jueves, 30 de julio de 2015

Carros de Foc, la piel de tus sueños

AQUERAS MONTAÑAS
Carros de Foc
Sábado 18 a sábado 25
de julio de 2015




Le di un beso a tu piel
Para que a tus sueños lo llevara
Y sin olvidarte de él
Hasta mi regreso lo guardara.

           Así empieza esta historia de sueños. Unos sueños duros como los caminos de granito. Unos sueños azulados como las aguas de sus lagos. Unos sueños nítidos como el viento que nos mece. Unos sueños claros, luminosos, como ese sol que nos acompaña, en ocasiones jugueteando entre las nubes, que a veces le han vencido. Unos sueños, en definitiva, que han hecho que vibráramos al compás de esa melodía monódica, pero melodía al fin y al cabo. Unos sueños pateados entre profundos valles y altivas crestas de muchos pareceres, entre cuencas que alojan restos prehistóricos, hielos eternos suavizados en lagos de mirar sereno, entre circos espaldados que aúpan altos collados donde la mirada se expande hacia el infinito. Unos sueños que parecían sueños, pero que soñando hemos visto que no lo eran. Si queréis… soñamos juntos. Podemos.





            Carros de Foc es un clásico entre los clásicos, un circuito que circunda un mundo de tiranía mineral, en torno al Parque Nacional d’Aigüestortes i Estany de Sant Maurici, creado en 1955, participando de las comarcas de Alta Ribagorza, Pallars Sobirà, Pallars Jussà y el Valle de Arán. Enclavado en el llamado Pirineo Axial, es un mundo de granitos y pizarras de la Era Primaria (200 MM años), con posterior modelación en las glaciaciones de la Cuaternaria, que le dieron ese aspecto agreste a las crestas y convirtieron en bellos lagos los últimos resquicios de hielos eternos. En el año 1987 algunos guardas de los refugios de la zona decidieron unirlos en una sola jornada, creando este circuito que tiene varios puntos de entrada y salida, pudiendo pasar por sus nueve refugios, y si hay ganas y fuerzas haciendo los picos que se ponen a tiro al paso por los collados. Un grupo de amigos, ya talludicos, lo hemos hecho en sentido anti horario, y no en una jornada, sino en seis, que más las de prólogo y de epílogo, han hecho una verdadera delicia la de compartir caminar y camino por estos valles en los que la naturaleza se detuvo para hacer su trabajo. Con Lola, Maite, Caco, José Luis, Luis, Félix, Armando, Fernando Cebrián y Morata y Víctor, y los que queráis de vosotros, vamos a revivir estas jornadas de piedras, ríos y lagos, valles y montañas, sueños y luz. Vamos.




Empezamos en 3, 2, 1...
            Sábado, 18 de julio. Etapa prólogo. Estany Gento – Refugi Colomina. Tras la concentración del equipo en Puente de Montañana, y nuestro buen homenaje como preludio de jornadas parcas en lo gastronómico, nos ponemos rumbo al punto de partida de nuestras andanzas. Nos adentramos en la comarca del Pallars Jussà, para llegarnos hasta Capdella, que con sus 1.420 metros de altitud es el pueblo más alto de la Vall Fosca, labrada por el río Flamisell, formado principalmente por tres barrancos, que se unen en las proximidades de la localidad. Uno de ellos, el que parte del estany Gento es el que superamos en las tripas del teleférico que parte de Sallente, un embalse donde termina la carretera y dejamos los vehículos.

Estany Tort
            Primeros compases de contacto con el medio, que breves son al convertirse en fusión. No es fácil identificarte tan rápidamente con un entorno totalmente desconocido, y la sensación de haberlo conseguido es grata, muy grata. También para nuestras botas, que pronto se adaptan a la dureza del terreno. Desde que salimos del teleférico en media hora nos presentamos en el desvío del estany Tort, por donde pasa una vieja y estrecha vía férrea que añora los tiempos de su uso como apoyo a la construcción del gran complejo hidroeléctrico al que han sometido a estos bellos lagos, a estos bellos paisajes. Este punto es justo en el que entramos en el circuito, y al que llegaremos dentro de una semana, viniendo de los paisajes que ahora admiramos, pero que dejamos atrás para acercarnos al refugio en otra media hora más. 

Camino de Colomina
            Tarde dedicada a terminar esa simbiosis con el entorno, dando la vuelta al estany Colomina, que da nombre al refugio, y lo hacemos comenzando por el lado opuesto al que indica el camino, y volviendo por éste, algo que nos agrada para mañana, que no vemos más largo y es de mejor pisar. De nuevo al refugio, observando que la noche acelera su paso, el día se va a dormir antes de hora porque unos nubarrones llegan despiadada y agresivamente, descargando una tormenta de viento y granizo que nadie quisiera ser pasto de ella. Así termina esta primera jornada de contacto con la montaña. Mañana esto va ya en serio.

Resumen técnico etapa prólogo: Estany Gento – Refugi Colomina. 
Distancia: 2,7 Km. 
Tiempo total: 1h 10’. En movimiento: 1h. 
D+: 315 m. D-: 55 m. 
Altura máxima: 2.400 m (Ref. Colomina). Mínima: 2.144 m.


 
A la salida de Colomina

Estany de Mar
            Domingo, 19 de julio. Primera jornada. Refugi Colomina – Refugi Josep Mª Blanc. Fue tanto el trabajo que le dio a la noche la tormenta de ayer, que no le ha dado tiempo para barrer todas las nubes, pero agradecemos su labor, porque a su morir ha dejado un alba algo más tratable. Sea como sea, comenzamos el circuito, que como acordamos ayer, lo hacemos por la margen izquierda del lago, en lugar de por la derecha que es por donde está señalado el camino. Aún quedan restos de la granizada de anoche, la verdad es que fue muy generosa. Estany de Colomina, en el que vierte el de Mar. Ambos rodeamos para encarar la primera cuesta fuerte de la jornada para alcanzar el llamado Paso del Oso. Seguimos ruta para dejar el mundo Colomina y adentrarnos en el de Saburó, con sus grandes bloques de granito que en su histórico devenir de las alturas han dejado al descubierto otro valle, otro circo, otra cuenca habitada por otro lago, y dominada por otro monte, todos agrupados en un mismo entorno y con un mismo nombre, Saburó, duro nombre como el granito que lo forma, y como las aristas que lo custodian.

