martes, 26 de noviembre de 2013

San Martín dera Bal d'Onsera

IXOS MONS
San Martín dera Bal d'Onsera
Domingo, 24 de noviembre de 2013



            Hay lugares de los que hay serias dudas de que no fueron elegidos al azar. En realidad, no hay ninguna duda de que no. ¿Qué tendrán esos enclaves, que tanto atraen? Sólo esos primitivos eremitas lo sabían, y su secreto se lo han llevado a la tumba. Sólo esos primitivos eremitas, decimos, poseían la sensibilidad necesaria para discernir unos emplazamientos de otros. Sólo esos primitivos eremitas supieron elegir aquellos que les aportaban más serenidad, más paz, más fuerza telúrica para el desarrollo de su trabajo, de su vida contemplativa. Como si necesitaran ese impulso para sobrevolar estos eternos mallos. 

Interior del eremitorio
            Siguiendo la estela de esos primitivos eremitas, pues, y de ese egregor que construyeron, hemos venido hasta aquí, dejándonos querer, dejándonos fijar en una de esas ermitas, que como tantas otras, ha buscado la protección de la roca para recogerse sobre sí misma, para replegarse hacia el interior de su ser, donde la gorga se hace oración, el agua se hace canción, y el bronce lo cubre todo con su tañer. San Martín dera Bal d’Onsera es el lugar, y cinco somos los peregrinos.

           Huyendo del mal tiempo que se ha cebado en el eje pirenaico, andamos en busca de tierras más amables en las que podamos desarrollar la actividad de hoy. Actividad mayenca, por cierto. Podemos disimularlo como queramos, pero en el fondo igual es esa pereza de no querer enfrentarnos ya tan de sopetón al invierno, igual es que se nos ha pasado muy rápido el fugaz otoño, igual es que queremos seguir disfrutando de él, igual… no se sabe muy bien, pero lo cierto es que estas tierras pre-pirenaicas también tienen su encanto, y tan olvidadas que las tenemos bueno es tener alguna excusa para visitarlas.

Barranco arriba
            De nuevo en la Sierra de Guara, en ese Parque Natural de la Sierra y los Cañones de Guara, para disfrutar de una de sus muchas rutas, de sus escondidas rutas. Y en esta ocasión, también de sus míticas y místicas rutas. Una vez en Huesca hay que tomar la vieja carretera de Barbastro (bueno, de momento no hay otra hasta enganchar la autovía), para tomar el desvío a Loporzano. Se pasa por Barluenga y San Julián de Banzo, y un poco más adelante nos metemos por una pista de tierra que sale a la derecha, que avanzando por entre campos nos deja en un parquin, del que salimos a diez minutos de dar las once de la mañana, de una muy ventosa mañana.

Seguimos subiendo
            Tomamos el camino hasta el mismo lecho del barranco de San Martín, y al cabo de una media hora, el sendero lo abandona para vestirse de bosque, y al mediodía llegamos al punto donde comienza, y termina, la circular. Es domingo, y la actividad cinegética está en pleno apogeo a juzgar por los alaridos de los animales, en este caso los de dos patas. Estamos en un punto, bajo una enorme visera de roca en donde el camino da dos opciones, y las dos llevan al collado de San Salvador. Por la izquierda se puede subir, que subimos, a través de las sirgas dera Biñeta; y por la derecha, que bajamos, por la senda dos Burros.

Fernando encabezando la expedición
            La atenta lectura de una esquela rupestre, en la que se da cuenta de “…una desgracia en un barranco inmediato procsimo al camino…”, es el punto de partida de este sendero amenizado por una vieja barandilla y unas más recientes sirgas, que si bien no se puede decir que sean necesarias, lo cierto es que dan confianza y facilitan la progresión. A la hora y media del arranque de la jornada, llegamos al collado de San Salvador, donde encontramos un panel informativo de la rica avifauna que anida en las verticales paredes de estos mallos de conglomerados, verdaderos supervivientes de mares lejanos en el tiempo. Este cartel no está solo, que lo acompaña otro en el que se llama al respeto por esas aves, prohibiendo la escalada desde diciembre hasta junio, ambos inclusive. Siete meses reservados para la reproducción y cría.

Mallos olvidados, mallos perdidos
            Este collado, es un hito a alcanzar para volver a meternos en las tripas del barranco, ayudados de nuevo por una más nueva todavía sirga, que en invierno y con el terreno helado sí que se hace necesaria. Burlamos el fuerte viento, pero conforme nos dejamos engullir por estas altas paredes vamos notando las humedades y fríos de estas gorgas en las que penetra poco el sol.

            Una vez llegados al lecho del barranco, hemos de ascender por él hasta dar con este lugar que estamos seguros de que a nadie deja indiferente. Lo tiene todo. Impresionantes paredes, un salto de agua que da origen al barranco, el espacio justo para que entre la luz y el sol, unas rocas que desafían las leyes de la gravedad, y que dan cobijo al santuario rupestre, cuyos orígenes, como todos de este pelo, se pierden entre la historia y la leyenda. Y una magia, una magia incontestable.

Sancta sanctorum
            Cuenta la tradición que fue el señor San Úrbez, que desde luego le cundió mucho en el Pirineo, el que fundó el lugar con vida eremítica, allá por el siglo VIII, que derivaría posteriormente en cenobio bajo la advocación de San Martín, obispo de Tours. Hay documentos que prueban la existencia de monjes antes del siglo XII, bajo la jurisdicción del obispo de Huesca. En 1110 su abad Pedro, donó el monasterio a la Casa Real de Jesús Nazareno de Montearagón, convirtiéndose posteriormente en monasterio femenino de ella dependiente. A lo largo de la historia, muchos reyes y nobles han acudido a él implorando descendencia, especialmente masculina, siendo todavía hoy en día lugar de peregrinación en romería de los vecinos de la redolada.

Todavía resuenan sus ecos
            Una pausada visita a lo que queda de él es lo que le cuesta al sol dejar de calentar y de calentarnos, de modo que apremiamos la salida para iniciar el regreso, que pasa de nuevo por bajar el barranco, subir al collado de San Salvador y volver a bajar al barranco, pero esta vez por el sendero llamado de los Burros, que nos deja en el punto de cierre de la circular, y ya por el común camino de subida, hasta el parquin.

          Algo más de cinco horas, de las que en actividad han sido escasas cuatro, para recorrer los casi 10 kilómetros, con más de 800 metros de desnivel acumulado positivo, que ha merecido la pena para visitar este lugar tan singular por su ubicación como por su acceso. Totalmente recomendable.




El reportaje completo de fotos, en:

Y el track de Sara, en:


4 comentarios:

  1. Que pasa que los altos se agachan..., para no tapar el Santo. Buena excursión y buen relato.

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    1. Sí, y los pequeños nos aupamos. Gracias por el comentario.

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  2. Vistas las fotos, como gozo viendo que las rodillas os funcionan a la perfección!!!!

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  3. ... bueno, no te creas, eh?, que la fiesta va por barrios. Gracias por el comentario.

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