miércoles, 14 de enero de 2015

Albarún, entre dos aguas

IXOS MONS
Albarún (1.551 m)
Domingo, 11 de enero de 2015


            No nos vamos a dejar amedrentar por un amago. ¡Que viene el lobo! ¡Que viene el lobo! Tantas veces ha venido ya, y era un cordero disfrazado. Pues hoy no vamos a hacer caso, vamos a guardar la atención para otra ocasión que pinte peor, porque claro, en un potaje de buenos garbanzos, por uno malo que salga no se va a estropear el cocido, o por lo menos, no se lo vamos a permitir. O al menos, lo que sí vamos a hacer es no ponérselo fácil, de modo que en lugar de ir por donde parece que va a llegar el flequillo de este despeinao, vamos a tomar un poco de perspectiva, para verlo de lejos. En definitiva, que no nos quedamos en casa, pero un poco sí que nos guardamos.

            Nuestro objetivo de hoy, la sierra de Baraguás, y más concretamente su máxima cota, el Albarún, visitado recientemente en una mañana de locuras trotonas. Este cordal, paralelo al eje pirenaico, orienta su paco a La Garcipollera y sus valles interiores, y su solana a la divisoria de cuencas de la Balancha, a todo ese espacio que rinde bien al Gállego, bien al Aragón, y que alberga varios núcleos rurales repartidos también entre  Sabiñánigo y Jaca.

Rincones de Villanovilla
            Elegimos subir por el paco, por la cara norte, y lo hacemos desde Villanovilla, único pueblo vivo de este valle de La Garcipollera, que ve pasar las aguas del río Ijuez sin verlas, con ojos que miran sin mirar, hundidos en su agonía; con resecas lágrimas sin llorar, lágrimas de dolor, de rabia; con la palabra en la boca, con la despedida en los brazos; con un corazón ajado, con un coraje vestido de pino repoblado, uniformado, que retiene unas tierras sin pastar, unos pastos sin rumiar; en una memoria que sí que recuerda. Aún recuerda. Había que hacer un pantano… y se hizo. Había que abandonar unos pueblos… y se abandonaron. Había que echar a unas gentes… y se echaron. Y había que sacrificar a todo un valle para que sus aguas no arrastraran sedimentos y colapsaran al coloso… y lo hicieron. Pues todo eso, aun siendo mucho, aún es poco. A vueltas andan queriendo subir más y más ese criminal muro de cemento que se está comiendo tres veces ya su presupuesto, dividiendo territorios, dividiendo gentes, dividiendo sensibilidades. Pero claro, cuando no se tienen…

Albergue
            Por dónde íbamos. Ah, sí, por Villanovilla. Aunque no se consiga tras generación y media ya, para muchas gentes de la montaña, la década de los sesenta del siglo pasado fue para olvidar. Bergosa, Bescós, Yosa, Villanovilla, Acín, Larrosa, Cenarbe, y no sé si nos dejamos alguno de este valle y contiguos, fueron desalojados. Sus gentes marcharon, sus chamineras apagaron, y sus muros cayeron. Todos vendieron. Todos, excepto Villanovilla, que a pesar de quedar despoblado, los dueños mantuvieron sus propiedades, lo que les ha permitido desde hace ya unos años el eludir los tediosos y eternos trámites de reversión y volver. Volver a sus tierras, volver a sus casas, o a lo que eran, y rehacerlas, siendo un vivo ejemplo de tenacidad y de supervivencia. A la nada lo condenaron, y de la nada ha surgido. Ya lo siento, me he vuelto a perder.

Alfombra acristalada
            De Villanovilla pues, salimos en una mañana algo despistada porque se siente maltratada por ese cambio de tiempo anunciado. Con lo a gustito que estaban estas mañanas con nosotros, cómo viene ésta de alborotada. Pasamos de puntillas el pueblo, y seguimos por la pista, que recorre el barranco de Fenils, que aún conserva algún tramo helado… y bien helado. Tras unas cuantas vueltas y revueltas, llegamos al collado de Las Candeleras, donde seguimos por la pista que va coronando la sierra. Hasta aquí poco más de una hora. Justo enfrente, sale la que baja hacia Baraguás.

