domingo, 8 de octubre de 2017

Pelay, Canarellos y Racón, fajando Ordesa

AQUERAS MONTAÑAS
Pelay, Canarellos y Racón
Sábado, 7 de octubre de 2017


            Esto es como cuando uno va a un concierto de gala todo ilusionado, bien pertrechado, todo compuesto, casi, casi, ansioso porque el auditorio abre las puertas durante pocos días al año para ese espectáculo, y peor aún, no anuncia las fechas, que son aproximadas, de modo que tienes que ir un poco al tentón… y vas, pero te encuentras que las flores están un poco lacias, que no hay ambiente todavía, como si los encargados del mantenimiento no hubieran hecho bien su trabajo. Te encuentras con unos músicos que siguen templando sus instrumentos, que los siguen afinando, que siguen ensayando, que sobra luz, que falta color, armonía… no sé, algo falla. Pero te quedas con la duda de si habrás venido antes de hora… o quizá tarde… o quizá este año no viene esta orquesta, o viene con los músicos suplentes... Son muchas dudas. Seguiremos yendo, seguiremos llamando a la puerta del auditorio, porque queremos saber, queremos conocer, queremos impregnarnos de esas notas mágicas que cada músico, con su atril multicolor ofrecen en esta época del año y que vibren al unísono con nuestro diapasón. Todo ello cuando lo decida el director de la orquesta.

Relevamos a la luna en su visita al Valle de Ordesa

A las puertas del auditorio
            Pues aun así y con todo, no nos defrauda. No. No lo hace, la naturaleza nunca lo hace. Quizá sí lo/los causantes de verla así, pero no ella. Nunca. Valle de Ordesa, el germen del actual Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, casi el primero de España, casi centenario. Sí, este año que viene hará cien años que se declaró como tal, unos meses después de el de los Montes de Covadonga, actual de los Parque Nacional de los Picos de Europa.

Listos para fajear

Puente con los ojos secos
           Pues ahí hemos estado, en Ordesa, con un ambiente que implora agua, envueltos en un pertinaz anticiclón que nos deja estabilidad atmosférica y días extraordinarios para hacer montaña… y de la buena, pero que como siempre hay un pero… la alegría no es completa. La falta de aguas está dejando secos los barrancos, destripando los cauces de los ríos, está apagando el brillo de esos seres magníficos a los que tanto debemos, como son los árboles, los verdaderos atriles de la sinfonía por tocar. Está todo como triste, deslucido, dejando pasar la otoñada sin pena ni gloria, una otoñada forzada por la sequía, por la que los integrantes del bosque, ante la falta de alimento, deciden anticipar su retirada a los cuarteles de invierno, a las raíces, donde concentran todas sus energías para brotar con fuerzas renovadas con el cambio de ciclo.

En plena faena

Los músicos se preparan para el concierto
            Pues venga, al tajo, que lo que nos hemos propuesto hoy tiene tela. Vamos a recorrer el valle de Ordesa por sus aleros, subiendo primeramente por la senda de los Cazadores al mirador de Calcilarruego, para recorrer la faja de Pelay, con unas extraordinarias vistas sobre el circo de Cotatuero y el de Soaso más adelante, al que bajaremos para discurrir por el fondo del valle hasta auparnos a otra faja, la de Canarellos, hasta el barranco de Cotatuero, desde donde lo haremos a la de Racón, para bajar por el de Carriata hasta la Casa Oliván. Un completo recorrido huyendo de la masificación de la ruta normal a la Cola de Caballo, con la que no hemos podido evitar compartir un buen tramo del camino.

Vamos tomando altura

La pradera de Ordesa, centro neurálgico del valle
            Con Sara, Marisa, Pepe, Manuel, Jose, Carlos, Toño, y Ástrid, Blanca y Yeyo, que vienen de Zaragoza, y a donde quieren volver para no perderse el inicio de las fiestas, emprendemos, con 6º C la marcha dirigiéndonos hacia el arranque de esa senda vertical, o casi, que es la de los Cazadores, para lo que hay que cruzar el río Arazas por el puente, aunque no hubiera hecho falta… ni gota de agua por el río. ¡Qué tristeza! Pero a ver qué nos cuenta el bosque, que tras unos primeros pasos de calentamiento no oculta ya sus intenciones. Un sinfín de vueltas y revueltas salvan los más de quinientos metros de desnivel hasta el mirador de Calcilarruego, a donde llegamos en hora y veinte. No está mal.

