lindando ya con el país vecino, se encuentra el municipio de Bausen, que desde sus algo más de 900 metros de altitud, se muestra altivo sobre la margen izquierda de éste, antes de que comience a hablar francés. Desde esta privilegiada atalaya contempla cómo pasa la vida por el valle de Torán, el último español, que con Caneján a la cabeza ha visto pasar el tiempo escapándose entre sus dedos una rica vida del pasado reciente, de hecho aún se pueden contemplar muchos restos de esa arqueología minera, actividad que sustentaba la precaria subsistencia de sus gentes.

Arrancamos de Bausén


Dejando atrás la capilla de San Roque
            Pero sigamos en nuestro entorno de hoy. Partimos de Bausén, en la cuenca del río del mismo nombre, y cuya parroquial reza a San Pedro, algo muy íntimamente unido a su escudo, representado por las llaves del clavero celestial. Se trata de hacer una muy agradable ruta circular por el bosque de Carlac, para ello salimos por la capilla de San Roque, que nos da paso a un asome considerable sobre el Garona, que alegre baja por el valle, y que podemos contemplar sin prisas con la colaboración de un banco estratégicamente situado. Aquí, en un lugar muy cercano, un muy breve desvío nos permite acceder a un diminuto cementerio civil que, además de presumir de ser el más pequeño de España, alberga una bonita historia de amor. Un enorme tilo media para llegar a él, tan grande como el sentimiento de respeto que provoca.

Cementerio civil de Teresa
Tumba de Teresa
            Sí, una famosa historia de amor, que según se cuenta es auténticamente verídica, y que tratamos brevemente. En los años 20 del siglo pasado, una pareja de enamorados decidieron casarse. Hasta ahí todo normal. Su "pecado" fue que eran primos hermanos, y que la iglesia no autorizaba la unión canónica… a no ser, claro está que mediara la solución que la santa institución empleaba para esta clase de conflictos, y que se llama dinero. Como eran pobres decidieron seguir adelante con sus planes, y hete aquí que la joven Teresa enfermó y murió a los 33 años. Naturalmente, también les fue negado el enterramiento en el cementerio del pueblo, por lo que el viudo, ayudado por las gentes del lugar, construyeron este pequeño recinto para albergar su única tumba, no pudiendo hacer realidad el deseo de Sisco, su marido, de ser enterrado con ella a su muerte, ya que su vida y la de sus dos hijos se vio truncada con el exilio a la cercana Francia durante la guerra Civil. Sí, esas absurdas intolerancias supremacistas han conseguido que el cuerpo de Teresa descanse en un lugar privilegiado entre enormes robles y acacias en el llamado cementerio más pequeño de España, el más solitario y solidario, aquí, en el lugar llamado El Coret, en Bausén.

Un alto en el camino, cruzando el arroyo des Lavadors

La vida escrita en retorcidas líneas
            Sin duda, una historia interesante. Pero volvamos sobre nuestros pasos hasta ese enorme tilo cuya influencia hace contener la respiración. Tomamos el marcado sendero que sale a nuestra derecha para inmediatamente vestirnos ya de bosque. Un muy agradable bosque de avellanos y hayas, cuyos retorcidos cuerpos muestran quizá un también retorcido pasado, y que hoy se nos muestran ahí, calladas, serenas, con esa quietud que contagia y que es digna de veneración. Unos seres que han aguantado el paso del tiempo y de las gentes, por unos caminos sin duda plagados de idas y venidas con el país vecino en labores de estraperlo. El tránsito por este bosque, acompañado por la vida propia de la imaginación de cada uno, es auténticamente delicioso. Es algo que nos lleva hora y media escasa. Cruzando y volviendo a cruzar el arroyo des Lavadors, nos situamos ya de vuelta a la vera de unos campos que añoran mejor vida, y que ya nos van llevando a la salida del bosque, en la vertiente del pueblo, hasta el que solo nos queda ya bajar. Y lo hacemos por entre enormes ejemplares de helechos, bien alimentados por los recientes episodios de aguas.

De vuelta ya a Bausén
            Las bordas de Sacrotz, y sus cerezos silvestres, nos anuncian la llegada a Bausén, habiendo concluido esta jornada de toma de contacto con la montaña, en la que hemos invertido 2h 50’ de tiempo total, del que 2h 20’ han sido en movimiento, para recorrer algo menos de 7 kilómetros y en torno a 540 metros de D+/-, en una mañana cuyo calor no ha sido sofocante, aun así mitigado por este espléndido bosque de Carlac.

Bien está lo que bien termina

Resumen técnico jornada prólogo: Bausén – Bosque de Carlac - Bausén.
Distancia: 6,8 Km.
Tiempo total: 2h 50’. En movimiento: 2h 15’.
D+/-: 520 m.
Altura Máxima: 1238 m. (Alto del bosque).
Altura Mínima: 902 m. (Bausén).



Estanh Long de Liat


Siempreviva
            Miércoles, 18 de julio. Primera jornada. Bagergue – Minas de Liat - Bagergue. Tras el aperitivo de ayer, hoy nos disponemos a adentrarnos en uno de los valles más bonitos y solitarios. Partiendo de Bagergue nos adentramos en el valle de Liat en busca de esa arqueología minera de su cabecera, como una forma de resarcirnos de no haberlo podido hacer hace unos años desde el valle de Torán en el circuito de Eth Setau Sagèth, el nombre que le daban a esa cartilla que sellaban diariamente los mineros, y que cada seis sellos, el séptimo significaba bajar al valle a cambiar de aires.

