lunes, 13 de julio de 2015

Borreguil de la Cuca y Pico del Águila

IXOS MONS
Borreguil de la Cuca (2.096 m)
Pico del Águila (1.972 m)
Domingo, 12 de julio de 2015



            Cuando el calor aprieta hay que buscar refugio en las alturas, donde más pega el sol. No, no nos hemos bebido el juicio, porque en las alturas se descarría nuestra libertad, una libertad que te da alas, y que desafían al viento de nuestros pensamientos y al ímpetu de nuestros sentimientos, que forjan una voluntad inquebrantable de subir más y más en busca de la pureza del aire, en un continuo compartir del espacio y del tiempo entre amigos. De compartir unas vistas con estas dos pequeñas grandes cimas. De compartir alegrías, risas, emociones. De compartir.



Olla de Estiviellas
          Con cuatro compañer@s de fatigas de las secciones de montaña del CA Jaca y del CP Mayencos, nos planteamos subir al Borreguil de la Cuca y al Pico del Águila, dos modestas, pero valientes, cimas que cierran por el norte el circo de Estiviellas. Para ello, salimos de Canfranc Estación para dejarnos engullir por el bosque. Un bosque que sorprendemos metido en sus cosas, bostezando todavía, al que arrancamos de sus sueños para darnos cobijo y que nos aporte lo que él ya sabe. Un bosque que tiene asumido que es adoptado, pero que se esfuerza por agradar. Un bosque con unas zetas que te mecen y que sin darte cuenta te van subiendo y subiendo, pasando por la mermada fuente del Burro y por la casi inexistente Cola de Caballo, que vierte, cuando vierte, las esencias de este circo colmadas en la Olla de Estiviellas.



Claroscuros del bosque
             En poco más de una hora dejamos atrás el desvío que cruza el barranco y por la otra vertiente baja a Canfranc por Secrás. Seguimos abrazados a las zetas para ir subiendo y subiendo, tomando perspectiva sobre este estrecho valle por entre los claros que nos va dejando el bosque, que poco a poco va mostrando sus ejemplares más autóctonos de pino negro, que nos muestra su tormentoso pasado a la vista de su retorcida apariencia. Desvío al Pico del Águila, que dejamos para tomarlo a la bajada.



Progresando en la trepada
            Dos horas y veinte hasta el collado de Estiviellas, que nos permite asombrarnos ante la gran cuenca de Tortiellas, colgada sobre Rioseta, y escoltada por la Muralla de Borao al sur y por la solana del Monte Tobazo al norte, en cuyo seno se colmata un ibón que se materializa desde los primeros mayencos. Unos pasos, entre dos aguas, y llegamos al roquedo cimero, que obliga a echar las manos en un breve tramo para alcanzar la cumbre de este primer monte, que nos acoge con la amabilidad de saberse querido. Hacia el norte se extiende una prominencia que nos mira de reojo mientras echamos un bocado. Tanta compasión nos da que nos acercamos a ella. Bajada por esquistos hasta una pequeña planicie herbosa que nos acerca a las rocas que hay que ganarse, también a cuatro patas, para alcanzar su máxima altura.



Descenso del promontorio
          Vuelta al Borreguil y al collado. Nos despedimos de los abismos de Tortiellas, aunque por poco tiempo. Deshacemos el camino andado, hasta el desvío al Pico del Águila, que lo tomamos para recorrer el tibio sendero por encima de alguno de los grandes muros de defensa anti aludes. Cuando estos terminan, su ausencia deja al descubierto el gran agujero cuyo peligro se acrecienta por el inestable pisar de tanta y tanta piedra descompuesta. Casi media hora nos dura esta travesía hasta el collado, que nos vuelve a dar vista sobre el mundo Tortiellas-Rioseta. Un último esfuerzo y alcanzamos los casi dos mil metros de este modesto y a la vez altivo monte, de inconfundible estampa.

Metidos en el descenso
            Nos aliamos con tres montañeros, que han subido directamente al collado y que van a tomar el mismo camino de bajada. Descenso hasta el collado, y ya directamente emprendemos un camino en picado para abajo, con unos tramos más evidentes que otros, y que obliga a poner toda nuestra atención, para al cabo de casi una hora desde la cima alcanzar una plataforma herbosa que distribuye a la izquierda para Rioseta, por donde siguen ellos, y a la derecha para Canfranc, por donde nos dirigimos nosotros. Son unos viejos campos que albergan corrales de ganado. Una desdibujada pista nos va bajando por amplias lazadas hasta la renovada cantera de mármol negro que nos deja en la carretera. Un breve tramo hasta el hotel Santa Cristina y nos metemos en el Camino de Santiago, para salir en Canfranc a la altura de la boca túnel ferroviario, que esperanzas alberga en los cambios de vientos políticos para darle la utilidad que nunca debió de arrebatarle un cuestionado accidente en el lado francés, hace ya más años que los que estuvo activo.



