lunes, 4 de noviembre de 2013

Tozal del Mallo y Faja de las Flores

AQUERAS MONTAÑAS
Tozal del Mallo (2.254 m) y
Faja de las Flores (2.300 m). 
Sábado, 2 de noviembre de 2013



            Cuando las nieblas te embolican haciéndote sentir envidia de ellas mismas es cuando te las quieres arrimar para ver de cerca lo que ellas ven, tocar lo que ellas tocan, abrazar lo que ellas abrazan. Esta es la historia seductora de una jornada en la que se han ido sucediendo para jugar con nosotros y ganarnos, ganarnos la guerra, pero las batallas que hemos ido ganando nosotros han servido para contemplar el limpio vuelo del quebrantahuesos por debajo de nosotros, para contemplar desde la lejanía de más de mil metros de desnivel la vorágine de vehículos que se agolpaban en la pradera, y para contemplar también tantos y tantos montes que penden de estos abismos. Abismos de piedra. Abismos de aire. Abismos de luz. Abismos de Ordesa.

Progresando en las clavijas
            Mano a mano con el amigo Javier, nos disponemos a disfrutar de una nueva jornada de monte. Esta vez en uno de los iconos del Pirineo. En este pequeño y frágil valle que tanto atrae a propios y extraños. También nosotros acudimos, y lo hacemos bien de mañana con la idea de subir al Tozal del Mallo, y si se tercia a Mondarruego.

            Desde el minuto cero se asoma el objetivo, inhiesto, serio, desafiante, pero conforme vamos tomando altura se va sintiendo más y más pequeño. El camino, que parte de la antigua Casa Oliván, nos mete inmediatamente por el bosque. Un bosque por el que nos dejamos engullir. Un bosque en plena muda, un tanto ya pasada. Un bosque que disfruta de los miles de visitantes de hoy, aunque afortunadamente no por esta subida. El común de los mortales prefiere algo más llano, prefiere un disfrute de perfil bajo. En menos de una hora pasamos por el desvío de la Faja Racón, que según se nos dé el día igual la recorremos. Hay multitud de posibilidades hoy, y cualquiera será buena.

Tozal del Mallo y Mondarruego
            El fondo del valle se va alejando más a cada paso que damos. Hemos comenzado deprisa, dándole ritmo al cuerpo. Optamos por subir por las clavijas, y lo hacemos con un subidón de adrenalina, el escenario es insuperable, la verticalidad de las paredes del Gallinero se hunde en el abismo. Llegamos al plató donde converge el camino de las clavijas con el de la fajeta. Ahora, un giro decididamente al oeste nos lleva por una senda aérea hasta el cuello del tozal, a cuya cumbre nos dirigimos. Estamos sobre esta avanzadilla del gran murallón norte del cañón de Ordesa, que tanto le gusta que pregunten por él todos los turistas que llegan a la pradera, allá por mil metros más abajo, a pico. Es el cancerbero del valle. Estamos a 2.254 metros.

Entrada W a la Faja de las Flores
            Las opciones de subir a Mondarruego se esfuman, las nieblas se las llevan. Juntas de la mano las vemos pasar por encima de nosotros, anunciando que son las primeras, y que tras de ellas vendrán más y más… Pero mientras tanto, nos aprovechamos de las privilegiadas vistas sobre la entrada a Ordesa, sobre el arranque del valle de Bujaruelo y sobre el rendir de las aguas del Arazas sobre las del Ara en este periplo hasta fundirse con las del Cinca, allá por Aínsa.

Colgados en la faja.
            Volvemos sobre nuestros pasos hasta ese plató donde se unían el sendero de la fajeta con el de las clavijas, y al hacerlo somos testigos de un ir y venir de sarrios que se sienten cómodos posando ante nosotros. Ellos no se cansan de vernos. Nosotros tampoco de verlos a ellos. Opciones a partir de aquí, pues una es bajar para hacerse la Faja Racón y luego la de Canarellos, llegándonos casi hasta la Cola de Caballo y vuelta a la pradera. Pero hay otras. Estamos a 2.100 metros, y lo que nos pide el cuerpo es subir más, en lugar de bajar. Pues al tajo. Nos subimos hasta la entrada de la Faja de las Flores para recorrerla, sintiendo el mundo del fondo del valle mil metros en vertical bajo nosotros, a nuestros pies.

