martes, 4 de enero de 2022

El Forau de Gratal, ese gran desconocido

 


IXOS MONS
El Forau de Gratal (1325 m)
Domingo, 2 de enero de 2022

            El poeta alejandrino Constantino Cavafis (1863 – 1933) nos dejó un bello poema que, bajo el título de “Ítaca”, nos muestra la importancia, y el placer del camino frente a la consecución de la meta, de modo que, aun teniendo siempre un objetivo claro, lo verdaderamente trascendental es recorrer ese camino a conciencia, sin escatimar esfuerzos para vencer todas las dificultades. Nunca olvides tu meta, pero disfruta del recorrido, sería, en definitiva, la máxima a conseguir. 



            Desde entonces, a mucha gente sesuda le oímos decir eso, que lo importante no es la meta, sino el camino, y es hoy cuando nos viene a la cabeza, porque la meta era algo desconocido y sorpresivo, pero que se hace desear, y mucho, porque se ha rodeado de una protección a base de erizones, aliagas y carrascas que crecen bien prietas, que hacen de su lugar más próximo un auténtico terreno inhóspito, muy incómodo de transitar, y todo ello motivado por el abandono de las labores tradicionales del monte, la muy mermada, por no decir inexistente, cabaña de ganado, que mantenía limpios los caminos con su ramoneo, y el trasiego para acudir a los trabajos del campo en esos puertos que se los está comiendo la maleza. 



            Hoy, acudimos a la sierra de Gratal, para visitar el Arco o Forau de Gratal, una formación geológica de grandes dimensiones, fenómeno incomprensible para los legos, pero que seguro sabrían explicar los entendidos, por donde los vientos no se detienen para cruzar de un lado a otro sin la menor resistencia.



            Se encuentra en una gran roca al este de la Peña del Mediodía, bajo la observancia del PicoGratal, al oeste, que todo lo ve en sus dominios, sobre esos puertos de Fenés. Y se puede acceder desde varios lugares. Nosotros lo hacemos por Nueno, desde donde nos dirigimos al costado de la urbanización Parque Guara, para sobrepasarla, incluso el desvío de las Gorgas de San Julián de Lierta. Siguiendo como 1,5 km desde la urbanización nos desviamos a la derecha en una pronunciada curva, y en otros 1,1 km más dejamos el vehículo en los límites de la pardina Bernazal, para comenzar la ruta, que comienza con una pronunciada cuesta por una loma, que nos deja en el lecho de una gran charca. De ahí salimos a un ancho camino que, siguiéndolo a la izquierda nos saca a una pista. Continuamos por ella, y a unos tres cuartos de hora, nos topamos con el arranque del sendero que se dirige al Pico Gratal por la sur. Lo recorremos bajo los desgajados paredones del Tozal Chico, que sirve de atalaya para los buitres que esperan las térmicas para ahorrar combustible. 




            En veinticinco minutos más alcanzamos el collado, que nos da ya vista a nuestro objetivo… bueno a la cercana Peña del Mediodía, hacia la que nos dirigimos por pista, que recorremos durante otros veinticinco minutos, abandonándola en una cerrada curva a la izquierda, tomando nosotros el camino de enfrente, donde comienza ya la fiesta del pincho… y no de tortilla precisamente. Casi media hora de tránsito para olvidar, con salidas del supuesto camino, atravesando tramos prácticamente arrastras bajo las carrascas. Finalmente salimos a un campo, lo que nos da un respiro, frente a una rallera doble, a cuyos pies hay que acercarse para continuar. Otro tramo de los de olvidar y se toma un sendero más definido, que va bajando hasta dar con la peña, nuestra peña, horadada por ese arco gigante. Dos horas y media desde el arranque. Fotos de la cara y del revés y bocado para reponer fuerzas para el regreso.





Imagen de Toño

Imagen de Toño

            Un regreso que acometemos por el mismo sitio hasta el campo, donde seguimos, abandonando el itinerario de ida, para continuar hasta dar con la pista, que tomamos a la derecha hasta la cicatriz del gasoducto, que la bajamos hasta la fuente Fenés. Una vez allí, ya es continuar la pista hasta el collado al que hemos salido del sendero de Gratal, que dejamos a la derecha, para continuar por la pista, algo más de rodeo, pero bastante más tranquilidad, que apetece. Una vez dejado a la derecha el arranque de ese sendero, ya es tomar el mismo itinerario que a la subida hasta llegar al vehículo, circunvalando la parte superior de esa gran finca de lo que fue la pardina Bernazal.






