domingo, 21 de diciembre de 2014

Belén Popular CP Mayencos Oroel 2014

IXOS MONS
Belén Popular Oroel 2014
CP Mayencos
Domingo, 21 de diciembre de 2014



            En una mañana que no sabía muy bien si iba o venía, un año más, y ya van muchos… ¿de verdad queréis saberlo?, pues unos treinta y cinco, que se cumple la tradición belenista de aupar el portal hasta las faldas de la Cruz de la Peña Oroel. Y eso es lo que hemos hecho un numeroso grupo de buena gente de Jaca, socios y simpatizantes del CP Mayencos, pasar una buena mañana de monte en nuestra peña más querida.

Llegando a la cresta cimera
            A las nueve de la mañana nos damos cita en el Parador. Entre los asistentes, tres de los primeros portadores de este belén, podríamos decir que de los fundadores de la tradición, Fernando Val, Germán Lanaspa y Ángel Mesado, que junto con Miguel Ángel Pardo, el 29 de diciembre de 1968, en segundo intento, en medio de un ambiente totalmente invernal y a 15/20º bajo cero, consiguieron subirlo a la Collarada. Hoy, de manga corta, cuarenta y seis años más tarde todavía lo rememoran.

La galliguera duerme bajo las nieblas
            Encuentro de varias generaciones, cada uno subimos a nuestro paso, hasta que al cabo de hora y media vamos llegando ya a la Cruz. El día luce sus mejores galas. El arco norte con afilados picos en los que se escurre la poca nieve que les queda; a nuestros pies, la Balancha, ocupada por una Jaca cuyos oídos aún se le llenan de batallas liberadoras a lomos de la historia. Por parte del arco sur, sus montes peleando por sobresalir por encima de unas bonitas nieblas que cubren los fondos de los valles. Norte y sur, este y oeste, hoy sí que han venido todos a la cita. Ninguno falta, ninguno. Hasta los más lejanos, Moncayo y Picos de Urbión. Ninguno se ha querido perder esta cita, todos quieren estar presentes.

Camino del Portal
            Sí, ahí están meciéndose en esta extraordinaria mañana que no entiende de calendarios, y se nos ha colado de rondón. Y se lo agradecemos, cómo no, pero les pedimos a los montes, como activos operadores que son en esto del clima, que algo más podrían hacer para que venga el invierno y se instale entre nosotros durante los próximos meses.

            Alargamos el paso hasta la misma punta oeste, desde donde contemplamos la peña hermana, que junto con ésta forman el Paisaje Protegido de San Juan de la Peña y Monte Oroel, tierras levantiscas, rojos conglomerados donde se cobija el viento de estos valles, y donde la tradición popular ha puesto su mirada para albergar santos y vírgenes basculando en lo sobrenatural creencias, esperanzas, ilusiones, incapaces de ser albergadas en lo natural de la vida cotidiana.

Belén Popular de Oroel
            Felicitaciones, parabienes, de la mano de mazapanes y demás frutos de la época, regados con cava y vermut, son la antesala de una pequeña ceremonia de conmemoración con lecturas de la Palabra. Cantos, villancicos, medio cantos y medio villancicos, ponen el broche final a esta celebración festiva entre amigos. De vuelta, algunos optamos por recorrer toda la sierra, llegándonos hasta la punta Bacials, pasando por la punta de Sora, que con la Cruz, componen las tres cimas de esta peña. La bajada la hacemos por la senda que lleva a la curva 13, desde donde terminamos ya el descenso hasta el Parador, al que llegamos en torno a las dos de la tarde.


            Desde el CP Mayencos, queremos agradecer su asistencia a quienes nos han acompañado, socios, amigos, amigos de amigos, y que han colaborado a pasar una extraordinaria mañana de monte cumpliendo con la tradición. Especialmente a los andarines del CA Jaca, que hoy han querido hacer confluir sus caminos con los nuestros.
  


martes, 16 de diciembre de 2014

Jerarquía y Navidad

¡FELIZ NAVIDAD!
Martes, 16 de diciembre de 2014



            Un punto de vista un poco extraño, ¿verdad?, este de querer maridar la Jerarquía con la Navidad. Sí, parece un tanto desenfocado, un ángulo distinto, de cualquier forma. ¿Cómo asociaremos la frialdad de la jerarquía con la calidez de la Navidad? Vamos a intentarlo. Empezaremos hablando de justicia, porque lo es el reconocer que todas las civilizaciones, todas las épocas, especialmente las más oscuras han tenido su faro, su iniciado, ese ser que sin necesidad de encarnar en este mundo lo ha hecho para beneficio de la humanidad del momento… y del lugar. Tenemos muchos ejemplos de ello a lo largo de los últimos milenios. También es sabido que mientras que la esencia permanece, las formas caducan. 