Vamos tomando perspectiva sobre el valle de Liat

Cauces teñidos del rojo mineral
            Desde la población de Bagergue partimos por la pista que se introduce en el valle, y que al poco pasa por los pies de la ermita de Santa Margalida. Una pista castigada por las lluvias torrenciales de los últimos tiempos, y que canalizan unos muy empinados barrancos laterales. Con esa premisa llegamos en vehículos hasta donde podemos, que son como 2,9 km. A partir de ahí, pateo por la pista, que le va ganando desnivel al terreno, en ocasiones por amplias lazadas que acotamos por evidentes atajos. Poco a poco tomamos perspectiva sobre este extraordinario valle que luce sus mejores galas que le ha traído la lluviosa primavera.

Foto de familia junto al arroyo de Calhaus
Cabaña de Tor
            Al cabo de una hora alcanzamos la cabaña de Calhaus, hasta la que teóricamente podríamos haber llegado motorizados, pero el estado de la pista hace que añadamos un par de horas a lo previsto. Bien. Seguimos. Este valle, de elevadas cumbres en una y otra vertiente, como hipnotizado por ellas, descansa sobre dulces suelos herbosos por los que discurre sinuoso el río que lo alimenta. Grandes y serenas plataformas que se alternan con jugosos saltos de rojizas aguas, que ya nos van mostrando sus señas de identidad, y que es como soluciona la naturaleza esos desniveles. Una de ellas, quizá la mayor, es la llamada de Tor, Plan de Tor, concretamente, donde ya empezamos a ver esos vestigios de una vida pasada en la que extraían de la tierra parte de sus preciados bienes.

Plan de Tor

Por el paso del Estrecho
            Como media hora más andando y avistamos otra de esas apacibles planicies de aguas tuertas, la Plana del Paso Estrecho, dotada de cabaña, hasta donde llega la pista, y que continúa por sendero hasta ese paso estrecho que es una especie de collado, que da vista a la parte superior de este valle, y donde abrimos la circular. Como en todos los collados, grandes o pequeños, altos o bajos, generalmente el viento, por poco que sea, se apresura, y al estrechar su paso se pone un poco más impaciente por no quedarse atrás y se hace notar, así que buscamos un abrigo para echar un bocado, también sobre una zona de turberas, que sorprendentemente alberga los restos de una furgoneta vieja.

Pasando el desagüe del Estanh Long de Liat
Aún se conserva algún nevero tardano
            Reanudamos la marcha en busca de ese Estanh Long de Liat, que encontramos al cabo de veinte minutos de placentero caminar sin apenas desnivel. Estamos ante uno de los mayores vestigios de origen glacial de la zona, con sus 27 ha de lámina, y que termina de amansar las aguas en el fondo de esta cuenca, que poco cuesta imaginársela bajo centenares de metros de hielo en épocas pretéritas. Alcanzamos otro pequeño collado, que nos abre ya el mundo minero de Liat, en cuya cabecera nos encontramos. Tenemos que ir en busca de los restos de esas construcciones mineras que ya desde hace un tiempo veníamos alcanzando visualmente, y que ahora se trata de hacerlo también con estas piernas que nos llevan y nos traen. Y sí, eso hacemos. Tras superar como unos doscientos metros de desnivel llegamos a lo que parece el núcleo central del complejo minero de Liat, con los restos de torretas que soportaban las gruesas sirgas para transportar el mineral, y lo que fueron grandes edificios que albergarían la administración y la convivencia de aquellas gentes de duras vidas que habitaban estos lares a en torno a dos mil trescientos metros de altitud.

Arqueología minera, integrada en el paisaje

Estanh de la Pica Palomèra
          Un terreno éste plagado de pequeñas despensas de agua unidas por turberas que hemos ido sorteando como hemos podido hasta llegar aquí y encontrarnos otra de esas grandes cuencas que albergan los restos de un mundo pasado, mundo helado de las eras glaciales y que hoy nos quedan como recuerdo en forma de lagos de montaña, llamados ibón en nuestra tierra, y estanh por aquí. En este caso, el de la Pica Palomèra, a 2320 metros, bajo la sierra que le da nombre.

De entrañas calientes, que lo fueron
Restos de los barracones
            Entre respeto y admiración pasamos por este lugar, que combina elementos naturales y esas construcciones que, de piedra del terreno, con el paso del tiempo se van fundiendo visualmente con él. Nos abrazamos al GR-211, un sendero de Gran Recorrido que te permite visitar el Valle de Arán y sus montañas y valles. Con él vamos bajando, hasta encontrar un lugar apropiado para echar el segundo bocado del día al abrigo de los vientos que junto con las nubes que van apareciendo tímida, pero contundentemente sobre alguno de los horizontes, y que juntos van anunciando un cambio de tiempo que queremos nos coja lo más abajo posible.

Por el Plan de Paso Estrecho
De vuelta sobre el Plan de Paso Estrecho
            Poco tiempo, pues, para ese pequeño bocadillo, y continuamos la marcha hasta alcanzar el Paso Estrecho, donde cerramos la circular, y al que accedemos cruzando un pequeño nevero. Una vez aquí, solo nos resta desandar lo andado, que no es poco, buscando nuestros pasos para hacerlos en sentido contrario. Plan de Paso Estrecho, por su seno, Plan de Tor por su cabaña, y la de Calhaus, en otra zona de extracción. Las nubes no se han conformado con asomarse por un horizonte, ya no hay ninguno por el que no nos muestren sus intenciones, que no tardan en hacer efectivas, obligando a sacar capas, paraguas y demás elementos que nos permitan llegar secos a los vehículos. Afortunadamente no ha pasado de cuatro gotas la cosa, que aún nos permiten llegar secos.

