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martes, 3 de abril de 2018

100 cimas, 100 paisajes. Aragón comarca a comarca

100 cimas, 100 paisajes. Aragón comarca a comarca
Presentación en el IAACC Pablo Serrano de Zaragoza
el lunes, 2 de abril de 2018... donde tuvo lugar la 101


          Esta tarde se presentaba en el IAACC, conocido popularmente como museo Pablo Serrano, de Zaragoza, el libro “100 cimas, 100 paisajes. Aragón comarca a comarca”, editado por PRAMES. El acto estuvo presidido por el Consejero de Vertebración del Territorio, Movilidad y Vivienda del Gobierno de Aragón, José Luis Soro, en el que participaba también el Gerente de PRAMES, Sergio Rivas, quien presentó su línea editorial, en la que encaja perfectamente la publicación. Seguidamente dio la palabra al autor, quien esbozó las claves de su libro, sus orígenes, cómo surgió la idea, las alianzas, el desarrollo con el trabajo de campo y la posproducción, que ha dado lugar a esta obra que ahora sale a la luz. Cerraba el acto el Consejero, quien remarcaba el gran abanico de posibilidades que abre la publicación en el ámbito del turismo rural. La mesa de ponentes estaba arropada por personalidades en la primera fila de la platea; de un lado Juan Martín, Secretario Técnico de la Consejería, Antonio Angulo, del Gabinete del Consejero, Jorge Marqueta, gerente de Turismo de Aragón, y Jorge Díez, gerente de SARGA. Y por el otro, Luis Masgrau, Jesús Rivas y Carmen Maldonado de la FAM, y Chusé Aragüés y Rafa Yuste de PRAMES.


            Este párrafo podría servir como nota de prensa de un evento de presentación de este libro o de otro cualquiera. Frías palabras que, aun siendo necesarias, no representan el verdadero espíritu de lo que allí se estaba cociendo. Cierto es que se estaba mostrando en primicia la publicación de un libro “… imprescindible para Aragón, y que condensa toda nuestra esencia…”, según palabras de Soro, que como consejero del ramo lo ensalzaba diciendo que “… sirve para fomentar la movilidad turística y, por lo tanto, la dinamización social y el desarrollo económico equilibrado y sostenible”. Añadía que el autor ha puesto en valor el exhaustivo trabajo realizado en esta publicación que “… además se alinea perfectamente con los objetivos que perseguimos desde el Departamento: aprovechar todo el potencial del patrimonio natural y cultural de Aragón para reforzar una oferta turística única y diferencial”. También que “… nos ayuda a poner en valor la Red de Senderos Turísticos de Aragón, que nos acercan al paisaje, al patrimonio, a los Espacios Naturales Protegidos y, sobre todo, nos permite hacerlo en familia, en compañía de los nuestros”.


            Palabras que profundizan un poco más en los objetivos y contenidos del libro que, en un acto como ese se hacía necesario ensalzar como una herramienta más para fomentar el turismo, turismo rural, en aras de un acercamiento de los visitantes a nuestras bellezas naturales. Pero en realidad, el protagonista no era el libro, ni mucho menos su autor, el protagonista, o mejor los y las protagonistas eran los montes y montañas de nuestra Comunidad Autónoma, y lo que representan. Una vez apagados los focos del evento, que nos han deslumbrado al no estar habituado a ellos, podemos volver a la serenidad de tantos y tantos momentos, se cuantifican en 100, pero son muchos más, los vividos para poder plasmar en una guía de montaña la forma de llegar a esas tantas cimas de Aragón, repartidas por todo el territorio, comarca a comarca.


            Para hacer este trabajo, el único mérito que tiene es el de la constancia, la perseverancia, el no reblar. Y naturalmente, el compromiso, el haber dado la palabra, el acuerdo, el apretón final de manos, signos todos ellos del carácter aragonés, del que me honro en ser partícipe. Todo lo demás es dejar fluir la esencia de lo que te inspiran las montañas, que en el caso de uno es puro sentimiento, es pasión, es poesía, es interacción, es… tener asimilado que forma parte de las relaciones estrechas entre dos seres vivos. No es casual que las cimas estén en lo alto, y las depresiones en los fondos del valle. Reflexión ésta que bien nos podría servir para el ser humano. 



