Lecherines, bailando con nieblas (fallido).
Sábado, 26 de octubre de 2013
Unas veces tiene voz dulce y
seductora, otras no tanto. De cualquier modo, nunca debes rechazar la llamada
de la montaña. En esta ocasión se ha servido de la voz de un tocayo que, como
dice él, anda con rehabilitaciones activas. No sé, es algo muy raro, porque
ponerse a hacer cosas para probarse a ver si las puede hacer… pues eso, que es
algo muy raro, pero como es una opción como otra cualquiera ahí hemos estado
para acompañarle en esta terapia a cielo abierto… al menos hasta que nos
metemos en nieblas.
Explosión de color |
Con Josemari, Javier y Sara
formamos el comando de hoy. Un comando que sale ya de Jaca con una idea muy
clara, la de ir al mundo Lecherines, para subir el pico Lecherines. Para ello
nos situamos en lo más alto que nos permite la carretera del valle de Aísa.
Saleras, se llama el paraje, y nos dirigimos hacia una de las dos cabeceras de
este valle, la oriental. Nos dirigimos hacia Rigüelo.
Los primeros compases gozan de la
transformación cromática que nos ofrecen esas especies de árboles que se mudan
de ropajes, que dejan esos elementos aéreos que ya no van a utilizar porque su
vida se repliega en la parte más interna del ser, en sus catacumbas, en sus
criptas, en sus tripas, en sus raíces, donde va a hacer una labor callada, cuyo
esplendor veremos de nuevo cuando comience otro ciclo. Los árboles, pues,
bueno, algunas especies, no todas, como algunos animales, no todos también,
hibernan, prefieren el recogimiento y no exponerse al frío invierno. Eso es
algo que nuestros antepasados, y no tan lejanos, también sabían. Era tiempo de encerrar
el ganado y de puchero en el hogar. Esa gente sabía, porque estaba en contacto
con el mundo natural, y vivía con él, vibraba con él. No así en la época actual
del Plasticoceno. Que me pierdo.
Espléndido Saleras |
Subimos, decimos, dirección a Rigüelo.
Alcanzamos el GR 11.1 y lo cruzamos en dirección a la Garganta de Aísa, aunque
poco trozo, ya que la dejamos a nuestra izquierda, para tomar ya la fuerte
pendiente que sube hacia el collado de Rigüelo, un paso entre el pico y los
mallos, que da vista al mundo Gabardito y al Valle del Aragón, pero eso será más
tarde, primero hay que llegar al collado.
La mañana está muy poco hospitalaria,
como que no quiere que se la moleste. Anda en sus cosas, que son ya las de
invierno, aunque por el fondo de los valles esté aún dando coletazos el verano.
Camino del collado, con la única vista de los mallos |
En dos horas desde Saleras
alcanzamos el collado que, como ya nos iba anunciando, está intratable. Las
nieblas nos ocultan la progresión hacia el pico, y con resignación tomamos la
decisión de bajarnos. Pero lo hacemos por la vertiente SE, a pesar de que no
vemos un pimiento. Intuimos el camino, sólo eso. Así es hasta que pasamos el límite
de las nieblas, que ya con total visibilidad se nos abre un tremendo patio sobre
el Valle del Aragón, con el refugio López Huici ya a la vista, y al que hemos
de dirigirnos.
Lo sobrepasamos y alcanzamos el collado de la Madalena. Sobre el GR 11.1
bajamos ya por Rigüelo, haciendo productiva la mañana, con una recolección de setas para el consumo. Un verdadero deleite
gastronómico.
El reportaje
completo de fotos, en:
cómo me gusta veros , qué grupete tan majo y qué precioso lugar para pasarse este otoño.Ese fin de marcha lo tendré que catar en la próxima ocasión(mantel y plato , como señores!!!) olé
ResponderEliminarYa sabes, Cacatúa, que más de cuatro ya es multitud... Pero qué bien lo pasamos. Tú ya sabes. Gracias por el comentario.
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