viernes, 17 de enero de 2020

Valle de Sorrosal, los ecos del silencio

IXOS MONS
Tozal de Soaso (2222 m) fallido
Miércoles, 15 de enero de 2020



            “Viendo la belleza de estas colinas, el río, la extraordinaria tranquilidad de una mañana fresca, el relieve de las montañas, los valles, las sombras, lo bien proporcionado que está todo, viendo todo eso, ¿no le escribiría a su amigo, diciéndole “Vente para aquí, mira esto”?”. 

      Sabias palabras de Krishnamurti, filósofo y escritor hindú, en cuyas prédicas abordaba como tema central la transformación del ser humano mediante la meditación, el propio conocimiento, y la contemplación de la belleza. Pues a eso vamos.

Leyenda en la entrada al valle

Circo de l'Año

            Entre las cuencas de dos grandes ríos pirenaicos, como son el Gállego y el Ara, se alza una enorme barrera orográfica, una de las llamadas sierras interiores de los Pirineos, Tendeñera. Admirada, codiciada, con una belleza en su estado más salvaje, que sobrecoge a media distancia, pero que encandila, enamora, conforme te vas aproximando a ella. Brava, valiente, altiva, que conforma cantidad de lugares, de rincones, de circos, extremadamente bellos en cualquier época del año, igual por su paco que por su solano. Donde el gran Hacedor de las montañas se entretuvo, se divirtió en su Faena. Una gran desconocida para nosotros hasta hace muy poco tiempo, pero que con enorme expectación vamos descubriendo sus encantos.

Belleza salvaje

Gradas de Soaso... las otras
            En alguna de nuestras entradas anteriores, describíamos los valles y cordales que la sustentan por su cara sur. Hoy añadimos a nuestro particular libro de visitas, uno de esos valles, el más oriental, el de Sorrosal, nombre más conocido por el salto de su gran cascada junto a Broto, en su joven senectud, y que paralelamente se asciende por los fierros de su ferrata, pero que aquí, en su juventud, adquiere cotas insospechadas de belleza, y más cuanto más te acercas a su niñez, conformado por el aporte de varios barrancos, que beben de estas espectaculares montañas. Pero el principal, el que viene del mismísimo circo de l’Año, es el que no le tiene ninguna envidia a su homónimo de Ordesa. Soaso, Suaso en algún mapa, con sus gradas, que injustamente no tiene el reconocimiento del Parque Nacional. Como aquél, con unas aguas que se apresuran a abandonar estos rincones, porque saben que no tardarán en volver.

 
Evocador camino calzado
Campos con su borda
            Bueno, al tajo. Con Toño y la señá Petri nos presentamos junto al puente carretero de la N-260a, en el P.K. 486, cerca de Linás de Broto, donde comienza esta preciosa circular. Aspacico y callandico, como dice la jota, nos vamos introduciendo en este valle que, de momento, esconde más, mucho más, de lo que muestra, y que lo va a ir haciendo poco a poco. El valle tiene uno de esos ambientes, como se ve en pocos ya hoy en día, de campos con su borda, imágenes que evocan tiempos pretéritos en los que se faenaban, y que para llegar a ellos se empleaban estos caminos empedrados, con sus tapiales revestidos de musgo. Unos caminos, ya hoy casi solitarios, que sirven para subir y bajar el poco ganado que va quedando.

Puente A Pasata

En la primera cascada (foto de Toño)
            Al cabo de media hora de salir, un desvío a la derecha nos baja al puente Sarecho, que bien se puede emplear para cruzar a la margen izquierda y volver por la pista, completando así un bonito paseo. Pero nosotros queremos más. Volvemos a nuestro sendero y continuamos por él. En media hora más, otro puente, el A Pasata, que sí cruzamos, para al cabo del rato, y en un breve desvío asomarnos a la primera de las cascadas que nos ofrece el barranco. A los diez minutos, tomamos otro desvío algo más largo, para ver la segunda. Por aquí pasaremos a la vuelta dibujando un ocho, esa doble circular que hoy nos va a llevar a culminar esta extraordinaria jornada de montaña.

