viernes, 7 de abril de 2017

El Balcón y Sable, sobre el Mar de Aragón

IXOS MONS
El Balcón (367 m)
Sable (393 m)
Jueves, 6 de abril de 2017



            Ahí donde el duro paisaje monegrino se abalanza sobre la gran depresión, antes de llegar a ella, se ve frenado por un reducto natural que cambia completamente de apariencia, pasando de lo puramente estepario, o beneficiado por el regadío, a una sierra que alberga bosques de pino autóctono, con otras especies de ambiente mediterráneo, formando un enclave único en el que naturalistas, biólogos, así como cualquiera que se haya acercado a él, han podido encontrar singularidades en los amplios campos de litología y suelos, vegetación y flora, fauna silvestre y reserva cinegética, que hacen de este singular lugar un reducto con unos biotipos de una riqueza extraordinaria. Hablamos de la Serreta Negra, entre el reseco Monegro y el Ebro calmado en el Mar de Aragón.

La vida se abre paso en estos austeros suelos

Camino del punto de arranque, vislumbrando ya el pinar
            Nos dirigimos en esta ocasión a la comarca del Bajo Cinca. Sí, porque más bajo no puede estar ya. El río Segre le pilla la delantera y llega antes que él al padre Ebro. Ambos políglotas, unen sus aguas a escasos kilómetros de su desembocadura en el embalse de Ribarroja, aguas abajo del de Mequinenza, el mayor de Aragón, cuyas orillas, extendidas a lo largo de en torno a 500 km, se retuercen sobre el terreno, formando una serie de vericuetos dibujados por manos artesanas. Sobre una de las atalayas que los dominan, se encuentra un monte con nombre propio, como todos, sí, pero éste más, se llama El Balcón, y se aúpa unos 300 metros por encima de ese ensanche artificial del Ebro que se abre paso a codazos por entre los montes circundantes.

Compañeros de viaje

Bajando a la val de Panocho 
            Partimos de la localidad monegrina de Peñalba, por la carretera A-2213, que se une a la A-2410 que viene de la bajocinqueña de Candasnos y que va en dirección a Caspe. Algo pasado el PK 17 tomamos a la izquierda una pista agrícola conocida como el camino de la Plana Ciega. A la altura de la balsa de Las Amargas, que sólo vemos en los mapas, entramos en el TM de Fraga, que ya no abandonaremos en todo nuestro tránsito. Como a 6,5 km desde la carretera encontramos una casa a mano izquierda, que es donde dejamos el vehículo. Estamos en terreno de concentración parcelaria, con extensos campos, y pistas rectas y bien trazadas. A lo largo de este recorrido motorizado, hemos tenido la ocasión de ver la alternancia de campos en barbecho con otros cultivados, que lucen sus mejores galas, verdes galas, acercándonos poco a poco a esos pinares que caracterizan este oasis de flora y fauna entre el paisaje monegrino y la cuenca del Ebro.

Comienzo y final de la ruta

Terreno de transición, entre la estepa y el pinar
            Bien, llegados pues a esta caseta, que no sabemos si alcanza la categoría de masía, y cuyo nombre desconocemos, dejamos el vehículo y nos echamos a andar. Si veníamos por el camino de la Plana Ciega, aún lo continuamos como algo más de 300 metros, al cabo de los cuales damos un brusco giro a la derecha, tomando otro, que en unos 900 metros más nos lleva al mas de Panocho en los mapas, pero del Planchiste sobre el terreno. Aquí, continuamos por nuestra derecha, abriéndose a la izquierda la vista a una val, la de Panocho. A unos 150 metros más tomamos el ramal que a ella baja, para dejar el del barranco del Espartal que sigue su curso, para continuar nosotros por la curva de nivel del camino de la izquierda, metiéndonos ya definitivamente en el de El Sable, para no dejarlo ya hasta un lugar próximo a nuestro objetivo.