Abismos
          En el transcurso de este aéreo periplo, las nieblas quieren tener su protagonismo. Unas nieblas que entran de norte y que se apropian del derecho a disfrutar de las extraordinarias vistas que ofrece este balcón corrido. En hora y media recorremos la faja, y nos llegamos hasta bien entrado el barranco de Cotatuero y dar con el desvío que sube hacia la Brecha de Rolando. Seguimos rodeados de niebla. Sólo en algunos instantes que tiene de despiste podemos ver a más de unas decenas de metros a nuestro alrededor. Entre eso y el lejano murmullo de la cascada nos permite orientarnos, y saber que estamos todavía a 300 metros por encima de la entrada a las clavijas.

Circo de Cotatuero
            Unos rotos caminos de rotas piedras, por unas más que rotas canales nos van acercando al suave lecho del aterrazado barranco, que justo al despeñarse con más decisión es cuando nos muestra la entrada a las clavijas. Las clavijas de Cotatuero, sí, ya estamos aquí. Nos saludamos como lo hacen esos viejos amigos que no tienen demasiadas ganas de volverse a ver, pero que lo hacen de vez en cuando, cuando la vida te lleva a ello. Unos tímidos reflejos de sol hurtando su hueco por entre las nieblas son testigos de nuestro paso y posterior descenso de una chimenea que rezuma agua por todos los lados, haciendo más que incómodo el descenso.

En plena travesía de las clavijas
            El paso por el camino del bosque nos permite ver esos, lacónicos ya, colores del ocaso de esta temporada en los árboles que mudan su atuendo. Desvío Faja Racón, que tendrá que esperar a otra ocasión. Desvío Faja Canarellos, que también. Y en una hora de descenso vestidos de bosque, nos plantamos en la Gran Avenida de Ordesa, poblada por cientos de miles de millones de personas que gustan de pasar el día por aquí, cerquita del coche, por aquí.

            Hoy, huyendo de todo ello, el alma de Ordesa se ha retirado a las alturas. Sí, hoy nos hemos impregnado de ella, pero el esfuerzo que ha pedido a cambio ahí está. Más de ocho horas de actividad, en las que hemos tratado de tú al altivo Tozal del Mallo, y hemos recorrido la Faja de las Flores, una sinuosa y delgada línea colgada sobre verticales paredes, a más de mil metros sobre el mundanal ruido.





El reportaje completo de fotos, en:

Y el reportaje de Javier, en:


viernes, 1 de noviembre de 2013

Peyreget, el hermano pequeño

AQUERAS MONTAÑAS
Peyreget, el hermano pequeño. 
Viernes, 1 de noviembre de 2013



            Nuestros susurros, nuestras caricias, nuestra presencia, hoy no son suficientes para ablandar el corazón de piedra de éste, que lo es, hermano menor del Midi. Está en territorio Midi, sí. Y por ello goza de su protección. Altivo, como él; solitario, como él; atractivo, como él. Pero a diferencia de él, su prominencia cimera está rota, está con restos de batallas perdidas, como si los dioses al construirlo lo hubieran dejado empezado, o por contrario, que lo hubieran terminado pero no a su gusto, destruyéndolo hasta alcanzar su actual forma. Hoy nos acoge con muy pocas ganas, pero no se lo tenemos en cuenta. Hoy nos vamos al Peyreget.

Peleándonos con la fría roca
            En una mañana gris cementerio queremos ver cómo les han sentado las primeras nieves a estos picos cercanos al paso del Portalet. Estamos en el mundo Midi, y la idea es subir el Peyreget, para lo que comenzamos por la clásica senda, por la transitada senda, también hoy, de Pombie. Y lo hacemos hasta que en poco más de media hora nos metemos ya hacia el NW por unas laderas herbosas con muy pocas ganas de ponérnoslo fácil. Queríamos apartarnos del itinerario normal de subir al collado. Queríamos probar otras cosas. Y lo conseguimos.

