jueves, 5 de mayo de 2016

Cabezo de Guara, el nororiental de la familia

IXOS MONS
Cabezo de Guara (1.868 m)
Lunes, 2 de mayo de 2016


            Altibajos de la vida. Altibajos en la faz de la tierra. Altibajos. La vida es pura alternancia. Hay tiempo para inspirar, hay tiempo para espirar. Inspirando subimos a las montañas, espirando bajamos a los valles. En las cimas buscamos la pureza, la paz, el sosiego, la recompensa del trabajo, sin embargo es terreno hostil para la permanencia. El ser humano necesita la pureza, pero en dosis razonables, pues todavía no es capaz de resistir su intensidad. Por eso existen los valles, la tierra baja donde se encuentran las condiciones para vivir y trabajar. Los Pirineos son un buen ejemplo de ello, con sus altas cumbres y sus suaves y en ocasiones hondos valles, pero hay una tierra, entre ellos y el valle del Ebro donde quizá se reúna la más alta concentración de escarpes, de afiladas agujas, de rallas, de roquedos, de profundos cañones, donde el tiempo ha visto pasar el agua y el viento por sus recovecos, que anidando en ellos los ha acentuado más si cabe.


            Hablamos de la Sierra de Guara, cuyos dominios fueron declarados Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara en diciembre de 1970, constituyendo el mayor espacio natural protegido de Aragón, con sus más de ochenta mil Ha, incluyendo su zona periférica. Un espacio que sin embargo fue descubierto en el siglo XIX por precursores montañeros y naturalistas franceses, como Lucien Briet. 

            Hecho ya todo el cordal principal, sólo nos quedaba llegarnos hasta el díscolo, hasta el no alineado. Preguntándonos sin mucho éxito el por qué, visitamos el Cabezo de Guara, adentrado ya en la comarca del Somontano de Barbastro, y que con sus 1.868 metros es su mayor altura.

Campos de Pedruel
            Una nueva vuelta de orache nos ha dejado, y lo ha hecho dejándonos una cuña anticiclónica que no estamos dispuestos a desaprovechar. Este monte se puede subir por varios itinerarios. Nosotros hemos elegido hacerlo por Pedruel, pequeño pueblo que perteneció al municipio de Rodellar y llegó a estar abandonado. Hoy, junto con éste y con Las Almunias, de donde parte la estrecha carretera, están incluidos en el de Bierge, y gracias al turismo de montaña y escalada, gozan de muy buena salud. Pedruel, concretamente se alza a media ladera, sobre unos fértiles campos que hoy nos saludan con su verde fosforito, que transmite alegría, que transmite armonía, que transmite vida.

Interior de Casa Viñuales
            De este pueblo partimos con doce grados de temperatura, a medio camino entre los menos dos que hemos llegado a ver viniendo, y los veinticuatro que nos encontraremos a la vuelta. La mañana fresca, radiante, promete. Al tajo. La primera impresión que nos llevamos es la de unas escaleras de caracol, de piedra, en un campo de almendros, algo insólito, que nos deja perplejos, pero por poco tiempo, porque al paso sale la ama de la casa y nos lo explica. Se trata de unas escaleras que subían a la falsa de la casa de enfrente, suya también, y que decidieron sacarlas para que les diera el sol, supongo. Bueno, no sólo nos lo explica, sino que nos hace entrar en esa antigua casa, hoy reformada, para orgullosa mostrarnos sus encantos, testimonio de un pasado de vida y apego a la tierra. Casa Viñuales, para más señas.

Sendero
            Nueve y media pasadas y enfilamos una de las calles para meternos ya sin remisión en la senda bien definida, pero de incómodo pisar, que nos va subiendo sin cuartel. Media hora no ha pasado, y ya vamos teniendo vista sobre alguno de los grandes del Pirineo. El gran cordal de las Tres Serols y las Tres Marías, separadas por el enorme tajo del collado de Añisclo, llama poderosamente nuestra atención mudamente gritando que están ahí, a lo que correspondemos con nuestro mudo, también, contemplar.


