jueves, 13 de julio de 2017

Las Muelas de Beratón y del Morrón, la Corona Norte del Aranda en la Cara Oculta del Moncayo

IXOS MONS
Muela de Beratón (1582 m)
Muela del Morrón (1663 m)
Domingo, 9 de julio de 2017



Cabecico del Moncayo
A cuántos pueblos mantienes
Unos con cargas de leña
Y otros con cargas de nieve
¡Aivá!


Entrada a Purujosa, bajo la ampliación
de su albergue
            Hoy comenzamos con esta coplica, a modo de jota, de Cecilio Lumbreras, que a principio del siglo pasado ya ensalzaba las bondades de estos lugares en los que una localidad, Purujosa, que en aquella época, tampoco hace tanto tiempo, era habitada por unas 450 personas, como diez o doce veces más de los actualmente censados. Y decimos de los actualmente censados, porque son los considerados de derecho, ya que de hecho deben andar en torno a la decena. Entre unos y otros han aunado esfuerzos en los últimos lustros para no dejar morir a esta villa, consiguiendo que no perdiera su municipalidad. Más purjosanos adoptivos que nativos a la postre, pero todos con unas ganas inmensas de participar, de no dejar morir esa esencia celtíbera de aquellos pueblos prerromanos tan pegados a la tierra, a una tierra hoy cuasi olvidada en ésta la llamada Cara Oculta del Moncayo. Unos purjosanos, de una u otra índole, que orgullosos están de su Padre Francisco, el ermitaño de la ermita de la Virgen de Constantín, próxima al casco urbano. Unos purjosanos que, como curiosidad podemos decir que viven en el pueblo más pequeño del mundo con semáforos, sí, porque hay dos para ocho calles.

Panel informativo del GR 90, señalizado como Sendero Turístico de Aragón,
a su paso por Purujosa

Información sobre las muelas de Purujosa
            Cuando hablamos de la Cara Oculta del Moncayo no es porque tenga algo de qué avergonzarse, no, ni muchísimo menos, todo lo contrario, muestra con gran celo, pero con enorme orgullo sus valores medioambientales y paisajísticos, hoy en día incluidos en ese espacio natural protegido del Parque Natural del Moncayo. Muestra con enorme orgullo su rico pasado, desde la Edad del Bronce hasta nuestros días, pasando por la intensa época medieval, en la que perteneció al Monasterio de Veruela, donado por Alfonso II en 1177 con ese "Laudo etiam atque concedo vobis Perillosam cum terminis heremis et populatis scilicet, a Pinna de Águila usque ad Pinnan Perforatam et castello de Oliveto usque ad Chovas de Alondas..., en el que se pueden reconocer los límites a la sazón, asombrosamente coincidentes con los municipales de los de hoy en día. Su casco urbano, con gran acierto llamado “Nido de Águilas” colgado desde hace centurias de unos grandes riscos en la cabecera del Isuela, llama la atención del visitante que por aquí se acerca a disfrutar de él y de su entorno, o sencillamente va de paso a las cercanas tierras sorianas, con las que comparte ese singular vivir a las faldas del macizo del Moncayo, que alberga en el pico de San Miguel la mayor altura del Sistema Ibérico, tan abrazado, y no sólo etimológicamente, al padre Ebro.

Muelas de Beratón y del Morrón, sobre el barranco de la Virgen

Purujosa, el "Nido de Águilas"
            ¿Y por qué hablamos tanto de un pueblo en un blog de montaña? Pues porque el paisaje no se entiende sin el paisanaje… y viceversa. Porque el paisaje, junto con los fenómenos naturales, ha sido labrado por el paisanaje. Porque el paisaje forma parte de la cultura. Porque el paisaje forma parte de la historia. Hoy, con los amigos Paco y José Manuel, del club ISUARA de Illueca, grandes conocedores de ésta su tierra, y de sus inmensas posibilidades, nos adentramos en este paisaje, nos adentramos por estos pliegues de la montaña, donde se aúnan grandes mesetas de suaves laderas por un lado, pero cortadas a tajo por otro, con profundos barrancos por los que discurre la poca agua que las entrañas del Moncayo no se guardan para sí filtradas por el terreno calizo que lo compone, nos aupamos a esta Corona Norte del Aranda, donde emprende el vuelo la comarca. Hoy, con los amigos Paco y José Manuel, decimos, nos acercamos a Purujosa para dar comienzo y fin a una espectacular circular que conjuga ambos escenarios, subimos al cielo de la comarca, las muelas de Beratón y del Morrón, y bajamos a uno de los barrancos más asombrosos, el Valdecongosto, cuyo nombre es su mejor tarjeta de presentación.

