miércoles, 11 de enero de 2017

Puig Ladrón, caminos de libertad

IXOS MONS
Puig Ladrón (699 m)
Martes, 10 de enero de 2017



            Un sabio del siglo XX decía que las ideas son seres vivos, que circulan por las autopistas del plano mental, y recomendaba que al recalar en nuestro intelecto, hemos de estar vigilantes para, antes de que entren, poder chequearlas y averiguar su naturaleza, y en consecuencia dejarlas penetrar o no, porque si son luminosas nos harán bien, pero de lo contrario pueden hacer estragos. ¡Ah!, las ideas. Las ideas son capaces de lo mejor y de lo peor. Por ellas el ser humano ha progresado, ha evolucionado, siendo el origen de grandes transformaciones en la humanidad. Pero también por ellas se pelea, por ellas se mata, por quererlas imponer a los demás se han cometido verdaderos holocaustos. Por eso se dice que el peor enemigo del hombre es el propio hombre.



Monumento a los caídos
            Desde que el hombre está sobre la faz de la Tierra no han cesado las guerras. Se podría decir sin miedo a equivocarse que en cualquier momento de la historia de la humanidad no ha dejado de haber una en alguna parte del planeta. En nuestro país, en nuestra patria chica, en nuestros montes más cercanos, aún se oyen los ecos de la que asoló alguna parte del territorio hace ocho décadas, enfrentando a pueblos, a familias, a vecinos, en una guerra fraticida que comenzó por no tolerar las ideas, y terminó imponiendo otras. Puig Ladrón es uno de los muchos montes de la Sierra de Alcubierre, que sabe mucho de esas idas y venidas de unos y otros. En su cumbre, a casi 700 metros de altitud, se erige una gran cruz posiblemente para exaltar unas de esas ideas tan polarizadas. Allí, en una gran explanada en la que cohabita un vértice geodésico, no faltan hoy en día las pintadas de uno y otro bando. Contra la imposición, la revelación. Contra la intolerancia, la inconformidad. Contra el atropello, la dignidad, la memoria, la libertad...

Camino hacia el bosque

Entrada al bosque
            En la primera jornada que se ha decidido el pertinaz anticiclón echarse a un lado y dejar entrar en el salón a otros bailadores, con esa libertad que preconizamos, nos hemos acercado hasta Robres para visitar una de las vértebras de la columna vertebral de la Sierra de Alcubierre. Y desde allí, pasando por la entrada al campo de fútbol y piscinas, seguimos la pista, que deja campos y granjas a uno y otro lado. Los primeros 3,5 km son comunes para la ida y la vuelta, por lo que al estar la pista en buenas condiciones, se pueden hacer motorizados, al fin y al cabo son 7 km sin demasiados alicientes.

Sendero por el pinar
Muérdago, la planta mágica
            Dejamos el vehículo justo en el comienzo del bucle, y comenzamos la ruta con la llamada Sierra Alta por delante de nosotros, ocultándonos nuestro objetivo de hoy, a pesar de ser lo más alto de la misma. Al cuarto de hora de echarnos a andar, abandonamos la pista para tomar un sugestivo sendero que sale a mano derecha, y que nos mete en el bosque. Es sorprendente el cambio de entorno, pasamos de la estepa monegrina al bosque mediterráneo. Sí, sorprendente. Por un definido sendero vamos dejando a uno y otro lado gran cantidad de troncos caídos. En un momento determinado se da un brusco giro a la derecha, acompañado de un fuerte descenso. Pronto salimos a cielo abierto, a una especie de pequeño collado, a los pies de El Castellazo, por donde pasaremos a la vuelta.