En la chimenea
            Tras la pechugada de rigor, entramos en una zona de caos de piedras, una zona rota, que hace amable el tramo de hierba. Sin que nos pierda de vista ya el padre Midi, vamos evolucionando buscando siempre el camino más cómodo, o mejor dicho, el menos incómodo. El terreno es un poco trampa, porque se van abriendo diversas chimeneas que te van encandilando, pero que hay que tener buen tino para no sucumbir a la tentación. Finalmente nos enfrentamos a un pequeño paso a cuatro patas, y seguidamente a una chimenea, algo más comprometida, pero que finalmente nos deja ya a un paso de la cima. Una cima a la que pillamos un poco ensimismada, un poco en sus cosas, un poco por sorpresa, por lo que no le damos ni tiempo a que cambie de talante para una mejor acogida.


            Lo que sí hacemos es dejar nuestros mejores deseos para la gente que hasta aquí se acerque, como lo son las personas que ya vemos subir desde el collado. Reflexiones que se pierden entre bocado y bocado, para seguidamente ir bajando por los pliegues de su falda, de su falda sur, más amable que la de subida, pero no menos pendiente. Llegada a la base del Circo d’Aneu y al coche. Menos de cuatro horas para subir y bajar esos 800 metros de desnivel que se han salvado. Pues buena mañana, no?


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martes, 29 de octubre de 2013

XV Día del Senderista

ANDADAS
XV Día del Senderista
Sabiñánigo
Domingo, 27 de octubre de 2013




            La montaña es algo grande, pero más si cabe la hacen jornadas como ésta. Un nuevo Día del Senderista, y ya van quince, se ha organizado en Aragón. Impulsado por la FAM, ha sido organizado en esta ocasión por los Grupos de Montaña de Sabiñánigo (GMS), que se han esmerado por ofrecernos 5 rutas cercanas a la capital serrablesa, con la intención de dar a conocer su rico patrimonio natural salteado por esos pequeños núcleos de población, en los que verdaderos héroes de este tiempo resisten contra viento y marea siguiendo con las labores tradicionales de los pueblos de montaña. Unos pueblos, los de esta zona, con un riquísimo patrimonio arquitectónico compuesto por esas iglesias románicas de porte mozárabe.

Iglesia de San Juan Bautista, de Allué
          Varios cientos de personas, venidas de todos los confines de Aragón, son congregadas en el polideportivo de Puente Sardas, para dar comienzo a esta jornada de convivencia por excelencia entre las gentes que practican una de las muchas facetas del montañismo que es simple y llanamente la de andar. Sí, la de andar por los caminos. Unos caminos de viejo, la mayoría rescatados del olvido y de las barzas para deleite del caminante.

            Optamos por la Ruta 1, que sin pretenderlo es la más larga. Aun así y con todo, son poco más de seis kilómetros que la mayoría de ellos coincide con el itinerario de regreso de la Puyada a Oturia. Nos lleva el autobús hasta la entrada a la pista que sube a Allué, una subida que ya hacemos andando, disfrutando de una mañana extraordinaria, una de las últimas de este postrero veranillo.

El pueblo, visto con los ojos del tiempo
            Llegada al pueblo y tiempo para echar un bocado, con visita obligada a la parroquial de San Juan Bautista, del siglo XII. Como relata el maestro Antonio García Omedes, en su http://www.romanicoaragones.com/0-Jacetania/99002-Allue.htm: “El templo corresponde cronológicamente a un momento de mediados del XII. En principio fue de nave única, orientado y rematado al este por ábside de tambor. En el XVII sufrió una notable reforma, como tantos otros. Fue demolido su muro sur, sustituyéndolo por un amplio arco de medio punto que lo comunica con la nave alzada al lado sur del templo que de esta forma amplió de modo notable su capacidad. También recibió capilla lateral al norte de la nave y un atrio que abre al cementerio y bajo el que se cobija la portada fechada en 1690 en su dovela clave. En la misma luce el Agnus Dei que lo identifica como propiedad del monasterio de San Juan de la Peña”. Una reseña, como todas, magistral, y que remata como no podía ser de otra manera, con un convincente “Merece la pena visitar el lugar. Su iglesia. Callejear por su reducido caserío. Saborear la arquitectura tradicional, sus chimeneas…”.

