miércoles, 19 de abril de 2017

Grosín, el vigía del Aragón desde Angelé

IXOS MONS
Grosín (1.422 m)
Martes, 18 de abril de 2017


            La Sierra de Angelé se alza perpendicular a la cordillera pirenaica, separando el Valle del Aragón, de uno de sus secundarios, el del Lubierre. En su extremo norte viene desde el collado de la Sierra, comúnmente llamado Alto de Borau, hasta este nuestro monte de hoy, el Grosín, que se alza sobre las otras prominencias, y que son: el Beldorero (1.271 m), el Estuche (1.361 m) y la Cantera Caxico (1.375 m). Los itinerarios más directos para su ascensión parten desde ese mismo collado o desde Castiello de Jaca, por la pista que pasa por las ruinas de la ermita románica de San Bartolomé.

Por el bosque

Sierra de San Juan de la Peña y Cuculo
            Esos son los más cortos, pero también se puede subir desde la parte sur, por el puente Grallas, sobre el río Aragón, por el barranco de Serés, hasta su collado, hasta donde llega también una pista desde Guasillo, en la Solana de Jaca. Así mismo, desde más al este, por el barranco de Castelillo. Un monte, pues, de lo más versátil, con varios itinerarios de ascenso, que te llevan a una cumbre modesta, a pesar de ser la mayor de la sierra, pero con unas vistas extraordinarias sobre el gran norte, desde el Ezcaurre hasta las Tres Marías… y más allá. Amén, naturalmente de su vertiente de solana, que nos permite contemplar todo ese arco sur, desde Oturia, Canciás, Guara, San Juan de la Peña, San Salvador, Cuculo… con la presidenta del hemiciclo desde este punto, la Peña Oroel, dominando el Campo de Jaca.

Disfrutando

Cabaña de piedra seca
            Pues desde aquí, desde el mismo Jaca, arranca hoy también esta mañana de monte. Y lo hace por el Camino de Santiago, en dirección inversa, naturalmente. Pasamos por la ermita de San Cristóbal, en manos privadas, y que se han decidido a restaurar. Llegando al puente Grallas, lo pasamos para meternos a la derecha, ya de lleno en la pista que al poco dejamos para seguir un camino que nos lleva a Marcuello, una finca que languidece piedra a piedra. Salimos a la pista, que seguimos para burlarla por un sendero una vez superado un pequeño aljibe que clama agua.

Collado de Serés

Singular captación de agua para unos abrevaderos
            El sendero va subiendo impenitentemente por entre el pinar aquejado de procesionaria, que sigue a lo suyo a pesar de estar ya en la semana de Pascua. Sendero, pista, pista, sendero. Merece la pena visitar una cabaña de piedra seca con bóveda circular, que hay antes de llegar al collado, al que llegamos al cabo de una hora desde Jaca. Seguimos por la pista a nuestra derecha, hasta alcanzar otro collado, a los pies de nuestro monte de hoy. Aquí se nos abre la vista hacia el río Aragón, todo su valle, y las montañas que lo conforman, especialmente esa Collarada, que se le va yendo la nieve, como el agua en una cesta.

Sendero cimero

Llegando a la cima
            Optamos por seguir por la pista hacia la sierra de Angelé, para subir por el sendero emboscado, mucho más bonito, ¡vas a comparar! La frescura que te dan los bojes, el aroma de los pinos, esa sensación de subir, de entrar por la puerta trasera, de pillar al monte desprevenido… Y así es. Llegamos arriba y lo encontramos en sus cosas. Por unos momentos nos hacemos uno con él. Nos transmite su paciencia, y nosotros a él nuestras ganas de verlo, y de compartir con él todo lo demás que desde aquí se puede ver, y que ya hemos comentado en la entradilla. Un monte modesto, sí, pero muy agradecido. Visita a lo que queda de esas instalaciones militares que no podían faltar en un punto tan estratégico de defensa del valle a su llegada a Jaca, y para abajo.