Cabras silvestres
            Sabinas y carrascas van saliendo en nuestro auxilio para aliviarnos algo del sol. Algunos ejemplares de estas últimas, verdaderamente espectaculares, tanto así que sólo inspiran veneración y respeto. Tras pasar por un tramo de cómodo pisar, en cosa de hora y media hacemos el alto de una pequeña cumbre, Lacuna Alta, la llaman, desde donde se nos presenta ya nuestro objetivo, un tanto lejano, y siempre acompañado del Tozal de Cubilás. A nuestra derecha, la agreste sierra de Lupera, que en sus Gorgas Negras aprisiona a un Alcanadre que chicorrón, deseoso marcha a dar vida a la tierra llana. Detrás de esta imponente sierra, el no menos imponente cañón de Mascún. La mirada se clava en este bellísimo fenómeno geológico, y es difícil de convencer para seguir adelante.


            Nos sorprende una pequeña cabaña de cabras montesas, de las que se ven cada vez con más frecuencia por estos montes, y que según se dice, pueden provenir de antiguos rebaños domésticos que fueran abandonados a su suerte al tener que marchar las gentes precipitadamente de estos pueblos. Al margen de los motivos de unos u otros, lo cierto es que da gozo verlas por aquí.

Cerca ya de cumbre
            El sendero nos deja en la pista del Coto de Bastarás, que mucho se podría hablar de ello, pero no vamos a permitir que empañe esta extraordinaria jornada de montaña. Seguimos por ella unos minutos, sin dejar de ver nuestro objetivo, y de nuevo a la senda, que ya en menos de media hora más, y por terreno de lapiaz, nos sube a la cumbre. Una muy amplia plataforma, de la que emerge un vértice geodésico, y las ganas de que nos quedemos un rato, sale a nuestro encuentro. No le vamos a privar del deseo. En poco más de tres horas hemos recorrido algo más también, de los 8 km que distan desde Pedruel.

Nieve en la cara nororiental
            Tercera cumbre de este magnífico cordal de Peña Guara, auténtica columna vertebral de estas sierras, de estos barrancos, de estos territorios humildes, callados, bruscos, ariscos, pero que familiarizándote con ellos son de lo más gratificantes. Las vistas desde aquí son impresionantes. Hacia el sur, da comienzo la gran depresión que alberga el padre Ebro. A levante, el Alcanadre, el Mascún y las sierras que los forman. A poniente, los hermanos alineados del Tozal, Ballemona y Cubilás. Y dejamos el broche final para el Gran Norte, con el que median montes tan queridos como San Juan de la Peña, Oroel, Oturia… Y qué decir de ese gran telón de fondo, que contiene todos y cada uno de los macizos pirenaicos, con sus penachos generosamente nevados como hacía años para estas fechas.


Grandes ejemplares de carrasca
            A nuestros pies, en esa misma dirección, la Guarguera, castigada por el olvido, el tiempo y el abandono, salpicada de pequeños pueblos en los que reina la soledad y las casas espaldadas. Sentido tributo a todas esas gentes que un día se cansaron de estar cansados, trillaron la última siega, vendieron en la última feria sus animales, trajeron su último capazo del huerto, llegaron al límite de su paciencia y aguante, y con un portazo se fueron sin volver la vista atrás, dejando no sólo sus pertenencias, sus raíces, su historia, sus seres queridos en tierra, sino también una forma de vida que hoy ni se entiende ni nos esforzamos en entender.


Gran hito
            Pero la vida sigue. El sol sigue saliendo todos los días, y de una forma u otra sigue habiendo futuro. Y el nuestro inmediato es despedirnos de todo este plantel de montes, de todo este escenario del que hemos participado unos minutos, y poner proa al descenso. Un descenso que se realiza exactamente por el mismo itinerario, de modo que no mucho más que contar. El mismo sendero, las mismas cabras, el mismo paisaje, los mismos árboles… pero todo al revés. Volvemos a Pedruel, rodeado de verdor, tras haber recorrido 16,3 km, en poco más de 6 horas de tiempo total, del que 4h 50’ han sido en movimiento, para salvar en torno a 1.470 metros de D+. Ya tenemos todas las joyas de esta corona… y ellas a nosotros.





martes, 3 de mayo de 2016

El Camino del Cielo y Cubilillo Os Fils

IXOS MONS
VÍAS FERRATAS
El Camino del Cielo
Ferrata Cubilillo Os Fils
Sábado, 30 de abril de 2014


