domingo, 29 de octubre de 2017

La Corona Occidental de Alanos, 6x2000

AQUERAS MONTAÑAS
Pico del Achar del Alano (2078 m)
Punta Tacheras (2102 m)
Ralla del Alano (2162 m)
Trasveral Occidental (2079 m)
Espelunga (2106 m)
Ruzquía (2074 m)
Sábado, 28 de octubre de 2017



            Los barrancos de Petraficha y Petrechema dan origen al río Veral en Zuriza, uno de los más occidentales de nuestro Pirineo aragonés, y como todos los que bajan de las montañas comienza con gran brío para abrirse paso bajo sierras calizas de enorme vistosidad. En este caso, deja a su derecha el gran macizo del Ezcaurre, y a la izquierda toda una sierra, la de Alanos. El río Aragón Subordán, que comienza dando quiebros en esa Agua Tuerta, abre otro tajo entre el sinclinal del Castillo de Acher y esos mismos Alanos. Entre un extremo y otro, como 10 km de un verdadero festival calizo, con su gran fachada al norte, con unos enormes paredones que, como en la mandíbula inferior de estas montañas, enfila hacia arriba una sucesión de agujas, de muelas a cuál más agreste, desde cuyas puntas se asoman a los grandes abismos que conforman sobre Tacheras, un apacible valle al este de Zuriza.

Peña Ezcaurre. Impresionante

Tacheras, Zuriza, loma occidental de Quimboa y Maz
            Pero nuestros protagonistas de hoy no son los ríos, no, nuestra protagonista de hoy es precisamente esta sierra de Alanos que, modelada por ellos, y por los vientos, aguas y soles, se yergue en esa solana de Tacheras, ofreciendo sus más llamativas crestas, sus más llamativos paredones, sus más llamativos abismos, al paseante que apaciblemente discurre por el fondo del valle, en el que una pista nos conduce desde Zuriza hasta el Llano de Tacheras, a unos 2,3 km. Allí, el único paso existente sobre el río es el fin de los rodantes, aunque los ganaderos pueden continuar hasta los corrales de Mazandú.

Pasos de Pegraficha y Estribiella

            Y a ese Llano de Tacheras nos dirigimos con Julio, Josemari, Toño, María, Carlos, Paco, Arturo, Olga, Mª Jesús y Carlos, mayencos todos, para iniciar, y tratar de completar, claro, una ambiciosa ruta, que no es muy larga, pero sí exigente, ascendiendo a seis de las alturas de esta fascinante sierra de Alanos, en una mañana que se vaticina ventosa, muy ventosa. Allá vamos.

Once mayencos para seis Alanos

Acompañando en los primeros compases al GR 11.1
            El GR 11, que por aquí llega desde Zuriza, ve cómo una variante, el GR 11.1 se desgaja de él para pasar al valle vecino de Oza por el collado de Estribiella, y éste es el sendero que seguimos, que empinado va cruzando por las vueltas de la pista, hasta dejarlo para continuar por la Senda de Camille, que aquí se separa de la Transpirenaica. Tomamos una ladera herbosa todo tieso, sin reblar, hasta entrar ya en el terreno de piedras, por un camino bien definido y estable que, bajo ese enorme diente de Alano, nos dirige hacia el paso Tacheras, a donde llegamos a la hora y cuarto de salir, habiendo salvado 625 metros de desnivel, que no está mal. Aquí se nos abre un paisaje singular, un alargado puerto de alta montaña que hace las delicias del ganado. Este punto podríamos decir que parte este enorme espacio en dos, el oriental y el occidental, y éste último va a ser el escenario de nuestras andanzas de hoy, ya que dejamos que la Senda de Camile lo cruce transversalmente, dirigiéndose a la caída hacia Espetal, para nosotros meternos ya de lleno en faena.

Llegando al paso de Tacheras o Achar de Alano

Pico del Achar de Alano
            Ese enorme diente de Alano que, imponente veíamos por encima, muy por encima de nuestras cabezas, estamos ya a punto de tratarlo de tú, ya que tenemos a la vista el itinerario de subida, y que en menos de media hora recorremos para auparnos hasta su cima, la primera de la mañana, la del Pico del Achar de Alano. Primero por empinado tramo herboso y por roca de tacto calizo, que acariciamos a cuatro patas, después. Las ráfagas de viento se apresuran para llegar a la cita con nosotros a este primer puntal.

