domingo, 24 de agosto de 2014

Montañas de Rila y Pirin, encrucijada de caminos I

AQUERAS MONTAÑAS
Bulgaria I. La montaña de Rila. 
Sábado 2 a miércoles 6
de agosto de 2014



            Dentro de las infinitas manifestaciones del ámbito natural, hay una que nos fascina, y es el mundo de las montañas, que como decía Joaquín Araujo, es tierra que casi vuela. Y esa fascinación es la que nos impele para acudir a su base para recorrerla, para acariciarla, para saborearla, para dejarnos engullir por ella, para que sea nuestro imponderable alimento durante unas jornadas. En busca de todos esos valores, nos vamos de nuevo hacia esos gigantes del horizonte, vamos de nuevo hacia esa Conquista de lo Inútil, en palabras de Lionel Terray, pero visto siempre como el camino a recorrer para llegar a algo quizás aparentemente inalcanzable, pero útil de cualquier modo, que representa esa lucha, esa tensión por superar nuevos retos. Ese Alto Ideal que siempre se perfila en el último horizonte, y que nos empuja hacia las alturas.

Logo de la agencia local
       Para esta ocasión, hemos elegido la península balcánica, hemos elegido unas montañas de Bulgaria, hemos elegido dos grandes macizos, el de Rila y el de Pirin, que al sur de los Balcanes, albergan las mayores cimas del país. Bulgaria ha sido, y lo sigue siendo, una encrucijada de caminos, azotados históricamente a todas caras por invasiones de pueblos dominantes que han ido dejando su impronta. Y es algo que se nota especialmente en el mundo rural, muy enraizado en su pasado y sustentado fundamentalmente por la extensión que se hizo en la Europa Oriental de la Iglesia Ortodoxa, a partir del llamado Cisma de Oriente, cuando se separó de la Romana, allá por el año 1054.

            Podríamos extendernos, pero vamos a lo que nos interesa, que son las montañas y nuestras relaciones con ellas, que vamos a contar en dos entregas, una por cada uno de los macizos visitados. Comenzamos por el de Rila, del que podríamos decir que está formado por granitos y rocas magmáticas paleozoicas, formándose esta pequeña cordillera a partir del último periodo glacial, hace entre diez y doce milenios.


Mapa físico de Bulgaria (wikipedia.org)

            Sábado, 2 de agosto. Jornada de tránsito a la ida. Unos desde Zaragoza, la mayoría, y otros desde Sallent y Jaca, partimos con las mochilas cargadas de ilusiones y de expectativas camino de Barcelona, en cuyo aeropuerto no parece que reine hoy la coordinación entre nuestras ex líneas aéreas y las búlgaras. Los paneles informativos se resistían a aceptar la realidad, que no era otra que la de un retraso que se iba acumulando y acumulando, y cuya explicación fue que no tenían previsto, en Iberia decimos, el despacho de nuestro vuelo. Sí, no preguntes. Finalmente lo hacen, y el embarque lo hacemos acompañando en sus últimos estertores a un sol que, cansado de no poder ya con alguna nube traicionera, se va a dar lección a otra parte y nos despide con un guiño a través de la ventanilla del avión. Un avión que en tres horas nos lleva a Sofía, donde es como si hubieran pasado cuatro, pues hay que adelantar una más por la diferencia horaria. Es algo que nos recuerda Nely, nuestra inseparable guía, que lo va a ser hasta que volvamos a este aeropuerto dentro de once días.

Acogida de Nely en el aeropuerto
            Nuestro Dimitry particular, que con su mini bus y remolque también se hará inseparable, nos lleva al centro de Sofía, en uno de cuyos hoteles, el City Hotel, nos alojamos, y en el que también lo haremos al regreso de la montaña. Cena fría, y gracias, mientras Nely, en perfecto castellano, nos habla en general de lo que van a ser estos días, y en particular el de mañana. Y sin más dilación, a la piltra, que aunque no se madruga mañana, ya es tarde, muy tarde, tanto como que ya estamos en ese mañana.


Montañas de Rila (megaconstrucciones.net)

 PARQUE NACIONAL RILA

            El Parque Nacional Rila es uno de los tres existentes en Bulgaria, y junto con el de Pirin, alberga las montañas más altas del país, situadas al suroeste de su territorio, entre el valle del río Struma y las montañas Rhodopes, entre la meseta Samokov y las montañas Pirin, que también visitaremos. A su nombre, que viene de “Roula”, se le atribuye procedencia tracia, con el significado de “montaña bien regada”, es decir, con abundancia de agua, con motivo de su profusa cantidad de restos glaciares, como son sus lagos. Sus montañas, de redondeadas formas, se consideran la parte más antigua de los Balcanes, estando compuestas por granito y rocas magmáticas, cuyo relieve se ha ido formando a partir de los últimos 10 ó 12 milenios, tras las últimas glaciaciones, creando los valles, circos y lagos que hoy en día conocemos. El Musala, con sus 2.925 metros de altitud es la cumbre del macizo y de toda Bulgaria. En su seno se encuentra el Monasterio de Rila, fundado en el siglo X por San Juan de Rila, canonizado por la iglesia ortodoxa, y que fue el germen de la vida espiritual y social de la Bulgaria medieval y su posterior época de renacimiento. Nombres, fechas, lugares, circunstancias… a qué nos sonará todo esto?