Comenzamos la ruta

Barranco de la Virgen
            Dejamos el vehículo en el mismo pueblo, para tomar el GR 90, recientemente señalizado como Sendero Turístico de Aragón, que cruza el casco urbano, con el permiso del semáforo. En la cara norte del pueblo nos asomamos al espectacular escenario de nuestros pasos de hoy,  ya dominado por esas enormes muelas, nuestros objetivos, la de Beratón, compartida con esa localidad soriana, y la del Morrón, compartida en este caso con Añón, de la comarca de Tarazona. Visualmente entre ellos, a nuestros pies, el enorme tajo del barranco de la Virgen, labrado por la erosión de milenios entre este terreno calizo.

Oficios perdidos

Primavera del Moncayo
            Seguimos las marcas rojiblancas, hasta que al cuarto de hora las dejamos que sigan hasta el fondo de ese barranco hasta encontrar el peirón de la Virgen de la Leche, para adentrarse en el barranco de Cuartón. Unas marcas que pasan con gran devoción por este recién restaurado pilón, que llaman por aquí, al igual que lo hacían antaño las gentes que se dirigían por este viejo camino de Tarazona, antes de la construcción de la carretera. Si echamos la vista atrás podremos contemplar ese "Nido de Águilas" con el que se denomina a esta villa colgada en sus riscos. Continuamos pues barranco arriba por entre la profusión de una primavera tardía. El poco tránsito por esta zona hace que la vegetación se entregue al visitante.

Progresando por el bosque

Aproximándonos al objetivo
            La entrada a unas viejas pistas hace que se vaya empinando el trazado. Tras el paso por una red de pistas que bien conocen los paisanos, llegamos a un punto en el que cambiamos lo empinado de esta última, bajo la imponente mirada de los acantilados, por el más empinado todavía tránsito por el bosque campo a través, hasta dar con una senda que nos arrima a la pared, que ya nos exige más atención, llegando incluso a usar las manos en algún paso. Un último esfuerzo para subir a la muela, una enorme planicie cortada a pico por esta vertiente y gran parte de la otra. Vamos al filo de la muga con Beratón, y en consecuencia con la provincia de Soria, que unos metros cruzamos para poder decir que a los 1582 metros, hemos hecho cumbre en la llamada Corona Alta, gozando de unas vistas extraordinarias, entre otras cosas hacia nuestro siguiente objetivo, la Muela del Morrón.

Asalto final

Al filo de la muga, al filo del abismo
            Sin perder mucho tiempo, vamos bordeando el acantilado NW en busca de una vía de descenso poco comprometida. Damos vista al Alto de San Mateo, donde se encuentran restos de construcciones dispersas por todo el cerro, destacando los derrumbes de piedras que podrían corresponder a las antiguas murallas de un despoblado medieval, mezclado con los restos del castro celtibérico. Al pie ya de los enormes murallones de roca de la Muela de Beratón, que albergan grandes oquedades sin duda empleadas antaño como apriscos, tomamos una senda que por encima de un barranco tributario del de El Hoyuelo, nos lleva hasta el collado de la Atalaya, entre la muela y el pico homónimo. Continuamos por tierras sorianas, por la curva de nivel de los 1500 que nos deja el collado, para meternos a nuestra comarca al filo de la de Tarazona en la muga con Añón y auparnos por el calizo terreno de esta otra muela, la del Morrón, que en el mismo filo del acantilado, es el techo de la del Aranda, que la tiene toda al sur, a sus pies.

