domingo, 14 de marzo de 2021

Montpedró y sus ferratas, sobrevolando Santa Ana

 


IXOS MONS / VÍAS FERRATA
Montpedró (736 m) y Ferrata Sergi (K2+) y Les Roies de Pinyana (K4)
Sábado, 13 de marzo de 2021

            “… que veinte años no es nada…”, es parte del estribillo del manido tango que, con el título de Volver, cantaba Carlos Gardel, y no sabemos qué pensaría en esta época, cuando un año, tan solo un año, y aún no hemos acabado, ha sido tanto, ha representado tanto, ha cambiado tanto en nuestras vidas y en nuestra forma de conducirnos por ella. Pues nosotros, nosotros volvemos, pero no “… con la frente marchita…”, ni con “… la mirada febril…”, que lo hacemos con la cabeza bien alta, con la mirada limpia, y con más energía que nunca. Una energía adquirida mutando las hieles en mieles. La Sección de Montaña del Club Pirineísta Mayencos vuelve sobre sus fueros, reavivando esa llama que no hemos dejado apagar.



            “Podrán cortar las flores, pero no detendrán la primavera”, decía Pablo Neruda. Nos habrán quitado un año, pero no las ganas de sacar adelante un calendario, en gran medida alimentado con lo que no nos dejaron hacer en ese año y, salvo dos apariciones esporádicas (y legales) en junio y julio, reanudamos las actividades, esperemos que dure. Y la primera con la que lo hacemos es precisamente la primera que tuvimos que suspender. El año pasado para estas mismas fechas teníamos previsto visitar las tierras de La Litera, esa comarca prepirenaica lindando con Lérida que, aunque en el aspecto montañero sea de perfil bajo, no deja de tener bonitos rincones dignos de ser visitados. Y ahí hemos ido 7 mayencos, 7, con muchas ganas de reencontrarnos, y que asistidos por el amigo Raúl, de Binéfar, nos hemos marcado una ruta de ciclo combinado, ascendiendo al Montpedró (734 m) montaña emblemática de Castillonroy, y complementando con dos ferratas de reciente instalación (2018) en unas peñas cercanas, la Sergi, de K2+, con un final un tanto picantón, y la Les Roies de Pinyana, de K4, corta pero muy vertical y explosiva.




            Nos llegamos a Castillonroy, para acercarnos al merendero de Santa Ana, punto de salida y llegada de la ruta. Una ruta que ya hicimos con Raúl para incluirla en el libro Cien cimas, cien paisajes. Aragón comarca a comarca, editado por Prames en 2018. Nos ponemos en marcha saliendo a la solana, por donde discurre llaneando un sendero muy próximo a unos caminos más anchos que discurren algo más abajo. Como en media hora, y sin previo aviso, el sendero se pone tiesote y nos empieza a subir como queriendo recuperar el desnivel no hecho en todo ese tiempo. Un sendero que, tras incorporarnos al SL-L 23, nos sigue subiendo para proponernos tomarnos un respiro en un mirador, desde el que se aprecia toda la redolada por esta vertiente sur, con unos campos con un espectacular verde que anuncia la primavera. Otro poco más y llegamos a lo más alto de este monte, habitado por la ermita de San Salvador, de la que se dice estar construida en base a los restos de un castillo templario del siglo XII. El nombre de este monte, Montpedró, se piensa que viene de “monte de piedra”, por los peñascales que muestra, especialmente en su ladera sur.





            Una vez atravesado el curioso atrio, salimos por el lado oriental, que nos ofrece unas vistas impresionantes sobre la cuenca del Noguera Ribagorzana, que nace en el valle de Mulleres, a 2.750 metros de altitud, que coquetea con Aragón y Cataluña y que, a lo largo de sus 133 km, hasta su desembocadura en el Segre, remansa sus aguas en los embalses de la Baserca, Escales, Canelles, y finalmente en este de Santa Ana, sobre el que sobrevuelan nuestras atónitas miradas. Pero que a poco que las levantemos podremos dejarlas ir hasta los nevados Pirineos. Todo ello por el norte, claro, porque por el sur, esas miradas se dejan caer plácidamente acompañando al río y su rica vega por esa depresión que va formando su cauce.