Camino a la cumbre
            Aunque sigue el fuerte viento, al salir al sol el ambiente se caldea. Vamos pellizcando esta loma, con vista a dos aguas, y por duras rampas vamos en dirección poniente decididamente hacia nuestro objetivo de hoy. Pasamos por La Contienda, una amplia explanada con restos de un antiguo yacimiento de gas, y seguimos hasta alcanzar el Albarún, que con sus 1.551 metros de altitud, es la cima de esta sierra. Cuarenta minutos más desde el collado. Una cima ésta que se ha vuelto más amable, porque hasta hace un tiempo era muy celosa, no permitía que tuvieras ojos para otras, sólo para sí, ahí estaba, siempre metida en sus asuntos, sin comunicación con ninguna otra. Unas limpias forestales la han sacado de su pertinaz autismo, y ahora sí, ahora se sube con mejor gana, porque aunque sea a ella a quien visitas, aunque sea ella la protagonista, ya admite actores secundarios.

Aire, agua, tierra, sol. Turbulencias
            Un cuarto de hora es lo que estamos, lo que nos cuesta echar un bocao al cuerpo. No da para más el mal tiempo que vemos encerrado en los puertos del norte, unos lobos que vemos acechando ahí y que alargan hasta nosotros sus zarpas. Marrón lo tenemos, pero parece que para pocas horas. Con las mismas, pues, emprendemos el regreso exactamente por el mismo sitio, y en lo que se refiere hasta la llegada al collado, con más motivo. Y no es uno, sino varios. Varios son los valientes hombres con escopetas, apostados, esperando a que otros, o los perros, no sé cómo va esto, les echen sus esperados trofeos de caza. –“No os salgáis del camino”, dicen. No, desde luego. Al llegar al collado vemos un engañoso cartel de aviso de las batidas, que comienzan a las 8 de la mañana. Y decimos engañoso, porque a las 9:35 que hemos pasado de subida, no estaba. Sí, habéis entendido bien. Yo, cazador, vengo a la hora que se me canta, pongo el cartel indicando que desde las 8, y si hay alguien ya dentro del campo de tiro, con decirle que no se salga del camino… Ellos estaban a la espera desde el solano, y nosotros bajábamos hacia el paco… y si hubiésemos coincidido?… O es que igualseguimos en los tiempos de aquél que decía aquello de que “… la calle es mía…”, pero también el monte, y con escopetas. Una pena.


            En fin, que después de calentarnos con los pueblos por un lado, y con esta gente por el otro, llegamos a dar con los huesos de nuevo en Villanovilla, que bien vale una visita por sus calles para contemplar sus arregladas casas, porque sí, nos hemos calentado, pero no nos hemos cansado. Han sido 15,5 km en 3h 45’ de actividad, de los que 3h10’ han sido en movimiento, para salvar 750 metros de desnivel, con más de 900 acumulados, en una mañana de transición, en una mañana de sentimientos encontrados.



  

domingo, 11 de enero de 2015

Punta Espata

IXOS MONS
Punta Espata (2.202 m)
Sábado, 10 de enero de 2015



            De nuevo en el monte, para saborear este nuevo año que comienza, y hacerlo en un pico menor, pero no por eso menos importante, que todos lo son. Muy próximo al macizo de la Collarada, tiene unas vistas privilegiadas sobre esta sierra que languidece en su intimidad, sobre esta sierra que no sabe si va hacia el invierno o retrocede hacia el otoño, sobre esta sierra que ve, que siente, el desacuerdo entre su reloj biológico y los blancos jirones que pretendidamente la adornan, pero que apenas lo consiguen.

Fuente del Paco
            El anticiclón está a gusto entre nosotros, y el agradable buen tiempo que nos proporciona va en contra de lo que la tierra demanda, que es frío y nieve. Por nuestra parte, y ya que no lo podemos evitar, nos aprovechamos de él para auparnos a la Punta Espata o Pico a Ralla, que altiva se yergue para ser vista desde Villanúa. Es en esta localidad de donde salimos, dejando el vehículo junto al puente del barranco de Bozuelo, justo en el arranque del sendero que nos sube a la fuente del Paco por un bosque que no disimula su despiste por este tiempo fuera de tiempo.

Refugio del cubilar
            Tras unas duras rampas, el camino se suaviza y en silencio nos permite el paso por esa fuente a los pies de un refugio forestal. Frías aguas, como de su nombre se desprende, que dejamos correr mientras continuamos nuestra marcha hasta el puente, que permite a la pista volver hacia Villanúa. En este punto, nosotros seguimos abrazados a la margen izquierda del barranco para cruzarlo en poco y continuar por un bien definido sendero que va ganando altura por el seno del bosque. Un bosque salpicado por algún claro que almacena todavía esa nieve que de forma testimonial se mantiene todavía.