En la Corona Alta, cumbre de la Muela de Beratón

Oquedades en la cara NW de la Peña de Beratón
            Las Peñas de Herrera actúan como telón de fondo en nuestro descenso. Unas peñas que también son disputadas por las comarcas de Tarazona, Borja y Aranda, y que se aúpan para dejarse ver entre las nubes. Bajamos hasta el collado de la Estaca, donde retomamos el GR 90 (antiguo GR 90.2) de vuelta ya a Purujosa. Por viejos caminos que burlan la pista, en un cuarto de hora llegamos a uno de los puntos de agua más significativos de este entorno calizo, la fuente del Col, donde aprovechamos para echar un bocado. Estamos en la cabecera del barranco de Valdecongosto, al que luego accederemos a través del de Hoya Barrán.

Llegando a la Muela del Morrón

Las Peñas de Herrera
            Dejamos atrás este atractivo rincón, dotado además de una pequeña balsa para la lucha contra incendios. Continuamos un tramo por la pista, que abandonamos para tomar un sendero a la izquierda que nos mete a éste último barranco mencionado, que transcurre por unos ya abandonados bancales. Al confluir con el principal vemos más cercana esa Peña del Tolmo de la Cina, que ha estado presente durante toda la mañana, y que separa ambos barrancos. La entrada al de Valdecongosto se hace suave, sin estridencias. Poco a poco te va llevando al filo de sus aguas bajo unos acantilados que van jugando con nosotros, haciéndolo cruzar en innumerables ocasiones, hasta que la estrechez se come la senda, teniendo que circular por el mismo lecho en el tramo final debido a la proximidad de las paredes.

Valdecongosto. Impresionante


            Media hora de tránsito por este espectacular barranco es suficiente para salir a la carretera, que en menos de un kilómetro, nos conduce los pasos al pueblo, dando por finalizada esta extraordinaria circular de 20,7 km, a la que le hemos metido 5h 40’ de tiempo total, del que 4h 50’ han sido en movimiento, para salvar unos 1260 metros de desnivel acumulado D+/-, en una bonita mañana de monte por los sorprendentes parajes de esta Cara Oculta del Moncayo, que hoy se ha mostrado más familiar, gracias a la buena compañía que hemos llevado, y que agradecemos enormemente.





martes, 4 de julio de 2017

El Cabrera y la Peña Café, al filo de la Sierra de la Virgen

IXOS MONS
Cabrera (1428 m)
Peña Café (1412 m)
Domingo, 25 de junio de 2017



“… las vicisitudes que dieron lugar en el siglo XIV al denominado Cisma de Aviñón y llevaron al papado, con el nombre de Benedicto XIII, a «aquel don Pedro de Luna, la voluntad más tenaz de su época y tal vez de todos los tiempos»…”.


Illueca
            Hoy comenzamos nuestro relato con este pequeño fragmento de la novela “El Papa del Mar”, de Blasco Ibáñez, en la que habla de la vida de este controvertido personaje histórico aragonés nacido en Illueca, que con sus más de 3100 habitantes, es la capital de una comarca cuya economía tradicionalmente basada en la agricultura y la ganadería, el siglo pasado basculó considerablemente en favor de la industria del calzado, que da empleo a la mitad de la población activa. Como decimos, esta población es conocida por ser la cuna de Pedro IV Martínez de Luna, el único Papa aragonés, que lo fue bajo el nombre de Benedicto XIII, cuyo castillo palacio se yergue en lo alto de una roca dominando el conjunto urbano, y rompiendo un paisaje horadado por el río Aranda, que da nombre a la comarca.

Cielos del Aranda

Amparados por el PR-Z 73
            Pero vamos a lo nuestro, que es el monte. La Sierra de la Virgen es una más de las estribaciones del Sistema Ibérico zaragozano. Su trazado NW-SE hace de divisoria entre el Aranda y su comarca, y el Ribota, en la de Calatayud, ambos tributarios del Jalón. Su máxima altura es el pico Cabrera, coronado por un vértice geodésico, que con sus 1428 metros de altitud se aúpa orgulloso sobre la vertiente de Illueca, a cuyo término municipal pertenece, aunque confluyen también los de Gotor y Sestrica, también en la comarca del Aranda, y Aniñón en la de Calatayud. Es una sierra que invita a recorrerla en base a varias combinaciones. Por nuestra parte, decidimos hacer una circular subiendo por el PR-Z 73, que se va entrelazando con la señalización de la Ruta del Papa Luna, cuya sexta edición se acaba de celebrar con gran éxito. El descenso se realiza por la Peña Café y el barranco de Valdecongosto. Vamos.

