Año XV. Entrega nº 1037
«Toccare la historia con mano». "Para conocer la historia no basta con haber leído libros o recordar de memoria las fechas de los acontecimientos. Para adentrarse de verdad en los acontecimientos pasados hay que ver, tocar, sentir y vivir en su contexto".
Son frases repetidas en la información que ofrecen distintas organizaciones empresariales turísticas, incluso las propias instituciones que, con tal reclamo intentan atraer al visitante a unos lugares, que su extrema belleza y valores naturales y paisajísticos avalan el haber sido incluidos en la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco el 26 de junio de 2009 a través del dosier 1237.
Las Dolomitas, situadas en la parte septentrional de los Alpes italianos, tienen 18 cumbres que superan los 3000 metros de altitud. En las 141 903 ha inscritas en la mencionada lista, se encuentran paisajes de montaña considerados de los más bellos del mundo, distribuidos en 9 zonas, que se caracterizan por su amplia diversidad de verticales paredes, angostos valles, notables agujas, relieves glaciales y sistemas kársticos, que conservan plataformas carbonatadas del Mesozoico con abundancia de icnitas y otros restos fósiles.
Hay dos parámetros que gobiernan absolutamente todo en este mundo, que son el espacio y el tiempo. Hemos hablado de lo primero, como acervo medioambiental y paisajístico, pero no podemos obviar el segundo, que es lo referente a la historia, porque en esta ruta todavía resuenan los ecos de lo que por aquí aconteció hace poco más de cien años.
Hablamos de que fue un escenario en el que se desenvolvería uno de los episodios más trágicos de la Primera Guerra Mundial, conocida por aquí como la «Guerra Blanca», porque ese fue el ambiente en el que les tocó vivir esa parte de la contienda, cuyo detonante fue el asesinato del Archiduque Francisco Fernando, heredero de la corona austrohúngara, y a su esposa, a manos del serbio Gavrilo Princip el 28 de junio de 2014, considerada la fecha del comienzo de la llamada, también «Gran Guerra».
Italia, que cambió de bando en mayo de 1915 tras la firma del Tratado de Londres, se vio abocada a declararle la guerra al Imperio austrohúngaro, con la consecuencia de tener que vérselas en combates en estos escenarios, a más de 2000 metros de altitud, en torno a las Cinco Torres, entre 1915 y 1917, y que se volvieron cruentos más por las condiciones climáticas que por la propia contienda.
Como consecuencia de la derrota del imperio, a raíz del Tratado de Saint Germain en 1919, Italia consiguió un mayor control sobre los valles alpinos orientales, trasladando sus fronteras hacia los límites de la divisoria de aguas de los Alpes, incluyendo una superficie aproximada de 13 600 km2, de territorios de habla germana, que alcanzarían los 21 000 si contamos espacios no alpinos. A pesar de haber transcurrido más de 100 años es notable la influencia germana sobre estos territorios, especialmente en el idioma, que se suma al italiano, y al más ancestral y local ladino*.
Seguimos en el Parque Natural Regional delle Dolomiti d’Ampezzo, un área protegida de 11 200 ha, conectadas con el Parque Fanes-Sennes-Braies, formando una superficie total de 37 000 ha.
LA RUTA
Nos dirigimos al Passo Giau para dar comienzo a la ruta, que parte hacia el norte, y lo primero que nos encontramos es el Berghotel, un modernizado refugio de montaña a pie de puerto, desde el que vamos dirigiendo nuestros pasos, para abrir una circular a mano derecha, por el sendero 443, bien definido y que nos va descendiendo por el costado oriental del Ra Gusela (2595 m) y sus curiosas formaciones geológicas.
Alcanzamos Forame (2170 m) un cruce de caminos, que no nos impide seguir por el nuestro (443), hasta ver que se empina por una canal con cortos zigzags protegidos por maderos para llegar al Crépe dei Ronde (2182 m), donde se suaviza el sendero, que nos lleva al refugio Cinque Torri (2137 m), donde hacemos un pequeño alto. Casi dos horas hasta aquí.
Construido en 1904, por tres particulares de Cortina d’Ampezzo, es un refugio de los más antiguos de Dolomitas, de propiedad privada hasta que, en 1915, con el estallido de la «Gran Guerra» sería ocupado por el ejército italiano para albergar la Brigada Reggia. Tras el conflicto pasaría a ser propiedad del estado militar italiano, quien confiaría su gestión al Club Alpino Italiano (CAI), hasta que en 1937 volvería a manos privadas, adquirido por Pietro Alberti, habiendo seguido desde entonces en propiedad de la familia, haciéndose cargo de su gestión.
Los pasos nos llevan hasta la pista que llega al refugio, pero tenemos que seguir por un sendero que se toma a la izquierda, continuando por el 439, que nos va acercando ya a estas extraordinarias montañas en las que predomina la dolomía, una roca marina bien estratificada, que tiene su origen en corales de un mar tropical que ocupaba estos lugares hace más de 200 millones de años.
Seguimos por el laberíntico sendero entre los enormes paredones de estas torres, que se yerguen de forma caótica hacia el infinito. Tanto es nuestro acercamiento que nos hace pasar por un túnel bajo la torre 4, que nos da salida ya enfilando hacia ese gran museo a cielo abierto de la Primera Guerra Mundial, conocida aquí como la «Guerra Blanca».