Llegando a las antenas
Repetidor de Telefónica
            A partir de aquí, y con el siguiente objetivo de las antenas a la vista, unas tímidas marcas verdiblancas de SL nos van subiendo hasta dar con el terminal de una pista, que recorremos unos metros hasta volvernos a meter ya a otro sendero, que empinado y decidido nos conduce a la gran plataforma que alberga esos repetidores de telecomunicaciones, a donde llega una pista, que siguiéndola nos dirigimos hacia la verdadera cumbre de esta pequeña sierra. Burlamos la pista por otro sendero, que entre el pinar nos conduce a otra explanada, en cuyo comienzo está el vértice geodésico, y en el extremo sur esa cruz que simboliza sólo una parte de los caídos… como si sólo hubiera una parte de caídos.

Monegros de Leciñena
Monumento a los caídos y vértice
            Estamos en la muga con Leciñena, y las vistas desde aquí sobre la estepa monegrina, salpicada de pequeños corros de pino y sabina, son auténticamente impactantes. El viento sigue a su aire. Volvemos sobre nuestros pasos hasta las antenas, para continuar con la circular por la loma de esta sierra a dos aguas. Los campos de cereal se afanan por subsistir entre el monte. Pasamos por una zona de trincheras, y seguimos por esa divisoria, hasta que la senda nos baja a una pista que bien se ve que emplean para el disfrute de BTTs, incluso de motos podemos decir.

Estratos que quedan al descubierto con la erosión
Paisaje monegrino
            Abandonamos la pista de nuevo y nos metemos por sendero. A nuestra derecha se va abriendo un barranco fruto de la enorme erosión de esos materiales blandos del terreno. Vamos coqueteando con él, hasta que finalmente nos gana la partida. Nos engulle, tenemos que bajar a su fondo y discurrir por él admirando los distintos estratos que dejan al descubierto los cortados. Subimos al otro margen, y volvemos a discurrir por un ancho camino, que va dejando agonizantes balsas de agua a uno y otro lado. Por entre bordes de los campos y algún tramo de bosque alcanzamos la ruta de ida en ese  pequeño collado a los pies del Castellazo, que dejamos a nuestra izquierda, a su aire, llegándonos hasta otra balsa más nutrida para ilustrarnos con la información de un panel, que nos da cuenta del Conjunto Arqueológico del Castellazo, considerado como uno de los más importantes poblados prehistóricos monegrinos, datado en la 1ª Edad del Hierro, allá por el siglo V a.C.

El Castellazo, y su panel informativo
            Un cuarto de hora más se nos va en deleitarnos con esos primeros compases de la Sierra de Guara, Gratal, el Salto de Roldán, Fragineto, Guara… mientras llegamos al coche, tras haber recorrido 10,6 km, en 2h 45’ de tiempo total, del que 2h 15’ han sido en movimiento, con 440 metros de desnivel acumulado D+. Desde Robres salen 17,2 km, y 515 de desnivel acumulado D+. De cualquier modo, una salida un tanto sorprendente, por lugares deseosos de ser descubiertos.








domingo, 8 de enero de 2017

GR 15 Oto - Yésero, por el Arco Norte de Sobrepuerto

IXOS MONS
GR 15 Oto - Yésero
Sábado, 7 de enero de 2017




            Damos los últimos coletazos a estas azules navidades, que no blancas como correspondería. Azules por el cielo, permanentemente azul, cansinamente azul, monótonamente azul, aunque cierto es también que agradablemente azul, con unas temperaturas, especialmente por las alturas, de una suavidad inusitada. Partir del fondo de los valles a varios grados bajo cero, e ir subiendo cientos de metros de desnivel, a la par que lo hace el termómetro, hasta ponerse en marcha el dígito de la decena, es algo que nos está ofreciendo este comienzo de invierno, y que no podemos dejar pasar. Los técnicos lo llaman inversión térmica. No importa mucho, lo verdaderamente importante es aprovecharlo. La montaña nos llama. Vamos.