Prestos para salir de Zeleni Preslap
            Domingo, 3 de agosto. Primera jornada de monte, y la comenzamos con suavidad, sin madrugar, tanto así que son las nueve y cuarto cuando cargamos nuestros pertrechos en el remolque y nos dirigimos a la salida de la ciudad, no sin antes pasar por un garito de cambio, donde un elemento, con evidente cara soviética ve aumentar sus arcas de euros y disminuir las de leva (plural de lev, moneda búlgara). Definitivamente, tomamos dirección sur, hacia la inconfundible silueta del monte Vitosha. En un par de horas nos plantamos en Zeleni Preslap, un pequeño hotel de montaña donde comienzan nuestras andanzas tras repartirnos el avituallamiento para dos días.

Albergue de Skakavitsa
            Después de las alas y las ruedas, son las piernas las que toman el protagonismo. Ya era hora. Nuestros pasos nos llevan por el bosque, por ancho camino, que al convertirse en sendero comienza ya a inclinarse lo suyo. Poco a poco vamos entrando en el dominio Skakavitsa, y en cuestión de una hora alcanzamos el albergue, muy concurrido de público en general, atraído por la visita a la cascada del mismo nombre, que con sus más de 70 metros es la más alta de toda la montaña de Rila. Y a ella vamos, no sin antes hacer un pequeño descanso, excusa para deleitarnos con los cantos populares que un reducido grupo de viejas glorias lanzan a los cuatro vientos acompañados por los sones de un más que amortizado acordeón y un ancestral instrumento de percusión.

Bellos ejemplares de genciana
            Ahora sí, por entre bosque y enormes ejemplares de flores que todavía gozan de su primavera particular, salimos al terreno de los bolos para, junto al río, acercarnos al pie de la cascada. Tres cuartos de hora de tranquilo caminar para salvar los ciento veinte metros de desnivel. Gente subiendo y bajando. Es nuestro turno, y lo aprovechamos. Alguna foto, y para abajo, que nos esperan las viandas en el albergue. Primera comida de campaña, y conforme va pasando el tiempo se va viendo el cielo más concurrido de negros nubarrones que no se quieren perder la fiesta. Ah, que, ¿hay fiesta? La que traigan ellos. Veremos. Por si acaso, los cantores ya han marchado. Y nosotros, en menos de hora y media, también. Y lo hacemos dejándonos deglutir por un imponente bosque de enormes coníferas, que nos va subiendo hacia los pastos de montaña, hasta alcanzar el terminal superior de uno de los arrastres, desde donde hacemos un brusco giro al este para ir bajando al refugio de hoy, que ya vamos teniendo a la vista, así como nuestro objetivo de mañana, el Malyovitsa, y los primeros lagos.

Foto de grupo a los pies de la casca Skakavitsa
Acariciando las lomas
            Entramos en el dominio de los Siete Lagos de Rila, auténtico vestigio de la última glaciación, un lugar de extraordinaria belleza y de innegable magnetismo, no en vano es frecuentado por los seguidores de Beinsa Douno, nombre espiritual del Maestro Peter Deunov, nacido en 1864 en Varna, hijo de un pope ortodoxo, que tras estudiar teología y medicina en EEUU, regresó a su patria natal para dedicarse a la práctica espiritual, profundizando en el aspecto místico y esotérico del cristianismo. En 1900 funda lo que dio en llamar la Fraternidad Blanca Universal, viajando por todo el país difundiendo sus enseñanzas, estableciéndose finalmente en Sofía, y contando con más de 40.000 discípulos al final de sus días. Muchos de los actuales seguidores de este movimiento los vemos acampados junto al segundo de los lagos, ya que estamos en los días previos a la celebración de su gran fiesta, de la que mañana hablaremos.

            Por hoy, poco más. Encuentro con Lola, que su convalecencia le ha obligado a subir en el telesilla, y llegada al refugio, con el habitual ritual en estos casos, entre lo que se incluye la charleta en la que nos informa Nely del plan de mañana. Cena y a la piltra. Los datos de hoy son: Distancia: 8,4 Km. Tiempo total: 6h. En movimiento: 3h 30'. Desnivel positivo acumulado: 835 m. Negativo: 335 m.

Grandes espacios de Rila, con el Malyovitsa al fondo a la derecha 


            Lunes, 4 de agosto. Segunda jornada de monte, que damos comienzo desde este magnético lugar, como muestran los seguidores de este movimiento espiritual que se levantan antes que el sol para prepararse a contemplar su llegada. Y es algo a lo que nos hemos sumado mimetizándonos con el entorno, asistiendo a ese derroche de generosidad en forma de luz, calor y vida. Desayuno y a comenzar esta etapa, que se presume emotiva.

