viernes, 24 de febrero de 2017

Morrón de Viñas, de Tolocha y Ginebrosa, tres puntales del Bajo Aragón

IXOS MONS
Morrón de Viñas (1.038 m)
Morrón de Tolocha (790 m)
Ginebrosa (890 m)
Domingo, 19 de febrero de 2017



            Seguimos por el Bajo Aragón, en este caso por el reducido territorio en el que se ha quedado tras la división comarcal. Más concretamente por la zona de Berge para el primero, con Javier, Miguel, Luis, Alberto y Víctor; Foz Calanda para el segundo, con Javier y Alberto; y Calanda para el tercero, con Miguel. Tierras de tesoros escondidos, donde el rugir es el protagonista, rugen los motores de Alcañiz, rugen los tambores de La Ruta del Tambor y del Bombo, en silencio rugen también las grandes extensiones de cereal, olivar y almendro, de monte bajo, con aromáticas plantas, para que nadie las olvide. Con mucha historia cargada a sus costillas, desde las pinturas de arte rupestre, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, hasta nuestros días, pasando por conquistas y reconquistas, cuyos señores dejaron palacetes, lonjas, que pueblan plazas y calles de localidades llenas de encanto, cuyos habitantes han sabido a través de los siglos sacarle el provecho al bien más preciado, al agua.

 
Torre Piquer


Comenzamos la ruta
            Morrón de Viñas. Salimos de Berge por el camino de Seno (PR TE-53), cruzando el Guadalopillo en los primeros compases. Justo donde dejamos a nuestra derecha el desvío para subir a la ermita de la Virgen de la Peña, patrona del pueblo, cruzamos el barranco del mismo nombre, por el que seguimos, hasta el kilómetro 3,8 aprox., donde dejamos los rodantes y nos echamos a andar, ya en el denominado camino a Santolea. Y lo hacemos por pista de tierra, con nuestro objetivo a la vista, por entre campos de cereal. Los acompañantes de hoy son Javier, Miguel, Luis, Alberto y Víctor.

Carrascas subiendo al Morrón

            Enseguida se nos pone a tiro visual la medieval Torre Piquer, dominando el barranco de Valdecastillo. Una torre que presume de vigilar el paso entre Alcorisa y Berge con Seno y Castellote, y que ve cómo la declaración de Bien de Interés Cultural de 2006 no consigue sacarla de su lamentable estado. Esto ya lo vemos en los escritos, a ver si nos lo cuenta a la vuelta, que será objeto de nuestra visita. A los veinte minutos, al poco de desviarnos a la izquierda para tomar el camino de Molinos, sin señalización alguna, Luis nos mete monte a través por esos sitios que sólo él sabe, para en media hora de transitar por ese monte bajo de romeros, enebros y sabinas, con alguna sorprendente carrasca, llegar hasta una de las alturas de la Sierra de Caballos, al Morrón de Viñas, desde donde se contemplan buenas panorámicas sobre la redolada, y por donde los participantes de la Maestrail disfrutan y sufren a partes iguales. También vemos restos de trincheras de la última contienda que nos asoló.

Restos de las trincheras

Chopera del barranco Del Redondo
            Decidimos bajar por donde lo hace el trail, encontrándonos un ancho sendero limpio a tal efecto. En veinte minutos alcanzamos la pista, y en otros tantos cruzamos el barranco Del Redondo, tras de lo cual nos metemos por un sendero a mano izquierda, dibujando un importante giro hacia el norte. Ese sendero va colgado por unos riscos sobre el citado barranco y su chopera, sacándonos de nuevo a la pista, por la que alcanzamos el mas Ruiz, que aún conserva su conjunto de casas y cuadras, era y algún apero viejo. Todo ello sobre un arroyo generado por una fuente, que cruzamos para llegar al famoso latonero, que aprovechamos para contemplarlo de cerca echando un bocado, y que bien se merece ser incluido en esa lista de Árboles y Arboledas Singulares de Aragón

Latonero del mas de Ruiz
Mas Ruiz
            Seguimos por un sendero próximo al canto de una serie de campos aterrazados, que subimos, hasta llegar a un amplio collado, donde nos encontramos su simetría en descenso, con la Torre Piquer ya a la vista, a la que llegamos en dos patadas. Se trata de una torre medieval, citada anteriormente, y que nos ve desfilar ya hasta los cercanos vehículos, a los que llegamos tras recorrer 9,8 km, en 3h 5’ de tiempo total, del que 2h 30’ han sido en movimiento, con un desnivel acumulado de 565 D+ y D-.