Un alto en la cabaña de Calhaus
            Unos y otros vamos llegando a los coches en sus distintas ubicaciones. Están arreglando la pista y no había muchos huecos donde dejarlos. Ya, con la serenidad contagiada por esos viejos lagos de montaña, vamos bajando, acercándonos al pueblo para terminar esta extraordinaria jornada pasada por un valle y su entorno que ha colmado las expectativas de hoy, todo ello, naturalmente, acrecentado por una buena compañía. Finalmente, el dejar los vehículos más abajo de lo previsto, ha hecho que salieran más de 22 km, en 7h 30' de tiempo total, del que 5h 40' han sido en movimiento, para salvar un desnivel acumulado próximo a los 1200 metros.

Llegada a los vehículos, dando fin a la larga jornada

Resumen técnico primera jornada: Bagergue – Minas de Liat – Bagergue.
Distancia: 22,1 km
Tiempo total: 7h 30’. En movimiento: 5h 40’.
D+/-: 1190 m.
Altura Máx: 2335 m. (Frente Estanh de Pica Palomèra).
Altura Mín: 1600 m. (Coche, a 2,9 km de Bagergue).


Listos para arrancar en lo alto del puerto de la Bonaigua

Nos vamos adentrando en el valle de Ruda
            Jueves, 19 de julio. Segunda jornada: Valle de Ruda – Saboredo – Valle de Gerber. Esta segunda jornada la vamos a llenar con una extraordinaria circular, subiendo por el valle de Ruda para bajar por el de Gerbé, llegándonos hasta el refugio de Saboredo, pasando por multitud de cuencas palustres habitadas por los restos líquidos de lo que un día fueron ingentes masas de hielo que modelaron estos paisajes. La carretera que viene por todo el valle de Arán, llega a Baqueira y continúa hacia el puerto de la Bonaigua. El río que va a su aire, en cuenta de subir tanto, continúa por el fondo de este nuestro valle de hoy, el de Ruda, al que se puede acceder en vehículo hasta bien entrado el mismo.

Sorteando barranqueras

Por la pista, acompañados de la Lutea
            Pero nosotros preferimos hacerlo a nuestra manera. Nos situamos en lo alto del puerto de la Bonaigua, presidido por la primera máquina quitanieves del valle, que desde 1944 trabajó hasta 1962, según reza un cartel. Como la llegada va a ser unos kilómetros más abajo, los conductores se quedan para mover los coches y evitarnos esos casi 4 kilómetros de carretera al final. El resto comenzamos a andar, y lo hacemos por un sendero entre tasca fina, a más de dos mil metros de altitud, en una mañana con vocación de acompañarnos todo el día ofreciéndonos lo mejor de ella misma.

De camino a Saboredo


Espectacular entorno
            Pronto enfilamos ya el valle, que se dirige hacia las montañas que nos van a acoger en la jornada de hoy. El sendero desciende hacia el fondo, donde tras casi una hora de delicioso tránsito por el bosque, se une a la pista rodada en un punto en el que un gran mural te informa del entorno, en el que vemos clara nuestra gran vuelta de hoy. Seguimos como dos horas más, salvando los 450 metros de desnivel que tenemos hasta el refugio de Saboredo. Primero por la pista del fondo del valle hasta que decide no dar más facilidades y, convirtiéndose ya en sendero, comienza a empinarse para salvar el terreno, mientras las abundantes aguas lo hacen siempre a nuestra vera, pero en sentido contrario, despeñándose por las cascadas que forman, por las que se apresuran sin saber quizá si algún día volverán por aquí. No hay mucho acuerdo en el punto exacto del nacimiento del Garona, hay quien lo sitúa en este circo de Saboredo, pero ellas corren libremente ajenas a esas disquisiciones.

Apunto de salir de Saboredo

Vamos tomando altura
            Refugio de Saboredo, parada obligatoria para echar un bocado. Ya visitamos este lugar hace unos años, al ser de paso obligado en el circuito de Carros de Fuego, entre Amitges y Colomers. Como cuarenta minutos nos lleva el receso para tomar fuerzas y seguir adelante y meternos ya de lleno en las entrañas de estas graníticas montañas que albergan en sus depresiones esos lagos de montaña, restos de un pasado frío. Y para abrir boca subimos al Lac Major de Saboredo, que con una pequeña presa retiene sus aguas. Lo bordeamos por su margen derecha y subimos en busca del siguiente, el Glaçat, que también lo bordeamos por la misma banda para ir subiendo ya en busca del collado del mismo nombre, que separa las cuencas, metiéndonos ya en la del valle de Gerber, con sus también innumerables lagos grandes y pequeños, lagos con gran nombre y otros sin él, más humildes, pero que refrescan la vista y el ambiente. Pero antes, nos lo tenemos que ganar echando las manos en algún tramo, a pesar de haber tomado el camino de arriba que, según dicen es menos técnico que el de abajo.