Ya hemos hablado en la introducción sobre la contienda y sus estragos, algo que han querido escenificar en numerosos puntos de interés, recreando la vida y condiciones de aquellos hombres que les tocó por aquí bregar no sólo con el adversario, sino con las condiciones climáticas, que fueron su verdadero enemigo, soportando penurias, avalanchas, ventiscas y temperaturas que llegaban a alcanzar los 30º bajo cero en pleno invierno.
Bai de Dones en ladino* significa «baño de mujeres», y es referido a la leyenda asociada al cercano lago homónimo, en el que la tradición cuenta que estaba poblado por las anguànes*, unos seres mitológicos, ninfas acuáticas, que servían al dios romano Silvano, y que hacían sus baños secretos en el lago, teniendo la capacidad de desatar terribles tormentas si se las molestaba.
Ya perdonarán los lectores que nos hayamos apartado un poco de la ruta, pero lo hemos hecho al amor de este tipo de leyendas, que tanto abundan en las montañas, y no sólo en estas.
Con ello llegamos al refugio que, como habitualmente, encontramos repleto de personal. Las Cinco Torres, y los vestigios que guardan a sus pies, y más si se llega en telesilla, con sus 366 metros de desnivel, son un buen reclamo turístico.
El refugio Scoiattoli (2255 m) fue construido en 1969 por el guía alpino Lorenzo Lorenzi, manteniendo desde entonces su propiedad en la familia; gestionado hoy en día por su hijo Guido y su hermana, el significado literal de su nombre es «refugio de las ardillas».
Si se es capaz de abstraerse de tamaño gentío se podrá disfrutar de unos amplios espacios ocupados por grandes montañas, que te hacen reflexionar sobre tu relación con ellas, sobre lo pequeño que se siente uno en tan magno escenario, sobre lo que representa el mundo mineral en la escala evolutiva que, poseedor de conciencia como ser viviente que es, aunque mucho más lejana e inaccesible que en el resto de seres vivientes, es inferior a todos ellos, pero que es un mundo que constituye la base sobre la cual podemos desarrollarnos los demás. Nuestro más profundo respeto y admiración por ello.
En media hora alcanzamos el refugio Averau (2415 m), que es uno de los más codiciados de Dolomitas, y no sólo por su situación estratégica, sino por la diversidad de servicios que ofrece al visitante, estando galardonado por su rica gastronomía.
Su nombre proviene del monte bajo el que está construido, y que significa en ladino* «propiedad», que viene del latín havere, tener, haciendo referencia a los pastos y terrenos comunales de los valles colindantes.
El monte Averau (2648 m) sería alcanzado por vez primera por el escritor y alpinista austriaco Richard Issler (1844-1896) y el guía Santo Siorpaes (1832-1900) el 10 de agosto de 1874. A propuesta del Club Alpino Italiano* (CAI), la fundación Silla Ghedina*, colaboró en la edición del libro Storia di un irrequieto, dedicado a este inquieto explorador alpino, editado en alemán en 2016 y el italiano en 2022.
Construido en mampostería por la familia Finazzer en 1903, durante la Primera Guerra Mundial sirvió de cuartel general y enfermería del ejército italiano. En 1980, aún inacabado, fue adquirido por Sandro Siorpaes y su esposa Paola de Lorenzi, que lo inauguraron en 1982, siendo atendido, desde su jubilación en 2024, por sus hijos Margot y Matteo.
Se toma la bajada de una pista que en invierno hará las delicias sobre el blanco elemento, hasta tomar un desvío a la izquierda, por un sendero marcado como 452, dejando el 464. Una bonita travesía sobre el amplio valle nos lleva a la base de una severa cuesta, y ya no sólo por la inclinación, sino por estar el firme bastante descompuesto.
Cuando se tranquiliza, el sendero se vuelve más amable, y entre roquedos, con el final de nuestra ruta ya a la vista, vamos saliendo hacia el concurrido camino que nos baja al Passo Giau, habiendo cerrado un poco antes la circular que abríamos hace 5 horas y 40 minutos.
Aproximación:
Selva di Cadore, Paso Giau 8 km 20 minutos
Ruta:
Distancia: 10,1 km
Duración: 6 horas
Desnivel acum.: 570 m D+/- (Wikiloc: 403 m D+/-)
Altitud máxima: los 2420 msnm de las proximidades del refugio Averau.
GLOSARIO
Ladino: Lengua retorromance hablada en alguno de los valles alpinos del norte de Italia
Bai de Dones: En ladino, baño de mujeres
Anguànes: Seres mitológicos asociados al elemento agua, como las ninfas.
Scoiattoli: Ardilla
Storia di un irrequieto: Historia de un inquieto
RECURSOS DIGITALES
Parque Natural Dolomiti d’Ampezzo
Parque Natural de los Dolomitas d’Ampezzo
Las fotos del autor, con sus comentarios y el track
*La publicación de la ruta y del track constituye únicamente la difusión de la actividad, no asumiendo responsabilidad alguna sobre el uso que de ello conlleve.
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