domingo, 13 de marzo de 2016

Puy Moné, y su cordal

IXOS MONS
Puy Moné (1.302 m)
Domingo, 13 de marzo de 2016



        Al sur de la Sierra de Santo Domingo, y mediando entre ella unos barrancos en los que la vida silvestre vive muy cómodamente, aupada en terrenos de conglomerados, que delatan un pasado fluvial, se encuentra otra sierra más modesta, más humilde, más callada, pero con vocación de agradar, con vocación de gustar, con vocación de mostrarte todos sus encantos, los propios y los que ella también contempla desde su privilegiada atalaya. Abrazada por los dos Arbas, tras rebosar la reconquista las líneas pirenaicas, hace más de mil años ya, comenzando a extenderse cual mancha de aceite en pos de la tierra llana, aún le quedó algún escollo para llegar a ella. Tierras duras, agrestes, tierras de transición, que hoy se quieren reconciliar con el visitante para ofrecerle lo mejor de ella, sus pacos, sus solanas, pinares, hayedos, robledales, bojes, acebos... y unas vistas inmejorables sobre el Gran Norte. Hoy, con Antonio, del CM Fañanás, perfecto conocedor de estos montes y con vocación también de darlos a conocer, hemos hecho una bonita circular, desde Luesia hasta el Puy Moné, pateando todo su cordal.


Fuente Isicar
           Luesia. Diez de la mañana. Siete grados. Mañana serena, fresca, despejada, valiente. Esto promete. Partimos andando desde la misma villa, para degustar del encanto de sus calles y casas, conformadas en torno a su milenario ya castillo. Salimos por la parte norte para encaramarnos ya de arranque por una senda que se aúpa a base de escalones, que gozan de los hielos matinales, por cierto. Una senda que no para de subir para mirar por encima del hombro al barranco de la Val. Vamos en pos de la ruta botánica, que se adentra por bosque de pino prestado, en el que empieza a dominar la carrasca, que tanta paz transmite.


Caminos de blanco satén
            En cuarenta minutos, llegamos a un claro en el que habita la fuente Isicar, que apenas lagrimea arremolinada entre elementos viejos y nuevos no en muy buena armonía. Entramos de nuevo en el bosque, por una senda que se deja querer, y que en poco ya comienza a albergar nieve. Otra media hora larga y dejamos el sendero para tomar otro a mano derecha, que nos introduce en el Fayar de Gozapano, donde la magia se viste de haya, y te envuelve y te envuelve, dándote pocas opciones más sobre el auténtico disfrute de andar entre ellas, así como de los gigantes acebos que conforman el llamado “esconjuradero de las brujas”.

El Pirineo aparece de golpe
            El sendero nos deja en la pista, que nos conduce al collado de las Neveras, un verdadero cruce de caminos, en el que nos detenemos porque hay varios puntos de atención. Plagado de indicadores, vemos que estamos en la Senda Correo, llamada así por su tránsito en la antigüedad desde Luesia hasta Biel. Nos encontramos también el GR 1, o Sendero Histórico, al que nos abrazamos, y al que le preguntamos, sin recibir respuesta, si va o viene de Biel a Petilla de Aragón. Y cuando terminamos de mirar en corto nos apercibimos de que estamos en un lugar dando vista ya a los montes pirenaicos, vestidos de novia por las últimas y recientes nevadas. La calima del ambiente nos presenta una imagen en el degradé de los muchos horizontes que se perfilan, destacando los unos sobre los otros. Aunque lo que destaca de veras es la Sierra de Santo Domingo, que pide a gritos su protagonismo visual.