            La inspiración para este trabajo vino del reto que se impuso Carlos Sanz en 2014. Este montañero aragonés, trasplantado hepático, se propuso, y lo consiguió, subir a los puntos más altos de todas las comunidades autónomas españolas. Por un lado quería demostrar que aun con una minusvalía, “si se quiere se puede”, y por otro el visualizar la necesidad de la donación de órganos. Aun siendo atractivo el reto, preferí en su momento mantenerme en los límites aragoneses, y sólo con esa trasposición territorial ya se consiguió duplicar los objetivos, pasando de 17 a 33, que son las comarcas. Hay tres niveles de actuación que el ser humano tiene que implementar ante cualquier empresa que quiera poner en funcionamiento. Primero es el mental; de repente, un vehículo, identificado o no, circula por la autopista de nuestra mente, los radares lo captan, lo interceptan, se nos ocurre algo. Seguidamente interviene el corazón, con su deber de revestirlo de deseo. Ya tenemos una idea fría, pensada, madurada… y posteriormente templada, deseada. Sólo nos queda pasar a la acción. Ésta es la verdadera Trinidad, la verdadera esencia de la Creación, el pensamiento, con sus valores masculinos, y el sentimiento, con los femeninos, alumbran una criatura: la voluntad para llevarlo a la acción.


            Y esta idea, madurada y deseada, se configuraba en torno a dos líneas maestras: las montañas y el territorio, dos elementos presentes en la esencia de PRAMES desde su fundación hace treinta años, están en su ADN, por lo que no fue difícil conectar. La cuestión es que la idea tuvo recorrido de ida y vuelta, ya que en la editorial, sin saberlo por mi parte, ya existía de hacía tiempo ese proyecto, solo que con 3 por comarca, que con el Aneto se completaban las 100, y fue lo que me ofrecieron, de modo que como uno es de “un paso atrás ni para coger impulso”, ahí es donde estuvo ese apretón de manos, ese punto de inflexión para ponerse a trabajar.



            Lo inmediato fue identificar esas 100 cimas, para lo que hubo que revisar mapas, localizar las zonas montañosas de las comarcas, observar mugas y determinar esas tres cimas más altas de cada una de ellas, porque inicialmente así se concibió el proyecto. Acto seguido fue el desarrollar la estrategia clave del éxito, que no era otra que la de contar con el territorio, hacerles partícipes, darles voz, y la oportunidad de que se viera reflejado en cada una de las páginas del libro. Para ello había que elegir al club de montaña más representativo de cada comarca… y se hizo. Seguidamente se tuvo que contactar con ellos, transmitirles el proyecto, consensuar las cimas y tratar de que te acompañaran en su consecución. En esta labor de consenso se abandonó la idea inicial de las tres de mayor cota, conservando, eso sí, la más alta, dejando a su criterio las dos restantes, de esa forma se hacía más participativo el proyecto.


            La respuesta, como es natural, fue muy diversa. Con unas más dificultades que con otras, porque incluso hay alguna comarca que carece de clubes de montaña, al cabo de dos años y medio se pudo concluir el trabajo. Un trabajo que aunque lleva solo una firma, es absolutamente coral, porque han participado más de 100 personas, entre guías y acompañantes, pertenecientes a 26 clubes de montaña, incluido el CP Mayencos de Jaca, o asociaciones senderistas. Se recogen 117 cimas, aunque 100 son las protagonistas, 8 de las cuales superan los tres mil metros de altitud, describiendo 91 rutas, ya que alguna sirve para encadenar dos cimas, y en un caso solo, las tres. Se ha tratado de poner en valor tanto la red de refugios como la de senderos, ambas totalmente complementarias, y que están adquiriendo día a día más adeptos. Los refugios se van modernizando implantando las últimas medidas en tratamiento de residuos, entre otras, y los senderos engrosando esa red de Senderos Turísticos de Aragón, que pone a nuestra tierra en el mapa a la altura de los territorios con mayor atractivo turístico para ser visitados.


