lunes, 4 de marzo de 2013

Cascadas de hielo en Anayet

A TUCAS ALBARS
Cascadas de hielo en Anayet
Domingo, 3 de marzo de 2013


          Por una u otra razón, generalmente debido al mal tiempo, salvo las salidas de los belenes, allá por diciembre, el resto de actividades programadas por la Sección de Montaña del CP Mayencos se han tenido que suspender. Ésta, la que nos ocupa, estaba planteada inicialmente como un curso de iniciación a la montaña invernal, para tocar aspectos especialmente de seguridad vinculada a nuestros movimientos por este medio natural, tan precioso como cambiante en esta época del año.

Canalroya en invierno es otra Canalroya
            Organizado por Mayencos, decimos, pero tutelado por Aragón Aventura, es Fernando Garrido con quien tenemos el lujazo de contar hoy, y al que se le ocurrió dar un poco más de aliciente al asunto y proponer, en grado también de iniciación, unas trepadicas por hielo. Este elemento, aunque frecuente en invierno en cualquier paco, en contadas ocasiones y lugares ofrece las condiciones mínimamente aceptables de seguridad para la práctica de la escalada. Hay gente verdaderamente friky en estas lides, y tienen que buscarse escenarios alternativos, porque aquí, en Pirineos, no todos los inviernos se dan las circunstancias de precipitaciones y bajas temperaturas mantenidas en el tiempo para su práctica.

Camino de las paredes
            Domingo de un fin de semana verdaderamente excepcional en lo meteorológico. Hace buen tiempo, muy buen tiempo, y hay que aprovecharlo. Estamos Jano, Javier, Joserra, Cris, Fernando Sin, Juan, que con Fernando Garrido y Yeray, aspirante a guía, en prácticas, nos dirigimos al aparcamiento de Espelunciecha en Formigal, al que llegamos tras una infernal caravana. Si es que, claro, hace buen tiempo para todo el mundo.

            Tomamos la silla para acercarnos a como media hora de las paredes. Todos menos Jano, que se lo toma como un entrenamiento y se sube foqueando. Llegamos arriba. Es la divisoria entre dos cuencas, la de la cabecera del Gállego y la del Canalroya, que vierte al Aragón, a cuya rinconada nos asomamos, maravillados del paisaje invernal que tenemos a nuestros pies. Dominándolo todo, el Anayet, ese pico, ese pitón volcánico que emerge de su mundo y que compite con otro grande de los alrededores, el Midi d’Ossau.

Progresión con buena huella
Antes de entrar en la sombra, nos abrigamos bien y nos colocamos ya los elementos de seguridad, el casco, los crampones y el arnés, para dirigirnos ya hacia la pared, donde nos encontramos con un par de cordadas en otras tantas paredes que entendemos son ya para gente iniciada. Efectivamente, en un abrigo entre los pies de ambas cascadas dejamos las mochilas y nos disponemos ya a la faena. Fernando no escatima explicaciones para darnos a conocer los entresijos de la técnica a emplear en este oficio. Manejo de piolets técnicos, tornillos, colocación de los crampones en la progresión, y toda una serie de consejos que hay que conocer en pos de una mayor seguridad y de un mejor desenvolvimiento.

Fernando en los inicios
En una cercana pared, va abriendo una vía para montar una reunión en su cabecera, y de ese modo ir subiendo todos teniendo la cuerda por arriba, lo que disminuye considerablemente los riesgos. Mientras tanto, la peña nos vamos entreteniendo tomándole el tacto a los piolets y a su mordedura en el hielo, familiarizándonos con el sonido que responde al clavarlo, verdadero aliado sobre su mejor o peor agarre.

Todos. Todos vamos siendo partícipes de esta pequeña cordada. Al propio tiempo, mientras es Yeray el que asegura, Fernando nos enseña una de las técnicas empleadas para asegurar en circunstancias extremas, llamada Avalakov, y que consiste en hacer un puente de hielo con dos tornillos, cuyos extremos tienen que converger para pasar un cordino por los orificios efectuados. Si todos los oficios tienen lo suyo, desde luego, este de la montaña no sólo también, sino que es vital conocerlo a fondo, porque en momentos críticos puede marcar la diferencia entre salir airoso o no hacerlo.