El sol se abre paso sobre Rila
Transitando entre los lagos
            Nosotros en foto de grupo, las saetas del reloj escapándose de las ocho. Al monte. Los primeros pasos coinciden con los últimos de ayer, y poco a poco, como va llamando el sol a la vida, seguimos ascendiendo mientras vamos tomando perspectiva de este singular espacio, habitado por estos enormes ojos de mirar infinito y cuyo lacrimal va desbordando de uno a otro. Paso tras paso, cubeta tras cubeta, lago tras lago. Un poco antes de llegar al llamado “Riñón”, por su evidente forma, dejamos a la izquierda una enorme explanada marcada por varios círculos concéntricos, sobre la que los hermanos de la fraternidad, cientos de ellos, bailan la Paneurritmia, una danza creada por Peter Deunov con la que tratan de establecer unión con el cosmos a través de armoniosos movimientos acompañados por música de violines y coro, compuesta también por el creador de la danza.

A los cuatro vientos. Paneurritmia (mydestination.com)

Bailando con nieblas
            Las nieblas acuden a nuestro encuentro, y parece que ensayen ya los pasos para no perderse la fiesta que se celebrará en los próximos días. Una franca atalaya nos permite una visión global, la última se nos antoja, de este singular lugar, antes de alcanzar el pico Ezerni, que sobrecoge por la cantidad de hitos de piedras acumulados en su cima, aderezado por las brumas reinantes. Seguimos por estos puertos, que dan vida a extensas cabañas de caballerías que pasan por aquí este exiguo verano. En nuestras andanzas por estas crestas, pasamos por el pico Dodov, de 2.661 metros, que anda entre brumas, que no impiden que al bajarlo vayamos dando vista ya al valle de Rila, en cuyo seno se encuentra el monasterio del mismo nombre, y que visitaremos el último día, dando buena cuenta de él cuando llegue el momento. Hora y media más de cresteo por suaves lomas dando vista a dos aguas, median hasta llegar a una antecima del Malyiovitsa, cuya cumbre (2.729 m) alcanzamos en breve, y desde donde se tiene una panorámica excepcional sobre el entorno.

Mayencos en el Malyovitsa
              Comenzamos el descenso, y en una hora más nos presentamos en las orillas del Elenino Ezero, uno de los cientos de lagos de origen glacial que hay en estas montañas. Medio baño, comida y reposo, y otra hora y media de continua bajada para llegar al albergue, donde la cebada fermentada y líquida nos tienta, ofreciendo poca resistencia, y que compartimos también con Lola y Luis, que han subido paseando desde el centro alpino Malyovitsa, donde se encuentra el hotel de montaña Alen Mak, donde nos hospedamos esta noche, y al que han llegado con el apoyo logístico de bus y remolque. Habitaciones, aseo, reunión, cena… en fin, lo que más a gusto hacemos todos los días tras varias horas de subir y bajar montes. Los datos de hoy son: Distancia: 18 Km. Tiempo total: 10h 50'. En movimiento: 6h 40'. Desnivel positivo acumulado: 1.040 m. Negativo: 1.440 m.

Panorámica de los Siete Lagos de Rila (wikipedia.org)

Entre flores subiendo al dominio Musala
            Martes, 5 de agosto. Tercera jornada de monte, que comenzamos sobre ruedas, parando en el supermercado Billa de Samokov para comprar el aprovisionamiento para estos dos próximos días, que como en los anteriores, va a mediar una noche en la montaña sin apoyo logístico. A diferencia de rutas realizadas en años anteriores, en esta ocasión no son los refugios/albergues/hoteles los que nos proporcionan la comida de monte, sino que es la organización local la que se ocupa de las adquisiciones, repartiéndonos a continuación el peso del suministro y poniéndolo en común a la hora de comer.

Entre pinos enanos
            Nos dirigimos a Borovets, el centro alpino más antiguo de Bulgaria. En un punto determinado de la carretera de ascenso, ya en pleno bosque, comienza la andadura de hoy, que al ser comienzo del ciclo de dos jornadas, la hacemos cara a la montaña. Una montaña que comienza a ser regalada por unos cielos que se van cubriendo de nubarrones dispuestos a todo. Dos horas y media largas de subida por pista nos van introduciendo en este valle, que también alberga instalaciones de la estación. De hecho, a punto de llegar a una de ellas, abandonamos la pista para meternos por un sendero bien trazado, pero asfixiado por la vegetación, especialmente por pinos bajos, y que en el primer tramo se hace incómodo por tenerlo que compartir con un arroyo de agua que campa por sus fueros.

