lunes, 7 de abril de 2014

Ruta de las Ermitas de Sta Orosia

IXOS MONS
Ruta de las Ermitas de Sta Orosia
Yebra de Basa
Sábado, 5 de abril de 2014


            En esto del discurrir por las montañas hay algo que nos da vértigo, verdadero vértigo, y no son precisamente los abismos, no. No lo son. Lo que más tememos es al andar sin pasar, al mirar sin ver, al oír sin escuchar, al tocar sin sentir, al querer sin amar, en definitiva.

Fuente de la santa
            La esencia de la vida son los intercambios. Sí, la vida es un puro intercambio, y eso no es otra cosa que un tomar y dar. Hoy hemos elegido esta ruta por eso porque tiene especial relevancia ese dar, ese renunciar a algo. Hoy vamos a lomos de la historia, a lomos de la tradición, a lomos de la leyenda, porque abordamos una ruta atractiva y pintoresca donde las haya. En una tierra forjada a espada, en una tierra forjada con sangre y lágrimas, en una tierra de abismos históricos y geográficos, hay un monte de tres caras. Una se mira hacia los interiores de las castigadas tierras del Sobrepuerto, y las otras dos están regadas por las aguas del Basa y del Gállego, al que rinde. Estamos hablando de los puertos a los pies del monte Oturia. Estamos hablando del monte de Santa Orosia.

Capilla de Arrodillas
            Aunque no lo parezca, los tiempos no han cambiado tanto. Cuando no se puede vivir de lo natural, hay que hacerlo de lo sobrenatural, y para eso, la tradición ha estado siempre muy atenta, muy ocupada. Se dice que Orosia era una princesa de lejanas tierras, que en el siglo VIII vino a España a casar con un príncipe visigodo. A su paso por los Pirineos con su gran séquito, fue descubierta por las tropas islámicas, que a la sazón comenzaban a conquistar la península, algo que ignoraban. Aben Lupo, cabecilla de las tropas que la interceptaron, se enamoró de su juventud y belleza, queriéndose desposar con ella. Orosia, por no renegar de su fe cristiana, se negó, siendo entonces sometida al terror de ver cómo decapitaban a su hermano y tío que con ella viajaban. Se reforzó su negativa, y es algo que colmó la paciencia del sarraceno, que terminó por martirizarla y decapitarla.

Endemoniados (rondadors.com)
            Ahora, las noticias se difunden casi antes de que se produzcan. Antes, no. Este caso tardó trescientos años en darse a conocer al pueblo. Y lo hizo a través de un pastor en las cercanías de Yebra de Basa, quien encontró su cuerpo incorrupto en una cueva, unas reliquias que el recién creado cabildo de la catedral de Jaca reclamó para sí, reclamó para su gloria, encontrándose con la oposición de los habitantes de este pueblo. La solución de semejante conflicto de intereses encontrados fue la de que el cuerpo fue a parar a la que comenzaba a ser la capital del reino, y la cabeza se quedaría en Yebra.

            Desde entonces, su fama se vio acrecentada por la creencia popular que le atribuía especiales poderes para el tratamiento de los endemoniados. Se venera su culto el 25 de junio, y es fiesta grande en las dos localidades, pero es en Yebra, es en torno a Yebra, donde más huella ha dejado en el territorio, con un rosario de ermitas y capillas que marcan el itinerario hasta o puerto, donde el 25 de junio de cada año se reúnen cientos de romeros y cruces de decenas de pueblos de la redolada, para dar culto a la santa.

Evocadores caminos
            Sumidos en esos caprichosos pliegues de la historia, comenzamos una ruta por estos montes envueltos en ese halo de tradición, misterio y santidad, en una mañana de pura transición en lo meteorológico, pasando de fuertes lluvias en los días precedentes, a otros de forzado ambiente veraniego. De la mano de Santa Orosia arrancamos justo donde la carretera vieja entra al casco urbano, arrancamos, decimos, en la ermita de Langusto. Cruzamos el barranco y nos metemos por entre las margas, que también como pliegues del terreno, nos acompañan hasta bien entrados en el monte, donde nos encontramos la capilla de Escaroniellas, abierta al barranco de Santa Orosia, formado por el milenario discurrir de las aguas que del puerto bajan.

Interior de la ermita de la Cueva
            Seguimos por el bien marcado camino, y nos encontramos otra capilla, que en realidad es una pequeña construcción en torno a una gran piedra con unas concavidades, en las que se dice que la santa posó sus rodillas, llamada por ello de Arrodillas. Obligado es cruzar el barranco, que lo hacemos por un rudimentario, pero suficiente paso de tablas cruzadas en dos troncos.  El sendero, ya por la margen izquierda, está salpicado de paneles informativos de su fauna terrestre y avícola, de su flora también.

