jueves, 7 de abril de 2016

Sierra de Algairén, la corona de Alpartir

IXOS MONS
Nevera (1.209 m)
Espino (1.187 m)
Peña Sangarba (1.173 m)
Miércoles, 6 de abril de 2014




            Hay un tiempo para todo. Hay un tiempo para cada cosa. Lo hubo para el reparto de montes, de valles, de bonitos rincones, donde el agua es el principal protagonista, y los primitivos del  lugar, muy espabilados ellos, supieron estar bien al tanto de todo ello cuando fundaron esta población a la salida de uno de los valles más bonitos, salvajes y sorprendentes de la redolada. Es un auténtico regalo de los repartidores de montes y sierras, y no lo tuvieron difícil para dar nombre al enclave. Alpartir, “regalo”, según los toponimistas especializados en el árabe medieval. No hay mejor nombre para esta población, que vive con un ojo puesto en las llanuras que bajan a La Almunia de Doña Godina, y el otro a la Sierra de Algairén. Y ésta ha sido la elección de hoy, un regalo de elección, sin duda; y ahí hemos ido, a recorrer su río, Alpartir, por cierto, otro regalo, por el fondo de su valle, hasta auparnos a los montes que lo circundan, siempre con la guía e ilustraciones de Luis, de La Butrera, magnífico conocedor, divulgador y amante de su tierra. Vamos.


Nevera, el primer objetivo del día
            Alpartir. Ocho de la mañana. Nos llegamos con el coche hasta la Erilla. Termómetro con un solo dígito, pero lo que le falta para el confort térmico lo vamos poniendo con nuestro ímpetu de ir recorriendo aspacico y callandico, como dice la jota, este fondo de valle, coqueteando con el río Alpartir, o Tiernas, que también lo llaman. Un río que juguetea con el sendero. Un río que nos contagia de su pureza. Un río que, alimentado por los innumerables barrancos del valle, tiene grandes altibajos de caudal. Hoy nos lo encontramos generoso, como muy justo para vadear en alguno de los cruces.

Fuente de la Teja
            Al cabo de media hora, nos encontramos con el desvío de la fuente La Teja, y lo tomamos. La fuente está muy próxima, y alimenta a una pequeña balsa. Al menos eso era antes, porque ahora está seca, y la balsa fagocitada por la vegetación. Y cómo es posible que habiendo tanta agua por todos los lados, y esta fuente, apreciada antaño, baje seca? Luis nos lo explica. - "Estamos en territorio de los extintos oficios de leñeros y carboneros, que en su apogeo tenían los montes limpios. Hoy en día, se han repoblado tanto los montes que se chupan toda el agua que nutría la fuente". Buena razón, y la reflexión sería: se están repoblando los montes con las especies adecuadas?, porque las autóctonas seguro que necesitarían menos agua y mantendrían el equilibrio.

            
Cerca ya del Nevera
            Y con estas y otras reflexiones seguimos el sendero entre bosque, hasta meternos en el barranco La Mina y llegar a la pista de Mosomero, que vamos pateando hasta dar vista al valle del río Grío, y su guardián Vicora. Una hora nos queda de pista, con unas vistas extraordinarias, hasta alcanzar el arranque a la subida a la Nevera, camino de cemento que nos aúpa a la misma cumbre, habitada por una caseta de planta hexagonal, sede de un observatorio contra incendios. Nuestra vista, a lomos del viento abarca lo inabarcable. Desde los valles que tenemos a nuestros pies, hasta el Moncayo y el Pirineo más a lontananza, pasando por las llanuras que ofrecen las tierras de La Almunia y Cariñena. Bocado y trago.


Collado del Tío Francisco
            De bajada, antes de llegar al arranque de la cuesta, tomamos un sendero a mano izquierda, que nos baja hasta el collado del Tío Francisco, para seguir por la loma por el PR-Z 15.1, dirección al Espino, primero por un corto tramo de pista y luego por sendero. Un sendero que comienza también a subir y subir, hasta alcanzar este otro punto elevado, el Espino, adornado por una cruz con cintas al viento. Al poco de bajar de aquí, el cómodo sendero se convierte en más incómodas piedras, un gran risco de roquedo tenemos por delante, y mucho nos tememos que hay que recorrerlo en su totalidad.


Rincones de los carboneros
            Estamos en Peña Sangarba. La primera altura que llegamos, parece ser la mayor. Así la tomamos. Teniendo claro el punto al que salir, que no es otro que el vallado del Cortado, los hitos nos van llevando por toda esta raya de piedra, subiendo y bajando a todas sus cotas. Entretenido. Finalmente bajamos a la senda de la Lechera, y en poco a la de la Hermana, ya junto al vallado. Desde aquí, un gran barranco a descender, hasta llegar al fondo de Mosomero. Tres cuartos de hora de bajada entre bosque de carrasca, adivinando esos huecos, esos ensanches que los antiguos carboneros robaban al terreno para hacer sus piras con lo que los leñeros dejaban tras llevarse lo más menudo. Tierra negra y húmeda, que descansa en paz tras tanto trasiego.

            Al llegar al fondo del valle, sólo resta recorrerlo hasta la Erilla, pero al llegar a la altura del sendero del Puerto lo tomamos, pasando por la paridera del Mesonero, donde según Luis llegaron a vivir tres familias. Esta senda sube y sube, hasta dar con la pista, que apenas tocamos unos metros, para seguir por entre bosque para dar finalmente como a medio kilómetro por debajo de la Erilla, hasta la que llegamos a pie para coger el vehículo.


            Valle de Alpartir, que en otros tiempos albergaba cantidad de pequeños corros de tierra, fértil tierra necesaria para el sustento de las casas. Valle de Alpartir, en otros tiempos transitado por leñeros y carboneros. Valle de Alpartir, hoy convertido en un lugar virgen, en un lugar de esparcimiento, donde la tupida vegetación se asoma a los riachuelos de cada barranco, que van engrosando este río Alpartir, que como un regalo da nombre al valle, que como un regalo da nombre al pueblo. Un regalo también para nosotros que, con Luis, en esta extraordinaria jornada se nos ha permitido recorrerlo de arriba abajo, de la cara y del revés, en 7 h de tiempo total, del que 5h 5’ han sido en movimiento, para recorrer 20,5 km, con un desnivel de 1.240 m  D+. Gracias por el regalo.






2 comentarios:

  1. Hola Chema, soy Ángel de La Butrera. Me alegro que todo haya salido bien. Para Luis fue un placer acompañarte. Ese andar por nuestros queridos montes es una parte íntima de su vida.

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    1. Qué tal, Ángel? Sí, y eso se nota. Yo también lo pasé muy bien. Muchas gracias por acogerme en vuestro territorio.

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