Saliendo de Oto

Yosa, uno de los cientos de pueblos abandonados del Pirineo
            En esta ocasión, hemos elegido un tramo, que ni siquiera la etapa entera, del GR 15. La que va de Broto a Biescas, pero capándola en los extremos, para quedarnos con la parte central, para quedarnos con la esencia misma. Le hemos quitado algo de distancia, pero poco desnivel. Partiendo de Oto y con final en Yésero, pasamos por dos de esos pueblos abandonados, como son Yosa (de Broto) y Otal. Dos ejemplos de los cientos que hay en nuestro Pirineo, cuyas lágrimas van cayendo en forma de piedras desencajadas, de desolación y abandono, un abandono por parte de sus habitantes que, ignorados por los tiempos y sus próceres, marcharon buscando algo mejor… o simplemente algo, dejando sus casas, sus raíces, su pasado, todo por lo que habían luchado generaciones y generaciones. Hoy, transitamos por sus calles, nos asomamos a sus ruinas, nos trasladamos a la memoria de esos duros inviernos menos azules que los actuales, más blancos que los actuales, en los que el hogar era el centro de la casa, y los mayores la autoridad de la familia.

Caminos de viejo

Recorriendo esos viejos caminos
            Los integrantes de esta expedición somos Toño, Carlos, Olga, Sara, Marisa, Eva, Isabel, Manuel, Blanca, Javier, Abel, Pepe y servidor picapedrero, en busca de los pasos perdidos. Con varios grados bajo cero, como decimos, pero a punto de entrar ya el sol en el barranco de Yosa, comenzamos en Oto esta ruta que promete, esta ruta recientemente remarcada como Sendero Turístico de Aragón, que forma parte del GR 15 o Senda pre pirenaica, y que como hermana pequeña del GR 11 que va por los más altos cuellos de la cordillera, el GR 15, también los tiene, pero a menor cota, circulando por la cintura de estas montañas, pero recorriéndolas del mismo modo de muga a muga de los territorios vecinos. Hoy nos adentramos en tierras del Sobrepuerto, por las más altas, por su arco norte, por unas montañas calladas, replegadas sobre sí mismas.

Bancales de Yosa
Pura resistencia
            Desde Oto, un camino entre los campos que reposan bajo la cencellada nos va subiendo sin apenas darnos cuenta, hasta que los abandonamos y nos metemos por el bosque, donde sí empezamos ya a darnos cuenta, pero siempre con nuestra primera cota a la vista, ese puerto de Yosa encima del pueblo, de este pueblo abandonado, al que llegamos tras hora y veinte. Como todas las aproximaciones a este tipo de pueblos, también ésta es impactante. Cantidad de casas espaldadas, entre las que destaca un erecto muro, sostenido por las piedras angulares y sus ganas de sobrevivir. Levantando la vista de los montones de piedras, los 1.345 metros de altitud de este pueblo permiten ver laderas enteras aterrazadas, de las que no sin trabajo extraían los recursos de la tierra. Por encima de ellas, una buena parte de esos dioses del Pirineo, las Treserols rompiendo el horizonte más lejano. Este Yosa, abandonado en la década de los sesenta, lo fue sin que sus habitantes hubieran conseguido tener agua corriente ni luz en las casas; de accesos ni hablamos.
Un alto en Yosa
Monte sin nombre, cuál os gusta?
            Pero nosotros seguimos por el sendero, hasta alcanzar ese puerto que separa ambas vertientes, la del barranco de Yosa y la del de Otal, a donde nos dirigimos tras una breve parada en este privilegiado alto, favorecido por unas extraordinarias vistas sobre ese Gran Norte. Aún hay quien se aventura a subir a esa pequeña cota, hermana de la siguiente, del cordal que apunta al Manchoya por el sur, a través del Cotonal, y que pasaron desapercibidas a los ponedores de nombres. Ésta primera está habitada por un tótem de piedra seca, que bien resiste los airados embites del cierzo. El Manchoya, con sus 2.035 metros es el punto más elevado de la sierra que lleva su nombre, y que forma este extraordinario Arco Norte de Sobrepuerto, en cuyas laderas se asienta Otal. Otros montes significativos de este cordal son el Cotonal (1.986 m), Pelopín (2.007 m), Peña Ronata (1.943 m), Pico Yésero (2.005 m) y Erata (2.002 m).

