jueves, 21 de enero de 2016

San Caprasio, de santidad por la Sierra de Alcubierre

IXOS MONS
San Caprasio (834 m)
Miércoles, 20 de enero de 2016











En el silencio del día que amanece
vengo a pedirte paz,
sabiduría y pureza,
amor y verdad.
En el silencio del día que amanece.

Quiero mirar al mundo
con ojos limpios;
ser paciente,
ser comprensivo,
manso y prudente.

Charles de Foucauld
            Mantras como estos, y otros muchos más, llegaron a estas sierras calladas, a mitad del siglo pasado, de labios de los seguidores espirituales de Carlos de Foucauld, que de cuna aristocrática, fue militar, explorador, geógrafo, colonizador, que se convirtió al misticismo debido a sus largas estancias en el desierto argelino. A caballo entre los siglos XIX y XX, con discreto, pero firme seguimiento de su doctrina por los llamados Hermanos de Jesús, supo buscar el Todo en la nada. Mantras como estos, por los que cabalgamos en nuestra juventud, a lomos de una pequeña comunidad que permanece en la localidad zaragozana de los Monegros, Farlete. Una comunidad de hermanos que aun hoy en día se involucran en la vida laboral y social del pueblo, y que tienen en las cuevas, bajo una de las cornisas que sostienen la cima de San Caprasio, verdaderas guaridas de silencio y contemplación sobre estas enormes extensiones monegrinas, en las que se puede hallar todo desde de la nada, llenarte si antes te vacías.



Cielos monegrinos
            Siguiendo esos pasos, y los propios nuestros, hoy toca deambular por estas tierras, que también tienen derecho. Monegros, término derivado de montes negros, por su antigua presencia de sabinas que conferían ese color al paisaje, y cuya mutación a la nada, raya hoy en día entre los vapores de las leyendas. Queremos subir al punto más alto de esta comarca, coronado, cómo no, por símbolos religiosos, vértices geodésicos y antenas, muchas antenas, incluso un punto de observación forestal. San Caprasio, muga municipal, y provincial, pero no comarcal, con un pie en la zaragozana Farlete y otro en la oscense Alcubierre, ve pasar el tiempo en su soledad. San Caprasio, con su solana llena de cicatrices, vacuas barranqueras sólo ocupadas muy ocasionalmente por las precipitadas aguas en las violentas tormentas estivales, entre tierras blandas de paisajes duros, desoladores, bellos. San Caprasio, pastor se dice que de cabras en Guara, y que llamado al camino monacal tiró su cayado, yendo a parar a la Sierra de Alcubierre, justo a estos parajes, donde se instaló. San Caprasio, nuestro destino de hoy. Allá vamos.

Terreno austero
            Con el amigo José Luis, nos llegamos hasta Farlete, uno de los puntos de partida para llegar a este monte. Por la calle de la Iglesia llegamos hasta la gran ermita de Nª Sª de la Sabina, para coger por su costado el camino de Lanaja durante unos cientos de metros hasta que se bifurca, donde dejamos el vehículo para encaminarnos para seguir por él, que va por la derecha. El sol, joven aun, ocupado anda en subir la temperatura, y crudo lo tiene, porque con un solo grado, hace que el suelo brille. Pronto cruzamos el barranco de San Caprasio, dando alcance visual a la torre de la Torraza. A poco más de media hora de salir, nos desviamos a la derecha para coger una pretendida senda que acompañando la curva de nivel nos lleva a cruzar el barranco de la Torraza, para tomar una loma que a degüello nos sube a la torre.

Llegando a la Torraza
            Según Patrimonio Cultural de Aragón, se trata de una torre construida probablemente por los Cornel, señores de la vecina Alfajarín, ya que Farlete se integró en los dominios de la familia a finales del siglo XIII. En abril de 2006 el GA crea la relación de castillos considerados Bienes de Interés Cultural, entre los que se encuentra La Torraza de Farlete. Construida en un alto, se trata de una edificación en clara decadencia, que entendemos tuvo su papel de vigilancia en el corredor de Ebro, y que visitamos por dentro y por fuera. Tomamos una pista que hacia el norte baja vertiginosamente de este cabezo, para volver a subir en busca del camino de Lanaja, que abandonamos para llegarnos hasta aquí.


Característico gendarme
            En esta pista nos encontramos un cartel que nos dirige hacia la derecha, pero optamos por la dirección contraria para pasar por el tramo más espectacular de todo el itinerario. En cinco minutos la abandonamos y nos metemos por un sendero a la derecha, que en otros diez nos deja junto a un llamativo gendarme. A partir de aquí hay que extremar la precaución, porque con la mirada puesta ya en el monte de San Caprasio, lo alcanzamos a través de una faja por una estrecha cornisa que nos acerca a las cuevas de los frailes, encontrándonos con unas inscripciones antes de llegar a ellas.


Llegando a las cuevas
            Muy próximo ya a la cumbre de este monte, se encuentran unas cuevas. La principal fue arreglada por los Hermanos de Jesús, en colaboración con el ayuntamiento, y está preparada como capilla, como nido de recogimiento y contemplación. Nos llegamos hasta San Caprasio, primero hasta el vértice geodésico y luego a lo más alto, que lo es también de la comarca de los Monegros. Las vistas que nos ofrece hoy el día son espectaculares, tanto sobre el valle del Ebro, aunque un poco brumoso, como por el norte, abrazando visualmente los blancos Pirineos. Un ajado mural nos da cuenta de los alrededores, impregnados de desierto y trabajos duros, ermitas y ermitaños, santos y bandidos.


Puente natural
            Regresamos a las cuevas, y por el delicado sendero hasta el gendarme, para seguir bajando por nuestra derecha por intermitente sendero por la loma de la margen izquierda del barranco de San Caprasio. Pasamos por unos terrenos robados al monte y aterrazados para campos de cultivo, pero que el monte los está recuperando. Las Lavaneras, figura en los mapas. Llegamos junto a un puente natural, muy en precario, observado por erosionadas badinas arriba y abajo del curso del barranco. Curioso, sí.


            Una vez cruzado el barranco, llegamos ya a campos cultivados, desde los que nos incorporamos ya a pista agrícola hasta el vehículo. Han sido 12,8 km, recorridos en casi 4 horas de tiempo total, del que algo más de 3 han sido en movimiento, con un desnivel en torno a los 600 metros. Un itinerario algo atípico si se quiere, pero sorprendente y espectacular en este denigrado injustamente paisaje monegrino.




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