Pirineo Occidental coronando las Peñas de Santo Domingo
            Aupados ya al cordal, pasamos por las Ripas Altas, cuyas faldas hacia el norte dejan al descubierto unos enormes y descarnados barrancos protagonizados por conglomerados, que dan una idea de las vueltas geológicas que ha dado el terreno. Sin quitarnos esos bellos paisajes de encima, y en un franco ascender, llegamos al Puy Fonguera, que con su topónimo vinculado a los hongos, alberga una mesa orientadora, y es porque la primera línea del Santo Domingo deja entrever a su poniente todo el Pirineo Occidental, particularmente desde el Ezkaurre, Peña Forca, Lenito, Peña Valencia, Agüerri, Bisaurín, Fetás, Bernera, Llenas de Bozo y Garganta, Aspe, Tortiellas y Collarada, habiendo dejado asomarse a lo más alto del Midi d’Ossau. Todo ello como puntillas blancas por encima de las Peñas del Santo Domingo, una auténtica sierra que entre sus dientes permeabiliza el paso norte-sur, como lo viene haciendo desde que el ser humano habita y transita por estos territorios.

Panel orientador en el Puy Fonguera
            Dejamos al GR 1 que vaya a sus quehaceres, y seguimos lomeando. Pasamos por el Puy del Cabo Bal, que con sus 1.312 metros es el punto más elevado de esta sierra, aunque al igual que el anterior, no tiene el carisma de la siguiente cima, la menor de las tres, pero indudablemente en la que se fijan todas las miradas, el Puy Moné, de 1.302 metros, que alberga una caseta saturada de antenas y placas solares a juego, y que en una loma contigua, alcanzamos tras bajar una pequeña vaguada y volver a subir hasta su cumbre.

Desvío para el Val de Aragüés
            Compartimos cima con los airados cierzos que reinan por estas alturas. También con infinitos espacios abiertos a los cuatro costados. Breve parada para echar una fruta al cuerpo y tras las siempre interesantes indicaciones de Antonio, comenzamos el regreso pellizcando otra loma distinta a la de subida, para entrar en el Bal de Aragüés, y tras un tramo de más incómodo pisar, alcanzar el llamado Plano Alto, donde unas decenas de vacas nos ven pasar con la mayor de las indiferencias. Aquí tomamos la pista, que ya no abandonaremos, tras pasar por el campo de fútbol, hasta la entrada al pueblo, donde inhiesto nos aguarda ese robusto torreón del castillo que seguro ha vivido tiempos mejores.

            En total, 16,5 km, recorridos en un tiempo total de 4h 55’, del que 3h 50’ ha sido en movimiento, para ascender del orden de 875 m D+, en una mañana súper en la que nos hemos adentrado en las entrañas de estos montes, en buena compañía.
  




miércoles, 2 de marzo de 2016

Collado del Tío Francisco, en Algairén

IXOS MONS
Collado del Tío Francisco
(1.034 m), en Algairén
Miércoles, 2 de marzo de 2016


            Al norte del Sistema Ibérico, perteneciente a él, pero con entidad propia, se extiende la Sierra de Algairén. Podríamos decir que hace de nexo entre él y el llamado Somontano Ibérico, que entre otras tierras alberga esas tan codiciadas del Campo de Cariñena, donde el agua se convierte en vino, con el permiso del sol y de las piedras. Todo eso al sur, pero al norte se encuentra la localidad de Alpartir, a pocos kilómetros de La Almunia de Dª Godina, capital de la comarca de Valdejalón.

Señalización al comienzo
            Por Alpartir pasa el río del mismo nombre. Río que como Tiernas nace en esta sierra y desemboca en el Jalón. Por el Valle de Alpartir o de Tiernas nos adentramos desde la población, haciendo el primer tramo en vehículo. El camino está razonablemente bien transitable, aunque deja ver los destrozos de las últimas grandes avenidas en marzo pasado, que obligó a cambiar los itinerarios en el Día Nacional del Senderista FEDME, organizado por la FAM, quien delegó en Os Andarines d’Aragón, con la colaboración de la Asociación La Butrera.

          A unos 6 km llega a su término la pista, en el lugar llamado la Erilla. Hemos venido junto al barranco, y cruzado varias veces, y hemos sido testigos de la cantidad de terreno otrora cultivado y hoy abandonado, según nos cuenta Luis Berdejo, de la citada asociación, que hoy nos acompaña.


