Año XV. Entrega nº 1041
«La mitad de la belleza depende del paisaje; y la otra mitad de la persona que la mira». Hermann Hesse (1877-1962).
Este escritor, poeta y novelista alemán, nacionalizado suizo, ganó el Premio Nobel de Literatura en 1946. Precoz autodidacta, le tocó vivir una época convulsa en Europa, objeto de conmoción, que fue germen de su prolífica obra literaria enfocada hacia la búsqueda espiritual de nuevos objetivos.
Con multitud de interpretaciones, unas más evidentes que otras, la frase de cabecera encierra una muy importante, que es el eje central de la existencia, y no es otra que la dualidad, concepto expresado en el yin y el yang de la filosofía oriental, que representa las fuerzas opuestas. Opuestas pero complementarias.
El que suscribe piensa en ello cuando ve un ibón al pie de una montaña. El primero es una concavidad horizontal rellena de agua, por tanto, de signo femenino; y la segunda un monumental afloramiento rocoso, de signo masculino. Es lo que tenemos en el ibón de Piedrafita y la Peña Telera, pero es muy común verlo en cualquier espacio de montaña.
Pero no tan común, otro buen ejemplo, y en la misma unidad geológica en este caso, con trascendental mirada y no otra, que quiere aportar esa mitad de belleza que apunta Hesse, lo tenemos en el singular Arco Geotectónico de Piedrafita, también llamado Campanal.
Este portento de la naturaleza está inscrito en el Catálogo de Lugares de Interés Geológico de Aragón el 29 de septiembre de 2015, como Arco Natural de Piedrafita, recogido con el código ARP011 en el Inventario Español de Lugares de Interés Geológico, del Instituto Geológico y Minero de España (IGME), perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.
Para visitar estos escenarios y tratar de complementar con nuestra mirada su ya de por sí intrínseca belleza, nos acercamos a la población de Piedrafita de Jaca, que tantos recuerdos de más de cinco décadas provoca en nuestra mente.
Pascual Madoz (1806-1870), en su recopilación de todos los pueblos de España, editado entre 1845 y 1850, nos cuenta de Piedrafita que «tenía 27 casas de mala fábrica, la consistorial y la cárcel, con escuela de primeras letras frecuentada por 14 alumnos… 28 vecinos y 149 almas».
Antonio Ubieto (1923-1990), historiador y filólogo medievalista, reunió con visión histórica los poblados y despoblados de Aragón, y de Piedrafita encontraba la primera mención en marzo de 1203, y hace constar que «en 1834 tenía ayuntamiento propio, al que se le unió Saqués (1845) y Búbal (1873), incorporándose al de Biescas en la década de los 70 del siglo pasado, así como el caserío de Polituara, que pertenecía a Hoz de Jaca». En 1488 contaba con 16 fuegos, corroborando el censo de Madoz.
Otra nota histórica la tenemos en que en 1833 se crearon los actuales municipios y provincias, que es cuando se vio la necesidad de diferenciar aquellas poblaciones con nombres muy comunes, por lo que se decidió añadir el partido judicial. Y fue en 1920 cuando la hasta entonces Piedrafita* pasaría a llamarse Piedrafita de Jaca. Por cierto, que el nombre hace referencia a la cantidad de monumentos megalíticos de la zona.
LA RUTA
Tras este somero repaso histórico, vayamos con el geográfico. A la plaza de entrada al pueblo llegaba la vieja y estrecha carretera local en la década de los 70 del siglo pasado, y allí se yerguen, entre otros, el edificio del ayuntamiento y el de los antiguos lavaderos, que albergan el Centro de Interpretación de la Brujería en el Alto Gállego.
Nos abrazamos al PR-HU 93 para confluir con la pista asfaltada de Lacuniacha*, a cuya entrada llegamos, también a la del Laberinto, una novedosa atracción que cuenta con 4000 cipreses en 5000 m2 y que garantiza diversión sin artificios.
Continuamos por la pista, con algún tramo de sendero, debidamente señalizado, que la burla, para llegar a la Plana Alta de Boj, con el refugio de Telera y cada vez más colonizada de gabardas*. Una hora hasta aquí.
La amplia mirada que teníamos hacia Peña Telera y sus adláteres, se estrecha al meternos en el barranco del Boj, que recorremos hacia el ibón de Piedrafita, al que llegamos para ver ese yang, las montañas, el elemento tierra que representa lo masculino, reflejadas en el yin, el elemento agua, que representa lo femenino. Vemos cómo dos polos opuestos se complementan en un bello espectáculo.
Dejamos atrás un ibón que padece de los estragos del sequero que nos azota por estos lares, con ganado vacuno alóctono, para seguir las indicaciones de las tablillas e ir en pos del segundo punto de interés de la ruta.
Pasamos por encima de la Plana Terrosa y llegamos a un gran praderío desde el que nos dirigimos por estrecho y pendiente sendero hacia el Arco Geotectónico bajo la zona más oriental de la larga sierra de la Partacua*, al que acudimos con gran asombro, a pesar de no ser la primera vez que lo visitamos.
Imagen de José Antonio
Tras solazarnos convenientemente en este portento de la naturaleza, que es el techo de nuestra ruta, damos comienzo al descenso volviendo sobre nuestros pasos hasta la gran campa para continuar con la circular, que lo hacemos por un sendero, que rinde a una pista por un bosque mixto, habitado por buxos*, cajicos*, albares*, fabas* y otras especies.
Hablando de hayas, muy cerca de la ruta hay una que llaman centenaria, y que visitamos a través de un pequeño desvío. De vuelta a la pista, la abandonamos ya definitivamente, para tomar otro desvío, el que indica a Piedrafita por la Punta Baro, una atalaya encima del pueblo donde se ha instalado un panel interpretativo, y a donde se llega siguiendo unas marcas azules.
Se impone otra parada para ver lo que este mirador ve. Y poco más, continuar por el sendero, que nos saca al comienzo de la pista asfaltada de Lacuniacha muy cerca ya de Piedrafita de Jaca, de donde hemos salido.
Una buena vuelta por terrenos conocidos, pero agradecidos de visitar de nuevo, a la que le hemos dedicado 5 horas y tres cuartos, para recorrer 13,7 km y salvar un desnivel acumulado de 770 m D+/- (Wikiloc: 701 m D+/-), alcanzando la máxima altitud en los 1873 msnm del Arco Geotectónico.
GLOSARIO
Piedrafita: Piedra clavada
Lacuniacha: Laguniecha, pequeña laguna
Partacua: Parte agua
Gabarda: Rosal silvestre
Buxo: Boj
Cajico: Quejigo
Albar: Abedul
Faba: Haya
BIBLIOGRAFÍA
Toponimia del valle de Tena. Juan José Guillén. Institución Fernando el Católico (DPH) (1981)
Historia de Aragón. Los pueblos y los despoblados III. Antonio Ubieto. Anubar (1986)
Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar. Pascual Madoz. El tomo correspondiente a la provincia de Huesca, anotado por Pascual Miguel y publicado por Prames (1997)
Todos los ibones del Pirineo aragonés. Javier Cabrero. Ed. Pirineo (1999)
Excursiones por los alrededores del valle de Tena y el Serrablo. Tomás Rodríguez. Autoeditado (2010)
RECURSOS DIGITALES
Instituto Geológico y Minero de España (CSIC)
Las fotos del autor, con sus comentarios, y el track
*La publicación de la ruta, así como del track, constituye únicamente la difusión de la actividad, no asumiendo responsabilidad alguna sobre el uso que de ello conlleve.













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