En el Pico del Achar de Alano

Camino hacia la Punta Tacheras
            Seguimos nuestro periplo por las joyas de esta corona. Sin bajar hasta el mismo fondo del puerto, tomamos dirección W para encararnos al próximo objetivo, la Punta Tacheras, que nos pasamos de largo por exceso de entusiasmo, de modo que lo abordamos por el itinerario previsto para el descenso. Pero no importa, para allí vamos. De nuevo, manos a la pared para superar unos resaltes rocosos, y por entre este peñasco y el siguiente nos vamos metiendo para terminar de subir a esta segunda cota, que de puntiaguda que es sólo podemos subirla de uno en uno, para luego hacernos la foto de rigor en una pequeña ante cima, que abandonamos por el mismo itinerario.

En la Punta Tacheras

Por la cresta hacia la Ralla de Alano
            En poco, nos volvemos a encaramar a la roca para recorrer un estrecho tramo de cresterío y poder dar alcance a la siguiente cota, la Ralla de Alano, que con sus 2162 metros es el punto más alto de estos Alanos Occidentales. Una cresta que hay que andar con cuidado de la mano del viento. Finalmente llegamos a ese punto, en el que aprovechamos para echar un breve bocado y admirar el panorama que nos ofrece.

En la Ralla de Alano

Por el karst hacia el Trasveral Occidental
            Tenemos que abandonar la cornisa de esta fachada norte y bajar ya de ella, ahora sí, hasta la base del puerto, que ha cambiado de configuración. La tasca ha dado paso al desnudo karst, que recorremos hasta la zona más meridional del entorno. Hemos de auparnos a la cuarta cota de la mañana, al Trasveral Occidental, y lo hacemos envueltos en unas rachas de viento que se crecen conforme va avanzando la jornada, tanto es así que la pancarta se queda a buen recaudo en la mochila.

En el Trasveral Occidental

El impresionante Espelunga
            Cambiamos de fachada, ahora nos dirigimos a la occidental. Bajamos hasta el collado de Espelunga para subir a su monte, que cae a pico sobre el Veral frente al majestuoso Ezcaurre. Las vistas, hasta ahora han sido espectaculares, pero desde éste, nuestro quinto monte de la mañana, lo son todavía más. Todo un mundo a nuestros pies. Un mundo extremadamente ventoso, un mundo que tenemos que abandonar bajando de nuevo a ese collado para dirigirnos hacia nuestra última cota, la más septentrional, el Ruzquía.

En el Espelunga

Para pasar al Ruzquía
            De nuevo unos pasos en los que les damos juego a las manos, para ir subiendo ya la última cuesta, que nos da paso a este monte, a esta avanzadilla sobre esa fachada que altiva se muestra ante nosotros. El viento sigue, y en esta nuestra última altura queremos que también le dé a nuestro distintivo, esa banderola que sube donde lo hace la fuerza mayenca de montaña, que la de un día como hoy se dispone ya a ir bajando de estas alturas, benditas alturas, que nos han acogido una buena parte de la jornada de hoy.

En el Ruzquía

Comenzando el descenso
            Poco a poco nos vamos aproximando a esos enormes ventanales que dan vista a esas Canaletas de Ruzquía, que al llegar a la principal la tomamos como nuestra para, tras superar unos pasos en los que hay que emplear nuevamente las manos, dejarnos engullir por un abismo con una interminable e inestable pedrera, probablemente seno de un glaciar en momentos más fríos que los actuales. Tras de nosotros unas impresionantes paredes calizas se van haciendo más altas a cada paso que damos. Por delante, un lejano fondo de valle que, también a cada paso que damos se va haciendo más y más cercano. Al abandonar la pedrera, un tramo más amable nos conduce hasta lo que posiblemente sea una morrena lateral del supuesto glaciar. En poco más, al bosque, por itinerario poco definido, hasta alcanzar una vieja trocha y salir, en muy poco más de una hora desde el comienzo del descenso, junto al puente del que hemos partido.

Impresionantes los paredones de la fachada norte de Alanos

Puerto de Alanos
            Las flores pétreas de este ramillete nos han ido llevando de una en una, de la mano del feroz viento, recorriendo seis cotas de este puerto de Alanos, por laderas herbosas, por caminos de piedras, por altivas chimeneas, pero siempre rodeados de buena, muy buena compañía, con la que hemos recorrido 10,3 km en un tiempo total de 6h y 20’, del que 4h y 20’ han sido en movimiento, salvando un nada despreciable desnivel acumulado en torno a los 1450 metros D+/-, con un desgaste sólo compensado con la buena cocina de la borda Chiquín.