            Desde el Aneto, naturalmente la más alta, hasta la más baja, el Balcón, una atalaya que con sus 368 metros de altitud se asoma al padre Ebro en su tranquilo discurrir por tierras del Bajo Cinca, y que curiosamente, al estar en el municipio de Fraga, también está en la provincia de Huesca. Desde la una a la otra, decimos, en esos 30 meses, nuestros pies han recorrido en torno a 1.100 km, con cerca de 70.000 metros de desnivel acumulado D+/D-, entre los que hemos podido disfrutar acompañado, en ocasiones solo, de los paisajes más variopintos de nuestra tierra, desde el intenso verde de los bosques alpinos del Pirineo, hasta los más mediterráneos del Sistema Ibérico. Desde los blancos hielos glaciales, auténticas joyas geológicas del pasado, hasta los ocres de las tierras más áridas de los Monegros oscenses o zaragozanos. Desde esa isla atlántica rodeada de ambiente mediterráneo como es el Moncayo, hasta los rojizos del rodeno. Todo bajo unos cielos azules o teñidos de amanecer o de atardecer, que no se han querido perder tampoco el momento. Hemos pasado calor, hemos pasado frío, nos ha llovido… toda una diversidad de manifestaciones del tiempo, como diverso es el territorio. Desde las calizas hasta los granitos, desde las areniscas hasta los conglomerados, como conglomerados han sido los sentimientos que nos han inspirado nuestras andanzas por estas montañas.


            Han sido, pues, 100 no, muchos más los momentos intensos vividos, cuyo mayor trabajo ha consistido en condensarlos en esas 464 páginas, con 383 fotografías y 91 mapas, MIDE y perfiles que acompañan a las distintas ascensiones, y que agrupadas por comarcas, vienen precedidas en cada una de ellas por una breve reseña de la misma y un mapa de ubicación de sus tres cimas, con una pequeña foto de cada cumbre. Un trabajo concienzudo que ofrecemos a los interesados en esas dos líneas maestras comentadas, que son el territorio y sus montañas, y que gracias a PRAMES y la colaboración de Turismo de Aragón de la Consejería de Vertebración del Territorio, Movilidad y Vivienda del Gobierno de Aragón, y con el agradecimiento también a la FAM,  y a todos aquellos que nos han guiado o acompañado por esos caminos, podemos poner en vuestras manos, con la ilusión de poderos hacer amar más, si cabe, las montañas de nuestra tierra.


Algunos testimonios:

http://aragonhoy.aragon.es/index.php/mod.noticias/mem.detalle/area.1050/id.217827https://www.facebook.com/jacetaniaexpress/posts/1019754998187998


** La mayoría de las rutas están publicadas en el blog. Solo hay que buscarlas con la etiqueta "100 cimas".

jueves, 5 de octubre de 2017

Miradores de La Mula y Monte Alto, por la Ruta del Bosque y el Fuego

IXOS MONS
Mirador de La Mula (720 m)
Mirador de Monte Alto (715 m)
Jueves, 5 de octubre de 2017



            Siempre es un placer darse un paseo por los pinares cercanos a Zaragoza. En esta ocasión nos acercamos a los de Zuera para compartir con ellos esa Ruta del Bosque y el Fuego, por otra de las sierras de estos extraordinarios montes, que con más fuerza siguen en pie tras los incendios que arrasaron parcialmente sus bosques. 