            En este caso, aunque hay que darle la razón a Cavafis en lo de las dificultades del camino, no se puede decir que en esos complicados tramos hayamos disfrutado mucho, pero ha servido para medir nuestro temple y ha merecido la pena llegar a este singular lugar, habiendo recorrido para ello 14,3 km en 5h 40’, salvando un desnivel acumulado total en torno a los 685 m D+/-, en una jornada que, por lo demás sí que ha estado llena de disfrute bajo los amplios cielos de la sierra de Gratal, para visitar su escondido Forau.







Más fotos y el track.

domingo, 2 de enero de 2022

Bergosa y Albarún, estrenando el Año Nuevo

 


IXOS MONS
Bergosa (1120 m) y Albarún (1550 m)
Sábado, 1 de enero de 2022

            Estamos rodeados de seres vivos, no tanto en las ciudades como en plena naturaleza. Los animales, las plantas, hasta las rocas, el aire, el agua, la misma luz… cada uno a su manera, cada uno con su estado de conciencia, cada uno sirviendo al resto en lo que es capaz dentro de su radio de acción. Pero es que, incluso el tiempo lo es. Sí, el tiempo también es un ser vivo, y es algo valiosísimo, quizá lo que más, porque sin él nada tiene sentido. Y del mismo modo que tenemos una gran responsabilidad para con el resto de los seres vivos, también lo tenemos frente al tiempo, así pues, tremendo respeto hacia él, sepamos valorarlo y sepamos aprovecharlo.



Mitología.guru

            Es importante el verlo así, especialmente, al comienzo de cualquier etapa, de cualquier proyecto, porque ese primer día contiene la semilla, contiene el germen del desarrollo de los días siguientes, por tanto, tiene el potencial de tirar hacia él a los siguientes, así es que nos hemos echado al monte, que es la mejor forma de aliarnos con el tiempo y de hacerle ver que lo apoyamos en ese potencial, para que su desarrollo sea más fructífero. Nos alejamos de los puntos de más afluencia de gentes que van en busca del blanco elemento y nos marcamos una circular doméstica. Desde Jaca, por el Camino de Santiago, hasta Bergosa, para subir al Albarún por el paco, y bajarlo por los montes de la solana, jabalineando, hasta dar con la pista que nos lleva al collado de Ipas, bajar al pueblo y regresar a Jaca. Una mañana 10.


            Estamos en los días más cortos del año y, aunque no se madrugue mucho, sales de casa antes que él. Atravesar Jaca a las 7:30/8:00 de la primera mañana del año, y cruzarte con cuadrillas de jóvenes que estiran la noche, cuando uno le va metiendo prisa al día, es una sensación un tanto extraña, pero gratificante, de cualquier modo. Desde el Árbol de la Salud enfilamos el Camino de Santiago, que están destripando para meter el cable por el que circularán los bites a gran velocidad valle arriba. Ermita de San Cristóbal, puente Grallas, puente Torrijos y Bergosilla. Cincuenta minutos desde la salida de Jaca, para tomar ya el sendero que cruza la vía del tren y el canal, entrando ya en el pinar, por un tramo que más parece una trinchera que un camino, pero de buen andar. Llegada al solitario lugar de Bergosa, donde se ha apagado ya hace más de medio siglo la algarabía propia de estas fechas de fin de año. 




            Bergosa, situado en la ladera oeste del monte de San Salvador, a 1120 msnm, aunque no ubicado estrictamente en el valle de La Garcipollera, si participaba de él cuando a principios de los años 60 del pasado siglo, recibían los propietarios de la decena de casas y haciendas, la orden de desalojo al tener que reforestar la zona para evitar la colmatación del embalse de Yesa. 



