lunes, 11 de noviembre de 2013

La Vuelta del Cielo (Reino de los Mallos)

IXOS MONS
La Vuelta del Cielo
(Reino de los Mallos)
Domingo, 10 de noviembre de 2013


          Hay duelos en los que los dos disparan a la vez, o casi. Pocos, pero los hay. Cuando esos abismos te miran fijamente a los ojos, no tienes más remedio que reaccionar, reaccionar súbito, y hacerlo para llenarlos de algo, y no precisamente de tus abismos interiores, de tus vacíos, de tus soledades, de tus miedos, no; lo tienes que hacer de tus esperanzas, de tus ilusiones, de tus pasiones, de tus abrazos y caricias visuales capaces de calmarlos. Cuando la mirada se va tan lejos que tarda en volver, cuando lanzas un grito interno cuyo eco tardas en escuchar, cuando tus dedos se alargan tanto que ya ni los ves, sabes que estás en esos abismos horizontales, en esos abismos verticales, en esos abismos.

Las aguas del Gállego
            Así ha sido la jornada de hoy. Pensada para haber sido de abismos verticales, de nuevo el tiempo y la observancia de unos mínimos de seguridad, nos han impedido realizar la ferrata de Peña Rueba, pero lo hemos sustituido por un placentero paseo por los Mallos de Riglos. La Vuelta del Cielo es como llaman a esta circular completa al Mallo Colorado y al gran macizo de los Pisón y Visera, que en dirección contra horaria asciende por entre el primero y el Chichín, otro de los mallos pequeños, para subirnos al mirador de Bentuso y dejarse engullir visualmente por esa luz infinita, por ese paisaje infinito, por esa amistad infinita que te da el medio en el que se desarrolla esta nueva actividad del grupo de montaña de Mayencos, con la colaboración de Aragón Aventura.

Nuevos carteles. Viejos caminos
            En una mañana con un 100% de posibilidades de lluvia, según las predicciones meteorológicas, y con menos lobos, Caperucita, en lo real, en lo de verdad, en lo que se vive, hemos tenido que accionar el plan B para darnos este vueltorrio, alargándolo un poco desde Murillo de Gállego. Lo cierto es que sí, ha estado amenazante, y con mucho viento, pero no ha impedido disfrutar de estos montes y de la visión que nos permite sobre las tierras bajas, sobre las tierras del sur. Nos ponemos en manos del Camino Natural de la Hoya de Huesca para bajar al puente de reciente fábrica, desde luego carente de gracia, jalonado por un mural informativo en el que se confunden los nombres científicos de la avifauna. Será que el Ministerio de Medio Ambiente está muy ocupado en proyectar trasvases y pantanos. Que me pierdo.

Abismos
            Los rojos y sabrosos madroños se nos ofrecen, y les hacemos aprecio. Cruzamos las vías de los recuerdos. Recuerdos de viejos trenes, de viejas mochilas, de viejas cuerdas y pesados clavos… de ligera juventud. El pueblo, Riglos, nos recibe con un aire confuso, con un aire debatiéndose entre la modernidad y ese rancio sabor de las viejas glorias, que en precario fueron abriendo esas verticales vías de conquista.

            Entre floridos romeros vamos tomando altura por un bien trazado camino al este del mallo Colorado, para ir subiendo aprovechando cualquier resquicio, cualquier ventana para poder admirar desde las alturas toda esta prodigiosa verticalidad. En una hora nos presentamos en el mirador de Bentuso, donde todo se detiene, el espacio, el tiempo. Todo, menos el viento. Bocado y para abajo, encarando el circo de verano. Cruce del sendero que hace la histórica travesía Riglos-La Peña por la Foz de Escalete. El espacio abierto que nos deja la imponente vista de la vertiente sur del macizo de los mallos al frente, y el desafiante espolón del Firé a nuestra derecha, es lo único que nos permite respirar visualmente en este paulatino descenso en el que estas paredes sin parangón se van haciendo más y más altas.



El Firé y sus cinco puntas
            Llegada al pueblo por la raíz del Puro. Nueva visita por sus calles para impregnarnos de su egregor y observar a los herederos de esas viejas glorias colgados por las distintas vías, como los clik de Famóbil. Y con las mismas, al Refugio de Montaña de Riglos, donde nos apretamos unos arroces que hacen temblar al mismísimo misterio. Y sin más misterios, volvemos a encarrilarnos en ese camino natural y su desafortunado puente. Llegada a Murillo, y con esas pocas gotas de lluvia, para que podamos decir que hoy ha hecho de todo, besos, abrazos, parabienes, y cada mochuelo a su olivo.


            Una jornada en la que hemos sido los reyes de este reino… siempre con el permiso de sus verdaderas majestades, los Mallos.


El reportaje completo de fotos, en:

2 comentarios:

  1. qué bonito relato, gracias, Chema!

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