Panel informativo del PR TE-16 (STA)
            Morrón de Tolocha. Nos desplazamos más al este para nuestro siguiente objetivo, el Monte Tolocha, a cuyo Morrón queremos asomarnos. Para ello nos llegamos hasta Foz de Calanda, a cuya entrada encontramos ya el mural que nos da noticia del PR TE-16, recientemente elevado a la categoría de Sendero Turístico de Aragón. Hay una ruta que lo sube directamente, pero creemos más interesante hacer la circular completa, que se traza en forma de ocho tumbado, haciendo el primer círculo en dirección horaria, y a la contra el segundo. Y lo hacemos con Javier y Alberto, que para eso estamos en su pueblo.

Hacia el Monte Tolocha
Sendero por el pinar
            Salimos del pueblo por el llamado camino de Tolocha, y apuramos aún unos cientos de metros con el vehículo, justo hasta donde comienza la circular. Tomamos, pues, el ramal de la izquierda, para volver por el de la derecha. Unas nubes bajas nos han ganado la partida, y han llegado al Morrón antes que nosotros, pero partimos con la confianza de que se hayan alejado antes de nuestra llegada. Tras circular por pista junto a campos de cereal y olivos, nos vamos metiendo en el pinar, al tiempo que se va empinando el sendero. Al cabo de media hora ya hemos llegado al primer cruce, y tras unas decenas de metros de tramo común con el retorno, el segundo.

Primer hito a subir.

Pantano de Calanda
            Comenzamos este segundo bucle por la derecha, para alcanzar el collado que nos da vista sobre la vertiente sur, donde destacan esas grandes extensiones de minas de carbón a cielo abierto, unas en activo, y otras ya explotadas y regenerado, o en proceso, el terreno. Seguimos por nuestro sendero en dirección este, para alcanzar una primera cota de unos 750 metros, a través de una corta y divertida subida por entre el roquedo, y a continuación sólo nos queda acercarnos hasta el Morrón, que con sus 790 metros es el punto más alto de este Monte Tolocha, que domina el retorcido embalse de Calanda, que regula las aguas del río Guadalope, y que con una capacidad de 54 hm3, está a poco más de la mitad de su capacidad. Su caudal se emplea para los riegos de una amplia zona del Bajo Aragón, y también para abastecer la Central Térmica de Andorra, a través de unos centros de bombeo.

Señales de PR por el roquedo
Maroma y lajas para asegurar el paso
            Junto al vértice geodésico encontramos una bandera de España, como si hubiera alguna duda. También un pequeño lecho de pajas bajo una sabina, con pinta de servir de alojamiento a algún belén. Seguimos las marcas blancas y amarillas, y pronto nos encontramos un corto, pero vertiginoso, tramo, en el que hay unas lajas de piedra a modo de escalera, todavía sin terminar de asentar, y una maroma por si hay que echar mano de ella, que no es el caso. Unos entretenidos zigzag por el bosque nos llevan hasta la pista, por la que ya volvemos, desviándonos unas decenas de metros para visitar la ermita de Nª Sª de las Nieves, de reciente fábrica (1979), ya que la anterior reza con escafandra bajo las aguas del pantano.