            Hasta la próxima… que será pronto, y no lejos de aquí.




El track, en: https://www.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=20636929

lunes, 16 de octubre de 2017

Tozal del Mallo y Faja de las Flores, la joya de la corona

AQUERAS MONTAÑAS
Tozal del Mallo (2254 m)
Faja de Pelay (2300 m)
Viernes, 13 de octubre de 2017



            Érase que se era una reina que en su trono proclamada fue ciento menos un año ha. Reinaba feliz sobre uno de los valles del vasto territorio, y como portábase bien con sus súbditos, fuele reconocida su labor y ampliado su reino a otros tres más. Todos ellos convergían en un punto, en el más alto del reino, y a pesar de que desde cualquier lugar del mismo viérase, incluso desde otros reinos lejanos, injusto su nombre aún permanece, Perdido. Esta reina, de profundo y travieso valle, celosa e imperturbablemente su corona guardaba. Una corona de fajas y muelas, que cada estación mudaba, y esplendor al viejo reino daba. Y en esa corona una joya, desde la que para alentar a sus súbditos contemplar podía, porque… para ella todos trabajaban, como en un panal de rica miel. Bueno, pues con el permiso de nuestra reina, y sin ánimo de importunar, nos alzamos hasta esa corona para contemplar el reino a través del prisma de su joya. Y esto es lo que vimos…
  
Valle de Ordesa, el primitivo reino, desde la joya de la corona

Con los moradores otoñales
            Pero nuestra reina no está sola, porque el persistente anticiclón sique reinando también sobre la atmósfera, ejerciendo una especie de tiranía de difícil comprensión y asimilación. Cuando la horquilla térmica entre el día y la noche supera los veinte grados, y así un día tras otro, y ya van muchos, échate a temblar, manto vegetal, échate a temblar. Ni él mismo lo entiende, porque se ve privado de su alimento más preciado, el agua. El agua para beber, el agua para respirar, el agua para brillar, porque de todo eso está falto. Ha llegado el tren a la estación… pero no hay estación. No se detiene, pasa de largo, anda despistado, porque todo está desfigurado, no sabe muy bien qué está pasando, a qué se debe, qué ha ocurrido con esa estación en la que debe hacer su parada, su descanso, para su deleite y el de los que moran en rededor. Sí, el tren está fatigado, imposible ofrecer lo mejor de sí mismo, pero esos moradores ahí siguen, resisten, porque son fuertes, porque son sabios.

Vestidos de noche, ahí vamos, a la faena

Desvío para la Faja Racón
            Y para impregnarnos de esa fortaleza y de esa sabiduría, con María, un par de Carlos y Toño nos acercamos a ellos. Si hace una semana recorríamos el alero alto del paco de Ordesa, y los medios de su solana, hoy nos disponemos a hacer lo propio con el alto, con el más alto de esa solana que más sufre de esa falta de agua. Hoy nos disponemos a alzarnos sobre la joya de la corona. Y cómo no, con visita al Tozal del Mallo incluida, porque está ahí. De modo que tomamos el bus de las 7 en Torla, y en poco más de media hora ya estamos prestos para emprender la marcha que, como luciérnagas primero hasta Casa Olibán, y luego por entre el bosque nos vamos deslizando poniendo un pie más alto que el otro, hasta que salimos del ahogo a campo abierto al mismo tiempo que el alba.

Efectos devastadores de las avalanchas

Paredes del Gallinero
            Circo de Carriata. Enorme. Paredes de abismo, éstas del Gallinero, con piel agrietada, vertical, como ellas, geométricas, admirables, espantadas de sí mismas. Enfrente ese Tozal del Mallo, vigilante de Ordesa, que inhiesto, firme, tieso él, se asoma a su entrada, pero que esconde una pacífica llegada por detrás, que te acoge con suavidad, con ternura, con agrado. Dejamos atrás el cruce de la Faja de Racón y seguimos subiendo, alcanzando una pequeña chopera, cuyos componentes se han puesto de acuerdo para tocar al unísono la melodía otoñal. Seguidamente, el camino se bifurca, a la derecha la Fajeta, a la izquierda las clavijas, que es por donde optamos, ya que se trata de un itinerario más directo… y más disfrutón.