            Algo tendrá el agua cuando la bendicen, dicen. Algo tendrá esta tierra cuando tan a menudo venimos últimamente, decimos. Hoy traemos a nuevos adeptos a la ferrata de Cubilillo en Os Fils, para que degusten su verticalidad, para que degusten sus amplios espacios y sus lejanos horizontes, sólo rasgados por los mallos, esos fenómenos de la naturaleza que por más que los contemplamos no dejan de sorprendernos. Ha dado un giro inesperado el tiempo. Ayer calor, y hoy fresco y mucho viento, lo que lo eleva a categoría de frío. Para que no falte nadie a la cita, ha estado gran parte de la noche lloviendo, de modo que no sabemos cómo nos vamos a encontrar la vía.


Mallo Firé y sus cinco puntas
            Riglos. Nueve y media de la mañana, apenas doce grados, pero con un viento de norte para chuparse los dedos. Toda la mañana por delante. Vía ferrata relativamente corta. Al refugio. Un buen café con leche o chocolate, según gustos, para entrar en calor y saborear esa torta de Ayerbe con la que Blanca y Javier nos obsequian. Se impone dejar pasar un poco el tiempo para que la pared sea un poco más amable con nosotros. Decidimos tratar al viento de tú y comprobar de primera mano cuán machote está hoy y con cuántas ganicas baja por el circo. Decidimos, pues, hacer el Camino del Cielo, y de regreso encararnos ya por el barranco de la Mota hacia Os Fils, para hacer la ferrata.


Siempre en buena compañía
            Y dicho y hecho. Enfrentándonos con el frío viento y al amor de un sol que nos va haciendo guiños según le dejan las nubes, nos dirigimos hacia el circo para dejarnos engullir por su empinada senda dirección a ese collado que la divide, marchando un ramal a La Peña. Nosotros a lo nuestro. Enseguida se va tomando altura, lo que permite ampliar el horizonte. La vista del sinuoso río Gállego, enmarcado entre el Firé y el Pisón, es singular. La horizontalidad del río, entre la verticalidad de los mallos, encierra toda una gran simbología.

            
Los mallos grandes
            En la subida coincidimos con un numeroso grupo de Madrid que nos dificulta un tanto la marcha, pero del que vamos pasando unidades poco a poco hasta llegar ya al puerto, donde son atraídos por el mirador de Espinabla, de forma que podemos bajar ya a nuestro ritmo. El viento sigue siendo fuerte, y más por estos altos. En el descenso, un nuevo mirador nos sorprende, con vistas entre la trasera del mallo Colorado y el mallo del Agua, el más oriental de los llamados grandes. Seguimos bajando por la sinuosa senda hasta incorporarnos al GR 1, habiéndonos costado algo menos de dos horas esta espectacular vuelta.

Camino a la vía
            Una vez en el GR 1, que coincide este tramo con el Camino Natural de la Hoya de Huesca, recorremos hasta dar con la entrada a la senda que nos dirige al mallo Os Fils, cuyo nombre deriva del castellano “hojas”, llamado así por la forma que tienen al estar compuestos por una alternancia de materiales duros y blandos, más erosionados estos. A  pie de vía, nos equipamos y vamos subiendo, disfrutando del vertical ascenso, del implacable viento, y del sol, que va ya entrando en la pared.



Chimenea
            Es una vía en la que convive la equipación de dos generaciones. Por un lado, está cosida de viejas clavijas, posteriormente completadas con alguna grapa, y la sirga. Un primer tramo vertical nos da paso a una pequeña plataforma en la que poder agruparse si se desea. A continuación, una chimenea, más vertical si cabe, nos aúpa a una senda parcialmente equipada de sirga, que nos arrima de nuevo a la pared. A mano izquierda, dirección barranco, una estrecha cornisa, sin equipación, nos anima a asomarnos para ampliar las vistas, que en ocasiones hemos hecho, pero que hoy, con la enorme fuerza del viento no nos fiamos.