Ermita de Nª Sª de las Nieves
A la vuelta, nos metemos de nuevo en el pinar
            Salimos de nuevo a la pista, que llegamos a abandonar, en brusco giro a la izquierda, para por el canto de unas oliveras, meternos de nuevo al pinar por un sendero que zigzaguea y que va en busca de esos dos cruces al terminar este segundo bucle. Ahora sólo nos queda concluir el primero, por el que iniciamos la ruta. A través de la Cantera del Pinar, llegamos a un amplio cortafuegos, por cuyo sendero bajamos hasta dar con una reciente pista, más todavía que el señalizado sendero, por lo que en un corto tramo se pierde esa señalización. Unas decenas de metros a la derecha y tomamos a la izquierda el viejo sendero, que ya en poco nos lleva hasta el coche, no sin antes contemplar el espectáculo de cuatro grandes machos de cabra montesa en los primeros campos que nos encontramos, en los que ya verdea el cereal.

Foz Calanda
            Nos han salido 12,2 km, con 3h 20’ de tiempo total, del que 2h 50’ han sido en movimiento, con un desnivel acumulado de 700 m D+ y D-, por este PR TE-16 que ha engrosado la lista de los Senderos Turísticos de Aragón.






Fuente del Moré
            Ginebrosa. Cinco de la tarde de largo, nos dará tiempo de rematar la faena con otro? Lo intentamos con Miguel, saliendo de Calanda, su pueblo, con la idea de que nos va a costar como una hora entre la aproximación en vehículo y la llegada final a esta nueva cumbre, repartida entre La Ginebrosa y Torrevelilla, y vuelta, naturalmente. Salimos por la A-226 dirección a Mas de las Matas, para tomar la A-2406 justo antes de cruzar el canal de Calanda y el río Guadalopillo a continuación. A los seiscientos metros, la dejamos para meternos por el camino del Desierto, que al pronto seguimos por su ramal derecho. En un laberinto de pistas, sobre el mapa vemos que dejamos a la izquierda el llamado Rincón Caliente, para alcanzar el camino Gramenales Altos, y a la altura del barranco de la Zahoyera, en un rincón encontramos la fuente del Moré, que visitamos.

Convento del Desierto de Calanda

Fachada principal del monasterio
            Tenemos ya a tiro visual el Convento del Desierto de Calanda, al que llegamos tras unas cuantas revueltas más. Se trata de un edificio barroco de enormes dimensiones, fundado bajo la advocación de San Elías, en 1682, aunque sin terminar de construir. Se dice que anteriormente ese emplazamiento estaba ocupado por una casa de campo de una pudiente familia, que fue añadiendo dependencia tras dependencia, hasta que los Carmelitas Descalzos pusieron la vista en tan singular lugar, que reunía las mejores condiciones perseguidas por la orden para su retiro espiritual, llegando a reunir hasta 40 frailes, con los correspondientes servidores para el cuidado de la gran finca. El fin lo tuvo en 1836 con la desamortización de Mendizábal, cuando pasó a manos privadas, en las que aún sigue. Que nadie piense, pues, que las privatizaciones, incluso las grandes privatizaciones, son de ahora, que ya se inventaron hace siglos. Visitamos sus ruinas, que hoy en día están incluidas en esa Lista Roja del Patrimonio, de la Asociación Hispania Nostra.


Enormes dimensiones las del edificio

Por el monte, camino del objetivo
            Ya por el PR TE-14 seguimos hasta el cruce del camino que viene de Torrevelilla, al que nos incorporamos en dirección contraria hasta tener que dejar el vehículo. Por ancho camino de monte bajo y joven pinar nos dirigimos hacia la sierra de La Ginebrosa. La alternancia con tramos de pista se sucede, hasta llegar al collado y encontrarnos con señales de Sendero Turístico de Aragón. Seguimos por la pista a dos aguas, camino del mirador del Pilón, alcanzando antes de llegar a él este vértice geodésico que señala la máxima altura de esta sierra, llamada como ella.