            Y poco más, llegada al coche y recuento de datos. Han sido 16,7 Km, recorridos en 6h 25’ de tiempo total, con 4h 40’ en movimiento, y con un desnivel acumulado en torno a los 1.300 metros ascendentes y otros tantos descendentes, todo ello en buena compañía de montes y personas, de espacios y amigos, que ahí quedará para el recuerdo.
  


  


lunes, 6 de julio de 2015

De Lacuniacha a Canfranc

IXOS MONS
De Lacuniacha a Canfranc
Domingo, 5 de julio de 2015



            Muchismo rato, que diríamos por aquí. Mucho tuvo que emplear el Escultor de los Orígenes para ir rellenando el espacio tan armoniosamente como lo hizo. Todo tiene su sitio, nada hay fuera de él.  Luego vino el Escultor del Tiempo, quien con sus aguas y vientos, fue cincelando, fue pintando, fue llenando de belleza y color estos enormes gigantes de atormentadas rocas, que nos muestran en sus entrañas esas huellas que los elementos han incrustado en ellas. Nuestro paso por estos lares pretende no restar ni una brizna de yerba, no restar ni un suspiro a su aire, no restar ni una pluma de las invisibles alas de esta tierra que casi vuela. Hoy nos echamos de nuevo al monte con la vocación de acariciarlo y de dejarnos acariciar, de cuidarlo y de dejarnos cuidar, de bendecirlo y de dejarnos bendecir. Hoy nos echamos al monte.



De caricias va el tema
          Toño, Javier, Paco y el que suscribe. Cuatro mayencos, cuatro. No muchos, pero de raza, son los que damos cumplimiento un día más al programa de montaña del club para acometer esta ruta que une valles y atraviesa montañas por alguna de sus entrañas, dando nuestro primer paso en Lacuniacha, muy próximo a Piedrafita de Jaca, en el Valle de Tena, y el último en el Puente de Arriba de Canfranc pueblo, en el Valle del Aragón. Entre uno y otro, han sido miles de ellos los que nos han llevado por lugares de extraordinaria belleza y poco visitados, como la Rinconada de Arbenuso, la cuenca de Bucuesa y la de Ip. A la primera le dan la espalda los macizos de La Partacua y el cierre SE del Circo de Ip, pero lejos de guardarles rencor, les muestra su lámina de agua para verse reflejados. Y qué decir de la segunda, flanqueada por macizos y cordales, picos, puntas y palas, que forman una corona abierta al oeste para dar salida a las aguas contenidas en ese ibón de Ip.

Pletas que refrescan visualmente
            Esta nueva excursión se gestó con la vocación de visitar el ibón de Bucuesa, y hacerlo desde Acumuer, su salida natural. Pero la ambición se apoderó del proyecto, y con respeto, mucho respeto, se despreció por culpa de la tediosa pista entre esta población y el Churrón, donde termina. Sus ocho kilómetros en un valle cerrado y con estas inusuales altas temperaturas, hubieran sido fatales, especialmente al regreso. De modo que elegimos un valle más abierto, pero mucho más, como es el de Tena, y aun recorriendo una distancia superior no dudamos en organizarlo como travesía, consiguiendo igualmente la visita… y mucho más. No son todavía las ocho de la mañana cuando partimos de Lacuniacha con unos cielos cubiertos, raros, incluso algo amenazantes, pero lo que es seguro es que nos harán de sombrilla, al menos mientras duren. Burlamos alguna de las lazadas de la sinuosa pista, entre donde se encuentra, durmiendo entre los matorrales, el dolmen de Las Lastras.