               De nuevo en la pared, en la vertical pared, para continuar el ascenso, que en unos pocos diferenciados tramos nos lleva hasta su final, junto a una alambrada, donde se termina la equipación. Estamos ya debajo del mirador de los Buitres, y sólo resta alcanzarlo por empinada senda, por la que hay que transitar con cuidado. Una vez alcanzado, en ocasiones también hemos disfrutado del lugar y de sus vistas. Hoy, el frente se ha metido con fuerza, y el fortísimo viento hace muy incómodo el estar, de modo que foto y rápido para abajo.


En el descenso
            Hay que recorrer la parte alta de este mallo, ocupada por la típica vegetación de monte, en plena floración, tomillos, romeros, aliagas, todo el monte es suyo… y nuestro. Dirección norte, para tomar ya el estrecho y vertiginoso sendero que va dando la vuelta al mallo para situarnos en un lugar ya de riesgo, pero equipado de nuevo con sirga, que nos acompaña hasta el pequeño paso hasta la peña Don Justo. Luego una vertical escalera metálica nos va engullendo para ir perdiendo altura y salir definitivamente al sendero que nos conduce al camino, no sin antes fatear en esa chimenea que se presta a ello.


            Al estar protegidos por la vegetación no se siente el viento, pero no ha amainado, porque justo a nuestro paso tronza un pino, dirigiendo su seco porte en dirección contraria a la nuestra, que de no ser así, ni el casco nos hubiera salvado. Una vez fuera, ya sí es buen lugar para despojarse de todo el equipo. Ya relajaditos, nos dirigimos hacia el pueblo para terminar esta completa jornada alrededor de una buena mesa, como merece la ocasión y la compañía.


domingo, 1 de mayo de 2016

Bujaruelo, con Chema García

IXOS MONS
Bujaruelo
Jueves, 28 de abril de 2016



            Los Pirineos, un paraíso que alberga verdaderos tesoros de los tres grandes reinos de la existencia, el mineral, el vegetal y el animal. Los Pirineos, último reducto meridional de los glaciares europeos. Los Pirineos, pequeña cordillera, pero gran escenario para un auténtico disfrute en muy diversas disciplinas, que exige un mínimo de conocimientos para hacerles frente. Sí, pero no sólo aptitudes, sino actitudes, porque la montaña, como ser vivo, también merece nuestro respeto, como ser vivo también está sujeto a cambios de humor, como ser vivo también tiene su lado amable y sus recovecos, sus hostilidades, sus secretos, que aunque nos empeñemos en desvelar, será mejor asumir que son cosas suyas, pero que hay que tener en cuenta.


            Esa montaña que, como ser vivo necesita de su alimento, que lo obtiene del sol, de la luz, del agua y del aire. Pero también de los seres que la habitan, que con su equilibrio con el medio contribuyen a esa armonía. Y de las risas, y de los gozos, y del agradecimiento del ser humano cuando obtiene lo que busca. Da. Da mucho, pero también se cobra. Ocasionalmente, la mala praxis o la fatalidad hacen que no todos los que salgan a ella vuelvan. Siempre ha sido un misterio ese comportamiento, lo sigue siendo, y mucho tienen que cambiar las cosas en esta relación para conocerlo a futuro. Es saludable que entre los seres queridos se comparta todo, pero siempre hay pequeños espacios, pequeños resquicios de libertad, en los que cada uno guarda celosamente su espacio. La montaña también los tiene, y a veces es grande, muy grande su tributo.

imagen de ordesa.net

            Estamos viviendo unas jornadas, especialmente familiares y amigos, críticas, desesperadas, porque el tiempo siempre juega en contra en estos casos. El sábado 23, Chema García salió en solitario del refugio de Bujaruelo para dar un paseo por el río Ara, en dirección a sus fuentes, o al menos eso es lo que dejó dicho antes de salir. Sigue estando en situación de desaparecido. Desde entonces, familia y amigos han puesto en marcha una gran ola de solidaridad, que como un tsunami ha movido esos resortes que los montañeros tenemos de entrega y ayuda allí donde haga falta prestarla cada uno con su voluntad y limitaciones a la hora de moverse por la montaña.