La cima al alcance de la mano
            En hora y media larga llegamos a dar con la pista en una amplia curva cuyo exterior alberga el refugio del cubilar, que nos marca la continuidad de nuestro camino, ya que seguimos junto al barranco. Y lo hacemos con el collado de Marañán o Espata enfrente, hasta que los árboles que tenemos a nuestra derecha nos dejan paso por una ladera herbosa de indefinido camino, alcanzando una plataforma desde la que vamos obteniendo la recompensa del esfuerzo. Las vistas sobre Villanúa al fondo del valle del Aragón. Sobre este punto, y siguiendo con las amplias zetas que nos permiten mantener el resuello, giramos bruscamente hacia el este, encaminándonos ya con decisión hacia el collado de Bacún, que a la derecha (S) nos daría paso hacia ese pico, y que a la izquierda (N) nos lo da a nuestro objetivo.


Últimas rampas
            La empinada pero amable tasca da paso a la más incómoda piedra, inevitable para alcanzar la cima de Punta Espata, también llamada Pico a Ralla, porque aunque su apariencia desde el valle principal sea la de una cima piramidal, hace ya tiempo que nos ha mostrado su realidad, que no es un punto cimero, sino una ralla, una pequeña sierra, naturalmente  con su punto más elevado a 2.202 metros, que alberga una curiosa imagen de hierro silueteado que representa la calidez de hogar y la ternura de una madre alargando la mano a su hijo. Hay que llegar hasta aquí para verlo, y es lo que hemos hecho al cabo de tres horas de ascensión, que desde luego han merecido la pena. Auparse hasta aquí para contemplar lo que su vista nos ofrece no tiene precio. El extraordinario macizo calcáreo de Collarada, con esta cima principal, Collaradeta, Somolas… con unas entrañas labradas por el agua y el tiempo, que albergan un sistema kárstico en el que la tradición oral sitúa el hogar de las güixas y sus aquelarres.

La madre encumbrada a lo más alto
            El arco norte, algo más alejado, está ocupado por los desafiantes Estiviellas, Lecherines, Aspe y sus Llenas, Berneras… y hasta Bisaurín y Agüerri quieren salir en la foto. Por el sur, nuestra vista se recrea contemplando las suaves lomas de Bacún y Letas, el Oturia, la Oroel, San Juan de la Peña… y los menos próximos Moncayo y Urbión. En el este próximo, el tajo para que el Aurín lleve apresuradamente sus aguas hacia el siempre humeante Sabiñánigo. Al otro lado de ese tajo da comienzo otra extraordinaria sierra, la Partacua, con sus innumerables cimas a cual más bella.

         Una vez despedidos de todos y cada uno de ellos, iniciamos el descenso, que hacemos por el mismo itinerario de subida hasta el cubilar, desde donde continuamos por la pista hasta tomar el camino Viejo de Collarada, que burlándola nos deja ya próximos a ese puente que cruza el barranco debajo de ese otro que lo salva para permitir que el canfranero llegue a destino.

            Seis horas de actividad, de las que más de cuatro y media han sido en movimiento, para cubrir unos 17 km, salvando 1.200 metros de desnivel, que se han convertido en más de 1.300 acumulados, en una mañana extraordinaria en lo meteorológico, pero fuera de calendario.




Las fotos, en: https://picasaweb.google.com/chematapia/PuntaEspata2202M


miércoles, 7 de enero de 2015

Puerto Viejo y Besata en Blanco y Negro

MONS CON NIEU
Puerto Viejo y Besata
en Blanco y Negro
Jueves, 1 y Sábado, 3
de enero de 2015


            Sí, de blanco y negro nos hemos vestido hoy para visitar este magnífico lugar. Montes bilingües, montes con unas vistas privilegiadas sobre Candanchú, sobre Astún, montes con paco y solana, aunque por la noche no hay pacos ni solanas, por la noche todos los gatos son pardos. La noche. La noche sobrecoge, y nos hemos colado en ella de puntillas, con raquetas, pero de puntillas, un nutrido grupo de amigos mayencos para disfrutar de sus luces y sombras. Nos hemos paseado de su mano por estos puertos fronterizos saboreando sus pliegues, saboreando su negra figura, cual negativo de las antiguas películas, porque hemos querido ver lo que ella ve, sentir lo que ella siente… y lo hemos conseguido. Selene nunca defrauda.