Primeros compases del sendero
            Tomamos el PR-Z 15, que une Alpartir con Cosuenda, y que recorreremos hasta el collado del Tío Francisco, que con sus 1.034 metros es su máxima expresión. Entre tanto llegamos, vamos disfrutando del entorno. Un entorno que invita a formar parte de él, porque recuerda el significado en árabe del término Al-Partir, “regalo”. Y verdaderamente lo es, y así está reconocido internacionalmente. Nos metemos por el Valle de Tiernas, que forma parte de un Espacio Natural Protegido bajo la categoría de LIC (Lugar de Interés Comunitario), integrado en la Red Natura 2000, que engloba los espacios naturales más singulares de Europa.

            El abandono de los cultivos a lo largo del río ha propiciado que la espesa vegetación vaya reclamando su espacio, haciendo muy difícil salirse del sendero Un sendero perfectamente definido, de cómodo pisar y que invita a no perder detalle visual de los alrededores. La profusión de pinos, carrascas, enebros, nogales, fresnos, serbales, arces, acebos, rusco, jara, hiedras, musgo y líquenes, verdaderos testigos de las buenas condiciones medioambientales mantenidas en este ecosistema, es realmente prodigiosa.


Peña Mala
            Pasamos junto a la casa de José Mª Benedí, en otro tiempo cuidada, y hoy en franco abandono. Valle del Amor, nombre que se le dio a un lugar concreto, que fue escenario de una comuna hippie hace unas décadas. Salimos del término de Alpartir para seguir por el de Tobed (Comunidad de Calatayud). Andamos abrazados al riachuelo, que nos muestra su cara más humilde, pero que cuando se desboca tiene su genio. Vamos dejando barrancos a uno y otro lado. Barrancos formados por las escorrentías de la montaña y por los peñascos que las forman. Uno de ellos, La Peña Mala, es una muela característica, y ya nos tiene en su radar. Bajo ella pasamos y atrás la dejamos, como también entradas a viejas minas que por aquí abundan.

Leñador y carbonero, oficios perdidos
            Fuente La Teja, a partir de la cual volvemos a entrar en el término de Alpartir, en el denominado Monte de Mosomero. Por el camino nos vamos encontrando pequeños murales anunciadores de fauna: cabra hispánica, corzo, jabalí, zorro, buitre, águila perdicera, búho y una rica variedad de avifauna de pequeño tamaño que hace las delicias del caminante. El sendero va burlando el ancho camino, estando tanto el uno como el otro en propiedad privada, pero al ser camino de viejo se está obligado a respetar el paso. Un paso que hacemos entre gran cantidad de enormes ejemplares de carrasca, empleada en otro tiempo para leña y carbón, según me cuenta Luis, cuyo padre tuvo por buen oficio el de leñero. Todavía se pueden ver esos espacios dedicados a las carboneras, en un monte que seguro estaba mucho más pelado que ahora, y en el que la vegetación va colonizando su espacio.

Casa Mosomero
            Casa de Mosomero, o de la Vda. de D. Pablo Gil, como aparece en algunos mapas. Hoy guarida de cazadores. Fuente de Valdejordán, lugar frecuentado para echar un bocado junto a sus frescas aguas. A partir de este lugar se comienza a ver el desnudo roble, y es algo que da tiempo a contemplar, porque el sendero comienza ya a empinarse, teniendo que aflojar la marcha. En poco más de media hora nos presentamos en el collado, que hace de muga municipal y comarcal, además de climática. Estamos en el llamado collado del Tío Francisco, a 1.034 metros de altitud, desde donde dejamos a este PR-Z 15 que marche a tierras más cálidas, a Cosuenda.


Las Neveras
            Hacia el SW, las Neveras. Hacia el NE el Cerro del Espino y la Sangarba, hacia donde nos dirigimos unos metros, hasta que el sendero nos deja en el camino, que pronto abandonamos. Nos tiramos de nuevo por un sendero, dirección norte, para bajar por otro itinerario, pero hacia el mismo fondo del valle de Tiernas. Grandes ejemplares de chinebro jalonan el sendero, y carrascas, tomillos, retamas, orégano también. En primavera esto promete.