Con las últimas luces

Llegando al alto
            Justo tiempo para ver marchar el sol a dar lección a otra parte, y emprendemos el descenso al trote gorrinero hasta llegar al coche, con el que salimos ya en dirección a Torrevelilla. Desde la entrada en la pista por la carretera que veníamos de Calanda, hasta Torrevelilla, han sido 18,2 km, para andar tan sólo 5 km, en 50’ de tiempo total, del que 45’ han sido en movimiento, con 275 metros de desnivel acumulado D+ y D-. Hemos querido hacer así la ruta para incluir el Desierto de Calanda y su Convento, pero por ello nos hemos dejado otros puntos de interés, como Lo Salt. Volveremos. Volveremos para hacer una ruta más integradora y racional.




El track del Morrón de Tolocha: https://www.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=16533188


martes, 21 de febrero de 2017

Tossal dels Tres Reis y Perigañol, de mugas e interiores del Bajo Aragón Histórico

IXOS MONS
Tossal dels Tres Reis (1.351 m)
La Caixa y Perigañol (1.033 m)
Sábado, 18 de febrero de 2017



            Cambiamos de aires, y nos vamos a una de las extremaduras de Aragón, al Bajo Aragón Histórico, concretamente a tierras de Beceite, situado bajo sus puertos, de cuya frescura se beneficia, de ahí su íntima relación con el agua. El Abuzeit árabe, tierra de olivos, que seguro que alguno queda de aquel califato de Córdoba del que formó parte. Una tierra regada por un joven Matarraña, que no quiere intermediarios, que dice que desde El Parrizal se atreve con todo hasta el mismísimo padre Ebro, al que le entra, naturalmente, por su derecha, haciendo sus filigranas en la muga entre Zaragoza y Tarragona, en la cola del embalse de Ribarroja, embalses que apenas sufre a lo largo de sus casi cien kilómetros, presumiendo por ello de una buena conservación. Y a esas tierras nos vamos, previsto inicialmente con Javier, y los autóctonos Miguel y Luis, grupo enriquecido, y bien sin ninguna duda, por Juan, Rafa, Marta y Alberto. Vamos, pues.



Nueva señalización del STA
            Tossal dels Tres Reis. Sin más preámbulos, nosotros a lo nuestro, que son las montañas, y por aquí, desde luego, no van faltos. Salimos de Beceite, por el camino de Peñarroya, junto al barranco de las Oliveras, antiguo itinerario del GR 8, dando alcance al Embalse de Pena, que dejamos atrás para continuar y dar con ese nuevo trazado convertido a Sendero Turístico de Aragón. Un giro de 90º a la izquierda nos mete ya en el PR TE-155, que con indicaciones de la ermita de San Miguel de Espinalva, nos permite ir motorizados hasta dar con una sirga en el camino, que han sido casi 9 km.



Progresando por el bosque
            Desde aquí, abrazados ya al barranco de Pena, con pocas alegrías él, lo que nos permite cruzarlo en varias ocasiones sin problemas. A los diez minutos nos metemos por un sendero, que hace las delicias del caminante. Un sendero que va coqueteando con el ancho camino que nos sube a la ermita de San Miguel, con su complejo de casas en ruinas, como ella. Sin ningún valor arquitectónico aparente, está situada en un alto, con un perfecto dominio visual sobre una gran extensión de terreno, incluso del Pirineo, aunque hoy no se deje. Rodeada de buenos bancales, que duermen el sueño de los justos, destila sensaciones con un cierto aire añejo de vidas duras, que lo fueron, hasta que se hicieron imposibles. Reflexiones echando un bocado al sol.



Entrada a la ermita
            Dejamos atrás este enclave para seguir nuestro camino. Un camino que viene ya estando plagado con diversos encuentros con otro de los colectivos que gustan de los montes, de los montes que ven con caza, y con los que siempre estamos en inferioridad de condiciones. Desde luego, tienen sus razones… colgadas al hombro. Incluso podemos hablar de otro colectivo que nos encontramos, ese que tiene las suyas en forma de gruesas y agresivas ruedas, dos en la mayoría de casos, pero alguno con cuatro, siempre acompañadas de gran estruendo y gran erosión en el terreno, a cuya grupa van irreconocibles jinetes.