Anclaje del Avalakov
Fernando monta otra vía muy próxima, para ir subiendo por ella todos y aprovechar el tiempo con estas prácticas, que para la mayoría de nosotros han constituido un verdadero bautizo en la escalada en hielo.

El entorno es indescriptible. Tantas y tantas veces pateado sin nieve, éste elemento le confiere una belleza singular. Pero tenemos que dejarlo, hay que llegar a tiempo para la silla de bajada. Nos despedimos de Jano, quien se dispone ahora a disfrutar del descenso esquiando. Y poco más, de nuevo a la furgo y para Jaca, donde despedimos el duelo en torno a unas birras.

Sólo queda agradecer a Aragón Aventura, y a Fernando Garrido en particular, su colaboración en esta novedosa actividad para nosotros, y que ha concluido con un resultado altamente satisfactorio para todos. Y lo mejor, nos lo hemos pasado bien, muy bien.



El reportaje completo de fotos, en:

Por los montes de Atarés

ENTRENOS
Jaca, Atarés, Pto. Oroel, Jaca
Sábado, 2 de marzo de 2013



            Una mañana más para abrazarnos a estos montes tan cercanos pero no del todo conocidos. Esto es como con las personas, que para conocerlas bien hay que profundizar en el trato, en los intercambios, en los influjos de unos por otros y de otros por unos. Pues así es la relación con los montes, así es la relación con la montaña, con el entorno natural, que no siempre se deja, no siempre te muestra su cara más amable. Hoy sí, hoy hemos contado con la gracia de que el tiempo nos ha acompañado en este fin de semana que se ha dejado hacer.

Ruinas de borda en el camino
            Con parte del grupo del domingo pasado, Víctor y Nacho, a los que se unen Olga y Xaro, formamos este quinteto que en esta preciosa mañana en la que se ha suavizado mucho la temperatura y que ya huele a primavera, pero que no nos debemos dejar engañar todavía, nos echamos al monte, para partiendo y llegando a Forranchinas, damos la vuelta por Atarés y el puerto Oroel.

En el cruce con la GR 65.3.2
            Bajamos al Gas por la depuradora, justo enfrente del puente Kénedy, que tomamos para ir hacia el sur, como dirección Basuras, pero que abandonamos para seguir por el camino indicado por un distintivo azul, y que en un brusco giro hacia el W pasa por las ruinas de una antigua borda. En seguida retoma la dirección S y se mete en el bosque. A menos de media hora ya se va dando vista al W, y mientras que la senda sigue hacia el S, hay que tomar un desvío a la derecha, que descendiendo nos lleva a otro cruce, el del camino que viene de Monclús y que está señalizado como GR 65.3.2, y que tomamos en dirección a Atarés, a donde llegamos en hora y cuarto.

            Estamos en un punto neurálgico para el recorrido de la Ultra, porque por aquí se pasa de ida y de vuelta. Estamos en el punto de intersección del ocho. Desde Atarés habría que ir hacia San Juan de la Peña, pero nosotros seguimos como si volviéramos ya de Santa Cruz de la Serós, es decir, camino del Puerto de Oroel.

Barranco Fondo y espolón W Oroel
            Media hora de pista nos lleva a meternos por unos campos sin habernos fijado que antes de eso, unos cientos de metros antes de eso, un hito de piedras en el arranque de una senda estaba para algo, y es porque las piedras no hablan, no hablan si no se lo permites. La pista se convierte en sendero, que se encañona por un pequeño y recóndito barranco, y que de subida nos deja en la carretera de Oroel, al cabo de hora y media del comienzo. Una vez aquí habría que tomar el ascenso a la Peña Oroel pasando por la Virgen de la Cueva, pero nosotros volvemos ya hacia Jaca. Como cuatro kilómetros de asfalto, que vamos chuleando por la herbosa cuneta como podemos, nos abre una singular panorámica del soberbio espolón W de la Peña Oroel y de toda su muralla y falda S. Venta Casa León, salvada de la ruina por ese retejado. La de Barranco Fondo, donde su casi centenario dueño nos amenizaba cada vez que parábamos a coger agua, y que nos dejó no hace mucho. Y desvío del Parador, para entrar por el antiguo polvorín y acceder a la calzada romana por una agradable senda.