            Este distinto sendero que tomamos a la vuelta nos deja en la casa de Mosomero, y a partir de aquí a desandar lo andado, hasta el vehículo, donde termina este extraordinario paseo que ha cubierto una mañana de monte por unos parajes cuya visita recomendamos fervientemente. En total, han salido 11,8 km, recorridos en 3h 20’ de tiempo total, del que 2h 45’ han sido en movimiento, para ascender un desnivel de en torno a 600 D+, en buena y didáctica compañía.
  



martes, 1 de marzo de 2016

Por tierras montisonenses

IXOS MONS
Cruceta d'Alins (826 m)
Valdelamella (654 m)
Terreu (476 m)
Lunes, 29 de febrero de 2016



            Continuamos con nuestro periplo en pos del conocimiento de otros territorios menos frecuentados, por no decir nada. En esta ocasión le toca a las tierras templarias de la redolada de Monzón. Con el amigo Santiago Solá, del Club Montisonense de Montaña, que agradecemos su esfuerzo, vamos a visitar unos montes cercanos, y a comprobar de primera mano cuánto de bien han hecho estas últimas aguas que han caído en esta campiña.


Fuente renacentista, en Fonz
            Partimos de la localidad de Fonz, cuyo nombre ya nos sugiere algo. Fuente, fuentes, aguas, y no es de extrañar, porque está al pie de unas sierras calizas que filtran las aguas de las generosas lluvias y que por algún sitio tienen que salir… Y no es que salgan por el pueblo, no, es que el pueblo, fue fundado donde ellas se encontraban. Y es algo que atestiguan los yacimientos arqueológicos de la Edad del Hierro y del Bronce. Mucha historia, y en ocasiones convulsa, la que tiene esta localidad, y que con orgullo lleva. Es algo de lo que te puedes impregnar en un sereno paseo por sus calles, contemplando sus casas palaciegas y sus fuentes renacentistas.

Arrancamos por el GR 18
            Pero vamos a lo nuestro. Los GRs son senderos de Gran Recorrido que vertebran el territorio. En concreto el GR 18 es el de La Ribagorza, pero cuyo extremo sur está enclavado en esta localidad, en la actualidad del Cinca Medio, aunque históricamente vinculada a su vecina norteña. Por él salimos, y pronto comenzamos a formar parte de este rico “…paisaje compuesto por diversos ecosistemas, que van desde campos de secano donde se cultiva el cereal, almendros y olivos, hasta la abundancia de vegetación y masas boscosas, compuestas por pinos, carrasca y boj…”, según reza en un panel informativo a la salida del pueblo, y que no tardamos en comprobar personalmente.

Verde campiña
            Dejamos atrás el desvío para el Balcón del Cinca, y posteriormente el del Volcán, que nos aguarda a nuestro regreso. Poco a poco, nos dejamos engullir por el paisaje del solitario valle de Palau, habitado por viejas pardinas, algún campo cultivado, balsas, y tranquilidad, mucha tranquilidad, tanta que entre ella andamos. A destacar la Torre Balero, y la Basa Fechina, en cuyas proximidades arranca el GR 23, que recorre La Litera. Nosotros seguimos fieles a nuestro GR 18, que comienza a empinarse en busca de la Cruceta d’Alins, a cuyo collado llegamos habiendo subido como 150 metros de desnivel, por un sendero muy bien trazado y marcado.

Sierra de La Carrodilla, con el Santuario
            Una vez aupados a esta cota, se abre a nuestra vista la Sierra de La Carrodilla, en todo su esplendor, sierra presidida por el Santuario de la Virgen del mismo nombre. Por esta extraordinaria atalaya ya pasamos de regreso del Buñero, máximo exponente de la citada sierra. A poniente tenemos este monte de la Cruceta, al que hemos de subir, y por el que nos peleamos, sin salir indemnes en la refriega, con las ramas de mil y un arbustos que a falta del ramoneo del ganado, campa a sus anchas cerrando cualquier atisbo de sendero. Sea como fuere, conseguimos llegar a lo que parece su máxima altura, lo que nos permite un paseo visual por los 360º, y más porque no hay.