Entre olivos y almendros

Arranque del sendero
            Una corriente de aire frío en altura viene a reemplazar unos días de muy intenso calor, lo que ha provocado episodios tormentosos muy fuertes y localizados en estas jornadas pasadas. Hoy, parece que no va a ser menos, pero de momento se sujeta. La A-1503 parte de El Frasno, y recorre el eje del Aranda hasta tierras sorianas, dejando Illueca a mano derecha; a la altura de la población, más o menos en el PK 10,6 se toma una pista asfaltada a mano izquierda. Como a 700 metros, dejamos el vehículo, comenzando la circular, que por pista agrícola entre campos de olivos y almendros se va acercando a la montaña. Recorrida durante casi 3 km, sale a la izquierda un sendero señalizado. Vamos bien. La subida ha sido constante pero suave. A partir de aquí, más constante y menos suave. El sendero muy bonito de transitar, por pinar y carrasca, con jara buscando su hueco entre ellos.

Refugio de Valdejuén

El roquedo sustituye al bosque
            En menos de una hora se llega al refugio de la Sierra de la Virgen, o de Valdejuén, situado en el límite municipal con Gotor, y desde el que se divisan hasta 10 pueblos de la comarca; de acceso libre, por lo que se puede hacer uso de él en caso de necesidad, pero con la recomendación siempre de respetar las instalaciones. Bajo nuestros pies, la depresión del Aranda, y al norte las estribaciones del Moncayo. Continuamos por la senda señalizada que sigue picando para arriba. Comienza el roquedo, y con él más y más jaras, que aumentan considerablemente su tamaño. La pista se cruza en varias ocasiones. En hora tres cuartos vemos bajar el horizonte y asomar el vértice geodésico, al que le han añadido unos metros más en la pintada. Según el IGN tiene 1428.

Llegando a cima

Hacia el Moncayo
            Las vistas desde aquí son extraordinarias. Al norte tenemos la depresión del Aranda, con las Peñas de Herrera y el Morrón como antesala del Moncayo. Al sur la del Ribota, con la sierra de Armantes. Si nos movemos un poco hacia el oeste podremos ver el Alto de los Tres Mojones, a continuación la ermita de la Virgen de la Sierra, ambos visitados con anterioridad. En dirección contraria, al este, y también visitado, vemos el pico del Rayo, en la sierra Vicor. Estamos pues situados en el centro de esa espectacular panorámica, sobre un pico, el Cabrera, que es el más alto de esta Sierra de la Virgen, bastante poco frecuentada, injustamente a nuestro modo de ver. Este punto, decimos, que pertenece al municipio de Illueca, pero donde confluyen otros tres más, el de Gotor y Sestrica, del Aranda, y el de Aniñón, de Calatayud.

Ermita de la Virgen de la Sierra

Vista desde la Peña Café
            La mañana se empieza a estorbar, de hecho, en varias ocasiones ya nos ha llovido levemente en alguna ocasión en el ascenso. Comenzamos pues el descenso por la loma que se dirige hacia levante, pasando por las indicaciones de los neveros, que no visitamos al no saber su cercanía o no. Seguimos, y nos topamos con la Peña Café, a la que no nos cuesta auparnos. A su derecha, sin señales ya del PR, aun llevando track cuesta encontrar los hitos que dan comienzo al descenso, que se hace por un cortafuegos sin limpiar en el que sin camino definido hay que ir buscando los hitos para no perderse. Esto nos lleva casi media hora.
Descenso por el cortafuegos

Fuente de Valdecongosto
            Salimos a una pista, donde está señalizado para subir al Cabrera o al Guzmán, otro de los bastiones de esta sierra. A partir de aquí el sendero ya está definido y más fácil de transitar. Discurre por bosque mixto. Enseguida salimos a la pista, junto a la fuente de Valdecongosto. A partir de aquí está menos visible la entrada de nuevo al sendero, que sigue por el pinar y paralelo ya al barranco, seco barranco, que se cruza, saliendo de nuevo a una pista, que tomándola a la derecha nos lleva a un cruce donde confluyen cinco. Hay que tomar la tercera de la derecha, o segunda de la izquierda, para seguir bajando. Nos topamos con los corrales de la Mesa, donde volvemos a encontrar señales blancas y amarillas, que nos llevan hasta el punto de partida.