Vista sobre Cotatuero, entre el Gallinero y Tobacor, con el Casco al fondo 

Impresionantes paredones del Gallinero
            La panorámica que nos ofrece sobre todo el valle es extraordinaria, además de sobre el barranco de Cotatuero que tenemos enfrente. Después de la pechugada de subida y el descanso en el mirador, nos incorporamos al camino para disfrutar recorriendo esta faja, que en un primer tramo se abraza a la curva de nivel de los 1900/2000 metros para a continuación ir descendiendo paulatinamente hacia el fondo de Soaso, con un telón de fondo que poco a poco se nos va mostrando en todo su esplendor, y que no es ajeno a la sequera reinante. Pero antes de ello, vamos dejando atrás las vistas sobre la divisoria, unas vistas que se nos ofrecen por encima de ese barranco de Cotatuero. Casco, Brecha de Rolando, Bazillac, Falsa Brecha, Dedo, Taillon… un cordal mítico.

Macizo de Monte Perdido, sobre el circo de Soaso,
uno de los rincones  más merecidamente fotografiados del Pirineo

El otoño, que como todo lo bueno, viene de arriba a abajo
            Una gran vista se nos va, pero otra se nos viene. Volvamos a ese tan impresionante fondo al que nos dirigimos, y que no aparece todo de vez, la curva que traza el valle hace que primero asome la Punta de las Olas, luego el Pico Añisclo o Soum de Ramond, con su Torre de Góriz o Morrón de Arrablo, a continuación es el Monte Perdido el que asoma, con su escudero el Escaleretas, y finalmente el Cilindro de Marboré. Sí, ya estamos todos, pero aunque visualmente vamos hacia ellos, lo cierto es que ellos tiran para arriba, y nosotros para abajo, porque tenemos que llegar hasta el mismo lecho del río Arazas, que aquí se conforma con la aportación de las aguas del barranco de Góriz, que desparrama como puede la Cola de Caballo… y ahora, poco puede. La siempre visitada Cola de Caballo, la meca de los senderistas de Ordesa, a la que por preservarnos un poco de tanta y tanta gente no llegamos, parando un poco antes a echar un bocado.

Nuestra cima de hoy, en el fondo del valle -imagen de Jose.

Recién repintadas marcas del GR 11
            Estamos en un punto donde confluye el GR 11, que discurre por el fondo del valle y continúa por el sendero, salvando las clavijas de Soaso, hacia el refugio de Góriz. Nos incorporamos a él de bajada, compartiendo con una auténtica marea humana, de inequívoca procedencia urbanita, todos de subida, claro, hasta tomar la senda de la faja de Canarellos. Pero antes nos deleitamos con el espectáculo de las Gradas de Soaso, que aunque escasas de agua se esfuerzan en agradar, y sin duda lo consiguen.

Gradas de Soaso

La serenidad busca su acomodo en el patio de butacas
            Bien, dejamos el itinerario de la marea humana para ir ascendiendo por el bosque para incorporarnos a esta nueva faja, que nos va a permitir auparnos de nuevo a otro de los aleros de este espectacular valle. Una faja que discurre por la parte más occidental del macizo de Tobacor, y que finaliza metiéndonos en el barranco de Cotatuero, para descender hasta su seno, casi seco también, y cambiar de macizo, porque ahora subimos hasta media altura del de Gallinero, para recorrerlo por la faja de Racón, hermana menor de la de las Flores, y que tras recorrerlo entero nos mete en el circo de Carriata, dominado por ese bellísimo monte que es el Tozal del Mallo.

Barranco de Cotatuero

Tozal del Mallo, guardián del circo de Carriata
            Sólo queda ya incorporarnos a la senda que baja por este circo y que nos deposita en Casa Oliván, en la carretera de acceso a la pradera, a escasos cientos de metros ya del vehículo, al que llegamos tras 8 h 50’ de tiempo total, del que 6h 45’ han sido en movimiento, para recorrer más de 24 km, y salvar un desnivel acumulado en torno a los 1960 metros, aunque estos datos pueden variar debido a los rebotes que produce la señal al ir próximos a la pared. En cualquier caso, lo que no ofrece dudas es la duración, que ha sido larga, intensa, bien aprovechada al impregnarnos de las esencias de este valle de Ordesa por su base y por sus alturas, de arriba abajo y de abajo a arriba, con la siempre agradable compañía mayenca, que como la montaña, nunca defrauda.

            Volveremos. Sí, volveremos a llamar a las puertas del auditorio.
  




2 comentarios:

  1. Hola Chema.

    Una pena, que este todo tan seco, y lo malo es que no tiene pinta, de que vaya a cambiar a corta plazo.

    Aun así, el recorrido que hicisteis, ya de por sí, es precioso, y fuera de la masificación.

    Yo quiero ir para Pilares, al bosque de la Pardina del Señor, a ver si tenemos más suerte, y allí el otoño ya ha entrado con más fuerza.

    Un saludo.

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    1. Aúpa, pues. Yo llevo idea de volver a Ordesa, en concreto a la Faja de las Flores.
      Gracias, Eduardo, por el seguimiento y el comentario.

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