Valdelamella y Volcán
            Volvemos sobre nuestros pasos y arañazos, la coscoja no perdona. Collado, y bajamos al punto de partida de esta subida, donde recordamos, arranca el GR 23 dirección Alins. Torre Balero, y antes de llegar de nuevo a Fonz, tomamos el desvío indicado para la Mina Flores, Volcán y Ojo de la Fuente, que seguro tienen su atractivo, pero que por falta de tiempo hemos de dejar para otra ocasión. La Mina Flores, según reza en un pequeño cartel, es una “Galería abovedada de origen árabe, anterior al siglo XII, atribuida al moro Flores. En 1848, aprovechando el túnel excavado, el municipio proyectó trasvasar el agua de un valle a otro, hasta el pueblo… El manantial de donde se quería obtener el agua, es el mismo que abastece a Fonz, y es el llamado Ojo de la Fuente…”. Seguimos nuestra ruta, y en poco más nos cruzamos con el Valdelamella, formado entre el monte que a falta de nombre en los mapas así bautizamos, y cuyo topónimo proviene de la gran profusión de almendros que seguro hubo por aquí en la antigüedad; y el Volcán, llamado así este último por la aparición ocasional de alguna fumarola producida por el contraste de temperaturas.

Un lujo de entorno
             Nos disponemos pues a subir al Valdelamella, una prominencia de menos de 70 metros, pero cargados también de naturaleza viva. Buscando trazas de sendero, que no siempre conseguimos encontrar, finalmente alcanzamos su máxima altura, que dejamos marcada con un generoso hito. Este monte, más al sur que el anterior, nos da vista ya al somontano de este Fonz, que también se deja ver. En su base, campos de cereal, de todas formas y tamaños nos ofrecen una refrescante vista de fosforito y esperanzado verdor.

Bajada por el mismo sitio, o eso pretendemos, y a través de Valdelamella regresamos a Fonz, donde terminamos este primer circuito tras 17,9 km, a los que le hemos dedicado 4h 50’ de tiempo total, del que 4h ha sido en movimiento, con un desnivel acumulado de 820 m.



Comienzo del Terreu
            Cambiamos de escenario. Nos dirigimos a poniente de la comarca. Salimos de Monzón por la A-130 y al poco tomamos la A-1223 dirección Berbegal. En el km 5 nos desviamos a la izquierda para ir a Monesma, y siguiendo por la carretera, cada vez más deteriorada, llegamos hasta las vías del tren. No las cruzamos y seguimos paralelos a ellas, hasta el puente que pasamos por encima, y en 2 km más llegamos a una entrada a la izquierda, donde podemos dejar los vehículos. En total, 18 km desde Monzón.

Atalaya norte del Terreu
          Estamos al pie de Terreu, un altozano que ha recogido las gravas de un Cinca que ha sabido cavar su territorio. Un altozano pasto de los cierzos más airados, que linda con el Somontano de Barbastro, con quien comparte paisaje. Un altozano con el que vamos a concluir nuestras andanzas por estas tierras. A través de una ancha vaguada, que acoge blandos materiales erosionados por las aguas y el tiempo, pinos, muérdagos y matorrales aromáticos, vamos subiendo hasta alcanzar la cornisa norte, que nos da vista a la enorme depresión del Cinca.

Cumbre del Terreu
            Siguiendo por el camino pronto divisamos el vértice geodésico, al que llegamos ya sin sendero aparente. Está aupado sobre una zapata de cemento de varios metros de altura, lo que le da juego para divisar el lejano horizonte a los cuatro costados. Curiosamente  está acompañado por un gran montón de ordenadas piedras, de planta cuadrada, que va soportando los rigores del tiempo. Nos gustaría completar el circuito con la visita a la Muela de Terreu, en el extremo sur, pero será en otra ocasión. De modo que damos por concluida la visita, tras un breve recorrido de 5,2 km, con 1h 10’ de tiempo total, del que 1h ha sido en movimiento, para ascender 145 metros.