Antiguas instalaciones militares, en ruinas

Diente de León, en el fondo del seco aljibe
            El descenso lo hacemos por el sendero del solano, desolado, más feote, pero digno también, y que sin demasiado calor también se puede tomar. Se llega a una pista, que tomada a la izquierda nos lleva al collado donde hemos empezado la circular de ascenso. Por el mismo itinerario ya, alcanzamos el de Serés, y por no alargar con la vuelta por Guasillo, bajamos por ese barranco de Serés, pero por más sendero que en la subida. Marcuello, puente Grallas, Camino de Santiago, y Árbol de la Salud, de donde partimos y a donde llegamos, habiendo realizado 17,4 km, en 3h 45’ horas de tiempo total, del que 3h 25’ han sido en movimiento, para cubrir un desnivel acumulado en torno a 940 metros, que no está mal para una mañana de primavera.
  




lunes, 17 de abril de 2017

Albarún, el techo de la Sierra de Baraguás

IXOS MONS
Albarún (1.550 m)
Domingo, 16 de abril de 2017


            El Abarún, con sus 1.550 metros de altitud se erige la mayor altura de la Sierra de Baraguás, una sierra que se levanta entre la Garcipollera y la Balancha, esa depresión entre Sabiñánigo y Jaca. Y a pesar de haber varios itinerarios que lo alcancen, el más ecológico es el que sale directamente desde Jaca, al no necesitar vehículo. Así pues, nos ponemos en marcha con Sara, Eva y Carlos, desde la estación de autobuses, para salir por la fuente la Mora, incorporándonos al barranco de Foncavés, comenzando a pasar ya por fincas rústicas.

La primavera no espera

Allá vamos
            Se cruza el barranco y nos encontramos la fuente del Médico, justo debajo de las nuevas construcciones de la guardería canina. Subimos al camino de Ipas y cambiando ya al arroyo de Refinaruelo subimos hasta la base de la corona donde está emplazada la pedanía, que dejamos a nuestra derecha. Seguimos subiendo sin piedad por la pista. Volvemos a cruzar el arroyo por debajo de la ermita de la Virgen de Ipas, cuyas ruinas agonizan recordando tiempos mejores.

Peña Oroel, desde el collado de Ipas

Loma de Claraco. Al fondo, el Grosín y la Sierra d'Angelé
            Alcanzamos los 1.220 metros del collado, que hace de cruce de caminos. A mano izquierda, y tras una previa vaguada sale el que va a la loma Claraco, descendiendo por el antiguo poblado, hasta la carretera general. A mano derecha salen dos de las nuevas pistas madereras, que están dejando este monte lleno de cicatrices impracticables. Y finalmente, el de enfrente, que es el que tomamos, y que nos da un respiro después de la incesante subida. Se hace un ligero descenso por el oeste de este monte hasta dar con una barrera, desde donde comienza de nuevo el ascenso. Dejamos a la izquierda el sendero que va a Bergosa. Seguimos por la pista hasta otro collado, que nos ofrece ya vistas al gran norte, que va perdiendo carga de nieve.

Empinada rampa final

Gran norte, desde la cima del Albarún
            Giro brusco a la derecha, para tomar una fuerte rampa, al cabo de la cual se apacigua un poco la subida, y con el objetivo ya a la vista, sólo resta llegar a la barrera, encaramarnos a la loma de esta Sierra de Baraguás y subir al Albarún por una corta pero explosiva rampa, después de haberle metido como dos horas y media desde Jaca. La cumbre de este monte, hace años estaba rodeada de bosque, que impedía la buena vista a los alrededores, sin embargo las limpiezas forestales han hecho que podamos tener buenas panorámicas a los cuatro costados. Hasta las tres Sorores y Tres Marías nos alcanza la vista.

Bajando por las descarnadas pistas

Campo de Jaca, a la sombra del Monte Oroel
            Esta cima está provista de observatorio meteorológico y vértice geodésico, junto al que echamos un bocado, sin dejar de contemplar también el sur, que para eso existe. El Campo de Jaca bajo la Peña Oroel es lo que más destaca. Pues sin perder mucho tiempo, emprendemos la bajada por la traza que han dejado la maquinaria que se lleva lo que se lleva, pero que deja lo que deja. Vamos cruzando esas infernales pistas que han abierto, incluso hacemos un tramo de monte a través, por entre pinos, bojes y erizones, para dar definitivamente a otra pista, más asentada, que nos lleva al collado de Ipas. Desde aquí, ya es tomar el itinerario inverso de la subida, hasta llegar al fondo del Refinaruelo, que cruzamos para meternos por la senda CheSa, hasta la fuente de la Mora. Variante y por el camino de la fuente Marchán, a la corona de los Cuervos, donde tenemos las vías del canfranero, que cruzamos por debajo, según indica el Camino del Pastor. Membrilleras y vuelta a la estación de autobuses.

