domingo, 31 de mayo de 2020

Hayedo de Abi, rincones del valle de Aísa

IXOS MONS
Hayedo de Abi (1550 m)
Sábado, 30 de mayo de 2020



            Ya no hay lobo, ni Caperucita, ni abuelita… ni tan siquiera ovejas. Solo queda el bosque, aunque no sabemos si encantado, de lo que tiene, o desencantado, de lo que ha perdido. Hoy nos acercamos a uno de los rincones más bellos del alto valle de Aísa, si lo será que el río Estarrún se rinde a sus pies. A unos 7 km de la cabecera del municipio, valle arriba, se encuentra el desvío a la derecha para entrar en el área recreativa de Abi, de donde sale esta corta, pero atractiva circular con un punto álgido sorprendente.

Cascada del barranco de Sibiscal

            Pero antes de llegar, justo en los límites del ENP del Parque Natural de los Valles Occidentales, merece la pena detenerse para ver con calma la cascada del barranco de Sibiscal, con su larga y estrecha caída de agua y el curioso puente de madera que lo cruza.

Punto de partida de la ruta, junto al área recreativa de Abi

El hayedo nos recibe un poco tembloroso
            Ahora sí. Nos acercamos al área recreativa, para partir de sus 1360 metros de altitud, junto al Estarrún, que se cruza por un puente de madera. Inmediatamente después nos encontramos tablillas del parque, indicando que es el S-8, y que nos dirigen hacia la izquierda, introduciéndonos ya súbitamente en las fauces de un tupido bosque de hayas, que al estar tan espesas crecen rectilíneas en pos de esa luz que les da la vida. Todas iguales, todas distintas, y aún más unos grandes ejemplares que imponen respeto pasar a su lado.

Viejos ejemplares de haya ejercen la admiración de las de su entorno

La primera de las cuevas de Abi
            El trazado es bastante empinado, pero como no hay prisa nos lo tomamos con calma. Antes de la media hora, el sendero pasa al pie de un roquedo, en cuya base encontramos un par de cuevas, empleadas en sus tiempos para refugio de pastores y ganado. Tan solo diez minutos más de subida por entre el bosque y asistimos a una transformación total del paisaje. Llegamos a los Llanos del Abi, cambiando la mirada en corto del bosque por las amplias vistas que permite una gran amplitud de terreno; cambiando la humedad por unas soleadas praderas, que disfrutamos viéndolas, y más si estuvieran con ganado, ramoneando los suelos; cambiando, en definitiva nuestras reflexiones, que van y vienen de árbol en árbol, por otras con más expansión.

A punto de salir del bosque

La parte más alta de los llanos
            Por encima de nosotros, el cordal de la Magdalena y las Blancas. Valle abajo, las anchuras de un Estarrún que se descongestiona al salir de los congostos de la cabecera del valle. Y a nuestra espalda la sierra de la Estiba, con el pétreo Mesola. Un paraje verdaderamente agradable y sorprendente. Bajamos hasta el fondo y por terreno más incómodo de piedras cruzamos el barranco Vistosla, para salir a una pista, que desemboca en otra principal.

Imagen de la Llena del Bozo y de la Garganta, ya de regreso

Puente sobre el barranco de Sibiscal
            Al llegar a ella, la tomamos a la derecha, y ya de vuelta nos presentamos en el punto de partida, habiendo recorrido una distancia de 3,7 km, en apenas hora y media, y con tan solo 220 metros de desnivel acumulado D+/-, lo que la hace apta para hacerla con gente menuda. 

        ¡Ah!, y no olvidarse de parar en la cascada de Sibiscal… que aunque la hayamos contemplado de subida, no importa, porque seguro que tiene distinta luz… y distinta agua, y seguro que nuestra mirada también lo es, después de haber conocido tan bello rincón.