Progresando por las clavijas de Carriata o Salarons

Camino del Tozal del Mallo
            Una vez superadas, se llega a un plató donde se vuelven a fundir ambos caminos, y desde donde está la opción de ir hacia el Tozal, opción que tomamos, al fin y al cabo, como una hora más. El sendero, en decidida orientación hacia poniente, va directo al collado del Tozal, ofreciendo la compañía de algún ejemplar de sarrio, como en este caso, que un solitario macho viejo deambula a su aire sin inmutarse demasiado. Finalmente llegamos a lo alto de este sorprendente monte, que se empina bajo las fajas del Mondarruego.

En el Tozal del Mallo, bajo los paredones del Mondarruego

Pico Royo y Pico Blanco
            De vuelta a ese plató para seguir la ascensión y meternos en la parte alta de Salaróns, en busca de la entrada de la Faja de las Flores. Hora y media cuesta recorrer la faja. Hora y media de pura adrenalina. Hora y media de discurrir por una delgada línea por encima de estos inmensos patios por los que ya se ven los buitres aprovechar las térmicas en esos apacibles vuelos que los elevan más y más sobre los abismos de Ordesa. Vamos acompañando al perfil de este gran macizo del Gallinero. Un perfil que nos va metiendo al barranco de Cotatuero, que nos va abriendo las vistas sobre ese cordal mágico que hace de muga entre nuestro Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido y el Parque Nacional de los Pirineos, de Francia. Un cordal que se asoma al lunático terreno de la alta montaña de Ordesa por este lado, y a los grandes abismos de Gavarnie por el otro. Gabietos, Pico Royo, Pico Blanco, Taillon, Dedo, Falsa Brecha, Bazillac, Brecha, Casco, Torre, Espalda, Cascada, Marboré, Cilindro, Perdido, Pico Añisclo, Punta de las Olas. Todo un festival para los sentidos.

Faja de las Flores

Las Treserols, sobre el circo de Cotatuero
            Abandonamos este singular alero para ir bajando hacia el fondo del circo de Cotatuero, que ya se nos muestra con los brazos abiertos. Por una zona de lapiaz nos vamos aproximando al canto de un barranco, que ya nos acompaña hasta el inicio de las clavijas, que acometemos tras echar otro bocado y pertrecharnos con los aperos correspondientes. Dejamos atrás unas tristes badinas donde se regocija el escaso caudal de agua y nos enfrentamos al abismo de Cotatuero. Unas gradas primero, unos pasos verticales y alcanzamos el mítico paso de las clavijas, dotado desde hace unos años con una sirga como línea de vida. Se trata de un lugar inexpugnable, sin otra opción de paso más que por la pared vertical, a través de una línea de clavijas para los pies y otra para las manos, y la susodicha sirga, que agiliza mucho el paso al poder hacerlo en autonomía.

Tramo final de las clavijas de Cotatuero

Descenso por la chimenea
            La travesía culmina con un tramo en descenso y otro breve horizontal, que te deja en la parte superior de una chimenea, también equipada con clavijas de la misma época, con más distancia entre unas y otras que la deseada. Entre ellas, y las presas que ofrece la pared hay que ir bajando hasta alcanzar ya suelo firme, donde despojarse de pertrechos y volver a ser andarín. Andarín de altura, que la va perdiendo poco a poco. Pero no es justo despacharnos con cuatro líneas sobre un punto tan emblemático de este reino como son las Clavijas de Cotatuero, incluidas hoy en día en el mundo ferrata, pero son muy anteriores a esta nueva forma de abordar la montaña. Por ser breves, diremos que fueron colocadas por dos herreros de Torla en 1881, por encargo de un cazador inglés, para trazar un itinerario directo entre el fondo del valle y los amplios espacios de alta montaña, bajo la Brecha de Rolando, donde habitaba la codiciada caza.

            Pero volvamos a lo nuestro. Entrados ya en el bosque, nos vamos mimetizando con ese otoño, triste otoño, que nos acompaña ya hasta el camino de Soaso, no sin antes haber pasado por el cruce de la entrada a la Faja de Racón. Una hora desde los fierros para mezclarnos ya con el tránsito del camino normal del fondo del Valle de Ordesa.