            Tangencial con la carretera para seguir por la calzada y salir a Escolapios. Rotonda gasolinera y Forranchinas de nuevo. Unas cuatro horas para recorrer los 27 kilómetros de hoy. Bien. Muy bien.


El reportaje completo de fotos, en:
https://picasaweb.google.com/chematapia/JacaAtaresPtoOroelJaca


miércoles, 27 de febrero de 2013

Dos cordales y un valle

ENTRENOS
Rapitán, Ipas, Bergosa, Ijuez, Serés
Domingo, 24 de febrero de 2013



             Anoche frío y luna. Hoy frío y sol. Esa es la alternancia, y aunque parezca el mismo, no lo es. El monte de ayer fue el de ayer, y el de hoy será el de hoy. Sí, Rapitán, hablamos de ti. Nueve de la mañana, -4º en un perezoso termómetro, naves de Agromán. 5 a punto de salir, no todos jóvenes. Sólo lo son Víctor, Abel, Nacho y Juan. Veremos.

Campo de Jaca, desde Rapitán
(foto de Víctor)
            La idea es dar la vuelta de Rapitán, Ipas, Bergosa, Ijuez, y regreso por el Camino de Santiago. Lo dicho, veremos. Arrancamos despacio, como debe ser, y nos metemos por el sendero, que se va codeando con las lazadas E de la carretera, y que nos deja en el mirador, desde donde damos los buenos días al Campo de Jaca, todavía desperezándose. Hasta la Peña Oroel tiene legañas.

            Vuelta al fuerte, que nos da la oportunidad de asomarnos a la cara norte, para ver, o mejor dicho, intuir la cabecera del valle, que está tomada por un nuevo frente que está dejando nieve por las alturas. Continuamos. Por entre carrascas vamos pellizcando el lomo del monte, hasta llegar a dar vista al barranco que lo separa de Ipas. Lo bajamos, y sin subir al pueblo tomamos la pista que con fuerte pendiente nos lleva al collado. Poco más de una hora. Esto marcha. De aquí, hacia el W, parte el camino para la loma de Claraco, pero nosotros seguimos pegados al monte, es cara NW y se nota, aún quedan trazas de nieve, y en algunos sitios más que trazas, pero a estas horas está dura y se pasa bien.

ABergosa (foto de Víctor)
            A los diez minutos alcanzamos el arranque de la senda que nos lleva a Bergosa. La pista continúa subiendo hasta un collado que da acceso al Albarún, pero nosotros a lo nuestro. Veinte minutos de sendero con unas aliagas que nos ofrecen todo su cariño, y algún árbol cruzado, mucho menos de lo esperado, nos dejan en la parte alta de Bergosa, en una finca que están arreglando. ¡Qué gozo da ver que lo viejo vuelve a tener utilidad! ¡Qué gozo da! Bien, por un escondido camino a la derecha llegamos hasta la iglesia, o lo que queda de ella, que aún es bastante, aunque sin tejado, están los muros, incluso el ábside prácticamente enteros. Es la parroquial del pueblo, y sus orígenes datan del S XII, venerando a San Saturnino. Pero eso poco importa ahora.

Fuente de Bergosa
            Junto a ella nos encontramos con lo que jocosamente llaman el PHB, el Plan Hidrológico de Bergosa, una manguera soterrada que trae el agua desde la fuente hasta unas bordas que están más abajo, en las eras. La susodicha fuente también la vemos más arreglada, de un charco con mal acceso de hace unos años, han dejado un rincón muy cuco. Se ve que era un punto neurálgico de la población, porque también está dotada de lavadero. Y lo fue hasta 1966, año en el que se despobló definitivamente, huyendo los últimos vecinos del abandono y del olvido, pero que desde 1998 están comenzando a arreglar alguna finca, e incluso poniendo los nombres de las casas, aunque estén espaldadas. Se puede perder todo, pero no el recuerdo, pero no la identidad.

