martes, 19 de marzo de 2019

Los Capitiellos, la sierra de los 72 dientes

IXOS MONS
Los Capitiellos (942 m)
Martes, 19 de marzo de 2019



            “Se trata de una alineación geológica, formada por areniscas, que discurren de forma continuada desde las proximidades de Ulle hasta Sabiñánigo. A lo largo de varios kilómetros se pueden ver pequeños promontorios sin apenas vegetación, cuyo suelo de areniscas tiene una tonalidad gris. A lo largo de miles de años han sido erosionados hasta ir conformándose la forma ondulada que vemos hoy en día”.

            Texto extraído de un documento del Ayuntamiento de Jaca, al que pertenecen parte de los pueblos por cuyas proximidades se pasa. Y ahí hemos estado hoy, porque la salida planteada era mucho más ambiciosa, pero este frente frío en los estertores del invierno nos ha traído mal tiempo por la montaña, de modo que nos hemos marcado esta salida doméstica.

Aspecto de Sabiñánigo

Señalización reciente
            Esta curiosa formación geológica podríamos decir que separa la llamada Val Ancha de la Val Estrecha. La primera es la que conecta Sabiñánigo con Jaca, y que tiene su continuidad en la Canal de Berdún. Y la segunda es un coqueto valle interior entre los Capitiellos y la sierra que da al sur. Esta última alberga pequeños núcleos, todavía vivos, como son Sabiñánigo Alto y Sasal en el término de Sabiñánigo, y Jarlata en el de Jaca, aunque también Navasilla y Navasa, también de Jaca, algo más alejados de nuestra ruta.

Salagón

Noticia del Camino de Santiago por el Alto Gállego
            Por esta Val Estrecha están marcados los senderos del Camino de Santiago por el Alto Gállego, que discurre desde el paso fronterizo del Portalet hasta unirse al del Somport en Jaca; y el Camino del Pastor, que une Jaca con el Santuario de Santa Orosia en Yebra de Basa, y que se cuenta fue el que recorrió Miguel de Guasillo, aquel pastor al que se dirigió un ángel para decirle que recogiera el cuerpo de la santa y lo llevara a la catedral de Jaca. Pero ambos están señalizados por la carretera que recorre la Val Estrecha. Nosotros nos echamos al monte.

Sabiñánigo Alto

Sasal
            Si queremos hacerlo solo en un sentido, hemos de disponer de dos vehículos, uno al principio y otro al final. Hemos decidido hacerlo en sentido E-W, de modo que tras dejar uno de ellos en el desvío de la carretera de Navasa, vamos con el otro hasta el túnel que atraviesa esta formación geológica y que está encima de Sabiñánigo Alto, muy cerca ya de la capital del municipio y de la comarca del Alto Gállego. Una vez allí, si queremos hacerlo entero nos tenemos que dirigir hacia el comienzo, junto a Sabiñánigo, esa gran población surgida hace algo más de 100 años, cuando a finales del siglo XIX se trazó la línea férrea del Canfranc, y con ella la estación, en torno a la cual se fue afianzando un pequeño núcleo industrial.

Entre la tierra y el cielo

Asombrados ante el tajo de Sasal
            Bueno, a lo nuestro. Una vez llegados hasta el comienzo de esta gran columna vertebral de varios kilómetros comenzamos la andada, volviendo sobre nuestros pasos para continuar por la gigante cresta, que hasta las proximidades de Sasal ofrece su cara más salvaje, con montículos más relevantes, tanto para subirlos como para bajarlos, y es algo que confirma la ausencia de sendero, estando por la base, junto a los campos.


Navasilla y Navasa a la vista. Peña Oroel encima

Extensos campos en la Van Ancha
            Sí, porque al norte de los Capitiellos se encuentra un pequeño valle, más todavía que la Val Estrecha todavía, que alberga campos al abrigo de otra formación que tiene la misma vocación que la nuestra, pero que no llega a tanto. Como decimos, una vez llegados a Sasal, la orografía se apiada de nosotros con promontorios más suaves, pero que representan un absoluto rompe piernas, de hecho el subtítulo de la entrada no es vano, incapaces de llevar la cuenta, ha sido el perfil del track el que ha denunciado los 72 dientes de la sierra. Una sierra en la que nos encontramos 3 cortes artificiales, uno por cada uno de los dos pueblos que alberga, Sasal y Jarlata, para cruzar a los campos, y otro entre ambos para la conducción del gas. Y así, subiendo y bajando, llegamos hasta la carretera de Navasa.

