domingo, 3 de enero de 2016

Moncayo, el techo del Sistema Ibérico

MONS CON NIEU
Moncayo (2.315 m)
Sábado, 2 de enero de 2016



            “Además de Tarazona, donde el arte mudéjar se hace monumento permanente, el paisaje próximo se llena con la inmensa mole del Moncayo, soñando blancuras en las cumbres, para luego vestirse de verde rumoroso, con pinos y fuentes, chopos y arroyos cristalinos. Todo es cuestión de la altura, que transmuta la luz y los colores…”. Estas palabras del escritor y periodista albalatino Alfonso Zapater, sirvan de introducción para esta nueva ruta, para esta nueva sierra, alejada de los habituales Pirineos. Moncayo. Máximo exponente del Sistema Ibérico y de la provincia de Zaragoza. Muga con Castilla. Moncayo. Mons Caius. Monte encanecido por sus nieves. Citado por el poeta bilbilitano Marcial, aunque ya los celtíberos lo hicieron objeto mágico y sagrado. No sabríamos explicar el por qué, pero seguro que lo hay, para no haber visitado más esta montaña. Verdaderamente lo hemos hecho muy poco.


Tímido amanecer
            Pocas veces, decimos, hemos visitado esta montaña, y siempre, sin saber por qué, lo hemos hecho con sumo respeto. Tumba de dioses, también de personas, que han encontrado su final quizá por la minusvaloración a una montaña considerada injustamente de poco porte, de poca altura, de poca entidad, pero que tiene lo suyo, y hoy nos lo ha demostrado. Se habla del capricho del tiempo, pero quizá de lo que hay que hablar es del capricho de los hombres para enfrentarse a él. Primera salida del año. Primera salida verdaderamente invernal. Esta vez no nos ha engañado gota.

Fuente de los Frailes. Partida y llegada
            Ocho y media de la mañana, el alba va cubriendo poco a poco el ambiente moncaíno. Las nubes, de distintas formas, colores y alturas, se agolpan visualmente, compiten entre ellas para ver cuáles se llevan la gloria de este extraordinario orto, cuyo cromatismo ya nos alerta de los feroces vientos que vamos a soportar. Aparcamiento de la fuente los Frailes, a 1.355 metros de altitud. Hoy nos hace falta un gran conocedor del terreno, porque el marrón que tenemos arriba es considerable. Con el amigo Juan, del Centro Excursionista Moncayo de Tarazona, emprendemos la marcha por uno de los senderos que conducen al santuario, al que tardamos en llegar como cuarenta minutos. Nos recibe ya airado, con cara de pocos amigos, con un suelo de cristal. Pero lo bueno está por llegar.


Ha llegado el invierno
            Ya veníamos apreciando, en los claros que estos espléndidos bosques nos dejaban, que las piedras de los canchales estaban cubiertas de una joven capa de nieve, algo que se hace evidente cuando a eso de los 1.800 metros vamos saliendo del bosque. Comienza con hielo intercalado entre las piedras, continúa con más hielo que piedras, y termina sólo con hielo, aunque bien es cierto que esa pequeña capa de nieve a tramos facilita la marcha. No obstante, hemos traído crampón ligero, y antes de los 2.000 ya están puestos. Algo más de abrigo, un buen vaso de té caliente, y seguimos.

Campaña de restauración de senderos
            La importante presión demográfica a la que está sometido este monte en época estival, acompañado de lo pelado del piso una vez superada la línea de bosque, y de la falta de civismo, por qué no decirlo, han hecho que a lo largo del tiempo se hayan ido creando multitud de distintos caminos, contribuyendo a la erosión del terreno. Para reconducir la situación se han hecho campañas de restauraciones de los senderos, colocando evidentes muretes de piedras para cortar el paso, pero se ve que no es suficiente para los que no se contentan con obviarlos, sino que los destruyen.

Más vale una imagen... (foto de Juan)
            Conforme vamos ganando altura, el crudo invierno se nos echa encima de golpe. El feroz viento nos saca en ocasiones del sendero. Pero todavía peor es cuando llegamos al collado, que se hace auténticamente insoportable. La temperatura no bajará mucho de los cero grados, pero con los vientos huracanados, la sensación térmica rondará los -25º. Imposible abrir los ojos de lo que se clava la ventisca. Te pones las gafas, se empañan por dentro y se cubren de nieve por fuera. Sendero desdibujado. Exquisita precaución para no salirse de él, estamos a pocos metros del canto del circo de San Miguel. Media hora escasa y nos presentamos en la cumbre, en la que permanecemos apenas unos minutos. Cima inhóspita, con algunos grandes hitos que se esconden entre la ventisca. Monolito a la Virgen del Pilar, vértice geodésico, algún abrigo de piedras, en el que encontramos agachados a tres invernautas. Cuatro malas fotos y de vuelta.

Auténtico ambiente invernal (foto de Juan)
            Una vuelta que se hace desandando exactamente lo andado. Collado Alto de las Piedras, San Juan, y sendero de descenso, que zigzaguea contra viento y marea hasta meternos en la aparente calma del bosque. Un bosque que nos conduce al santuario, donde aprovechamos para echar algo caliente al cuerpo. Parece que las líneas de nieblas, van tirando del marrón para arriba. Nosotros para abajo, hasta alcanzar de nuevo el coche, al que llegamos asombrados de la enorme diferencia de tiempo que hemos padecido hoy, en una jornada en la que le hemos visto las garras al invierno, garras afiladas, inmisericordes. Una jornada variopinta, de disfrute y de extrema atención, a la que le hemos dedicado casi 5h 30’ de tiempo total, del que algo más de 4 horas han sido en movimiento, para hacer los 12,5 km de recorrido, y más de 1.100 metros de desnivel. Una jornada, grabada con viento y hielo… y buena compañía.
  



2 comentarios:

  1. menudo dia de perros moncaino!
    autenticos jabatos si señor.
    necesitaron crampones?
    un saludo

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    1. Necesitar, necesitar... si se llevan se usan. Siempre da seguridad, que es lo fundamental en montaña, y ello empieza por una correcta percepción del riesgo. Gracias, Anónimo, por el comentario.

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