Salida al Ijuez
            Tomamos un camino evidente, pero equivocado, y nos damos cuenta tras dar unas cuantas vueltas. El bueno, el que nos tiene que bajar hasta el Ijuez ha de tomarse muy cerca de la fuente, hacia el N. Finalmente lo encontramos, y lo seguimos, ya no nos engaña. Hay tramos que parecen trincheras, de lo erosionado que está. Aliagas y más aliagas colonizan terrenos de pasto que lo tenían que estar por la ganadería extensiva que tanto cuida los montes, y que se va abandonando por improductiva y carente de apoyos. Pero se nos llena la boca con asentamiento de la población, se nos llena la boca con pilonas, postes, arrastres y demás monocultivos… El sector primario por los suelos, el secundario agotado, y el terciario mal enfocado (¿o bien para algunos?). En fin, lo de siempre, que me pierdo.

Puente en el Camino de Santiago
            Media hora más y el camino, emboscado en su segunda mitad, nos deja en el lecho del río Ijuez, que se abre paso por este recóndito valle de la Garcipollera, y que también fue pasto de la fiebre de los pantanos, allá por los sesenta del pasado siglo. Fue expropiado para repoblarlo y evitar de ese modo el arrastre de tierras y la saturación de Yesa. Y ahora ahí estamos, con nuevas polémicas sobre la seguridad de las nuevas actuaciones. Que hay que sacar a las gentes de sus casas porque hay que elevar el nivel del embalse. Que hay que sacar a las gentes de sus casas porque se caen las laderas, pero claro, serán unos hilillos… Bueno, otra vez. A lo nuestro.

            En condiciones normales se podría cruzar al otro lado del río, y llegarnos hasta el puente de madera, pero el gran caudal no lo aconseja, por lo que seguimos por la margen izquierda, teniendo que subir y bajar el talud que nivela las vías del tren, de un tren del que también podríamos llenar páginas, incómodas páginas.

Al paso por Bergosilla
            Dos horas y cuarto y ya de regreso por el Camino de Santiago, del que un pequeño tramo se llevó la riada de octubre, y que han reconstruido con gran solidez. Bergosilla. Puente Torrijos. Y puente Oliván, donde se nos ocurre preguntar si hay alguien que no tenga prisa. Pues sí, Juan no la tiene. Por preguntar. Despedimos a Víctor, Abel y Nacho, que continúan derechos a Jaca, y nos subimos con Juan por el monte de Santa Eugenia. Ochenta y seis lazadas, lo cosen. Es la solución que dieron los antiguos beneficiarios de estos montes para salvar los más de 300 metros de desnivel. Aún se pueden ver restos de antiguas cabañas de piedra.

            Collado de Serés. Poco más de la una, con cuatro horas subiendo y bajando montes, que nos están dejando unas garrillas pelín cargadas. Regreso por el paco Serés, hasta el puente Oliván de nuevo y para Jaca, a donde llegamos con gran alegría y satisfacción al filo de las dos de la tarde.

            Satisfechos, muy satisfechos. Por la mañana, por los montes, por la compañía. Han sido cerca de 5 horas para recorrer casi 30 kilómetros, con 2.850 metros de desnivel acumulado, por unos montes que ya nos saludan al pasar.

          

El reportaje completo de fotos, en:
  
Y el track, en:

martes, 26 de febrero de 2013

Rapitán nocturna... y más

En la presentación del libro (foto de Javier)
LA LUNA POR MONTERA
Monte Rapitán
Sábado, 23 de febrero de 2013




Presentación en Mayencos del libro “La larga excursión”, de Agustín Faus, por su propio autor. Este veterano montañero y prolífico escritor, a sus ochenta y seis años nos ofrece su publicación número cuarenta y tres, en el que recopila muchas de sus vivencias de esa dilatada vida de montañas.

