Año XV. Entrega nº 999
«La naturaleza caliza de la roca favorece la presencia de fenómenos kársticos, encontrando sumideros de agua, surgencias -como las Fuentes del Yaga-, lenares, lapiaces… El 13 de julio de 1982 se amplía y reclasifica por Ley del Parque Nacional del año 1918, pasando a denominarse de “Ordesa y Monte Perdido”. Al valle de Ordesa se le anexionan cuatro nuevos sectores: el cañón de Añisclo, las gargantas de Escuaín, el circo de Pineta y toda la alta montaña del macizo de Monte Perdido, pasando el área protegida hasta las 15 608 ha».
Son párrafos que encontramos en la publicación Ordesa y Monte Perdido, un Parque Nacional con historia, 90 aniversario (Prames 2009). En estos años pasados se celebraba el centenario del espacio protegido, el primero de Aragón y segundo de España tras, por pocos meses, del primigenio Parque Nacional de la Montaña de Covadonga que, también cambiaría su denominación, pasando a llamarse de Picos de Europa. Ambos en 1918, promovidos por Pedro Pidal (1869-1941), marqués de Villaviciosa, que promovió en el Senado la primera Ley de Parques Nacionales, en 1916.
Pues a uno de esos espacios ampliados en 1982 nos hemos ido para disfrutar de sus encantos, de sus abismos, de sus leyendas. En concreto a realizar varias rutas, porque las hay cortas en su recorrido, pero no en su contenido, de modo que éste se intensifica. Son tres, y haciendo un juego numérico, si lo elevamos al cubo nos da nueve, como son tres los nueves del orden de esta entrada en un blog con quince años ya de recorrido.
MIRADORES DE REVILLA
Revilla es una de las puertas de entrada a las Gargantas de Escuaín, labradas durante eones por el río Yaga, uno de los desagües de Treserols, considerado el macizo calcáreo mayor y más alto de Europa. De ahí partimos para hacer una clásica, la de los Miradores de Revilla, que permite asomarse a las fauces del profundo congosto.
Un poco antes de llegar al pueblo, en una cerrada curva, varios carteles, entre ellos un gran mural que recuerda el centenario del parque, anuncian la entrada al sendero, que discurre entre bosque. Pronto cruzamos el barranco de Consusa por una palanca metálica.
En apenas un cuarto de hora llegamos al desvío para visitar los restos de la ermita rupestre dedicada a San Lorenzo, encajada en una faja de los escarpes y descrita por el maestro Omedes. Es curioso observar las inscripciones realizadas en la pared, datadas entre los siglos XVI al XIX, con distinta simbología, entre la que se encuentra la parrilla, elemento identificativo del martirio del santo.
De vuelta al sendero, retomamos su agradable tránsito para llegar al desvío de los miradores, a los que nos acercamos para contemplar por unos minutos lo que ellos contemplan permanentemente. Se asoman sobre los abismos del río Yaga y, en concreto, el de Angonés toma el nombre del barranco cuyas aguas se rinden al Yaga justo debajo de nosotros. Aunque algo alejado visualmente, el ímpetu con el que se precipitan las aguas en las surgencias que alimentan al principal es verdaderamente impresionante.
De nuevo al sendero, para superar un corto pero pronunciado desnivel y llegar ya a una planicie y enlazar con el camino de Foratarruego que, en dirección al pueblo, tomamos para dar continuidad a la circular.
Volvemos a cruzar el barranco de Consusa en nuestra aproximación al caserío de Revilla, del que unas decenas de metros de carretera local nos separan de los vehículos, a los que llegamos tras 1 hora y 40 minutos de haberlos dejados, habiendo recorrido una distancia de 4,4 km, y salvado un desnivel acumulado de 220 m D+/- (Wikiloc: 173), con la altitud máxima en los 1370 msnm en la incorporación del camino de Gurrundué.