            Sí, a lo largo de la historia de la humanidad ha habido civilizaciones sucesivas, que han nacido, crecido, mantenido su esplendor, corrompido y extinguido. También se puede aplicar a la actual occidental nuestra; sin duda. Pero precisamente porque la esencia ha de pervivir, ha habido grandes maestros, grandes iniciados, que han encarnado en cualquiera de ellas portando esa esencia, esa sabiduría, ese conocimiento que adaptado a los tiempos ha sido dado a los humanos como herramienta para continuar con su evolución. Sabiduría y conocimiento que han sido transmitidos de forma presencial y que han sido recogidos en “documentos”, bien de forma personal o a través de sus más fieles seguidores.

            Un buen ejemplo de ello lo tenemos en Hermes Trismegisto, Gran Maestro, que en su Tabla Esmeralda dejó plasmados en la civilización helena los conocimientos que debían ser salvados de la egipcia en su extinción. Mucho se ha escrito sobre este personaje, visto de diferentes formas a lo largo de los tiempos. Pero no nos queremos extender en ello. Solamente queremos destacar uno de los principios de su mensaje, que es el de que “Lo que es arriba es abajo y lo que es abajo es arriba”. Y eso nos habla de dos planos fundamentales en la existencia, el material y el inmaterial, el puramente físico y el de las energías que lo sustenta.

            ¿Y por qué queremos hablar de ello? Porque queremos hacerlo de la Navidad. Se habla de los inventos del ser humano. Por nuestra parte, consideramos que el ser humano no inventa nada. Está todo inventado. Lo que hace el ser humano es descubrir, que no es otra que adaptar cualquier cosa de esas que ya están inventadas, para su propio provecho, con buenas o no tan buenas intenciones. Y para ello, muchas veces necesita de estructuras. Y también eso está inventado. Todas las que el ser humano ha ido creando para su desarrollo, para su organización, son un fiel reflejo de las ya existentes en los planos superiores, y en el conjunto de la Naturaleza.

            En los planos físicos, materiales, que el ser humano conoce en este planeta, existen esas jerarquías, que no hemos inventado y que están ahí, y que ya estaban ahí, creadas por la Inteligencia Cósmica para el buen desarrollo de la Vida y de las especies. Lo vemos en el mundo mineral. Hay piedras grandes y pequeñas. Para que el reino mineral pueda ser absorbido por el vegetal, su inmediato seguidor, tiene que ser pulverizado, hecho tierra. En el vegetal también tenemos distintos grados de evolución, también tenemos unas especies supeditadas a otras. Igualmente, podemos ver algunas formas de jerarquía en el animal; sólo hemos de pensar en cómo se organizan algunas de las especies superiores para protegerse, para cazar, para mantener las manadas, para el sustento de la vida, en definitiva; sin olvidar el claro y bello ejemplo de insectos como las abejas. Todo se rige, pues, por una estructura de jerarquía. Todos los individuos son conscientes de su papel y lo cumplen, y en las ocasiones en las que lo transgreden, es la Ley de la Naturaleza la que pesa sobre ellos.

            ¿De dónde viene tanta sabiduría? Es de la Jerarquía creada por esa Inteligencia Cósmica para el desarrollo de la Vida, y lo podemos ver en ese Gran Libro de la Naturaleza Viviente, que refleja el Gran Invento de la Creación. En las esferas superiores, existe, por tanto, y según la Tabla Esmeralda de Hermes Trismegisto, esa misma jerarquía. En nuestra cultura judeo-cristiana está plasmada en las estructuras angelicales, ya descritas en el Árbol Sefirótico a través de los símbolos cabalísticos, y que han llegado hasta nuestros días con las figuras de los llamados ángeles, arcángeles, principados, potestades, virtudes, dominaciones, tronos, querubines y serafines. Nos parezca infantil o no, no deja de ser una forma de expresar esa jerarquía, ese camino a recorrer, esa evolución a la que el ser humano está “condenado” y a la que debe aspirar. Sí, lo que es arriba es abajo y lo que es abajo es arriba.


            Se dice que el origen de la Creación fue el Verbo, ese pensamiento dirigido, hablado, manifestado, ordenado. Hoy en día, entendemos como verbo ese elemento gramatical que denota acción, que conjugándose de muy diversas maneras, tiene la virtud de abarcar pasado, presente y futuro, pero que tiene también una forma muy especial, y es la del imperativo. Ese “hágase”, a través del que se fue materializando ese pensamiento primigenio. La tradición cuenta que el mundo (léase el Cosmos), fue creado en siete días. Siete eones de tiempo, inconclusos todavía, a través de los cuales la evolución lleva su camino. Y lo primero que se creó fue la Luz, porque sin ella nada podría haberse creado anteriormente, y la que, por tanto, ya existía cuando se han ido creando el resto de elementos. Esto nos lleva a la idea de que todo existe en la Luz y por la Luz. En ese “invento” de la Creación, ha sido asignada a la Luz la tarea, la inmensa tarea de alumbrar todo, de acoger todo. Hablamos del Principio Crístico. Y aquí entroncamos con nuestra tradición de la Navidad.  