Estany y pico de Saburó

Progresando hacia el collado
            Pero no nos adelantemos, que antes hay que llegar al collado que nos ha de abrir a otros mundos. En él se quedan algunos miembros, que se reservan, es mucho lo que queda por delante… bueno,  casi todo. Otros, los que decidimos llegar hasta la cima, dejamos las mochilas en un abrigo, y ya con menos peso acometemos el ascenso de los casi 250 metros de desnivel, y lo hacemos saliéndonos de la ruta más marcada, siguiendo los consejos de los guardas del refugio. Y acertamos, porque la incomodidad que supone la progresión sobre la pedrera, hay que valorarla más que la de ir por la misma arista, aunque finalmente convergemos con ella, y ya a través de creativos pasos nos llegamos hasta donde está señalada la misma cumbre, que curiosamente no es el punto más alto, ya que se trata de un enorme  bloque aparentemente inexpugnable. Estamos a 2.912 metros de altitud, y es el techo de todo el circuito contemplando los picos programados. Breve contemplación, fotos, abrazos, y de vuelta al collado para coger a nuestras compañeras de fatigas y seguir camino hasta las orillas del estany Gelat, donde nos espera el resto de compañeros, que nos aguarda a que echemos un bocado. Echamos a andar todos.

En la cima del Saburó

Estany Negre de Peguera
            Es tan versátil este circuito que tiene sus variantes. Si no fuera porque queremos pernoctar esta noche en el refugio JM Blanc, tendríamos que tomar a la izquierda el desvío en el que nos encontramos, y al que hemos llegado al cabo de casi una hora, pero no, no lo hacemos. Seguimos con lo programado y llegamos a la cuenca del Negre de Peguera, a cuyos pies se asienta este refugio a orillas del estany Tort de Peguera. Todas las imágenes que nos desvelan el alcanzar las alturas de cada jornada tienen un enorme impacto visual, pero ésta es especial. Si en todas hay un desequilibrio en el dominio del elemento sólido salpicado por las cuencas palustres, en ésta es el lago el que cobra todo el protagonismo, siendo la amorosa presencia del agua la que suaviza esa tiranía mineral. Hay que verlo. 

Estany Tort de Peguera y refugio JM Blanc. De ensueño
            Bajamos a este gran lago y luego al del refugio, al que llegamos antes de las tres de la tarde, y con una climatología adversa que ni está ni se la espera. Tarde de refugio, pero ésta es especial, porque el entorno es especial. Cena de refugio. Noche de refugio.

Resumen técnico primera etapa: Refugi Colomina – Refugi Josep Mª Blanc. 
Distancia: 9,4 Km. 
Tiempo total: 7h. En movimiento: 3h 50’. 
D+: 745 m. D-: 850 m. 
Altura Máxima: 2.912 m. (Tuc de Saburó). Mínima: 2.312 m.



A la salida de JM Blanc
Simetrías
            Lunes, 20 de julio. Segunda jornada: Refugi Josep Mª Blanc – Refugi Amitges. El mayor espectáculo que se  puede ver en el mundo natural, en nuestra humilde opinión, es el amanecer. Es el que da el punto de partida a la vida, es el nacimiento, es el comienzo, es el despertar, es al que debemos asirnos con todas nuestras fuerzas y aprovechar las sinergias de esa arrebatadora energía que nos brinda. La Madre Tierra ha extendido su generosidad hasta la jornada de hoy, brindándonos un orto de verdadero ensueño, un orto que raya en lo irreal, un orto cuyo reflejo en los sueños del lago verdaderamente nos paraliza. Ese Ojo que todo lo ve, lentamente va calentando el ambiente, va llenando de luz el espacio, esa luz que pone nuestras miradas en contacto con los montes y los lagos, despertándolos, haciéndolos presentables a nuestro paso. Vamos a por ellos en esta segunda jornada.

El alba se nos echa encima
Dejando el camino atrás
            Retomamos los últimos cientos de metros de ayer para, desde esa atalaya sin par, despedirnos de este maravilloso entorno. Tras volver a pasar por el recóndito estany de Llastra nos incorporamos al circuito, abriendo con pasos nuevos nuestro deambular por estos bellos lugares. Nos encaminamos al mundo Peguera y Monestero, hasta cuyo collado nos volvemos a encaramar sin dejar de admirar esas cuencas, esos ojos de mirar serena, de mirar infinita. Casi dos horas de camino, cuando el ímpetu de voluntari@s, para la sobre faena del día, nos empuja a acometer el ascenso de un nuevo monte, el Monestero. Mientras el resto del grupo descansa y arremete el descenso, otro grupeto, con la ligereza de dejar las mochilas a buen recaudo, enfilamos la subida, que culminamos al cabo de tres cuartos de hora, y acompañados por tres miembros de Azuandarines, un grupo de amigos de Azuqueca de Henares unidos por esa pasión de andar los montes y de impregnarse de sus esencias. Una población ésta de Azuqueca que nos retrotrae a prolongadas épocas profesionales guardadas bajo siete llaves en las runas de la memoria. Estamos en un extraordinario lugar con trescientos sesenta grados de auténtica belleza y con varios cientos de metros de caída libre bajo nuestros pies. Hay que parar como sea ese carrusel de la memoria. Lo conseguimos.

En la cima del Monestero

Cielos de Monestero
            De regreso al collado. Mochila a la espalda… y a  seguir. La bajada es por la siempre incómoda glera, aunque hoy no lo es tanto, que nos va engullendo hasta el fondo de este circo. El llevar a gente por delante, que te marca visualmente el camino, y el haber frecuentes hitos, no nos hace sospechar que nos hemos desviado del sendero más cómodo, que evita un verdadero océano de bloques de granito que pone a prueba nuestra paciencia y creatividad durante más de una hora, seguido de un tramo de vertiginoso descenso por terreno mixto combinado por solitarios ejemplares de pino negro, los que van sobreviviendo a los mortales latigazos fruto de las iras de airadas tormentas, que con una simple chispa son capaces de terminar con cientos de años de vida entre las entrañas de retorcidos troncos.

Por suelos más amables
            Nuestro futuro se hace presente, y nuestros pies comienzan a pisar el amable suelo del fondo del valle al unirse con el sendero que no habíamos tomado, y que venía abrazado al arroyo. Un arroyo que da descanso y refresco a nuestra castigada piel. Más relajaditos ya hacemos el largo camino hasta el refugio de Mallafré, donde encontramos al resto de la cuadrilla, ya comiditos, y que amablemente aguardan a que les alcancemos en tal faena. Estamos en uno de los puntos emblemáticos del Parque Nacional. Los enhiestos Encantats nos han ido mirando de reojo a lo largo del rodeo que les hemos dado, y ahora podemos enfrentarnos a ellos cara a cara, y no, no nos defraudan. No sabemos quién desafía más, si ellos o los nubarrones que tienen por montera. Veremos, que aún queda tajo.

Estany de Monestero
Los siempre agradables cursos de agua
            Dejamos este rincón de paz y seguimos camino. Nos aupamos al estany de Sant Maurici, otro emblema del parque. Lo acompañamos mientras nos deja el sendero, que poco a poco se va aupando. Nos hace pasar por la cascada de Ratera, un mundo por descubrir, y que estamos a punto de hacerlo. Las aguas se precipitan con un doble sentimiento, jubilosas por agradar, por llevar sus esencias a la tierra media, pero algo tristes por abandonar sus orígenes, aunque sabedoras de que algún día regresarán.