Vista desde la estación
            Un par de días antes, a pleno sol, nos damos una vuelta por este circuito que la estación de Somport marca por estos montes. Y lo delimita muy bien para dejar reservada una zona de Refugio Invernal de Fauna Salvaje, que trata de proteger al urogallo en esta zona del Parque Nacional de los Pirineos de Francia. No olvidemos que esta ruta de estos dos días va dando la vuelta a unos montes cuyas laderas se asoman a ambas vertientes. Y hemos querido venir previamente para ver de alargar algún bucle para hacerla más atractiva.


            Es el sol, es la luz, la que pone en contacto nuestras miradas con el paisaje, un paisaje sensible, mutante, que cambia a lo largo del día, y no digamos nada de la noche. Pasear por la noche, vestido de nácar, por los montes, es algo difícil de describir. Hay que vivirlo, hay que experimentarlo, y desde aquí animamos a hacerlo… en verano, en invierno, en cualquier época. Por montañas, por valles, junto a lagos… es extraordinario.

Progresando en la oscuridad
            En esta nocturna, nos hemos juntado 17 personas dispuestas a disfrutar de esta primera salida del año, que tradicionalmente hacemos con raquetas vestidos de noche, vestidos de luna. Nueve de la noche. Ella la encontramos ya un tanto subidita, pero vamos a su encuentro, o al menos eso nos parece en esa primera rampa, en la que casi la alcanzamos. Cuando ya parece que se tranquiliza, la cuesta, decimos, llegamos a una zona de iglús, muy próxima al punto donde se abre y cierra esta circular. Seguimos hacia el SE para remontar otro pequeño collado. Estamos en Puerto Viejo, y damos vista ya a Astún y sus montes, que ya están pisteados por esos profesionales de la retrac que disponen la nieve para que el relente de la noche haga su trabajo.

Descorchando el nuevo año
            Ya en tierra hispana, y cuando una reata de pinos nos lo permite, se nos abre la vista hacia Candanchú, donde vemos la misma estampa, pero más cercana. Luces que suben y bajan por las laderas, que anticipan un ruidoso trabajar que altera la paz de la noche. Nos acercamos al campo militar de tiro, que rodeamos para sacar algunos cientos de metros más, incorporándonos de nuevo al camino, hasta posicionarnos debajo del monte cuya vertiente francesa alberga el circuito de esquí nórdico de Somport, concretamente el azul. Lo acometemos a cuchillo, llegando hasta las mesas de madera, donde hacemos un alto para contemplar lo que la noche muestra, que es poco y mucho a la vez.

            Diagonal hasta el collado de Besata para volver ya hacia la estación, concluyendo estas dos horas y media de auténtico disfrute entre amigos, en un espacio tan distinto al diurno que parece otro. Y ya, al filo de la media noche, los turrones, polvorones, riojanitos, cavas y moscateles ponen el broche final a esta, no sé si decir, jornada, o noche entre jornadas, en esta muy buena forma de comenzar otro montañero año, que a todos recomendamos.





sábado, 27 de diciembre de 2014

El invierno del Bozo

A TUCAS ALBARS
Collado del Bozo (1.995 m)
Sábado, 27 de diciembre de 2014


         Hay días que más valdría quedarse en casa, pero como hay que entrenar de todo, pues eso, que aquí estamos, de nuevo en las montañas, en una mañana que no nos ha ofrecido su cara más amable precisamente. Ya no se puede decir que no haya venido el invierno, porque en los puertos sí que lo ha hecho, y así queríamos verlos, altos, espesos, con ventiscas que no te dejan ni abrir los ojos para ver las nieblas que celosamente guardan las bellas imágenes de verdes pastos de otro tiempo. Aletargados montes, encogidos, replegados en sus cosas, intratables.

Intratable Mistresa
            Hoy queríamos haber subido a ver uno de los ibones que está en riesgo de serlo, en riesgo de colmatarse. Un ibón pequeño, tímido, humilde, pero agradecido cuando se le visita. Un ibón que no llegó tarde al reparto de nombres. Ibón de Puerto Viejo le llaman. ¿A que es bonito? Pues así es él. Pero no ha habido pitera ni para subir a la Plana Mistresa, esa que tanto juego da a Bisaurín y Bernera. Completamente enmarronao el tema. Más limpio el collado del Bozo, y allí que vamos.

