lunes, 2 de octubre de 2017

GR 11 Candanchú - Lizara, "Aragón a pie por GR", de la FAM

AQUERAS MONTAÑAS
Candanchú - Lizara
Domingo, 1 de octubre de 2017


            Hay veces que nos preguntamos por qué el tiempo le tiene que hacer caso a las predicciones, y eso que no siempre pasa, pero a veces sí, como hoy por ejemplo. Toda la semana con las previsiones a favor, y llega el sábado… y todo cambia. Y sin saber cómo se entera, va y le hace caso. Y sí, todo cambia, porque no es lo mismo atravesar unos puertos a más de dos mil metros, admirando unas vistas extraordinarias, que no poder hacerlo, pero no ha sido óbice para sacar adelante esta salida del CP Mayencos, programada ya para mayo, y que no se pudo hacer por exceso de nieve. Tal y como se planteó entonces, junto con Os Andarines d’Aragón, y dentro del programa “Aragón a pie por GR”, de la FAM, se ha podido realizar esta andada de altos vuelos desde Candanchú hasta Lizara.

Momentos antes de ponerse en marcha el numeroso grupo

Hacia un sol inalcanzable
            Las nueve de la mañana nos dan en Candanchú, con un termómetro que se aúpa para llegar a los dos dígitos, pero que no lo consigue. Nieblas altas que ocupan el espacio y que aún tenemos esperanzas de que ahuequen el ala… pero no, nos tendremos que conformar. Nos reunimos un buen número de mayencos y de otros clubes que se han adherido, más los amigos de Zaragoza, con los que sumamos más de cuarenta, y comenzamos esta travesía subiendo a pecho el monte Tobazo. Pronto nos alejamos de los postes para darle la vuelta al monte y asomarnos a la cuenca de Tortiellas. En ese subir y bajar de las nieblas nos permite ver algo de esa cuenca, y de Canalroya, y de la de Izas, y de los montes que las conforman. Todo así tiene otra apariencia, pero también con su encanto. Paso del Pastor, el de Tortiellas, y comienza una nueva subida hasta alcanzar la terminal del telesilla de la Tuca Blanca, a donde llegamos tras casi dos horas de marcha.

Transitando por la cuenca de Tortiellas

En el paso de la Tuca Blanca
            La niebla no sólo no levanta, sino que se torna en lluvia fina, y en ocasiones con viento. Tras reagruparnos en este primer alto, seguimos todos, ya más juntos, porque el terreno y la climatología lo exigen. Pasamos sin enterarnos por la parte alta de Loma Verde, y nos asomamos al balcón sobre Esper, antes de bajar a su seno. Nos asomamos, decimos, en un vano intento de obtener algún resultado. El sendero nos baja a una plataforma herbosa que se agradece, tras de la cual hay que pasar el incómodo lecho del ancho barranco, habitado por bolos y más bolos, y cuyo tránsito nos permite cruzar al otro lado para dar comienzo el ascenso al otro alto de la jornada. Un ascenso vertiginoso y con algún tramo expuesto, justamente en ese paso de la Oreja, donde han instalado sirga en un par de tramos para hacer más seguro su paso. Si había algún punto delicado en el itinerario era éste, pero al carecer de visibilidad se ha pasado únicamente con el esfuerzo de la ascensión.

Tras el paso de la Oreja

Los escalones tallados facilitan el tránsito por la ladera herbosa
            En poco ya llegamos a lo que llamamos collado de Esper, otro de esos lugares en los que la parada para contemplar el panorama es obligada, pero no hoy, que sólo la hacemos para volver a agruparnos. Éste era el lugar elegido para echar un bocado, que alguien hace de forma furtiva, pero nada más. Con sus 2278 metros es el techo de la ruta de hoy. Foto de familia y al tajo, que a partir de ahora se puede decir que ya es todo bajada, en primer lugar para alcanzar por entre una ralleras la zona denominada como las Foyas de Aragüés, para luego seguir bajando por el barranco de Igüer hasta el collado del Bozo, paso entre Lizara y Napazal, encontrando otra cadena en un resalte rocoso.

Pasando por la cadena de Igüer

Aproximándonos al collado del Bozo
            Este tránsito decidido hacia el sur nos permite ver que el marrón lo llevamos encima, pero que no se atreve con la tierra baja. Alcanzamos el collado y con el refugio de Lizara ya a la vista, sólo resta llegar hasta él, algo que hacemos en menos de una hora, llegando al filo de las tres y media, como entre una hora u hora y media antes de lo previsto, debido a no haber parado a comer, y a que el frío y el agua hacen andar más ligeros. 


Lizara a la vista

            En total, han salido esos casi 15 km, en un tiempo de 6h 10’, del que unas 5 han sido en movimiento, para salvar un desnivel acumulado de 1125 m D+ y 1185 m D-, en una mañana con excelente compañía y que se ha disfrutado de la montaña, aunque le haya faltado ese puntito de poder dejar mecer la mirada hasta el infinito.





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