Abrigo junto al cruce del barranco de Cotatuero

            Casi nueve horas de auténtico disfrute por estos aleros, compartiendo visión y sensaciones con las grandes aves que pululan por las alturas, por esta delgada línea colgada por entre vertiginosas paredes que caen a pico sobre los abismos de Ordesa. Hoy, de nuevo, y una vez más, hemos tenido el privilegio de auparnos a esa corona de la reina para ver su reino bajo el prisma de su joya.




domingo, 8 de octubre de 2017

Pelay, Canarellos y Racón, fajando Ordesa

AQUERAS MONTAÑAS
Pelay, Canarellos y Racón
Sábado, 7 de octubre de 2017



            Esto es como cuando uno va a un concierto de gala todo ilusionado, bien pertrechado, todo compuesto, casi, casi, ansioso porque el auditorio abre las puertas durante pocos días al año para ese espectáculo, y peor aún, no anuncia las fechas, que son aproximadas, de modo que tienes que ir un poco al tentón… y vas, pero te encuentras que las flores están un poco lacias, que no hay ambiente todavía, como si los encargados del mantenimiento no hubieran hecho bien su trabajo. Te encuentras con unos músicos que siguen templando sus instrumentos, que los siguen afinando, que siguen ensayando, que sobra luz, que falta color, armonía… no sé, algo falla. Pero te quedas con la duda de si habrás venido antes de hora… o quizá tarde… o quizá este año no viene esta orquesta, o viene con los músicos suplentes... Son muchas dudas. Seguiremos yendo, seguiremos llamando a la puerta del auditorio, porque queremos saber, queremos conocer, queremos impregnarnos de esas notas mágicas que cada músico, con su atril multicolor ofrecen en esta época del año y que vibren al unísono con nuestro diapasón. Todo ello cuando lo decida el director de la orquesta.

Relevamos a la luna en su visita al Valle de Ordesa

A las puertas del auditorio
            Pues aun así y con todo, no nos defrauda. No. No lo hace, la naturaleza nunca lo hace. Quizá sí lo/los causantes de verla así, pero no ella. Nunca. Valle de Ordesa, el germen del actual Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, casi el primero de España, casi centenario. Sí, este año que viene hará cien años que se declaró como tal, unos meses después de el de los Montes de Covadonga, actual de los Parque Nacional de los Picos de Europa.

Listos para fajear

Puente con los ojos secos
           Pues ahí hemos estado, en Ordesa, con un ambiente que implora agua, envueltos en un pertinaz anticiclón que nos deja estabilidad atmosférica y días extraordinarios para hacer montaña… y de la buena, pero que como siempre hay un pero… la alegría no es completa. La falta de aguas está dejando secos los barrancos, destripando los cauces de los ríos, está apagando el brillo de esos seres magníficos a los que tanto debemos, como son los árboles, los verdaderos atriles de la sinfonía por tocar. Está todo como triste, deslucido, dejando pasar la otoñada sin pena ni gloria, una otoñada forzada por la sequía, por la que los integrantes del bosque, ante la falta de alimento, deciden anticipar su retirada a los cuarteles de invierno, a las raíces, donde concentran todas sus energías para brotar con fuerzas renovadas con el cambio de ciclo.

En plena faena

Los músicos se preparan para el concierto
            Pues venga, al tajo, que lo que nos hemos propuesto hoy tiene tela. Vamos a recorrer el valle de Ordesa por sus aleros, subiendo primeramente por la senda de los Cazadores al mirador de Calcilarruego, para recorrer la faja de Pelay, con unas extraordinarias vistas sobre el circo de Cotatuero y el de Soaso más adelante, al que bajaremos para discurrir por el fondo del valle hasta auparnos a otra faja, la de Canarellos, hasta el barranco de Cotatuero, desde donde lo haremos a la de Racón, para bajar por el de Carriata hasta la Casa Oliván. Un completo recorrido huyendo de la masificación de la ruta normal a la Cola de Caballo, con la que no hemos podido evitar compartir un buen tramo del camino.

Vamos tomando altura

La pradera de Ordesa, centro neurálgico del valle
            Con Sara, Marisa, Pepe, Manuel, Jose, Carlos, Toño, y Ástrid, Blanca y Yeyo, que vienen de Zaragoza, y a donde quieren volver para no perderse el inicio de las fiestas, emprendemos, con 6º C la marcha dirigiéndonos hacia el arranque de esa senda vertical, o casi, que es la de los Cazadores, para lo que hay que cruzar el río Arazas por el puente, aunque no hubiera hecho falta… ni gota de agua por el río. ¡Qué tristeza! Pero a ver qué nos cuenta el bosque, que tras unos primeros pasos de calentamiento no oculta ya sus intenciones. Un sinfín de vueltas y revueltas salvan los más de quinientos metros de desnivel hasta el mirador de Calcilarruego, a donde llegamos en hora y veinte. No está mal.