Sabinas jalonando el camino

Llegando a El Balcón
            Mientras eso llega, nuestra aparente monotonía en el tránsito plano por estas tierras, no lo es tanto si vas observando todo lo que sale a tu paso visual, la masa forestal de pino carrasco se ve intercalada por enormes matas de florido romero, algún ejemplar de sabina, coscoja… especies todas ellas bien adaptadas a estos terrenos secos, terrenos de margas y yesos. En cuanto a las especies animales, tanto terrestres como de avifauna, también son las características de estos terrenos, destacando una nutrida presencia de ciervos. Gran parte de estas sierras está comprendida en el LIC de Liberola-Serreta Negra y en la ZEPA Valcuerna-Serreta Negra- Liberola.

Los Monegros, verdaderos Montes Negros, se asoman a la cuenca del Ebro
Estepas con vistas al Mar... de Aragón
            Conviene ir bien dirigido por estos caminos, por los que te vas encontrando bifurcaciones que de no pillarlas bien te desviarías del objetivo. Tres son las más importantes que hallamos, tomando siempre en todos casos la de la derecha, hasta tras haber transitado como unos 7 km y habiéndonos asomado ya a esa depresión del Ebro, dejamos este camino de El Sable para alinearnos con ese ancho eje fluvial y continuar también por nuestra derecha. Tras una brusca bajada, que se compensa con otra brusca subida, nos acercamos ya al punto más alto de este monte, a El Balcón, que con su merecido nombre se asoma a un espacio espectacular sobre esos meandros que dibujan las mansas aguas del Mar de Aragón.

Enormes barbechos junto al camino

Vértice de El Balcón
Vértice de Sable
            Hora y media larga hasta aquí. Disfrutamos, junto al vértice geodésico, del imponente panorama, y nos damos media vuelta, haciendo la ruta de regreso por el mismo itinerario. Y lo hacemos hasta un lugar próximo al Sable, otra de las puntas romas de esta gran sierra, donde tomamos un ramal a nuestra derecha para subir a visitar esta altura y su vértice geodésico, y seguir por el camino hasta una enorme finca, ahora en barbecho, junto al mas del Planchiste, desde el que continuamos por el camino común de la ida, hasta el punto de arranque, donde damos por terminada esta ruta, no tan montañera como otras, pero que nos ha permitido descubrir un insólito paraje que aporta diversidad a nuestra tierra aragonesa.

Terrenos de cultivo arañados al bosque

            Una bonita mañana, pasada por estas tierras fragatinas del Bajo Cinca, habiendo recorrido 14,9 km, en 3 h de tiempo total, del que 2h 40’ han sido en movimiento. En cuanto a cotas, la curiosidad es que es la misma la del punto de partida que la del objetivo de El Balcón, siendo algo mayor la del Sable. Unas plataformas sobre el cauce del Ebro, que por muy planas que parezcan, han dado de sí para casi 300 metros de desnivel acumulado D+ y D-.




  
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domingo, 2 de abril de 2017

Pico del Águila y Ordás, los vigías del viento

IXOS MONS
Pico del Águila (1.619 m) y Ordás
Sábado, 1 de abril de 2017



            Breve cuña de mal tiempo en la montaña, pero tenemos la solución, marchar a la tierra baja, a esa a la que recurrimos siempre en estos casos, a esa nada celosa que nos acoge siempre que vamos, a esa menos visitada, menos contemplada, pero que guarda unos encantos sólo reconocibles para aquellos que nos deslizamos por sus senderos, que nos aupamos a sus alturas, que sabemos valorar lo que ella es. Hoy nos vamos a la Sierra de Guara.

Salimos de Arguis
Progresando por el bosque
            Sí, con los amigos Toño, Petri, Mª Jesús, su Carlos, Marisa, Sara y otro Carlos más, partimos del mismo borde del embalse de Arguis, que más lleno no puede estar, para hacer una bonita circular, subiendo al pico del Águila por el barranco Castil de Villas, una depresión entre la Punta de la Viñaza y nuestra loma, dejando a la Peña Roya al norte, para bajar por Ordás, ese conjunto arquitectónico que con sus varios elementos lucha por sobrevivir, sin apenas conseguirlo. Sólo su visita puede revivir su memoria.


Los vientos perfilan los pinos
            Pico del Águila y Ordás, sí, los vigías del viento, que hoy, desde luego han tenido mucha faena. Y hete aquí que nos convertimos en esos transeúntes también del viento, porque está endiablado. Y en su compañía nos dirigimos hacia un marcado rumbo este para meternos en el bosque por un bien definido sendero que pronto nos va descubriendo a nuestra derecha ese bravo barranco llamado Castil de Villas, para una vez sobrepasada esa ralla que culmina en la Punta de la Viñaza, dejarnos cambiar de barranco, esta vez al de Forna.