A nuestro paso por las cercanías de Ipas

            Una mañana de monte para huir del gentío que asola la city. Le hemos metido 21 km, en 5h 15’ de tiempo total, del que 4h 25’ han sido en movimiento, cubriendo un desnivel acumulado en torno a los 1.000 metros D+ y D-.






sábado, 15 de abril de 2017

El Buitre, los ojos del firmamento

IXOS MONS
El Buitre (1.956 m)
Miércoles, 12 de abril de 2017


            Y terminamos, de momento, nuestra estancia por tierras de Teruel visitando otro de los montes emblemáticos de la comarca de Gúdar-Javalambre, el pico del Buitre, que alberga el Observatorio Astrofísico de Javalambre, en un lugar considerado como con uno de los cielos más limpios del mundo, siendo un referente planetario en materia de desarrollo tecnológico, con “vocación decidida de la Comunidad Autónoma de Aragón por la innovación y la investigación, concretamente por una disciplina de ciencia básica que genera conocimiento y en su día generará otro tipo de tecnologías que tendrán efectos prácticos sobre nuestras vidas, y por tanto, también sobre la economía”, según manifestó Javier Lambán en junio pasado al término de su construcción.

La Higuera, junto a Arcos de Las Salinas

Ermita de San Juanico
            Para acceder a él, hemos elegido una ruta desde La Higuera, una masía perteneciente al TM de Arcos de Las Salinas, desde donde salen otras, pero de mayor distancia. Aun así, la nuestra va a ser la más dura de estos días. Partimos, pues, de esta pedanía desde la que nos incorporamos a las señales de un PR, y que en menos de quince minutos nos hace pasar por la ermita de San Juanico, según reza en la puerta, a donde llega una canalización de la fuente de San Juan, que también visitamos a nuestro paso por ella, situada, claro, en el barranco del mismo nombre, y que atravesamos para ir ladeando el monte Carmona e ir entrando sin apenas darnos cuenta en la cuenca de Los Villares, no sin antes dejar por abajo la llamada Casa del Aguabuena.

Paredones al cruzar el barranco

Collado Sancho
            Conforme vamos avanzando es como si el fondo del barranco quisiera venir a nuestro encuentro, y la verdad es que lo consigue, haciéndonos pasar un poco antes por debajo de unas singulares formaciones rocosas entre las que se abre paso, y que se nos echan encima. Finalmente atravesamos el barranco y continuamos con la subida, hasta dar con el collado Sancho, con su balsa, que nos permite dar vista a la vertiente de Arcos. Unos metros de pista y continuamos por las señales de PR y los enormes hitos, por monte entre pinos, con algún que otro claro para contemplar las grandes extensiones de terreno de estas serranías.

Grandes extensiones para mirar

Sendero por entre el roquedo
            Intuimos que el roquedo que veníamos viendo a la izquierda de nuestro objetivo, lo vamos dejando atrás y a nuestra derecha. Alcanzamos otro collado pelado y plano, que nos da paso hacia el norte dándonos visibilidad sobre esa vertiente, y que nos mete de nuevo en el bosque, a lo que sigue un tramo de rocas, que una vez superado ya tenemos a la vista nuestro objetivo, pero aún queda para alcanzarlo. De nuevo transitamos por bosque, hasta salir ya de él en un lugar próximo a la cima, a la que media una instalación de abrevaderos para el ganado.

Objetivo a la vista

Complejo del observatorio astronómico
            Finalmente alcanzamos el complejo urbanizado de la cumbre del Buitre, con sus cúpulas que, como párpados, preservan esos ojos que todo lo ven, y que causan verdadero impacto visual, y más cuanto más te acercas. Y lo tenemos que hacer del todo, puesto que junto a lo que parece el mayor edificio está situado el vértice geodésico, que indica que hemos hecho cima. Un lugar éste en el que intuimos tienen un febril turno de noche para escudriñar todo lo que se deje por allá arriba.