            Antes hablábamos de que a lo largo de la historia de la humanidad ha habido seres, grandes seres, que sin necesidad para sí de encarnar, se han ocupado de transmitir esa esencia, de que no se perdiera esa Luz en la conciencia colectiva. Estamos hablando, por tanto, de una mutación, de un traspaso, de un paso… de una Pascua, en definitiva. Estamos hablando de ese Sagrado Oficio de transmitir esa esencia desde una forma que se extingue a otra que renace. Lo que alrededor de eso ha ido construyendo el ser humano para beneficio propio no nos corresponde juzgar. Lo que se ha querido ir transmitiendo y cómo, y lo que no se ha querido ir transmitiendo, es algo de lo que los que se han ido erigiendo padres de los distintos movimientos, de los distintos mensajes, tendrán de responsabilidad y por tanto, responder por ello. Lo que sí nos interesa destacar es el hecho objetivo de la existencia de esa Pascua, que con mayores o menores dimensiones está instalada en nuestras vidas.

           Sí, todos sabemos que la vida es cíclica, que hay día y noche, y una pascua, un paso entre ellos. Que hay estaciones, y una pascua, un paso entre ellas. Un juego de palabras que nos lleva a la actual definición y empleo del término pascua en la actualidad. Se habla de la Pascua de Pentecostés, en la que la tradición judía celebra la entrega de las Tablas de la Ley. Se habla de la Pascua Judía, conmemorando esa liberación de la esclavitud de Egipto. Se habla de Pascua en Semana Santa. Se habla de Pascua en Navidad. Ahí estamos. Esa pascua, ese paso, ese cambio de estación que se produce en estas fechas, cuando el sol agota su tránsito por Sagitario, y “pasa” a Capricornio, el primer signo de invierno, y no por casualidad cuando los días, cuando la luz, comienzan a crecer .

            Ese triunfo de la Luz sobre la Oscuridad está representado, en nuestra tradición más cercana, por la llegada de Jesús, ese hombre revestido de la Luz, revestido del Principio Crístico, ese Jesucristo, ese Jesús el Cristo, que vino a encarnar esa Pascua, esa transmisión de conocimiento, de sabiduría, de esencia en definitiva, entre una civilización y otra. Fue nuevamente el Cristo, como en tantas y tantas ocasiones anteriormente, el encargado de materializar una Pascua de esencia de una forma a otra.



            Bien, amig@s, a lo largo de nuestra vida vamos encarando nuevas formas, y así debe ser, porque la materia está condenada a su permanente revisión, pero también debemos tener esa Luz para saber discernir lo que es la Esencia, esa que nunca debe mutar, esa que siempre debe pervivir, y a la que nos debemos aferrar para el buen transcurso de nuestra evolución. Esos son los mejores deseos que podemos ofrecer para esta Pascua, para esta NAVIDAD. Que sepamos “enchufarnos” a esa renovación cósmica que se produce estos días y que nos hagamos merecedores de todos nuestros mejores deseos para el año que comienza.


Imágenes extraidas de diversas Web


domingo, 14 de diciembre de 2014

Belén Montañero en el Mesola

A TUCAS ALBARS
Mesola (2.177 m)
Sábado, 13 de diciembre de 2014



            Unos cielos grises, plomizos se atisban en el horizonte que vamos a conquistar. Horizontes rasgados por montañas que como pliegues del terreno, como pliegues del tiempo, se alzaron hace tiempo para provecho y delicia del ser humano. Unas montañas en las que ha encontrado protección, paz, asueto y modo de vida. Y nosotros, ¿qué buscamos en ellas? Son los cuatro puntos cardinales. Son los cuatro elementos de la materia. Son donde se asientan los cuatro reinos de la vida de este planeta. Y en esos pliegues nos queremos deslizar, precisamente en busca de esa regeneración que de ellas emana y que nos impulsa a mejorarnos y mejorar nuestro entorno. Todo. Todo queremos buscar.

Cielos desde Mesola
            Unos cielos grises, decíamos, quizá dictados, quizá guiados, por esas predicciones que desde hace una semana nos aconsejaban quedarnos en casa, en el confort del hogar. Pero lo que no saben esas predicciones es que las montañas también son nuestro hogar, y a ellas acudimos en busca de ese otro confort, de esas sensaciones que como a ellas, y junto a ellas, nos hacen volar. Hoy toca visitar de nuevo al Mesola, punto culminante de la Sierra de la Estiva, que se alza entre los valles de Aragüés del Puerto y Aísa, y cuyo cordal emerge desafiante desde sus dos cabeceras, Lizara y la bicéfala Napazal/Rigüelo, hacia un sur más amable, dejando atrás unos espléndidos circos asentados bajo la protección de otro cordal. Superior cordal, perpendicular cordal, que tiene en Bisaurín, Fetás, Bernera, Llena del Bozo, Llena de la Garganta y Aspe sus máximas expresiones.