Tossal d'Encanadé y Hereu
            Una hora más y alcanzamos ese tozal, ese Tozal de los Tres Reyes, o Tossal dels Tres Reis, que llaman por aquí, donde confluyen las provincias de Teruel, Castellón y Tarragona, como manifiestan varios indicadores, y desde donde se tiene una más que amplia panorámica sobre lo más cercano de todas ellas, extendiéndose la vista hasta el infinito. Los Puertos de Beceite es lo más próximo que tenemos. Algo más lejano, La Caixa, con el Perigañol, nuestro próximo objetivo, y para alcanzarlo tenemos que ir bajando de aquí. Un descenso que hubiéramos hecho por un sendero cruzando las dos provincias cercanas, pero eso suponía meternos en unos tajos en los que nos podríamos ver sorprendidos por fuego cruzado.



Abrigos de piedra seca
            Desandamos, pues, todo lo andado. Llegamos a San Miguel, y debajo de él hay un desvío para bajar al barranco del Pena, que tampoco tomamos por la misma razón. De modo que problema resuelto, a volver por donde hemos venido, por un entorno abrupto, en el que la vegetación va colonizando lo que el hombre ha ido deshumanizando, esos iconos de la vida pastoril de antaño, las mas, masías, masadas, masicos… que de varias formas llaman.

          De regreso a los vehículos, contabilizamos 20,6 km de recorrido, hecho en 5h 5’ de tiempo total, del que 4h 25’ han sido en movimiento, para salvar más de 1.100 metros acumulados de D+ y D-, en una ruta exigente, pero por lugares de extraordinaria belleza.






La Caixa y el Perigañol
            Perigañol. El embalse de la Pena apacigua las aguas del río del mismo nombre, y que recibe un polémico trasvase del Matarraña, que en ocasiones le deja un escaso caudal a su paso por Beceite. Regresando de la ruta anterior, y a unos 4 km antes de llegar al pueblo, paramos en un merendero que da vista a esta cuenca y a la montaña que la domina, La Caixa, o Arca, que también la llaman, una formación geológica que destaca por los cuatro costados, una enorme roca que alberga un amplio altiplano. Para ello, volvemos como algo más de un kilómetro dirección a Beceite, para dejar los vehículos y tomar el PR TE-152, que jalonado en los primeros compases por campos de olivos y almendros, comienza ya a subir despiadadamente por empinado sendero, con tramos de piedra suelta.



Pared norte, muy cercano a la chimenea de subida
            En poco más de media hora se alcanza el cruce, al que tenemos que regresar para subir al Perigañol. Pero de momento nos centramos en la ascensión a este fenómeno de la naturaleza, que desafiante nos mira de reojo conforme vamos subiendo. La cota mil coquetea con la muga entre los términos de Beceite y Valderrobres, por la que tenemos que ir discurriendo en ligero descenso, para recuperarlo al llegar al extremo NW de este macizo, por cuya cara norte te lleva el sendero, hasta alcanzar el otro extremo, el NE, donde nos encontramos la única debilidad que pone de manifiesto. Una cadena, que ha sustituido no hace mucho a una vieja cuerda con nudos, está presta para ayudar a subir, pero sobre todo, a bajar.



Chimenea de ascenso
            Entre una cosa y otra, disfrutamos de un singular paseo por su planicie, adornada por unos racimos de carrascas que rompen con la monotonía mineral. Una planicie que invita a recorrerla, a acariciarla, a dejarse imbuir por todo lo que nos ofrece, que no es poco. El embalse a nuestros pies, y unas vistas extraordinarias sobre unas tierras que a lo largo de siglos y siglos, han vivido cien batallas, porque muchas idas y venidas han soportado de gentes que las querían para sí, y no nos extraña nada, por algo sería.