Alcanzando el collado

Circo de Gerber
            En el mismo collado un gran ventisquero se resiste a abandonar su invierno y, como ocupa una buena parte del sendero, nos obliga a rodearlo para poderlo retomar. En la parte alta de este gran circo de Gerber, habitada cómo no por lagos de tamaño mediano, algunos aún con banquisas, y rodeados de imponentes crestas, vamos bajando por entre ingentes masas de bolos de granito, que nos obliga a extremar la atención a su paso. Elegimos un lugar, digamos menos incómodo para echar otro bocado, bajo el refugio de Mataró, que más bien parece un almacén de bombonas de butano a juzgar por su intenso color anaranjado. Alcanzamos el refugio y continuamos el descenso sorteando más y más cuencas, la del Estany Negre de Dalt, la del Estany Long, la del Estany Redó… en fin un verdadero festín para los sentidos. El granito y el agua siempre se han llevado bien, siempre la muestra en superficie, al contrario que la caliza, que le gusta guardársela para sí en sus entrañas.

Reflejos en el lac de Gerber


Las maravillas del agua
            Algún paso más de destrepe para ir bajando, sin dejar de admirar el que se lleva la palma de todos, el de Gerber, que a estas horas se nos muestra con dorados penachos que el sol le presta todos los días, mientras no se interpongan las nubes, que hoy no es el caso. Otro más abajo quiere emularlo reteniendo las aguas de aquél, pero su pequeño tamaño no da mucho más de sí. Ya no nos queda más que hora y media acompañando al camino en su descenso, hasta alcanzar visualmente la retorcida carretera y llegar hasta el aparcamiento en el que ya han llegado los vehículos que nos recogen, tras haber recorrido 17,3 km en 10 horas de tiempo total, del que 6h 30’ han sido en movimiento, para salvar un desnivel acumulado de 1155 D+ y 1300 D-.
En el collado del Lac Glaçat

Resumen técnico segunda jornada: Valle de Ruda – Saboredo – Valle de Gerber.
Distancia: 17,3 Km.
Tiempo total: 10h. En movimiento: 6h 30'.
D+: 1155 m. D-: 1300 m.
Altura Máx: 2590 m. (Alto anterior collado Lac Glaçat).
Altura Mín: 1792m. (Fondo valle Ruda).



Arrancando en el Pònt deth Ressèc

Calzada en pleno bosque
            Viernes, 20 de julio. Tercera jornada: Valartiés – Restanca – Lac de Mar. Contando la prólogo, cuarta y última jornada por estos valles araneses. En esta ocasión nos acercamos hasta la localidad de Artiés para seguir motorizados por la pista que se introduce en su valle, el de Valartiés, como algo más de 5 kilómetros, hasta el llamado Pònt deth Ressèc, donde dejamos los vehículos para continuar andando por la misma pista. El circuito de Eth Setau Saget ya nos trajo por aquí hace unos años, uno que se excedió en generosidad en cuanto a lluvias y sobrepasó el límite de los destrozos, habiendo hecho desaparecer este puente y poniéndonos difícil el paso del río.

Embalse de la Restanca, en la base del circo homónimo

Llegando al refugio
            Hoy no es el caso. Seguimos pista arriba como 2,7 km más, por un tramo sólo apto a los taxis autorizados. Ahí donde termina, inicia el sendero, que ya se empieza a empinar. Un sendero que discurre por entre una exuberante vegetación que ya nos protege del sol que se ha ido abriendo paso por entre las nieblas con las que nos ha regalado hoy la mañana. Como hora y cuarto para cubrir los 400 metros de desnivel hasta la Restanca, un lago de montaña represado que le da nombre a todo un entorno que habla por sí mismo. Se trata de otra de las innumerables cuencas glaciales de este reino granítico. Hay que sobreponerse a la altura de la presa para andar por encima de ella y llegarse al refugio, cuyo edificio tiene todas las pintas de haber pertenecido al complejo de las obras hidroeléctricas en su tiempo, reconvertido en refugio, perteneciente al circuito de Carros de Fuego, pero solo en su aspecto comercial, porque geográficamente hay que hacer un desvío para visitarlo.

En el plató intermedio camino al Lac de Mar

Flores y sonrisas
            Tras una pequeña parada y fonda continuamos a la vera de la orilla del embalse para ir subiendo hacia el Lac de Mar, otro de esos sitios igual a cualquiera otra de esas espectaculares cuencas rodeadas de agrestes montañas, pero a la vez distinta a las demás. Igual de sorprendente, pero con identidad propia. Nos hemos adelantado un poco al relato, porque para esa admiración, hay que llegar, y lo hacemos a través de un ascenso de unos doscientos metros, mediados por una enorme tartera, que le da un respiro al circo de la Restanca, y en la que se amansan las aguas que se precipitan del desagüe de este lago, para tomar impulso y volverse a despeñar con enorme soltura y bravura para dar en la Restanca.
Espectacular circo de la Restanca

Último esfuerzo
            Finalmente, llegamos ya a dar vista a esta otra enorme tartera que alberga el Lac de Mar, bajo la atenta mirada de la sierra de Turmenèia y el Besiberri Norte, que va a extender hacia el sur todos sus dominios. Todo en la naturaleza tiene su recompensa. Estamos ante uno de esos espectáculos que te ofrece a cambio del esfuerzo que se hace para conseguirlo. Solo reservado para los que, con paciencia, paso tras paso, vamos subiendo para alcanzarlo. Verdaderamente impresionante, una sensación que conmueve todos los resortes interiores. Se dice que lo bueno, si breve dos veces bueno, así que tras un breve bocado, son las nubes besiberrianas las que nos van anunciando que nuestro tiempo se termina. Un tiempo breve, pero intenso, suficiente como para con sumo respeto habernos integrado en estos paisajes con alma. Todo llega a su fin, y lo que importa no es tanto lo que se vive, sino cómo se vive.