Cartelería al inicio de la Ruta del Bosque y el Fuego
Punto de partida de nuestra ruta
            La señalización comienza en un apartadero de la carretera A-1102 de Villanueva de Gállego a Castejón de Valdejasa, pasado el PK 16,8, pero hemos preferido tomarla un poco antes, porque creemos que merece la pena comenzarla pasando por estos bosques de una forma más íntima, más pegados a estos seres que tanto aportan, que bastante tramo tenemos luego de pista. De modo que en otro apartadero en el PK 13, junto a un merendero inutilizado por razones obvias, dejamos el vehículo y echamos a caminar por un estrecho sendero que poco a poco va saliendo a otros más anchos, pero sin perder ese trato directo con el arbolado.

Sendero por el pinar

Corrales de Cagarroz
            A los tres cuartos de hora, y llevando ya un tiempo por pista, y habiendo recorrido casi 4 km, llegamos al cruce de la entrada por el camino señalizado de esta Ruta del Bosque y el Fuego, en una gran explanada con campos y corrales de otros tiempos, Cagarroz, según los mapas. A los diez minutos nos encontramos con uno de los catalogados como Árboles Singulares de Aragón, el pino de Valdenavarro, un pino carrasco (pinus halepensis), cuyo nombre científico proviene de la tristemente recordada ciudad siria de Alepo, de grandes dimensiones: más de 13 metros de altura, casi 6 metros de perímetro de base y más de 17 metros de diámetro de copa.

Pino de Valdenavarro, en plena inspección

Ganando altura
            Poco a poco nos vamos acercando a la Loma de la Mula, para en un par de vueltas y revueltas ganar la altura suficiente para subir a la carretera que lleva al Acuartelamiento Esteban, un centro de comunicaciones del ejército. Camino de él, al mirador de la Mula marca 100 metros, pero hay 250. Este mirador sería el punto más alto del entorno dentro de la comarca de Zaragoza, ya que el vértice geodésico del Esteban, además de estar en el interior de las instalaciones castrenses, está ya en el término de Castejón de Valdejasa (comarca de las Cinco Villas). Desde este mirador se tiene una magnífica vista de los montes cercanos y no tan cercanos.

En el mirador de La Mula, con el complejo castrense al fondo

Vistas al norte desde el mirador de Monte Alto
            Volvemos sobre nuestros pasos, y aprovechamos para pasar de largo del cruce y acercarnos hasta el otro mirador, el de Monte Alto, que mira al norte, y si está el día claro, también al Gran Norte, donde se dibujan las siluetas de las montañas pirenaicas. Enfrente del cruce para este mirador tenemos una traza de la Calzada Romana, que se cree unía Pamplona con Zaragoza. Ahora sí, regresamos al cruce para tomar de vuelta el mismo itinerario que nos ha traído hasta aquí. Pino de Valdenavarro, corrales de Cagarroz, y en poco más al punto de partida. 

            Otro punto de interés lo tenemos en el Punto Fijo de Vigilancia de La Palomera, al que se accede desde enfrente de la entrada a la Ruta del Bosque y el Fuego, en el Km 16,8 de la carretera A-1102.

Calzada Romana

            Y para hacer honor a esta Ruta del Bosque y el Fuego, transcribimos alguna de las reflexiones de los sesudos del tema:

            “La mejor solución para la conservación de nuestros bosques, la más sostenible y eficaz, pasa por recuperar las actividades agropecuarias y forestales tradicionales. Por potenciar el sector primario. Por aprovechar la madera, entendiendo de una vez por todas que es un recurso renovable; por regular los aprovechamientos de setas y frutos; por impulsar la utilización de la biomasa para generar energía; por recuperar el pastoreo y las explotaciones de corcho y resina...”.
 
Panel informativo en el mirador de La Mula
            Sabias palabras de expertos en incendios forestales, sus causas, consecuencias y soluciones. Según estas mismas fuentes, vivimos en un paisaje inflamable, que antes o después arderá, y debemos estar preparados para ello. Con el abandono del medio rural a partir de mediados del siglo pasado se ha dejado al monte a su libre albedrío,  incrementando, de manera drástica, la cantidad y permanencia de combustible, que junto con el comburente son los dos elementos imprescindibles para la ignición. El combustible, la vegetación, es un auténtico polvorín.