Las fotos y el track

jueves, 28 de mayo de 2020

Pico Carniceras y Gabardito, por los montes de Canfranc

IXOS MONS
Pico Carniceras (1460 m)
Gabardito (1520 m)
Jueves, 28 de mayo de 2020



            Bonito y solitario paseo vespertino por los montes de Canfranc, con sorpresa incluida. Como tantas y tantas veces hemos hecho, la idea era subir a Gabardito por el barranco de los Meses y bajar por el de Aguaré, y así ha sido, pero antes de llegar a la majada encontramos un desvío señalizado como “Pico Carniceras”, y allí que hemos ido. Una humilde cota, por debajo incluso que la de destino, pero con unas vistas espectaculares.


Arranque de la ruta, por el GR 11.1

            Cuando uno va solo es cuando más acompañado va. Gusta ir solo, al menos en los lugares donde el riesgo es mínimo. Así que, nos hemos echado al monte esta tarde, aunque nada más sea por ir acercándonos a eso que dan en llamar “nueva normalidad”. Se me antoja siniestra la concepción, veremos en qué queda la cosa…

Cruce del barranco de los Meses

Viveros
            Canfranc Pueblo, ¿o deberíamos llamarlo simplemente Canfranc? Creo que sí. Dejamos el coche en la parada del bus, para comenzar nuestra ruta de la mano del GR 11.1 y su nueva señalización como Sendero Turístico de Aragón. Enseguida nos vestimos de bosque. Junto al barranco de los Meses, un espacio que languidece con nostalgia de lo que fue, unos viveros parcelados, con un pequeño refugio en su parte más alta. Los pasamos por encima, y en seguida se cruza el barranco. Se van sucediendo las zetas por el bosque, así como las tentaciones de atajarlas, pero sabemos que no hay que hacerlo, y no lo hacemos. El sendero está lo suficientemente hecho como para no promover otros, que no hacen más que producir erosión innecesaria.

Fuente de la Pajeta

Primera visión de los montes cercanos. Moleta y Collarada
            El acercarnos a una gran pared, nos da la oportunidad de pasar por una curiosa fuente, la de la Pajeta, y su nombre le viene, porque si no llevas ese elemento va a ser imposible beber agua, ya que pasa por el interior de la roca, y solo se accede a ella por un pequeño orificio. Varios carteles nos cruzamos con los nombres de distintas zonas de escalada. Un tramo de camino empedrado y más pendiente nos vuelve a meter de nuevo en un corto tramo de bosque, al tiempo que pasamos por el arranque de un sendero que indica a Villanúa, y que llega a la pista, a la que también salimos, y que viene de dicha localidad.

Saliendo a la pista

Fuente de los Abetazos
            La tomamos a la derecha. Al poco se cruza el barranco, y en diez minutos se alcanza la fuente de los Abetazos, de buenas y generosas aguas. Este nombre habrá que explicarlo menos, porque es de lo que está rodeada, comenzando a aparecer y a dominar en el bosque. La pista se empina, y zigzaguea en corto. También van apareciendo enormes ejemplares de pino royo. En otros diez minutos más, vemos un cartel en un desvío, que indica el pico Carniceras… pues allá que nos metemos. Guiado por hitos de piedras, en un corto tramo de bosque, que termina en lapiaz, se encuentra esta humilde cota, pero que ofrece unas vistas espectaculares, y no solo sobre el valle, también sobre el barranco de Ip, enfrente, y sobre el cordal de Lecherines, Tortiellas, Peña Blanca.

Gamones

Lapiaces llegando a las Carniceras
            Volvemos sobre nuestros pasos hasta la pista y continuamos hasta la majada de Gabardito, dejando atrás el desvío al barranco de Aguaré, que tomaremos de regreso. La pista termina con el bosque, pero obligado es llegarse hasta el refugio. Esta amplia majada, a los pies del cordal Magdalena-Las Blancas-Sayerri, no hace tantos años era una gran extensión de pastos, pero hoy en día, apenas se ramonea, por lo que se está cubriendo de maleza.