            En total han sido 23,1 km, con 6h de tiempo total, del que 5h han sido en movimiento, para salvar un desnivel acumulado de 965 metros, en una jornada entre vientos y soles, pinos y coscojas, romeros y tomillos, sobre terrenos calizos que juegan con las aguas, y con un lujo de compañía. Para repetir. Sí.
  




El track de la Cruceta y Valdelamella, en: http://www.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=12434094

martes, 23 de febrero de 2016

X Día del Raquetista FAM

RAQUETAS
X Día del Raquetista FAM
Domingo, 21 de febrero de 2016



        La víspera quisimos hacer el recorrido de reconocimiento, para evitarnos sorpresas, pero aun así y todo, no nos las hemos evitado, porque el aumento de temperaturas ha hecho verdaderos estragos. Ayer, que prácticamente todo el trayecto estaba cubierto de nieve, ya no era lo mismo al regreso, pero es que hoy estaba verdaderamente irreconocible aun en la ida, pero es que en la vuelta todo lo que no era el barranco de acceso al ibón, estaba ya completamente transformado. El fagüeño ha entrado hambriento de nieve. Es lo que tenemos.



            Promovido por la FAM, el CP Mayencos, con motivo de su 60º Aniversario, ha celebrado el X Día del Raquetista en el incomparable marco del ibón de Estanés, al que han asistido más de 120 participantes venidos de diversos rincones de Aragón, pero especialmente de Zaragoza.

Chorrota del Aspe, al pie del macizo del mismo nombre
            Con el fin de obtener una progresión más cómoda para todos, se organizan tres grupos, en los que cada uno va buscando su propio ritmo. La jornada da comienzo en el aparcamiento de Sansanet, en la vertiente francesa del puerto de Somport, para introducirnos directamente en el bosque. La salida del mismo coincide con la muga, de modo que ya por territorio nacional, alcanzamos una perfecta atalaya para admirar a nuestra izquierda la chorrota del Aspe, que canaliza las aguas de la vertiente norte de este espectacular macizo. Siguiendo un poco, llegamos a confluir con el itinerario actual del GR 11, justo a la entrada del barranco, lo que nos obliga a cruzarlo para atravesar un pequeño plató y comenzar la ascensión por unas rampas con relativa dureza hasta llegar a terreno más cómodo y presentarnos ya en un alto ante la blanca y dormida cuenca del ibón de Estanés, que luce una lámina helada en más de la mitad de su superficie.


Progresión a la salida del bosque
            Para hacer tiempo a que vayan llegando los más rezagados, los primeros en hacerlo bajan hasta sus orillas, verdadera meta del recorrido. Otros prefieren quedarse en el alto que domina todo este ambiente invernal de suaves lomas redondeadas por la nieve caída estos días atrás. Foto de grupo y comienzo del regreso, en el que ya sin grupos establecidos, cada uno a su ritmo va bajando por el mismo itinerario. El descenso se hace grato por lo que es el barranco, pero al llegar al Puntal del Tacho, y comienzo del bosque las altas temperaturas reinantes han transformado completamente la nieve, haciendo más dificultoso el caminar, sólo superado por el buen ambiente reinante y la ilusión de haber pasado una más que agradable jornada invernal en la montaña, con un ambiente de pleno sol.


             Ha habido participantes expertos en la progresión con raquetas, y otros que era su primera vez, y que se han atrevido con este itinerario un tanto exigente, pero igual unos que otros, han salido contentos con la organización de otro evento con el sello indiscutible del CP Mayencos, y todo gracias al extraordinario elenco de voluntarios de la Sección de Montaña del propio club y del grupo de Andarines del Club Atletismo Jaca. La jornada finaliza con una comida de convivencia en un establecimiento de Villanúa, y la marcha de los participantes a las tierras bajas.


           Las sensaciones siempre por encima de los datos, pero también son importantes. Sin llegar hasta la misma orilla del ibón, han sido 8,4 km, en los que en la víspera se han invertido 3h 20’ de tiempo total, del que 2h 20’ han sido en movimiento (4h 40’ de tiempo total el día de la celebración), para hacer 560 metros de D+. 