En un collado previo al puerto de Yesa

Comenzando el blanco descenso hacia Otal
            Agrupados, y con los primeros compases sobre nieve, comenzamos pues el descenso hacia Otal, al que llegamos en tres cuartos de hora, a través de bancales y un último tramo de bosque, cruzando el barranco de Artosa, tras haber pasado junto a un gran abrevadero. La entrada a este pueblo es sobrecogedora, el deambular por sus calles plagadas de piedras, cada una con su historia, es un ejercicio de respeto y de admiración por todo lo que han vivido. Pero hoy, una sensación indescriptible nos embarga. Hoy, Otal no está solo, todavía hay una chaminera que tira fumo. Se trata de la casa O Royo, habitada discontinuamente por un amante de la soledad, que la busca por estos pagos, y vive Dios que la encuentra. No es la primera vez que damos con él, en pasadas visitas también estaba, y con la misma amabilidad de siempre nos ofrece una visita guiada.

Otal
Nave destechada. Imagen de abril 2015
            Hay dispersión en el grupo, otras casas, aunque con cuidado son visitadas. Pero en una sí que coincidimos, en la recién restaurada iglesia mozárabe de San Miguel, desde donde arrancamos el ascenso al puerto para continuar con nuestra ruta, cruzando esa pista recién arrancada al monte, y de dudosa utilidad. Una vez llegados a ese puerto, que nos da ya vista al norte, el sendero se torna camino, hasta el collado de Erata, por el que volvemos a pisar nieve, abandonando ya este cordal para comenzar el descenso hacia Yésero, con el barranco de Espierre a nuestros pies, al que se puede acceder por sendero desde la collada de su nombre, y que nosotros abandonamos para meternos ya en el bosque, en lo que se convierte en trocha de madera, vertiginosa en algún tramo, hasta llegar a nuestro destino, que lo hacemos a las cuatro en punto.

Parroquial de San Miguel, restaurada
Collado de Erata
            Hemos dejado un vehículo en Yésero, marchando hasta el arranque de Oto con otros tres, de modo que los cuatro conductores se adelantan para ir ganando tiempo, un buen puchero nos aguarda en el Último Bucardo de Linás de Broto, en donde nos reunimos en torno a mesa y mantel pasadas las cinco de la tarde, con más hambre que el perro de un ciego, y que pronto se nos pasa al dar buena cuenta de esos pucheros de garbanzos que entran sin apenas masticar.

Tras la divisoria, de nuevo la nieve
            Una extraordinaria travesía, con magníficas vistas y en muy buena compañía, a la que le hemos metido 6h 50’ de tiempo total, del que 5h 35’ han sido en movimiento, para hacer 17,6 km, y salvar un desnivel acumulado de 1.655 D+ y 1.415 D-.                      

  




lunes, 2 de enero de 2017

Cuculo y San Salvador, atalayas del Monte Pano hacia Poniente

IXOS MONS
Cuculo (1.549 m)
San Salvador (1.547 m)
Domingo, 1 de enero de 2017




“...la boca de un mundo de peñascos espirituales revestidos de un bosque de leyenda, en el que los monjes benedictinos, medio ermitaños, medio guerreros, verían pasar el invierno, mientras pisoteaban la nieve jabalíes de carne y hueso, salidos de los bosques, osos, lobos y otros animales salvajes”. Bellas palabras de Miguel de Unamuno, referidas al entorno de San Juan de la Peña, con las que comenzamos el año.

Arrancamos por el barranco de la Carbonera
Peña Cagallón
            Hay quien dice que los comienzos son muy importantes, porque es una forma de grabar unos clichés que luego van a adquirir tendencia. Es por eso de su importancia, como la de crear buenos hábitos, todo lo que suceda en la serie se inclinará a tomar la dirección de lo que ha ocurrido con anterioridad. Cómo vamos a dejar, pues, plantado al monte en un día tan señalado como es éste de primeros de año. De modo que… allá que nos vamos, y no contentos con un monte, hoy dos, el Cuculo y San Salvador.