Las madrugadoras prímulas

Refugio d'Abozo
            En poco está ya que salimos a la pista, que tomamos hasta alcanzar el flamante recién restaurado refugio d’Abozo, inaugurado en septiembre de 2018, por la FAM, el Presidente de la DPH, autoridades locales y comarcales y representación de clubes de montaña. Nos incorporamos a la pista, y ya por el barranco homónimo vamos ascendiendo dirección a la cabecera de este valle hermanado con el circo de Soaso, por su configuración y nombre.

Tozal de Comas

Torunzué
            Nuestro camino sube más y más… pero mucho más lo hacen los montes que nos rodean. Por la izquierda, el cordal del Torunzué, bien cargado de nieve; y por la derecha, se nos van viniendo encima unas cotas más bajas con las que coincidimos en el mirar, son un par de lomas que bajan a tomar tierra desde de los enormes peñascales que se descuelgan de la Peña Otal. La raca, que se entretiene con lo más alto de esta sierra de Tendeñera, nos trae el anunciado mal tiempo, y en su deambular juguetón deja alguna ventana para la contemplación y la fotografía. Estamos en un lugar de extrema belleza, y cuyos excesos van directamente a alimentar nuestra alma mediante la contemplación.

Precioso escenario

Progresando por terreno nevado
            Estamos a dos horas del arranque, y se nos ofrece subir a ese Tozal de Soaso, de 2222 metros, lo que podría ser la guinda de la tarta de hoy. Dejamos el camino y vamos acometiendo el ascenso, buscando siempre el itinerario más cómodo. Las manchas de nieve se nos van presentando con más frecuencia a medida que tomamos altura, hasta llegar a un punto en el que decidimos sacar un cordino para seguir la ascensión. Es mucho el tiempo que perdemos, pero no se puede aquilatar en aras de la seguridad. La nieve, que comenzaba estando dura, en este tiempo se va transformando, facilitando la progresión, pero a pocos metros de la cima, no más de cincuenta, la pendiente se pone más intratable y decidimos abandonar. En la decisión ha tomado parte, además, un brusco cambio de tiempo, que la suave y soleada mañana se ha tornado en un frío y nublado mediodía.

A un paso de la cima

Bajando a la cota inferior
            El descenso lo realizamos por el lomo, en busca de la cota inferior. Lo avanzado ya de la jornada, y la orientación, restan riesgo a esta maniobra, que concluye llegando al sendero del fondo del valle, completando así el bucle superior del doble ocho del itinerario. Una vez en la pista, nos desviamos a la derecha para visitar el muy próximo ya refugio de la Faja, donde aprovechamos para echar un bocado con un sol que no termina de poder con el frente que está entrando.

Refugio de la Faja

A nuestro paso por la cascada de arriba
            Por debajo del refugio tomamos un sendero por encima del barranco de las Fuebas, que nos lleva directamente a esa segunda cascada que hemos entrado a ver subiendo. De allí a la pista se repite trazado. Y ya todo es un bajar y bajar contemplando el valle desde otro sentido y perspectiva. Se pasa por la fuente del Furco, a la que hacemos aprecio. También por el desvío al puente A Pasata, pero seguimos hasta el que nos va a llevar al puente de Sorrosal, y que si no tomáramos apareceríamos en el arranque de la pista, lo que nos obligaría a recorrer 650 metros de carretera, de este modo solo lo hacemos para cruzar este puente.

Fuente del Furco

Bella estampa
            Y así llegamos al punto de partida, dando por terminada una extraordinaria jornada de montaña por lugares en los que hemos tenido la oportunidad de hacernos uno con el paisaje, habiendo recorrido 14,4 km, en un tiempo total de 6h 15’, del que tan apenas 3 horas han sido en movimiento, con un desnivel acumulado en torno a los 1050 m D+/-. A poco nos ha sabido. Más hay que volver. Dicho queda.


Más fotos, y el track

jueves, 16 de enero de 2020

Gésera - Lasaosa - Ibirque - Gésera, por la Guarguera olvidada

IXOS MONS
Picardiello (1348 m)
Martes, 14 de enero de 2020



            “Montañero no es solo el que vence la montaña. También lo es el que la siente, la admira y la contempla”.