Panorámica desde La Palomera

Otro de los carteles al inicio de la ruta
            “Hay que tomar medidas encaminadas a que los bosques vuelvan a ser rentables, y medidas audaces, valientes, como el uso del fuego como herramienta para reducir el combustible. Y todo ello en el marco de una gestión forestal que siga los principios de la multifuncionalidad y que garantice un correcto ordenamiento del territorio”. Siguen diciendo los expertos. “No es fácil, pero si se consigue esto no sólo se mantendrá el combustible en niveles más sostenibles, sino que también se reducirán las igniciones. Si el monte da dinero a los pueblos, se crearán puestos de trabajo, se fijará población al territorio y no habrá interés en quemarlo. Sólo así podremos convivir con los incendios forestales”. Son algunos de los párrafos extraídos de escritos de diversos expertos en la materia, y que podemos concluir con que es conveniente dar un poco de luz sobre el catastrofismo de este fenómeno, ecológicamente hablando. La clave está en una correcta gestión de los montes, plantando especies autóctonas, pegadas al terreno, maridaje perfecto para una mayor resistencia al fuego. Sin olvidar nunca la capacidad de regeneración propia del monte, del bosque, de toda la vida que albergan.

Otro de los tramos de bosque

            En fin… os dejamos con estas reflexiones, que hoy nos han dado de sí en estos 18,5 km de recorrido, en el que le hemos metido 3h 40’ de tiempo total, del que 3h 20’ han sido en movimiento, con 490 metros de desnivel acumulado D+/-, en una extraordinaria mañana de octubre por unos montes cercanos a la capi.





El track, en: https://www.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=20089859

jueves, 13 de julio de 2017

Las Muelas de Beratón y del Morrón, la Corona Norte del Aranda en la Cara Oculta del Moncayo

IXOS MONS
Muela de Beratón (1582 m)
Muela del Morrón (1663 m)
Domingo, 9 de julio de 2017



Cabecico del Moncayo
A cuántos pueblos mantienes
Unos con cargas de leña
Y otros con cargas de nieve
¡Aivá!


Entrada a Purujosa, bajo la ampliación
de su albergue
            Hoy comenzamos con esta coplica, a modo de jota, de Cecilio Lumbreras, que a principio del siglo pasado ya ensalzaba las bondades de estos lugares en los que una localidad, Purujosa, que en aquella época, tampoco hace tanto tiempo, era habitada por unas 450 personas, como diez o doce veces más de los actualmente censados. Y decimos de los actualmente censados, porque son los considerados de derecho, ya que de hecho deben andar en torno a la decena. Entre unos y otros han aunado esfuerzos en los últimos lustros para no dejar morir a esta villa, consiguiendo que no perdiera su municipalidad. Más purjosanos adoptivos que nativos a la postre, pero todos con unas ganas inmensas de participar, de no dejar morir esa esencia celtíbera de aquellos pueblos prerromanos tan pegados a la tierra, a una tierra hoy cuasi olvidada en ésta la llamada Cara Oculta del Moncayo. Unos purjosanos, de una u otra índole, que orgullosos están de su Padre Francisco, el ermitaño de la ermita de la Virgen de Constantín, próxima al casco urbano. Unos purjosanos que, como curiosidad podemos decir que viven en el pueblo más pequeño del mundo con semáforos, sí, porque hay dos para ocho calles.

Panel informativo del GR 90, señalizado como Sendero Turístico de Aragón,
a su paso por Purujosa