                        https://picasaweb.google.com/chematapia/XDiaDelRaquetistaFAM



jueves, 4 de febrero de 2016

Mirador Monte Alto vs Esteban

IXOS MONS
Monte Alto (710 m)
vs Esteban (747 m)
Miércoles, 3 de febrero de 2016



    “La mejor solución para la conservación de nuestros bosques, la más sostenible y eficaz, pasa por recuperar las actividades agropecuarias y forestales tradicionales. Por potenciar el sector primario. Por aprovechar la madera, entendiendo de una vez por todas que es un recurso renovable; por regular los aprovechamientos de setas y frutos; por impulsar la utilización de la biomasa para generar energía; por recuperar el pastoreo y las explotaciones de corcho y resina...”.

Montes regenerados
            Sabias palabras de expertos en incendios forestales, sus causas, consecuencias y soluciones. Según estas mismas fuentes, vivimos en un paisaje inflamable, que antes o después arderá, y debemos estar preparados para ello. Con el abandono del medio rural a partir de mediados del siglo pasado se ha dejado al monte a su libre albedrío, incrementando, de manera drástica, la cantidad y permanencia de combustible, que junto con el comburente son los dos elementos imprescindibles para la ignición. El combustible, la vegetación, es un auténtico polvorín.

Rutas didácticas
            “Hay que tomar medidas encaminadas a que los bosques vuelvan a ser rentables, y medidas audaces, valientes, como el uso del fuego como herramienta para reducir el combustible. Y todo ello en el marco de una gestión forestal que siga los principios de la multifuncionalidad y que garantice un correcto ordenamiento del territorio”. Siguen diciendo los expertos. “No es fácil, pero si se consigue esto no sólo se mantendrá el combustible en niveles más sostenibles, sino que también se reducirán las igniciones. Si el monte da dinero a los pueblos, se crearán puestos de trabajo, se fijará población al territorio y no habrá interés en quemarlo. Sólo así podremos convivir con los incendios forestales”. Son algunos de los párrafos extraídos de escritos de diversos expertos en la materia, y que podemos concluir con que es conveniente dar un poco de luz sobre el catastrofismo de este fenómeno, ecológicamente hablando. La clave está en una correcta gestión de los montes, plantando especies autóctonas, pegadas al terreno, maridaje perfecto para una mayor resistencia al fuego. Sin olvidar nunca la capacidad de regeneración propia del monte, del bosque, de toda la vida que albergan.

Desde el mirador de la Mula
            Hoy tocaba echarla por los montes de Zuera, en los que conviven campos de cultivo y bosque mediterráneo. Nos acercamos hasta el monte Esteban, en el que se yergue aparataje militar de telecomunicaciones rodeando lo que es el vértice geodésico. Allí nos acercamos, y de la valla no pasamos. De modo que nos tenemos que conformar con uno de los miradores habilitados en lo que han dado en llamar Ruta del Bosque y del Fuego. Un binomio tristemente inseparable, y que hay que tratar de desligar a base de gestión de los montes y de información a los ciudadanos sobre los riesgos que contraen ciertas prácticas.

Paneles informativos
            Tomando como referencia el gran incendio (GIF) de 2008, este proyecto, de la Dirección General de Gestión Forestal del Gobierno de Aragón, y en el que han colaborado el Departamento de Geografía y Ordenación del Territorio de la Universidad de Zaragoza, y los ayuntamientos de Zuera y Castejón de Valdejasa, a través de unas sencillas y bien señalizadas rutas, nos acerca a ocho enclaves donde encontraremos mesas interpretativas, paneles y miradores con amplias vistas panorámicas hacia los alrededores. En concreto, desde el del rodal de Monte Alto alcanzamos visualmente las nevadas cumbres pirenaicas.

            Cortos y amables itinerarios didácticos que nos conciencian sobre nuestra relación con los montes, sobre la incidencia del ser humano en el bosque, sobre los incendios, sus causas, su impacto, sobre la extinción y labores posteriores de recuperación, y que nos deben llevar a una armonización con el medio, porque no hay que olvidar que formamos parte de él.