Cascada de la cueva
            Tras un tramo de más duro desnivel, poco a poco vamos tomando contacto visual con ese gran salto de agua, más calmado en tiempos de estiaje, pero que ahora se torna más vivo que nunca, al expulsar al vacío esas aguas que los puertos ya no pueden retener. A cada paso que damos, se va acrecentando su grandeza, y las joyas rupestres que hay tras su velo. Llegamos ya al núcleo central de este itinerario de ermitas y capillas en torno a este sagrado territorio. Llegamos ya a las paredes de conglomerados que albergan a las ermitas de la Cueva y la de San Cornelio. Llegamos, decimos, a la mayor estación de esta ruta orosina, y no es tanto el culto a la santa como el reconocimiento a los cientos, a los miles de personas que a lo largo de los siglos ha atraído hasta aquí. El respeto a esas personas, a sus creencias, a su devoción, es algo de lo que estas piedras están impregnadas.



            De todo ello queremos participar, pero antes, mucho antes, que esos romeros, que esos acompañantes, que esas cruces de todo el territorio comenzaran a pasar por aquí, llenando de contenido esta ruta, la tierra, el agua, el aire y la luz, que hoy contemplamos ya se conjugaban armoniosamente en torno a estas cuevas que los conglomerados propician, y que por una de las fajas que forman nos dejan paso para continuar nuestro ascenso, en el que nos encontramos otras dos ermitas, la de San Blas primero, y la de Santa Bárbara después.



              Alcanzamos ya la cornisa donde la piedra deja paso a la hierba, a la tasca del puerto, donde tenemos otra capilla, la llamada O Zoque, junto a una cruz cuya mirada busca a su hermana mayor de Oroel, al final del monte de suave pendiente oriental. Esta cruz, de Santa Orosia, como no podía ser de otra manera, goza de la extraordinaria visión de la Balancha y de la Val Estrecha, ambas separadas por los Capitiellos. Una visión que el sol bien conoce en su diario caminar de este a oeste.

Caminos de cielo
           Estos montes, estos puertos, hoy en día tienen la vocación de integrarse en un por declarar espacio natural protegido, aunque dicho proceso esté pendiente del impulso correspondiente para poner de acuerdo a todas las partes implicadas, y que bien podría ser la prolongación oriental del ya existente como Paisaje Protegido de San Juan de la Peña y Monte Oroel, de cuya formación geológica participa.

            Aquí tenemos la joya de la corona. Aquí tenemos el santuario de la santa, donde según la tradición fue martirizada, justo en el lugar donde una fuente de tres caños nos lo recuerda. De tres caños y de tres caras, de las que surgen unas aguas que prisa tienen por volver, pero que antes han de sacrificarse despeñándose frente a las cuevas, su historia y sus creencias.

Ermita de Santa Bárbara
            Puertos de entrada a las malditas, a las mal decidas durante unas décadas, tierras del Sobrepuerto, a caballo entre las grandes cuencas del Ara y del Gállego, entre el Sobrarbe y el Viello Aragón, aquí donde las gentes marcharon con lo puesto, llevando y dejando partes iguales de soledad y amargura, de incomprensión y de abandono, de rabia y de impotencia, que es algo que todavía se masca cuando penetras en sus valles, en sus pueblos sin alma, en sus casas de corazón arruinado. El monte Oturia sabe mucho de eso, ha visto mucho de eso, conoce mucho de eso. El monte Oturia domina estos puertos. El monte Oturia también venera a la santa, que poco pudo hacer por evitarlo.

La Balancha, entre el cielo y la tierra
Nos quitamos el virtual traje de romeros para volver sobre nuestros pasos desandando lo andado, para descender y pasar de nuevo por ese rosario de ermitas rupestres y capillas que recuerdan otros tiempos, pero que los actuales habitantes de estos lugares no están dispuestos a dejar en el olvido. Ha sido una mañana rica en sentimientos y evocaciones, rica en el disfrute de unos montes como tantos otros, pero distintos por su significado, por su simbolismo, porque en ellos están puestas las miradas y el corazón de cientos de personas que vibran con ellos.

            Cinco horas y cuarto, de las que tres y media han sido en movimiento, para hacer los más de 13 kilómetros que estos montes y sus recovecos nos han obligado a hacer, superando en torno a 850 metros de desnivel positivo acumulado, en una mañana diez. Totalmente recomendable.





El reportaje completo de fotos, en:

El trac, en:

2 comentarios:

  1. las historias de estas tierras hay que contarlas y contarlas para enlazar a las generaciones, y que se conozca la profundidad de lo que se ve

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    1. Sí, y ahí estamos nosotros. Gracias.

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