Arranque del sendero (foto de Javier)
Con el amigo Javier, tras salir del evento, y desde el mismo club, tomamos rumbo hacia el pie del monte Rapitán, para abordarlo por el sendero. Llevamos los frontales a mano, pero no los empleamos. La magia de la noche obliga. Sí, pero tanta magia y tanto embobe hay, que en una de las salidas a una revuelta de la carretera, nos (bueno… me) metemos por un sendero que no era, y nos lleva a la mitad de la nada, desde donde nos proponemos salir sin echar marcha atrás y sin encender más luz que la que ya hay. Subiendo por el bosque como podemos, llegamos a los depósitos de agua que hay a media ladera.

Hay que decirlo todo. El vandalismo propio de esta sociedad alienada que tiene una buena parte de ella disfrutando haciendo un poco más difícil el civismo, ha hecho que los carteles que pusieron para indicar el camino estén la mayoría sólo con el poste, que en la noche se confunde con los árboles. Alguna excusa hay que buscar, no?, pero ésta es real. Desde los depósitos, pues, retomamos ya bien el camino, que nos lleva hasta arriba, no sin antes pasar y detenernos en una pequeña caseta que hay junto a unos bancos y mesas. En su interior hay unas fotografías de los años de la construcción de este fuerte.

Final del sendero (foto de Javier)
Aprovechamos hasta el más mínimo resquicio la vista que nos ofrece sobre el Campo de Jaca, pensando en ese dual latir de todo ser vivo, inspirar y espirar; día y noche; luz y oscuridad; vigilia y sueño; actividad y quietud; locura y cordura, por qué no.

Vuelta alrededor del fuerte para visitar la parte norte, que nos ofrece su particular mirada hacia el valle, en cuya cabecera se adivina el marrón. Gran marrón, que nos trae alguna cillisca de nieve.

Nueva contemplación sobre la iluminada ciudad, y ya sin más despistes, para abajo por el sendero, hasta salir de nuevo al Hospital, y luego a casa. 

Para hacer estos 600 metros de desnivel acumulado, le hemos robado dos horas a la noche, a una noche en la que nos hemos buscado una aliada de lujo. Esa luna que enamora y hace enamorar, que enloquece y hace enloquecer, femenina, variable, que sube y baja, que va y viene, que tanto influjo tiene sobre el humor, sobre los humores, sobre el agua y el resto de líquidos vitales, pero que siempre está ahí cuando la necesitas, y que hoy, casi pletórica, nos ha acompañado jugueteando por momentos por entre las nubes que del frente se escapaban para enredarse con ella. Ya te echamos de menos. Vuelve por marzo. Te esperamos.



No muchas más, pero alguna más hay en:


sábado, 23 de febrero de 2013

Forges d'Abel

MONS CON NIEU
Forges d'Abel
Viernes, 22 de febrero de 2013


               Hoy toca deslizar, y nos apetece hacer algo de fuera pista, aunque como no sabemos cómo va a estar el panorama por la vertiente norte, arramplamos con los esquís de fondo también. Jesús se queda en Somport, que nos recibe con nieblas, de todos modos bajo a las Forges d’Abel, que ya se ve más despejado. Nos ponemos a ello.

Trayectoria de las vías de tren
            A pesar de llevar como una semana de buen tiempo yéndose más y más nieve, el paquete que hay todavía es tremendo. Han limpiado la entrada hasta muy cerca del edificio de la antigua estación de tren. Esa estación que vio pasar el canfranero durante una pila de años, tantos como los que ya no los ve. Y salimos precisamente desde las mismísimas vías, que se intuyen debajo de nosotros, como a más de un metro debajo de nosotros. De hecho, la superficie de la nieve está al ras del extremo superior de la palanca del cambio de agujas de las propias vías.

Aspecto del bosque
            Nos adentramos en el bosque. Hemos tenido el capricho de venir aquí, pero realmente la nieve no está en condiciones. Hay costra, y por debajo está muy blanda, lo que llamamos podrida. Ya veremos la bajada. Quizá hubiera sido mejor venir con raquetas. Lo dicho, veremos la bajada.