Nuestro objetivo
            Y como casi siempre, confiamos en el tiempo, que raramente nos defrauda, porque es una confianza mutua, recíproca. Hay veces que nos tratamos de igual a igual, y por eso nos hace un guiño y nos obsequia con una tregua que nos permite acercarnos más a él y visitar las montañas. En esta ocasión, siguiendo la tradición del Club, aupamos el Belén Montañero hasta esa cima del Mesola, rodeada por un mar de belleza, por unos espacios abiertos, donde los sarrios campan a sus anchas, porque también es su casa; donde los leonados buitres campan a sus anchas, porque también es su casa. Y donde gran parte de la vida hiberna, a la espera de la cíclica bonanza. Donde el aire purificado se nos echa encima conforme vamos subiendo y subiendo.

Empinadas cuestas de arranque
            Nueve componentes del Club Pirineísta Mayencos nos hemos reunido en esta ocasión para no dejar solo a este monte. Nada más dejar los coches a pie de carretera, un empinado, y a veces, muy empinado, tramo de bosque nos lleva a unas zetas más asumibles. Es una trocha de saca de madera, que ante su inactividad en esos oficios, va tomando venganza y se va vistiendo de tupido paso, cobrando lo que es suyo, haciendo el bosque más bosque. Media hora acompañando a los pinos en su estancia y salimos a un claro presidido por un refugio forestal sin posibilidades de ejercer. Está cerrado. Aquí ya vamos recogiendo el fruto de los casi trescientos metros de desnivel que llevamos. Este claro ya nos permite tener unas vistas sobre los grandes del circo, y sobre las tierras bajas, presididas por nuestra Peña Oroel.



Los hombres de las montañas
            Claros como éste, y otros menores que también están al abrigo, acogen unos corros de nieve prieta, dura, que hemos de atravesar para continuar nuestro camino. Cruzamos algún barranco, y nos metemos en el tramo más bonito de todo el itinerario. Un sereno sendero por entre el bosque que finalmente nos desampara para comenzar las zetas finales y nevadas hasta el siguiente refugio, el llamado Mallata de Petrito, situado junto a una gran raya de terreno que hace de atalaya asomándose sobre este circo bicéfalo que constituye la cabecera del valle de Aísa, donde las ocultas aguas de estos calcáreos macizos ven la luz y fueron bautizadas como Estarrún por los hombres de antaño.

Bisaurín, el rey de Lizara
            Algunas cimas están intratables, pero por más que se escondan las reconocemos, igual que lo hacen ellas con nosotros. Contemplación y bocado. Primeros copos de nieve, que de forma furtiva se intercalan entre nosotros. Y para que corra la voz entre ellos, les decimos que no nos van a intimidar. Nos quedan trescientos metros de desnivel. Seguimos, y lo hacemos por una incómoda ladera donde las piedras quieren reinar, pero que no lo consiguen del todo. Una incómoda ladera que sin senderos muy definidos, vamos amansando diseñando amplias lazadas.

Cordal y Llenas
            En menos de dos horas y media llegamos a esta cumbre, orgullosa de serlo, y que se ve amueblada por un acomodo semicircular de piedras que algo indica. Liviana protección, pero protección al fin y al cabo, de la furia de los vientos. Y es ahí donde colocamos ese portal, al abrigo de las nortadas, y encarado hacia el que pondremos el próximo domingo en la Peña Oroel, estableciendo de ese modo, y como todos los años, un eje de nacimiento, un eje de regeneración, un eje de resurgir entre nuestro emblemático monte y otro elegido en el entorno pirenaico. Un eje para el que las montañas siempre están dispuestas.



Bajando
            Unas montañas que no entienden de navidades, pero sí de ciclos biológicos, de las que forman parte. En unos días, el sol dejará su tránsito por Sagitario y comenzará el de Capricornio, inaugurando así el invierno. Un signo de tierra, un signo que ampara las grutas, las cuevas, también el simbólico establo que estamos colocando, los mundos ocultos como los que no podemos ver, pero que intuimos, bajo las calcáreas moles que tenemos delante, donde las destiladas aguas se preparan para su salida al mundo. Unas montañas que, sin embargo, se notan tristes, un poco contrariadas, porque se han visto desprovistas del manto nivoso con el que se habían ido adornando estos días. El fiero viento se lo ha ido llevando, pero las queremos igual. Para nosotros siempre están estupendas.

Buen marco para una foto
            Y un poco tristes también nosotros, porque es momento de abandonar este lugar. Y lo hacemos algo pasado el mediodía, desandando lo andado hasta el refugio de abajo, donde algunas castigadas rodillas dictan bajar por el sendero en busca de la amplitud de la pista, y donde las prisas de otros dictan hacerlo por el itinerario de subida, que el eslalon por entre los pinos consigue que lo hagamos en la mitad de tiempo.