Telera y sus corredores
            Si alguien tiene hipo, y no se encuentra muy lejos de aquí, recomendamos este recorrido bajo las faldas de esta imponente sierra, en la que cada cuenta del rosario se asoma para no perderte de vista. Altivas, serenas, se van sucediendo mostrando sus verticales entrañas, más bellas cuanto más avanzas, como si se reservaran para el esfuerzo. ¡Qué grandes lecciones nos da siempre la montaña! Dejamos atrás el barranco del ibón de Piedrafita, que se ve las caras con esta Plana Alta de Boj y seguimos nuestro deambular por entre estas lomas y vaguadas, que como síncopas del terreno se van alternando en nuestro discurrir.



En progresión por la Canal del Pan
            Tres horas y media, parada bocado incluida, median hasta formar parte del paisaje de la Rinconada de Arbenuso. Dejando atrás la Canal del Ganado, una de las opciones para superar los murallones del circo, nos acercamos ya a la entrada de la del Pan, que nos recibe con sus migajas… por decirlo fino. Unas migajas en forma de empinado e inestable canchal que se nos antojan las petrificadas babas de las fauces que tenemos que asumir nos van a tragar de pleno. Poco a poco, la pendiente se va haciendo mayor, lo que coincide con la aparición de la roca de este desfiladero. Una roca noble, pero que hay que ir tanteando con las cuatro extremidades antes de asirnos a ella. Media hora escasa trepando nos lleva superarla, que sin demasiada dificultad técnica, sí que merece toda nuestra atención. Media hora decimos para auparnos a ese gran plató que alberga en su seno al ibón de Bucuesa, dando el mismo nombre también a uno de los picos que en él se reflejan. De orientación norte sur, este valle que aquí comienza, es surcado por el río Aurín, que se rinde al Gállego en Sabiñánigo, junto a la población con la que comparte nombre, yendo ya humanizado desde Acumuer.


Somolas y Peña Nevera
             Pero eso es aguas abajo, y nosotros vamos aguas arriba. Dejamos atrás los montes más occidentales de esta sierra de La Partacua, para toparnos con otro importante murallón, la trasera del cierre oriental del circo de Ip, donde se asientan Peña Nevera, los Cuchillares, la Pala Alcañiz o pico Bucuesa, el Dedo, adelantado hacia Ip, los Píquez, el Águila y los Campanils. Este circo se cierra al norte por otro paredón, el formado por la Punta Arbenuso y los tres Calcín, con la Forca. Nuestros pies notan a mejor el cambio del paso a la tasca de altura, pero no por mucho tiempo, ya que pronto llegamos a una zona de caos con enormes bolos, preludio de la otra subida de la jornada, la que nos lleva a una debilidad de este último cordal mencionado, abriéndonos la vista a otro circo, al de Balsera, por el que fluyen diversos barrancos que vierten al recién nacido Escarra, que lo hace en otro ibón, el de la Sierra.



El Hombro y la Punta Ezcarra
            La llegada aquí confirma eso de que no nos salían las cuentas, y es que contrariamente a lo que pensábamos, no estamos en el collado definitivo. Tenemos, pues, que rodear la parte alta de este circo a través de un relativo cómodo canchal sin excesiva pendiente, y que alberga todavía algún nevero tardío que no se ha querido perder el compartir espacio y tiempo con los primeros latigazos estivales. Lo que sí nos sorprende es que encontremos marcas rojiblancas de GR, más cerca de ser recientes que de demasiado viejas. Cinco horas y cuarto para llegar, ahora sí, a esa divisoria de grandes cuencas, Gállego y Aragón, que lo es también de las comarcas por ellos regadas como principales caminos de agua. Ahora sí, decimos. Tras pisarles los pies al Bucuesa, Píquez, Águila y Campanils de Ip, nos colamos por entre la brecha que dejan estos últimos y el siguiente que es La Balsera, que se convierte en el Hombro de Ezcarra, continuando hasta la mismísima Punta del mismo nombre. Estamos a 2.540 metros de altitud, y se puede considerar la cumbre de la jornada. Dejamos atrás los espacios tensinos para abordar los del Aragón a través de esta hermosa cuenca de corto nombre, Ip, abierta a ese gran río al que rinde.


Edelweiss, la más bella, la más alpina
             A pesar de lo previsto, no se nos hace incómodo el descenso de estos más de cuatrocientos metros de desnivel hasta la lámina del ibón represado, verdadera obra de ingeniería para sus tiempos. Nos desviamos para cruzar la presa y situarnos en su extremo sur, donde tras un baño integral, aprovechamos para echar otro bocado, sin dejar de contemplar el paso que nos ha servido para este bascular a esta otra cuenca. Y poco más. Dos son las rutas para bajar este barranco, la clásica de la solana y la más reciente del paco, por la que optamos. En menos de una hora nos presentamos en el bosque, y en menos de otra en el puente de arriba de Canfranc, que nos sirve de marco para otro baño en aguas más frías a pesar de estar a más de mil metros por debajo del ibón, y que ya lo estaban.

