Año XV. Entrega nº 1001
«Entonces se trasladó mío Cid al puerto de Alucant,
desde allí atacó mío Cid a Huesa y a Montalbán,
en aquella correría diez días tuvieron que emplear».
Cantar del Mío Cid (versos 951 y ss.).
En torno al año 1200 se escribiría un cantar de gesta que hace referencia a las hazañas guerreras de D. Rodrigo Díaz de Vivar, apodado el Campeador, que recoge 3735 versos de anónima pluma y en el que se entrelazan sus verdaderas hazañas con los vapores de épicas leyendas. Hablamos del Cantar del Mío Cid.
Huesa del Común, es uno de esos lugares, del hoy Aragón profundo, al que acudimos para hacer bueno eso de que «el sur también existe», situado en las estribaciones de la sierra de Oriche, una de las que conforman el Sistema Ibérico turolense.
Con más pasado que presente, Pascual Madoz, político español del siglo XIX, nos dejó un valiosísimo legado, el Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar (1845-1850), en el que detalla de forma pormenorizada cuantiosos aspectos de cada localidad. En el caso de Huesa del Común, nos dice que «tenía 150 casas, con 636 almas, con ayuntamiento, cárcel y escuela de primeras letras, a la que acuden 40 niños, cuyo maestro está pensionado con 3200 sueldos jaqueses; dotada con varios molinos harineros, un tinte, 4 batanes, varias fábricas de alfarería y diversos talleres de lienzos. Ha tenido jurisprudencia criminal de Blesa, Muniesa, Josa, Cortes, Plou, Maicas y Anadón, los que formaban el Común de Huesa». Hoy apenas tiene medio centenar de habitantes.
Localidad defendida por el castillo de Peñaflor, cuya primera mención, al parecer, data de 1082, cuando fue tomado por el Cid el castillo de Ossa, como se le conocía en la Edad Media. Desde entonces fue alternando su propiedad al albur de conquistas y reconquistas. De él nos quedan hoy en día varias piezas en estado de ruina progresiva. La Ley 16/1985, del 25 de junio, publicada en el BOE nº155 del 29 de junio, se establece el marco general de protección del patrimonio histórico, que viene a cubrir la protección estatal de los castillos españoles, decretada el 22 de abril de 1949 (BOE nº 125 del 5 de mayo).
Como cada día trae su afán, el de esta época que nos toca vivir es el de ofrecer distintos opciones turísticas para atraer gentes a estos pueblos que luchan por sobrevivir. Uno de ellos es el del senderismo, materializado en el PR-TE 110, señalizado como Sendero Turístico de Aragón, una circular de 44 km que une varias localidades de la redolada. Otra, la que nos ocupa, tiene como escenario los paredones al suroeste de la sierra en la que se alza el castillo, en forma de vías de escalada y vías ferrata.
Esto último es lo que nos ha motivado para venir por aquí y alcanzar el lomo de la sierra a través de dos de ellas, la del Castillo de Peñaflor (K2) y la de Almadeo (K3). En el pueblo, junto a la carretera A-2514 encontramos el merendero de la Canal, a orillas del río Aguasvivas, que cruzamos por el puente medieval, de la mano ya del PR-TE 110, del que nos desviamos unos metros para visitar el viejo molino.
De nuevo al sendero, junto al río, que cruzamos para encontrar enseguida el pie de vía de la primera ferrata, la del Castillo de Peñaflor, que recorremos en media hora para alzarnos, tras los 80 metros de desnivel, hasta los restos del castillo, entre los que nos deslizamos en aras de un acercamiento histórico que, desde luego, no conseguimos. Lo que sí conseguimos es una vista magnífica del pueblo y su entorno.
Un delimitado sendero nos devuelve al casco urbano, para llegar de nuevo al merendero, e iniciar otra vuelta en busca de la segunda ferrata, para lo que realizamos el mismo tránsito hasta la primera, y un poco más, para llegar a la Almadeo, un poco más larga (95 m) y vertical, pero que salvamos con la misma duración.
Nos sube a la misma sierra, a un punto algo más alejado de los restos del castillo, cuyo descenso se completaría yendo en busca del sendero que baja del mismo, pero que, como tenemos tiempo, decidimos recorrer la sierra por la misma rallera*, haciendo equilibrios, hasta llegar a no ver muy clara la continuidad, desde donde regresamos por la ladera, sin un camino definido.
De vuelta al pueblo, damos por terminada la actividad, que nos ha durado algo más de tres horas y media, para recorrer 4,3 km, y salvar un desnivel de 235 m D+/- (Wikiloc: 176), con la altitud máxima en los 956 msnm de lo alto de la sierra.
Material indispensable:
Casco, arnés, disipador, cabo de anclaje y un par de mosquetones de seguridad.
GLOSARIO
Rallera: Cresta rocosa, generalmente caliza
BIBLIOGRAFÍA
Historia de Aragón. Los pueblos y despoblados. Antonio Ubieto. Anubar (1985)
Los ríos de Aragón. José Ramón Marcuello. Prensa Diaria Aragonesa (1992)
RECURSOS DIGITALES
Las fotos del autor, con sus comentarios, y el track
*La publicación de la ruta, así como del track, constituyen únicamente la difusión de la actividad, no asumiendo responsabilidad alguna sobre el uso que de ello conlleve.
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