            En el registro de hoy han salido poco más de 8 kilómetros, recorridos en 4h 45’ de tiempo total, con 2h 55’ de actividad. Poca tregua nos ha dado el terreno, de los 820 metros de desnivel, hemos hecho en torno a 880 acumulados. Una buena mañana entre amigos.
  



martes, 9 de diciembre de 2014

A lomos de la Sierra de Angelé

IXOS MONS
Sierra de Angelé (1.340 m)
Sábado, 6 de diciembre de 2014



            Sigue el tiempo invernal por la muga pirenaica. Hoy elegimos tierras más bajas para nuestras andanzas. Sí, casi mejor ver de lejos ese ambiente que impregna la divisoria, envolviendo a las cumbres y los valles en ese aspecto de pocos amigos. Hoy nos damos una vuelta por la Sierra de Angelé, que como todas las sierras tiene dos caras, dos faldas, situando los pies de una en el Valle del Aragón, y la otra en el del Lubierre, habitado por un único núcleo de población, Borau, a donde llegan todavía las esencias históricas que emanan de San Adrián de Sásabe, que tantos y tantos secretos guarda todavía entre sus muros, donde sus antiguos moradores…

San Adrián de Sásabe
(románicoaragonés.com)
            Hacemos punto y aparte porque el corto relato de hoy nos va a permitir cebarnos un poco con nuestra historia. Situado en la confluencia de los barrancos Calcil y Lupán, que dan nacimiento al Lubierre, la hoy ermita es de lo poco que queda de un antiguo monasterio del siglo X, sede de obispos anteriores a la conquista de Jaca. Sede catedralicia que lo fue, y que fundó el obispo Ferriolo, en los inicios de las campañas de las reconquistas impulsadas desde el reino de Navarra. También se sabe que albergó el Santo Grial antes de su traslado a Jaca y San Juan de la Peña. Junto con los monasterios de San Pedro de Siresa y de Ciella (desaparecido, a la entrada del Valle de Ansó), formaba un eje como de punta de lanza con la finalidad de ir organizando los territorios conquistados en sus respectivos valles, estando a cargo de canónigos agustinos tal labor. Éstas y otras muchas cosas, podéis encontrar en la Web del maestro Antonio García Omedes, gran divulgador del románico aragonés: http://www.romanicoaragones.com/0-Jacetania/50-Sasave.htm


Marrón por las alturas
            Pero vamos a lo nuestro, que una mañana así bien vale una vuelta por esta sierra. Salimos desde el campo de fútbol de Castiello, con la pechugada que supone cruzar todo el casco urbano hasta la parte alta, donde está la parroquial. Seguimos por la cabañera, y lo hacemos hasta encontrarnos con el desvío para dejarla y tomar el GR 15, que en diagonal nos sube hasta el mismo cuello de Borau. Los primeros compases son algo incómodos por el profundo surco que origina la erosión del agua, pero pronto dan paso a terreno más cómodo, culminando con un tramo casi llano de verdadero disfrute, con muy buen piso y escoltados de pinos y bojes.

Toboganes de Angelé
            Estamos ya a 1.140 metros, en una privilegiada atalaya sobre el Valle del Aragón, una depresión del terreno que los glaciares fueron modelando a los pies del macizo de la Collarada, máxima expresión de la comarca de La Jacetania. También tenemos vistas sobre el valle aledaño del Lubierre, donde se asienta Borau, con su Sásabe a pocos metros por encima. Por ancha pista, que ya alberga nieve, vamos transitando por auténticos toboganes, hasta dar con el desvío que nos bajará de nuevo hasta Castiello.

En las ruinas de San Bartolomé
            Tras echar un bocado vamos haciendo por el bosque los mismos dibujos que hace la pista. En media hora, dejando ya el bosque atrás, pasamos por la entrada a la ermita de San Bartolomé, a la que nos llegamos para dar vuelta. Apenas las cuatro paredes en pie a media altura, pero eso sí, con el ábside bien patente, como todas de su género. El siglo XII fue arquitectónicamente fértil por estos valles. Y poco más, ya de cara al valle, soportando los airados vientos de puerto seguimos bajando hasta dar con un atajo en forma de sendero, que nos ahorra unas vueltas de pista y nos mete en uno de los barrios de la población.