Cuenca de Arguis

Tras el sendero un breve tramo de pista para alcanzar la cumbre
            Entre unos y otros, nuestro tránsito por el bosque se ve intercalado con algún claro, a través de los que podemos ir viendo más perspectiva sobre ese terreno que dejamos atrás, sobre esa cuenca de Arguis, en cuyo fondo yace ese embalse alimentado por el Isuela y todos los barrancos que de las Calmas por el sur y de Bonés por el norte a él vierten sus aguas. Y esos bancales entre pueblo y embalse que destilan nostalgia de un tiempo que se fue. También vamos dando vista sobre la Hoya de Huesca, agachada ella para no ser pasto de los vientos.

Cuenca de Belsué
Visgta sur, con destacados montes de la Sierra de Guara
            En cosa de hora y media nos presentamos en el acceso carretero a ese complejo de antenas y repetidores que colonizan la cumbre de este monte, el pico del Águila, que ya nos permite asomarnos a otra gran cuenca, la de Belsué, también con su pueblo y su pantano, embalsado por el Flumen, un recién nacido que le hacen amansarse, naturalmente, sin conseguirlo, ya que han tenido que hacer una segunda barrera en Cienfuens para sujetarlo del todo. Cuatro pasos y nos llegamos hasta la cumbre, asomándonos a esos montes de Gabardiella, Corcurezo, Fragineto, Borón… todos ellos bajo la tutela visual del Tozal de Guara, y el Picón, Peña Amán, Salto de Roldán, Piacuto y tantos otros, algo más alejados.

Ermita de Ordás

Castillo de Ordás
            Poco tiempo para echar un bocado, la mañana está estorbada. Con las mismas, volvemos sobre nuestros pasos hasta tomar el sendero y un poco más, donde está el desvío que nos encamina al mundo Ordás. Un camino no muy cómodo, por el que vamos perdiendo altura, y entendiendo que el viento ha venido hoy para quedarse. Dejamos a nuestra izquierda el desvío que se dirige a Belsué, para seguir el descenso, hasta llegar a una pista, que en poco nos lleva a la ermita de Ordás, como paso previo para alcanzar el castillo. Entre ambos, unos pequeños bancales atestiguan la vida que hubo, y de la que no se sabe mucho. Se trataba de un enclave medieval al amparo de ese castillo, que no es otra cosa más que un gran tapial con su puerta, por la que se accede al extremo de la pequeña planicie a la que no hay forma de acceder por ninguno de sus otros dos lados, ya que están protegidos por unos inexpugnables y enormes murallones que caen a pico sobre el Isuela. La forma que tenían de protegerse sus escasos moradores era la de entrar y cerrar la puerta, así de simple.

En la puerta de la ermita
Interior de la ermita de la Virgen de Ordás
            Volviendo a la ermita, salta a la vista que se trata de un conjunto arquitectónico un tanto desconcertante, pues se compone de varios elementos que si bien las sucesivas restauraciones lo han dejado en muy buenas condiciones, carece de uniformidad. El origen es del siglo XII, aunque se cree que pudiera datar de mucho antes. La imagen de la Virgen de Ordás fue quemada en la guerra civil. Pero sigamos, que de regreso aún nos queda otro punto de interés en este sorprendente dominio de Ordás. Se trata de una reconstruida cabaña pastoril, circular, con su perfecta bóveda, todo en piedra seca, con bancal de pasto a sus pies.

En el Castillo de Ordás
Cabaña Pastoril
             Unos nubarrones que con malas intenciones han asaltado la sierra de Bonés, entran en la cuenca de Arguis despachándose a gusto, pero no contentos con eso, y aliados con el fuerte viento, vienen a nuestro encuentro descargando la correspondiente ración de agua, que nos acompaña hasta alcanzar la carretera general, por cuya orilla, en menos de media hora llegamos al punto de partida en las orillas del embalse de Arguis.

