miércoles, 27 de marzo de 2024

Mondoto y La Estiva, a las puertas del PN de Ordesa y Monte Perdido

 Año XIII. Entrega nº 863


A TUCAS ALBARS
Mondoto (1957 m)
La Estiva (2003 m)
Domingo, 24 de marzo de 2024

            “Lo he escuchado recientemente a Miguel, de Casa Tomás de Nerín, pero también me lo contó una abuelica de Fanlo hace años. Al parecer, cuando el reino de Aragón nacía y era tan pequeño como una almendra, el puerto de Góriz pertenecía al rey, por lo que las gentes del valle de Vio y la Solana tuvieron que ir a Jaca a pedirle su usufructo. Así lo hicieron y fueron bien atendidos, con la condición de que, entre todos los ganaderos cuidaran cien ovejas martas (totalmente negras) que llevaran, a modo de cencerro, campanillas de plata, y sin marcar con corte alguno sus orejas, pues pasaban a ser propiedad real. Costumbre, difusa, que llegó hasta el siglo pasado bajo la forma de que todo ganadero que subiera a Góriz debía llevar, cada cien, dos ovejas martas, y que demuestra cómo el mundo pagano accedió a la Edad Media, pues las ovejas negras eran sagradas y no había que sangrarlas, para que protegieran el rebaño”. Enrique Satué Oliván.



            Algo larga la introducción para lo que acostumbramos, pero temíamos perder parte de su esencia, verbalizada magistralmente por Enrique Satué en su obra cumbre recién publicada Pirineo y manta (Prames 2023), en la que entrelaza retazos de vivencias pasadas, con leyendas engarzadas en la historia, cuando no en la historia misma, que tanto conoce, especialmente la de estas montañas, la de estas tierras que hacen saltar los resortes del alma por su inmensa riqueza. Una riqueza que no debemos dejar que se escape como el agua entre los dedos de una mano que machaca con firmeza la sabiduría ancestral, tan pegada a la naturaleza y sus ciclos, a favor de la vacua sociedad devoradora, feroz y consumista de hoy en día.



            ¿Y por qué traemos esto hoy?, pues porque hemos buceado en estos textos, algo que nos ha inspirado el tránsito por lugares muy próximos a esas tierras en la última excursión. Y decimos excursión porque es como comúnmente se llama, pero que más nos gusta decir incursión. Sí, porque el primer término nos lleva a “salir a algo”, y preferimos sentirnos como que “entramos en algo”, porque es ahí donde tenemos parte de nosotros, y es lo que siempre queremos explorar, tomando la propia montaña como una excusa para ello.



            En este caso hemos acudido al extenso término de Fanlo, capital de Ballibió, como llaman algunos al valle de Vio, ocupado además por Buerba, Buisán, Nerín, Sercué, Vio, Yeba y los deshabitados Ceresuela y Gallisué. Y lo hemos hecho, como nos indicaba un oriundo del lugar, para visitar el “puerto bajo”, que comprende, entre otras, la zona de La Estiva. Además, está el “puerto medio”, que son los pastos de Góriz; y el “puerto alto”, por Millaris y alrededores. Puertos todos ellos, compartidos por estos pueblos y los de La Solana, incluida hoy en día en el término de Fiscal, y que comprende los despoblados de Burgasé, Cajol, Cámpol, Castellar, Gere, Ginuabel, Giral, Muro de Solana, Puyuelo, San Felices de la Solana, Sasé, Semolué, Tricás y Villamana. 




            Lugares que se van perdiendo en las páginas amarillas de la memoria y que sólo por el hecho de nombrarlos, parece que se fueran a rescatar del olvido. Pero vamos a lo nuestro. La sabiduría popular dice que “el que no estrena en Domingo de Ramos, ni tiene pies ni tiene manos”. Afortunadamente, tenemos pies para acariciar las montañas, y manos para contarlo, y es porque estrenar… estrenamos, al menos una buena parte del recorrido de hoy. Partimos de la barrera de la pista de Nerín a Cierracils en la mañana de una jornada preludio de un montón de ellas en las que vamos a estar sometidos a un tren de borrascas. Es por eso por lo que hay que aprovechar para ser acogidos por estas montañas, tantas veces visitadas, pero que siempre pareciera que fuera la primera vez.