Dolmen de Lizara
            Visita obligada al dolmen de Lizara. Cuatro mil años viendo pasar a gente, mil más, mil menos, y no se cansa. Sus constructores tampoco eligieron mal sitio, no. Tomamos el sendero marcado rojiblanco, que no es otro que el GR 11.1, una variante del original que pasa por estos valles, y lo seguimos hasta el mismísimo collado. Pierde no hay, a pesar de estar el camino nevado y las señales medio tapadas.

Pisando fuerte
            La lluvia con la que hemos salido del refugio, conforme vamos subiendo, se va tornando nieve, nieve fina y seca, que el fuerte viento disfruta azotándola en la cara. Y para fuerte viento llegando al collado. Como unos 50 metros de desnivel por debajo ya se hacen notar unas ráfagas imposibles, que le erigen como el rey de los montes, al menos por hoy. No lo duda, ni lo hace dudar, con arrojo, con determinación, con autoridad, dobla el espacio para coger impulso y soplar más fuerte. En el collado nos agarramos a él, y aun así nos tambalea. No pensábamos que le iba a sentar tan mal esta visita. Pero no se lo tenemos en cuenta, si está de mal humor ya volveremos en mejor momento.

            Y poco más, con las mismas para abajo, que sigue nevando y endureciéndose a medida que cae. Dos horas cuarenta de invierno del bueno, con dos quince en movimiento, para hacer los 7 km que tiene el recorrido de ida y vuelta, haciendo casi 600 metros de desnivel acumulado. Y como decía el amigo Javier… tarde de brasero. De hecho hoy había alerta amarilla… que por aquí ha sido marrón.


  
Las fotos, en: https://picasaweb.google.com/chematapia/ElInviernoDelBozo

viernes, 26 de diciembre de 2014

De caco por Rapitán y Albarún

ENTRENOS
Rapitán (1.087 m)
y Albarún (1.551 m)
Jueves, 25 de diciembre de 2014



            Deben ser cosas del amor. Hay días en los que te levantas con un pensamiento fijo en la cabeza, y aunque se interpongan cosas en el camino, es tan fuerte que se abre paso con una facilidad asombrosa. Y eso está bien, verdad? Lo malo es que te arrastra, es que se te lleva, es que aunque no tengas ganas, no importa, él va a lo suyo, pone en movimiento a todo el cuerpo de una forma tal que ni uno mismo sería capaz. Lo que son los pensamientos, eh? Sí, será el amor. El amor por las montañas lo que lo provoca. Llevan ahí un lío entre los dos que hay que temerse lo peor cuando se enzarzan.

            Pues sí, hoy ha sido uno de esos días, en los que quieras o no quieras, hay alguien, algo, que hace planes por uno, y hete aquí que hoy nos hemos levantado con la idea fija de visitar el Albarún, que con sus 1.551 metros de altitud, es la mayor cota de la sierra de Baraguás, esa cuyas faldas reparte entre la Balancha al sur y la Garcipollera al norte; esa, creemos ya curada de las heridas de gaseoprospecciones de hace décadas, y cuya vegetación se va ya abriendo paso por ambas vertientes. Una vegetación que llegó a asfixiar a esta humilde cumbre, pero que con las recientes limpias respira Pirineo… como nosotros, que hemos ido a comprobarlo.


Jaca y Oroel.. Oroel y Jaca
            Bien, salimos directamente de casa, y para ir calentando nos subimos a Rapitán por ese sendero que va burlando la sinuosa carretera. Un sendero que discurre entre pinos y robles, que van dando los buenos días a esta nueva jornada, de las primeras en alargar. Una vez llegados al fuerte, la parada es obligatoria para admirar el llamado Campo de Jaca, donde el río Aragón hace un codo y comienza ya tímidamente a despedirse de tierras a las que da nombre, para volver sobre ellas de la mano ya, confundido ya, con las aguas de su padre Ebro. Una Jaca que ha sabido crecer a la sombra del Monte Oroel, como dice su himno. Oroel y Jaca, un binomio indestructible en el tiempo desde que se creó.