Subiendo por las margas
            Tras disfrutar de estas piedras maravillosamente ordenadas y que tanta historia tienen, seguimos a lo nuestro, que es participar de esta actividad y de esta mañana que se nos ofrece. El sendero discurre por los cantos de campos, comido por los modernos arados, subiendo y bajando barrancos y atravesando margas, tan características por esta zona. Finalmente, es el bosque el que nos protege del calor del mediodía y que nos va entregando a una variante del camino, para paliar el destrozo hecho por la construcción de la nueva autovía, y que con acierto han resuelto.

Hogar típico, con su cadiera
            Llegada al polideportivo, y visita obligada al Museo de Artes Populares de Serrablo, en el que una hora de recorrido nos transporta uno, dos siglos, en el tiempo contemplando cantidades ingentes de objetos, artilugios, imágenes, recreaciones de la vida de aquellos años en los pueblos de Serrablo, pueblos del Sobrepuerto, que con el lacrimal seco quedaron hace décadas abandonados por la desidia y el menosprecio para con unas gentes que tuvieron que dejar allí sus raíces y marchar con lo puesto a las ciudades, a las jaulas de las ciudades. No os perdáis la visita al museo: http://www.serrablo.org/museoartespopulares.

            Cerca de seiscientas personas comiendo es el punto final de esta jornada de convivencia, culminada por unas palabras de los presidentes de GMS y de la FAM, en las que agradecen la asistencia y ponen en relieve que jornadas así son las que hacen grande la montaña. Por si no lo fuera lo suficiente. Añado. Una mañana bien empleada, en definitiva.



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lunes, 28 de octubre de 2013

Lecherines, bailando con nieblas (fallido)

AQUERAS MONTAÑAS
Lecherines, bailando con nieblas (fallido). 
Sábado, 26 de octubre de 2013



            Unas veces tiene voz dulce y seductora, otras no tanto. De cualquier modo, nunca debes rechazar la llamada de la montaña. En esta ocasión se ha servido de la voz de un tocayo que, como dice él, anda con rehabilitaciones activas. No sé, es algo muy raro, porque ponerse a hacer cosas para probarse a ver si las puede hacer… pues eso, que es algo muy raro, pero como es una opción como otra cualquiera ahí hemos estado para acompañarle en esta terapia a cielo abierto… al menos hasta que nos metemos en nieblas.

Explosión de color
          Con Josemari, Javier y Sara formamos el comando de hoy. Un comando que sale ya de Jaca con una idea muy clara, la de ir al mundo Lecherines, para subir el pico Lecherines. Para ello nos situamos en lo más alto que nos permite la carretera del valle de Aísa. Saleras, se llama el paraje, y nos dirigimos hacia una de las dos cabeceras de este valle, la oriental. Nos dirigimos hacia Rigüelo.

            Los primeros compases gozan de la transformación cromática que nos ofrecen esas especies de árboles que se mudan de ropajes, que dejan esos elementos aéreos que ya no van a utilizar porque su vida se repliega en la parte más interna del ser, en sus catacumbas, en sus criptas, en sus tripas, en sus raíces, donde va a hacer una labor callada, cuyo esplendor veremos de nuevo cuando comience otro ciclo. Los árboles, pues, bueno, algunas especies, no todas, como algunos animales, no todos también, hibernan, prefieren el recogimiento y no exponerse al frío invierno. Eso es algo que nuestros antepasados, y no tan lejanos, también sabían. Era tiempo de encerrar el ganado y de puchero en el hogar. Esa gente sabía, porque estaba en contacto con el mundo natural, y vivía con él, vibraba con él. No así en la época actual del Plasticoceno. Que me pierdo.

Espléndido Saleras
            Subimos, decimos, dirección a Rigüelo. Alcanzamos el GR 11.1 y lo cruzamos en dirección a la Garganta de Aísa, aunque poco trozo, ya que la dejamos a nuestra izquierda, para tomar ya la fuerte pendiente que sube hacia el collado de Rigüelo, un paso entre el pico y los mallos, que da vista al mundo Gabardito y al Valle del Aragón, pero eso será más tarde, primero hay que llegar al collado.