Rigüelo, Lecherines y Tortiellas

Majada de Gabardito
            El GR 11.1 sigue su camino hasta la majada de Lecherines, refugio López Huici, collado de la Magdalena y más allá. Nosotros, tocamos chufa en el refugio y comenzamos el regreso, por el mismo itinerario hasta entrar en el bosque y tomar de nuevo la pista, aunque solo unos metros, porque, como dicho anteriormente, tomamos el desvío para bajar por el barranco de Aguaré. Justo en el desvío hay un cartel que advierte de la dificultad de este itinerario, que es superior al que hemos tomado de subida, por el que se puede volver, pero así le damos un poco de variedad. Diez minutos de discurrir por amable sendero de bosque y llegamos a un tramo pendiente y escarpado, que se pasa sin mayor problema con la ayuda de unas cadenas y estribos metálicos.

Refugio de Gabardito

Tramo de cadenas y estribos
            Sigue el sendero lidiando con fuerte desnivel, y con tramos de piedra suelta, hasta llegar al seno del barranco, que hay que cruzar para continuar por bosque. En media hora más de descenso por el bosque, dejamos atrás sendos desvíos para incorporarse al cauce del barranco Aguaré Medio y Aguaré Inferior. Un clamoroso trueno seco se une a la paz de la tarde. Pero lo seco dura poco, que al salir al costado de la gasolinera ya llevamos buena ración de agua. Se cruza la carretera por aquello de ir por la izquierda, y en 700 metros se alcanza el lugar donde encontramos el coche, dando así por finalizada esta ruta para una tarde de primavera bendecida por la tormenta, habiendo hecho 6,8 km, en un tiempo de 2 horas y 20’, del que algo más de esas dos horas han sido en movimiento, para salvar un desnivel de 480 metros D+/-.


Más fotos y el track

miércoles, 27 de mayo de 2020

Entrevista a Daniel Gómez, del Instituto Pirenaico de Ecología

MEDIO AMBIENTE
Entrevista a Daniel Gómez
Doctor en Biología
Instituto Pirenaico de Ecología
Miércoles, 27 de mayo de 2020




            En estos tiempos, en los que parece que se pone en valor el trabajo de los científicos, nos acercamos al centro que tenemos en Jaca, el IPE -Instituto Pirenaico de Ecología-, integrado en el CSIC -Consejo Superior de Investigaciones Científicas-, para conversar con uno de sus miembros, Daniel Gómez, Doctor en Biología, que lleva años observando estrechamente el comportamiento de las especies vegetales, muy sensibles al cambio climático, especialmente en las montañas, principal escenario de sus investigaciones científicas.

 

P. Daniel, ¿desde cuándo formas parte del IPE y cómo fueron tus inicios?

R. Comencé a colaborar sin ningún vínculo laboral en 1980 cuando inicié mi tesis doctoral bajo la dirección del Profesor Pedro Montserrat y me incorporé como funcionario de carrera en 1987. En ese periodo trabajé como “free lance” en distintos territorios y temas de investigación que incluyeron la apicultura, praticultura, la prospección florística y la cartografía de la vegetación.




P. A lo largo de todo ese tiempo, tuviste algún cargo de responsabilidad, ¿no?

R. He formado parte de la dirección entre 2006 y 2018 coincidiendo con el cambio al nuevo edificio que ahora ocupa el instituto


"... fuimos el primer gran herbario europeo en completar la informatización..."

P. ¿Hay alguna especialidad que se pueda unir en tu currículo de Doctor en Biología? Actualmente, ¿cuál es tu función, a qué te dedicas en el IPE?

R. Mi especialidad es la flora de los Pirineos y más en general, la botánica y la ecología vegetal. Tratando de buscar la aplicabilidad de la investigación (que ahora llamamos transferencia), he participado o dirigido proyectos de ordenación y gestión de zonas de montaña y planes de ordenación, sobre todo de territorios pastorales.  Mi labor más intensa la he hecho en el "Herbario JACA" que es el tercero más importante del país tras los de Madrid y Barcelona. Fuimos el primer gran herbario europeo en completar la informatización (más de 300 mil plantas y 600 mil registros de flora) y editamos la flora de Aragón “on line” con acceso al público en general y, recientemente, la de los Pirineos.




                "... se le debe a José Mª Albareda la elección de la sede en Jaca..."