Planicie cimera
            De nuevo al tajo, para bajar, ahora sí, usando la cadena. Y vuelta sobre nuestros pasos hasta ese cruce antes mencionado, para tomar el ramal que en menos de 50 metros de desnivel nos sube ya de tiro al Perigañol, habitado por una caseta de vigilancia de montes, un vértice geodésico y un abrigo de piedras con mucha mili. Foto y seguimos, pero ahora por nuevo trazado, tratando de llegar a la cresta que forman unos enormes acantilados que mantienen un vertical equilibrio sobre el vacío, ocupado por una buena cabaña de buitres que se solazan con las térmicas de una más que agradable tarde de esta cuña primaveral. Este sendero, no muy evidente en algún tramo, nos lleva hasta un repetidor de TV, al que llega un ancho camino de cemento que nos baja ya al pueblo, disfrutando a su llegada del tránsito de un Matarraña que no quiere marchar de aquí sin dejar algo de su espectacular recorrido comenzado en el Parrizal.


            De esta forma culminamos la excursión vespertina de hoy, habiendo recorrido 7,7 km, en 2h 35’ de tiempo total, del que 2h 15’ han sido en movimiento, para salvar un desnivel acumulado de 615 D+ y 715 D-.


            
            Junto con los de la mañana, han salido 28,3 km, con 7h 40’ de tiempo total, del que 6h 40’ han sido en movimiento, con un desnivel acumulado de 1.745 D+ y 1.855 D-, con una magnífica compañía, y por unos parajes para repetir.
  



El track, del Tossal dels Tres Reis:   https://www.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=16503272
El track de La Caixa y Perigañol:      https://www.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=16503306

lunes, 6 de febrero de 2017

Por las tierras del Bajo Cinca

IXOS MONS
Loma de Valderrevés (565 m)
Tozal (509 m)
Alto de los Aüts (446 m)
Sábado, 4 de febrero de 2017



            Hoy nos toca visitar las tierras del Bajo Cinca, regadas por un río de los grandes, y no sólo por su tamaño, sino por su entidad, por sus orígenes. Nace de las entrañas del mismísimo macizo del Monte Perdido, por lo que trae en su ADN lo mejor de lo mejor, y por si eso no fuera suficiente, su infancia y juventud se ven engrosadas por las esencias del Barrosa, Cinqueta, Bellós, Ara y Ésera, entre los principales. Aguas todas ellas pirenaicas, con carácter. Toda Ribagorza, todo Sobrarbe se rinde a sus pies. El Somontano lo atempera, y manso llega ya con el agua al cuello casi, casi, hasta el Ebro, no sin antes rendirse al Segre sin cambiar el paño cuatribarrado, en el que a la multiplicidad de lenguas de cada uno de los valles pirenaicos inscrita en él, a punto de morir ya se le exige aprender otra.


            Y de uno de esos valles, donde confluyen otros, también de raza lingüística, cultural, histórica… vamos, de raza, como es el del Aragón, bajamos hacia las tierras llanas, primero de la Hoya de Huesca, pasando por la Sariñena monegrina después, para llegar hasta Ontiñena, administrativamente del Bajo Cinca, pero paisajísticamente tan de Monegros, como sus vecinas de poniente. Aprovechando una jornada de menos lluvias por estos lares, nos presentamos pues en este Ontiñena, que nos recibe con sus preparativos para celebrar sus fiestas pequeñas, pero grandes para las más grandes, para las mujeres, para las aguedetas.


            

            Loma de Valderrevés. Partiendo pues de Ontiñena, nos dirigimos hacia  uno de sus extremos occidentales, donde comparte sierra con Villanueva de Sigena. Estamos hablando de Valderrevés, a cuyo punto más alto nos acercamos, al filo de esa buega, que dicen algunos, o muga que decimos otros.

Casa Estrada
            Con el amigo Antonio, paisano y buen conocedor de su territorio, emprendemos desde el campo de fútbol por el camino de Valdefelipe, y luego por el de Valdemorales, por una ancha pista agrícola bien cuidada mientras da juego a los campos de regadío, al término de los cuales, se convierte en más estrecha, en más embarrada. Todo ello por entre el paisaje más monegrino que te puedas encontrar, aliviado por enormes extensiones de campos de regadío, plantados con frutales, que esperan su madurez para empezar a dar. Poco a poco nos vamos metiendo en el barranco de Valderrevés, y al cabo de unos 9,5 km dejamos el coche para comenzar la circular.