Lac de Mar. Sin palabras nos deja

Las aguas bravas se serenan en las turberas
            En cuarenta minutos nos plantamos de nuevo en la Restanca, para seguir admirando su entorno tratando de digerirlo, a la par que el bocado que nos quedaba en la jornada de hoy, más suave que la de ayer, pero igual de intensa. Y algo menos de otra hora, disfrutando de alguna gota que descuelgan las nubes que ya empiezan a empoderarse, media para terminar el sendero y tomar la pista, que en poco menos de otra media más, llegamos a los vehículos, habiendo culminado de este modo esta cuarta y última jornada por estos valles araneses, a los que siempre merece la pena volver.

De tránsito por el bosque

            En esta ocasión, han sido unos 12,6 km, recorridos en 6h 40’ de tiempo total, del que 4h 10’ han sido en movimiento, para salvar en torno a 1000 metros de D+/- por unos lugares, aunque lejanos a nuestro campo de juego habitual, no menos queridos, visitados en muy buena compañía.

Con Carmen de Seixes, de Bagergues

Resumen técnico tercera jornada: Valartiés – Restanca – Lac de Mar.
Distancia: 12,6 Km.
Tiempo total: 6h 35'. En movimiento: 4h 10'.
D+/-: 1000 m.
Altura Máx: 2255 m. (Lac de Mer).
Altura Mín: 1380 m. (Pònt deth Ressèc).      



Otra jornada, partiendo de Aneto

La magia del bosque
            Sábado, 21 de julio. Cuarta jornada. Ref. Conangles – Ref. Besiberri – Ref. Conangles. Cambiamos de vertiente. Cambiamos de valle. En el de Arán estábamos a gusto, y desde luego, ha puesto el listón muy alto. Vamos a darle oportunidad ahora al de Barrabés. El tiempo tampoco lo está poniendo muy fácil, con mañanas agradables y tardes tormentosas. Hoy se tenía programado subir unos cuantos al Mulleres, pero ante las malas predicciones meteorológicas, hemos optado por el plan B de mañana, que era subir hasta el Estany de Besiberri, y aun con no muy buenas previsiones, vamos a ello.

La fuerza de los elementos

Abeto entre hayas. A gusto
            Con las incorporaciones del fin de semana nos acercamos en vehículos hasta el aparcamiento del refugio de Conangles, muy cercano al Noguera Ribagorzana y a la boca sur del túnel de Viella, y primero en territorio catalán del GR 11. La pista se viste de haya, y en un cuarto de hora tomamos el sendero a mano izquierda, y sin quitarnos ese disfraz de haya continuamos de la mano ya del barranco de Besiberri, al que nos asomamos cuando se pone a tiro, para contemplar las prisas que el agua lleva. Un sendero éste que cruza la pista en alguna ocasión, y que finalmente, al cabo de hora y media nos deposita al comienzo de un gran plató, cuyo primer plano está habitado por el estany de Besiberri, donde mansamente se depositan las aguas que generosamente recoge el circo del mismo nombre.

Circo de Besiberri

La belleza se viste de bosque
          El tiempo tontea y hace tontear. Ante la indecisión general, que culmina en un decidido descenso en previsión de lluvia, acompañamos a los tres del fin de semana, que les importaba menos el tiempo. Rodeamos el lago por el flanco derecho de la marcha en busca del refugio, al que abordamos por detrás, ya que hemos tomado un camino con menos complicaciones para cruzar el barranco, aunque sí las tenemos para alcanzar la cota en la que está subido. Una vez allí, vemos el sendero digamos más normal, y que entendemos nos llevará a ese lugar que hemos evitado para cruzarlo, y así es, pero encontramos el modo de hacerlo sin mojarnos ni descalzarnos.

De camino al refugio

L'Estanyet, desde el refugio del Besiberri
            A partir de ahí, deshacer el camino andado hasta la cola del lago, donde aprovechamos el momento para echar un bocado en un respiro que nos da el agua que nos ha ido cayendo intermitentemente. La bajada la hacemos rápida a pesar del aguacero que nos cae encima; en hora y cuarto ya estamos en el refugio, donde nos espera el resto del grupo. Y de ahí a Aneto, habiendo pasado una jornada de circunstancias en la montaña, pero agradecidos por todo lo que hemos visto y vivido, y que ha sido mucho. Condensado todo ello en 11,2 km y 6h 15’ de tiempo total, del que 3h 50’ han sido en movimiento, para salvar un D+/- de en torno a 1000 metros.

Foto de familia junto al Estany de Besiberri


Resumen técnico cuarta jornada: Ref. Conangles – Ref. Besiberri – Ref. Conangles.
Distancia: 11,2 Km.
Tiempo total: 6h 15'. En movimiento: 3h 50’.
D+/-: 1000m.
Altura Máxima: 2235 m. (Sobre refugio Besiberri).
Altura Mínima: 1540 m. (Aparcamiento Conangles).


Cinco hombres para un Mulleres, podrán con ella?