Tarjeta de visita de Sasal

            Pues no ha dado mucho más de sí la mañana. Al final, han salido algo más de 11 kilómetros, que hemos recorrido en 3h 35’ de tiempo total, del que 3h 10’ han sido en movimiento, y con más de 600 metros de desnivel acumulado D+/-… que para no tener apenas diferencia de cota entre el inicio y el final, no está mal.



lunes, 18 de marzo de 2019

Santo Domingo, las ralleras de Longás

IXOS MONS
Santo Domingo (1524 m)
Domingo, 17 de marzo de 2019



         “El anticlinal cabalgante de Santo Domingo, y su posterior erosión ha dejado en resalte las famosas “rallas” de Santo Domingo, estratos verticales calcáreos en alturas superiores que provocan, además, las típicas inversiones térmicas de ambientes húmedos a cotas inferiores, desarrollando formaciones vegetales de gran valor ecológico (hayedos), hábitat de un gran número de especies como el quebrantahuesos, el águila real, el milano negro o el buitre leonado”.

Ralleras de Santo Domingo

Longás desde el camino
            Párrafo extraído del folleto turístico recién editado por el ayuntamiento y que conocíamos a través del alcalde de Longás, que amablemente nos mostraba al cruzarnos con él a la vuelta de nuestra salida de hoy. Una salida más del calendario de actividades del CP Mayencos de Jaca, y que 8 socios y amigos hemos llevado a cabo en la jornada de hoy, subiendo al Santo Domingo, cumbre de la sierra homónima y de la comarca de las Cinco Villas. Una zona inédita para nuestro club, y que para alcanzar su techo se ha seguido el itinerario mostrado en el libro “100 cimas, 100 paisajes. Aragón comarca a comarca”, de Prames Publicaciones.

Parroquial de Santa María, siglo XIV

Casa a la entrada del pueblo
            Una interminable pista, cuyo asfaltado es largamente demandado por los vecinos de esta localidad, la une con la carretera del puerto de Santa Bárbara. Es por donde accedemos al pueblo, dándonos por saludados por el puente románico de su entrada y que, como él, encontramos callado, tranquilo, pareciera como inmerso todavía en su dilatada historia medieval, en una historia comenzada a escribir en el año 938 en unos documentos del monasterio de Leyre, al que pertenecía el territorio, pero que se remonta a mucho antes, ya que fue poblado por tribus prerromanas, como la suessetana, incluso tiene en sus alrededores yacimientos neolíticos, en el Corral de Mayayo, y de la Edad de Bronce en el Corral Solano Bajo.

A punto de salir

            Con total respeto a tamaño pedigrí comenzamos nuestra andadura antes del toque de nueve de la mañana. Atravesamos el pueblo, Ayuntamiento, Hostal Os Tablaus, Casa Lerrero, y salimos ya por un ancho camino que pronto abandonamos para tomar una senda a nuestra derecha, colgada sobre unos campos otrora más aprovechados que ahora. Al poco se cruza el incipiente río Onsella, que nace de estos barrancos de los pacos de Santo Domingo, aunque es el de Fuenmayor el que se arroga la paternidad, y que en los primeros kilómetros de sus 45 presto se dirige a dar nombre al territorio: Bal d’Onsella, le llaman, y que finalmente se rinde al Aragón en Sanguesa.


Cruzando el río Onsella

Comienzo y fin de la circular
            Junto al lugar del cruce del río se mantiene como puede una vieja casa de la central eléctrica. Es aquí donde arranca un empinado camino señalizado con balizas, y que poco a poco nos va metiendo en el bosque al tiempo que por el citado barranco de Fuenmayor. Llegamos a O Paso d’as Arrogatas, que nos obliga a cruzar de nuevo el citado barranco para seguir subiendo por su margen derecha, hasta que al cabo de una hora desde el comienzo llegamos a una pequeña campa donde se señalizan dos itinerarios para alcanzar nuestra meta: a través del collado de San Esteban o a través de la fuente los Berros. Tomamos el primero, a la izquierda, para volver por el segundo, a la derecha.

Paso d'as Arrogatas

Descanso y contemplación
            En menos de otra hora de discurrir por bosque mixto, éste nos da un respiro que aprovechamos en una pequeña explanada para echar un bocado disfrutando del sol al que amenaza el frente anunciado y cuyas primeras voladas de aire van llegando por estos lares, y pensamos que mucho más por arriba. Continuamos camino hasta alcanzar el collado de San Esteban, en donde dejamos un pronunciado cortafuegos a la izquierda, para tomar otro, muy vestido ya de pinos, a la derecha y pertrecharnos de paciencia para superar los doscientos metros de desnivel que nos separan hasta el de Santo Domingo en un tramo de pronunciada pendiente.