            Estas palabras del fallecido montañero y divulgador asturiano José Ramón Lueje, nos vienen al pelo para comenzar el relato de hoy. La frase se las trae, y eso que no nos gusta mucho ese concepto de “vencer a la montaña”, porque nunca vamos a pugnar con ella, sería un suicidio, asumimos su infinita superioridad. Nos gusta más la segunda parte, porque es de eso de lo que se trata, de sentirla, de admirarla, de contemplarla, porque es el único camino para conocerla, imprescindible para amarla. La montaña es una pasión, tiene que correr por las venas, y cuando eso ocurre no te conformas con ello, sino que lo amplías a todas sus manifestaciones, a todas sus proyecciones.

Al encuentro de las primeras luces del alba

Ventanuco
            Y una de ellas, indudablemente, es el paisanaje, indisoluble de ese paisaje que le forja su carácter. Y cuando ese paisanaje falla, cuando ese paisanaje marcha dando un portazo, esa rabia generada se resquebraja, repartiéndose a partes iguales entre los que se van y lo que se queda, esos otros seres vivos que permanentemente forman parte del paisaje mutante. Unos seres vivos, tanto animales, como vegetales y minerales que siguen teniendo presencia en estos valles, en estas montañas, en estos barrancos, bañados por sus aguas y por su luz. Pero como la vida siempre se abre paso, nos gusta volver una y otra vez sobre las solitarias tierras de otra de las zonas calientes de la depresión demográfica, como es la Guarguera, que toma el nombre del río que la articula, el Guarga, y que alberga a casi una veintena de localidades, la mayoría clamando en el desierto, y que lucha por que no se apague del todo la llama, algo en lo que se empeña la Asociación Guarguera Viva.
.

Ojos sin mirada

Interior de una solitaria casa próxima a San Esteban 
            Henos pues de nuevo por esta subcomarca perteneciente a la del Alto Gállego, en concreto al municipio de su capital Sabiñánigo. La circular de hoy tiene poblados, despoblados, senderos, algo de pista, también de carretera, aunque poco, tiene historia y prehistoria; hasta el alto de un monte tiene, como sol, agua, aire y tiene buena compañía, solitarios caminos por los que todavía resuenan los cascos de las caballerías con el trasiego de las mercancías, el bullicio de las gentes yendo a sus faenas, o a las ferias, o a divertirse al pueblo de al lado. Todo. Tiene todo para pasar una buena jornada de montaña. Y ahí hemos estado para vivirlo… y aquí para contarlo.

Reformados edificios en San Esteban de Guarga

Las primeras luces sobre San Juan de la Peña
y el Monte Oroel al fondo
            Como tantos días de invierno, le ganamos la partida al alba, llegando antes que ella al punto de salida, que hoy es Gésera, que aglutina un puñado de casas aún dormidas a estas horas. Partimos por la calle Valle de Ordesa, junto a un puesto de reparación de bicis, y nos dirigimos hacia el este, cruzando en breves el barranco homónimo, con cuidado, porque no en vano hemos salido con -7º C. Donde sí nos juntamos con el amanecer, sin haber quedado con él, es en San Esteban de Guarga, otra de las aldeas que nos encontramos por estos lares, y desde donde salimos a una pista asfaltada, para tomar un sendero a los diez minutos. Sendero que nos lleva a Lasaosa, donde se puede apreciar algún buen ejemplo de arquitectura popular.

Una de las casas de Lasaosa

Dolmen de Ibirque o "Caseta d'as Bruxas"
            Continuamos como unos doscientos metros hasta la carretera local que va a Nocito, recorriéndola una hora, tiempo en el que se ascienden 350 metros, hasta llegar al cuello Baíl, donde arranca el desvío al dolmen de Ibirque*, que tomamos hasta llegar a él. Se trata de un supuesto monumento funerario datado en la prehistoria reciente, situado en lo alto de un pequeño cerro de la sierra de Picardiello, y que también se lo conoce como “Caseta d’as Bruxas”. Todo un testimonio de las artes y cultura de nuestros antepasados.