Els Encantats reflejados en el estany de Sant Maurici
Cascada de Ratera
           El sendero sale a la pista, que alcanza el estany de Ratera, extenso, pero poco profundo. La pista llega hasta el mismo refugio, pero existe la opción de tomar un desvío para acercarse a un mirador, y es algo que algunos hacemos. La vista que nos brinda es la típica de este grandioso lugar, Els Encantats y el estany de Sant Maurici a sus pies. Volvemos a la senda, y entramos en un pequeño barranco por el que discurre el GR 11, y que alberga algún que otro lago, hasta que dejamos este itinerario que sube al puerto de Ratera, que haremos mañana, y se toma un desvío a la derecha que te va subiendo y subiendo, ampliando el campo visual, y dejándonos en la pista, a pocas decenas de metros del refugio. Unas decenas de metros que no se ha podido contener más la nube y que nos ha regalado una lluvia que, bueno, se lo perdonamos, menos no ha podido ser para el pronóstico que traíamos. 

Estany de Sant Maurici, con sus fieles escuderos Els Encantats
            Etapa larga la de hoy. Seis de la tarde. No queremos despedir este día sin hacer una merecida mención de Dora, guardesa, hija de guarda, hermana de cocinero, persona amable y encantadora que nos ha sorprendido por su diligencia y prestancia. Dicho queda.

Resumen técnico segunda etapa: Refugi Josep Mª Blanc – Refugi Amitges. 
Distancia: 16,9 Km. 
Tiempo total: 9h 35'. En movimiento: 5h 50'. 
D+: 1.415 m. D-: 1.365 m. 
Altura Máxima: 2.877 m. (Monestero). Mínima: 1.860 m.


 
A la salida de Amitges

Camino del Port de Ratera
            Martes, 21 de julio. Tercera jornada: Refugi Amitges – Refugi Colomers. Como todos los días, la noche hace su mejor trabajo y emplea toda su magia en transformar la atmósfera, de modo que, como la semilla que muere, cuando lo hace nos regala unos amaneceres para quitar el hipo. A la hora habitual, en torno a las ocho menos cuarto, ocho, abandonamos el lugar de pernocta y nos ponemos en marcha. Y lo hacemos contorneando otro reguero de lagos para llegar al puerto de Ratera, habiendo dado alcance al GR 11, del que nos despedimos ayer de él para llegarnos al refugio.

Hacia el collado, con el Ratera a la vista
            Los últimos vestigios del invierno se ponen a nuestros pies para que colaboremos en su sacrificio en aras de un monte totalmente estival. Se nos abre a la vista la vertiente del Valle de Arán. No sabemos si es por eso o no, pero lo cierto es que llegamos a los confines del Parque Nacional. Y claro, todo espacio ha de tener unos límites, pero parece que se establecen con criterios físicos, morfológicos, paisajísticos, no sé… En este caso, no encontramos esos criterios. El bello conjunto geológico continúa, los bellos montes continúan, los bellos lagos continúan, el bello paisaje continúa… quizá los despachos no… Pero nosotros a lo nuestro.

Estany del Port de Ratera
En la otra cima del Ratera
            Como en todos los grandes pasos del día, se establece el mismo plan. Hay quien descansa y sigue tranquilamente, y hay quien sube al pico de turno. En este caso se trata del Ratera, con sus dos muy próximas cimas. Seis somos en este caso quienes despojados de las mochilas nos apresuramos en degustar sus mieles. Una hora tiene la culpa, y otra entre estancia y bajada. Bien empleadas están. De nuevo al collado para abandonar el GR 11 y seguir el GR 211.4, que nos baja por el valle de Saboredo y nos hace recalar en su refugio, en el que teníamos previsto parar a comer, pero sólo hacemos lo primero, porque es pronto para lo segundo. Lo que sí hacemos es eso, parar y reagruparnos. No es ni la una y preferimos seguir, parece que hoy los nubarrones no van a ser tan benévolos.

Mirada infinita. Belleza infinita
            A través de una larga travesía horizontal, o casi, nos incorporamos al pequeño valle de Sendrosa, enterito, hasta arriba, hasta el collado del mismo nombre, que deja a la izquierda el pico también homónimo, que acometemos en solitario al no haber más voluntarios, pero animado por todos. Se trata de una senda que va serpenteando la cresta, como un horizontal Caduceo de Hermes, y en ocasiones montándola, pero bien. Conforme vamos avanzando, más lejana vemos esa cumbre, rota por el tiempo. Cielo oscuro, muy oscuro, por la zona de Aneto y Maladetas. Primer trueno, no te oigo. Segundo trueno, la cosa cambia. La drástica decisión hace cambiar el jadeante ritmo y nos pone en dirección al collado. Algo más de media hora dura el escarceo, al que nos hemos aventurado porque en la topoguía pone 40’ a cima… será con Iberia, que con Ryanair…

Nos alcanza el marrón
Ya estamos cerca
            En el collado nos juntamos con el resto, que ya marchaba, y continuamos todos juntos la bajada y acercamiento a Colomers, que se hace de rogar. Los nubarrones van dando muestra de querer venir también a nuestro encuentro, y lo hacen sin reparos, y su incontinencia se convierte en mojadina. Llegamos a la presa y alcanzamos visualmente el refugio nuevo, al que llegamos al casi cuarto de hora, que se nos hace largo. Cuatro de la tarde. Está enclavado en una orilla del lago de Colomers, y no dispone de agua caliente, aunque parece que sí de instalación… bueno, ya llegará. Mientras tanto, a practicar ópera en la ducha. La cena está amenizada por lluvia y más lluvia en el exterior, que refresca la atmósfera y purifica el ambiente. Otro día más, y van tres. Estamos en el ecuador.

Resumen técnico tercera etapa: Refugi Amitges – Refugi Colomers
Distancia: 13,9 Km. 
Tiempo total: 8h 25'. En movimiento: 5h 25'. 
D+: 1.115 m. D-: 1.350 m. 
Altura Máxima: 2.863 m. (Ratera). Mínima: 2.109 m.



A la salida de Colomers

Comenzando la jornada
            Miércoles, 22 de julio. Cuarta jornada. Refugi Colomers – Refugi Ventosa i Calvell. Otra nueva mañana que amanece serena, aunque con alguna nube de adorno, que tienen su reflejo en este lago de Colomers que gustoso las acoge aportando su frescura. Foto de formación… y al turrón. En las decenas de pasos que median hasta incorporarnos al circuito, se evidencia el mal estado de Caco, y al estar próximos al único punto de evacuación en las próximas 48 horas, toma la decisión de no castigarse más y abandonar físicamente, que no anímica ni mentalmente, estoy seguro, esta expedición, que está siendo dura por los desniveles y el terreno por el que discurre. Nos hace duelo, mucho duelo a todos, principalmente a ella, claro, pero es lo sensato, la imposibilidad de dar un paso sin dolor hace presagiar una lesión y no se deben correr más riesgos. José Luis la acompaña hasta la pista, por donde alguno de los vehículos públicos que hacen el trayecto, y que bajan vacíos desde el refugio, se hará cargo de ella hasta Salardú, al menos.

Amaneceres de ensueño
Despedimos a Caco
            Mientras tanto, los demás seguimos la ruta adentrándonos en el valle de Colomers, hasta el collado o puerto del mismo nombre, en donde se nos abre una nueva vista, un nuevo horizonte, una nueva cuenca, con sus lagos, claro, que tenemos que ir rellenando poco a poco con nuestra presencia. Tras echar un bocado, que compartimos con un buen número de vacas, es lo que hacemos, ir bajando hasta coquetear unos metros con el estany del Port de Caldes y volver a subir a otro collado, del que no hemos encontrado nombre. Establecemos contacto por radio con José Luis, que ya está llegando al lago.

Otras cuencas, otros lagos, otros cielos
            Hay que aclarar que este circuito afecta a nueve refugios, pero que no todos están en el itinerario. Los hay alejados de él, pero por los que se puede acceder a él. Por la gracieta de sellar el forfait con todos ellos, y tal y como se ha planteado nuestro periplo, se nos quedaba descolgado el de la Restanca, y si algo queríamos tendría que pasar por ir de propio. Estamos en el punto de hacerlo. También en el de hacer el Montardo, otro de los montes emblemáticos de la ruta. Un Montardo que se esconde entre las nieblas que van y vienen. Un Montardo que parece no querer saber nada con nosotros. Otro grupo de voluntarios nos prestamos para bajar a la Restanca, y volver a incorporarnos a la ruta. Pero hete aquí que los astros se alinean a favor de que no lo hagamos. Las nieblas que protegían el monte, lo dejan al descubierto bajando hasta el Port de Ríus, por donde hay que pasar para ir a ese descolocado refugio.

El Montardo nos espera, aunque éste es el hermano menor
Lagos en la cara norte
            Bueno, la decisión se toma de forma súbita y unánime. Nos vamos al monte. Preferimos no ver el refugio desde el monte antes que no ver el monte desde el refugio. Y dicho y hecho. Mochilas al abrigo de una gran piedra y ligeros para arriba. El camino va zigzagueando por terreno mixto, y tras atravesar la loma oriental, damos vista al norte, dejando la pequeña cima a nuestra izquierda. Encaramos el ascenso final a la cumbre principal, a la que llegamos al cabo de una hora. Las nieblas siguen yendo y viniendo, como un enorme telón hecho girones en un más enorme todavía escenario, que se nos muestra a su placer. Abrazos, fotos, y para abajo, sin dejar pasar la oportunidad para subir a esa más baja cumbre, que muestra sus vertiginosas paredes cara la vertiente que hemos de seguir.

En la cumbre del Montardo
Bajando hacia el refugio
            De nuevo en el cruce, y a seguir a buen ritmo, a ver si alcanzamos a los demás… Pero no, aunque el tramo es largo hasta el refugio, dos horas, son dos horas, aunque dicen que han parado a bañarse y a comer. Bueno, pues eso, ya estamos en el refugio. En esta ocasión es el de Ventosa i Calvell, al que llegamos antes de las tres y media. Aquí también se puede iniciar el circuito, accediendo a través del embalse des Cavallers. Tan afilados como las crestas que nos circundan, de nuevo se oyen sones de ópera en la ducha. Comemos los que no lo habíamos hecho, y tarde de relax. Y ese relax dura hasta que los que ya han pasado por esto nos muestran allá a lo lejos, pero lejos, lejos, y alto, muy alto, el paso de mañana. Se trata del collado de Contraix, el punto más alto del circuito sin contar los picos. Qué bien nos lo vamos a pasar mañana… A dormir.

Resumen técnico cuarta etapa: Refugi Colomers – Refugi Ventosa i Calvell
Distancia: 11,2 Km. 
Tiempo total: 7h 20'. En movimiento: 4h 35'. 
D+: 1.050 m. D-: 970 m. 
Altura Máxima: 2.833 m. (Montardo). Mínima: 2.135 m.



A la salida de Ventosa i Calvell
Estany Negre y artística fuente del refugio
            Jueves, 23 de julio. Quinta jornada: Refugi Ventosa i Calvell – Refugi d’Estany Llong. Con el flequillo pintado por el sol en los Besiberris y un pequeño nudo en la garganta nace esta nueva jornada, la quinta y penúltima de esta sensacional vuelta. Y decimos lo del nudo, porque nos sigue pareciendo igual de lejos, igual de alto, por no decir más que ayer, ese paso de Contraix. Pero como se hace camino al andar, dejamos este lago de ojo negro y rasgado y nos ponemos a ello. La genética granítica de esta vuelta se amontona en forma de grandes bloques, que de vez en cuando nos recuerdan que son imprescindibles para entender el paisaje, y como no hay logro sin dificultad, pues ahí los tenemos acompañándonos un día más. Hora y media de engañifla, por terreno mixto, sorteando bolos, falsos llanos, caminos de agua.

Exageradamente lejos y alto, este paso de Contraix
Últimos pasos antes del collado
            Cómodo lugar para echar un bocado y pronto al turrón de nuevo. El panorama, desolador, con el mayor realismo y crudeza, un enorme embudo se nos muestra. No hay escapatoria, nos hemos metido en una ratonera de la que no hay más forma de salir que con el paso a paso, todos distintos, todos quebrados, todos anhelando al siguiente, algunos evidentes, otros hay que pensárselos. Un centímetro fallido puede ser fatal. Infinita paciencia para llegar al collado tras más de cuatro horas desde el refugio. Lo hemos conseguido. Hoy no hay pico. Con sus 2.748 metros, ésta es nuestra cima, y lo mejor, compartida por todos.

Collado de Contraix, que sabe a cima
También hay lugares amables
            La bajada al estany de Contraix, salvo un par de manchas de nieve, también está llena de grandes bloques de granito. La llegada al lago alivia nuestro cuerpo y mente, dando un respiro de tanta piedra y dejándonos abrazar por las aguas del lago. Baño y comida. Reposo y a seguir bajando, que aún queda lo suyo. Los primeros compases siguen siendo por terreno duro, que al ir dejando atrás los enormes platós, se van suavizando. Casi otras dos horas y media hasta el fondo del valle y luego subir al refugio por la pista que hasta él llega directamente desde Aigüestortes, ese paraje que da medio nombre al parque. Visita al estany Llong, que nomina al refugio, y a cenar y a la piltra. Otro día que nos engaña favorablemente la predicción meteorológica. Pero a nuestras garrillas no hay quien las engañe.

Resumen técnico quinta etapa: Refugi Ventosa i Calvell – Refugi d’Estany Llong.
Distancia: 9,8 Km. 
Tiempo total: 9h 15'. En movimiento: 4h 20'. 
D+: 860 m. D-: 1.065 m. 
Altura Máxima: 2.748 m. (Coll de Contraix). Mínima: 1.907 m



A la salida de estany Llong
Estany Llong
            Viernes, 24 de julio. Sexta jornada: Refugi d’Estany Llong – Refugi Colomina. Salimos del refugio para inmediatamente meternos en el bosque. La progresión, aunque con desnivel, nada que ver con la de estos días pasados, mucho más cómoda. Vamos subiendo y subiendo, hasta que tomamos perspectiva sobre el valle y podemos ver a poniente el paso de ayer, el salvaje Contraix, como que se riera de nosotros, pero seguro que no lo hace con mala intención. De todas formas, pronto le damos esquinazo, porque nos metemos en el valle de Dellui, con sus lagos, cómo no. La subida al collado no representa excesivo esfuerzo.

Mundo Contraix, que se queda atrás
Subiendo por el valle de Dellui
            Lo que sí exige un plus es la subida al pico. Bueno, en realidad hay dos en el punto de mira, el Dellui y el Nariolo más adelante, pero creo que ese va a tener que esperar mejor ocasión. Mientras unos bajan, otros subimos. Éste no tiene ninguna dificultad técnica, y como el camino de todos los anteriores, está bien provisto de hitos, además de salir en el mapa del GPS, por lo que la progresión es muy sencilla. La cima, espectacular, como todas también, con vista a dos, tres, infinitas aguas. Y no sólo con vistas, sino con oídas, porque hay cobertura telefónica y aprovechamos para hacer los contactos pertinentes, entre los que se encuentra el hablar con Caco, que nos dice que ya se está tratando de su lesión. Besos y abrazos, y para abajo. Collado y más allá.

En la cima del Dellui
Nariolo, que dejamos para otra ocasión
            Conforme vamos descendiendo vamos viendo más claro que tenemos la otra parte del grupo a orillas de uno de los lagos, muy mermado, por cierto. Comemos con ellos y seguimos la marcheta hasta varios lagos más abajo topar la con el Tort y su estrecha vía férrea en desuso, que nos conduce al punto de entrada de hace una semana, y posteriormente nos direcciona hacia el Colomina, no sin antes ser pasto de la última tormenta de estos días, que empieza con ganas, pero parece que se arrepiente y nos deja llegar sin pasar a mayores.

Comiendo, ya reagrupados
Ceremonia de iniciación
            Poco más de las tres y media de la tarde son cuando damos por terminada esta sexta y última jornada. Unas  caprichosas brumas adornan la tarde. Tras la cena, la ceremonia de clausura. El enano abate Luis, asistido por el correligionario José Luis, ofician los actos de iniciación de los neo catecúmenos Fernando y Armando, en los que están incluidas  las entregas de los presentes ganados en tal excepcional vuelta.

Resumen técnico sexta  etapa: Refugi d’Estany Llong – Refugi Colomina
Distancia: 13,4 Km.  
Tiempo total: 8h. En movimiento: 5h 15'. 
D+: 1.235 m. D-: 815 m. 
Altura Máxima: 2.800 m. (Pala de Dellui). Mínima: 1.992 m



Cielos de Saburó (foto de Fdo Cebrián)
Cielos de la Val Fosca (foto de José Luis)
            Sábado, 25 de julio. Etapa epílogo: Refugi Colomina – Estany Sallente. Tras las lluvias de ayer, que fueron menos de lo que quisieron, hoy amanece una mañana con nieblas en los valles. Nieblas que llegan hasta nosotros, y que por las alturas se van quedando en esas brumas que el viento mece a su antojo, creando un ambiente especial, monocolor, pero especial. Con el ritual de todos los días, pero sabedores de que el itinerario es corto, emprendemos esta última jornada para salir del circuito por donde entramos.

Nos lo hemos ganado
            El ambiente un poco más apagado, también nos contagia. Cada uno a lo suyo, quizá con la mente puesta ya en otros asuntos, en los que nos vamos a encontrar al salir de aquí. Entre unas y otras cosas, abandonamos estos lugares con una sensación agridulce. Son las dos caras de la misma moneda. Por un lado, ganas de llegar a casa… pero por otro, duelo por abandonar este extraordinario entorno. Nos vamos gozados, muy gozados. Tomamos el teleférico de las 8:30 y el rumbo a casa.

Resumen técnico etapa epílogo: Refugi Colomina – Estany Sallente
Distancia: 2,2 Km. 
Tiempo total: 50'. En movimiento: 35'. 
D+: 30 m. D-: 295 m. 
Altura Máxima: 2.400 m. (Ref. Colomina). Mínima: 2.129 m



             Seis duros días de circuito que más las etapas en entrada y salida, han sumado ocho jornadas de pateo por estos montes, en las que se ha vivido intensamente esa pasión por este oficio. Nuestros caminos se han unido con los de las montañas, se ha sentido con ellas, se ha respirado con ellas, se ha batallado con ellas, se ha subido con ellas. Todo se ha hecho con y por ellas, y es tanto lo que nos llevamos de ellas que siempre estaremos en deuda con ellas. A pesar de la monodia del terreno volvemos enriquecidos, porque cada valle es distinto, cada monte es distinto, cada lago es distinto, cada día ha sido distinto, como distinta ha sido la luz que nos alumbra y el agua de los arroyos. Hemos compartido esfuerzos, momentos, lugares, caminar y camino, continente y contenido en definitiva, por estas tierras salvajes, y sólo podemos mostrar agradecimiento por todo y por todos. De modo que… hasta la próxima… porque… habrá una próxima, no? Seguro que sí.                                              


Según la página oficial de la ruta: http://www.carrosdefoc.com/, los datos del circuito son:
Refugios: 9
Duración: 5/7 días
Distancia: 55 km
Desnivel: 9.200 m (D+ + D-)
Altura media: 2.400 m
Cota máxima: 2.745 m (Coll de Contraix)

Al haber formado parte de todas las ascensiones, nuestro GPS arroja los siguientes datos:
Refugios: 8 (todos, salvo Restanca)
Duración: 6 días (+2)
Tiempo total: 51h 35’
En movimiento: 30h 50’
Distancia: 79,5 km
Desnivel: 13.530 m (D+ + D-)
Cota máxima: 2.912 m (Tuc de Saburó)
  

El reportaje completo de fotos, en: https://picasaweb.google.com/chematapia/CarrosDeFoc



Los tracks, en:
Et. 0. Estany Gento – Colomina: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=10333366
Et. 4. Colomers – Ventosa i Calvell: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=10333586
Et. 5. Ventosa i Calvell – Estany Llong: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=10333619
Et. 6. Estany Llong – Colomina: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=10333643
Et. 9. Colomina – Estany Gento: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=10333664

lunes, 13 de julio de 2015

Borreguil de la Cuca y Pico del Águila

IXOS MONS
Borreguil de la Cuca (2.096 m)
Pico del Águila (1.972 m)
Domingo, 12 de julio de 2015



            Cuando el calor aprieta hay que buscar refugio en las alturas, donde más pega el sol. No, no nos hemos bebido el juicio, porque en las alturas se descarría nuestra libertad, una libertad que te da alas, y que desafían al viento de nuestros pensamientos y al ímpetu de nuestros sentimientos, que forjan una voluntad inquebrantable de subir más y más en busca de la pureza del aire, en un continuo compartir del espacio y del tiempo entre amigos. De compartir unas vistas con estas dos pequeñas grandes cimas. De compartir alegrías, risas, emociones. De compartir.



Olla de Estiviellas
          Con cuatro compañer@s de fatigas de las secciones de montaña del CA Jaca y del CP Mayencos, nos planteamos subir al Borreguil de la Cuca y al Pico del Águila, dos modestas, pero valientes, cimas que cierran por el norte el circo de Estiviellas. Para ello, salimos de Canfranc Estación para dejarnos engullir por el bosque. Un bosque que sorprendemos metido en sus cosas, bostezando todavía, al que arrancamos de sus sueños para darnos cobijo y que nos aporte lo que él ya sabe. Un bosque que tiene asumido que es adoptado, pero que se esfuerza por agradar. Un bosque con unas zetas que te mecen y que sin darte cuenta te van subiendo y subiendo, pasando por la mermada fuente del Burro y por la casi inexistente Cola de Caballo, que vierte, cuando vierte, las esencias de este circo colmadas en la Olla de Estiviellas.



Claroscuros del bosque
             En poco más de una hora dejamos atrás el desvío que cruza el barranco y por la otra vertiente baja a Canfranc por Secrás. Seguimos abrazados a las zetas para ir subiendo y subiendo, tomando perspectiva sobre este estrecho valle por entre los claros que nos va dejando el bosque, que poco a poco va mostrando sus ejemplares más autóctonos de pino negro, que nos muestra su tormentoso pasado a la vista de su retorcida apariencia. Desvío al Pico del Águila, que dejamos para tomarlo a la bajada.



Progresando en la trepada
            Dos horas y veinte hasta el collado de Estiviellas, que nos permite asombrarnos ante la gran cuenca de Tortiellas, colgada sobre Rioseta, y escoltada por la Muralla de Borao al sur y por la solana del Monte Tobazo al norte, en cuyo seno se colmata un ibón que se materializa desde los primeros mayencos. Unos pasos, entre dos aguas, y llegamos al roquedo cimero, que obliga a echar las manos en un breve tramo para alcanzar la cumbre de este primer monte, que nos acoge con la amabilidad de saberse querido. Hacia el norte se extiende una prominencia que nos mira de reojo mientras echamos un bocado. Tanta compasión nos da que nos acercamos a ella. Bajada por esquistos hasta una pequeña planicie herbosa que nos acerca a las rocas que hay que ganarse, también a cuatro patas, para alcanzar su máxima altura.



Descenso del promontorio
          Vuelta al Borreguil y al collado. Nos despedimos de los abismos de Tortiellas, aunque por poco tiempo. Deshacemos el camino andado, hasta el desvío al Pico del Águila, que lo tomamos para recorrer el tibio sendero por encima de alguno de los grandes muros de defensa anti aludes. Cuando estos terminan, su ausencia deja al descubierto el gran agujero cuyo peligro se acrecienta por el inestable pisar de tanta y tanta piedra descompuesta. Casi media hora nos dura esta travesía hasta el collado, que nos vuelve a dar vista sobre el mundo Tortiellas-Rioseta. Un último esfuerzo y alcanzamos los casi dos mil metros de este modesto y a la vez altivo monte, de inconfundible estampa.

Metidos en el descenso
            Nos aliamos con tres montañeros, que han subido directamente al collado y que van a tomar el mismo camino de bajada. Descenso hasta el collado, y ya directamente emprendemos un camino en picado para abajo, con unos tramos más evidentes que otros, y que obliga a poner toda nuestra atención, para al cabo de casi una hora desde la cima alcanzar una plataforma herbosa que distribuye a la izquierda para Rioseta, por donde siguen ellos, y a la derecha para Canfranc, por donde nos dirigimos nosotros. Son unos viejos campos que albergan corrales de ganado. Una desdibujada pista nos va bajando por amplias lazadas hasta la renovada cantera de mármol negro que nos deja en la carretera. Un breve tramo hasta el hotel Santa Cristina y nos metemos en el Camino de Santiago, para salir en Canfranc a la altura de la boca túnel ferroviario, que esperanzas alberga en los cambios de vientos políticos para darle la utilidad que nunca debió de arrebatarle un cuestionado accidente en el lado francés, hace ya más años que los que estuvo activo.



            Y poco más, llegada al coche y recuento de datos. Han sido 16,7 Km, recorridos en 6h 25’ de tiempo total, con 4h 40’ en movimiento, y con un desnivel acumulado en torno a los 1.300 metros ascendentes y otros tantos descendentes, todo ello en buena compañía de montes y personas, de espacios y amigos, que ahí quedará para el recuerdo.
  


  


lunes, 6 de julio de 2015

De Lacuniacha a Canfranc

IXOS MONS
De Lacuniacha a Canfranc
Domingo, 5 de julio de 2015



            Muchismo rato, que diríamos por aquí. Mucho tuvo que emplear el Escultor de los Orígenes para ir rellenando el espacio tan armoniosamente como lo hizo. Todo tiene su sitio, nada hay fuera de él.  Luego vino el Escultor del Tiempo, quien con sus aguas y vientos, fue cincelando, fue pintando, fue llenando de belleza y color estos enormes gigantes de atormentadas rocas, que nos muestran en sus entrañas esas huellas que los elementos han incrustado en ellas. Nuestro paso por estos lares pretende no restar ni una brizna de yerba, no restar ni un suspiro a su aire, no restar ni una pluma de las invisibles alas de esta tierra que casi vuela. Hoy nos echamos de nuevo al monte con la vocación de acariciarlo y de dejarnos acariciar, de cuidarlo y de dejarnos cuidar, de bendecirlo y de dejarnos bendecir. Hoy nos echamos al monte.



De caricias va el tema
          Toño, Javier, Paco y el que suscribe. Cuatro mayencos, cuatro. No muchos, pero de raza, son los que damos cumplimiento un día más al programa de montaña del club para acometer esta ruta que une valles y atraviesa montañas por alguna de sus entrañas, dando nuestro primer paso en Lacuniacha, muy próximo a Piedrafita de Jaca, en el Valle de Tena, y el último en el Puente de Arriba de Canfranc pueblo, en el Valle del Aragón. Entre uno y otro, han sido miles de ellos los que nos han llevado por lugares de extraordinaria belleza y poco visitados, como la Rinconada de Arbenuso, la cuenca de Bucuesa y la de Ip. A la primera le dan la espalda los macizos de La Partacua y el cierre SE del Circo de Ip, pero lejos de guardarles rencor, les muestra su lámina de agua para verse reflejados. Y qué decir de la segunda, flanqueada por macizos y cordales, picos, puntas y palas, que forman una corona abierta al oeste para dar salida a las aguas contenidas en ese ibón de Ip.

Pletas que refrescan visualmente
            Esta nueva excursión se gestó con la vocación de visitar el ibón de Bucuesa, y hacerlo desde Acumuer, su salida natural. Pero la ambición se apoderó del proyecto, y con respeto, mucho respeto, se despreció por culpa de la tediosa pista entre esta población y el Churrón, donde termina. Sus ocho kilómetros en un valle cerrado y con estas inusuales altas temperaturas, hubieran sido fatales, especialmente al regreso. De modo que elegimos un valle más abierto, pero mucho más, como es el de Tena, y aun recorriendo una distancia superior no dudamos en organizarlo como travesía, consiguiendo igualmente la visita… y mucho más. No son todavía las ocho de la mañana cuando partimos de Lacuniacha con unos cielos cubiertos, raros, incluso algo amenazantes, pero lo que es seguro es que nos harán de sombrilla, al menos mientras duren. Burlamos alguna de las lazadas de la sinuosa pista, entre donde se encuentra, durmiendo entre los matorrales, el dolmen de Las Lastras.



Telera y sus corredores
            Si alguien tiene hipo, y no se encuentra muy lejos de aquí, recomendamos este recorrido bajo las faldas de esta imponente sierra, en la que cada cuenta del rosario se asoma para no perderte de vista. Altivas, serenas, se van sucediendo mostrando sus verticales entrañas, más bellas cuanto más avanzas, como si se reservaran para el esfuerzo. ¡Qué grandes lecciones nos da siempre la montaña! Dejamos atrás el barranco del ibón de Piedrafita, que se ve las caras con esta Plana Alta de Boj y seguimos nuestro deambular por entre estas lomas y vaguadas, que como síncopas del terreno se van alternando en nuestro discurrir.



En progresión por la Canal del Pan
            Tres horas y media, parada bocado incluida, median hasta formar parte del paisaje de la Rinconada de Arbenuso. Dejando atrás la Canal del Ganado, una de las opciones para superar los murallones del circo, nos acercamos ya a la entrada de la del Pan, que nos recibe con sus migajas… por decirlo fino. Unas migajas en forma de empinado e inestable canchal que se nos antojan las petrificadas babas de las fauces que tenemos que asumir nos van a tragar de pleno. Poco a poco, la pendiente se va haciendo mayor, lo que coincide con la aparición de la roca de este desfiladero. Una roca noble, pero que hay que ir tanteando con las cuatro extremidades antes de asirnos a ella. Media hora escasa trepando nos lleva superarla, que sin demasiada dificultad técnica, sí que merece toda nuestra atención. Media hora decimos para auparnos a ese gran plató que alberga en su seno al ibón de Bucuesa, dando el mismo nombre también a uno de los picos que en él se reflejan. De orientación norte sur, este valle que aquí comienza, es surcado por el río Aurín, que se rinde al Gállego en Sabiñánigo, junto a la población con la que comparte nombre, yendo ya humanizado desde Acumuer.


Somolas y Peña Nevera
             Pero eso es aguas abajo, y nosotros vamos aguas arriba. Dejamos atrás los montes más occidentales de esta sierra de La Partacua, para toparnos con otro importante murallón, la trasera del cierre oriental del circo de Ip, donde se asientan Peña Nevera, los Cuchillares, la Pala Alcañiz o pico Bucuesa, el Dedo, adelantado hacia Ip, los Píquez, el Águila y los Campanils. Este circo se cierra al norte por otro paredón, el formado por la Punta Arbenuso y los tres Calcín, con la Forca. Nuestros pies notan a mejor el cambio del paso a la tasca de altura, pero no por mucho tiempo, ya que pronto llegamos a una zona de caos con enormes bolos, preludio de la otra subida de la jornada, la que nos lleva a una debilidad de este último cordal mencionado, abriéndonos la vista a otro circo, al de Balsera, por el que fluyen diversos barrancos que vierten al recién nacido Escarra, que lo hace en otro ibón, el de la Sierra.



El Hombro y la Punta Ezcarra
            La llegada aquí confirma eso de que no nos salían las cuentas, y es que contrariamente a lo que pensábamos, no estamos en el collado definitivo. Tenemos, pues, que rodear la parte alta de este circo a través de un relativo cómodo canchal sin excesiva pendiente, y que alberga todavía algún nevero tardío que no se ha querido perder el compartir espacio y tiempo con los primeros latigazos estivales. Lo que sí nos sorprende es que encontremos marcas rojiblancas de GR, más cerca de ser recientes que de demasiado viejas. Cinco horas y cuarto para llegar, ahora sí, a esa divisoria de grandes cuencas, Gállego y Aragón, que lo es también de las comarcas por ellos regadas como principales caminos de agua. Ahora sí, decimos. Tras pisarles los pies al Bucuesa, Píquez, Águila y Campanils de Ip, nos colamos por entre la brecha que dejan estos últimos y el siguiente que es La Balsera, que se convierte en el Hombro de Ezcarra, continuando hasta la mismísima Punta del mismo nombre. Estamos a 2.540 metros de altitud, y se puede considerar la cumbre de la jornada. Dejamos atrás los espacios tensinos para abordar los del Aragón a través de esta hermosa cuenca de corto nombre, Ip, abierta a ese gran río al que rinde.


Edelweiss, la más bella, la más alpina
             A pesar de lo previsto, no se nos hace incómodo el descenso de estos más de cuatrocientos metros de desnivel hasta la lámina del ibón represado, verdadera obra de ingeniería para sus tiempos. Nos desviamos para cruzar la presa y situarnos en su extremo sur, donde tras un baño integral, aprovechamos para echar otro bocado, sin dejar de contemplar el paso que nos ha servido para este bascular a esta otra cuenca. Y poco más. Dos son las rutas para bajar este barranco, la clásica de la solana y la más reciente del paco, por la que optamos. En menos de una hora nos presentamos en el bosque, y en menos de otra en el puente de arriba de Canfranc, que nos sirve de marco para otro baño en aguas más frías a pesar de estar a más de mil metros por debajo del ibón, y que ya lo estaban.

           
Delicioso bosque
Y ahora sí que sí. Ahora sí que terminamos esta nueva escapada que ha sido mayenca y que ha reunido a los que en esta extraordinaria jornada de montaña se han aliado con estos caminos sin fin, con estas montañas sin fin, con estos momentos que querríamos sin fin. Aunque hay que confesar que en las 9h 30’ ha habido momentos en los que nos ha parecido que no lo tenía. En 6h 15’ en movimiento, y 3h 15’ parados, hemos recorrido los casi 22 km, con unos desniveles acumulados de 1.500 D+ y 1.800 D-, aunque esto último puede no ser muy exacto debido a los rebotes que se pilla el celoso GPS cuando te ve engullido por las gargantas. Una travesía sin grandes dificultades técnicas pero sí exigente en cuanto a la duración de la misma. De cualquier modo, recomendable cien por cien.





El track, en: http://www.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=10139155

lunes, 29 de junio de 2015

El Perdido y cuatro perlas de su corona

A TUCAS ALBARS
Punta de las Olas (3.002 m)
Baudrimont SE (3.026 m)
Soum de Ramond (3.254 m)
Baudrimont NW (3.045 m)
Monte Perdido (3.355 m)
Domingo, 21 de junio de 2015



            Cuando vives la vida de forma apretada, sin mucho hueco entre unas cosas y otras, suelen suceder acontecimientos que te recuerdan que los planes son sólo eso, planes. El hecho luctuoso vivido estos días atrás en la familia ha sido más que un acontecimiento, un suceso, un triste suceso, y ha exigido, como no puede ser de otra manera, toda nuestra atención y dedicación. Jamás hubiera pensado tener que comenzar de este modo una entrada de blog, con las experiencias no vividas en una salida de montaña, pero de uno u otro modo tenía que ser… y así ha sido. Y lo ha sido sacándonos media hora antes, y de forma brusca de ese grupo formado por 8 mayencos y amigos rumbo a esa ambiciosa empresa de hacer el Monte Perdido y seis de sus satélites cercanos.


            No lo hemos vivido de primera persona, pero con todo lo transmitido por los que sí estuvieron, por su hondo sentimiento manifestado por todos ellos, y de forma ya más gráfica, por las imágenes de algunos y el relato de mi tocayo Josemari, ha conseguido acercarnos bastante a ello. Transcribimos pues esta crónica, con alguna licencia, permitida por el propio autor.



            “A las 14,00 del día 20 de Junio, cinco mayencos y amigos, José María, Paco, Rafa, Manuel y Jorge, ya que el padre de nuestro vocal de montaña Chema, acababa de fallecer, nos lanzamos a realizar una de las excursiones programadas, aunque con una “ligera” variante.

            El primitivo plan era subir solamente al Monte Perdido (3.355 m), pero a medida que se preparaba la excursión, se planteó realizar algo mucho más exigente, más ambicioso, una vuelta, en el sentido horario, al macizo del Perdido, Soum de Ramond (3.254 m) y Punta de las Olas (3.002 m), subiendo también a las cimas menores del pico de Las Escaleras (3.027 m), la Espalda de Esparret (3.077 m) y los dos Baudrimones, el NW (3.045 m) y el SE (3.026 m), un total de siete tres miles en una sola jornada. 

            Son las 16:00 cuando cogemos el autobús de Nerín, que nos acerca por la pista de la Sierra de las Cutas, hasta cerca del mirador de Cuello Gordo, para al cabo de unas dos horas llegar al refugio de Góriz, donde nos juntamos con Javier y Nacho, que han salido por la mañana para realizar la excursión de la Faja de la Pardina.

            Alojamiento, cena y breve charla con el guarda, quien nos comenta que es mejor realizar la vuelta en el sentido contrario, debido a la cantidad de nieve y la posible dificultad para bajar del Perdido hacia el Cuello del Perdido, de modo que admitimos el consejo y nos vamos a la cama.



            El domingo a las 06:15 toca levantarse. En el desayuno breve comentario sobre la ruta invertida acordada ayer, de modo que daremos la vuelta en sentido anti horario, descartando ya de entrada la ascensión a la Punta de las Escaleras, dada su dificultad en el descenso y el incremento de la distancia a realizar.

            Son las 07:00 cuando nos ponemos en marcha por las faldas del pico de la Punta de las Escaleras, siguiendo el camino del GR-11, dirigiéndonos hacia el collado de Arrablo para subir a la Punta de las Olas (3.002 m), primer tresmil del día, en donde tenemos un sentido recuerdo por el padre de nuestro vocal. Seguimos la marcha ascendiendo al Baudrimont SE (3.026 m), segundo tresmil de la jormada, después de tener que colocarnos los crampones, dado que había un nevero pequeño, pero con nieve muy dura, para después afrontar el tramo final de crestería de roca aérea.

            Vuelta a bajar y nos ponemos en dirección al Soum de Ramond (3.254 m), al que nos encumbramos casi todos, la excursión de ayer pasa factura. La subida es dura, con un nevero con nieve muy blanda y posteriormente un terreno de roca y tierra muy disgregado, pero al final y después de una buena sudada alcanzamos el tercer tresmil del día. Vuelta de bajada, y con todos los efectivos de nuevo, se decide eliminar de la lista la subida a la Espalda de Esparret (3.077 m), dada la distancia existente y el horario previsto, poniendo dirección hacia el Baudrimont NW (3.045 m), que presenta una arista de roca, que desde lejos se nos plantea inaccesible y a la que tampoco accedemos todos. Comandados por Nacho y Manuel, que van marcando el camino, vamos buscando las presas en la montaña, para alcanzar la cima en muy poco rato. Cuarto tresmil de la jornada.

            Al bajar recogemos las mochilas que hemos dejado antes de subir este pico e iniciamos la subida, a través del Cuello del Perdido, al quinto y último tresmil de la jornada, la joya de esta corona que nos estamos marcando, la tercera cumbre pirenaica, el techo del macizo, el Monte Perdido (3.355 m). La subida por el nevero se hace realmente dura, por la calidad de la nieve y el esfuerzo físico que llevamos ya a nuestras espaldas, consiguiendo alcanzar la cumbre tras más de una larga hora de ascensión. Abrazos de enhorabuena, felicitaciones a los que han subido por primera vez estas cumbres y tras las fotos de rigor y con mucho cuidadín comenzamos el descenso a través de la escupidera que se encuentra completamente nevada.

            En la zona del Lago Helado, realizamos el prácticamente único descanso de la jornada, comiendo un poco, y tras ello, nos volvemos a poner en marcha dirigiéndonos hacia Cuello Gordo, para coger de nuevo el autobús de bajada a Nerín, a donde llegamos a las 18:50 h, lo que supone una excursión de 11h 40’ de tiempo total, de las que 6h 50’ han sido en movimiento, para recorrer un total de 21,5 km con un desnivel acumulado de más de 1.800 m positivos y prácticamente los mismos de descenso, dado que entre Góriz y los miradores no hay mucha diferencia de altitud. A ello habría que añadir lo de la aproximación de la víspera.


            Una maravillosa jornada montañera con todos sus ingredientes, zonas de neveros con diferentes calidades de nieve, que han exigido colocarnos los crampones y el piolet, zonas de roca, en las que ha habido que realizar algún paso de bailarín de ballet y funambulismo. Ya sólo queda desear una pronta salida con nuevos retos a superar”.
  


            Por nuestra parte, sólo resta agradecer todas las manifestaciones de condolencias y el haber sacado adelante esta salida dado el compromiso de exigencia que tenía. Las imágenes que ilustran el texto están seleccionadas de los reportajes de Josemari, Javier y Jorge; y el track fue obra de Rafa. Tenéis aquí debajo los enlaces de todo ello. Gracias, de nuevo.