Progresando por el bosque

Objetivo a la vista
            Una vez alcanzado, nos asomamos a la soleada cara sur de esta sierra, dando vista ya a nuestro objetivo y a las imponentes ralleras que tiene a sus pies. Al poco de bajar, nuestro sendero se une al que viene de Biel por Campo Fenero, que tomamos ya hasta destino, no sin antes superar otro corto pero valiente tramo. La llegada a la ermita, a menos de tres horas del arranque, se hace con un fuerte viento de cara, como preámbulo de la inestabilidad atmosférica anunciada. Paramos poco, un numeroso grupo de Pamplona pulula por el lugar. Un lugar singular que asemeja a una gran hamaca en la que se mece la ermita, con los puntos de sujeción en las dos cumbres. El edificio de la ermita tiene adosado otro que hace las veces de refugio.

La última cuesta

Tras visitar la cima, alcanzamos la cima norte
            Visitamos primeramente la sur, donde se encuentra el vértice geodésico, y que con sus 1524 metros de altitud es el punto más alto de la sierra y de la comarca de las Cinco Villas, con unas vistas sobre las solanas impresionantes, y que se pierden en la lejanía hacia el valle del Ebro. De vuelta a la ermita para alcanzar la cima norte, que se tiene que conformar con ser la segunda al tener un metro menos; para compensar, disfruta de una panorámica sobre el Gran Norte algo espectacular. Primero se llega a un panel informativo, debiendo continuar la ralla unos metros en dirección SE para acceder a ese punto más alto de la cima norte, dotado con un Nacimiento de forja.

En la cima norte

En la fuente de los Berros
            De nuevo a la depresión de la hamaca, para despedirnos de la ermita y su enclave y tomar la pista que la une con Longás, que recorremos algo más de 500 metros para meternos por el PR-Z 114, que la burla durante veinte minutos por agradable sendero entre bosque, y volver a salir a ella en un punto muy próximo al Portillo de Santo Domingo, una debilidad de esta enorme rallera, y que comunica por pista con la zona sur. Casi enfrente tiene continuidad el citado sendero que, ya con decidida vocación de descenso nos va bajando por el bosque a tramos pendientes, y a tramos muy pendientes. A los diez minutos llegamos a la fuente de los Berros, un oasis comparado con la sequera del entorno, y donde aprovechamos para echar otro bocado, tras de lo cual reemprendemos la bajada.

Surgencia de las aguas blancas

Uno de los muchos y encantadores lugares de paso
            Al cabo de casi media hora, hay algo que nos llama la atención, y es una surgencia cercana al barranco al que venimos abrazados, y que ofrece unas aguas teñidas de blanco, fuente del Yesar, la llaman, y pensamos que se debe al terreno de yesos y margas que la sustentan, también de piedra tosca, de la que encontramos grandes y bellos ejemplares en el camino. Otro cuarto de hora más y cerramos la circular, a partir de donde desandamos lo andado para subir, hasta llegar a Longás, paso d’as Arrogatas, cruce del Onsella a la altura de la vieja casa de eléctricas y entrada al pueblo por casa Lerrero. De camino a los coches nos cruzamos con Jesús Mayayo, el alcalde, con el que ya había coincidido en alguna ocasión. Nos saludamos y nos brinda una calurosa acogida en Os Tablaus , que agradecemos, y que, con su hostal, es el único establecimiento hostelero de la localidad, al margen de O Zenguillón, una casa de turismo rural.

Rincones íntimos

Sobre el puente románico
            Y así fue, y así pasó. Una bonita jornada de montaña en una sierra pre pirenaica poco visitada por no tener un excesivo interés montañero, pero que si lo haces sorprende por sus bellos rincones, sus solitarios caminos, sus ingentes masas forestales, y sus cielos abiertos a los cuatro vientos… aunque hoy han sido más los que nos han azotado. Una zona, como decimos, que ha causado admiración al grupo, que ha hecho votos de volver. En el día de hoy, le hemos metido algo más de 6 horas de tiempo total, del que 4 y media han sido en movimiento, para recorrer una distancia próxima a los 15 km, con un desnivel acumulado de 1145 metros D+/-.