Sendero entre romeros y jaras
            Seguimos por el barranco de Valderrevés, dejando a nuestra izquierda el de las Perdices. El paisaje está salpicado con alguna balsa, como la de Regino, que dejamos también a nuestra izquierda. A lo que el barranco hace un brusco giro a poniente, seguimos rectos ya por un sendero, que abandonamos unos metros para asomarnos a un collado, desde el que se divisa gran parte de este extenso territorio de Ontiñena, incluso del vecino de Villanueva de Sigena. Nos incorporamos al sendero, que va discurriendo entre jóvenes pinos, que rompe agradablemente con lo que veníamos viendo hasta ahora.


Sendero más ameno
            Tras pasar junto a las cuatro zapatas de una de las torres proyectadas de la antigua Aragón-Cazaril, salimos a una amplia pista, que viene de Villanueva. Ya estamos en su término, y la seguimos, encontrándonos de nuevo con ese barranco de Valderrevés, justo al entrar en una cabañera, que abandonamos al llegar a una collada, donde está el refugio de Piedrafita. Collada que hay que alcanzar para llegarnos al punto álgido de esta sierra, ya que lo hemos ido dejando en un alto a nuestra izquierda. A lomos ya de ella, incluso de la muga, en poco está ya que sin ningún indicador visible, y ningún punto más alto que el que estamos, a los 565 metros, damos por concluida nuestra ascensión.


Callados bancales
            Los romeros floridos nos acompañan de nuevo hasta esa misma collada de Piedrafita para coger el camino de los Besqueros y dejarnos engullir por la Val Larga o Valle del Coño, que figura en los mapas. Una interminable sucesión de bancales van trayendo otros tiempos a la mente y el verbo de Antonio, que va amenizando la bajada con sus historias de chicorrón, cuando pasaba semanas enteras en pequeños mas, hoy camino de la ruina, sembrando a mano, lo que actualmente está casi abandonado por no ser rentable. Varios son los barrancos que dejamos a la izquierda, el del Morrete, el del Nogal, que calladamente van erosionando estos blandos terrenos.


            Llegados al coche, volvemos a Ontiñena. El circuito completo han sido 29,5 km, con 640 metros de D+  y D-. Al tramo andando le hemos metido 2h 15’ de tiempo total, del que 1h 55’ han sido en movimiento, para recorrer 10,3 km, y salvar 350 metros de D+ y D-. Por unos montes todos ellos conocidos por nuestro acompañante Antonio, pero ahí están los mapas para centrar el tiro, ya que no lo tenía como punto más alto, no sólo de Ontiñena, sino de toda la comarca del Bajo Cinca, tal vez por no reivindicar parte de esa sierra, y de ese alto, todo ello fronterizo con Villanueva de Sigena, de la comarca de Monegros.




Terrenos que hubieran desaparecido bajo el Gran Scala
            Tozal. Salimos de nuevo de Ontiñena para acercarnos a esta cota, concebida en el imaginario popular como más alta. Más emblemática, sí. Más querida, también. Y más visitada, seguro, pero sus 509 metros de altitud la delatan como la segunda, aunque está por los cuatro costados en este municipio, dominando un vasto territorio en el que pusieron su mirada los políticos de turno promoviendo un proyecto para el que sacaron la alfombra roja, y ante el que se les fundían las neuronas al contemplar cifras como las de 4.000 hectáreas, 32 casinos, 6 parques temáticos grandes y 12 pequeños, 70 hoteles con capacidad para 25.000 personas, 250 tiendas, museos, campos de golf, 26.000 empleos directos y 65.000 indirectos, con su propio aeropuerto y terminal de ferrocarril… todo ello bajo una supuesta inversión que superaba los 17.000 millones de euros, en un municipio de poco más de 600 habitantes, en el que se preveían más de 5 millones de visitantes en los inicios y 25 cuando el proyecto se culminara, en 2020. Gran Scala. En fin, pa’echarse al monte.