Cubilar d'O Cuello

Curiosas formas de secos troncos, a nuestro paso
            La solana de Monte Pano de precipita en el vacío sobre unos montes callados, sin apenas presión demográfica lo que hace que crezcan en completa libertad. También por poniente, aunque por allí bajan a beber al pie del macizo más pausadamente. El punto más occidental se llama Punta Atalaya, pero en el más alto es donde se halla la ermita de San Salvador, sin ningún valor arquitectónico, pero muy cuidada, y un vértice geodésico. Y como una prominencia de este gran macizo de conglomerados hacia el norte, como si un monte se desdoblara del original para asomarse a la Canal de Berdún, tenemos el Cuculo. Justo es pasar por los dos, aprovechando de ese modo la mañana.

Berdún estira el cuello para ver el sol

Entre erizones
            Así pues, ocho somos los integrantes de la incursión de hoy a esta mítica montaña, en una mañana que se promete buena, pero que de momento, después de haber visto los -9º viniendo, finalmente arrancamos con -7º. Dejamos los vehículos junto al aljibe del comienzo del barranco de Carbonera, para ir metiéndonos por él, serpenteando como él, disfrutando como él. Las rampas son pendientes y la altura se coge rápido. Pronto la destacada Peña Cagallón se va fundiendo visualmente con su madre, de donde salió en algún momento de la orogénesis de estos magníficos conglomerados.

La Balancha y Oroel. Al fondo, las Treserols y más hermanas y primas

Canal de Berdún
            Los zigzag por este callado bosque son incesantes. En algo más de media hora nos presentamos en un claro, al que llaman el cubilar d’O Cuello, muy próximo ya al collado de las Eretas, donde tomamos rumbo norte para ir aproximándonos hasta esa atalaya que es el Cuculo, a la que llegamos casi babeando de las panorámicas que ofrece. A pesar de haber subido por aquí en numerosas ocasiones, siempre es como si fuera la primera vez. La extraordinaria luz de la radiante mañana pone en contacto nuestra mirada con toda la arquitectura pirenaica que abarca nuestra visión. Pasamos lista, y ahí están todos, desde el Ezcaurre, muga con Navarra, hasta las Tres Marías… y más allá. Cuatro fotos y p’abajo.

Subiendo por la senda del maquis

Lápida de Paco Subías
             Volvemos al collado y emprendemos la subida por la llamada senda del maquis, de la que desviándonos un poco, en una orilla de un cortafuegos, encontramos la lápida conmemorativa del que se dice fue uno de ellos, con la inscripción Paco SUBÍAS (1921 – 1944), del que poco sabemos. Continuamos hasta llegar a San Salvador, donde se nos abre la vista sur, con unas espesas nieblas en los fondos de valle. Se adivina la Galliguera. Se adivina el valle del Ebro. Se ve, sin necesidad de adivinar, el Moncayo al otro lado de ese ancho cinturón del gran río. Visita a la ermita, fotos, bocado, trago, y vuelta, para tomar el sendero de la cornisa, que nos lleva hasta el repetidor de telefónica y un poco más.

En San Salvador

Acantilados de San Salvador
            Se sale a la pista asfaltada que viene de San Indalecio, y en poco se toma un desvío a la izquierda donde nos encontramos un refugio forestal, por cuyo costado nos metemos por entre el bosque para llegar a una nave ganadera, desde la que ya se da vista a la cuenca de Santa Cruz de la Serós. Por entre erizones alcanzamos la entrada a otra senda que baja en diagonal, en recta diagonal hasta la carretera. Se trata de una antigua tiradera de madera, de ahí su trazado. La llegada al arranque se hace transitando por asfalto como kilómetro y medio.

