miércoles, 31 de enero de 2024

El Tejo singular de la Espata y la Trapa, por los montes de Villanúa

 Año XIII. Entrega nº 859


IXOS MONS
El tejo singular de La Espata
Domingo, 28 de enero de 2024

            David Attenborough es una leyenda viva del naturalismo mundial. El casi centenario científico inglés fue uno de los precursores de la divulgación del mundo natural, dando muestras de su inmenso amor por la naturaleza a través de documentales, que han sido vistos a lo largo y ancho de este mudo durante décadas. Una muy buena muestra de ello la tenemos en una de sus frases: "Los árboles antiguos son preciosos. Hay pocas cosas en la Tierra que alberguen una comunidad de vida tan rica dentro de un solo organismo vivo".



David Attenborough (WWF)

            Una forma muy simplista de dividir el mundo vegetal sería en plantas herbáceas, arbustos y árboles. En ese estado de cosas, serían estos últimos los que estarían en la cúspide de la pirámide, y cuanto más grandes, más ricos en vida, y cuanto más viejos, más ricos en vida… pero, sobre todo, más ricos en generosidad, porque son ellos, los árboles, los bosques, los que son capaces de asimilar el CO2, tan necesario para su crecimiento, que obtienen a través de la fotosíntesis, pero no sólo eso, sino que emiten oxígeno, de modo que es una compensación perfecta para la actual dinámica de la especie humana… aunque se lo estamos poniendo difícil, muy difícil. La reforestación se presenta como el gran desafío para combatir el cambio climático, ya que los bosques juegan un papel esencial en el equilibrio de los ecosistemas, sirviendo, además de soporte para el desarrollo de una gran cantidad de especies animales, como mamíferos, aves, algunos reptiles, insectos y, por supuesto, innumerables seres microscópicos que hacen que todo ello funcione.



            Todo ello se da lugar en esos grandes seres vivos que son los árboles. Todos iguales, todos distintos, todos singulares, todos. Pero ahí estamos, para señalar de vez en cuando a alguno por su peculiaridad, y lo incluimos en una lista oficial. Pero eso, el sujeto en cuestión no lo sabe, no lo aprecia, le da igual, sólo se centra en sobrevivir y ayudar a que sobreviva su entorno. Hoy nos hemos acercado a uno de ellos, recientemente incorporado a esa lista. Estamos hablando del “Tejo de la Espata” (taxus baccata), declarado como “Árbol singular de Aragón”, el 15 de noviembre pasado, en la ORDEN MAT/1764/2023 de la misma fecha, por la que se incluye en el Catálogo de árboles y arboledas singulares de Aragón. Se trata de un espécimen de tan sólo 7 metros de altura, pero al que se le estima una edad superior a los 500 años. El tejo era un árbol sagrado para los celtas, pero eso es otra historia.




            Se encuentra en un pequeño desvío sobre una ruta que hemos realizado en numerosas ocasiones, pero que no nos importa repetir para ponerle la guinda. Pero comencemos a confeccionar primero el pastel. Partimos de Villanúa, para tomar una senda que nos lleve a la fuente del Paco, donde iniciativas artísticas adornan el entorno, que contemplamos al cabo de una hora desde el comienzo. Continuamos por la pista hasta el puente que cruza el barranco de Bozuelo, donde la abandonamos para continuar recto por el sendero, que pronto nos hace cruzar el barranco de Piecervera. Hacemos frente ya a fuertes pendientes, que se tranquilizan en los campos de Piecervera, pero dando sólo una tregua, porque el sendero sigue a lo suyo, hasta que echa el resto justo antes de llegar a la pista, límite para los vehículos que, con previa autorización se adentran por estos lares. Otra hora más.




            Nos acercamos al refugio del cubilar de la Espata para echar un bocado, reemprendiendo la marcha después por el fondo del valle, hasta que, a los diez minutos, y sin señalización alguna, de momento, hay que desviarse a la izquierda para tomar una traza entre la pedrera y encontrar el tejo antes del achar. Y lo encontramos. No vamos a describir de nuevo, nos remitimos a los párrafos anteriores, sólo diremos que nos encontramos muy a gusto a su lado, donde pasamos solazándonos casi una hora, tras lo cual emprendemos el descenso, volviendo sobre nuestros pasos hasta el refugio, donde retomamos la pista para llegarnos a la Trapa, para disfrutar de otro gran momento al sol en torno a otro poco de aprovisionamiento. Estamos a 1750 msnm, donde constatamos que el techo de la jornada estaba en el tejo, a unos 1840 msnm.