Congosto del Isuela, o Foz de San Climen

            De esta forma, damos por terminada una bonita circular por estos siempre agradecidos montes, a la que le hemos metido 4h 35’ de tiempo total, del que 3h 30’ han sido en movimiento, para recorrer 11,9 km, con un desnivel acumulado de 960 metros D+ y D-. Y como bien está lo que bien acaba, no podía terminar mejor esta media jornada que en torno a una buena mesa, con buena gente, risas, y nuevos proyectos.






domingo, 12 de marzo de 2017

Candanchú, la nuit

RAQUETAS NOCTURNAS
Candanchú
Viernes, 10 de marzo de 2017



            Damos cuenta de una nueva salida del programa del CP Mayencos. Una salida habitual de todos los años, la nocturna con raquetas a la luz de la luna llena. Los últimos compases de la temporada se han visto transgredidos por una cuña de ambiente cálido del sur, que ha hecho que suban las temperaturas de forma anómala.


            Se han hecho un par de prospecciones previas por La Partacua y por Le Somport. El resultado ha sido que, en el primer lugar la falta de nieve es notoria, obligando al porteo durante varios cientos de metros. Y en el segundo, que presumía de ser ideal, en la vertiente sur, también había alguna falta, dejando al descubierto los brezos. Constatando que el barranco de Sapos tenía continuidad hasta el aparcamiento de Pista Grande, decidimos arrancar por la noche desde ahí.


            Y dicho y hecho. A las ocho de la noche nos juntamos una docena de mayencos en el club, partiendo seguidamente hacia Candanchú, que nos acoge con 5º C, en una noche totalmente despejada, con nuestro satélite alumbrando a todo trapo, pero sin impedir que también lo haga el resto de la bóveda celeste, adornado por un sinfín de estrellas y constelaciones, y que a nuestro regreso, nos sorprendía con un grado más.


            Salimos, pues, de puente Sapos, para meternos por el barranco y salir a esas explanadas fronterizas. Tras constatar de la merma de nieve desde ayer, no queda otra más que resignarse y atravesar alguna zona de brezos, que con la falta de piedras no obliga a quitarse las raquetas. Llegamos a las mesas del circuito azul de Le Somport, donde hacemos un alto para dejarnos empapar de la magia de la noche. Bajamos por el monte hasta el extremo del Tele Roca, acercándonos cómodamente hasta la Rinconada, desde donde volvemos al punto de arranque tras haber recorrido una distancia de 4,3 km con un tiempo total 2h 15’, del que 1h 15’ han sido en movimiento, y con un desnivel acumulado algo superior a los 200m D+ y D-.


            Una salida distinta, con la compañía de siempre. Ambas, para repetir.


Las imágenes nocturnas son de David Muñoz.

lunes, 6 de marzo de 2017

Mondinero, el puntal sur de La Ronera

IXOS MONS
Mondinero (1.467 m)
Domingo, 5 de marzo de 2017



            Sanguine empta, sanguine tuebor (Adquirida por la sangre, protegida por la sangre). Es el lema del ducado de Villahermosa, cuyo titular hoy en día es Álvaro de Urzáiz y Azlor de Aragón (1937), que además de ser el XIX duque de Villahermosa, ostenta los títulos de XII conde de Guara, XII marqués de Cábrega, XVIII marqués de Cortes, XVI conde de Luna, XIII conde del Puerto, XII conde de Xavier, XX vizconde de Muruzábal de Andión y XXI vizconde de Zolina. Desde junio de 2006 es también el X marqués de Narros, con Grandeza de España, tras la muerte en el 2005 de su tía Isabel Azlor de Aragón Guillamas, IX marquesa de Narros, según informa la red de redes. ¿Os imagináis todo esto en una tarjeta de visita? ¿Y todas sus propiedades en un catálogo inmobiliario? Desde luego, más de lo que nos podemos imaginar, sí. Bueno, pues es lo que hay. Pues una de esas propiedades está en los montes de Guara, concretamente en el Santuario de San Cosme y San Damián, y varios miles de hectáreas alrededor, junto a Vadiello, a donde nos hemos dirigido hoy, pasando a la vuelta por ese centro de santidad en sus días, con pretensión de verlo y que fue frustrada por alguien que estaba en la propiedad y que nos lo impidió. Se puede mercadear con los bienes materiales, pero me pregunto si también con la historia, si también con la conciencia, con la memoria colectiva, con los sentimientos… pues parece que también. Nos viene a la memoria aquél eslogan publicitario de los años oscuros, en el ámbito de la prevención de incendios forestales, ¿recordáis?, decía: “Cuando un monte se quema, algo suyo se quema”, a lo que el gran humorista, arriesgado, humorista gráfico Perich añadía: “…señor Conde”.