            Hemos hecho 11,9 km, en 2h 45’ de tiempo total, de los que 2h 25’ han sido de actividad. De los 500 metros de desnivel, han salido unos 550 acumulados. Bueno, pues otra mañana de monte.




domingo, 7 de diciembre de 2014

De venteo por el Mesola

A TUCAS ALBARS
Mesola (2.177 m)
Viernes, 5 de diciembre de 2014



         El otoño vino tímidamente, y tímidamente se fue. Poco duró. Sin embargo el invierno ha venido sin llamar a la puerta pirenaica. A ver si le gustan estos lares y se queda entre nosotros para unos meses. Sería lo deseable. En semana y media vamos a subir el Belén Montañero del CP Mayencos al pico Mesola, que con sus 2.177 metros de altitud es la máxima expresión de esta sierra de la Estiva, que perpendicular al eje principal, separa, o une, según se mire, vierte aguas en definitiva hacia el valle de Aragüés del Puerto y al de Napazal, en la cabecera del de Aísa. Y esas aguas, que van tomando forma, poco a poco, se incorporan al Osia y al Estarrún, ambos directa o indirectamente hijos del Aragón.

El paisaje se va vistiendo de invierno
            Decimos que es la mayor altura de esta divisoria, que además tiene el Bozo, Napazal y Petrito por el norte, y el Cucuruzuelo por el sur. Si quisiéramos recorrerlos todos, lo más interesante es comenzar desde el collado del Bozo, accediendo desde Lizara, y apearnos de ella por Jasa. Es lo que hemos hecho en alguna ocasión. Pero hoy vamos a hacer algo diferente, vamos a subir pegados al barranco de Sibiscal, en el valle de Aísa, a poco más de un kilómetro antes de llegar a su cabecera.

Saliendo del bosque
            Conforme vamos subiendo por el valle, vamos viendo el enorme marrón en el que están sumidos los montes de la divisoria. Aspe y Llenas por un lado, y Rigüelo y Lecherines por otro. Esperemos que no se mueva mucho de ahí. Desde luego, el de los recortables se ha entretenido esta noche cambiando de vestidos. De cualquier modo, se presume viento en las alturas. Mucho viento. La hermosa cascada de Sibiscal nos da la bienvenida en la entrada al Parque Natural de los Valles Occidentales, y a 1,3 km dejamos el vehículo para tomar una pista que sale a la izquierda. Allí mismo vemos un hito a mano derecha, como sugiriendo un sendero. Seguimos por la pista, y en una pronunciada curva a la derecha, encontramos en el codo una señal de los senderos del parque indicando “Senda de Sibiscal a Petrito”. Continuamos, y a poco más de otro kilómetro en total, y muy poco antes de que se termine, se toma un mal definido sendero a mano derecha, que por entre campas te va subiendo hasta la entrada al bosque. Un bosque solitario que creemos agradece nuestra presencia. También nosotros la suya.

Mallata de Petrito
            A los cuarenta minutos salimos a una campa, al final de la cual encontramos el primer refugio. Refugio forestal. Inútil refugio forestal, cerrado con llave. Seguimos por el bosque, por sendero poco definido y con tímidos hitos que vamos reforzando. Un claro del bosque nos deja ver un horizonte cercano, nevado, rasgado por la silueta del segundo refugio, al que hemos de llegar. Es la mallata de Petrito. Cruzamos el barranco de Bozarruego, y ya fuera del bosque, por una tasca invernando bajo las primeras nieves, en un par de zetas lo alcanzamos. Echamos un bocado en previsión de que arriba se muestre más hostil. Y bien que hacemos.


Llegando a cumbre
            Los poco más de trescientos metros de desnivel que nos separan de la cima los hacemos sin noción de sendero alguno y por un terreno en el que sólo las grandes piedras descuellan sobre la nieve ayudadas por el fuerte viento. Una manada de sarrios se ve sorprendida con nuestra presencia y tras contemplar nuestra ascensión durante unos breves momentos, se da a la fuga de forma envidiable. En cuarenta minutos, y sin la ayuda del viento, más bien al contrario, alcanzamos la cumbre. Fortísimas rachas nos hacen tambalear. El auténtico disfrute que supone desde aquí ver todo el cordal que se extiende desde Peña Forca hasta Lecherines, pasando por Agüerri, Bisaurín, Fetás, Bernera, Llenas, Aspe y Rigüelo, se torna un auténtico martirio de viento y ventisca que apenas nos deja abrir los ojos.

Rincón de Rigüelo
            Once y cuarto de la mañana. Esto no da más de sí. Hay que emprender el descenso, y lo hacemos hasta la mallata de Petrito pasando por la raya de encima, para tener la mayor panorámica, que no es mucha, sobre este doble circo hoy ocupado por este frente que nos enseña sus garras. Cuando no quiere, no quiere, y es por demás insistir. Seguimos bajando. Nos metemos en el bosque y alcanzamos el refugio forestal de abajo, y la campa que tiene a sus pies. Desde aquí, en lugar de continuar por el itinerario de subida, continuamos emboscados buscando un sendero que se tira hacia el E, y que pronto nos lleva a una vieja saca de madera, muy vestida, pero que se nos antoja nos va a evitar la pista del comienzo, como así es, yendo a salir justo a ese gran hito del arranque.