           
Delicioso bosque
Y ahora sí que sí. Ahora sí que terminamos esta nueva escapada que ha sido mayenca y que ha reunido a los que en esta extraordinaria jornada de montaña se han aliado con estos caminos sin fin, con estas montañas sin fin, con estos momentos que querríamos sin fin. Aunque hay que confesar que en las 9h 30’ ha habido momentos en los que nos ha parecido que no lo tenía. En 6h 15’ en movimiento, y 3h 15’ parados, hemos recorrido los casi 22 km, con unos desniveles acumulados de 1.500 D+ y 1.800 D-, aunque esto último puede no ser muy exacto debido a los rebotes que se pilla el celoso GPS cuando te ve engullido por las gargantas. Una travesía sin grandes dificultades técnicas pero sí exigente en cuanto a la duración de la misma. De cualquier modo, recomendable cien por cien.





El track, en: http://www.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=10139155

lunes, 29 de junio de 2015

El Perdido y cuatro perlas de su corona

A TUCAS ALBARS
Punta de las Olas (3.002 m)
Baudrimont SE (3.026 m)
Soum de Ramond (3.254 m)
Baudrimont NW (3.045 m)
Monte Perdido (3.355 m)
Domingo, 21 de junio de 2015



            Cuando vives la vida de forma apretada, sin mucho hueco entre unas cosas y otras, suelen suceder acontecimientos que te recuerdan que los planes son sólo eso, planes. El hecho luctuoso vivido estos días atrás en la familia ha sido más que un acontecimiento, un suceso, un triste suceso, y ha exigido, como no puede ser de otra manera, toda nuestra atención y dedicación. Jamás hubiera pensado tener que comenzar de este modo una entrada de blog, con las experiencias no vividas en una salida de montaña, pero de uno u otro modo tenía que ser… y así ha sido. Y lo ha sido sacándonos media hora antes, y de forma brusca de ese grupo formado por 8 mayencos y amigos rumbo a esa ambiciosa empresa de hacer el Monte Perdido y seis de sus satélites cercanos.


            No lo hemos vivido de primera persona, pero con todo lo transmitido por los que sí estuvieron, por su hondo sentimiento manifestado por todos ellos, y de forma ya más gráfica, por las imágenes de algunos y el relato de mi tocayo Josemari, ha conseguido acercarnos bastante a ello. Transcribimos pues esta crónica, con alguna licencia, permitida por el propio autor.



            “A las 14,00 del día 20 de Junio, cinco mayencos y amigos, José María, Paco, Rafa, Manuel y Jorge, ya que el padre de nuestro vocal de montaña Chema, acababa de fallecer, nos lanzamos a realizar una de las excursiones programadas, aunque con una “ligera” variante.

            El primitivo plan era subir solamente al Monte Perdido (3.355 m), pero a medida que se preparaba la excursión, se planteó realizar algo mucho más exigente, más ambicioso, una vuelta, en el sentido horario, al macizo del Perdido, Soum de Ramond (3.254 m) y Punta de las Olas (3.002 m), subiendo también a las cimas menores del pico de Las Escaleras (3.027 m), la Espalda de Esparret (3.077 m) y los dos Baudrimones, el NW (3.045 m) y el SE (3.026 m), un total de siete tres miles en una sola jornada. 

            Son las 16:00 cuando cogemos el autobús de Nerín, que nos acerca por la pista de la Sierra de las Cutas, hasta cerca del mirador de Cuello Gordo, para al cabo de unas dos horas llegar al refugio de Góriz, donde nos juntamos con Javier y Nacho, que han salido por la mañana para realizar la excursión de la Faja de la Pardina.

            Alojamiento, cena y breve charla con el guarda, quien nos comenta que es mejor realizar la vuelta en el sentido contrario, debido a la cantidad de nieve y la posible dificultad para bajar del Perdido hacia el Cuello del Perdido, de modo que admitimos el consejo y nos vamos a la cama.