Arranque por el valle de Mulleres
            Domingo, 22 de julio. Quinta jornada. Hospital de Viella – Ref. Mulleres – Hospital de Viella. Las predicciones meteorológicas para el fin de semana eran horribles. Ayer se cayeron, mostrándose mal sólo a partir del mediodía, pero es que hoy ha sido una constante burla, no cayendo finalmente ni una gota. Con ese panorama había sus dudas razonables para ir en busca hoy del Mulleres. Finalmente, sin mucho convencimiento sino pensando en ir hasta donde fuera razonable, como hace dos años, nos apuntamos José Luis, Armando, los Javier Lamíquiz y, Lacadena, José Antonio y yo, aunque a unas horas innombrables de la mañana me fue imposible calzarme las botas de alta montaña, teniendo que acompañar al resto del grupo, que aspiraba a llegar hasta el refugio.

El grupo B, sin el Mulleres... pero con más mulleres

Explosión de color
            Encima de la boca túnel, en el Hospital de Viella, ya estamos a las nueve de una mañana indecisa en lo meteorológico, como decimos, pero que mientras se decide y no, como nosotros sí que lo estamos, no nos queda otra que abordarla como se merece, comenzando a caminar por este valle de Mulleres, entremezclados por una paleta de mil colores en forma de flores deseosas de dar todo lo que han recibido en forma de agua esta primavera.

Primera de las trepadas, junto al barranco

Parada y fonda, con buen telón de fondo
            Los tramos con bolos se suceden. Al cabo de hora y cuarto hay que superar un resalte, y acompañados por el barranco acometemos con sumo cuidado una pequeña trepada para seguir de nuevo por un camino pacificado, hasta encontrar un sitio adecuado, junto a ese mismo barranco, para relajarnos un poco a la par que echamos un bocado. Hemos llegado al fondo del circo y hemos de someternos a su dictadura, el sendero se empina y hay que tomárselo con calma, porque otra nueva trepada nos espera, y que con paciencia también nos sobreponemos a ella. Al hacerlo vemos otra traza de sendero, quizás para evitarlo. Veremos a la vuelta.

Ibón bajo de Mulleres, junto al refugio

Refugio libre de Mulleres
            Como dándonos un respiro, el sendero se vuelve a calmar, y en poco más de media hora nos lleva hasta el refugio, que se encuentra en la salida de otro gran circo glaciar con su herencia en forma de lago, que es el primero de una sucesión de ellos cuya vista se nos niega si no pasamos de aquí, como lo han hecho horas antes el grupo cimero. Al filo del mediodía llegamos, que es cuando ese grupo de cima la consigue. El tiempo comienza ya a dar muestras de impaciencia, hay raca ya en las crestas y cambios constantes de viento, lo que aconseja no perder demasiado tiempo, únicamente el dedicado a las fotos de rigor junto al refugio libre, igual que el que vimos ayer bajo los Besiberri.

Vista de valle, desde el refugio

Espectáculo de agua y sonido
            Bien, media vuelta y a desandar lo andado. Al llegar a disponernos a destrepar ese tramo de cuyo punto alto sale otro sendero nos decidimos a tomarlo, encontrándonos aun así un paso delicado, pero nada que ver con el tramo completo del otro lado. Y sin más, continuamos el descenso, teniendo que atravesar, éste sí, el otro tramo de destrepe junto al barranco, que nos deja de nuevo en el sendero, que tras los bolos se mete ya en el bosque, y éste en esas campas de mil colores del inicio, que nos llevan al punto de arranque, habiendo recorrido 10,4 km, en 5h 45’ de tiempo total, del que 3h 45’ han sido en movimiento, para salvar un desnivel D+/- de 950 m., en una mañana que a pesar de las amenazas, ha dejado hacer.


El grupo B en nuestra cima

            ¿Y los de cima? Pues bien, bajando, con sus en torno a 11 horas de larga jornada, consiguiendo una montaña largamente codiciada, y que aun sin haberla podido hacer, sí que siento que como grupo todos hemos estado ahí.

... pues ahí están, en la cima del Mulleres. Imagen de JLamíquiz


Resumen técnico quinta jornada: Hospital de Viella – Ref. Mulleres – Hospital de Viella.
Distancia: 10,4 Km.
Tiempo total: 5h 45'. En movimiento: 3h 45'.
D+/-: 950 m.
Altura Máxima: 2.390 m. (Refugio Mulleres).
Altura Mínima: 1.625 m. (Hospital de Viella).


Partimos de los Banhs de Tredós

Sobre la palanca que cruza el río
            Lunes, 23 de julio. Sexta jornada: Banhs de Tredós – Colomers – Banhs de Tredós. Como el tiempo nos ha trastocado un poco los planes, hemos tenido que improvisar para la jornada de hoy, y decidimos ir al mundo Colomers para visitar parte de ese tesoro lacustre repartido por cada una de las cuencas que la inmensidad del granito permite. Volvemos, pues, al valle de Arán, concretamente hasta la localidad de Tredós, para tomar una pequeña carretera local que en 8,3 km nos acerca hasta sus baños, punto hasta el que está permitido llegar en vehículo, salvo a los taxis, que de aquí parten hasta el lugar donde da comienzo el sendero de ascenso a Colomers.