Sorprendiendo a la fauna local


            Una mañana por esta Sierra de la Virgen, conocida por la otra vertiente pero no por ésta, y que merece la pena visitar. Finalmente le hemos metido algo más de 4 horas de tiempo total, del que 3 han sido en movimiento, para recorrer en torno a 11 km, con un desnivel acumulado total de 850 metros D+/-.



martes, 20 de junio de 2017

Torrecerredo, el techo de Picos de Europa

AQUERAS MONTAÑAS
Torrecerredo (2650 m)
Domingo, 18 de junio de 2017



… “a nuestros pies en el valle desierto, en la hoya profunda, en el hoyo inmenso, tranquilo, solitario; algunos picos perdiéndose en las nubes, rebasándolas otros, y en todas partes el abismo, el precipicio, encarcelándose en aquella roca encantada que había sido virgen por los siglos”.

            Estas palabras de Pedro Pidal coronaban la primera ascensión al Naranjo de Bulnes, o Picu Urriellu, como gusta por aquí llamar… o sencillamente "el Picu", un 5 de agosto de 1904. Mucho ha cambiado el mundo, mucho ha cambiado la vida desde entonces. No tanto estas montañas.

El Picu desde el collado Valleju

El refugio Delgado Úbeda y el Picu, hoy inseparables
            Picos de Europa, esa pequeña, pero grandiosa cordillera cuyos pies están bañados por el bravo Cantábrico, y sus alturas se elevan como grandes y aparentemente inexpugnables macizos que apuntan hacia el infinito, alzándose algunas de sus cimas como 2500 metros sobre sus propios cimientos desde profundos barrancos. Entre picos y jous anda el juego, unos levantan enormes paredones de caliza y los otros profundizan en sus entrañas, habiéndose quedado al descubierto tras la retirada de los glaciares. Tanto unos como otros, geológicamente replegados sobre sí mismos, han sabido guardar los mayores tesoros, los mayores misterios acerca de los orígenes de estas singulares formaciones. Geólogos, geógrafos, topógrafos, y demás especialistas en el medio natural, se afanaron en el siglo XIX en desentrañar esos secretos para la ciencia y el público en general. Pronto, sus alturas llamaron la atención de los precursores. Uno destacado fue Pedro José Pidal, I Marqués de Villaviciosa de Asturias, noble de España, gran político y jurista que no sólo protagonizó la primera ascensión al Naranjo de Bulnes, con Gregorio Pérez el “Cainejo”, sino que impulsó la creación en 1918 del Parque Nacional de la Montaña de Covadonga, germen del actual Parque Nacional de los Picos de Europa, primer espacio natural protegido de España, tan sólo unos meses antes de que hiciera lo propio con el de Ordesa.

Pico de los Cabrones, con su espectacular arista y el último glaciar de Picos

Reino de la caliza. Excesivo
            Considerado como una de las mejores reservas mundiales de los ecosistemas ligados al bosque atlántico, constituye la mayor formación caliza de la Europa Atlántica, lo que le acreditó para que la UNESCO lo declarara Reserva de la Biosfera en 2003. Hablar de estas montañas y de sus gentes es hacerlo de una misma cosa, del amor por su tierra, por sus labores tradicionales, que aun desdibujadas hoy en día por el turismo, todavía conservan ese sabor rancio, auténtico, de ese paisaje recio, profundo, austero que ha marcado el carácter de sus habitantes. Un paisanaje curtido por los soles y los vientos de estas montañas, que han soportado durante millones de años una severa erosión, y que hoy se nos muestran tal y como son, altivas, desafiantes, pero agradecidas si las acaricias.