P. Háblanos un poco de sus primeras épocas, de esa Estación de Estudios Pirenaicos, de sus fundadores, de los objetivos iniciales… También de cómo se han ido adaptando estos a los tiempos.

R. Precisamente el año pasado celebramos el 75 aniversario de la fundación de la Estación de Estudios Pirenaicos que al cabo de pocos años pasó a ubicarse en Jaca para dar lugar al Instituto de Estudios Pirenaicos y el Centro Pirenaico de Biología experimental y, tras su fusión ya en los años 80 al actual Instituto Pirenaico de Ecología. Es un largo trayecto con muchas personas e instituciones involucradas que resulta difícil de sintetizar en unas pocas líneas. Quienes estén interesados en conocer los principales acontecimientos de esta historia que ha dejado una huella profunda en la ciudad, puede consultarla en el semanario “El Pirineo Aragonés” o, más en detalle, en un libro que editamos en 2018 con motivo de la efeméride. Cabe resaltar el hecho de que un instituto como el nuestro se ubicara precisamente en Jaca. Si se observa la localización de los centros de investigación se ve que la mayor parte se sitúan en las grandes ciudades. Jaca tiene que estar orgullosa de tener la sede del IPE, el único centro de investigación especializado en ecología de montaña que existe en nuestro país. Y para el CSIC, disponer de la sede de Jaca supone tener un punto de apoyo en el corazón de los Pirineos.
En una perspectiva “histórica” creo que cabe destacar el espíritu integrador y la vocación internacional con la que el aragonés (de Caspe) y profesor de investigación José María Albareda diseñó el instituto. A él se debe que Jaca fuera el lugar elegido y así se le reconoce en la calle que tiene dedicada. Al margen de su categoría científica y capacidad organizativa creo que cabe resaltar en la persona del Profesor Albareda el espíritu de “reconciliación nacional” en los difíciles años de la posguerra con que quiso impregnar el CSIC para que la investigación científica fuera la punta de lanza en ese objetivo y el afán “internacional” en plena época de aislamiento de nuestro país. Por este último objetivo la sede en Jaca se potenció y se celebraron distintos congresos pirenaicos con carácter transfronterizo.  



P. Desde aquellos ya lejanos tiempos de su fundación, ¿cuál habría sido vuestra aportación más relevante para la ciencia?

R. Los Pirineos son la segunda gran cordillera de Europa tras los Alpes y el segundo centro de biodiversidad. Los resultados de estos 75 años de labor investigadora están plasmados en la revista PIRINEOS que edita el propio instituto desde los años 50 del pasado siglo y, además, en centenares de artículos en revistas de investigación de todo el mundo. Como resultado de esas investigaciones, el IPE es probablemente la principal institución de referencia para la documentación de la cordillera pirenaica sobre la geomorfología, el clima, la diversidad y muchos otros aspectos sobre sus riquezas naturales sobre el “cambio global que incluye el Cambio Climático ahora tan en boga.


"...la investigación científica exige universalidad, cooperación..."

P. Formáis parte del CSIC, ¿qué nivel de autonomía tenéis?

R. Administrativamente y para la obtención de plazas y mantenimiento de las infraestructuras, dependemos totalmente de ese organismo que es el mayor dedicado a la investigación en nuestro país. Gozamos de total libertad para acometer líneas de investigación, aunque lógicamente tenemos una historia que ha dado lugar a un patrimonio de publicaciones, colecciones y conocimientos, una realidad natural en los Pirineos y en Aragón que nos marca prioridades y oportunidades por su proximidad. Además, hay líneas de investigación preferentes según marquen las situaciones y problemáticas de cada época.
Aparte de esto, nuestro organismo, como todos los que promueven la investigación, exige resultados relevantes que den lugar a patentes o bien que se publiquen en revistas de prestigio científico. Para conseguir financiar la investigación hay que acudir a convocatorias competitivas nacionales o internacionales donde hay que justificar el interés de los temas que se proponen y la capacitación de los equipos solicitantes.
Pero la investigación científica no pretende autonomía en el sentido de “separación” sino todo lo contrario: universalidad, colaboración e integración con científicos y grupos de investigación de cualquier lugar que coincidan en sus líneas de trabajo y permitan abordar mejor los objetivos. No puede ser de otra forma porque la ciencia, cada vez más compleja, requiere para su desarrollo el acceso a la información que se genera en cualquier tema y en cualquier parte del planeta.