Duras rampas en los primeros compases


Apacible Vadiello
            Bueno, pues henos aquí, de nuevo en la montaña, en la montaña baja, porque la alta está intratable. De nuevo por Guara, nuestro refugio de invierno, a cuyas cotas cimeras hoy también ha llegado algún zarpazo de ese indómito norte, que con una ligera y no muy molesta llovizna, ha dejado el protagonismo al fuerte viento que con fiero susurro nos decía que no nos acercáramos a las cornisas, que hoy sólo él podía circular por ellas. A pesar de todo, dejamos Jaca nevada, y nevando, en la confianza de que no llegue hasta aquí el marrón, y que mejor verlo a que nos lo cuenten. Hoy, con Toño, Carlos y Antonio.

Ermita de la Cruz Cubierta, a modo de esconjuradero

Burón y Santuario de San Cosme y San Damián
            El río Guatizalema, de joven, hace un requiebro para eludir la Sierra de Guara, y colarse hacia el sur, amansando sus aguas en el embalse de Vadiello, al que llegamos, encontrándonos una mañana con más temple que el que le hemos dejado por el norte, y con dudas sobre su tendencia en las próximas horas. Nosotros nos enfrentamos a esas dudas, de momento con el chubasquero puesto. El monte está claro, despejado, con un ambiente limpio, muy limpio. Dejamos la presa atrás y tomamos la pista, cerrada para el tránsito de rodantes, para dirigirnos hacia el este, con perspectiva sobre el embalse. No ha pasado media hora y llegamos a la altura de esa Cruz Cubierta, un esconjuradero como marcando los límites del territorio labrado en su momento para la santidad. Aquí abrimos una circular, y aquí la cerraremos.

Camino entre carrascas

Progresando por cómodo camino
            Seguimos en dirección a la Tejería, desde donde se puede acometer también esta ascensión con más corta distancia, pero teniéndose que desviar si se quiere visitar este bucle de eremitorios y santuarios. Seguimos, decimos, y en una bifurcación de la pista, tomamos la de la izquierda, para dar al poco con  la que viene de la Tejería, que en un giro brusco hacia el norte enfilamos ya dirección a nuestro monte. Un monte que hasta ahora no se ha dejado ver mucho, su cabeza estaba asfixiada entre las brumas reinantes. Veinte minutos hasta el desvío, al que llegaremos de vuelta, comenzando así un tramo lineal hasta la cumbre.

Comienzo del sendero

Comienza el pedregal
            En otros diez minutos llegamos al llamado Alto de la Carrasca, un desvío del camino. Son los últimos diez minutos sin jadeos, sin apenas desnivel, que nos dan para admirar esos grandes paredones que cuelgan de los Planos de San Cosme y los de la Predicadera. Entre ambos, un pequeño circo que se va haciendo más grande conforme nos vamos acercando. Es como una olla tumbada que hubiera diseminado todo su contenido en forma de duro canchal, únicamente disimulado por la alternancia de alguna carrasca que bien vendrá en las ascensiones estivales. Pero no todo de la olla se ha desparramado, que visible queda un enorme garbanzo, cuya dureza ha impedido su disolución.

Carlos con el buco

Sin cuartel
            En el arranque del sendero, da comienzo el camino del Plano, y es donde comienza realmente la ascensión, una ascensión sin tregua, que hay que tomarse como tal, y que hace sudar, a pesar de haber salido con 3º C del coche. Un hallazgo nos retiene a la vuelta de este enorme pedrusco venido de no se sabe dónde. Son los restos de un viejo buco, y del que simbólicamente quedan sus partes más notables, la cabeza, con su gran cornamenta, una pata y la columna vertebral. Es decir, su inteligencia, su tracción y lo que une a ambas. Toda una lección de ese Gran Libro de la Naturaleza Viviente, que está ahí, con sus tapas bien abiertas. Por el suelo andaba todo ello, tras ponerlo en un sitio digno proseguimos la marcha. Una marcha sobre piedras y más piedras, metiéndonos ya de lleno en el ascenso de esa olla tumbada, hasta el asome a uno de sus bordes, esa arista que limita al norte, cuyo punto álgido es la cima de este monte, al que llaman Mondinero o Montidinera.