El sol no se quiere perder la jornada

Picos de Europa. Impresionante
            Y de eso se trata. En esta ocasión, y es un muy buen precedente, el equipo de Montaña del CP Mayencos ha dejado su hábitat natural pirenaico para internarse en este mundo agreste, duro, salvajemente bello, para probar sus mieles y sus hieles, en una cordillera ésta que cosida por multitud de caminos, de viejo algunos, otros para escudriñar todos sus rincones, sabe estar en su sitio, queriendo hacerte ganar tu objetivo. El nuestro, hoy, ha sido el Torrecerredo, que con 2650 metros es su máxima elevación, que no su máxima dificultad, aunque no se puede negar que en menor grado que otros también la tiene, porque aquí no hay monte fácil.

Comiendo en el Duje

De camino al refugio
            Doce mayencos, de distintas procedencias, finalmente recalamos en el restaurante el Duje de Tielve, una perfecta atalaya sobre el profundo tajo que este río renacido en los invernales del Tejo, se rinde al Cares, tras su divinidad de desfiladero, en Puente Poncebos. En este amable lugar nos reunimos en torno a una buena mesa de mediodía, atendidos tan bien como por aquí saben. Las viandas que gustosamente hacemos nuestras, se tornan más hostiles cuando a las tres y media de la tarde, y con un sol de justicia tenemos que comenzar la ruta junto al collado de Pandébano, tras 4,4 km de polvorienta pista desde una pronunciada curva de la CA-1 antes de llegar a Sotres. 

Puertos de Pandébano

Barranco de Valcosín, con su sendero de Bulnes
            El paisaje a esta altura aún goza del verdor de los puertos, muy colonizados ya por el helecho. Tomamos el PR-PNPE-21 que viene de Sotres, para no dejarlo ya hasta el mismísimo refugio, creado en 1986 con motivo de la ampliación de sus instalaciones. Es un itinerario franco, que ya de entrada te muestra sus cartas, que no son otras que las de subir y subir, no en vano tenemos que hacer 900 metros de desnivel acumulado hasta el pie del Naranjo. Primeramente pasamos por unas majadas, de la Terenosa las llaman, habilitada una de ellas también como refugio.

Picu Urriello. Naranjo de Bulnes

            Vamos tomando altura sobre el profundo tajo que el Valcosín ha labrado entre el Acebuco y la Varera, dos montes menores que albergan un vertiginoso sendero que sube desde Bulnes compartiendo destino, y que afortunadamente sólo lo vemos de lejos, ya tenemos suficiente con el nuestro. Un camino que se agarra y se agarra entre cada uno de los más de treinta grados, y entre cada una de las fabes del Duje. ¡Y qué ricas estaban, xD!

Transformación

Junto al gigante
            Pasamos por el collado Valleju, desde donde damos ya un completo alcance visual a ese pico emblemático enclavado en la Vega de Urriellu, que le da nombre. En dos horas y media de lenta y agónica subida, llegamos al refugio Delgado Úbeda, donde damos reposo a un cuerpo que ha venido vagando durante todo ese tiempo, en la confianza de que mañana será otro día. La cena viene seguida de una deliciosa estancia por los alrededores, contemplando cómo se hace efectivo el nombre de Naranjo por la acción de un sol crepuscular que va llenando de sombra de abajo a arriba estos más de 500 metros de pared ciclópea que quita el hipo. Contemplando cómo va cambiando de tonalidad esa zona de costa, cada cinco minutos que pasan, y que se nos abre al norte, contemplando cómo se va la tarde tan callando. Contemplando.

Reflejos

Subiendo hacia la brecha de los Cazadores
            La noche… de refugio de montaña. Totalmente previsible. Los colores que anoche se fueron desmontando sobre el horizonte marino se organizan para volverse a montar. El espectáculo está servido. La mañana sale venteada y fresca. Son poco más de las siete cuando comenzamos la jornada cruzando esa Vega Urriellu para afrontar el primer puerto puntuable del día, la brecha de los Cazadores. Superada, un gran circo se abre ante nosotros. Roto en mil pedazos, apenas alberga el sendero por el que hemos de circular para subir a la horcada Arenera, bajo las torres del mismo nombre, desde donde vemos que el sol se va haciendo mayor, incidiendo de forma más vertical sobre las aguas del litoral donde se refleja.