"... el IPE tiene dos sedes, en Jaca y en Zaragoza..."

P. Hay otro centro del IPE en Zaragoza, ¿qué dependencia tenéis con ellos? ¿Hay más centros de esta índole en España?

R. Ambos centros conforman el mismo instituto; es decir, el IPE tiene dos sedes, una en Zaragoza y la otra en Jaca; no hay ninguna dependencia y los grupos de investigación están formados por investigadores de ambas sedes. Por cuestiones logísticas, la dirección y administración radica ahora en Zaragoza y también hay allí mayor número de personas; en parte, por la preferencia de parte de la plantilla de vivir en la ciudad.



"... se lideran proyectos reuniendo equipos de los cinco continentes..." 

P. ¿Qué tipo de relación tenéis con otros centros similares en el ámbito internacional?

R. Los proyectos de investigación son, en muchos casos, transfronterizos y este hecho supone una mayor oportunidad de conseguir financiación para esos proyectos y abordar objetivos más ambiciosos. Por ejemplo, uno de los proyectos actuales del instituto, liderado por la Dra. Sara Palacio que es investigadora en la sede de Jaca, reúne equipos de los cinco continentes y aborda el estudio de ecosistemas similares en España, EEUU, México, Argentina, Irán, Turquía, Australia y Sudáfrica entre otros países.


P. Decías que hace poco habéis celebrado un aniversario redondo en el IPE...

R. SÍ, el 75 aniversario; así que los jóvenes del instituto son ya la cuarta generación de investigadores y técnicos en el estudio de los Pirineos y otras cordilleras.


"... dos grandes grupos de investigación, con unos 20 científicos..." 

P. ¿Cómo está estructurado el instituto? ¿Con cuánto personal cuenta el centro? ¿Qué es lo que hacéis?, investigaciones, divulgaciones, publicaciones…

R. El IPE tiene actualmente dos grandes grupos de investigación, uno que se centra en la conservación de los ecosistemas naturales, la biodiversidad y la restauración ecológica y el otro que estudia el Cambio Global y el Cambio Climático abarcando distintas escalas de tiempo. Además de los investigadores –unos 20- hay personal técnico y administrativo, becarios que realizan sus tesis doctorales, personas contratadas que participan temporalmente en los proyectos de investigación. En conjunto y en las dos sedes, alrededor de cien personas.



"... de ignorados a encumbrados..."

P. Creo bastante extendida la opinión de que una institución de este tipo es algo opaco, que está compuesta por un grupo de "cerebritos" que se pasan la vida investigando, haciendo informes y como que pasáis desapercibidos. ¿Os sentís vinculados a la sociedad? ¿Qué utilidad tiene el centro para el conjunto de la ciudadanía? ¿Con qué argumentos os gustaría daros visibilidad?

R. Es cierto que, durante mucho tiempo, la investigación científica, más allá de la aplicación de sus resultados, ha permanecido alejada del gran público. Esto ha sido así en parte porque los propios investigadores no sentían la obligación de divulgar sus trabajos y porque la propia sociedad mostraba poco interés en conocerlos. Sin embargo, esto ha cambiado radicalmente en los últimos años con el interés de los medios de comunicación, sobre todo en relación con los avances en medicina, en el cambio climático y, en estos momentos, en la pandemia. La imagen de los científicos por parte de la sociedad ha pasado ahora, de ser ignorada a encumbrada. Todos los extremos suelen resultar inadecuados.
En el IPE realizamos cada vez más actividades de participación en foros de discusión, patronatos, etc... y divulgación. Tenemos redes con más de doscientos colaboradores en nuestro trabajo en lo que se denomina “ciencia ciudadana” y que son imprescindibles para realizar algunos proyectos de investigación. Hay varias personas en Jaca que forman parte de estas redes y otros que colaboran muy estrechamente en la prospección de terreno aportando valiosos datos, fotografías, etc.