            Tomamos el pendiente sendero de inicio para el Mondoto, y pronto dejamos a la izquierda el desvío a Cuello Arenas, camino por el que volveremos. Continuamos la subida, acompañados de los últimos matorrales, hasta dejarlos atrás acompañando ya al barranco Ballatar, que remontamos para desviarnos en decidida dirección a nuestro primer objetivo de hoy, pisando nieve desde los 1800 metros, conforme va apareciendo en el horizonte un aperitivo del menú completo que vamos a degustar. Una ante cima se tiene la tentación de haber llegado ya a lo más alto, debiendo continuar un poco más hasta otro saliente sobre el Cañón de Añisclo para poder decir que hemos llegado a los 1957 msnm de esta proa vigilante del flanco occidental del cañón. Hora cuarenta minutos hasta aquí.






            Nos gusta decir que “magia” es la capacidad de transformar algo, especialmente, a alguien. Y es lo que nos acompaña cada vez que nos asomamos a cualquiera de estas soberbias atalayas que te integran en el paisaje. Con los Sestrales justo enfrente, el otro guardián, el Cañón de Añisclo, se siente protegido, y pasado el susto del proyecto pantanista, puede darle con suma tranquilidad, continuidad a esa labor que viene realizando implacablemente a lo largo de miles, de millones de años, con esa erosión fluvial, al contrario de la glacial de los valles contiguos de Ordesa y Pineta, cuyas mayores cimas tenemos también a la vista como telón de fondo de un paisaje que vive una brusca transformación, que estuvo antropizado durante siglos, y que se nos antoja definitiva. Los pastos de estos puertos, ancestralmente cincelados por el ramoneo, tendrán que buscarse otra ocupación para la que no están diseñados.






            Con estas y otras reflexiones, y con el siguiente objetivo a la vista, volvemos sobre nuestros pasos hasta llegar al pie de la mayor cota de estos puertos, que comparte nombre con ellos, La Estiva, sobre los que se aúpa para superar los dos mil metros. Pacienzuda subida, que culminamos en otra hora y diez minutos. Parada obligada, esta vez un poco más cerca del corazón del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, de ese gran macizo calcáreo, el más meridional de Europa, cuna de leyendas asociadas a las montañas, sus moradores y seres mitológicos. Si quedaba algo por transformar en uno a lo largo de esta jornada, aquí se lleva a cabo. Sentirnos actores en este magno escenario, con semejante telón de fondo, es algo que no lo supera nada en el mundo. Es sentir que formas parte de ese diapasón que vibra al unísono con el corazón de las montañas. Éste es el verdadero templo, y éste es el verdadero culto.









            El descenso lo realizamos por las lomas de las nevadas cotas inferiores, hasta alcanzar en una hora más el paraje de Cuello Arenas, donde no hace muchos años se marcaba un circuito de esquí de fondo que hacía las delicias de los que por aquí nos acercábamos. Nos reagrupamos y retomamos el descenso, que lo hacemos en primer término por la pista que, a los pocos metros burlamos por un sendero, que nos baja hasta la confluencia de ésta con el barranco de Candaruelo, para continuar otro tramo por ella y volver a dejarla para entrar en el sendero, que vuelve a cruzarla para, ya definitivamente, y por tercera vez continuar por el sendero hasta el entronque con el de subida y repetir el último tramo hasta el punto de salida, completando así una preciosa circular por unas montañas siempre agradecidas, pero más nosotros por su buena acogida.





            Una preciosa circular decimos, a la que le hemos metido 6 horas y 50 minutos, para recorrer 12,2 km, y salvar un desnivel acumulado de en torno a los 820 m D+/-.



Bibliografía:

Pirineo y manta II. Enrique Satué Olivan. Prames (2023)

Web:

Ayuntamiento de Fanlo

Ayuntamiento de Fiscal

Red Natural de Aragón

Mendikat

Wikiloc

RAE

Fundeu

IGN

Geamap

Hijo de la Tierra

El Pirineo no se vende




Las fotos, con sus comentarios y el track

 

* La publicación de la ruta, así como del track, constituyen únicamente la difusión de la actividad, no asumiendo responsabilidad alguna sobre el uso que de ello conlleve.

* A partir de 1800 metros la presencia de nieve impide garantizar que la traza sigue por el itinerario de verano.




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