Barranco de Espelunguera
            El bosque está como con ganas de ver a alguien, a alguien que le transmita esa misma sensación. Alguna revuelta de la pista para ir tomando altura. En el paso por algún puente que cruza el potente barranco, la nieve supera con creces la altura de las barandillas. Hay tramos en los que la verticalidad de las paredes han provocado avalanchas de la nieve depositada en ellas, nieve que no ha bajado sola, sino envuelta con grandes cantidades de tierra, dejando un panorama un tanto caótico. Pero ya está todo descargado.

            Llegamos, y sobrepasamos, la última edificación de la central eléctrica que regula el cauce del barranco. Y a la hora y diez minutos llegamos al anunciado como parking de Espelunguera, desde donde ya no se puede proseguir en rodantes, porque aquí comienza el Parque Nacional de los Pirineos Franceses. El tiempo no nos da para más, tenemos que volver.

Comienzo del Parque Nacional
            El cielo, por el W, comienza a anunciarnos el cambio de tiempo, que según nos dicen va a ser brutal. Parece mentira, porque se había suavizado bastante, de hecho ya vemos que los brotes de las hayas comienzan a estar más abultados. Pero qué ganas de salir, pero cuántas ganas de vivir.

            Y poco más, a deshacer el camino andado, a cerrar la cremallera que hemos abierto al subir, pero bajando, y con una nieve muy poco amigable para ello. Ya nos lo habían dicho, pero no nos lo hemos querido perder…


El reportaje completo, en:


miércoles, 20 de febrero de 2013

Piscis

Piscis
18.feb.13 12:02
20.mar.13 11:02
(hora solar)



          Piscis. Tercer y último signo de invierno. Último signo, también, del ciclo zodiacal. En Pisciarquía (gobierno de Piscis), podemos decir que en este mes los vientos van a soplar sobre los mares, agitándolos, lanzándolos hacia las costas, hacia su conquista, robándole a la tierra espacio palmo a palmo. El viento azotará a la superficie terrestre y llevará arenas a miles de kilómetros, acumulando en las depresiones restos enteros de vegetación arrancados a la tierra. Moverá las nubes con gran velocidad, golpeará con fuerza el agua de lluvia, y enfriará el ambiente cuando el sol deje sentir durante algunos momentos alguna promesa de calor.

                A pesar de llamarse Ventoso en el Calendario de la Revolución Francesa, es signo de agua, concretamente de agua marina. Es el mes del sueño que precede al despertar de un nuevo año. Mes de peligrosa languidez en la naturaleza. En el mundo vegetal aumenta la concentración salina de la savia, como ocurre en los mares junto a las costas. También se acrecienta la concentración iónica humoral en los animales, favoreciendo la disolución de substancias depositadas en los tejidos durante los meses anteriores.

En el caso del ser humano es lo mismo, con la particularidad de que al estar apartado de las Leyes Naturales, con la toxicidad que eso conlleva, esta nueva puesta en circulación de productos nocivos, provoca con frecuencia el comienzo de una larvada crisis primaveral, y que se manifestará en su momento como erupciones cutáneas y trastornos circulatorios diversos al comienzo de la estación vernal.

Es conveniente beber agua de mar, o mineral con alta concentración salina. Dormir más horas que cualquier mes del año. Hacer ejercicios de velocidad que exijan taquipnea (respiración agitada). Dar pequeños azotes a la piel con paño empapado en agua. Como Piscis corresponde con los pies, es importante para todos, pero especialmente para los nacidos en este signo, el mantener la derivación bioeléctrica del cuerpo al suelo. Por tanto, muy beneficioso es el andar descalzo sobre cualquier piso natural, ya sea arena, agua, hierba, roca, nieve, granizo, escarcha… Eso los que el vigor de su organismo se lo permita. Los que no, los que tengan el cuerpo más debilitado, que es la inmensa mayoría de los humanos, pueden hacerlo sobre piedras o ladrillos previamente calentados al fuego. De cualquier modo, lo más eficaz es alternarlo con pediluvios de agua marina, o de agua con sal marina integral.

