domingo, 13 de diciembre de 2015

Cuculo y San Salvador, el Belén del CP Mayencos

IXOS MONS
Cuculo (1.549 m)
San Salvador (1.547 m)
Sábado, 12 de diciembre de 2015


            San Juan de la Peña es una de las llamadas Sierras Exteriores del Pirineo, y entre ellas y él hay una peculiar relación. Mientras que ellas se sienten un poco ninguneadas y miran a él con un poquito de envidieta por su porte, por su altura, por su elegancia, él en ocasiones admira que el tiempo se porta mejor con ellas, quizá por su humildad, por su sumisión. Unas y otro tienen razones. En el fondo se buscan, se quieren... y por qué?, porque se complementan, pero no están juntas, la historia geológica, medida en eones, los ha separado, condenándoles a buscarse permanentemente con la mirada, enviándose mensajes en los pliegues del viento. Entre ambos, la gran depresión del río Aragón, que da nombre al territorio hasta que se vuelve navarro.

Arrancamos por el barranco de
Carbonera (foto de José Antonio)
            En una nueva salida del CP Mayencos, esta vez un grupo de trece, siguiendo la tradición de más de nueve lustros, hemos subido el Belén Montañero del Club a un monte cercano, a un monte humilde, modesto, pero que se ha sabido buscar su hueco en el espacio visual. Se trata del Cuculo, una avanzadilla que la Sierra de San Juan de la Peña tiene hacia el norte, hacia los abismos de la Canal de Berdún, cuya depresión ha ido labrando el río en su devenir durante miles, millones de años. Un monte éste, que no sólo se aúpa sobre su norte, sino que lo hace sobre sí mismo, presumiendo de ser el más alto de la sierra, incluso más que su gemelo San Salvador, que por no ser osado, por no querer despegarse de su madre, se ha quedado con dos metros menos de altitud. De todos modos, y para evitar malos rollos entre ellos, decidimos visitarlos a los dos, aunque el Belén se queda colocado en el Cuculo, verdadera atalaya sobre el Gran Norte.


Llegando al collado
            Cuatro vehículos, que dejan su muy valiosa carga humana en el barranco de Carbonera, junto a la pila de agua, suben a San Indalecio para quedarse tres esperando el regreso de ese cargamento para no repetir itinerario. Nos ponemos a la faena. Y lo hacemos por un bosque replegado en sus asuntos, no hay nada que le motive mostrarse como tiempo atrás, pletórico, deseoso de agradar. Ahora lo tenemos entretenido en sus funciones internas, en sus laboratorios de vida, de renovación, para volver a dar lo mejor de sí mismo la próxima temporada. Y con esas reflexiones y ese respeto, y no sin jadeos debido a las fuertes rampas, llegamos en poco más de media hora al collado de las Eretas, donde se desgarran estos dos montes que hoy vamos a visitar.


De contemplación
            Tomamos dirección norte, para salir del bosque y transitar ya por sendero entre pastizales, con buenas vistas sobre un más que amplio territorio, que pronto nos apresuramos a reconocer desde esta sierra que hoy hemos puesto bajo nuestros pies. Cercana visualmente, y en el corazón, la Peña Oroel, hermana de ésta, y que la gran tormenta geológica ha dejado varada en este mar del tiempo un poco más a levante, y cuya proa se alza orgullosa resistiendo los cierzos más airados. Otros cuarenta minutos desde el collado y aquí estamos, con el portal, sus figuricas y alguna herramienta para sujetarlo.

En la Atalaya
            Fotos y más fotos. Burbujas al aire para celebrar un año más la llegada de la Navidad, que amén de respetables y particulares connotaciones religiosas, es una época entrañable y de recogimiento, como la de esos árboles que poco caso nos han hecho hoy a nuestro paso. De vuelta al collado para tomar la senda del Maquís, y por otra fuerte rampa llegarnos hasta San Salvador y su ermita, donde se nos abren espectaculares vistas al sur y a poniente, sobre la cuenca del Gállego. Tristes montes sin apenas ramoneo. Este monte, dos metros más bajo que el Cuculo, a diferencia de éste, tiene vértice geodésico. También tiene una extensión hacia las tierras de Bailo, en cuyo extremo una bandada de buitres está oteando el horizonte. Y como no queremos ser menos, hacia allí que nos dirigimos nosotros también. Queremos ver lo que ellos, sentir lo que ellos. Y lo hacemos, la travesía aérea nos lo permite.


            Ya de vuelta a la ermita, para comenzar ya nuestro regreso por la senda del monte para eludir la pista hasta el último tramo, que nos lleva ya a la pradera de San Indalecio, que atravesamos para llegar a los vehículos, tras haber pasado una extraordinaria mañana de monte, en muy buena compañía. El track del amigo José María, arroja los siguientes datos: para una distancia de 10.8 km se ha invertido un tiempo total de cerca de 5 horas, con casi 3 en movimiento. El desnivel se cifra en casi 900 D+ y más de 700 D-.



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