Foto de familia en el dolmen

Señal del GR 16 en Ibirque
            Retomamos la pista, y al pasar por debajo del punto más alto de la sierra, el Picardiello, no se nos puede ocurrir otra cosa que subirlo, y lo que nos encontramos es una torre de vigilancia forestal y un vértice geodésico, junto al que echamos un bocado al sol que más calienta. Por un sendero bajamos a la pista, para burlar una amplia lazada jabalineando por un supuesto sendero, que nos vuelve a sacar a ella. La mañana está radiante, y la sierra de Guara participa de ello. ¿Y cómo visitar el dolmen de Ibirque sin acercarnos al pueblo? Pues malamente, así que, como vamos bien de tiempo, allá que vamos. En el momento en el que nos cruzamos con el GR 16 o Sendero de Serrablo, dejamos la pista para tomar un desvío a la izquierda, y llegar en cinco minutos a este despoblado, con los restos de la torre de su iglesia rompiendo el horizonte. Recuerdos de hace tan solo un mes cuando estuvimos por aquí, con un día desapacible.

Restos de la parroquial de San Martín de Tours, de Ibirque

Aleros en equilibrio
            Afortunadamente, hoy es otra cosa. Nos acercamos hasta la parroquial de San Martín de Tours, y vuelta sobre nuestros pasos para no dejar ya ese GR 16 hasta Gésera, atravesando de nuevo la pista que traíamos, y continuando por un sendero que en poco más de una hora nos baja 500 metros de desnivel, cruzando otra vez el barranco homónimo, donde hay quien da buena cuenta de sus aguas, y ya por la zona de los antiguos huertos, llegar al punto de partida.

Barriada de Casa Tejedor, en Gésera

            Damos por terminada esta bonita y poco transitada circular, a la que le hemos metido 5h 45’ de tiempo total, del que 4h 20’ han sido en movimiento, para recorrer casi 20 km, y salvar un desnivel acumulado total de 670 m D+/-, en una mañana bien empleada, por lugares a los que rendir culto y en buena compañía… Pero aquí no termina la cosa, que al salir del pueblo nos acercamos hasta ese conjunto que forma la parroquial de San Pedro con Casa Tejedor y sus tumbas antropomorfas. Ahora sí.


Las fotos y el track

viernes, 10 de enero de 2020

Oliván - Ainielle - Espierre, por los montes y barrancos de Sobrepuerto

IXOS MONS
Pico Erata (2002 m)
Pico Yésero (2005 m)
Jueves, 9 de enero de 2020



            De nuevo por estas tierras. Con los amigos Marisa y Jesús y Toño de Sabiñánigo, nos disponemos a adentrarnos en un territorio vivo, porque queremos que así sea. Porque así lo proyectamos en nuestra mente y en nuestro corazón. Un territorio que lo dio todo a su docena de poblaciones, y al que con gran delicadeza, humildad y respeto rendimos pleitesía y admiración. Pleitesía, porque si fue en la antigüedad foco de atención por sus diversas conjunciones telúricas y celestes, es por algo. Y admiración porque a pesar de su abandono demográfico y que cada día haya una piedra menos en su sitio en esas casas espaldadas, constatamos que la naturaleza sigue su curso, la vida sigue su curso, porque la vida siempre se abre paso, haciendo bueno el axioma de que el entorno natural no necesita al ser humano, pero el ser humano sí que necesita al medio. La prueba está en que el medio sin el hombre sobrevive, sale adelante, incluso se fortalece, pero el hombre sin el medio… enferma.