            La mañana está muy poco hospitalaria, como que no quiere que se la moleste. Anda en sus cosas, que son ya las de invierno, aunque por el fondo de los valles esté aún dando coletazos el verano.  

Camino del collado, con la
única vista de los mallos
            En dos horas desde Saleras alcanzamos el collado que, como ya nos iba anunciando, está intratable. Las nieblas nos ocultan la progresión hacia el pico, y con resignación tomamos la decisión de bajarnos. Pero lo hacemos por la vertiente SE, a pesar de que no vemos un pimiento. Intuimos el camino, sólo eso. Así es hasta que pasamos el límite de las nieblas, que ya con total visibilidad se nos abre un tremendo patio sobre el Valle del Aragón, con el refugio López Huici ya a la vista, y al que hemos de dirigirnos.

            Lo sobrepasamos y alcanzamos el collado de la Madalena. Sobre el GR 11.1 bajamos ya por Rigüelo, haciendo productiva la mañana, con una recolección de setas para el consumo. Un verdadero deleite gastronómico.





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martes, 22 de octubre de 2013

En busca del Arca perdida y cordal de los 2.000... vientos

AQUERAS MONTAÑAS
En busca del Arca perdida y 
cordal de los 2.000... vientos
Lunes, 21 de octubre de 2013



            La vida es una continua búsqueda. La búsqueda del camino, de la tranquilidad, de la paz, del amor, de la felicidad, sin olvidar la del trabajo, claro… y luego están las otras cosas, las llaves, la cartera, las gafas, el belén… ¿el belén? Sí, el belén. Estos chicos de Mayencos, hoy ya bastante mocetones, no han tenido otra ocurrencia en los últimos cuarenta y cuatro años que la de subir en las vísperas de Navidad un belén a un pico del Pirineo, cada año al que se les ocurría… pero claro, otra cosa es bajarlo.

La Peña Forca de circunstancias
            El año pasado, un grupo de Mayencos compuesto por seis personas, tres calzándose esquís de montaña y los otros tres raquetas, trasladamos el belén montañero al pico Lariste, y como hizo un tiempo infernal no se pudo depositar en la misma cumbre, siendo los esquiadores quienes lo dejaron en un lugar cercano. http://chematapia.blogspot.com.es/2012/12/el-belen-de-lariste.html. A estas alturas todavía no habíamos tenido ocasión de ir a recogerlo, y este lunes hemos sido Fernando y yo mismo, dos de los raquetistas de entonces, los que hemos ido en su busca. Tarea harto difícil, por no saber dónde estaba exactamente, por haber sido depositado sobre posiblemente bastante más de un metro de nieve, y por haber pasado ya diez meses. Es por eso que llamamos “En busca del Arca perdida” a esta embajada.

Subiendo al Lariste
            Pues allá que vamos. En una mañana marrón en lo vegetal y en lo meteorológico, nos presentamos en la Mina, para dirigirnos por el barranco de las Foyas hacia el Lariste, tratando de rememorar los pasos perdidos hace diez meses por un paisaje blanco, que no tiene nada que ver con éste. Con la amenaza constante de las nieblas, vamos acertando en el itinerario de ascenso, colocándonos sin demasiado esfuerzo debajo mismo del pico, de notable prominencia. Nos asomamos al collado que forma con el Marmida, y nos ponemos a buscar en una amplia y alta zapata rocosa que tiene la arista. Complicado, muy complicado.

Valles de Lescun
     
            Nos encontramos con una pareja de franceses, veteranos ellos, que vienen del Puerto del Palo y se dirigen a donde nosotros. Les comentamos lo del belén por si lo hubieran visto… pero no. Subimos juntos al Lariste (2.168 m), y en la subida vemos una pequeña formación que destaca sobre el terreno en la arista por cuya base hemos pasado. Demasiado regular para ser una piedra. A la bajada miraremos.

Luchando contra los elementos
            Las nubes se sujetan, pero el viento sigue infernal. En la vertiente francesa, la vista sobre los valles de Lescun es impresionante. Un breve reconocimiento de los horizontes, dificultado por todo el frente nuboso, y para abajo. Pasamos por esa arista… et voila, el belén! Bueno, los restos, porque está roto por los cuatro costados. No nos podemos creer el haberlo encontrado. Fotos periciales del siniestro, recogida de lo que queda de él y seguimos la ronda por todo el cordal.