            Como donde bien se está, buen rato, aprovechamos para echar un bocado. Comenzamos el descenso volviendo a atravesar el singular atrio para dirigirnos a un curioso arco, desde el que se ven otros más, ladera abajo, y que se cree que sirvieron para subir los materiales de construcción para la reciente rehabilitación de la ermita. Desde aquí comienza a bajar sin piedad el sendero, hasta en veinte minutos llegar al terminal de la pista, que sigue bajando y bajando, y siguiendo con nuestras marcas del SL-L 23 nos metemos a mano derecha a un sendero, estando atentos, porque en diez minutos vemos un hito al pie de un desvío, que hay que tomar para llegar a la base de la vía ferrata, a la que llegamos en cuatro pasos. 










            Tras un tramo vertical, viene una larga travesía horizontal, salvando un pequeño barranco a través de una barra como apoyo para los pies, por supuesto sin abandonarnos en ningún momento la sirga de línea de vida. Las grapas son estrechas, lo que obliga a calcular bien en los cambios de paso. Realmente es muy disfrutona. Otro barranco, esta vez mayor, se abre a nuestro paso, y que los instaladores lo solucionan con un ingenioso sistema, pasando por un cable con la ayuda de un péndulo, al que hay que asegurarse. La verdad es que da impresión, pero echando el cuerpo para atrás (que es lo que más impresión da), se nota la tensión que ejerce el cuerpo entre ambos cables, lo que te da el control de la situación. Una vez pasado ese tramo, nos queda otra subida vertical, con algún desplome, para llegar a lo más alto, como en hora y cuarto, al término del puente tibetano a cruzar en la siguiente ferrata. Tomamos un sendero a mano izquierda, que nos lleva al general. Los escasos 300 metros de recorrido de la ferrata, quizá hayan influido en su catalogación como K2+, pero nuestro parecer es que no desmerece un K3, habida cuenta de que la escala, al menos hasta hace poco, llegaba hasta K6, aunque ya encontramos alguna de K7, incluso K7+, como las de Circ du Soleil y Circ de la Lune.








            A los pocos minutos de seguirlo en dirección descenso, nos encontramos otra entrada para la siguiente ferrata, a cuyo pie se llega también en pocos minutos. Esta de Les Roies de Pinyana está catalogada como K4. Más corta que la anterior, no da tregua, es vertical totalmente, y en algunos casos extraplomada. Sube directamente por una especie de espolón. Equipada con grapas estrechas, están colocadas de forma que te hacen pensar los cambios de paso, porque la mayoría te vienen a desmano, lo que le aporta un plus, como lo es también el distanciamiento de las grapas. Algún desplome. Después de una corta travesía en diagonal, se acomete ya la subida final, momento en el que da un respiro, antes del paso por el puente tibetano de 18 metros, con el que se disfruta el final de esta vía, llegando al mismo punto de término que la anterior. Como en la anterior, también, resta bajar el mismo pequeño y fácil destrepe y tomar el sendero de bajada al principal, y una vez en este llegarnos ya plácidamente hasta el punto de inicio de la ruta, ese merendero de Santa Ana.










            Una ruta, como decimos, de ciclo combinado, entre el puro senderismo ascendiendo a una cota fácil y la consecución de dos ferratas, cuyo esfuerzo no aporta justicia a los datos, ya que únicamente hemos recorrido 7,1 km, con tan solo 410 metros de desnivel acumulado total D+/-, pero eso sí, costándonos 5h 25', que han sido de puro disfrute, en un bello entorno y con una añorada compañía.






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