Ainielle, desde su puerto

Otal, con sus laderas otrora humanizadas
            Una tierra, otrora habitada, hecha de puertos y barrancos, que vio desaparecer sus últimos moradores y sus escasas pertenencias transportables, allá por la década de los sesenta del siglo pasado. Una tierra a la que no queremos cerrarle los ojos, como así lo hicieron las centenares de personas que no la sobrevivieron, cuyos restos reposan en tumbas amorradas. Una tierra, en definitiva, a la que volvemos una y otra vez en busca quizá de esos gritos silentes, pero desgarradores, y que forman un egregor, esas densas vibraciones colectivas que siguen cuidando las casas, aunque no puedan con ello, que siguen tañendo campanas, aunque no quede ya ni el eco, que siguen acariciando las eras, aunque no se trille, que siguen yendo al molino, aunque no muela, que siguen llenando los graneros, aunque no haya grano, que siguen subiendo los animales a puerto, aunque no haya animales... Pero sí que hay casas, iglesias, sí que hay eras, molino, graneros y puerto. Y es por eso que de nuevo estamos por aquí para gritar, también de forma silente “… aguanta, aguanta tierra, que sigues en nuestra memoria y en nuestro corazón…”. Una tierra esta, la de Sobrepuerto, en los Pirineos Oscenses.

Parroquial de San Martín, en Oliván, que luce a nuestro regreso

Señalización de GR 16, como Sendero Turístico de Aragón
            El alba, perezosa en esta época del año, ha de venir a nuestro encuentro. Vamos a por ella partiendo de la parroquial de San Martín de Oliván, que forma parte de ese singular conjunto de iglesias de Serrablo. Hemos de ir a Ainielle, y lo suyo sería hacerlo por el sendero, pasando por Berbusa, pero como la jornada va a ser larga, preferimos dar menos vuelta y tomar la pista. Una pista en la que nos incorporamos al GR 16, o Sendero de Serrablo, y que nos baja a cruzar el barranco de Oliván. Al poco, y en penumbra todavía, nos despedimos de él porque va a visitar a otro de los despoblados de estos valles, Susín. Seguimos por la pista, y al cabo de algo menos de una hora, con el día que ya ha venido a nuestro encuentro, cruzamos el helado puente sobre el barranco de Oliván, situándonos en el mismo margen de partida.

Helado puente sobre el barranco de Oliván

Sendero que nos sube al PR-HU 3, camino de Ainielle
            Veinte minutos más y abandonamos la pista para tomar un sendero, marcado como PR, y que por delicioso trazado, nos sube al PR-HU 3, el sendero de viejo que viene de Oliván por Berbusa, al que nos incorporamos al cabo de un cuarto de hora, y que en otros veinte minutos más alcanzamos Ainielle, inmortalizado por la novela de Julio Llamazares, “La Lluvia Amarilla”. Fugaz visita al pueblo y volvemos sobre nuestros pasos, porque próximo al barranco de Ainielle encontramos los restos de una vieja casona con la señal de PR que debemos seguir, y que nos va introduciendo en un solitario hayedo, por el que salvamos los casi 300 metros de desnivel hasta el puerto de Ainielle, por un sendero más definido que señalizado, y que es lecho de gran cantidad de ramulla pasto de las nieves y los vientos.

Toma del sendero en la parte más occidental de Ainielle

Hayedo para subir a puerto
            Llegados al puerto, la vista se amplía... Y mucho. Con este despoblado a nuestros pies, tenemos ya visión sobre el Oturia, Canciás, Guara, y la Balancha, con el telón de fondo de la Peña Oroel. Breve descanso a los pies de la sierra de Erata, una divisoria de términos, Biescas y Broto, de comarcas, Alto Gállego y Sobrarbe, y de cuencas fluviales, Gállego y Ara. Una sierra en la que está enclavada la ermita de San Benito, a la que llegamos al cabo de una hora más. Desconocemos si está descubierto todo sobre este lugar, aunque bien es cierto que es mucho lo que sí se ha descubierto hasta ahora. Se trataría de un lugar, en sí mismo, con un alto valor en esas conjunciones de energías telúricas y celestes, pero no solo eso, sino también en combinación con otros centros similares repartidos por el territorio, como puede ser San Juan de la Peña, San Salvador de Leyre, Santa María de Ballarán, y la ermita de Orante, bajo la misma advocación de San Benito, siendo el centro de todos ellos, y bajo la regla benedictina también todos ellos. Una ermita, esta de San Benito de Erata, que se rescató de las ruinas hace poco tiempo, gracias a la desinteresada colaboración de la Asociación Erata de Biescas.