            Cinco horas y media desde el arranque, cuando emprendemos la marcha encaminándonos hacia el barranco de Azús que, ya sin más dilación vamos bajando hasta dar con la pista de la Trapa para, a los pocos metros tomar un visible sendero a la derecha, que va burlando la antigua pista, cruzándola en varias ocasiones. Visita al dolmen de Letranz y, finalmente, salida al zafarrancho de las obras del trazado del tren, que dejamos atrás para alcanzar el Camino de Santiago por otro sendero. La llegada a Villanúa es inminente, y con ella, al coche.






            En total, ha salido una distancia de 15,2 km, recorridos en 7h 35’ (con mucho tiempo en los descansos), y un desnivel acumulado total en torno a los 990 m D+/-, disfrutando, una vez más de esta ruta, con el añadido del Tejo de la Espata.



Web:

Climate Selectra 

Aragón

Torres

Wikipedia

Wikiloc 

RAE 

Fundeu 

IGN 

Geamap 

Hijo de la Tierra 

El Pirineo no se vende



Las fotos, con sus comentarios y el track


* La publicación de la ruta, así como del track, constituyen únicamente la difusión de la actividad, no asumiendo responsabilidad alguna sobre el uso que de ello conlleve.



jueves, 25 de enero de 2024

Garcipollera - Acumuer, y ermita de Nª Sª del Pueyo

 Año XIII. Entrega nº 858


IXOS MONS
Garcipollera - Acumuer
Domingo, 21 de enero de 2024

            Henry David Thoreau, fue un escritor norteamericano del siglo XIX que, en su corta vida, le dio tiempo a destacar en otras muchas facetas, fue filósofo, naturalista, conferenciante… pero más conocido por su ensayo titulado La desobediencia civil, en el que explica los principios básicos que él mismo puso en práctica cuando se negó a pagar impuestos en desacuerdo por la política que llevaba su país en materia bélica y de inmigración. De todas las perlas que nos dejó, traemos hoy esta: “Aquel que sabe escuchar el murmullo de los ríos jamás sentirá una completa desesperación”.



            Y lo hacemos porque hoy hemos tenido varias ocasiones de oír ese murmullo en diversos barrancos que se nos han cruzado en el camino. Y sí, también de un río. No es que se pueda decir que huyamos del invierno, porque no lo tenemos cerca… ni se le espera, pero en nuestro deseo de dar culto también a las tierras bajas, trazamos esta ruta que discurre por la media montaña, compartiendo en buena parte el GR 15 en la etapa entre Acumuer y Castiello de Jaca, pero a la inversa de como suele estar planteada. Partimos de la Garcipollera, hasta esa población, cabecera del valle del Aurín, con un par de sorpresas inesperadas, como todas ellas. Una grata… y otra… bueno, veremos.


            A poco menos de un kilómetro pasado Acín y su vado, por el que se pasea el río Ijuez, cruza la pista el barranco de Acín, donde dejamos los vehículos para dar comienzo a la ruta por su margen izquierda, que pronto abandonamos para cruzar a la otra, todo ello entre recintos de viejos campos que la naturaleza va fagocitando. En veinte minutos llegamos a Larrosa, uno de esos pueblos de la Garcipollera víctimas del abandono, en este caso, para favorecer beneficios a tierras lejanas. Nos incorporamos al GR 15, pero antes merece la pena darse un paseo por las calles entre las ruinas de las casas, para llegarnos hasta la parroquial, que rezaba a san Bartolomé, al menos desde el siglo XI hasta la década de los 60 del pasado. Ahora, como otros cientos de ellas, se ha resignado a ser pasto del silencio, del olvido y del tiempo que, poco a poco va minando su magnífico porte. Milagrosamente intacto permanece el ábside, con su friso con baquetones sobre los arcos ciegos típicos de las iglesias de Serrablo.





           Abrazados ya el GR 15, que recordemos fue el primero en ser señalizado en la provincia de Huesca tras la publicación del Decreto de Senderos Turísticos de Aragón (159/2012), volvemos a cruzar el barranco de Acín, para subir, decididamente ya hacia el collado que, con sus 1400 msnm es el techo de la jornada de hoy, aunque sin saber a estas horas que casi iría a ser superado. El día está radiante, a diferencia de cuando vinimos por aquí para continuar por la loma dirección norte para hacer el circo de Iguácel. Hoy sí. Hoy vemos ese circo de una forma nítida, y también las montañas que lo superan en un horizonte más lejano, la parte más oriental del macizo de Collarada y la más occidental de la sierra de la Partacua, que ahí están, a verlas venir… la nieve.