Más fotos, y el track.

lunes, 4 de marzo de 2019

Ermita de la Virgen de Arraro, bajo uno de los castros de Guara

IXOS MONS
Ermita de la Virgen de Arraro (1220 m)
Domingo, 3 de marzo de 2019



            En este noble oficio de la montaña se tiene una sensación un tanto extraña, ya que cuanto más conoces más te queda por conocer, es algo que en apariencia no pasa ningún filtro de la lógica, pero es real. Real, como la montaña misma. Cuando trazas un perímetro mental sobre una amplia zona, con idea de acotarla, de parcelarla, para luego poner la lupa en cada una de esas parcelas, te das cuenta de la cantidad de cosas, por decirlo de alguna manera, que te perderías caso de no abrir el zoom. Y son esos detalles, esas rutas menos frecuentadas las que suelen guardar un encanto especial, bien en el destino, bien en la propia ruta, bien por eso, porque te permiten transitarlas de forma más íntima, interactuando más con el entorno.

Interior de la ermita

Barranco de las Faganetas y sierra de Guara
            La inagotable Sierra de Guara es un muy buen ejemplo de ello. Un espacio vasto, agreste, austero, salvaje, que atesora bellísimos rincones que hacen las delicias del caminante. Es por ello que de nuevo, vuelve a servir de escenario para ir a conocer uno de esos rincones, al que por fin podemos poner la etiqueta de “visitado” en la larga lista de destinos por descubrir. La ermita, o lo que queda de ella, de la Virgen de Arraro, cuyos orígenes bien pudieran datarse a finales del siglo XI, fue parroquial de un pequeño reducto medieval, una plaza fortificada a la sombra de un castillo situado sobre un puntal en las mismísimas faldas del eje que vertebra el territorio, la propia Sierra de Guara. Un castillo, del que solo queda el testimonio de los entendidos, y que no en vano tiene contacto visual con los de Santa Eulalia la Mayor, el de Los Santos, en la Sierra de Sevil, y el más determinante de todos para la toma de la Hoya de Huesca, el de Montearagón.

Sierra de Guara, engendro de barrancos

Río Formiga a su paso por el aparcamiento
            Pero dejemos a un lado las gestas militares para los que disfruten con ello, y centrémonos en el nuestro, que no es otro que el de andar los caminos con sumo respeto, para impregnarnos de todo lo que la naturaleza nos brinda para nuestra observación y aprendizaje, en una íntima comunicación con ella a través de todos nuestros sentidos, para captar sensaciones, esas que tanto nos agradan y alimentan, y nos gusta compartir.


Foto de arranque

            La A-1227, en sus más de 40 km recorre buena parte de estos pueblos situados en la solana de Guara. En el PK 23,7, en una curva cerrada donde confluye la carretera con el Formiga, se encuentra un amplio aparcamiento, punto de arranque para hacer el citado barranco. Como a unos 200 metros hacia arriba sale a la izquierda una pista señalizada ya con nuestro destino de hoy “Ermita de Nª Sª de Arraro”, con simbología del parque, porque a punto estamos de entrar en él. Una pista forestal nos lleva hasta unas enormes extensiones cultivadas, se trata de los campos de Sasamper, en los que a través de antiguas imágenes se puede observar que se podían cruzar por un camino entre ellos, pero hoy en día son una sola pieza que si hay sembrado al que perjudicar nos obliga a hacerlo por el canto.

Continuamos por el sendero

Cueva d'Os Cambros
            En su parte superior nos espera ya otro poste indicando la entrada al sendero que impenitentemente sigue subiendo bajo grandes peñascales, que pronto se nos quedan bajo nuestra visión. En menos de una hora alcanzamos el desvío para las cuevas de Os Cambros, que al estar cerca no podemos perder la ocasión de visitar. Y lo hacemos. Se trata de unos sorprendentes abrigos bajo los conglomerados, dominando el barranco de Peñacanal, al igual que lo hacen una veintena de buitres sobre la Peña Canal, un tozal accesible solo para ellos.