            El domingo a las 06:15 toca levantarse. En el desayuno breve comentario sobre la ruta invertida acordada ayer, de modo que daremos la vuelta en sentido anti horario, descartando ya de entrada la ascensión a la Punta de las Escaleras, dada su dificultad en el descenso y el incremento de la distancia a realizar.

            Son las 07:00 cuando nos ponemos en marcha por las faldas del pico de la Punta de las Escaleras, siguiendo el camino del GR-11, dirigiéndonos hacia el collado de Arrablo para subir a la Punta de las Olas (3.002 m), primer tresmil del día, en donde tenemos un sentido recuerdo por el padre de nuestro vocal. Seguimos la marcha ascendiendo al Baudrimont SE (3.026 m), segundo tresmil de la jormada, después de tener que colocarnos los crampones, dado que había un nevero pequeño, pero con nieve muy dura, para después afrontar el tramo final de crestería de roca aérea.

            Vuelta a bajar y nos ponemos en dirección al Soum de Ramond (3.254 m), al que nos encumbramos casi todos, la excursión de ayer pasa factura. La subida es dura, con un nevero con nieve muy blanda y posteriormente un terreno de roca y tierra muy disgregado, pero al final y después de una buena sudada alcanzamos el tercer tresmil del día. Vuelta de bajada, y con todos los efectivos de nuevo, se decide eliminar de la lista la subida a la Espalda de Esparret (3.077 m), dada la distancia existente y el horario previsto, poniendo dirección hacia el Baudrimont NW (3.045 m), que presenta una arista de roca, que desde lejos se nos plantea inaccesible y a la que tampoco accedemos todos. Comandados por Nacho y Manuel, que van marcando el camino, vamos buscando las presas en la montaña, para alcanzar la cima en muy poco rato. Cuarto tresmil de la jornada.

            Al bajar recogemos las mochilas que hemos dejado antes de subir este pico e iniciamos la subida, a través del Cuello del Perdido, al quinto y último tresmil de la jornada, la joya de esta corona que nos estamos marcando, la tercera cumbre pirenaica, el techo del macizo, el Monte Perdido (3.355 m). La subida por el nevero se hace realmente dura, por la calidad de la nieve y el esfuerzo físico que llevamos ya a nuestras espaldas, consiguiendo alcanzar la cumbre tras más de una larga hora de ascensión. Abrazos de enhorabuena, felicitaciones a los que han subido por primera vez estas cumbres y tras las fotos de rigor y con mucho cuidadín comenzamos el descenso a través de la escupidera que se encuentra completamente nevada.

            En la zona del Lago Helado, realizamos el prácticamente único descanso de la jornada, comiendo un poco, y tras ello, nos volvemos a poner en marcha dirigiéndonos hacia Cuello Gordo, para coger de nuevo el autobús de bajada a Nerín, a donde llegamos a las 18:50 h, lo que supone una excursión de 11h 40’ de tiempo total, de las que 6h 50’ han sido en movimiento, para recorrer un total de 21,5 km con un desnivel acumulado de más de 1.800 m positivos y prácticamente los mismos de descenso, dado que entre Góriz y los miradores no hay mucha diferencia de altitud. A ello habría que añadir lo de la aproximación de la víspera.


            Una maravillosa jornada montañera con todos sus ingredientes, zonas de neveros con diferentes calidades de nieve, que han exigido colocarnos los crampones y el piolet, zonas de roca, en las que ha habido que realizar algún paso de bailarín de ballet y funambulismo. Ya sólo queda desear una pronta salida con nuevos retos a superar”.
  


            Por nuestra parte, sólo resta agradecer todas las manifestaciones de condolencias y el haber sacado adelante esta salida dado el compromiso de exigencia que tenía. Las imágenes que ilustran el texto están seleccionadas de los reportajes de Josemari, Javier y Jorge; y el track fue obra de Rafa. Tenéis aquí debajo los enlaces de todo ello. Gracias, de nuevo.

  
                         



lunes, 15 de junio de 2015

Puyada a Oroel con la CEVCamí

IXOS MONS
Peña Oroel (1.769 m)
Domingo, 14 de junio de 2015



            Colla Excursionista de Vilanova del Camí. En su programa Excursions 2015, en el 14 de Juny leemos: “PEÑA OROEL. Sortirem des del Refugi d’Oroel, i passarem pel mirador d’Oroel i per una Font dita dels Forestals. Peña Oroel está situada prop de Jaca, amb impresionats vistes del Pirineus…”. Pasan de la veintena. Gentes sencillas, amantes de lo sencillo, que han decidido rebasar sus límites territoriales habituales para campar por nuestros fueros en busca de esa sana ambición que, también sanamente, nos consume a los amantes de la libertad, a los amantes de la naturaleza, a los amantes de la montaña, en definitiva.  