Información sobre las muelas de Purujosa
            Cuando hablamos de la Cara Oculta del Moncayo no es porque tenga algo de qué avergonzarse, no, ni muchísimo menos, todo lo contrario, muestra con gran celo, pero con enorme orgullo sus valores medioambientales y paisajísticos, hoy en día incluidos en ese espacio natural protegido del Parque Natural del Moncayo. Muestra con enorme orgullo su rico pasado, desde la Edad del Bronce hasta nuestros días, pasando por la intensa época medieval, en la que perteneció al Monasterio de Veruela, donado por Alfonso II en 1177 con ese "Laudo etiam atque concedo vobis Perillosam cum terminis heremis et populatis scilicet, a Pinna de Águila usque ad Pinnan Perforatam et castello de Oliveto usque ad Chovas de Alondas..., en el que se pueden reconocer los límites a la sazón, asombrosamente coincidentes con los municipales de los de hoy en día. Su casco urbano, con gran acierto llamado “Nido de Águilas” colgado desde hace centurias de unos grandes riscos en la cabecera del Isuela, llama la atención del visitante que por aquí se acerca a disfrutar de él y de su entorno, o sencillamente va de paso a las cercanas tierras sorianas, con las que comparte ese singular vivir a las faldas del macizo del Moncayo, que alberga en el pico de San Miguel la mayor altura del Sistema Ibérico, tan abrazado, y no sólo etimológicamente, al padre Ebro.

Muelas de Beratón y del Morrón, sobre el barranco de la Virgen

Purujosa, el "Nido de Águilas"
            ¿Y por qué hablamos tanto de un pueblo en un blog de montaña? Pues porque el paisaje no se entiende sin el paisanaje… y viceversa. Porque el paisaje, junto con los fenómenos naturales, ha sido labrado por el paisanaje. Porque el paisaje forma parte de la cultura. Porque el paisaje forma parte de la historia. Hoy, con los amigos Paco y José Manuel, del club ISUARA de Illueca, grandes conocedores de ésta su tierra, y de sus inmensas posibilidades, nos adentramos en este paisaje, nos adentramos por estos pliegues de la montaña, donde se aúnan grandes mesetas de suaves laderas por un lado, pero cortadas a tajo por otro, con profundos barrancos por los que discurre la poca agua que las entrañas del Moncayo no se guardan para sí filtradas por el terreno calizo que lo compone, nos aupamos a esta Corona Norte del Aranda, donde emprende el vuelo la comarca. Hoy, con los amigos Paco y José Manuel, decimos, nos acercamos a Purujosa para dar comienzo y fin a una espectacular circular que conjuga ambos escenarios, subimos al cielo de la comarca, las muelas de Beratón y del Morrón, y bajamos a uno de los barrancos más asombrosos, el Valdecongosto, cuyo nombre es su mejor tarjeta de presentación.

Comenzamos la ruta

Barranco de la Virgen
            Dejamos el vehículo en el mismo pueblo, para tomar el GR 90, recientemente señalizado como Sendero Turístico de Aragón, que cruza el casco urbano, con el permiso del semáforo. En la cara norte del pueblo nos asomamos al espectacular escenario de nuestros pasos de hoy,  ya dominado por esas enormes muelas, nuestros objetivos, la de Beratón, compartida con esa localidad soriana, y la del Morrón, compartida en este caso con Añón, de la comarca de Tarazona. Visualmente entre ellos, a nuestros pies, el enorme tajo del barranco de la Virgen, labrado por la erosión de milenios entre este terreno calizo.

Oficios perdidos

Primavera del Moncayo
            Seguimos las marcas rojiblancas, hasta que al cuarto de hora las dejamos que sigan hasta el fondo de ese barranco hasta encontrar el peirón de la Virgen de la Leche, para adentrarse en el barranco de Cuartón. Unas marcas que pasan con gran devoción por este recién restaurado pilón, que llaman por aquí, al igual que lo hacían antaño las gentes que se dirigían por este viejo camino de Tarazona, antes de la construcción de la carretera. Si echamos la vista atrás podremos contemplar ese "Nido de Águilas" con el que se denomina a esta villa colgada en sus riscos. Continuamos pues barranco arriba por entre la profusión de una primavera tardía. El poco tránsito por esta zona hace que la vegetación se entregue al visitante.