"... la ciencia surge de la curiosidad..."

P. Siempre me ha llamado la atención vuestro trabajo. Supongo que habrá líneas de investigación permanentes, pero también las habrá ocasionales, incluso nuevas, ¿cómo y de quién surge la necesidad?

R. La ciencia en general surge de la curiosidad por comprender lo que nos rodea, por tratar de responder a las grandes preguntas que nos hacemos como especie desde la noche de los tiempos. Somos una especie “curiosa”. Esta propiedad es quizás uno de los principales rasgos que nos define como especie y una cualidad que los científicos tienen que tener muy desarrollada junto a la capacidad de imaginación que también comparten los artistas. Al margen de esta finalidad primigenia que define la “ciencia básica”, las líneas de investigación se actualizan tratando de responder a los retos que aparecen en cada momento. Esto también supone que la ciencia tiene sus “modas” y que no está libre de “intereses”. En general, podemos enmarcar nuestra tarea en el objetivo de tratar de entender cómo funciona la naturaleza, sobre todo en las interacciones entre el medio físico (geología, topografía, clima) y el biótico (flora, fauna, usos humanos) con el objetivo de fomentar su conservación que es condición “sine qua non” para nuestra propia supervivencia y para tratar de mantener y mejorar las prestaciones que esa naturaleza nos da, lo que ahora se denomina “servicios de los ecosistemas” que incluyen bienes materiales, culturales y espirituales.



 "... hay que tratar de suplir las carencias con el esfuerzo..."

P. ¿De qué modo os han afectado los recortes de la última década? ¿Se ha quedado algún proyecto importante inconcluso? ¿Cuáles son los principales proyectos en los que estáis inmersos en estos momentos? ¿Y algún otro de inminente acometida que se pueda desvelar?

R. Los recortes atañen a todas las actividades y en todo momento (sistema sanitario, judicial, enseñanza…). Creo que, mirando los déficits en estos otros sectores, hay que quejarse solo lo justito y entender cuáles son las prioridades de la sociedad en cada momento. En nuestro campo de trabajo de la ecología, hay que tratar de suplir las carencias que siempre están allí con el esfuerzo, la pasión y la imaginación, como hicieron muchos de nuestros predecesores tantas veces. La investigación es un trabajo pasional, no se cuentan las horas de trabajo y, en general, no se persiguen intereses económicos a nivel particular. La deficiencia más grave que tenemos es la del relevo generacional; hay muchos jóvenes investigadores muy bien preparados que han tenido que ir a trabajar a otros países y tienen una difícil perspectiva para su reincorporación por la escasez de plazas que se dotan. Es una pérdida de “material humano” en cuya formación el país ha invertido mucho esfuerzo y ahora no se puede rentabilizar.
Nuestras principales líneas de trabajo tienen que ver con el conocimiento y la conservación y restauración de la naturaleza y con el cambio global resultante de nuestras actividades. En el instituto hay numerosos temas de investigación en marcha que no puedo detallar en poco espacio. Quienes tengan curiosidad por conocerlos quedan invitados a las jornadas de puertas abiertas que se hacen cada año y en las que se explican esos proyectos.


P. Por la situación que vivimos de alerta sanitaria, parece que se está poniendo en valor en la opinión pública la labor de los investigadores, ¿hay alguna aportación específica de este centro a la actual situación?

R. Algunos investigadores vinculan la expansión de ciertas plagas al deterioro ambiental del planeta y, en algunos casos, al cambio climático. Eso creo que no está todavía muy claro en la actual pandemia, aunque sí que se conoce en la propagación de otras enfermedades. La crisis ambiental en la que nosotros trabajamos y que ahora ha pasado lógicamente a un segundo plano, sigue allí y habrá que volver a preocuparse por ella en cuanto se relaje el actual estrés porque tiene implicaciones de todo tipo y también oportunidades para el desarrollo. Hay muchos retos, también a escala socioeconómica y sanitaria, en la investigación medioambiental.