Comiendo en el refugio.
            Nuestro objetivo de mañana, el Musala, ya lo vamos teniendo a la vista. El pulso se acelera. Vadeo de río, y en poco más llegamos al albergue del mismo nombre, situado a la entrada de un circo salpicado también de lagos, y con unas construcciones modernas que no se merece el entorno. Prietos bajo el alero, para resguardarnos de las primeras gotas de agua, echamos un bocado, para emprender ya el ascenso final, también entre granitos y lagos, que en hora y media, y ya bajo la lluvia, nos deja en el refugio de hoy, en el Ledeno Ezero, o Lago de Hielo, que con sus 2.710 metros de altitud ya forma parte de este lago a los pies del Musala. Un lago que contemplamos, un lago que nos absorbe, un lago que nos atrapa, un lago que nos roba el alma, y que se la pedimos, y que se la reclamamos, y que se la suplicamos, y que nos dice que miremos arriba, que allí la tenemos, momento en el que una sensación como nunca antes habíamos tenido nos impulsa a subir a esta magnética cumbre, que alcanzamos en menos de media hora.

Llegando al refugio Ledeno Ezero
La culeca y las petites poulettes
            El tiempo se detiene. De nuevo nos encontramos con lo más íntimo de nuestro ser, las sensaciones son indescriptibles. Se juntan y archivan en las runas de la memoria junto con las de los círculos de los Siete Lagos. Círculo y cumbre, dos símbolos de inagotable significado, y que, al estar previsto subir mañana, hemos compartido únicamente con Sara, que nos ha acompañado impulsada por el temor de que mañana contáramos con la presencia de niebla debido a la humedad con la que está terminando esta jornada. Hoy era opcional la subida… y lo hemos aprovechado.

            De nuevo al refugio, donde nos encontramos a una buena parte del grupo contemplando con envidia el descenso de unos sarrios por paredes imposibles. Cena temprana y al catre, no sin antes asistir a la empolladura de dos petites poulettes por parte de nuestro noecatecúmeno particular. Y a dormir… bueno, al saco. Los datos de hoy: Distancia: 10,5 Km. Tiempo total: 6h 45'. En movimiento: 4h 30'. Desnivel positivo acumulado: 1.320 m. Negativo: 45 m. Datos del grueso del grupo, es decir, sin subir el Musala hoy.

Refugio y Lago Helado, desde la cumbre del Musala


Descendiendo del refugio
            Miércoles, 6 de agosto. Cuarta jornada de monte, y que comienza pronto, muy pronto. Le ganamos la batalla a la mañana, pero ella ha comenzado a trabajar antes. Amanece triste, lluviosa, peor que las brumas que ayer nos imaginamos. Nos alegramos de haber hecho ayer los deberes con el pico, aunque tengamos que repetir hoy, pero las condiciones son distintas. De hecho se barajan varias posibilidades, la más rompedora es que como siga lloviendo será más conveniente hacer el descenso por donde vinimos ayer, que es más corto, y es por la que finalmente se opta, de modo que se dejan las mochilas en el refugio y se sube con ropa de agua, salvo Sara y yo, que visto lo visto no repetimos.

Foto de grupo en la cima del Musala (desconozco el autor de la foto)

Productos locales
            Al cabo de dos horas, y ya con el tiempo más sereno, vuelve el grupo de la cima y nos disponemos a descender. Y lo hacemos de tiro hasta el albergue en el que ayer comimos, donde hoy almorzamos. Al tiempo de salir se pone de nuevo a jarrear, por lo que se desaconseja pasar por el tramo de los pinos enanos, optando por tomar la pista que nos lleva hasta la terminal superior del telecabina de Yastrebets, donde hacemos una prematura comida, pero que nos sabe a gloria, colgados sobre todo el valle, y con el telón de fondo del Musala y sus dominios.


Comiendo en Yastrebets
            Telecabina, y de cuatro en cuatro para abajo, donde nos recoge el bus, que nos lleva a Bansko, concretamente al hotel Molerite, donde nos vamos a alojar esta noche y dos más. Esta ciudad, de no más de 10.000 habitantes, ve multiplicar su población en invierno, porque alberga el mayor centro invernal de Bulgaria, pero todavía conserva un cuidado casco viejo, que visitamos antes de cenar en el patio del propio hotel, amenizados por cuatro músicos, entre los que destaca un virtuoso clarinetista. Cena, risas, cantos de aquí, cantos de allá, bailes, y más risas. Y poco más, dando por concluida esta primera parte de estos magníficos días que estamos pasando por las montañas de Bulgaria. Estos cuatro días hemos recorrido buena parte del Parque Nacional de Rila. Mañana toca descanso activo. Y los tres días siguientes, partiremos desde aquí al cercano PN de Pirin. Hoy hemos hecho: Distancia: 7,9 Km. Tiempo total: 5h 25'. En movimiento: 2h 50'. Desnivel positivo acumulado: 265 m. Negativo: 640 m. Datos del grueso del grupo, es decir, subiendo el Musala hoy.

Foto de grupo, con el Musala al fondo

domingo, 27 de julio de 2014

Leo evolutivo

LEO evolutivo
22.jul.14 21:41
23.ago.14 04:46
(hola solar)



            Con Leo nos situamos en el centro del verano. Como venimos haciendo, tras definir con sendas frases sus arquetipos involutivo y evolutivo, pasamos a dar unas pinceladas de lo más destacado atendiendo al nivel de evolución del individuo.