Aspecto invernal del entorno

En el descenso
            Entre estas reflexiones y otras, echamos bocado, y emprendemos la retirada dirección este, para ir bajando por lo alto de un barranco, hasta dar un giro hacia el sur, que coincide con una zona de rocas en las que hay que extremar la atención, seguida de otra de brusco descenso. El sendero nos va conduciendo al Alto de las Carrascas, hasta el que media un pequeño collado. Se trata de una loma por entre bosque, que termina en otro roquedo, que hace de excepcional mirador hacia el sur, cuya bajada también es muy pronunciada. La tensión del descenso se ve apaciguada por la llegada al apacible asentamiento de Los Villares, o lo que queda de ellos, una vieja masía en ruina total.

Bajando hacia el Alto de las Carrascas

Ruinas de la masía de Los Villares
            El sendero da un giro de 90º hacia el W, asaltándonos a nuestro paso una gran cantidad de sabinas de enorme tamaño. Pasamos por la fuente Los Tormos, a la que hacemos aprecio. Seguimos la marcha, pasando por unas margas royas un tanto delicadas de pasar. Ya tenemos a la vista nuestra meta. Se cruza de nuevo el barranco de San Juan y dejando arriba a nuestra derecha la ermita, en poco más se llega al punto de partida, completando esta espectacular circular por lugares de apariencia árida, pero que guardan en sus entrañas gran cantidad de bolsas de agua, a juzgar por la frecuencia con la que nos encontramos fuentes por el camino, como la que hay en La Higuera, a la que damos buena cuenta por dentro y por fuera.

En la fuente Los Tormos

            Muy bonita circular, como decimos, y algo dura, con sus 13,6 km, que hemos recorrido en 5 h de tiempo total, del que 3h 55’ han sido en movimiento, para salvar un desnivel acumulado de 970 m D+ y D-. Nos vamos. Nos vamos de estas tierras, pero volveremos.







Javalambre, de nevadas faldas

IXOS MONS
Javalambre (2.019 m)
Martes, 11 de abril de 2017


            Y de un techo de Teruel a otro. De una estación de esquí a otra. De una sierra a otra. Y de la mañana a la tarde, de Gúdar… a Javalambre. Nos dirigimos al refugio que tiene la FAM en esta última sierra, en la de Javalambre. Su nombre, Rabadá y Navarro. Sólo los que peinamos canas, o ya nada, recordamos las proezas de la mítica cordada compuesta por los aragoneses Alberto Rabadá y Ernesto Navarro, que a mitad del siglo pasado, en unos tiempos de penurias, y más en estas actividades que por entonces despuntaban, fueron verdaderos precursores de la escalada, incluso allende nuestras tierras, extendiendo sus hazañas por los principales macizos del resto de territorio español. Incluso alcanzaron los entonces casi inaccesibles Alpes, donde tuvieron su última meta un fatídico día 15 de agosto de 1963, en uno de los considerados entonces como “los tres últimos problemas de los Alpes”, la norte del Eiger, truncando así dos vidas con un corto pero intensísimo palmarés de escaladas en roca en la década anterior y hasta su triste final.

Rabadá y Navarro, de meditacionesdelascumbres.blogspot.com.es

Refugio Rabadá y Navarro, en Valdelinares
            Una particularidad de este refugio es que está dotado del ZEM, un espacio destinado al entrenamiento de las carreras por montaña, y que cuenta con tres recorridos. Tras echar un breve bocado, partimos del refugio, que aún nos queda tajo hoy. Este monte, el Javalambre, alberga en parte de sus faldas otra estación de esquí alpino, que hace las delicias de los que practican tal deporte, y que aún mantiene buen manto de nieve, pero discontinuada, lo que unido a las altas temperaturas ha adelantado su cierre por esta temporada. Tierras con mucha agua en sus entrañas, que dan a conocer a través de las muchas fuentes que nos encontramos. Nada más salir, ya tenemos un buen ejemplo en la del Peral.