Cielos de Sabiñánigo
            Abandonamos estas espectaculares vistas para por su lado oeste rodear el fuerte. Una nueva visión nos aguarda, quizá la más salvaje, quizá la más hermosa, quizá la más auténtica, la de los montes que hacen frontera orográfica entre una vertiente sur, la nuestra, más cálida y seca, y la francesa norte más húmeda y fresca. Unos montes, estos, huérfanos, que languidecen entre un otoño que se fue y un invierno que no ha venido. Sin padre ni madre, tristes, escurridos, casi desnudos, con el alma encogida, aguardando quién los apadrine para que les traiga sus mejores trajes blancos, inmaculados, con los que protegerse del frío invierno.                   Este espacio ha sido para no describir ese esperpento de edificio por el que pasamos, y sus antenas anejas, que evitamos por un mal trazado sendero que mira al norte, y que nos deja en ese mirador que los viejos del lugar van amueblando poco a poco para eso, para mirar, para admirar ese norte.

Gran norte
            Confluimos con el sendero de este bosque tan especial, por el que siempre pasamos casi, casi, conteniendo la respiración. Asomados ya a la vertiente oriental, el barranco de Refinaruelo se abre a nuestra vista. Al otro lado, Ipas, luchando por sobrevivir. Bajamos hasta el fondo y nos incorporamos a la pista que nos lleva hasta el collado, por el que podríamos bajar por la loma de Claraco, pero no, seguimos por nuestra derecha. Hora cincuenta hasta aquí. Este tramo es de lo más húmedo y frío. Barranco de la Selva y de Fusata, los dos cruzamos antes de llegar a la entrada del sendero que nos lleva directos a Bergosa. Pero no, tampoco vamos por ahí. Seguimos por la pista, que se empina hasta llegar a un collado donde se abre de nuevo la vista al gran norte.

Llegando a cumbre
            Brusco giro a la derecha y empinada cuesta de nuevo. Muy empinada. Soleada, hasta que la pista se mete de nuevo en el bosque para rodear la cima, que se ha visto muy cercana, pero que la pasamos de largo para eso, para rodearla. Nos deja en la pista que pellizcando la loma de esta sierra viene de la Contienda, una de esas explanadas gasopetroleras, y antes de Villanovilla en la vertiente de Garcipollera y de Baraguás, en la solana de la Balancha. Otra durísima pendiente, pero corta, eso sí, para alcanzar ya la cima. Una cima agradecida porque la generosa limpia forestal la ha dejado respirar y admirar el entorno. Al norte, el Campo de Jaca, dominado por el barco varado de Oroel; al oeste el valle del Aragón; y al norte esa divisoria que viene de lejos y se va lejos, cuyo centro visual, la Collarada, se yergue orgullosa reivindicando su espacio.

A partir de aquí, caminos imposibles
            Mediodía de reloj. Bocado y trago. Y a desandar lo andado. Las duras rampas de subida se hacen rápidas bajando. En llegando al cruce de donde veníamos, seguimos rectos. La idea es llegarnos hasta Bergosa. En una brusca revuelta de la pista hacia la derecha, vemos que sale una recta más estrecha, como recién limpia también. La seguimos, y por un sendero muy indefinido, entre tocones de bojes, nos lleva a su fin, estando rodeados de este arbusto y de pinos. Antes de echar marcha atrás miramos el mapa del GPS y nos dice que estamos en un camino. Nos metemos por entre la maleza, que cada vez se cierra más, se cierra más, se cierra más… haciendo casi imposible el paso hasta para los bichos. Pero el GPS insiste, y nosotros también, claro, no vamos a ser menos, especialmente al ver que nos dejará en uno mejor.



            Y así es. Y ¿cuál es ese mejor? Pues el que está encima de Bergosa, yendo a salir justo a tomar contacto visual con este viejo enclave, abandonado igual que lo fueron los cuatro pueblos de la Garcipollera. Lo atravesamos y bajamos ya por el sendero habitual, que nos lleva hasta el canal, y puente Torrijos. Ya en el Camino de Santiago, no tenemos más que seguirlo hasta Jaca.