            Cambiamos de valle, y continuamos por la pista como algo menos de media hora, para tomar un sendero a mano izquierda, más íntimo, más bosque, más guapo, que nos saca a una trocha para dar paso a otro sendero que, poco a poco, nos va dejando ver nuestro objetivo: Acumuer. Hora y media desde el collado, contando una parada para echar un bocado cuando, algo antes de llegar a cruzar el río, vemos el desvío para la ermita del Pueyo, como reza escuetamente en un pequeño cartel artesano. Como la ruta es corta y vamos bien de tiempo, decidimos tomarlo para hacerle una visita, aunque con ese nombre (pueyo=alto), y a 1080 metros de altitud que estamos, cualquiera se puede imaginar que nos va a tocar puyar (subir). Y, efectivamente, aun sin llegar a lo más alto de la Punta Hueva, son 250 metros los que tenemos de desnivel, que recorremos en media hora, cruzando al principio otro barranco, para seguir haciendo aprecio a Thoreau.


            El sendero es serpenteante, algo que no ha registrado fielmente el GPS en algún tramo, pero no hay pierde alguno para llegar a una gran explanada donde se ubica la ermita, o los restos actuales de ella. Se trata de un edificio fechado en el siglo XVIII, pero que albergó una “talla románica policromada de la Virgen del Pueyo, del siglo XI, depositada actualmente en el Museo Diocesano de Jaca, aunque cada 15 de agosto, festividad de la Asunción de la Virgen, viaja a Acumuer para presidir la Santa Misa”. Aunque otras informaciones la datan en siglos posteriores. Frente a la entrada de la ermita, en cuyo dintel figura el año 1778, se sitúan las ruinas de una construcción que bien pudiera servir de elemento auxiliar del templo.










            Hay indicios de que el emplazamiento fuera un lugar de antiguos cultos paganos, siendo sincretizados, como habitualmente ocurre con la religión cuyo florecimiento iba cubriendo estos valles. Y la reflexión que nos hacemos es que muy fuertes tenían que ser cuando tiene varias advocaciones, o al menos, se conoce a la ermita por varios nombres, y por diversas razones: Del Pueyo, Nª Sª del Pueyo, san Antonio, san Antón, santa Isabel… Como todo, según a quien preguntes. De cualquier modo, nos conformamos con estar aquí y disfrutar de un extraordinario ambiente primaveral, con buenas vistas sobre el “Gran Norte” y las sierras cercanas. Este es el contenido de la primera sorpresa, y todo ello ajeno a lo que nos íbamos a encontrar, que sería la segunda…


          Volvemos sobre nuestros pasos para reincorporarnos al GR 15 e ir en busca del siguiente hito, que es cruzar el río para llegar a destino, encontrándonos con la sorpresa de una situación surrealista, y es que se ha desvinculado del puente, pasando por al lado. Es decir, donde hay río no hay puente y donde hay puente no hay río. Entendemos que es porque alguna avenida ha desviado el cauce, lo que ha originado también una gran mordida en la orilla, que ha provocado el corte total del sendero con la orilla del río, dejando un talud de varios metros verticales, imposible de salvar. Dicho de otro modo, antes de ver la forma de cruzar el río, hay que ver cómo accedemos a la orilla. Y, ¿cómo lo hacemos?, haciendo jabalineo extremo por unos zarzales hasta salir a un claro y encontrar una ruta más accesible para bajar.




            Una vez abajo resultaban inútiles los intentos para cruzar el río sin mojarse o descalzarse, por lo que optamos por tratar de alcanzar el puente, algo más de cien metros aguas arriba, para garantizarnos, al menos, la continuidad del camino, y evitarnos otro jabalineo semejante. Y lo hacemos, extremando la precaución por entre las piedras que sobresalían del agua, alcanzando finalmente la escalera para subir al puente que, finalmente nos facilita el paso por un terreno por el que no pasa el río. Continuamos por el sendero, que nos sube a una pista, al final de la cual se hallan los dos vehículos que habían sido depositados para el regreso, llegando así a la parte baja de Acumuer, que preside este recóndito valle.




            De este modo, a una ruta que se consideraba corta y sin demasiadas emociones, se le han podido añadir un par de alicientes que la han hecho más amena, terminándola en 6 horas, de las que más de 2 se nos han ido en el desvío y estancia en la ermita, y en la aventurilla del río, con 9 km en total, y un desnivel acumulado total de en torno a los 680 m D+ / 635 m D-.



Web:

Románico aragonés 

Patrimonio Cultural de Aragón

BOA 

Senderos FAM 

Wikipedia  

Wikiloc  

RAE

Fundeu

IGN

Geamap

Hijo de la Tierra 

El Pirineo no se vende 




Las fotos, con sus comentarios y el track

 

* La traza del track en el sendero a la ermita no es fiel debido a la espesura del bosque, pero no hay pierde.

* Se ha mantenido la traza fiel a nuestros pasos para acceder primero a la orilla del río, y luego al puente, como referencia si no sube el caudal ni se modifica el cauce.

* La publicación de la ruta, así como del track, constituyen únicamente la difusión de la actividad, no asumiendo responsabilidad alguna sobre el uso que de ello conlleve.