En el terreno mítico, podemos decir que aterrados por el gigante Tifón, Venus y Cupido se arrojaron al Éufrates y se convirtieron en peces. Para conmemorarlo, Minerva colocó a los peces en el firmamento. Esta constelación era conocida por los babilonios como KUN, o las colas. En los comienzos del cristianismo era el símbolo secreto de los seguidores del nuevo movimiento. Por aquella época terminaba la era de Aries, la cabeza de carnero era el símbolo de los sacrificios cruentos que Jesús el Cristo vino a abolir, y comenzaba la de Piscis, a cuyo fin asistimos en la actualidad.

Los grandes descubrimientos de la humanidad han guardado siempre relación con los signos que han regido las sucesivas eras. Durante la de Aries (signo de fuego) fue eso, el fuego lo que se descubrió. Durante la de Piscis (signo de agua) se han dado los mayores descubrimientos de ultramar. Y durante la de Acuario (signo de aire, que ahora comienza) nos espera el mayor desarrollo espacial.

Pero volvamos a Piscis, protagonista de este mes que comienza, para con cuyos nativos se pueden usar propiedades acuáticas. Sus características son a menudo como las del mar, oscuras profundidades, súbitas tormentas, y padeciendo fuertes y variables corrientes. Es femenino. El torrente emocional de los piscianos es tan intenso y profundo que llega a confundir y a atormentar, incluso a él mismo. Hay que darle salida canalizándolo de forma creativa, a través de itinerarios artísticos. La confusión, vaguedad y carencia de metas pueden hacer que la emotividad se vuelva contra sí.

Sin embargo, un Piscis centrado es como un faro que proyecta su luz sobre un mar borrascoso, y guía al navío que busca el abrigo acogedor del puerto. Su misión en la vida es servir, y para que pueda cumplirla, trae de serie las siguientes características, siendo su principal tarea el descubrirlas y desarrollarlas:

Carácter intuitivo, mente serena para los juicios; personalidad atrayente, honesta y cortés; temperamento idealista y afable; sentimientos amorosos, caritativos. Como signo femenino, es receptivo, sensible. Confiado, con gustos delicados. Profundo sentido místico, con ansias de soledad y de paz. Disposición vigilante y sagaz para mirar lo lejano con mayor interés que lo cercano. Sensibles a la atmósfera mental de su alrededor. Por tal razón es importante que los padres de estos niños les guarden durante su infancia de malas compañías, ya que de niños tienen la misma capacidad de absorción de las influencias buenas como de las malas. Son perezosos, siendo vital que sus padres estén permanentemente atentos y les proporcionen actividades que puedan ejecutar por sí mismos durante la infancia.

De disposición pacífica, sufren injusticias con frecuencia, ya que prefieren no luchar por sus derechos dejándose llevar por su aversión a la actividad. Son honrados y dignos de confianza. Discretos, en consecuencia. Generalmente bondadosos y simpáticos, cordiales y de maneras delicadas. Todo ello les proporciona amistades con facilidad. Gustan de la buena mesa, y son propensos a la bebida, que de no encarrilar esta tendencia van a ser aniquilados por ella.

Son buscadores de la serena contemplación de la Naturaleza, con profundos deseos de penetrar en los misterios que encierra. Esta simbiosis puede llegar a proporcionarles grandes dotes para explorar los terrenos paranormales. La telepatía, los poderes predictivos, la clarividencia y clariaudiencia, son herramientas que puede manejar para el bien de sus semejantes.

                Bien amig@s. Así son ell@s y así hay que quererl@s. Muchas felicidades a l@s Piscian@s y que este tránsito os sea propicio a tod@s vosotr@s.



martes, 19 de febrero de 2013

Monte de Atarés

MONS CON NIEU
Monte de Atarés
Domingo, 17 de febrero de 2013



        Hoy vamos a tratar de completar el recorrido de ayer con los caminos cercanos ya a Jaca, y que nos van a llevar hasta Atarés. La mañana, igual que ayer, más despejada, serena, fresca, preciosa para echarse nuevamente al monte. Y aquí seguimos con Michel para contároslo.