            La emboscada nos ha hecho perder como media hora. Así y con todo, nos han salido 24,6 km, que hemos recorrido en cuatro horas y media, de las que cuatro han sido de actividad. Los 750 metros de desnivel máximo, con tanto subir y bajar han sacado como 1.400 de desnivel acumulado. Un verdadero rompepiernas. Pues eso, celebrando la Navidad en el monte. Poco bien… 






Capricornio evolutivo

CAPRICORNIO evolutivo
21.dic.14 23.03

20.ene.15 09:43
(hora solar)


            Comenzamos invierno con un signo de tierra, concretamente de cuevas, de grutas, de lugares oscuros, íntimos, en la naturaleza y en el interior de cada ser. Sitios en los que ha de tener lugar ese recogimiento y esa germinación de nuevas esperanzas. Como venimos haciendo, tras definir con sendas frases sus arquetipos involutivo y evolutivo, pasamos a dar unas pinceladas de lo más destacado atendiendo al nivel de evolución del individuo.



            El Arquetipo Involutivo es: “rija la ambición y sea abierta la puerta de par en par”, por el que el individuo entrará por la puerta abierta de la encarnación a la esfera de la experiencia terrestre, sumergiéndose en lo más denso de lo material. El Arquetipo Evolutivo es: “estoy perdido en la luz suprema, sin embargo, vuelvo la espalda a esa luz”, descubriendo la  inutilidad de toda satisfacción terrena, y despegándose de todo, le alcanza un impulso imperioso para ir en pos de la impersonalidad, por lo que llegará a prestar un servicio a la humanidad.

            El Tipo Inferior de Capricornio es un alma muy joven, y su inseguridad le hace ir por caminos trillados, convencionales, apegándose a las costumbres, a las rutinas, a no correr riesgos. Con ambiciones, pero ahogadas por su miedo al fracaso, debido a su falta de confianza. Conformado con vida y trabajo tranquilos. Servil, con bloqueos afectivos. Apático, difícil de motivar. Codicioso y avaro con sus bienes. Incapaz de una entrega amorosa. Mentalidad rígida, dogmática y convencional. Duro de ánimo, insensible ante las necesidades de los demás; posesivo, manipulador para su propio beneficio. Frustrado personal y profesionalmente, iracundo, irónico, cortante. Excesivo y mal encaminado desarrollo mental, en desequilibrio con escasos sentimientos positivos.

            El Tipo Medio de Capricornio es emprendedor y ambicioso, que siempre lucha por superarse a sí mismo en todos los aspectos, con grandes metas, como la seguridad, la posición social, y la autoridad que le confiere el poder. Orgulloso, le gusta sentirse importante, agradándole la fama, la notoriedad, el prestigio. De vida independiente, no gusta de excesivos lazos con los demás porque piensa que le frenan en la consecución de sus objetivos. Se fija en las grandes palancas, descuidando las pequeñas cosas. Entregado a su vida profesional, donde se muestra trepa para llegar a lo más alto. Muy activo y trabajador, de una gran determinación y confianza en sí mismo, con paciente serenidad para superar los obstáculos, que lo hace con previsión, premeditación, lucidez, fría reflexión y habilidad para las relaciones. Tiene control sobre las emociones para que no le aparten de sus objetivos, que le lanzan a sentirse elitista. Busca pareja estable, pero eficiente y con cualidades prácticas que estén a su altura. Responsable y diligente, fiel a los lazos familiares y comprometido con su palabra.

            El Tipo Superior de Capricornio, va teniendo ya desapego debido a la consciencia de la inutilidad de cualquier satisfacción terrena, tomando el camino del desprendimiento y entrega. Gradualmente va adquiriendo la ambición espiritual y el deseo por la liberación, tendentes a la elevación moral y espiritual, a la contemplación y meditación. No tiene otra meta en la vida que la de prestar un servicio de consagración a los demás, entregándose a una gran obra sobre áridas pendientes que conducen a cimas luminosas. Sólo desprendiéndose de la arrogancia, alcanza la humildad, que le permite ofrecer su corazón y su vida al servicio de la humanidad, permitiéndole de ese modo cruzar la puerta de la Iniciación, confiándole los secretos de la Vida, una información impartida por los verdaderos Iniciados

            Bien amig@s. Así son ell@s y así hay que quererl@s. Muchas felicidades a l@s Capricornio y que este tránsito os sea propicio a tod@s vosotr@s.