Llegando a la ermita de San Benito de Erata

Sierra de Tendeñera
            Lugar este que nos abre la puerta visual a los Pirineos, con una sierra de Tendeñera en primer lugar cuyo porte asombra en cualquier época del año. Estamos en el emplazamiento, posiblemente, más alto de Aragón y del conjunto de la península para ubicar una ermita. Estamos sobre Otal, que con sus 1465 metros de altitud también es el despoblado más alto de Sobrepuerto, con su iglesia mozárabe que, recién restaurada, vuelve a rezar a San Miguel, y cuyo eje está alineado con la ermita donde nos encontramos. Todo un mundo de casualidades… o no. Más bien, no.

Reparando energías... donde las hay

Pico Yésero, con Tendeñera y Ordesa al fondo
            Echamos un bocado en tan placentero lugar y continuamos por la divisoria hacia el Erata y el Pico Yésero, que hay quien le llama Erata Norte. Llegados a este punto, los 2005 metros de altitud de esta última cota, marcan nuestro techo de hoy. Si hemos subido por el barranco de Oliván primero y por el de Ainielle después, la bajada que nos espera es por el de Espierre, población que junto a Barbenuta aguantan el paso del tiempo. Es muy poca la nieve que queda sobre los puertos, pero que hay que tratar de evitar, porque está helada. Nos vamos tirando hacia el valle guiados más por la intuición que por las señales, hasta que a duras penas nos incorporamos a un PR muy vestido, y que tratamos de no perder. Quizá nos hayamos tirado muy a la derecha, ya que la pista la vamos dejando atrás. Una pista, a la que finalmente llegamos al cabo de una hora, y en un lugar muy próximo a la ermita de San Juan, a la que le dedicamos un momento de atención.

Ermita de San Juan, en las proximidades de Espierre

Parroquial de San Esteban, en Espierre
            Seguimos por la pista, y en menos de media hora llegamos ya a Espierre, con su iglesia de San Esteban. Nos recomponemos y continuamos camino, ya por carretera asfaltada, hasta que en menos de otra media hora la abandonamos para seguir por el PR dirección a Oliván. Un PR que nos baja hasta el mismo seno del barranco os Lucars, formado por las aguas del de Espierre y el de Monderbuey, y que no es muy amable con nosotros porque nos hace descalzar para cruzarlo… pero no se lo tenemos en cuenta. Un corto tramo de soto jabalineando y salimos a una pista que ya da vista a la extensa cuenca del Gállego, que en otros tiempos más fríos albergaba un inmenso glaciar.

Cruzando el barranco Dos Lucas

Cuenca del Gállego
            Encontramos el cruce del GR 16 y lo tomamos a la izquierda. Solo nos quedan ya 20 minutos para llegar a Olivan, cerrando de ese modo esta espectacular circular por las sierras y barrancos de Sobrepuerto, habiéndole metido 8 horas de tiempo total, del que 6h 30’ han sido en movimiento, para recorrer una distancia de 24,3 km, y salvar un desnivel acumulado total en torno a los 1220 m D+/-. 



Más fotos, y el  track

viernes, 3 de enero de 2020

Circular Castiello Aratorés, confluencia de caminos

IXOS MONS
Castiello - Aratorés
Jueves, 2 de enero de 2020



            Bonita y sencilla circular que une los dos núcleos de población del municipio de Castiello de Jaca, el propio Castiello, su capital, y Aratorés, que se anexionó en 1887. Una ruta que por su duración y desnivel es accesible a toda la familia, que disfrutará de unas extraordinarias vistas sobre el valle del Aragón, presidido por la Collarada, el techo de la comarca de La Jacetania, y máxima altura pirenaica desde el Cantábrico.

Listos para salir en una fría mañana

Confluencia del GR 15 con el GR 65.3
            Para ello podemos aparcar el vehículo en el entorno del Mesón de Castiello, para cruzar la carretera por el paso de peatones y encarar el ascenso al pueblo, que es lo que aparenta, una fuerte subida que nos sitúa a la altura de su parroquial de San Miguel, originaria del siglo XII, y que contiene el arca de las "100 reliquias", siendo mostradas el primer domingo de julio. Para visitar el templo nos tendríamos que desviar unas decenas de metros. Justo donde terminan las casas del pueblo y comienza la urbanización, confluye el GR 15, o Sendero Prepirenaico, que se suma al GR 65.3, o Camino de Santiago y a la Ruta del Santo Grial. Continuamos por ellos dirección norte, por suelo pavimentado hasta la entrada al próximo cementerio.