P. ¿Se ha visto alterado vuestro trabajo por la situación actual?

R. Una parte fundamental de la investigación consiste en reflexionar y escribir y eso se puede casi hacer en todo momento y lugar. Incluso creo que el “confinamiento” ha servido para potenciar estos aspectos. La toma de datos en el campo y algunos experimentos en marcha sí que se han visto afectados lógicamente.



"... la creciente dependencia de la tecnología ofrece grandes oportunidades..."

P. Llevas toda una vida dedicada a esto. ¿Cómo ves el porvenir de la institución? ¿Es atractivo este trabajo para las futuras generaciones de científicos?

R. No me veo capaz de imaginar el futuro. Ya resulta bastante complicado tratar de interpretar el presente y analizar el pasado. Además, soy bastante escéptico con los “escenarios de futuro” cuyo diseño ahora está muy en boga; siempre tengo en mente la frase de Keynes de que cuando parece que llega lo inevitable, surge lo imprevisto. ¿Cuántos fueron capaces de imaginar hace apenas tres meses la pandemia y sus consecuencias?
Lo que sí creo que nos debe hacer reflexionar es el hecho de que el gran avance científico y tecnológico de las últimas décadas discurre de forma paralela al aumento de nuestra vulnerabilidad como especie y como sociedad. Esto nos debería hacer ser más humildes, menos arrogantes en cuanto a nuestro “dominio de la naturaleza”. Sin querer ser catastrofista, imaginen que la presente crisis hubiera coincidido con un periodo de sequía como los que ocurren periódicamente o que hubiera un colapso de internet o de los sistemas GPS que son escenarios también reales. La creciente dependencia de la tecnología ofrece grandes oportunidades, pero también nos puede hacer más débiles.
En cualquier caso, la ciencia siempre es atractiva para determinados jóvenes y el afán de descubrir, conocer, y tratar de comprender nos acompañará siempre; aunque, desde luego, el camino que tienen que seguir los jóvenes investigadores es arduo, sacrificado e incierto como he comentado antes y por tanto, es necesario paliarlo con mucha vocación. Pero nunca fue fácil.


P. ¿Hay alguna cuestión más que quieras compartir con los lectores de Jacetania Express?

R. Como botánico y humilde conocedor del territorio gracias a mi labor profesional, me permito recordar a quienes vivimos en este territorio la calidad y extensión del entorno natural que nos rodea. Caminar por la naturaleza y observarla atentamente es una práctica muy recomendable en los planos físico e intelectual y nos ayuda a recuperar la ancestral relación emotiva con la Naturaleza para comprender que formamos una misma realidad.




                No quisiera despedir este encuentro sin recordar algo que a Daniel se le suele oír en sus charlas, tanto de aula como sobre el terreno, y que referido a las plantas dice que “… como seres individuales no se mueven de su sitio, pero sí como especie…”, dando a entender su labor colonizadora, para bien o para mal, se podría añadir, y lo sensibles que son al cambio climático.

            Nos sentimos muy orgullosos de tener en nuestra ciudad este gran centro de investigaciones científicas, único en su especialidad en todo el país, y agradecemos finalmente la colaboración de Daniel, con la que esperamos haber contribuido a dar visibilidad a este colectivo, en íntima relación con el medio, y ocupado en poner de manifiesto que el comportamiento del ser humano tiene consecuencias en las múltiples manifestaciones de la vida allí afuera. Una vida muy sensible a nuestra conducta, que deriva en no ser conscientes de que formamos parte de ella, con la consiguiente pérdida de respeto, consideración, admiración, agradecimiento, protección y amor, en suma, hacia esa naturaleza que nos da la vida. Unos ecosistemas frágiles, agredidos constantemente, y que tratan de adaptarse con gran esfuerzo para poder sobrevivir, porque en definitiva la vida, a pesar de todo, siempre se abre paso, dándonos lecciones de resiliencia, cuya observación está siempre a nuestro alcance a través de una buena lectura de ese Gran Libro de la Naturaleza Viviente.
  


Más información, en: http://www.ipe.csic.es/