            El Arquetipo Involutivo es: “que existan otras formas, yo rijo porque soy yo”, porque el individuo de Leo busca su propia individualidad, su propia autoconciencia, su propia autopercepción, que necesita para su propio conocimiento.  El Arquetipo Evolutivo es: “yo soy ese y ese soy yo”, que para poder superar su sentido de la ambición y del poder, tiene que desarrollar cualidades positivas, como impersonalidad, tolerancia y eclecticismo, que le ayuden en el sentido de la colaboración y el humanitarismo.

            El Tipo Inferior de Leo es un tipo poco integrado, su alma joven le propicia debilidad de carácter, y poca conciencia de su voluntad, dejándose llevar fácilmente por sus sensaciones y dispersiones. Conforme va madurando va adquiriendo fuerza y poder, pudiendo llegar a un alto nivel de vanidad y ambición. Orgulloso de sí mismo, con sentimientos de grandeza, y exceso de autoestima. Generalmente siente inseguridad internamente, por lo que busca gran apoyo social, necesita ser apreciado, admirado. Necesita ser el centro de atención, ser exhibicionista, destacar, brillar, para lo que no duda en despreciar o ridiculizar a los demás. Necesita permanentemente alimentar su ego, recurriendo si es preciso a una dramatización pública de las situaciones con tal de atraer la atención de los demás. Ampuloso y snob, combativo y tiránico si ve peligrar su prestigio. De pasiones intensas, la gran efusividad de su cuerpo astral, le impide tener lucidez en sus percepciones mentales, mermando su objetividad y sentido crítico.

            El Tipo Medio de Leo es un individuo fuerte y sano que va al encuentro de la vida, confiado, feliz, natural, con abundancia vital, seguridad en sí mismo, audacia, dominio y sana ambición, que le moviliza su fuerza interior al servicio de una pasión, que se convierte en el alma de su vida, en el centro de su existencia. Ambicioso pero no despiadado, inclinado a los grandes negocios, y a destacar en política. Busca su propia identidad, madurando poco a poco conforme la va consiguiendo. Alto sentido del poder, del mando y de la jerarquía, del honor y de la dignidad personal. Recto, responsable y cumplidor de su palabra, llega al corazón de los demás. Noble, sincero y franco. Detesta la infidelidad, tanto de colaboradores, como de amigos, incluso de la pareja. Va a lo grande, descuidando un poco los detalles. De gran agilidad y discernimientos mentales, que con su excesivo fuego temperamental, impide que en ocasiones tenga paciencia para los cuidadosos procesos lógicos y racionales.

            El Tipo Superior de Leo, llega a ser consciente cuando cree en el propósito del alma, de una vida auto programada y dirigida en el desarrollo de su propia personalidad y de volcarse en los demás. Es consciente de su protagonismo en ese plan. No acepta fácilmente medidas disciplinarias impuestas, sino que acude siempre a su auto disciplina. El despotismo manifestado en etapas anteriores, se convierte en dominio sobre sí, en temple y en orientación hacia lo moral y espiritual. La voluntad de iluminar le impele a ese autodominio y el intelectualismo positivo a una voluntad encaminada a regir y dominar, en el buen sentido de la palabra. Esa superación del poder egoísta del hombre insanamente ambicioso le produce un cambio gradual del enfoque de la atención, apartándose de “aquél que permanece solo”, proyectándose en el ambiente grupal. Cuando sabe renunciar a su egocentrismo, se hace sensible a las condiciones del mundo, y su conciencia individual pasa a transformarse en conciencia altruista que le convertirá en servidor mundial.

            Bien amig@s. Así son ell@s y así hay que quererl@s. Muchas felicidades a l@s Leo y que este tránsito os sea propicio a tod@s vosotr@s.



                 
                El orto del sol al comienzo y final de Leo, es (hora solar):
22 de julio           amanece 05:03
23 de agosto      anochece 19:01

                Las lunas de este mes de Leo, son (hora solar):
·         Nueva, en Leo                                Sábado, 26 de julio, a las 22:43
·         Creciente, en Escorpio                 Lunes, 4 de agosto, a las 00:51
·         Llena, en Acuario                           Domingo, 10 de agosto, a las 18:10
·         Menguante, en Tauro                     Domingo, 17 de agosto, a las 12:27

Entradas relacionadas:


Fuente del texto: Apuntes extractados de Antroponomía y Vitacultura
Imágenes: Extraídas de diversas web


sábado, 26 de julio de 2014

Tres refugios, tres valles, un corazón

AQUERAS MONTAÑAS
TRAVESÍAS VARIAS JORNADAS
Ruta 3 Refugios
Martes 15 a jueves 17 de julio de 2014