El bosque y el agua

Entre flores
            Una vez llegados a ese establecimiento termal, dejamos los vehículos y nos abrazamos al río Aiguamòg para subir a su vera, hasta que en media hora alcanzamos un puente que cruzamos, y al cabo de otra media coincidimos con la pista, que sucesivamente cortamos en varias ocasiones más para, en otra media hora más llegar al punto de retorno de esos taxis que hacen el servicio a los que prefieren evitar el tránsito por el sendero del bosque.

En el refugio de Colomers

Del circuito de los lagos
            Hoy va de medias horas la cosa, porque es lo que vuelve a mediar para alcanzar visualmente la presa del embalse, de modo que han sido cuatro, solo que esta última ha sido mucho más empinada. Tras asomarnos a ese Lac Major de Colomers, que ocupa la base de este enorme circo, aún nos queda acercarnos hasta el refugio guardado, pasando por el antiguo. Una vez llegados hay quien prefiere disfrutar del descanso y de las vistas; por nuestra parte, con Sara, Marisa y Maribel comenzamos un pequeño circuito que recorre varios lagos más, salpicados a lo largo y ancho del espléndido circo de Colomers.

Nexo entre lagos

El duplo de las montañas
            Dejamos a nuestra derecha el Estanh Mòrt, seguidamente el Garguilhs de Jos. Una buena cabaña vacuna nos sorprende antes de llegar al Estanh Plan, plano, como no puede ser de otra manera, y con un islote en medio; plano y calmo, tanto como para dar cobijo en sus orillas a infinidad de huestes en forma de insectos grandes y pequeños, desde luego hambrientos, y que echan al traste nuestros planes de echar un bocado al borde de este lago. El siguiente es el Lac Long, con el que cerramos, tras casi dos horas esta vuelta por entre graníticas cuencas que albergan tesoros minerales en forma de aguas puras y cristalinas.

El equipo de la vuelta a los lagos

A la sombra del pino
            Llegados a la presa, encontramos un buen sitio para echar ese bocado que nos han negado esos diminutos seres que te pueden hacer la vida imposible. Aquí, bajo un buen pino, aunque con no mejores vistas conseguimos hacerlo. Lo que nos costó dos horas subir, lo hacemos en hora y media bajando, hasta dar con nuestros huesos de nuevo en los baños de Tredós, acompañando en el último tramo ese curso del río que desborda los sentidos, culminando así una buena vuelta de 15,2 km en 6h 40’ de tiempo total, del que 4h 40’ han sido en movimiento, para salvar un desnivel acumulado en torno a los 870 m D+/-.

En el embalse de Colomers


Resumen técnico sexta jornada: Banhs de Tredós – Colomers – Banhs de Tredós.
Distancia: 14,9 Km.                              
Tiempo total: 6h 40’. En movimiento: 4h 40'.
D+/-: 870 m.  
Altura Máxima: 2230 m. (Punto entre Garguilhs de Jos y Estanh Mort).
Altura Mínima: 1750 m. (Banhs de Tredós).


Embalse de Llauset, punto de partida

Valle de Llauset
            Martes, 24 de julio. Séptima jornada: Embalse Llauset – Ref. Llauset – Ballibierna – Ref. Llauset. Abandonamos Aneto, esta población en los confines orientales de Aragón, en cuya Casa Moliné nos sentimos siempre muy bien tratados, y donde se quedan las compañeras Sara y Marisa porque adelantan un día la vuelta a casa. Los que nos quedamos para aprovechar este día, nos metemos de lleno por ese valle que el río Llauset ha ido labrando a lo largo de milenios. Un valle éste de buenos pastos, aprovechados por alguna cabaña ganadera como símbolo de lo que un día fue la riqueza de estas gentes. Tras 10 km de empinada pista, y otro y medio más de túnel alcanzamos el embalse de Llauset, que amansa las aguas que vienen principalmente de su barranco.

Barranco de Llauset, con el Vallibierna al fondo, a cuál subir?

Entre el agua y el cielo
            Estamos en el dominio Llauset, y aquí todo lleva su apellido. En la calma lámina del embalse se refleja el doble etéreo de la sierra del mismo nombre, cuyas máximas alturas, el pico y tuca Guadieso, van buscando el norte en pos del pico Llauset, que cierra el circo homónimo, y que también tiene su doble menos estable pintado sobre las aguas. No nos cansamos de admirar el paisaje real y el virtual, pero hay que marchar. Y lo hacemos tomando el ramal del GR 11 que nos dirige hasta el flamante refugio de Cap de Llauset. Vamos tomando altura poco a poco, dejando a nuestra izquierda ese gran embalse, hasta su cola, habiendo pasado el desagüe del ibón de Botornás, donde se empieza ya a empinar el sendero.

Subiendo para abandonar esta cuenca

Ibón de Botornás, desde la cabaña homónima
            Se pasa por un cruce de caminos, por la izquierda se sube por el barranco de Llauset, y por la derecha, la que tomamos, vamos subiendo también, hacia ese ibón de Botornás, pasando por la cabaña del mismo nombre, cuyos alrededores están plagados de ortiga y sarrión, dos plantas que gustan de suelos orgánicos, y que nos indican la riqueza ganadera que a lo largo de los tiempos ha fematado este terreno. Rodeamos este ibón y, ya con el refugio a la vista, damos lugar al último tramo de subida para alcanzarlo, algo que hacemos al cabo de algo menos de dos horas. Y si lo hacemos es para despojarnos de los enseres que hemos acarreado para pasar la noche, y que no vamos a necesitar para el ascenso al Ballibierna.