            Debido al mal estado de la carretera del Parador no ha sido prudente llegar con el autobús hasta él, teniendo que rediseñar el recorrido, algo que ya hicimos hace unas semanas con Cayo, Hipólito y Javier, que vinieron de avanzadilla a tantear el terreno. Sobre esa ruta acordada, aún le han dado una sabia variación. El autobús nos sube hasta Barós, de donde partimos, para subir hasta el Parador por su barranco. Tras subir y bajar a la Cruz, la vuelta la hacemos hasta Jaca por el de San Salvador. Vamos.


Acogida en Barós
            Iglesia, lavadero y fuente. Elementos de Barós que son testigos de la acogida a los caminantes que vienen a descubrir otros lugares, y donde les ubicamos sobre el territorio. Provincia, comarca, localidad y reino. Monumentos e historia. Todo ello queda atrás, así como la parroquial de San Fructuoso y la ermita de Santiago, ambas del siglo XI, con las primeras expansiones del cristianismo.

Progresando por el bosque
          La mañana ha amanecido con brumas. No era su voluntad. Quería agradar, pero las lluvias de ayer la han obligado a ello, a pesar de todo, debajo del brazo portaba el firme compromiso de que nos va a traer un sol potente que las va a barrer. No hay que recordárselo, conforme el barranco nos va engullendo, conforme nos va haciendo partícipes de su lozana soledad, vamos comprobando que la Cruz se va empinando para vernos mejor. Fuentes de Barós, todavía dormidas, no las queremos despertar. Cruce de barrancos y vamos empinando ya el sendero por el bosque, que nos lleva hasta la carretera del Parador, al que nos acercamos en dos patadas.


  
Fragancias
            Se impone una parada para echar un bocado, y dicho y hecho. Entre las espléndidas vistas que nos ofrece el Campo de Jaca y nuestra altiva peña, nos acomodamos para tomar fuerzas. Nos esperan 567 metros de impío desnivel, que comenzamos a ritmo llevadero… pies y lengua van al paso. Las treinta y tres curvas se van sucediendo por un bosque al que le ha venido muy bien la lluvia de estos días atrás, porque andaba ya pelín justo. Bien contadas, llegamos al collado, pero un poco antes nos detenemos en esas recuperadas construcciones de piedra de viejos usos domésticos, neveros, pozos de hielo, les llaman, precursores de las primeras neveras de hielo y de los actuales frigoríficos que las sustituyeron.



Llegando a la Cruz
            Agrupados ya, nos enfilamos por el sendero de la arista, hasta confluir con el de la vaguada en ese gran hito que hacemos mayor contribuyendo con nuestra aportación. Llegada a la Cruz y repaso a los montes, a ver si están todos en su sitio. Sí, lo están, aunque alguno jugando al escondite con esas nubes que se enredan con ellos y que amenazan una tarde un poco movida. Tampoco nosotros nos libramos de ellas sobre nuestra vertical, que si no pasa de ahí tampoco viene mal la sombra. Reconocimiento, agradecimiento y saludo a todos los vientos de la rosa, foto de familia y más ligeros ya emprendemos el descenso.

Reponiendo fuerzas en el Parador
            Sobre las dos y media llegamos de nuevo al Parador y sus mesas entre el bosque, que aprovechamos para aposentarnos y reponer fuerzas. Con el gastro más calmado emprendemos la bajada a Jaca con otro talante… que hasta aquí no ha sido malo. El grupo se estrecha para entrar en el barranco de San Salvador, que nos hace disfrutar de su frescura y del murmullo de su voz. Y lo que más temíamos a estas horas cansinas de la joven tarde, el sol por el tramo entre la salida del barranco y la llegada a Jaca, también nos lo solucionan esas nubes que hacen lo mejor y no hacen lo peor.



            Llegada al Gas, no sabemos de qué tipo, pero sí con unas aguas saturadas de yesos. Y por el reciente sendero entre éste y Escolapios, llegamos hasta el bus, que esperando está. Son las cinco de la tarde, y el camino es largo, así que besos y abrazos, otra foto de familia y despedida hasta que queráis. Un verdadero placer haber compartido caminar y camino con buena gente.