            El edificio de la iglesia, de grandes dimensiones, es un templo románico de finales del siglo XI, aunque ha llegado a nuestros días con algunas modificaciones; reza a San Saturnino, y el día del patrón, 29 de noviembre, desde 1998, descendientes de aquellos antiguos moradores se reúnen para no dejar perder la esencia que los unía, quizá ya desde el siglo X, cuando se recogen las primeras citas del lugar en el “Cartulario de San Juan de la Peña”, según los hermanos Antonio y Agustín Ubieto. Desde el agradable recinto en torno al Fraginal de Iguácel, primer edificio reconstruido, se tienen unas extraordinarias vistas sobre el fondo del valle del Aragón, ocupado en primer término por Castiello, y bajo un horizonte de cumbres nevadas, desde el Bisaurín, hasta los confines de Tendeñera. Hacia el sur, es la Peña Oroel, sobre el Campo de Jaca, y el Monte Pano, con San Juan de la Peña y el Cuculo quienes destacan.







            No salimos del pueblo sin visitar la fuente y el lavadero, rindiendo culto a tantas y tantas personas que los han visitado y servido de ellos a lo largo de siglos y siglos. Alcanzamos la pista y la continuamos hacia el norte por el paco del monte, hasta llegar a la incorporación de la que viene del collado de Ipas por encima de Bergosa. Con el objetivo ya a la vista, solo resta llegarnos a él, tarea que nos lleva una hora más, pasando por tramos de paco con grandes corros de nieve todavía. Continuamos por la pista de la loma y con la última cuesta llegamos a la cima del Albarún que, con sus 1550 msnm, es la máxima cota de la sierra de Baraguás. Como también es máxima la satisfacción de haber llegado hasta aquí, tras cuatro horas largas desde la salida de casa, y 3h 45’ desde la de Jaca. 




            La serena mañana nos ofrece su calidez y unas magníficas vistas sobre el Gran Norte, ocupado por las Sierras Interiores de nuestro Pirineo, desde la Punta Agüerri, Bisaurín, Fetás, Bernera, Lienas de Bozo y Garganta, Aspe, Pico de la Garganta, Sombrero, Lecherín, Tortiellas… y al otro lado del tajo del río Aragón, Collarada, Collaradeta, Somolas, sierra de la Partacua, y la de Tendeñera… No da para más el ángulo de visión, pero saludamos al resto hasta el infinito y más allá.






            Reponemos fuerzas, y al filo del mediodía comenzamos el descenso, y que, por no dar tanta vuelta, lo acometemos de frente por la solana del monte, en un primer tramo despejado, pero que nos aboca a continuar por otros muy cerrados, y que nos recuerdan la última vez que lo hicimos, con el consiguiente despiste por las varias pistas que abrieron los madereros hace unos años. 



            Finalmente, y tras casi una hora de “jabalineo” puro y duro, alcanzamos una pista, que nos lleva al collado de Ipas, desde donde bajamos ya hacia esa localidad, por encima del barranco de Refinaruelo, que daba vida al santuario de Nª Sª de Ipas (románico rural del siglo XI-XII), hoy en el más absoluto estado de olvido, abandono y ruinas, a pesar de haber tenido una gran importancia, recibiendo la romería de los cercanos pueblos de Baraguás, Bergosa e Ipas, los días 8 de septiembre, día de la Natividad de la Virgen, existiendo, incluso, una cofradía en Jaca que se encargaba de su mantenimiento, y a la que solo podían pertenecer los hijos de la nobleza. En 1969 se arrancaron las pinturas murales, que fueron depositadas en el Museo Diocesano de Jaca. Cabe destacar, también, que entre los años 1563 y 1566 dio cobijo a la Congregación Benedictina de Jaca, que huía de la peste, llegando incluso a tener lugar en 1564 la elección de una abadesa.


            Pasamos por alto su visita, llevada a cabo en varias ocasiones anteriormente, y continuamos nuestro camino, dejando a Ipas en su alto, y llegando a la pista, pasando por las instalaciones de la Protectora de Animales, el Punto Limpio y el Centro Comercial, y ya, callejeando, hasta casa, habiendo completado una distancia total de 22,2 km, en 6h 35’, y con 795 m D+/-, en una jornada, primera del año, que se ha dejado disfrutar.





Más fotos y el track