            De nuevo al monte. En esta ocasión con un mucho más reducido, pero selecto grupo. Con Sara y Javier nos vamos a dar la vuelta al macizo del Posets, ese anillo marcado como GR 11.2, una variante de la Senda Pirenaica que sin hacer cumbres visita los más altos puertos para cambiar de valles, de cuencas, de aires, para cambiar de paisaje. Y lo hacemos en una semana en la que hay un brusco cambio en lo meteorológico. Se han alejado las borrascas que nos acariciaban, llegando incluso hasta el azote, dejando libre un pasillo por el que se está colando una lengua infernal de tórrido viento sahariano, que incluso por estas alturas se deja notar en las horas centrales del día, y estamos pensando en un amplio espectro de ellas. Fagüeño le llamamos en el Valle del Ebro a este viento sureño. Entraremos y saldremos por el puente de San Jaime, en las puertas del valle de Estós, incorporándonos al circuito en el ibonet de Batisielles, de modo que haremos el giro en el sentido de las agujas del reloj, es decir, anticiclónico. Sí, tres valles y un corazón, acompasado su latido con el del paisaje de estas montañas. Todo ello en el Parque Natural de Posets Maladeta, del que participa otro espacio natural protegido, el Monumento Natural de los Glaciares Pirenaicos. Venga, al turrón.





Abrazados al río
            Primera jornada. San Jaime – Batisielles – Collado Pllana – Ref. Ángel Orús. Ayer llegamos a Benás (patué de Benasque), y nos alojamos en la Escuela de Montaña, uno de esos lugares en donde capacitan a la juventud que quiere dedicarse profesionalmente a este duro y bonito oficio que es el de Guía de Montaña. Nos dirigimos hasta el aparcamiento arriba del puente de San Jaime, para incorporarnos desde aquí a esta extraordinaria vuelta. Siete y media de la mañana, y con un solo dígito en el termómetro. Vamos.

Andanzas por el bosque
            Obviando el efecto cemento de la primera visual al poco de entrar en el valle, todo por aquí está que se sale. Las coronas de rey terminando su floración, y su vida, en consecuencia, nos saludan al pasar. La vegetación está exuberante, y el agua sale por doquier. Se atropella en el río Estós, tiene prisa por marchar… y por volver. Parece como si los montes no se miraran el calendario. Palanca de Aiguacari, cabaña de Santa Ana, esa imagen del río y su dulce ribera derecha que nos roba el alma cada vez que pasamos, colgada de los pináculos del Perdiguero y de la tuca Gargallosa. Fuente Coronas, con su sol y su luna, con su padre y su madre. Ya lo tenemos todo, sólo falta llegar al desvío.


El rosario de ibones de Batisielles
se suceden en la ascensión
          Llegamos. Y lo tomamos. Una hora desde el arranque, y nos dejamos acariciar por el bosque y su sendero. Esto se empina. En poco menos de otra hora llegamos al ibonet de Batisielles. Es un lugar habitado por los dioses, porque de haberse ido se lo hubieran llevado. Ya lo hemos escrito en otras ocasiones, y no somos capaces de mejorarlo. La conjunción de este pequeño ibón, en un entorno boscoso, con las tucas de Ixeia empinadas para asomarse en él, hacen de este espacio un lugar como pocos en el Pirineo. Un lugar, decimos, en el que nos topamos con el anillo del GR 11.2 para incorporarnos a él dirección sur. Al NW se iniciaría en sentido contrario, es decir, hacia el refugio de Estós, por el que pasaremos en dos días. Junto al lecho de agua discurre la senda para subir a los ibones de Escarpinosa, que ahí se queda.

Duras rampas
            Dejamos la cabaña atrás y seguimos. Unos caminos de piedra nos van indicando ya que la amabilidad del reino vegetal se va quedando atrás, que la amabilidad del bosque se va quedando atrás, anunciando que entramos en la tiranía del mundo mineral, del mundo granítico, duro, áspero, que nos va a acompañar a lo largo de toda la jornada de hoy. Bajo la mirada indiferente de las tucas de Ixeia, vamos discurriendo poco a poco por este extraordinario valle de Batisielles, partido en dos por las agujas de Perramó, cuya base vamos alcanzando y que dejamos a la  izquierda, no sin antes haber llegado a ese otro ibón, el grande, el rey, el Gran Batisielles, a una hora del príncipe. Un amable corro vegetal nos saca de este entorno de agua, y nos mete en la dura piedra. Un puñado de pino negro lucha por sobrevivir, consiguiéndolo la mayoría. Duras rampas. Nuevos ibones. Nos encaramos ya a subir al collado, que alcanzamos al cabo de cinco horas y cuarto desde el arranque.

Abandonando el mundo Batisielles
            Desde aquí, collado de la Pllana, una última mirada al mundo Estós, al mundo Batisielles, al mundo Maladetas al fondo. Todo se queda atrás. Por delante el mundo Grist (patué de Eriste) se abre a nuestra vista y a nuestros pies. Un amplísimo circo que tenemos que recorrer para llegar a nuestro destino de hoy, que ya tenemos a nuestro alcance… pero sólo visual. Vamos perdiendo altura. Ibón de la Pllana. Y al llegar al de Grist, no podemos dejarlo escapar. Nos llama, nos enamora, nos cubre. No podemos por menos que darnos un capucete en sus heladas aguas… pero habiendo sol, poco importa. Un sol que ya nos va haciendo guiños, que ya se esconde de sí mismo en las nubes que va formando. Un juguetón, este sol.