La mañana se refleja en los
espejos de la pista
            En la carretera de Puente la Reina, en un punto muy próximo a la llamada Caseta del Municionero, está Monclús, que es donde dejamos el coche, porque es aquí donde arranca la variante .2 del GR 65.3.1, que es la que acerca a los peregrinos a los monasterios. Pero al poco de tomarla, la abandonamos, para seguir por la pista, con nieve e incluso hielo a tramos, y tomar otro barranco que surge a mano derecha, dirección sur. Está indicado con unos carteles azules con la silueta de un senderista, de desconocido patronazgo para nosotros.

            Tras un brusco giro de noventa grados hacia el oeste, se abre una ancha pista que pasa junto a las ruinas de unas casas de campo, no sin antes haber seguido por la más evidente y haber perdido como veinte minutos. Sigue, pues, hasta unos campos, pero unos metros antes de llegar, torna de nuevo dirección S convertida en senda. En senda por decir algo, que en realidad es una pequeña barranquera acrecentada más por el diluvio de octubre y por los incesantes desagües de las nieves de estos días. Tras un incómodo tramo trasteando el terreno para no fartarnos d'aigua, la senda abandona el barranco y se mete en el bosque, por donde va adquiriendo más y más encanto. Sí.

Tomando notas de campo
            El agua, poco a poco se ha ido convirtiendo en nieve. Cuando se alcanza la divisoria y se va dando vista ya a los montes del W, hay que estar atentos, porque hace otro brusco giro hacia esa dirección, llegando a un cruce en el que converge el camino marcado como GR 65.3.2, el genuino, y que tomaremos de regreso. Encontramos en el suelo el poste con la triple señal, y lo apañamos como podemos. Continuamos en dirección Atarés ya por el monte que llaman de Sandiniés. Llegamos al pueblo al cabo de dos horas y media, que hubieran sido menos de no haber dudado en algún momento, pero estas cosas ya se saben, prueba, error, prueba, error.

Barrancos llenos de vida
            Viejas tendinitis recuerdan que están ahí, recuerdan que no se puede hacer lo que se desee, sino lo que se pueda. La entretenemos con agua fría, lo que también nos resta tiempo. Seguimos ya en dirección oeste, al encuentro del punto donde la senda de ayer nos dejó en la pista, lo que conseguimos en algo más de media hora, ya que nos paramos para hablar con un cazador, nativo de Santa Cruz, para acribillarle, sin balas, sólo a preguntas, sobre estos montes. Nos pone sobre la pista del enlace hasta Santa Cruz. Es por una al pie del monte Torla, al norte. Para otro día.

Por el camino, destacan unas rallas de viejas rocas que adornan el entorno. Entre vaguadas, tiros de fondo y apestoso olor a piara de perros llegamos a un puente de madera sobre un barranco que baja generoso, y que tenemos que cruzar. Al poco, pero muy poco, estamos ya en el punto donde ayer nos devolvió la senda a esta pista. Tocamos chufa y volvemos.

Viejos caminos con nuevos usos
Pasamos de nuevo por Atarés, con algo más de vida que hace un momento, y seguimos por el mismo camino de venida, del monte de Sandiniés, hasta el cruce mencionado, desde el que continuamos ya por el GR, que nos deja justo en Monclús, no sin antes pasar por entre unos 200 cazadores y 2.000 perros… bueno igual algún cero menos, pero no muchos, por un final de senda auténticamente impracticable.

            Pues eso, que con más barro que donde lo hacen, terminamos esta vuelta conociendo nuevos senderos, nuevos montes, en una mañana que se ha dejado. Finalmente han sido 5 horas y veinte minutos, para hacer los 20,66 km, con 1.800 metros de desnivel acumulado. Algo más largo que lo de ayer, pero con menos desnivel. Bien. Muy bien.


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