SENDA DEL SILVÁN DE TELLA
Nos acercamos al cercano Tella, que desde la década de los 60 del siglo pasado forma parte del municipio Tella-Sin, con capitalidad en Lafortunada, que incluye también las poblaciones de Lamiana, Arinzué, Cortalaviña, San Marcial, Badaín, Hospital de Tella, Revilla y Salinas de Sin. Pero antes de todo ello, en 1834 tenía municipio propio, uniéndose Revilla en 1845. La primera mención la encuentra el profesor Ubieto en la Colección Diplomática de San Victorián, nº 467 del historiador Martín Duque.
La autarquía en la que han estado sumidos estos pequeños pueblos de las montañas pirenaicas ha sido durante siglos el caldo de cultivo para leyendas de seres sobrenaturales. Tella no es ajena al fenómeno, pues va bien servida de gigantes y de brujas.
Se cuenta que Silván era un gigante que vivía en una cueva cercana al pueblo, y que tenía atemorizada a la población porque se dedicaba a saquear a las gentes de ésta y otras aldeas, cuyo botín guardaba en su guarida. Entre otras fechorías, también se dedicaba a raptar mujeres, que no volvían, salvo Marieta, que en un descuido consiguió huir, y al ir al pueblo en su busca, los habitantes, conscientes de la debilidad de Silván por la leche, dejaron un cántaro envenenado en las cercanías que, al tomarlo, le produjo la muerte.
En esta segunda ruta de la jornada recorremos la llamada Senda de Silván, una circular que pasa por el pie de un impresionante roquedo, por una faja en la vertical del desfiladero de las Devotas. Para ello tomamos una pista que sale en dirección SE para recorrerla unas decenas de metros y continuar por un sendero a la izquierda, que nos mete inmediatamente en el bosque.
El camino, señalizado con un trazo de pintura roja, se encuentra actualmente un tanto falto de mantenimiento, encontrando varios árboles cruzados, que hay que ir sorteando como se puede. Vamos bajando, y en cosa de media hora, la espesura del bosque nos da una tregua, encontrando un extraordinario mirador sobre el que podemos apreciar la inmensidad del valle del Cinca, sobre el que volamos visualmente a cuatrocientos metros de altura.
El acercarnos a la base de la pared es la antesala para ir recorriendo la faja, que sigue y sigue su descenso, con algunos tramos delicados del sendero, protegidos por cadenas y cuerdas. El camino está jalonado por carrascas y sabinas. En poco más de una hora desde el comienzo, el camino, señalizado como «Lo Sílbán» marca un punto de inflexión, pero antes de tomarlo, seguimos unas decenas de metros para visitar la cueva de la Tosca.
Son muchas las oquedades que vamos encontrando en nuestro camino, en alguna de ellas se evidencian las escorrentías del carbonato cálcico. La de la Tosca es la mayor, y la estancia en ella sobrecoge. No es extraño que este entorno alimente leyendas de seres mitológicos.
Volvemos al desvío para continuar el recorrido, que en poco está ya que lleguemos al espacio identificado como «Lo Sílbán», entendiendo como tal la guarida del mítico gigante, a la que accedía subiendo por unas estacas que se encuentran incrustadas en la pared. Una pared que alberga un sector de escalada conocido como «Superdevotas», pasando la vía 7, llamada «X», de 8a junto a la cueva.
Un cuarto de hora más de subida y alcanzamos el llamado «Paso de Silván», un tramo de roquedo que hay que superar ayudados por una sirga y unos estribos. En cuatro pasos ya salimos a terreno de matorral, desde donde tenemos buenas vistas valle abajo. El llegar a un centro agropecuario es hacerlo a la pista, y en la siguiente abrazar al GR 15, cuyas marcas, nos acercan a Tella, habiendo cerrado la circular unas decenas de metros antes.
Entre bosque y roquedos con magia terminamos esta ruta, que nos ha llevado 2 horas y 20 minutos, para recorrer 5 km, con un desnivel acumulado de 510 m D+/- (Wikiloc: 352), con la máxima altura en los 1350 msnm de las proximidades de Tella.