Buitres a la espera de formación de térmicas para despegar

Al pie de una carrasca ejemplar
            Volvemos al sendero y seguimos nuestra ascensión por entre vegetación de monte bajo y alguna portentosa carrasca, hasta que en media hora más llegamos a la pista que uniría Santa Cilia de Panzano con Vadiello. Ya tenemos a nuestro alcance visual el objetivo, ese puntal de Arraro, adivinando debajo las ruinas de la ermita. Nos dirigimos por la pista hacia ese conjunto histórico artístico, por pronunciadas bajadas, cuyo desnivel habrá que recuperar. Al cuarto de hora la abandonamos para tomar el sendero definitivo que nos conduce hacia nuestro destino. Cruza un seco barranco, el de Faganetas, y se introduce en las faldas de la vertiente oriental de esta montaña, en la que observamos continuas terrazas en el terreno, quizá para la replantación de pinos.

Delicioso tránsito hacia la ermita

Restos del edificio anejo
            Al punto de culminar hacia el sur, como a unos veinte minutos del desvío, comienza en brusco giro hacia el norte la definitiva subida a este singular emplazamiento en el que sitúan los estudiosos un poblado medieval, con ermita y castillo. Desde luego, al margen de estrategias castrenses, el lugar tiene su encanto, la vista sobre toda la Hoya de Huesca es asombrosa, incluso sobre el nevado Moncayo allende el Ebro. Llamamos ermita, pero más propio sería llamarla iglesia, porque al parecer fue la parroquial del lugar. Bueno, el edificio es de planta rectangular, con el ábside hacia el este. Tampoco somos tan distintos de los que rezan hacia la Meca. Piedra sobre piedra, las que quedan en pie, mudas, como nos dejan a nosotros, solo hablan para los entendidos y, aun con todo, entendemos que callan más de lo que dicen. Profundo respeto y admiración al estar ante algo organizado casi ya milenario.

Hoya de Huesca

Reposo sobre el reposo
            Claro, si te pones a pensar, también organizado es todo nuestro entorno, las montañas, los barrancos, los ríos, los valles, las llanuras, el aire que respiramos, el sol que nos calienta, el agua que todo vivifica, la tierra que todo lo sostiene. Y por supuesto, el resto de seres vivos que de ello se aprovecha, nos aprovechamos. Sí, todo ello, aunque en ocasiones tenga apariencia caótica, también está organizado, y desde hace más de esos mil años. Infinitamente más. Es por eso que también merece nuestro respeto y admiración. Algo que hacemos mientras lo contemplamos y echamos un bocado para atender también otras necesidades.

Los vecinos mallos de Vadiello

Almendreras en flor a la entrada de Santa Cilia
            También intentamos acceder a la parte alta del tozal, pero nuestra pericia no es suficiente para ello. Iniciamos el descenso desandando lo andado. Sendero por bosque repoblado, y pista hasta alcanzar el sendero de subida, donde se puede decir que comienza el regreso hacia Santa Cilia de Panzano, a donde llegamos tras unirnos al camino del Tozal de Cubilás. Breve parada en la localidad para refrescarnos en la fuente de unos jardines con mirador sobre los barrancos que nos separan de los campos de Sasamper, el de Santa Cilia, el de Peña Espaldada y el de las Chorroteras, un aparente rompepiernas que nos aguarda.

Barrancos y campos de Sasamper al fondo

Un alto en el camino
            Al tiempo de salir ya del pueblo, la conversación con un paisano nos hace cambiar de itinerario, ya que nos muestra otro más corto y menos costoso, que emprendemos. Recorremos como unos 700 metros carretera abajo, y tras dejar a mano derecha una nave ganadera sale un camino con pinta de tránsito de ganado, que en un cuarto de hora nos deja en la carretera a unos 800 metros del aparcamiento, al que llegamos tras haber recorrido 17,1 km, en un tiempo total de 5h 30’, del que 4h 20’ han sido en movimiento, salvando un desnivel acumulado de en torno a 1060 m D+/-.

Añadir leyenda


Barranco de Formiga
            Otro bocado, y como hay tiempo y fuerzas, decidimos internarnos por el barranco del Formiga, al menos hasta la cueva de las Polvorosas, trayecto de cerca de 4 km, y que hacemos en 1h 15’, del que 1 hora es en movimiento, con 265 metros de desnivel acumulado D+/-, a través de un sendero que el bosque mece en ocasiones, y que el barranco muestra en otras. En una de ellas, a pie del mismo, junto a una preciosa y profunda badina, que despide los rayos solares reflejándolos antes de que se oculten tras el alto horizonte.

Cueva de las Polvorosas

            Y de esta forma termina una nueva salida a estas siempre sorprendentes tierras, de las que volvemos más sabios, porque algo más sabemos, pero también más ignorantes, porque más descubrimos que nos falta por saber.


Las fotos y el track