Posets, con un rosario de ibones a sus pies
            Más raté estaríamos, pero no puede ser. Seguimos. Una hora más hasta el cruce donde dejamos el circuito para acercarnos al refugio, al que damos alcance en otra media. Hemos llegado. Casi ocho horas y media desde el arranque han bastado para recorrer un entero valle de Batisielles y el circo completo del de Grist. Se activa el protocolo. Recepción, ducha, algo de colada, terracita, cerveza, contemplación del panorama, incluidas unas negras nubes cada vez más espesas… y la mula Francis, comebancos, que no deja de perseguirnos. Cena y a dormir. Primera etapa: San Jaime – Collado Pllana – Ref. Ángel Orús. Distancia: 14,9 Km. Tiempo total: 8h 25'. En movimiento: 5h 40’. Desnivel positivo acumulado: 1.675 m. Negativo: 880 m.





Canal Fonda
          Segunda jornada: Ref. Ángel Orús – Collado Grist – Ref. Biadós. La mañana amanece despejada, y nada fresca. Veremos. En los planes estaba el subir hoy el Posets por Canal Fonda, pero el desgaste de ayer aconseja dejarlo para una mejor ocasión en la que se acometa fuera de la travesía. Algo pasadas las siete, y con la foto de salida hecha, nos disponemos a desandar el camino de ayer hasta el cruce, en el que nos reincorporamos al circuito. Unas duras rampas nos meten en el barranco, que se va abriendo bajo la atenta mirada de una luna que ha madrugado más que nosotros y que cansada ya se va a dar lección a otra parte. Un hoy manso barranco que ha tenido sus momentos, como indica una retorcida y atormentada palanca metálica que convertimos en plató fotográfico.

El ibón duerme bajo los hielos
            Pasamos por la entrada a la Canal Fonda, que hay que adivinar, porque le falta la señalización. Y pasamos también justo por enfrente de esa canal que enseña sus fauces por las que hay que pasar para subir a la segunda cumbre pirenaica, al Posets, o tuca Llardana. Pero eso será en otro momento, y bien desde aquí, desde Biadós o desde Estós. Habrá que ver. Seguimos en nuestro camino, que nos lleva al ibón de Llardaneta, al que llegamos una vez cruzamos un bravo barranco que baja de este gran macizo, y que es a partir del que se va nutriendo aquel por el que vamos viniendo, porque lo asombroso es que el ibón no tiene su salida natural por aquí, sino por el lado contrario, es decir, hacia el interior del circo.



Un respiro en la cresta
            En una de las orillas, provista parcialmente de nieve, igual que la lámina de agua, hay unas campas de las que sale una buena cuadrilla de gente joven con pinta de haber pernoctado. Es una escena poco habitual, la de ver a la juventud por las montañas, y nos alegramos de ello. Momento relax, refrescón y bocao, que hay que acometer la dura subida de hoy, la del puerto, la del collado de Grist, que hacemos por el canto derecho subiendo, con el único apoyo de unos descompuestos esquistos, y que es preferible a las zetas de un sendero poco definido por su enorme inestabilidad. Corta pero intensa esta subida. Media hora. Al no haber subido al Poset, parece que los pies se resisten en no seguir hacia arriba, y con Javier nos encaramamos a la cresta en dirección al pico de la Forqueta, que no alcanzamos por haber perdido visualmente a Sara en el collado, y pensar que nos iba a llevar como una hora más. Así es que, de nuevo al collado destrepando lo trepado.

Bajando el nevero
            Tres horas largas calculamos que nos quedan todavía de descenso. Neveros que no eludimos aceleran nuestra bajada, hasta llegar a un gran plató, desde nos asomamos al ibón de Millás y aprovechamos para echar otro bocao. De nuevo sobre nuestros pasos para acometer otro gran tramo de bajada, que es por sendero pendiente y descompuesto, hasta el cruce para visitar los ibones de Millás y Lenés, que dejamos de lado. Arroyo cerca, calor, ecuación perfecta para refrescar los pies. Seguimos, y ya en poco volvemos al mundo vegetal, siempre más amable. Grandes extensiones de rododendros floridos nos acompañan en nuestro descenso hasta el barranco que viene de los Espadas a rendir cuentas al de la Ribereta. Lo cruzamos y nos volvemos a meter en el bosque, ya hasta dar con la cuenca del Cinqueta de Añes Cruzes, cuya palanca cruzamos para subir a Biadós. A Biadós y sus granjas, que atravesamos hasta llegar al refugio.