Vista sobre Cotatuero, entre el Gallinero y Tobacor, con el Casco al fondo 

Impresionantes paredones del Gallinero
            La panorámica que nos ofrece sobre todo el valle es extraordinaria, además de sobre el barranco de Cotatuero que tenemos enfrente. Después de la pechugada de subida y el descanso en el mirador, nos incorporamos al camino para disfrutar recorriendo esta faja, que en un primer tramo se abraza a la curva de nivel de los 1900/2000 metros para a continuación ir descendiendo paulatinamente hacia el fondo de Soaso, con un telón de fondo que poco a poco se nos va mostrando en todo su esplendor, y que no es ajeno a la sequera reinante. Pero antes de ello, vamos dejando atrás las vistas sobre la divisoria, unas vistas que se nos ofrecen por encima de ese barranco de Cotatuero. Casco, Brecha de Rolando, Bazillac, Falsa Brecha, Dedo, Taillon… un cordal mítico.

Macizo de Monte Perdido, sobre el circo de Soaso,
uno de los rincones  más merecidamente fotografiados del Pirineo

El otoño, que como todo lo bueno, viene de arriba a abajo
            Una gran vista se nos va, pero otra se nos viene. Volvamos a ese tan impresionante fondo al que nos dirigimos, y que no aparece todo de vez, la curva que traza el valle hace que primero asome la Punta de las Olas, luego el Pico Añisclo o Soum de Ramond, con su Torre de Góriz o Morrón de Arrablo, a continuación es el Monte Perdido el que asoma, con su escudero el Escaleretas, y finalmente el Cilindro de Marboré. Sí, ya estamos todos, pero aunque visualmente vamos hacia ellos, lo cierto es que ellos tiran para arriba, y nosotros para abajo, porque tenemos que llegar hasta el mismo lecho del río Arazas, que aquí se conforma con la aportación de las aguas del barranco de Góriz, que desparrama como puede la Cola de Caballo… y ahora, poco puede. La siempre visitada Cola de Caballo, la meca de los senderistas de Ordesa, a la que por preservarnos un poco de tanta y tanta gente no llegamos, parando un poco antes a echar un bocado.

Nuestra cima de hoy, en el fondo del valle -imagen de Jose.

Recién repintadas marcas del GR 11
            Estamos en un punto donde confluye el GR 11, que discurre por el fondo del valle y continúa por el sendero, salvando las clavijas de Soaso, hacia el refugio de Góriz. Nos incorporamos a él de bajada, compartiendo con una auténtica marea humana, de inequívoca procedencia urbanita, todos de subida, claro, hasta tomar la senda de la faja de Canarellos. Pero antes nos deleitamos con el espectáculo de las Gradas de Soaso, que aunque escasas de agua se esfuerzan en agradar, y sin duda lo consiguen.

Gradas de Soaso

La serenidad busca su acomodo en el patio de butacas
            Bien, dejamos el itinerario de la marea humana para ir ascendiendo por el bosque para incorporarnos a esta nueva faja, que nos va a permitir auparnos de nuevo a otro de los aleros de este espectacular valle. Una faja que discurre por la parte más occidental del macizo de Tobacor, y que finaliza metiéndonos en el barranco de Cotatuero, para descender hasta su seno, casi seco también, y cambiar de macizo, porque ahora subimos hasta media altura del de Gallinero, para recorrerlo por la faja de Racón, hermana menor de la de las Flores, y que tras recorrerlo entero nos mete en el circo de Carriata, dominado por ese bellísimo monte que es el Tozal del Mallo.

Barranco de Cotatuero

Tozal del Mallo, guardián del circo de Carriata
            Sólo queda ya incorporarnos a la senda que baja por este circo y que nos deposita en Casa Oliván, en la carretera de acceso a la pradera, a escasos cientos de metros ya del vehículo, al que llegamos tras 8 h 50’ de tiempo total, del que 6h 45’ han sido en movimiento, para recorrer más de 24 km, y salvar un desnivel acumulado en torno a los 1960 metros, aunque estos datos pueden variar debido a los rebotes que produce la señal al ir próximos a la pared. En cualquier caso, lo que no ofrece dudas es la duración, que ha sido larga, intensa, bien aprovechada al impregnarnos de las esencias de este valle de Ordesa por su base y por sus alturas, de arriba abajo y de abajo a arriba, con la siempre agradable compañía mayenca, que como la montaña, nunca defrauda.

            Volveremos. Sí, volveremos a llamar a las puertas del auditorio.