RUTA DE LAS ERMITAS DE TELLA
¿Cómo marchar de Tella sin visitar sus ermitas? Se trata de un circuito que ya hemos hecho en varias ocasiones, y que no se puede obviar estando en este mítico lugar. Recorre tres pequeños templos muy cercanos a la población, construidos, no nos cabe duda, para la protección del lugar de tanta y tanta tradición brujeril.
Esta pequeña, pero interesante ruta, parte de la parroquial, dedicada a San Martín (siglo XVI), y no es casualidad la advocación, porque fue un santo que se caracterizaba por la persecución al paganismo. De pequeña planta en cruz y espacios rematados con bóveda de cañón, el acceso se realiza por su fachada sur, a través de un pórtico. Junto al templo se encuentra el cementerio.
Enseguida encontramos la señal para iniciar el circuito, que nos lleva primeramente por un sendero entre bosque mixto, para salir de él frente al primer templo, el dedicado a los santos Juan y Pablo, considerado como la ermita más antigua del Sobrarbe, consagrada en 1019 por el obispo Borrell, de Roda de Isábena, conocimiento que ha llegado a nuestros días gracias a un documento custodiado en el Museo Diocesano de Barbastro. De planta única, dispone de una pequeña cripta, a la que se accede a través de unas escaleras.
Conocida localmente como «Juanipablo», está erigida estratégicamente, y tampoco por casualidad, bajo el llamado «Puntón de las Brujas», un lugar donde la creencia popular ubicaba los aquelarres, y que hace mil años fue sincretizado por el catolicismo. De las miles de ermitas repartidas por las montañas pirenaicas, es una de las más emblemáticas, por su emplazamiento y su historia.
Le sigue en la visita, la dedicada a la Virgen de la Peña, la más joven de las tres, puesto que la actual es del siglo XVI, erigida seguramente sobre una románica anterior. También de planta única, tiene una pequeña capilla lateral con arco rebajado. Tal era la fe por esta advocación, que en 1715 se fundaría una cofradía en su honor, con lista de espera para formar parte de ella y que, para su ingreso, se exigía de la donación de una oveja. Perduró hasta unos años antes de la Guerra Civil.
Un corto sendero junto al espacio de entrada nos da acceso a un pequeño altiplano, que nos ofrece unas increíbles vistas sobre el valle, y que está dotado de una gran mesa de orientación.
Antes del regreso al pueblo, se visita la tercera y última ermita, advocada a la Virgen de Fajanillas, que reforzaba la protección a estas tierras. Con origen en el siglo XII, ha sido objeto de varias restauraciones, en el XVI, aprovechando una época de bonanza en la actividad ganadera, se construyó una torre de planta cuadrada, adosada al costado norte.
Fue consagrada en 1509, y hasta 1597 fue el templo parroquial de Tella, pasando al actual de San Martín las funciones tan pronto fue terminado. Concluida la triple visita, por un delicioso camino tradicional nos acercamos al pueblo, por el que transitamos disfrutando de su fuente y de algunos elementos de antaño.
Nos vamos sin haber abierto el Centro de Visitantes que el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido tiene instalado en casa Carrasco, dando por terminada esta breve ruta de 2,3 km en 55 minutos, con un desnivel acumulado de 115 m D+/- (Wikiloc: 74), con la altitud máxima en los 1410 msnm de la planicie superior de la ermita de la Virgen de la Peña.
El track de la ruta
Otra visita obligada en esta singular localidad es a la Losa de la Campa, conocida más popularmente como el Dolmen de Tella que, desde hace milenios contempla el entorno, en el que destaca el Castillo Mayor, como alguno más en sus alrededores.
BIBLIOGRAFÍA
Historia de Aragón. Los pueblos y los despoblados, III. Antonio Ubieto. Anubar (1986)
Pirineo adentro. Ricardo Mur y Enrique Satué. Barrabés (2003)
RECURSOS DIGITALES
Las fotos del autor, con sus comentarios
*La publicación de la ruta, así como del track, constituyen únicamente la difusión de la actividad, no asumiendo responsabilidad alguna sobre el uso que de ello conlleve.
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