Salto del Carpín
            Una de esas llamadas a la colaboración, ha sido atendida por un nutrido grupo de Os Andarines d’Aragón, al que nos hemos adherido sin importarnos el cambio de planes, pues inicialmente se iba a visitar el Arco de Piedrafita, esa singular formación geológica en las faldas de la Partacua, que los caprichos del binomio erosión y tiempo nos han dejado para deleite de los sentidos. Pues centrándonos ya no en lo que no fue sino en lo que sí fue, y con el ánimo de poder echar una mano en ese rastreo recalamos en el puente de los Navarros.

Subiendo a la vera del Ara
            Nuestra aportación era la de subir por la pista de Bujaruelo hasta el puente de Santa Elena y continuar por el sendero del GR 11 hasta San Nicolás, bajando por la pista. Desde hace unos días se han incorporado a la búsqueda numerosos grupos de rescate, de la Guardia Civil de Montaña, de la UME, Protección Civil, forestales... que han establecido el mando único para la coordinación de las labores de búsqueda. Es por eso, que momentos antes de iniciar el camino se presenta un voluntario diciendo que en varios viajes de coche nos van a ir subiendo a San Nicolás, para ser controlados y distribuidos por el mando, de modo que vamos acompañando al río hasta que vamos siendo recogidos todos. Una vez allí, nos dividimos por grupos y nos asignan zonas y un efectivo de los grupos profesionales de rescate.


            En nuestro caso, bajamos con dos grupos por el GR 11 hacia el puente de Santa Elena, que aunque es la dirección contraria a la anunciada, tras los primeros días de búsqueda por los lugares evidentes, hay que ampliar el radio de acción. A pesar del mal tiempo anunciado, la mañana está radiante, con unas nubes que ponen su nota de color y de frescor en el cielo azul. La montaña está verdaderamente exultante, la humedad acumulada en los estertores del invierno y comienzos de esta primavera le confieren un aspecto que excede a los sentidos. Pero todo ello se ve ensombrecido por la pesadumbre de nuestra tarea.

Saliendo al puente de Santa Elena
            Vamos circulando despacio por el sendero, prestos a cualquier aspecto anómalo de él y sus alrededores, aprovechando sus ensanches para ensancharnos con él, aprovechando sus asomes al río para asomarnos al río con él, aprovechando sus recovecos para preguntar sin recibir respuestas, participando de ese nudo en la garganta de familiares y amigos. Un recorrido que viene a costar no más de una hora, nos cuesta más del doble. Llegamos al puente de Santa Elena y coincidimos con otro grupo que vuelve del tramo de GR 11 que baja al puente de los Navarros. Eso de que baja es un decir, porque comienza por un fuerte ascenso hasta encaramarse a una plataforma, en la margen derecha del río. También se suman los grupos que han estado rastreando de San Nicolás hacia arriba. Todo el grupo unido ya, bajamos al puente de los Navarros en busca del bus, dando por terminado este breve pero intenso tiempo compartido con la búsqueda y la desesperación.


            Antes de concluir estas líneas ha saltado la fatal noticia de que Víctor Martín, miembro de la UME ha entregado su vida en esas labores de búsqueda, al precipitarse por un barranco de 40 metros, según las informaciones. Nuestro más hondo sentimiento de solidaridad y cariño también por esta pérdida irreparable, y mucha fuerza y que no decaiga la ilusión por un pronto hallazgo de Chema García.

 
imagen de heraldo.es


domingo, 24 de abril de 2016

8ª Marcha por La Galliguera, el Reino de los Mallos

ANDADAS
8ª Marcha por La Galliguera
Sábado, 23 de abril de 2016


            Día del patrón, santo patrón dicen algunos. Hagamos Aragón. Aragón, tierra de gran riqueza medioambiental y paisajística. Aragón, tierra de grandes espacios, de cielos abiertos. Aragón, tierra de llanos y montañas. Aragón es nuestra tierra, y de la que estamos muy orgullosos. Si subes de la depresión del Ebro hacia la cordillera pirenaica, antes de llegar a ella, encontramos unas formaciones, llamadas Sierras Exteriores. Algunas, muy peculiares, Riglos, Rueba, Agüero, ahí están, enhiestas, altivas, soberbias, muy seguras de sí mismas, esas peñas, mirando al infinito con sus ojos de piedra y sus pies regados por un río donde se reflejan. Un río que vertebra el territorio, y que desembalsado se torna juguetón, alegre, vivaracho, enredón con barcazas y nabatas, al margen de lo que le depare el futuro.