El refugio de Llauset, cerca del cielo

Al paso por alguno de los neveros
            Comenzamos ese ascenso siguiendo el GR 11 en dirección al collado de Ballibierna, que en poco menos de media hora abandonamos para que siga su destino. El nuestro es el de ir subiendo por este desfigurado valle que va albergando varias cuencas lacustres al norte de una cresta que baja del mismísimo Ballibierna en cuya cabecera está el ibón Negro. Nos encontramos a nuestro paso unos inusuales neveros, restos de un generoso invierno, como ha sido éste último. Las plataformas se suceden hasta llegar ya a la base de nuestra montaña de hoy, que en dos horas y cuarto desde el refugio alcanzamos. Aunque en realidad se trata de la primera prominencia, de unos 3040 metros, en la que se inicia una ancha cresta que nos llevaría hasta lo alto del Ballibierna, con 3059 metros, y que el comienzo de una fuerte granizada nos desaconseja alcanzar.

El ibón Negro, con sus majestades Aneto, Tempestades, Margalida, Russell...

Ballibierna, el valle
            Agradecidos por haber podido llegar hasta aquí, las vistas que se nos ofrecen son auténticamente espectaculares. A nuestros pies, a más de mil metros por debajo, el valle de Ballibierna alberga un verdor solo roto por las gigantescas moles del macizo de la Maladeta, con su rey, el Aneto, sostenido por cantidad de contrafuertes que forman circos colgados que ven pasar el tiempo desde su altura. El lado sur del valle lo conforma la Sierra Negra, cuyo nombre lo dice todo, incluso su claro origen volcánico. Y por encima de todo ello, un más que amenazante mar de negros nubarrones que se cierne sobre nuestras cabezas, que no piensan en otra cosa que en la de comenzar a bajar cuanto antes. Apenas cuatro fotos y con los pertrechos de agua para abajo, con la prioridad de asegurar bien los pasos, bajo un intenso granizo.

Ya de regreso

Tablillas del GR 11, junto al refugio de Llauset
            Lo que nos cuesta subir dos horas y cuarto, lo hacemos bajando en hora y tres cuartos, animados por la lluvia, el granizo y al ritmo de los truenos, que parecen venir a nuestro encuentro, pero que llegamos al refugio antes que ellos. De esta forma, terminamos la jornada montañera de hoy, habiendo invertido 6h 15’ de tiempo total, del que 4h 15’ han sido en movimiento, para recorrer 10,1 km, salvando un desnivel acumulado de 1100 m D+ y 860 m D-, en esta última gran jornada de nuestra estancia por estos valles araneses y barrabeses.

Acumulando optimismo para la bajada, en el Ballibierna

Resumen técnico séptima jornada: Embalse Llauset – Ref. Llauset – Ballibierna – Ref. Llauset.
Distancia: 10,1 Km.                              
Tiempo total: 6h 15’. En movimiento: 4h 15'.
D+: 1100 m. D-: 860 m.  
Altura Máxima: 3040 m. (Ballibierna 1).
Altura Mínima: 2170 m. (Embalse Llauset).


Encarando la última jornada

El gran hito asomándonos al embalse
            Miércoles, 25 de julio. Jornada epílogo: Ref. Llauset – Embalse Llauset. Una envidiable mañana nos da los buenos días a los que hemos pasado la noche en el refugio de Llauset, del que sobre las ocho partimos para desandar lo andado ayer hasta los vehículos, que queramos o no, nos llevarán a lo más profundo de nuestra vida cotidiana.

Agua, aire, montañas y sol, todo para un paisaje

Qué mejor despedida que con un brindis
            Como hora y veinte minutos para llegar al embalse de Llauset y despedir así este mundo de lagos y montañas, de roca, cielo y sol, de aspiraciones y de ilusiones, de más momentos pasados que venideros intuimos, en el que con la intensidad de siempre hemos compartido caminar y camino. Con una mezcla entre satisfacción y nostalgia abandonamos estas montañas para hacer una parada en Aneto y tomar nuestras pertenencias, y con ellas regresar a nuestra Zaragozica recorriendo media provincia de Huesca, habiendo visitado bellísimos rincones de nuestro pirineo más lejano y el vecino más cercano, con un tiempo indeciso, pero que ha dejado hacer, y en una compañía con la que siempre merece la pena pasar unos días de montaña.

Imagen de JLamíquiz para despedir estas jornadas de pura montaña

Resumen técnico etapa epílogo: Ref. Llauset – Embalse Llauset
Distancia: 3,1 Km.                                   
Tiempo total: 1h 20’. En movimiento: 1 hora.
D+: 120 m. D-: 330 m.  
Altura Máxima: 2425 m. (Refugio de Llauset).
Altura Mínima: 2170 m. (Embalse Llauset).







Los tracks, en:
          Jornada prólogo. Bausén – Bosque de Carlac:
          Jornada 1. Bagergue – Minas de Liat:
          Jornada 2. Valle de Ruda – Saboredo – Valle de Gerber:
          Jornada 3. Restanca – Lac de Mar:
          Jornada 4. Valle de Besiberri: 
          Jornada 5. Valle de Mulleres:
          Jornada 6. Banhs de Tredós – Colomers:
       Jornada 7 y epílogo. Embalse de Llauset – Ref. de Llauset – Ballibierna – Ref. de Llauset – Embalse de Llauset: 
https://www.wikiloc.com/mountaineering-trails/embalse-llauset-ref-llauset-ballibierna-27060985