            De bajada, ya en el vehículo, paramos en la cascada de Sibiscal, para comprobar si sale algún sendero que nos suba a la pista. Lo hay, lo seguimos, y amanecemos en la carretera. Faltaría más exploración para ver su continuidad, que seguro que la tiene. Sin contar todas estas idas y venidas, han sido 8,9 km lo de hoy, con 830 metros de desnivel máximo han salido en torno a 920 acumulados. Le hemos metido 3h 55’, de las que 3h han sido en movimiento. Una jornada otoñal disfrazada de invierno. Bien disfrazada.



martes, 2 de diciembre de 2014

Por la muga de Cameros

IXOS MONS
Peña Saida (1.370 m)
Domingo, 30 de noviembre de 2014



            Tierras de Cameros. Síncopas del terreno que se alternan para no cansar la vista del caminante. Grietas de la historia, del origen de los tiempos, que poco a poco, y sin pedir permiso, han ido modelando este territorio por entre sierras y valles, por montes que desafían a los vientos y  hondas gorgas por las que circulan las aguas que desde la Ibérica se van abriendo paso entre calizas y conglomerados hacia tranquilas tierras ribereñas del padre Ebro. Un Ebro al que rinden cuentas, y al que desaguan y donde se desahogan de un sentir que arrastran por terrenos no siempre bien tratados por la historia. Montes y agua, historia y territorio, todo se da la mano en estos lugares de humildes cotas, pero con carácter.

Viejos viñedos que se protegen del tiempo
            Hoy, nos alejamos de los escenarios habituales pirenaicos para acercarnos, con los amigos riojanos de Sherpa, a sus dominios, en concreto a la Sierra de Cameros, y auparnos a uno de sus montes, a la Peña Saida, que con sus 1.378 metros de altitud se erige en una extraordinaria atalaya sobre dos de estos valles creados con el paso del tiempo por los ríos Iregua y Leza, entre cuyos pliegues y repliegues se conservan rincones poco conocidos a pesar de estar muy cerca de Logroño, capital de La Rioja. Una jornada precedida por otras varias en las que no ha hecho otra cosa más que llover, y cuando se cansaba de ello lo hacía con más fuerza. Una jornada, por la que no se daba ni un duro. Una jornada, decimos, que ha echado atrás a algunos de los excursionistas, pero que no a otros, que hemos querido ir a plantar cara al tiempo y a rendir culto a la montaña. Bien, empezamos.



            Estación de autobuses. Ocho de la mañana. Tregua, débil tregua de lluvia. Y tan débil. Nos dirigimos hacia Nalda, que nos recibe con una niebla cerrada, una niebla que quiere participarnos de sus quehaceres, de ese persistente calabobos que confiamos en que se le pase. Pertrechados entre ropas de agua y buenas esperanzas de que no sean muy usadas, aunque de momento lo son, nos ponemos en marcha por las desérticas calles de esta localidad hasta que vamos alcanzando ya terrenos de huerta, terrenos de viñas, terrenos de monte con cuerpo de otoño y alma que languidece entre las hojas del tiempo.

Viviendo intensamente
            Tres cuartos de hora median para llegar a un abrevadero en donde nos vestimos de bosque y por un empinado sendero, abrazados a un barranco, se nos va desgranando un delicioso recorrido que paso a paso vamos degustando visualmente, aunque no todos, porque llevamos entre nosotros a Lourdes y Toño, dos habituales cuyas carencias visuales seguro que se suplen a base de leer el entorno de otra manera, y que pegados al terreno a través de sendas barras acompañados de dos voluntarios cada uno, también gustan del disfrute de nuestro paso por la montaña.

Sendero Bonito... y tanto
            Sendero Bonito le llaman a este tramo de bosque, que si bien es poco original ciertamente hace justicia. Una hora de verdadera delicia. A su salida, observamos que las temperaturas más elevadas del fondo del valle van empujando hacia arriba esas persistentes nieblas, ofreciendo mayor campo visual sobre el Iregua primero y las llanuras de su padre, el Ebro, a continuación. Placer intermitente. Seguimos subiendo por empinado y sinuoso camino, hasta culminar en unos llanos que nos permiten agruparnos. Los cambios térmicos y los vientos en altura hacen que despabile la mañana. Ya no llueve, y la ropa de agua se hace insostenible. Esos llanos se tornan subida, y por entre tomillos y chinebros, dejamos que una vaguada nos vaya encajonando hasta el collado del Viso, que nos da acceso ya, tras tener que remontar la prominencia cimera, a la Peña Saida, una de las mayores alturas de esta sierra del Camero Viejo. Momento niebla que nos impide su disfrute. Estamos en un cerro calizo, a 1.378 metros, y no es la mayor altura prevista para hoy. Llegan también los equipos de las barras, cuyos protagonistas también ven con sus manos ese vértice geodésico y ese buzón de cumbre. Bocado y trago.