Superando la brecha

            Comenzamos a ver el objetivo, pero en segundo horizonte todavía, un Torrecerredo junto a su inseparable pico de los Cabrones. Estamos ante otro de esos grandes y caóticos circos que nos engulle si nos dejamos, que no lo hacemos, y sólo hay una forma de no hacerlo, y es la de recorrerlo. Sí, recorrerlo pero con cuidado, porque se circula sobre grandes patios. Se comienzan a ver los primeros neveros, que salpican el terreno, especialmente en los jous.

Siempre acompañados

Progresando por las chimeneas
            Ya lo vamos viendo más cerca, aunque parapetado tras la Torre Labrouche, que recibe el nombre de otro de los precursores del alpinismo en estas montañas. Poco a poco nos vamos acercando a la base de una montaña aparentemente inexpugnable, pero como las personas, conforme te vas acercando, si lo haces con respeto, con tiento, se van abriendo, te van mostrando sus debilidades que sólo usas para ir superando e ir deslizándote por ellas para mejor conocerlas. Sin apenas transición, la montaña se pone tiesa y hay que comenzar a tratarla como se merece. Poco a poco el sendero se vuelve pared, por la que hay que ir transitando echando manos, y con el casco puesto. Este intratable mar de piedras se va volviendo accesible, intercalándose algún tramo más vertical en forma de amplias chimeneas por las que hay que ir subiendo entre ellas y alguna plataforma que da cuartelillo. Metidos en faena, la figura del vértice geodésico nos sorprende gratamente. ¡Hemos llegado!

Seguro que están cerca

Vistas desde el Torrecerredo
            Una vez arriba, la panorámica que se nos abre a la vista es arrebatadora, desborda los sentidos, capaz de mover todos los resortes del alma humana. Sencillamente brutal, una concentración ingente de picos desordenadamente ordenados, austeros, salvajes, alocados, como antenas dirigidas al infinito, pugnando por subir más alto, pugnando por subir más enhiestos, pugnando por un protagonismo en un canto coral cuyo resultado es de una belleza insuperable. Y todo ello a miles de metros por encima de los más profundos barrancos que los ríos que surcan estos macizos han sabido labrar a lo largo de millones de años. Fuera de toda razón. Fuera de toda comprensión. Es auténticamente increíble, y nosotros aquí, sintiéndonos algo… y no lo seremos si al menos no somos capaces de reconocer la grandeza de lugares como éste. El ser humano frente a la montaña, cada uno la suya. No la venceremos si ella no lo quiere, si no nos mostramos humildes, pequeños ante ella, si no vencemos nuestras propias dificultades como lo hacemos con su ascensión.

Más Picos. Infinito

Lugares excesivos, superlativos. Momentos inenarrables.

Lugares. Momentos. Amigos. El aquí y ahora, la gran convergencia.

Lugares mágicos

En pleno descenso
            Doce personas en torno al vértice geodésico de cumbre, en torno a una pancarta de club, que es la verdadera protagonista, porque encarna la unión, encarna la fuerza, encarna la solidaridad, la ayuda, el estar prestos a echar una mano allá donde haga falta, el estar pendientes los unos de los otros… encarna, en definitiva, el haberse visto hoy aupados a esta gran montaña no difícil, pero tampoco fácil. Doce personas, doce sueños, que hoy, aquí, se han hecho uno solo, con los de la montaña. Pero aun habiendo llegado hasta aquí, sólo hemos hecho la mitad del camino, porque la verdadera cumbre está abajo, de modo que hay que bajar de la nube… y de la montaña.