Restos del belén
            Al emprender la subida al segundo del día, el Marmida (2.079 m), nos encontramos con los franceses y sus viandas. Claro, es la una, ya van tarde… Echamos un bocado con ellos y subimos esta otra tachuela. Mismo paisaje. Mismo viento. Para la siguiente ya pasa Fernando, que se va directo al Puerto del Palo, donde me espera. Mientras tanto, nos asomamos a esta tercera de hoy, el Cotdoguy (2.025 m), como para acordarse… Y bajada en busca de Fernando.

-                 - Pues habrá que subir al Burck, no? Tanto me has estado hablando de él…
-                             - Bueno, yo aquí te espero, al abrigo.

-                          Vale, dejo la mochila y a ver si subo en dos patadas. Total son 150 metros de desnivel nada más.

El último objetivo, el Burcq
            Pues eso, otra vez para arriba. Cómodo camino al principio, con una pared rocosa que se salva por una ancha chimenea, y unos cuantos bolos más te llevan a esta otra cima, que con sus 2.110 metros, vigila este milenario paso por el este. Pues sí, la pequeña caseta que nos habían dicho los franceses que había en la cima, aquí está. Enseguida para abajo. Media hora en subir y bajar. Me reencuentro con Fernando, y le enseño algunas fotos…


    
                  - Mira, mira, lo que había en la cima, lo que han dicho los franceses.
-                    - Pero… pero… si eso es un belén!… Si eso es el belén de Mayencos que subimos en el año 2006!
-                    - Pero qué me estás contando?
-                    - Sí. Lo habrás bajado, no?
-                    - No, no, claro que no. Cómo voy yo a saber que…
-                    - Pues nada, hay que subir a buscarlo.
-                    - ¿Cómo?
-                    - Sí, hay que subir. Quédate aquí si quieres, que yo subo.
-                    - Bueno, bueno, cómo me voy a quedar aquí, ya te acompaño.

En la cima del Burcq, con la otra Arca perdida


             Y esta es la historia de una búsqueda que fueron dos hallazgos y de una ascensión que fueron dos, la primera solo y la segunda con un compañero súper motivado. Así es que tras el encuentro en la tercera fase, y con cuatro picos, que con el repetido fueron cinco, definitivamente nos bajamos ya por el Camino de Santiago, marcado ya como GR 65.3.3, cada uno con un belén, con los mástiles como pararrayos en la confianza de que no sean utilizados como tales.

Selva de Oza
            Bueno, pues con un Fernando más ufano que chiquillo con zapatos nuevos, con la doble e inesperada recuperación vamos acercándonos a dar vista ya a la Selva de Oza, casi, casi conteniendo la respiración ante tanta belleza. Se ha vestido de gala en esta tarde otoñal. Y con estas reflexiones perdemos la cuenta de tanta vuelta y revuelta que nos conduce hasta el barranco de las Foyas, que nos deposita de nuevo en la Mina, tras más de ocho horas desde la salida. Una jornada productiva. Una jornada especial. Una nueva jornada de monte, que siempre es igual, que siempre es distinto.



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lunes, 21 de octubre de 2013

Alma de otoño en los Valles Occidentales

AQUERAS MONTAÑAS
Alma de otoño en los Valles Occidentales
Sábado, 19 de octubre de 2013
Domingo, 20 de octubre de 2013


            La Vida es una rueda que gira sin cesar. Inexorablemente, sin cesar. Las estaciones, incorporadas en los ciclos astrológicos, se suceden con absoluta precisión, pero no así la meteorología que las cubre. El actual estado de la atmósfera, cada vez más alterada por la actuación del ser humano, hace que paulatinamente se radicalicen más los mal llamados “fenómenos naturales”, esas manifestaciones que golpean con fuerza. La meteorología es soberana. La meteorología es quizá la inventora de la globalidad. La meteorología rige nuestras vidas. La primavera representa la explosión de la vida, esa vida que ha estado oculta, trabajando en la oscuridad. Diametralmente opuesto, el otoño nos trae el anuncio de que esa expansión, con las dádivas en forma de frutos, llega a su fin. El calor expansiona, y el frío contrae, y es esa contracción la que hace que la vida se vaya replegando hacia el interior.