Progresando por el bosque

Aproximándonos al objetivo
            La entrada a unas viejas pistas hace que se vaya empinando el trazado. Tras el paso por una red de pistas que bien conocen los paisanos, llegamos a un punto en el que cambiamos lo empinado de esta última, bajo la imponente mirada de los acantilados, por el más empinado todavía tránsito por el bosque campo a través, hasta dar con una senda que nos arrima a la pared, que ya nos exige más atención, llegando incluso a usar las manos en algún paso. Un último esfuerzo para subir a la muela, una enorme planicie cortada a pico por esta vertiente y gran parte de la otra. Vamos al filo de la muga con Beratón, y en consecuencia con la provincia de Soria, que unos metros cruzamos para poder decir que a los 1582 metros, hemos hecho cumbre en la llamada Corona Alta, gozando de unas vistas extraordinarias, entre otras cosas hacia nuestro siguiente objetivo, la Muela del Morrón.

Asalto final

Al filo de la muga, al filo del abismo
            Sin perder mucho tiempo, vamos bordeando el acantilado NW en busca de una vía de descenso poco comprometida. Damos vista al Alto de San Mateo, donde se encuentran restos de construcciones dispersas por todo el cerro, destacando los derrumbes de piedras que podrían corresponder a las antiguas murallas de un despoblado medieval, mezclado con los restos del castro celtibérico. Al pie ya de los enormes murallones de roca de la Muela de Beratón, que albergan grandes oquedades sin duda empleadas antaño como apriscos, tomamos una senda que por encima de un barranco tributario del de El Hoyuelo, nos lleva hasta el collado de la Atalaya, entre la muela y el pico homónimo. Continuamos por tierras sorianas, por la curva de nivel de los 1500 que nos deja el collado, para meternos a nuestra comarca al filo de la de Tarazona en la muga con Añón y auparnos por el calizo terreno de esta otra muela, la del Morrón, que en el mismo filo del acantilado, es el techo de la del Aranda, que la tiene toda al sur, a sus pies.

En la Corona Alta, cumbre de la Muela de Beratón

Oquedades en la cara NW de la Peña de Beratón
            Las Peñas de Herrera actúan como telón de fondo en nuestro descenso. Unas peñas que también son disputadas por las comarcas de Tarazona, Borja y Aranda, y que se aúpan para dejarse ver entre las nubes. Bajamos hasta el collado de la Estaca, donde retomamos el GR 90 (antiguo GR 90.2) de vuelta ya a Purujosa. Por viejos caminos que burlan la pista, en un cuarto de hora llegamos a uno de los puntos de agua más significativos de este entorno calizo, la fuente del Col, donde aprovechamos para echar un bocado. Estamos en la cabecera del barranco de Valdecongosto, al que luego accederemos a través del de Hoya Barrán.

Llegando a la Muela del Morrón

Las Peñas de Herrera
            Dejamos atrás este atractivo rincón, dotado además de una pequeña balsa para la lucha contra incendios. Continuamos un tramo por la pista, que abandonamos para tomar un sendero a la izquierda que nos mete a éste último barranco mencionado, que transcurre por unos ya abandonados bancales. Al confluir con el principal vemos más cercana esa Peña del Tolmo de la Cina, que ha estado presente durante toda la mañana, y que separa ambos barrancos. La entrada al de Valdecongosto se hace suave, sin estridencias. Poco a poco te va llevando al filo de sus aguas bajo unos acantilados que van jugando con nosotros, haciéndolo cruzar en innumerables ocasiones, hasta que la estrechez se come la senda, teniendo que circular por el mismo lecho en el tramo final debido a la proximidad de las paredes.

Valdecongosto. Impresionante


            Media hora de tránsito por este espectacular barranco es suficiente para salir a la carretera, que en menos de un kilómetro, nos conduce los pasos al pueblo, dando por finalizada esta extraordinaria circular de 20,7 km, a la que le hemos metido 5h 40’ de tiempo total, del que 4h 50’ han sido en movimiento, para salvar unos 1260 metros de desnivel acumulado D+/-, en una bonita mañana de monte por los sorprendentes parajes de esta Cara Oculta del Moncayo, que hoy se ha mostrado más familiar, gracias a la buena compañía que hemos llevado, y que agradecemos enormemente.