Santa Cruz de la Serós
            Una mañana magnífica, pasada entre amigos, por un terreno ya muy conocido, pero que siempre te descubre algo nuevo. Han sido 11,4 km, en los que le hemos metido 4h 15’ de tiempo total, del que 3h 15’ han sido en movimiento, en una circular con 815 metros de desnivel acumulado D+.
  




El track, en:  https://www.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=15975808

sábado, 31 de diciembre de 2016

Feliz b'año nuevo 2017

ENTRENOS
Sinués, pozas Las Tiesas
Sábado, 31 de diciembre de 2016


            Hay quien dice que el tiempo es un ser vivo, que el año que se va se lleva todo lo que ha acontecido en torno nuestro, nuestros pensamientos, nuestros sentimientos, nuestros deseos, nuestros actos… Tratemos, pues, con él para darle la despedida y pedirle que todo lo malo que haya habido en todo ello se lo lleve y lo queme en el fuego purificador, y lo bueno lo guarde a buen recaudo para tener acceso a ello en esos momentos en los que necesitamos algún estímulo.

Arrancamos
Desafiando el frío
            Un año más, cumplimos con la tradición de dejarnos los sudores por los caminos, y las tonterías en unas pozas de agua a baja, muy baja temperatura, en la mañana de este último día del año. Un año, un libro cuya última página enlaza con la primera del libro siguiente, que se nos entrega impoluto para que sea grabado con lo mejor de cada uno. Y queremos despedir este año deseándole lo mejor allá donde vaya, y recibir al nuevo con ganas, muchas ganas de seguir disfrutando de ésta nuestra naturaleza más próxima. Mientras por las tierras bajas siguen inmersos en las más espesas nieblas, por la montaña, pese a las severas heladas nocturnas, se nos ofrecen unos días espectaculares… y hay que aprovecharlos.

Llegando a Sinués

Rincones de Sinués
            Como en años anteriores, dejamos los vehículos en la carretera de Aísa, a la altura de las pozas de las Tiesas. Con 1,5º negativos en el ambiente, y un sol que promete, pero que todavía no da, nos echamos a trotar con los amigos Álvaro, Javier y Abel. La mañana está en calma, en resignada calma. Y eso se nota en mayor medida, si cabe, tras tomar el desvío a Sinués, una carretera local, que en dos kilómetros se empina y se empina, hasta llegar a este pueblo milenario, a 1.078 metros de altitud, que con el de Esposa y Aísa pueblan la parte alta de este valle.

Salida del pueblo junto al torreón fortificado
Camino por el robledal
            Llegada a Sinués, decimos, trago de agua en la fuente y salimos por el torreón fortificado en dirección al robledal de la Plana Clavera, cruzando el barranco del Molino, para llegar primeramente al mirador de Santiago, una extraordinaria atalaya en una pequeña plataforma de una gran ralla que rompe el horizonte, y desde donde se tiene una magnífica vista sobre Sinués y una buena parte de la cordillera nevada.

En el mirador de Santiago

Descenso
            Volvemos al camino para continuar por el descenso entre los robles de este espeso bosque. Un camino que pierde la magia cuando llega a la carretera, por la que seguimos el trote hasta los coches. Primer hito cumplido, queda el segundo. Bajamos a las pozas, y sin pensarlo mucho nos echamos al agua, que no tendrá más de 3 ó 4 grados. El pleno sol reinante atempera el ambiente. Todo un rito de purificación. Bueno, no sé yo… Algo tenemos que buscar para darle un puntito de cordura a todo esto… Después a descorchar los buenos deseos para todo el año que viene.

En plena faena
            Hasta aquí, han sido 11,9 km, que hemos recorrido como en 1h 40’ de tiempo total, del que 1h 25’ ha sido en movimiento, con unos 435 metros de desnivel acumulado D+. Al baño se nos ha incorporado el amigo Josemari, uno de los fundadores de estas jornadas. Una mañana más que atípica, con una actividad más que atípica, en la que hemos estado en contacto con los cuatro elementos, y que ha terminado con 8 grados, y templaus.

Feliz Año a todos!!!