Punto de nuestra ruta en el que se disocia el GR 15 de GR 65.3

Retomamos la cabañera, por la que discurre el GR 65.3
            A los diez minutos de salir del pueblo pasamos por el desvío en el que dejamos a la izquierda el GR 15, punto en el que abrimos la circular, para cerrarla a la vuelta. Continuamos por la cabañera, y en otros veinte minutos más llegamos a Villa Juanita, donde arranca la carretera HU-V-2201 de la N-330. Con sumo cuidado, por la izquierda, y en fila india, recorremos los 250 metros que hay hasta retomar la cabañera. Seguimos por ella, y a unos 800 metros nos encontramos un cruce de caminos junto a un panel informativo, que es el punto donde abandonamos el GR 65.3, que continúa a la derecha, para tomar a la izquierda un camino, a tramos pedregoso, que va a buscar la vertical del tendido eléctrico, y que nos lleva al mirador de Aratorés, desde donde tenemos una magnífica vista sobre el valle del Aragón, con paneles informativos también incluso de la Ruta Geológica Transpirenaica, que nos da cuenta de que estamos dominando una antigua cuenca glacial, de la que son visibles tramos de morrena. 

Punto de arranque del sendero que sube al mirador

            Disponemos de un alcorce si lo deseamos, y es que a unos 350 metros de dejar la carretera, sale a nuestra izquierda un empinado y pedregoso camino que nos subiría también al mirador, y que supondría recorrer 600 metros menos, pero es mucho más empinado.

En el mirador adaptado de Aratorés

Robusto caserón, con su típica chaminera
            Estamos a pocos metros de la entrada de Aratorés, y tras ese momento de contemplación que merece el sitio, de nuevo a la carretera para meternos en el pueblo y empaparnos de un ambiente bien conservado, con enormes casas de piedra con grandes balconadas y coronadas con las típicas chamineras troncocónicas montañesas. Núcleo del que ya se tienen noticias en el siglo XII, de cuya época es también originaria la parroquial de San Juan Bautista. Nos incorporamos a la carretera vieja para evitar la nueva todo lo que podemos, pero inevitablemente hay que salir a ella para recorrer, también con sumo cuidado los 400 metros que nos separan hasta la entrada del camino, que sale a nuestra izquierda, y que va paralelo a un visible cortafuegos bajo el tendido eléctrico.

Parroquial de San Juan Bautista, del siglo XII, en Aratorés

La serenidad echa camino
            Esta corta, pero valiente, subida, nos deja en el llamado collado de la Sierra, popularmente conocido como collado de Borau, punto más alto de la ruta de hoy, y donde podemos volver a deleitarnos con la excelente vista que nos ofrece. En este punto nos incorporamos de nuevo al GR 15, que tomamos a la izquierda y que recorremos inicialmente por un delicioso sendero entre el bosque, que se convierte en un tramo más incómodo de barranquera, pero que se pasa con facilidad. Finalmente, llegamos a la cabañera, por donde discurre el GR 65.3, cerrando de este modo la circular. Solo resta volver a Castiello, pasando antes por la entrada al albergue A’noguera, que con una renovada dirección, vuelve a ofrecer sus servicios a peregrinos y caminantes en general.

Cerrando la circular

Acogedor rincón de la fuente Casadioses
            Entramos en el casco urbano de Castiello de Jaca, y como a unos 200 metros podemos descender por una escalinata, que nos lleva a los antiguos lavaderos y a la fuente de Casadioses, de buen agua. Continuamos hasta incorporarnos a ese eje central del pueblo y regresar hasta el vehículo, habiendo pasado una buena mañana de monte, recorriendo 9,8 km en un tiempo total de 2h 50’, del que 2h 10’ han sido en movimiento, con un desnivel acumulado en torno a los 325 metros D+/-.

Las fotos y el track