Vestidos de bosque
           Los matices cromáticos nos manifiestan una paulatina pérdida de vitalidad en los más distales elementos aéreos de los grandes seres vegetales, de esos árboles de hoja caduca que va muriendo lentamente, por inanición al replegarse hacia las raíces la savia que les da la vida. Mientras tanto, mientras eso ocurre, un mágico proceso, no coincidente en el tiempo entre las distintas especies, hace que un espectáculo visual se abra ante nuestra mirada en estas fechas.

            Ese y no otro ha sido el impulso que nos ha movido a ser testigos de todo ello, a gozar de ese festival de colores, en una zona de nuestro Pirineo muy propicia para ello. Estamos hablando de los Valles Occidentales. Acompañados, y bien acompañados, de Ástrid y Sara, salimos de la Selva de Oza bajo una fina lluvia que busca su protagonismo también en el paisaje. Nos adentramos en el bosque. Nos vestimos de bosque, para no desentonar. Y preferimos seguir haciéndolo así, de modo que en Lo Secadero no nos cruzamos a la otra vertiente del valle para seguir el GR por la calzada romana.

Sin perder detalle
            Al cabo de algo más de tres horas nos presentamos en el puente de Santa Ana, punto de partida para esa espectacular subida hasta el refugio de Gabardito. Una, dos, tres, cuatro, cinco, y no sé cuántas más veces se cruza la carretera. Finalmente llegamos al refugio, donde nos damos un respiro departiendo con Carmen de lo mal que están las cosas en general, y en estos valles en particular. Como nos sentimos incapaces de arreglar nada, seguimos nuestro camino. Y lo hacemos bajo el bosque que nos ampara, y que en ocasiones nos permite ver lo que pasa al otro lado del barranco, que no es otra cosa distinta a lo que ocurre en éste. Una explosión de colores que se agolpan para destacar, para llamar nuestra atención.

Mil formas
           Llano de Dios te Salve, y nuestra mirada se fija ya en el horizonte a alcanzar, en ese collado del Foratón, que deja asomar el marrón meteorológico. Llano de Plandániz, más marrón. Cuatro horas más, y ya van siete, para alcanzar ese cuello que nos recibe airoso, ventoso, con garbo, que nos lo insufla para dejarlo atrás cuanto antes. Ya damos vista al refugio de Lizara, que en menos de otra hora alcanzamos, al cabo de ocho desde la partida en Oza.

            Noche tormentosa de energías contenidas; festival de luz y sonido. Los partes dan mejor para mañana. Veremos.

            Y lo vemos. Y lo que vemos es que no, que amanece peor de lo que se fue. Habíamos planeado ir a Candanchú por el valle de los Sarrios, pero el marrón lo tenemos más por ahí, de modo que seguiremos el GR 11.1 hasta Canfranc. La emprendemos para subir al collado del Bozo, y atravesar la bicefalia del valle de Aísa. Bajar por Napazal y subir por Rigüelo nos sitúa en otro collado, en el de la Madalena, donde nos engulle literalmente la niebla, lo que nos hace bajar al tentón hasta el refugio López Huici, en casi cuatro horas desde la salida.

Avanzando entre la niebla
            Tras abrirnos paso como podemos entre la niebla, nuestros pasos nos llevan a la majada de Lecherines, donde se abren los cielos y ya sin disimulos descarga una buena justo al entrar en el refugio que no sucumbió al incendio. Ha sido providencial. Cuando parece que se calma, pero sin recoger los paraguas, seguimos nuestro camino. Nos adentramos en el bosque, en un bosque sin alma, en un bosque que transmite tristeza. Gabardito, pista y desvío que se hace senda, para bajar por el barranco de los Meses. Viejos viveros. Canfranc.

          Teníamos previsto llegar sobre las tres de la tarde. Cinco minutos faltan. Buenas sensaciones. Buen disfrute de un par de jornadas puramente otoñales, que con casi 39 kilómetros, hemos subido 3.050 metros, y bajado otros 3.119, según los tracks de nuestra súper Saratracks.com, en las 15 horas de actividad total. Gracias por ese fin de semana.