            Quince andarines del Club Atletismo Jaca llegamos a Agüero convocados por esta 8ª Marcha por La Galliguera. La Peña Sola está menos sola. Mañana fresca, despejada, valiente, que nos arremolina en la plaza, que nos reúne en torno a un tente en pie para salir ya con la energía que exigen los próximos 22 kilómetros, con la energía que exigen las próximas 5 horas. Palabras de bienvenida, últimas recomendaciones y… al turrón.


            La salida por las calles del pueblo nos muestra bellos y pacientes rincones. Enseguida al monte, a por un sendero que pronto se empina buscando los nortes. Sierras calladas. Las alturas nos van ampliando el horizonte, un horizonte nevado en dirección al Moncayo. Sin reblar seguimos en serpenteante caminar hasta el collado de Punta Común, que nos descubre unos espacios realmente bellos. La mañana no ha levantado todavía el algodonoso manto de cobertoras nubes que cubre el fondo de los valles. Nosotros, felices por encima, como las puntas de los mallos de Riglos, ya desperezadas.


            Sólo nos resta bajar del todo. Ermita de San Chinés, que convierte la senda en pista, hasta la carretera a la altura de la entrada a Carcavilla, donde tras ocho kilómetros, encontramos el primer avituallamiento. Cruzamos el Gállego y por camino diverso llegamos hasta el cauce de ese canfranero que se crece en su pasado, no se resiste a su presente y reivindica su futuro. Junto a las vías dejamos nuestros mejores deseos. Por definido sendero, robado a las rocas en algún tramo, nuestra vista se va distrayendo haciendo tirabuzones con el espacio, con el viento, con la luz, con el río que mece a las barcazas. La Ruta del Carburo se vuelve a emparejar con la elevada vía del tren, desde donde caían esos restos de carbón que vamos pisando.

            
            Riglos nos acoge como siempre, con gentes colgadas que se contornean por sus caminos verticales, caminos de piedra, de conglomerados, robados a los lejanos fondos marinos. Segundo avituallamiento, y seguimos. Salimos del pueblo por entre centenarios, quizá milenarios olivos, donde se cobija el viento, que esconden los secretos del tiempo en sus retorcidos pliegues, que no vieron las casas pero vieron el sol, que no vieron las vías pero vieron el aire, el río, lo que amamantó a todo ello, a ellos también. Ilusión de plantarlos, ilusión de verlos crecer, ilusión de ordeñar sus preciados frutos, como la ilusión que lleva este grupo circulando por el Camino Natural de la Hoya de Huesca camino de volver a cruzar el río por el puente vibratorio, que en sus dos piezas se mece a nuestro paso.


            Enfilamos ya la llegada a Murillo de Gállego, que también tienen sus peñas, las de Rueba, aunque mallos no los llamen, porque tan vistosos no son, pero ahí están, reflejados también en ese río que de las Galias trae las aguas y el nombre. Tercer avituallamiento y empinadas calles. Saliendo de ellas nos incorporamos a la calzada medieval, y tras de ella, por el canto de unos campos que contagian su alegría entre oliveras y almendreras, llegamos a salir a la carretera, que pisamos unas decenas de metros, y siguiendo por las señales del Camino Natural de la Hoya de Huesca, entramos en ese Agüero que nos vio salir y ahora llegar.


            Alargadas mesas cubiertas de blanco satén de celulosa, dispuestas para los comensales, que poco a poco nos vamos arrimando al amor de la comida que ha visto el paso del tiempo. Breve sobremesa y cada mochuelo a su olivo. Otra jornada más, pasada en armonía, por estos montes, que un día fueron reino, reino de batallas y pugnas por recuperar lo que era suyo, reino que en su devenir ha ido destilando esas esencias que sólo con los ojos abiertos de dentro se pueden captar, reino que plantados vieron a estos mallos que le dieron nombre. Para nosotros, también un verdadero placer el recorrer estos 21,6 km en 5h 10’ de tiempo total, del que 4h 35’ ha sido en movimiento, con un desnivel acumulado en torno a los 1.200 metros. Hoy, los andarines del Club Atletismo Jaca hemos reinado en estas montañas.