Progresando por entre el bosque

A punto de dar vista al objetivo
            La estación tiene dos sectores, el de La Sabina y el de Lapiaz. Próximo a este último discurre el sendero, que en una hora nos sube a la parte más alta de los remontes, desde donde vemos ya nuestro objetivo, y al que nos dirigimos a través de unas pequeñas vaguadas que todavía albergan nieve. Veinte minutos más de deambular por la loma cimera, que nos permite ver lo cerca que estamos ya de los montes valencianos, son los que nos separan de la cumbre del Javalambre, roma como es habitual por aquí. El gran espacio existente da de sí para aupar a lo alto una enorme antena en una especie de antecima. Una atípica antena rojiblanca, rodeada de pequeñas edificaciones, nos da paso a la verdadera cima, también ocupada por artilugios de comunicaciones, y una especie de capilla, sin olvidar el vértice geodésico.

Últimos compases

            Desde aquí podemos ver el Peñarroya, que hemos subido esta mañana, y que sin contar con el alto pódium iguala a éste en altitud. Desde tal altura, las vistas también están garantizadas. Entre otros cercanos, tenemos el Javalambre bis, o el valenciano Calderón, o el Buitre, con su ojo escudriñando al firmamento.

Llegando al complejo de telecomunicaciones

En el vértice
            La vuelta la hacemos por la pista, hasta alcanzar las de esquí, que ya no abandonamos hasta la balsa que alimenta a los cañones de nieve. Siguiendo, nos presentamos en la carretera, y al poco nos metemos en el desvío hacia el refugio. Una pista asfaltada que burlamos por entre el monte hasta llegar a la instalación montañera, pasando por otra de las fuentes de los alrededores, la de La Blanquilla. El sol, que hoy lo hemos visto nacer desde Cantavieja, nos ha estado acompañando durante todo el día, dibujando una gran diadema en lo más alto, y aún le queda más de una hora de recorrido. Una jornada partida por el mediodía en dos, haciendo por la mañana la segunda parte del Capellanía y el Peñarroya a continuación

Bajando por las pistas de esquí

            Por la tarde, el Javalambre, el más meridional de Aragón de la cota dos mil, al que le hemos metido 8,5 km, con 2h 40’ de tiempo total, del que 2h 15’ han sido en movimiento, para salvar un desnivel acumulado de 550 m. D+ y D-. Una jornada, sin duda, muy bien aprovechada.







Peñarroya, aupado al techo de Teruel

IXOS MONS
Peñarroya (2.028 m)
Martes, 11 de abril de 2017


            Tres comarcas cierran Aragón por el sur, Sierra de Albarracín, Comunidad de Teruel y Gúdar-Javalambre, pero particularmente esta última aún se estira todavía más en esa extremadura regional. Tierras con un rico pasado, tierras de fronteras, tierras repobladas, tierras convulsas por mil y una batallas, que orgullosas hoy de su pasado, quieren construirse un futuro en el que poner en valor sus enormes atractivos medioambientales y paisajísticos. Flanqueada por las dos grandes serranías que le dan nombre, constituyen el extremo suroriental del Sistema Ibérico, como haciendo un último intento por empinarse para ver el mar.

Panel informativo del STA GR 8, en Valdelinares

Cumbre del Peñarroya
            Con la ayuda de Javi, el guarda del refugio de Rabadá y Navarro que la FAM tiene a los pies del Javalambre, y acompañados por Sara y Marisa, hemos acudido para ver no sólo la comarca, sino toda la provincia desde sus máximas alturas. Y esas máximas alturas son dos, Javalambre y Peñarroya, una en cada sierra, que pugnan por ser la mayor, aunque sólo esta última, con ayuda de la mano del hombre lo consigue. Las dos miden 2.019 metros, pero la de Gúdar se prolonga a través de un espectacular pódium, alcanzando los 2.028 metros que indica oficialmente la señal del vértice geodésico.