                 
                El orto del sol al comienzo y final de Capricornio, es (hora solar):
21 de diciembre                 amanece 07:34
21 de enero                       anochece 17:18


                Las lunas de este mes de Capricornio, son (hora solar):
·         Nueva, en Capricornio                 Lunes, 22 de diciembre, a la 01:37
·         Creciente, en Aries                      Domingo, 28 de diciembre, a las 18:33
·         Llena, en Cancer                         Lunes, 5 de enero, a las 04:54
·         Menguante, en Libra                   Martes, 13 de enero, a las 09:48

Entradas relacionadas:

Fuente del texto: Apuntes extractados de Antroponomía y Vitacultura
Imágenes: Extraídas de diversas web



domingo, 21 de diciembre de 2014

Belén Popular CP Mayencos Oroel 2014

IXOS MONS
Belén Popular Oroel 2014
CP Mayencos
Domingo, 21 de diciembre de 2014



            En una mañana que no sabía muy bien si iba o venía, un año más, y ya van muchos… ¿de verdad queréis saberlo?, pues unos treinta y cinco, que se cumple la tradición belenista de aupar el portal hasta las faldas de la Cruz de la Peña Oroel. Y eso es lo que hemos hecho un numeroso grupo de buena gente de Jaca, socios y simpatizantes del CP Mayencos, pasar una buena mañana de monte en nuestra peña más querida.

Llegando a la cresta cimera
            A las nueve de la mañana nos damos cita en el Parador. Entre los asistentes, tres de los primeros portadores de este belén, podríamos decir que de los fundadores de la tradición, Fernando Val, Germán Lanaspa y Ángel Mesado, que junto con Miguel Ángel Pardo, el 29 de diciembre de 1968, en segundo intento, en medio de un ambiente totalmente invernal y a 15/20º bajo cero, consiguieron subirlo a la Collarada. Hoy, de manga corta, cuarenta y seis años más tarde todavía lo rememoran.

La galliguera duerme bajo las nieblas
            Encuentro de varias generaciones, cada uno subimos a nuestro paso, hasta que al cabo de hora y media vamos llegando ya a la Cruz. El día luce sus mejores galas. El arco norte con afilados picos en los que se escurre la poca nieve que les queda; a nuestros pies, la Balancha, ocupada por una Jaca cuyos oídos aún se le llenan de batallas liberadoras a lomos de la historia. Por parte del arco sur, sus montes peleando por sobresalir por encima de unas bonitas nieblas que cubren los fondos de los valles. Norte y sur, este y oeste, hoy sí que han venido todos a la cita. Ninguno falta, ninguno. Hasta los más lejanos, Moncayo y Picos de Urbión. Ninguno se ha querido perder esta cita, todos quieren estar presentes.

Camino del Portal
            Sí, ahí están meciéndose en esta extraordinaria mañana que no entiende de calendarios, y se nos ha colado de rondón. Y se lo agradecemos, cómo no, pero les pedimos a los montes, como activos operadores que son en esto del clima, que algo más podrían hacer para que venga el invierno y se instale entre nosotros durante los próximos meses.

            Alargamos el paso hasta la misma punta oeste, desde donde contemplamos la peña hermana, que junto con ésta forman el Paisaje Protegido de San Juan de la Peña y Monte Oroel, tierras levantiscas, rojos conglomerados donde se cobija el viento de estos valles, y donde la tradición popular ha puesto su mirada para albergar santos y vírgenes basculando en lo sobrenatural creencias, esperanzas, ilusiones, incapaces de ser albergadas en lo natural de la vida cotidiana.

Belén Popular de Oroel
            Felicitaciones, parabienes, de la mano de mazapanes y demás frutos de la época, regados con cava y vermut, son la antesala de una pequeña ceremonia de conmemoración con lecturas de la Palabra. Cantos, villancicos, medio cantos y medio villancicos, ponen el broche final a esta celebración festiva entre amigos. De vuelta, algunos optamos por recorrer toda la sierra, llegándonos hasta la punta Bacials, pasando por la punta de Sora, que con la Cruz, componen las tres cimas de esta peña. La bajada la hacemos por la senda que lleva a la curva 13, desde donde terminamos ya el descenso hasta el Parador, al que llegamos en torno a las dos de la tarde.


            Desde el CP Mayencos, queremos agradecer su asistencia a quienes nos han acompañado, socios, amigos, amigos de amigos, y que han colaborado a pasar una extraordinaria mañana de monte cumpliendo con la tradición. Especialmente a los andarines del CA Jaca, que hoy han querido hacer confluir sus caminos con los nuestros.