Vamos tomando perspectiva

Barranco de los Valles
            Casi una hora todavía hasta alcanzar el punto más alto de este monte. Tras salir de la zona salpicada de carrascas, los bojes entran en escena, y el erizón, sobre todo el erizón, que va invadiendo todo este terreno de monte bajo. Alguna mancha de nieve cruzamos para alcanzar la cima, que nos recibe muy malhumorada, totalmente inhóspita, con un viento infernal del que nos tenemos que cuidar para no salir volando. Estamos en el extremo sur de la pequeña sierra de La Ronera, que albergando en su punto central al Fragineto (1749 m) y en el norte la Punta del Corcurezo (1666 m), vierte aguas al Guatizalema  y al barranco de Los Valles, que da origen al río Calcón.

Zona de La Gabardiella

Collado del Fragineto
            El Gran Norte nos es vetado visualmente, pero aún alcanzamos a adivinar los montes cercanos. A uno y otro lado del Fragineto, cuyo collado tenemos a nuestros pies, vemos la sierra de la Gabardiella a su izquierda, y la de Guara a su derecha. Por el sur el tiempo arriesga menos por esa Hoya de Huesca. Y poco más, con las mismas emprendemos la huida dándole la espalda a esta cima que tan mal nos ha acogido, pero no le guardamos rencor. Si la subida desde el garbanzo nos ha costado casi una hora, el descenso lo hacemos en poco más de media.


Rápido descenso
Ermita de la Virgen de Fabana
            Y del garbanzo a la salida de la senda en el camino, que recorremos hasta el cruce, donde cerramos la lineal para comenzar el bucle, dirigiéndonos hacia la zona de las ermitas. La primera en cruzarse en nuestro camino es la de la Virgen de Fabana, luego San Gregorio, y un poco más adelante la de la Fuensanta, donde nos detenemos a echar un bocado, que hasta ahora no nos ha dejado el tiempo. Se trata de un lugar mágico, donde el agua brota a borbotones, dando inicio a un barranco que seguro va a engrosar con sus aguas el embalse de Vadiello.  

Ermita de la Fuensanta

Fuentsanta
            Seguimos camino, y un par de ermitas más, la de San Úrbez  y la de San Miguel, de la que quedan sólo un par de paredes, vamos dejando a un lado hasta llegar al santuario de San Cosme y San Damián. Estos dos mártires de la antigua cristiandad se dice que eran gemelos, y que ejercían de forma eficiente el noble oficio de la medicina, no cobrando por ello. Fueron torturados, quemados vivos y finalmente decapitados por orden de Diocleciano hacia el año 300 d.C. Árabes de nacimiento y sirios de formación, entre los pliegues que la leyenda dibuja en la intrahistoria, encontramos que sus reliquias fueron traídas desde Francia. Todo esto y mucho más es lo que hemos querido encontrarnos en el interior de este complejo monacal, pero como dicho anteriormente, se nos negó.

Bajo la peña de San Cosme, su eremitorio
Conglomerados y calizas en perfecta armonía
            Y sin más, nos metemos por el barranco hasta encontrar su cauce y subir hasta esa otra ermita de la Cruz Cubierta, junto a la pista, cerrando este bucle. Desde aquí ya, y con la impactante vista de los mallos de Ligüerri y la Mitra, con el Burón detrás, nos vamos acercando al embalse, y con ello a la presa y al vehículo, habiendo transitado durante 12,9 km, en 4h 45’ de tiempo total, del que 3h 35’ han sido en movimiento, para salvar un desnivel acumulado de 1130 m D+ y D-, en una mañana que se ha puesto algo tiesa en las alturas, pero que nos ha hecho pasar buenos momentos de monte.





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