Ermita de Loreto, en Valdelinares

Aquí comienza nuestra ruta
            No queremos saber si esta pugna va más allá. Lo que sí nos interesa es disfrutar de su ascenso, de su estancia y de su descenso, que es a lo que estamos “condenados” los que nos gusta este noble oficio de maridarnos con la naturaleza, con esta casa de todos, de la que algún día salimos y de la que tenemos añoranza por volver. Y es lo que hacemos de vez en cuando. Para la jornada de hoy partimos de Valdelinares, que presume de ser el núcleo de población más alto de España. Sus escasos 100 habitantes, piensan, sienten, obran, a casi 1.700 metros de altitud, todo un reto, sólo superado por la genética. Bien, ahí vamos.

Señalización del GR 8

Abundantes narcisos nos acompañan en el camino
            Salimos de Valdelinares por la TE-V-3 hacia el norte, una carretera que va en busca de la A-226 en el tramo entre Allepuz y Villarroya de los Pinares. A unos 800 metros de la ermita de Loreto dejamos el vehículo junto a la señalización del STA GR 8, siguiendo las marcas en dirección a Alcalá de la Selva. Cruzamos el barranco de las Ranas y comenzamos a subir por una vereda entre pastizales, donde los narcisos salen a nuestro paso ayudados por lo templado del ambiente. Tenemos enfrente la Sierra de Gúdar, cosida por las pistas de esquí. En menos de una hora nos presentamos en la carretera que va a esas pistas, concretamente en el collado de la Gitana, donde comienza la circular.

Sierra de Gúdar, con las cicatrices de las pistas de esquí

Cruz de la Gitana, en su alto
        Unas enormes graveras, incómodas visualmente, caracterizan este puerto. Junto a ellas, una cruz de madera lleva inscrito el nombre de este alto. Por ella nos dirigimos para bajar por el barranco que lleva también su nombre, todavía salpicado de manchas de nieve, hasta dar en un cuarto de hora con el área de recreo de La Chaparrilla, rodeada de pinar, y dotada de refugio, merendero y fuente, así como de una pequeña balsa, que hace las delicias de los batracios. Un breve descanso y continuamos por la pista, hasta abandonarla en cinco minutos, para tomar a mano derecha, en una zona descarnada, un sendero poco definido, pero muy bien señalizado con hitos, grandes hitos, que con una considerable inclinación, salva los doscientos metros hasta la amplia meseta que hace de cumbre de este monte. La entrada se hace a través de una curiosa escalinata de piedra que flanquea el roquedo cimero, y que termina junto al panel orientativo y a un pluviómetro.

Refugio de La Chaparrilla

Escalinata cimera
            A pocos metros, el enorme pedestal que aúpa a este monte a la cota más alta de la provincia de Teruel. Sobre una ancha zapata, a la que se accede por escalera de piedra, se alza otra más estrecha y alta, que alberga el vértice geodésico, que si lo quieres tratar de tú, hay que alcanzarlo a través de 12 grapas metálicas. Lo hacemos, claro, cómo no. Y ahí estamos, sintiéndonos los más altos de la provincia bajoaragonesa en ese momento, contemplando la panorámica que se nos abre a los 360º, que es auténticamente impresionante, sobre todas las sierras circundantes, incluido nuestro siguiente objetivo, el Javalambre, pero eso será esta tarde. Ahora a disfrutar.

Panorámica desde el Peñarroya

Haciendo cumbre
            Para el descenso tomamos otra ruta, hacia el NW. Lo primero que nos encontramos es un monolito con una placa difusa, pero en la que se adivina que es de la Guardería Forestal del Estado. Seguimos por la pista, que abandonamos para tomar un ancho y rojizo camino a mano derecha, que nos hace girar, como dándole la vuelta al monte, y por entre pino negro nos baja a un cruce, y posteriormente, y por pista alcanzamos el puerto de la Gitana, justo al otro lado de las graveras, dando por finalizada la circular. Sólo resta bajar hasta el coche por el mismo GR 8 que hemos tomado para subir, algo que nos lleva como tres cuartos de hora de auténtico placer, caminando entre narcisos y las características sabinas rastreras.

Mirador del Peñarroya

            Lo alcanzamos al filo de las tres de la tarde, habiendo recorrido como 11,2 km, en 3h 35’ de tiempo total, del que 2h 40’ han sido en movimiento, para cubrir un desnivel acumulado de 645 m D+ y D-. Teruel también existe.