El reportaje completo de fotos, en:

Los tracks:

jueves, 17 de octubre de 2013

Mirada de nácar sobre Oroel

IXOS MONS
Mirada de nácar sobre Oroel
Miércoles, 16 de octubre de 2013



            Cuando el reflejo irisado empuja a la peña sureña a vestirse de nácar, es el momento adecuado para partir hacia ella, para partir hacia ellos. Radiante, casi plena, así está Selene en esta agonizante tarde que le da el turno a una serena noche que acabamos de estrenar, con la que nos hemos citado en lo más alto del Campo de Jaca, la Peña Oroel, que desde sus 1.769 metros se aúpa para que nada escape a su cobijo en esta población y su redolada. Pero aun con todo y con ello, estas tierras andan inquietas esperando un otoño que no termina de llegar. Ya ha anunciado su venida, sí, pero uno de esos tantos veranillos que con media docena de apodos se le conoce al buen tiempo a estas alturas de calendario, se lo está impidiendo.

Guiños desde el Parador
            Luna llena de octubre, que silenciosa asomas por levante, y que vienes a decirnos que en dos días comenzará tu declive. Luna llena de octubre, que alborotas los humores de todo bicho viviente. Luna llena de octubre, cuán alejada y cercana a la vez, que vienes para decirnos al mundo que otro ciclo ha concluido, que otro trajín de idas y venidas ha llegado a su fin, pero que otro traes para hacer de esta vida un ciclo que otros alberga, y que a su vez forma parte de otro inabarcable.

Dispuestos para la faena
           Luna llena de octubre, que llevas a maltraer a fluidos y amoríos, llénanos de tu plenitud. Luna llena de octubre, que como todos los meses llegas fiel a tu cita para que nuestros húmedos ojos se reflejen en los tuyos de cristal. Luna llena de octubre, que extiendes tu nacarino manto sobre los montes y valles. Hoy, ante tu presencia, una vez más, y no sé cuántas van ya, nos animas para verte más cerca, para tenerte más cerca, para sentirte más cerca, haciéndonos un cuerdo hueco en este loco mundo en el que vivimos.

Ellas y Jaca compiten para deslumbrar
            Ocho andarines del Club Atletismo Jaca, convocados por el amigo Toñín, y acompañados por las últimas bocanadas de esta serena tarde, nos dirigimos al Parador, para dar comienzo a esta ascensión nocturna, especial, en la que aliados con la noche hay quien va a explorar sus límites en estas andadas y a estas horas. Como ocho son también las horas que pasan del mediodía, cuando dispuestos emprendemos el ascenso ayudados por ese tercer ojo de cristal, ese tercer ojo de luz para abrirnos camino visual entre los guiños que nos hace nuestra amada por entre el ramaje de viejos y lánguidos abetos.

Todas deslumbran
            Presentimos viento por las alturas. Así es. En una hora nos presentamos en el collado, esa antecima que junto a los viejos neveros, nos permite ya un barrido ocular por el Campo de Jaca. Sí, Jaca la iluminada, y sus muchos y pequeños satélites al este y al oeste que vamos reconociendo uno tras otro. Al norte, agazapado, un frente nuboso dispuesto a saltar a escena en cualquier momento; le gustan los fines de semana. Al sur, otro espectáculo, la oscura depresión entre las sierras exteriores y dos resplandores, que intuimos de Huesca y Zaragoza.

Todos vamos pasando por el
estudio fotográfico
            Ligera bajada para recorrer el fondo de esta loma cimera a dos vertientes. Se deja acariciar. De nuevo al abrigo del viento, entre bojes y espinos llegamos al tramo final de la subida, concluyendo a los pies de la Cruz, donde podemos admirar la vista a poniente, con otro resplandor al fondo, el de Pamplona. Las fotos de rigor y para abajo, a buscar un mejor sitio para echar un bocado. Lo encontramos y apreciamos.


            De nuevo al collado, para iniciar el descenso por sus más de treinta curvas, llegando al Parador al filo de las once. Casi tres horas de actividad, de distinta actividad, de nocturna actividad, en buena compañía. Gracias a tod@s.


El reportaje fotográfico, con alguna fotico más, en: