Año XV. Entrega nº 988
"Bergosa es uno de los pueblos abandonados que sus antiguos ocupantes se empeñan en evitar que desaparezca. Deshabitado desde 1966, está teniendo un "resurgir" a partir de 1998. Sus vecinos celebran cada 29 de noviembre la festividad de San Saturnino y han arreglado un fraginal* a poniente del templo desde donde las vistas sobre el valle del Aragón son espectaculares, tanto hacia el Pirineo como hacia la Val Ancha. Dicen de forma pomposa que han llevado a cabo el "Plan Hidrológico de Bergosa" (PHB) consistente en soterrar una manguera a lo largo de los 250 m que separan la fuente del citado fraginal* (2004). Antonio García Omedes.
Es lo que nos cuenta el maestro del románico aragonés como entradilla a su artículo sobre el templo de Bergosa, dedicado a San Saturnino, y que va a ser objeto de nuestra visita, una vez más, en la ruta de hoy, cuyo punto de mira lo hemos puesto en lo más alto de la sierra de Badaguás, que contempla plácidamente desde el norte la Val Ancha, hacia la que desparrama toda su solana, acogiendo a pueblos como Borrés, perteneciente al municipio de Sabiñánigo, y Espuéndolas, Gracionépel, Lerés, Badaguás, Baraguás, Ipas y Guasa, al de Jaca.
Esta larga sierra, paralela al eje pirenaico, se yergue entre los valles de los ríos Aragón y Aurín, y su fachada norte se deja caer hacia la Garcipollera. En algunos mapas figura como Alvarín, pero no le vamos a quitar su mérito, que ya se ha hecho mayor.
Con éstas y otras reflexiones, en una serena y fría mañana emprendemos la marcha en puente Grallas, por el Camino de Santiago en dirección contraria, hasta toparnos con otro puente, el de Torrijos, junto a su cantera. El nombre le viene de la contracción Torre de Hijós, ya que encima de esa cantera había una torre que pertenecía a los señores del lugar de Hijós, y que defendía el estrecho paso. En los siglos XIV y XV eran los Jiménez de Azlor los que ostentaban ese título.
Dejamos este histórico lugar, y el también histórico camino jacobeo que lo atraviesa, para cruzar el recientemente renovado trazado ferroviario por un túnel, y dar comienzo al verdadero sendero de ascensión a Bergosa, indicado por un artesanal mural junto a unas escaleras que deberemos subir para dar continuidad a ese sendero, que nos deja en el término de una pista que accede a fincas.
Allí, de nuevo un cartel nos indica que hemos de cruzar el canal de traídas de agua a Jaca, cuyas obras finalizaron en 1891, estando ahora a la espera de financiación para su renovación integral. El objetivo es el de modernizar una infraestructura pensada para el abastecimiento de poco más de 4100 habitantes, y que lo sigue haciendo hoy en día a 14 000 residentes, cifra que se puede multiplicar por 3 o 4 en las diferentes temporadas.
La entrada en el bosque hay que hacerla con decisión, y no sólo por la pronunciada cuesta, sino porque los primeros compases discurren por algo más parecido a una trinchera, pero que pronto se convierte en sendero más normal, aunque la pendiente sigue, y lo hace hasta llegar a Bergosa, al cabo de una hora de haber salido. Nos recibe la flamante era con el fraginal* de Iguácel, reconstruido en 2007 por la Asociación de Amigos de Bergosa.
En este histórico emplazamiento ya habíamos estado en varias ocasiones, y había sido objeto en los reportajes de algunas de ellas. El historiador Antonio Ubieto, lo cita como primera mención, en su Cartulario de San Juan de la Peña, nº 19, entre 948 y 962. En 1834 tenía ayuntamiento propio, que comprendía también el Mesón del Señor, próximo a puente Torrijos, y en 1845 se une al de Bescós de la Garcipollera, pasando, definitivamente, al de Jaca en 1961.
Lugar milenario, por tanto, al que le debemos, al menos, el respeto de las canas. Unas canas que terminaron de ser visibles, pasando a la total alopecia en la década de los años 60 del pasado siglo, cuando el último portazo, el que dieron en 1966 Benito y Simona, de casa Chaime, una de la docena que había en sus mejores tiempos, sonaría como un aldabonazo en todo el valle.
Los 1120 msnm de esta primera era que sale a nuestro paso nos ofrecen, con extrema generosidad, unas preciosas vistas sobre el fondo del valle, ocupado por Castiello de Jaca, y su pedanía Aratorés a media ladera, todo ello dominado por la dama del valle, la Collarada que, con sus 2886 msnm, es el punto más alto de la comarca de La Jacetania, sin tener competencia a semejante altura hasta el Cantábrico. Hacia el sur, la omnipresente Peña Oroel, al cuidado del Campo de Jaca.
Dejamos la era y sus contemplaciones para internarnos por una callejuela del pueblo, que nos lleva a la parroquial de San Saturnino, originaria del siglo XII, con los añadidos y modificaciones posteriores. Bajamos para visitar el conjunto recuperado de fuente y lavadero, donde resuenan los ecos de los últimos arrieros y lavanderas. El diccionario de Madoz, publicado entre 1845 y 1850, nos cuenta que tenía 9 casas, y que la municipal servía de cárcel. También, que algunos vecinos se dedicaban a la extracción de roca caliza para cocerla en hornos de cal, que llevaban a Jaca y otros pueblos.
Abandonamos este milenario lugar para tomar ya una pista que nos va a ir subiendo hacia nuestro objetivo, el Albarún, que alcanzamos en algo menos de hora y media desde la salida de Bergosa, tiempo en el que salimos del bosque para discurrir por una loma a dos aguas, con esa doble visión sobre ambos horizontes. Más bosque, con la pista ya con nieve continua, y volvemos a salir de él, teniendo que hacer un giro brusco hacia poniente, con un frío viento de sur que no nos hace muy agradable la estancia en cima, a donde llegamos al cabo de dos horas y tres cuartos.
No estamos mucho tiempo, pero el suficiente como para compartir con esta montaña su visión sobre el entorno, sobre su amplio entorno. Al sur el Campo de Jaca, con su Oroel; a su derecha la Canal de Berdún, y a su izquierda, la Val Ancha, escondiendo la Estrecha tras los Capitiellos. Al este, toda esta sierra de Badaguás, que se vuelve a mojar los pies en el río Aurín, que trae las esencias del ibón de Bucuesa, entremedio del macizo de Collarada y la Partacua. Al oeste, el río Aragón, que las trae de los de Ranas y Truchas, en Astún. Todo un privilegio, que no tardamos en abandonar, dejando las antenas y el vértice geodésico.
Volvemos sobre nuestros pasos hasta, al cabo de media hora, tomar una pista a la izquierda, abriendo la circular, que nos lleva por encima de Bergosa, pasando por el sendero que allí conduce, y al collado de Ipas, donde confluyen varias pistas. Tomamos la que nos sube a otra loma, para bajar, ya definitivamente, hacia el solano de Claraco, donde se asientan los restos de un antiguo poblado medieval, del que queda en pie una cabaña de cúpula redonda. Sí, redonda, aunque la planta de la pequeña construcción es cuadrada… y porque la recordamos en mal estado, aunque ahora ha sido desmontada, entendemos que para reconstruirla.
Seguimos perdiendo altura, acercándonos ya a cada paso al fondo del valle, que se abre a nuestra vista. Pasamos junto al sifón que permite dar continuidad al agua del canal salvando el barranco Salado, en el paco* del monte Rapitán. En poco ya se llega a una pequeña explanada junto a la carretera, que tenemos que cruzar, a no ser que, como es el caso de hoy, el escaso caudal del barranco nos permita pasarla por debajo.
Incorporados al Camino de Santiago, donde cerramos la circular, sólo nos quedan, unos pocos minutos para llegar al punto de arranque de esta circular por terreno doméstico, y a la que le hemos dedicado 5 horas y cuarto, para recorrer una distancia de 18,4 km, salvando un desnivel acumulado de 885 m D+/- (Wikiloc: 825 m D+/-), habiendo alcanzado la altitud máxima en los 1550 msnm del Albarún.
GLOSARIO
Fraginal: Pajar
Paco: En el alto Aragón se denomina a las laderas umbrías
BIBLIOGRAFÍA
Historia de Aragón. Los pueblos y despoblados, I. Antonio Ubieto. Anubar (1984).
RECURSOS DIGITALES
Las fotos, con sus comentarios y el track
*La publicación de la ruta, así como del track, constituyen únicamente la difusión de la actividad, no asumiendo responsabilidad alguna sobre el uso que de ello conlleve.
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