Dolmen en Cerro Palomero
          No hace muy buen estar, de modo que abandonamos esta cima para ir bajando ya dirección SW en busca de unas llanadas que no aguantan ya más agua, y por las que hemos de circular con cuidado para no fartarnos. Subidas y bajadas que nos hacen vadear el Rebellón, El China para los lugareños, que con sus 1.348 metros de altitud es otra prominencia rocosa menor. Por terreno parcialmente pedregoso, vamos burlando la pista de Viguera a Luezas, discurriendo por terrenos otrora habitados por nuestros antepasados de la época neolítica, que tuvieron por estos lares, conocidos como Cerro Palomero (1.288 m), sus asentamientos. De ello dan buena prueba los restos megalitos en forma de dólmenes, cámaras funerarias y demás elementos que han pervivido hasta nuestros días en relativo buen estado de conservación. En uno de ellos, nos cuenta Isidro que fueron encontrados restos óseos en los que se detectaron indicios de que su poseedor hubiera padecido cáncer. Estamos hablando de hace como 3.700 años. Mucho tiempo para una enfermedad cuyo crecimiento exponencial está producido en nuestros días por la mala alimentación y los malos hábitos de vida, muy alejados del modus vivendi de nuestros antepasados, y para la que la actual humanidad no termina de dar con su definitiva curación, y a la que hay que atajar por la vía de la prevención.



El dioico acebo
            Piedras, grandes piedras que han sabido leer el tiempo, son abrazadas por nuestros amigos barrados que saben leer en ellas. Nos vamos de aquí para alcanzar Chozo Blanco, una singular cabaña protagonista de una pequeña y vallada finca, y que hace de punto de inflexión, porque desde aquí nos tendríamos que dirigir ascendiendo por un cordal a la base del Cerroyera, lugar más alto de toda la travesía con sus 1.406 metros, pero la indecisa niebla se ha decidido, y lo ha hecho por nosotros, de modo que no vemos mucho sentido en llegarnos a él y acometemos el descenso.

Roble entre carrascas
            Por entre viejos bancales colonizados por chinebros y bojes, tomillos y acebos, y también carrascas, robles y hayas, que todos son bien venidos y bien hallados, vamos bajando hasta el fondo de este llamado Arroyo de Madre, cuya subida por la otra vertiente nos va a deparar precisamente esa vista madre de hoy. Vamos a ser testigos de lo en pocas ocasiones visto, y considerado como el mayor salto de agua de La Rioja, el Chorrón de Viguera, que con sus más de 60 metros de altura es la solución que la naturaleza aporta para salvar esta espectacular verticalidad del terreno. Es la raya caliza de Peña Puerta, cuya testa colgada a 150 metros desafía la gravedad, y cuyos pies se repliegan hacia sí para no verse salpicados por esa caída de agua. Un amplio circo que forman estas montañas y que tienen que esforzarse para no dejarse afear por las cicatrices de unas viejas canteras de yeso que muestran sus faldas.



La magia de sentirse mago
            Un poco más de subida y enseguida atravesamos un tramo en el que nos dejamos abrazar por la vegetación que va descargando agua sobre nosotros. Un corto llano que nos mete en la vaguada de la Barga, que nos acoge para echar otro bocado. Todo ello para ir acercándonos a la bella panorámica del Castillo de Viguera, una singular formación rocosa de conglomerados, esos detritus de fondo marino que unidos por el  cemento calizo se erigen guardianes del valle, y que altivos ven pasar el Iregua a sus pies. Dicen que es inexpugnable, salvo por una fisura, que ya nos guiña el ojo. Mensaje recibido.

Caminos de otoño
            Nuestro descenso se dirige ya decididamente hacia el destino, hacia la meta de hoy, y tras abandonar unos bancales nos topamos con esa Vía Romana que va a Torrecilla en Cameros. No en vano, Viguera fue la Veccaria romana, capital de un reino levantado entorno a un castillo que el propio Abderramán I erigiera en el siglo VIII. La dominación musulmana sucumbió en el X, cuando Sancho Garcés lo conquistara para Navarra. Estas y otras cosas nos cuenta este itinerario pintado de morado y blanco, que nos acerca ya hasta esta población, fin de la extraordinaria travesía de hoy.

Via Romana
            Una travesía muy currada por Isidro, y que nos ha hecho disfrutar por lo que ha sido y por lo que no ha sido. De los 21,9 km iniciales, al no subir el Cerroyera, se ha visto reducida a escasos 19, cuyos 1.200 metros de desnivel positivo acumulado, se han quedado en apenas 1.100. Le hemos metido 7 horas, de las que cinco y cuarto han sido en movimiento, habiendo arañado como una hora en el recorte. Una muy buena forma de terminar la semana y el mes, que dan paso a otra semana y a otro mes que comienzan con la triste noticia del estado de gravedad de un destacado miembro de esta sociedad montañera, Toche, para el que desde aquí deseamos una rápida recuperación, para que ni sus compañeros, ni sus montañas lo echen en falta.