Seguimos

Aprovechando los recursos
            Con un exquisito cuidado hay que desandar lo andado, hay que bajar lo subido, hay que destrepar lo trepado. Estrechas cornisas, pequeñas viras verticales, anchas chimeneas, alguna amplia plataforma para respirar hondo y recomponerte. Roca muy noble para echar manos y pies, pero también piedra suelta en algunos tramos que puede arruinar la jornada… y mucho más. Una hora de tensión positiva y salimos de la pared para seguir recorriendo los circos, los jous, los horcados, de este paisaje lunar salpicado por algún pequeño nevero por el que nos dejamos deslizar. Llegados a la brecha de los Cazadores, máxima atención también para bajarla. Luego, ya más relajaditos sólo queda arribar al refugio, donde nos refrescamos, descansamos y nos recomponemos para continuar hasta Pandébano.

Vega de Urriellu

            Pero no querría marcharme de aquí, del refugio, digo, enclavado en un lugar excepcional bajo la imponente mole del Picu, sin reproducir un fragmento del relato que hizo Pedro Pidal, el impulsor de la primera subida, al ver cumplido su sueño de poner los pies en lo alto de una peña a la que jamás había subido persona alguna:

            «El paisaje que divisábamos, no era otro que el corazón de los Picos de Europa, visto en medio de ellos: glaciares, neveros, peñascales, torres, tiros, agujas, desfiladeros, vertientes, pedrizas, pozos, rebecos empingorotados en alguna punta, o manadas de ellos paciendo a nuestros pies en el valle desierto, en la hoya profunda, en el hoyo inmenso, tranquilo, solitario; algunos picos perdiéndose en las nubes, rebasándolas otros, y en todas partes el abismo, el precipicio, encarcelándose en aquella roca encantada que había sido virgen por los siglos».

La única imagen que hay de El Cainejo, del libro "Por los Picos de Europa desde 1881 a 1924",
del Conde de Saint Saud, editado por Ayalga Ed. en 1985, extraída de la web de Desnivel

            Palabras de asombro de un hombre asombroso, y que nos deja asombrados, que junto a su guía, Gregorio Pérez, el “Cainejo”, un humilde pastor de una humilde aldea, como Caín, que descalzo fue abriendo una vía considerada de V, incluso con algún paso de V+, fueron dirigidas al aire de estas montañas un 5 de agosto de 1904, y reproducidas en el Diario de León el 7 de marzo de 2004, casi cien años después.

Llegando al refugio

Sendero de regreso. Collado Valleju al fondo
            Sí, ahora sí. Después de rendir pleitesía a esa raza de precursores, nos podemos marchar de este mágico, de este mítico y místico lugar para llegarnos hasta los vehículos en casi la mitad de tiempo que nos costó la agónica subida. Parada obligatoria en el Duje para echar la merecida caña, y con qué mejor que con un buen queso de cabrales, servido por amables manos. A partir de aquí, cada mochuelo a su olivo. Isabel a Madrid. Julio, Rafa, Carlos y María a sus distintos orígenes del País Vasco. Paco, Elena, Arturo, Olga, Carlos, Toño y servidor picapedrero a Jaca. Una gran tirada de viaje, pero que ha merecido la pena porque todos nos vamos con la satisfacción de haber visitado una tierra sorprendentemente bella, salvajemente bella. Sólo queda agradecer el esfuerzo realizado por todos para sacar esto adelante, especialmente a Julio, que nos ha sabido llevar por el buen camino.

De vuelta en el Duje

            Como la ascensión se ha hecho en dos medias jornadas, mediadas por la noche en el refugio, los datos parciales son:
Pandébano – Refugio Urriellu: 6,1 km, con 2h 40’ de tiempo total, del que 2h 10’ ha sido en movimiento, para salvar un desnivel acumulado de 900 D+ y 70 D-.
Refugio – Torrecerredo – Refugio: 9,5 km, con 6h 30’ de tiempo total, del que 3h 40’ ha sido en movimiento, para salvar un desnivel acumulado de 1130 D+-.
Refugio – Pandébano: 6,1 km, con 1h 25’ de tiempo total, del que 1h 15’ ha sido en movimiento, para salvar un desnivel acumulado de 100 D+ y 935 D-.
El circuito completo sale en 21,7 km, en 10h 35’, de las que 7h 5’ han sido en movimiento, para salvar un desnivel acumulado total en torno a los 2135 D+/-.