Atardeceres de Biadós
            Dos y media de la tarde. Calor. Refugio más amigable. Gentes más amigables. Entorno más amigable. Nos acomodamos, y a echar la tarde entre duchas, tendedores, paseos, estiramientos y contemplación, mucha contemplación, faltaría más. Ocho de la tarde, hora de la cena, a la que había quedado en llegar Josemari con un amigo. Ni se presenta a las ocho ni con un amigo, que lo hace algo más tarde y con dos. Bienvenidos. Llevan idea de subir mañana a algún pico de los tres Grist. Es en el cordal de la Forqueta, en la que hemos estado cerca esta mañana. El refugio petado. El comedor petado. A cenar, hablar de monte, y a reír, tres ingredientes básicos que no pueden faltar en un lugar como éste. Segunda etapa: Ref. Ángel Orús – Collado Grist – Ref. Biadós. Distancia: 12,8 Km. Tiempo total: 7h 30'. En movimiento: 4h 40'. Desnivel positivo acumulado: 1.100 m. Negativo: 1.490 m.  




Subiendo por Añes Cruzes
            Tercera jornada: Ref. Biadós – Puerto Chistau – Ref. Estós – San Jaime. Las primeras luces del alba se cuelan por entre las renclijas que a una vieja ventana le va dejando el tiempo. Afuera, el sol quiere comenzar a bañar el macizo por el otro lado, como todos los días. Por allí le saluda, y por aquí se despide. Es de costumbres fijas. Desayunamos los seis. Nos hacemos fotos los seis, y cada trío a su camino, que hoy son opuestos. Por nuestra parte, la subida por el barranco del Añes Cruzes se va haciendo tranquila, en principio no hay grandes desniveles, hasta tener que superar un salto de agua, y que una vez conseguido, el sendero nos deja ya en el plató donde giramos bruscamente hacia el este, para acometer las duras rampas iniciales en busca del puerto de Chistau, al que llegamos cruzando también algún nevero.

Valle de Estós
            Hora y media hasta el plató, y otra larga hasta aquí. Estamos en la divisoria entre Añes Cruzes y Estós. Un mundo se cierra y otro se abre. Calima en los horizontes. La sudada es considerable. Banderas al viento. Bocao, y para abajo, que otros varios neveros nos esperan. El primero de ellos, al límite de poner crampones. Con sumo cuidado se pasa. Los siguientes, más bajos, con nieve más blanda, con menos caída, mejor pisados, se pasan bien.

Entre flores
            Al entrar al reino vegetal, un inmenso manto de flores nos sorprende, el tímido verano no termina de instalarse y también sorprende a la vegetación en pleno apogeo. Una auténtica sinfonía de colores y aromas hace las delicias del caminante, que hasta aquí viene sin ver agua en este barranco de Estós que únicamente es el de Clarabide el que comienza a alimentar el río que poco a poco se va formando, recogiendo las agua que surgen sin pedir permiso de las laderas. Espectaculares las fauces de este barranco del Clarabide, sí. Remojón y bocao.


Admirando las fauces del
barranco de Clarabide
            Enseguida nos metemos ya en el bosque y llegamos al refugio de Estós, en el que teníamos previsto quedarnos esta noche, pero debido a la corta etapa de hoy y la de mañana, optamos por seguir. Cabaña del Turmo, desde donde tenemos ya pista, que burlamos para meternos en los miradores de las Gorgas Galantes. Son tres, y el primero de ellos está situado por encima de ellas, justo en un puente encima de la primera cascada. Espectacular. El segundo y tercero ya están más abajo, tomando otra perspectiva de los saltos de agua. Y ya todo es bajar y bajar por la pista entre el bosque, con más gentío a medida que nos vamos acercando. Aigüeta de Batisielles y cruce por el que nos metimos hace tres días. De modo que a partir de aquí repetimos camino, pero a la inversa. Fuente Coronas, con su sol y su luna, cabaña de Santa Ana y embalse, que nos da paso ya al aparcamiento, donde nuestros pies se liberan de las botas… que ya tenían ganas. Tercera etapa: Ref. Biadós – Puerto Chistau – Ref. Estós – San Jaime. Distancia: 20,4 Km. Tiempo total: 7h 55'. En movimiento: 5h 45'. Desnivel positivo acumulado: 1.390 m. Negativo: 1.780 m.



            Tres días. Tres intensos días cabalgando por puertos y caminos, por mantos vegetales y por duras piedras, entre el cielo y la tierra, disfrutando de la luz, del sol, y del agua de barrancos e ibones. Tres días y un corazón, como decíamos al principio, porque hemos acompasado nuestro latir con el del paisaje, un paisaje que hemos tratado de dibujar y de humanizar. Un paisaje de la alta montaña pirenaica, exigente, duro, pero franco, que nunca defrauda. Por estos caminos se ha quedado nuestro sudor y las ganas que teníamos de ello. Pronto las recuperaremos de nuevo para seguir disfrutando entre amigos. Tres días, decimos, en los que en total hemos recorrido más de 46 km, en 23h 50' de tiempo total, de las que más de 16 han sido en movimiento, para salvar 4.160 metros de desnivel positivo acumulado, y los mismos en descenso. Varias veces hemos hecho esta ruta, siempre igual, siempre distinta. Sólo resta agradecer a Sara y Javier la compañía, la amistad y los momentos vividos.




El reportaje completo de fotos, en: