viernes, 14 de abril de 2017

Tarayuela, la cruz de Cantavieja

IXOS MONS
Tarayuela (1.738 m)
Lunes, 10 de abril de 2017



            Tarayuela, Tarayola… Encontramos este nombre en otros montes de Aragón. Será que es nombre común, aunque para los tres que hemos subido lo es propio. Tarayuela de Plenas. Tarayola de Calanda. Y hoy aquí, en el Tarayuela de Cantavieja, la capital del Maestrazgo turolense, y que forma parte de la larga lista aragonesa de pueblos más bonitos de España. Distinción merecida, desde luego. Situado en lo alto de una loma caliza, sobre el río que le da nombre, sus 1.300 metros de altitud le confieren una espectacular atalaya sobre los grandes espacios que le rodean. Uno de ellos, el más sureño, está ocupado por ese monte Tarayuela, a cuya cruz, siguiendo las indicaciones del amigo Diego, con Sara y Marisa, nos dirigimos hoy.

Al poco de arrancar

Progresando
            Tomamos la carretera de Mosqueruela, y apoco más de dos kilómetros, sale a mano derecha, un tanto escondido, el arranque del antiguo GR 8, que tomamos ya con el objetivo a la vista, fácilmente identificable por la cruz metálica que hemos de alcanzar. De modo que con vocación de ir ganando desnivel con facilidad, tras un arranque suave, continuamos por una amplia loma herbosa. Las marcas cruzan la carretera y continúan con clara determinación de acercarnos hacia el roquedo cimero, que poco a poco vamos dejando a nuestra izquierda para llegarnos hasta el collado, que alcanzamos al cabo de algo más de media hora, donde nos espera Diego, que en cinco minutos más nos acompaña hasta esa cruz que domina todo el espacio del mediodía de Cantavieja.

Cantavieja, la joya de la corona, con la Muela de Monchén de telón de fondo

Masía Oliver
            La panorámica que dan los quinientos metros de diferencia de cota entre la cruz y el pueblo justifican el ascenso a esta extraordinaria atalaya. En esa panorámica destaca la muela Monchén, algo más alta que la cruz. Un ascenso que se puede complementar acercándonos hasta el vértice geodésico, dejando a nuestra izquierda lo que queda de la masía de Oliver, y sus campos, que rezuman aires de otros tiempos. Si tenemos tiempo y ganas, nosotros lo hemos hecho, podemos seguir hacia la masía de Altaba, donde un oportuno banco de madera puede acogernos para contemplar el excelente panorama sobre el pueblo y sus alrededores. Un panorama que nos viene documentado en el panel informativo del Mirador de La Tarayuela que hay un poco más abajo.

De verdadero lujo

Masía de Altaba
            Nuestro anfitrión de hoy, Diego, que nos va siguiendo con el rodante, nos recoge aquí para bajarnos ya a Cantavieja, donde gustamos de un relajado paseo por su casco viejo, con casas infanzonas y todo el legado arquitectónico que siglos de historia han dejado para deleite de propios y extraños, y que bien sienta tras la estupenda tarde de monte de hoy. Sí, será difícil no asombrarnos ante la plaza porticada con su imponente iglesia de la Asunción y el Ayuntamiento, o el antiguo castillo, convertido en ermita del Santo Sepulcro, o cualquiera de las ermitas que pueblan su término. Según la leyenda, fue Amílcar Barca quien fundó Cartago Vetus en el siglo III a.C., la actual Cantavieja, aunque se han encontrado vestigios arqueológicos anteriores.

Amanece sobre Cantavieja

Vigilante
            En cuanto al balance, las posibilidades son múltiples. Desde el desvío de la carretera hasta el mirador, pasando por la cruz han sido 3,6 km, en los que le hemos metido 1h 25’ de tiempo total, del que 1 hora ha sido en movimiento, para salvar 330 metros de desnivel acumulado D+ y 125 D-. Claro, que cabe la posibilidad de volver por el mismo sitio, con poco más de 7 km. Si lo hacemos desde Cantavieja, con vuelta por la carretera salen del orden de 11,3 km, que bien se pueden hacer en tres horas. Y si queremos hacer un corto paseo, podemos comenzarlo en el mirador y acercarnos hasta la cruz, pasando por el vértice, lo que no nos llevará ni hora y media.








Monte Oscuro (radar) en la Sierra de Alcubierre

IXOS MONS
Monte Oscuro, radar (824 m)
Lunes, 10 de abril de 2017



-                      - ¿Al Monte Oscuro?, y ¿a qué vas a ir allí?, si no hay más que jabalíes y monte cerrado…

            De esta forma, con esta, más que conversación, recomendación, empezamos el relato de la ruta de hoy. Unas palabras muy normales en los viejos del lugar, en aquellos hombres que han pateado el monte toda su vida para trabajarlo o para sobrevivir, sin llegar a pensar que se pudiera hacer de forma lúdica. Unas palabras, aunque desfasadas hoy en día, si no perdemos la perspectiva, podemos ver que están llenas de sabiduría, porque el criterio estaba claro… donde no hay nada a ganar, la pérdida estaba cercana. Y es que esa gente no necesitaba hacer ejercicio per se, porque estaban todo el día haciéndolo, no como hoy, que debido a los trabajos sedentarios, tenemos que hacerlo si queremos mantenernos algo a tono.

Ruinas de la ermita de la Santa Cruz

Cuidadas sabinas jalonan el camino
            Unas palabras estas, decimos, que el suegro de nuestro acompañante de hoy, Ramón, le espetaba cuando éste, en su insaciable curiosidad, le mostraba interés por visitar este monte. Un monte allí donde los Monegros oscenses se aúpan para empinarse y contemplar la depresión del Ebro, en la Sierra de Alcubierre. Un monte que se alza para encararse con el San Caprasio y decirle que sí, que será el más alto, pero que por muy poco. Un monte cuyo nombre conserva las reminiscencias de lo que un día todo este vasto páramo monegrino fue: Monegros, montes negros. Monte Oscuro, y es que sorprendentemente aún le queda un reducto de esa vegetación, de esas sabinas que con el monte bajo van sacando adelante estos paisajes. Vamos a por ellos, con el amigo Ramón, gran conocedor de ellos, porque se los re-corre del derecho y del revés.

Caminos de libertad

Ventana monegrina al norte
            Desde las piscinas de Perdiguera, partimos por el Camino del Monte, que antes de abandonar dejamos a la izquierda, en un alto, los restos de la ermita de la Santa Cruz, que según las informaciones, estuvo asociada a una población medieval del siglo XII. Un poco más adelante, transcurridos desde el pueblo unos 5,7 km, nos encontramos un desvío a la derecha, señalado con un indicador de “Radar Meteorológico”. Y como es ahí a donde nos dirigimos, avanzamos como medio kilómetro más para dejar el vehículo y comenzar la circular. Una circular que no engaña, desde el comienzo tenemos el objetivo a la vista, un enorme artilugio esférico se sobrepone a la cumbre roma de este monte, y que alberga ese radar meteorológico de la red que AEMET tiene distribuida por todo el territorio nacional.

La Sierra de Alcubierre se asoma al Valle del Ebro

Objetivo a la vista
            Comenzamos por una pista, que en veinte minutos nos deja en un campo labrado que, presuntamente se ha ido beneficiando del camino, que hay que ir buscando tras andar por el canto unas decenas de metros. Enseguida nos metemos por sendero en un pinar, no muy cuidado, pero pinar al fin y al cabo, algo sorprendente en el estereotipo que tenemos de la estepa monegrina. Por un continuo sube y baja continúa nuestro recorrido, hasta asomarnos a una cornisa, dando vista hacia el norte, con un verdadero tapete de mil colores a los pies, y densa calima que impide la visión clara del Pirineo. Un poco más adelante, cambiamos de vertiente, y nos asomamos hacia la sur, hacia la depresión del Ebro, con el mismo tapete y la misma calima, pero que no impide ver al padre Moncayo observando cómo se le va el agua entre sus dedos.

Cados de adrenalina

Los romeros salen al paso
            En llegando a un punto determinado, muy próximo ya a la zona de las antenas, seguimos por el sendero, que volveremos a traer de vuelta hasta aquí para continuar la circular  ya de descenso. El terreno está salpicado de hoyos, de grietas, de odio y de venganza, de incomprensión y de amargura, de la sinrazón en definitiva de nuestra última contienda. Con todo ello, y tras dejar las antenas atrás, llegamos finalmente a la parte más alta de este Monte Oscuro, que en sus 824 metros de altitud alberga ese radar meteorológico que destaca a los cuatro vientos. El sendero que traíamos no nos ha pasado por el vértice geodésico, cuyos 810 metros le sitúan por debajo de nuestro objetivo.

Leyenda del Monte Oscuro

            No hay muchas opciones para iniciar desde el radar otro itinerario de vuelta. La mejor, hacerlo por donde hemos venido, hasta ese punto en el que abrimos la circular siguiendo por el pinar, hasta dar con otro campo, que presumimos ha hecho como el anterior. Ya por pista, pero jalonada por agradecidas sabinas y enormes y floridos romeros, en menos de una hora desde arriba, llegamos al coche, habiendo completado una buena mañana de monte, tras haber recorrido 11.2 km, en un tiempo total de 2h 55’, del que 2h 25’ han sido en movimiento, para cubrir un desnivel acumulado de 530 m D+ y D-.





Track:  https://www.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=17219711

viernes, 7 de abril de 2017

El Balcón y Sable, sobre el Mar de Aragón

IXOS MONS
El Balcón (367 m)
Sable (393 m)
Jueves, 6 de abril de 2017



            Ahí donde el duro paisaje monegrino se abalanza sobre la gran depresión, antes de llegar a ella, se ve frenado por un reducto natural que cambia completamente de apariencia, pasando de lo puramente estepario, o beneficiado por el regadío, a una sierra que alberga bosques de pino autóctono, con otras especies de ambiente mediterráneo, formando un enclave único en el que naturalistas, biólogos, así como cualquiera que se haya acercado a él, han podido encontrar singularidades en los amplios campos de litología y suelos, vegetación y flora, fauna silvestre y reserva cinegética, que hacen de este singular lugar un reducto con unos biotipos de una riqueza extraordinaria. Hablamos de la Serreta Negra, entre el reseco Monegro y el Ebro calmado en el Mar de Aragón.

La vida se abre paso en estos austeros suelos

Camino del punto de arranque, vislumbrando ya el pinar
            Nos dirigimos en esta ocasión a la comarca del Bajo Cinca. Sí, porque más bajo no puede estar ya. El río Segre le pilla la delantera y llega antes que él al padre Ebro. Ambos políglotas, unen sus aguas a escasos kilómetros de su desembocadura en el embalse de Ribarroja, aguas abajo del de Mequinenza, el mayor de Aragón, cuyas orillas, extendidas a lo largo de en torno a 500 km, se retuercen sobre el terreno, formando una serie de vericuetos dibujados por manos artesanas. Sobre una de las atalayas que los dominan, se encuentra un monte con nombre propio, como todos, sí, pero éste más, se llama El Balcón, y se aúpa unos 300 metros por encima de ese ensanche artificial del Ebro que se abre paso a codazos por entre los montes circundantes.

Compañeros de viaje

Bajando a la val de Panocho 
            Partimos de la localidad monegrina de Peñalba, por la carretera A-2213, que se une a la A-2410 que viene de la bajocinqueña de Candasnos y que va en dirección a Caspe. Algo pasado el PK 17 tomamos a la izquierda una pista agrícola conocida como el camino de la Plana Ciega. A la altura de la balsa de Las Amargas, que sólo vemos en los mapas, entramos en el TM de Fraga, que ya no abandonaremos en todo nuestro tránsito. Como a 6,5 km desde la carretera encontramos una casa a mano izquierda, que es donde dejamos el vehículo. Estamos en terreno de concentración parcelaria, con extensos campos, y pistas rectas y bien trazadas. A lo largo de este recorrido motorizado, hemos tenido la ocasión de ver la alternancia de campos en barbecho con otros cultivados, que lucen sus mejores galas, verdes galas, acercándonos poco a poco a esos pinares que caracterizan este oasis de flora y fauna entre el paisaje monegrino y la cuenca del Ebro.

Comienzo y final de la ruta

Terreno de transición, entre la estepa y el pinar
            Bien, llegados pues a esta caseta, que no sabemos si alcanza la categoría de masía, y cuyo nombre desconocemos, dejamos el vehículo y nos echamos a andar. Si veníamos por el camino de la Plana Ciega, aún lo continuamos como algo más de 300 metros, al cabo de los cuales damos un brusco giro a la derecha, tomando otro, que en unos 900 metros más nos lleva al mas de Panocho en los mapas, pero del Planchiste sobre el terreno. Aquí, continuamos por nuestra derecha, abriéndose a la izquierda la vista a una val, la de Panocho. A unos 150 metros más tomamos el ramal que a ella baja, para dejar el del barranco del Espartal que sigue su curso, para continuar nosotros por la curva de nivel del camino de la izquierda, metiéndonos ya definitivamente en el de El Sable, para no dejarlo ya hasta un lugar próximo a nuestro objetivo.

Sabinas jalonando el camino

Llegando a El Balcón
            Mientras eso llega, nuestra aparente monotonía en el tránsito plano por estas tierras, no lo es tanto si vas observando todo lo que sale a tu paso visual, la masa forestal de pino carrasco se ve intercalada por enormes matas de florido romero, algún ejemplar de sabina, coscoja… especies todas ellas bien adaptadas a estos terrenos secos, terrenos de margas y yesos. En cuanto a las especies animales, tanto terrestres como de avifauna, también son las características de estos terrenos, destacando una nutrida presencia de ciervos. Gran parte de estas sierras está comprendida en el LIC de Liberola-Serreta Negra y en la ZEPA Valcuerna-Serreta Negra- Liberola.

Los Monegros, verdaderos Montes Negros, se asoman a la cuenca del Ebro
Estepas con vistas al Mar... de Aragón
            Conviene ir bien dirigido por estos caminos, por los que te vas encontrando bifurcaciones que de no pillarlas bien te desviarías del objetivo. Tres son las más importantes que hallamos, tomando siempre en todos casos la de la derecha, hasta tras haber transitado como unos 7 km y habiéndonos asomado ya a esa depresión del Ebro, dejamos este camino de El Sable para alinearnos con ese ancho eje fluvial y continuar también por nuestra derecha. Tras una brusca bajada, que se compensa con otra brusca subida, nos acercamos ya al punto más alto de este monte, a El Balcón, que con su merecido nombre se asoma a un espacio espectacular sobre esos meandros que dibujan las mansas aguas del Mar de Aragón.

Enormes barbechos junto al camino

Vértice de El Balcón
Vértice de Sable
            Hora y media larga hasta aquí. Disfrutamos, junto al vértice geodésico, del imponente panorama, y nos damos media vuelta, haciendo la ruta de regreso por el mismo itinerario. Y lo hacemos hasta un lugar próximo al Sable, otra de las puntas romas de esta gran sierra, donde tomamos un ramal a nuestra derecha para subir a visitar esta altura y su vértice geodésico, y seguir por el camino hasta una enorme finca, ahora en barbecho, junto al mas del Planchiste, desde el que continuamos por el camino común de la ida, hasta el punto de arranque, donde damos por terminada esta ruta, no tan montañera como otras, pero que nos ha permitido descubrir un insólito paraje que aporta diversidad a nuestra tierra aragonesa.

Terrenos de cultivo arañados al bosque

            Una bonita mañana, pasada por estas tierras fragatinas del Bajo Cinca, habiendo recorrido 14,9 km, en 3 h de tiempo total, del que 2h 40’ han sido en movimiento. En cuanto a cotas, la curiosidad es que es la misma la del punto de partida que la del objetivo de El Balcón, siendo algo mayor la del Sable. Unas plataformas sobre el cauce del Ebro, que por muy planas que parezcan, han dado de sí para casi 300 metros de desnivel acumulado D+ y D-.




  
Track:  https://www.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=17105727

domingo, 2 de abril de 2017

Pico del Águila y Ordás, los vigías del viento

IXOS MONS
Pico del Águila (1.619 m) y Ordás
Sábado, 1 de abril de 2017



            Breve cuña de mal tiempo en la montaña, pero tenemos la solución, marchar a la tierra baja, a esa a la que recurrimos siempre en estos casos, a esa nada celosa que nos acoge siempre que vamos, a esa menos visitada, menos contemplada, pero que guarda unos encantos sólo reconocibles para aquellos que nos deslizamos por sus senderos, que nos aupamos a sus alturas, que sabemos valorar lo que ella es. Hoy nos vamos a la Sierra de Guara.

Salimos de Arguis
Progresando por el bosque
            Sí, con los amigos Toño, Petri, Mª Jesús, su Carlos, Marisa, Sara y otro Carlos más, partimos del mismo borde del embalse de Arguis, que más lleno no puede estar, para hacer una bonita circular, subiendo al pico del Águila por el barranco Castil de Villas, una depresión entre la Punta de la Viñaza y nuestra loma, dejando a la Peña Roya al norte, para bajar por Ordás, ese conjunto arquitectónico que con sus varios elementos lucha por sobrevivir, sin apenas conseguirlo. Sólo su visita puede revivir su memoria.


Los vientos perfilan los pinos
            Pico del Águila y Ordás, sí, los vigías del viento, que hoy, desde luego han tenido mucha faena. Y hete aquí que nos convertimos en esos transeúntes también del viento, porque está endiablado. Y en su compañía nos dirigimos hacia un marcado rumbo este para meternos en el bosque por un bien definido sendero que pronto nos va descubriendo a nuestra derecha ese bravo barranco llamado Castil de Villas, para una vez sobrepasada esa ralla que culmina en la Punta de la Viñaza, dejarnos cambiar de barranco, esta vez al de Forna.

Cuenca de Arguis

Tras el sendero un breve tramo de pista para alcanzar la cumbre
            Entre unos y otros, nuestro tránsito por el bosque se ve intercalado con algún claro, a través de los que podemos ir viendo más perspectiva sobre ese terreno que dejamos atrás, sobre esa cuenca de Arguis, en cuyo fondo yace ese embalse alimentado por el Isuela y todos los barrancos que de las Calmas por el sur y de Bonés por el norte a él vierten sus aguas. Y esos bancales entre pueblo y embalse que destilan nostalgia de un tiempo que se fue. También vamos dando vista sobre la Hoya de Huesca, agachada ella para no ser pasto de los vientos.

Cuenca de Belsué
Visgta sur, con destacados montes de la Sierra de Guara
            En cosa de hora y media nos presentamos en el acceso carretero a ese complejo de antenas y repetidores que colonizan la cumbre de este monte, el pico del Águila, que ya nos permite asomarnos a otra gran cuenca, la de Belsué, también con su pueblo y su pantano, embalsado por el Flumen, un recién nacido que le hacen amansarse, naturalmente, sin conseguirlo, ya que han tenido que hacer una segunda barrera en Cienfuens para sujetarlo del todo. Cuatro pasos y nos llegamos hasta la cumbre, asomándonos a esos montes de Gabardiella, Corcurezo, Fragineto, Borón… todos ellos bajo la tutela visual del Tozal de Guara, y el Picón, Peña Amán, Salto de Roldán, Piacuto y tantos otros, algo más alejados.

Ermita de Ordás

Castillo de Ordás
            Poco tiempo para echar un bocado, la mañana está estorbada. Con las mismas, volvemos sobre nuestros pasos hasta tomar el sendero y un poco más, donde está el desvío que nos encamina al mundo Ordás. Un camino no muy cómodo, por el que vamos perdiendo altura, y entendiendo que el viento ha venido hoy para quedarse. Dejamos a nuestra izquierda el desvío que se dirige a Belsué, para seguir el descenso, hasta llegar a una pista, que en poco nos lleva a la ermita de Ordás, como paso previo para alcanzar el castillo. Entre ambos, unos pequeños bancales atestiguan la vida que hubo, y de la que no se sabe mucho. Se trataba de un enclave medieval al amparo de ese castillo, que no es otra cosa más que un gran tapial con su puerta, por la que se accede al extremo de la pequeña planicie a la que no hay forma de acceder por ninguno de sus otros dos lados, ya que están protegidos por unos inexpugnables y enormes murallones que caen a pico sobre el Isuela. La forma que tenían de protegerse sus escasos moradores era la de entrar y cerrar la puerta, así de simple.

En la puerta de la ermita
Interior de la ermita de la Virgen de Ordás
            Volviendo a la ermita, salta a la vista que se trata de un conjunto arquitectónico un tanto desconcertante, pues se compone de varios elementos que si bien las sucesivas restauraciones lo han dejado en muy buenas condiciones, carece de uniformidad. El origen es del siglo XII, aunque se cree que pudiera datar de mucho antes. La imagen de la Virgen de Ordás fue quemada en la guerra civil. Pero sigamos, que de regreso aún nos queda otro punto de interés en este sorprendente dominio de Ordás. Se trata de una reconstruida cabaña pastoril, circular, con su perfecta bóveda, todo en piedra seca, con bancal de pasto a sus pies.

En el Castillo de Ordás
Cabaña Pastoril
             Unos nubarrones que con malas intenciones han asaltado la sierra de Bonés, entran en la cuenca de Arguis despachándose a gusto, pero no contentos con eso, y aliados con el fuerte viento, vienen a nuestro encuentro descargando la correspondiente ración de agua, que nos acompaña hasta alcanzar la carretera general, por cuya orilla, en menos de media hora llegamos al punto de partida en las orillas del embalse de Arguis.

Congosto del Isuela, o Foz de San Climen

            De esta forma, damos por terminada una bonita circular por estos siempre agradecidos montes, a la que le hemos metido 4h 35’ de tiempo total, del que 3h 30’ han sido en movimiento, para recorrer 11,9 km, con un desnivel acumulado de 960 metros D+ y D-. Y como bien está lo que bien acaba, no podía terminar mejor esta media jornada que en torno a una buena mesa, con buena gente, risas, y nuevos proyectos.