Llegando al Tozal
            Y eso hacemos con el amigo Antonio, sin cuyo concurso nos hubiera sido complicado dar pie con bolo por entre tanta pista agrícola. Éste al que nos dirigimos en esta ocasión se podría decir que está en los dominios de San Gregorio, el santo patrón que protege a las gentes y los campos de este municipio. Salimos también, desde el campo de fútbol, por el camino de Valdefelipe, y luego por el de Valdemorales, hasta un punto en el que va a converger nuestro regreso, y que bien podría ser el punto en el que las ruedas den relevo a las piernas, pero dadas las horas, continuamos motorizados. Y lo hacemos por pista casi, casi al límite. Finalmente llegamos al pie del Tozal, que como su nombre indica, es un tozal que permanece enhiesto, y que para acceder a él tenemos una corta pero brava subida.


            El regreso, tras un corto tramo común, lo hacemos ya tomando el camino de los Besqueros, que ya hemos transitado en nuestra anterior incursión por Valderrevés. Nos lleva a la ermita de San Gregorio, nombrado anteriormente. Nos detenemos para contemplarla de cerca. Se trata de un conjunto eremítico bien cuidado, con gran explanada y cubierto que alberga cantidad de mesas y bancos en los que se reúnen los paisanos en el día de la fiesta, en torno al 9 de mayo.


            Avanzamos para llegar al embalse del mismo nombre, punto terminal de una de las acequias del canal de los Monegros, y que recoge las aguas que enriquecen los campos próximos, pasando del “miro al cielo a ver qué pasa” de los secanos, a llenarlos de frutales con sus lonas anti granizo. Seguimos con nuestro regreso hasta pasar tangencialmente con el punto antes mencionado e incorporarnos al poco a ese Camino Viejo de San Gregorio, que nos devuelve al pueblo.


            En esta segunda incursión a estas sierras, el recorrido completo ha sido de 32 km, con 460 metros de D+ y D-. El tramo andando ha sido muy, pero que muy breve, casi vergonzoso, apenas 150 metros con 17 metros de D+ y D-, en 5’. De haber dejado el coche en ese punto en el que converge la ida y la vuelta, salen 16,6 km, y 250 metros de D+ y D-, valores algo más razonables.
  


Monumento
            Alto del Aüts. Para este tercer hito de la jornada, partimos de Mequinenza, cruzamos el Ebro al tiempo que el Segre se encauza en él, y tomamos la A-1411 hacia el sur. Pasamos junto a ese monumento a los muertos de la sinrazón, a los muertos de una guerra fratricida, junto al lugar donde se inició el primer combate de la que sería la batalla más larga y cruenta de la contienda civil del siglo pasado.  


Caminos de cochins
            Continuamos unos kilómetros, coincidiendo con algún tramo del GR 99, ese Camino Natural del Ebro que lo acompaña desde su nacimiento hasta su desembocadura. Guiados por las coordenadas, nos metemos en una pista a mano derecha, a cuyo término, en breves, dejamos el coche y nos echamos al monte en busca de este nuevo objetivo. Sin caminos, sin senderos, en plan cochín, conseguimos llegar a él. Se trata de un alto, que lo disimula bastante bien, en cuya planicie se encuentran unas tablas de labrados campos, y que en uno de sus cantos se encuentra el vértice geodésico.


            El entorno es de monte bajo con vegetación mediterránea, entre la que no siempre es fácil el tránsito. Breve vistazo alrededor y vuelta por donde hemos venido, llegando al coche a media luz, o menos. Hemos contabilizado 55’ de tiempo total, del que 50’ ha sido en movimiento, para completar los 2,8 km de ida y vuelta, y hacer 150 metros de D+ y D-.
  



            Una jornada vivida plenamente por las tierras del Bajo Cinca. Sí señor.