martes, 20 de noviembre de 2012

Pico del Águila


IXOS MONS
Pico del Águila (1.972 m)
Martes, 19 de noviembre de 2012


            Otra espléndida mañana pasada en el monte. Que no nos eche en falta. Sobre todo. No salimos del valle. En su cabecera, de Canfranc Estación parte esta ascensión al pico del Águila (1.972 m), en la que somos testigos de cómo se va yendo el otoño, lentamente, sin prisa, como si el invierno no quisiera empujarle, y cuando eso ocurre, generalmente suele venir de repente, sin avisar. Veremos.

Cabaña de piedra con bóveda circular
            Ya habíamos estado en octubre del 95 y en agosto de 2002, así es que tocaba de nuevo. De las piscinas partimos en solitario, como el termómetro, con un grado. Nos adentramos en el bosque sobre las nueve y veinte de una mañana fresca, pero que promete, porque está serena, con una paleta de azules apenas sin ocupar por esas nubes altas que irán viniendo y que anunciarán cambios para dentro de 24/48 horas. Estamos, pues, en una tregua entre borrascas. Vamos a aprovecharla.

            Recientemente, el Ayuntamiento de Canfranc ha puesto en valor los caminos que entretejen el municipio, los dos núcleos del municipio, y sus montes. Unos más viejos que otros, aunque no lo parezca, porque todos los que guardan relación con la Estación Internacional mucho más del centenario no tienen. Fue a principio del siglo pasado cuando comenzaron las obras de acondicionamiento de un fondo de valle que, tras canalizar el joven río Aragón, fueron rellenando con los escombros del túnel ferroviario, ampliando de ese modo la superficie útil para la construcción del edificio de la estación y su entorno, que languidece como las vías, como el otoño que cada año los arropa.

Estación Internacional de Canfranc
            Cabecera de un valle profundo, de verticales paredes que tuvieron que ir domesticando para evitar en lo posible las grandes avalanchas de nieve que pusieran en peligro cualquier obra en su seno. Grandes defensas, barreras de protección, que llamaban la atención al considerarse enormes obras de la ingeniería civil de la época. Todo ello conllevó el diseño de caminos, cuyo zigzagueo va llenando de accesibilidad las laderas a ambos lados del valle, de un valle cuyo revestimiento forestal, a pesar de lo que pueda parecer, también es joven, relativamente joven, ya que su origen también formó parte de ese sistema de defensas al fijar con sus raíces la tierra al suelo.

            Más antiguo que todo ello son unas rústicas construcciones de piedra, integradas en esos paisajes de antaño anteriores a la reforestación. Estamos hablando de unas pequeñas casetas de piedra con bóveda circular, características de esta zona, y que también nos podemos encontrar con algún ejemplar restaurado, como es el caso nada más arrancar el camino.

Alfombrados caminos
            Monte arriba, pues, por camino alfombrado de viejas hojas que ya han cumplido su misión en las alturas y que ahora lo hacen en el suelo. Estamos subiendo por la margen izquierda del barranco de Estiviellas, que en tres puntos distintos hay miradores para contemplarlo, siendo el primero y el tercero, además, travesías para alcanzar la margen derecha, concretamente el camino que baja de los viveros de Secrás. Fuente del Burro, con sus generosas aguas. Y en menos de una hora llegamos a las ruinas de las casetas que servían de refugio a los obreros empleados en tan magnas obras.

            Se sale del frondoso bosque, y en consecuencia, del acolchado piso. Con más amplitud ya podemos ver ese sol que sin impedimento alguno nos da luz, calor y vida en esta extraordinaria mañana robada a estos días finales de Escorpio, que no hace honor al Brumario de la Revolución Francesa. Al otro lado del valle, enfrente, vemos la Moleta y su collado con el tupé nevado. Por encima de nosotros, los murallones de Estiviellas, orgullosos pero callados.

Paso del Sarrio
            En poco más de una hora llegamos a la base de la Cola de Caballo, que cuando hay abundancia de agua nos ofrece sus escorrentías con gran amplitud. El zigzag del camino nos sobrepone a su salto, y nos eleva a la Olla de Estiviellas (1.710 m), cruce de caminos, desde donde se puede realizar la circular bajando por los anteriormente mencionados viveros de Secrás, o seguir ascendiendo en dirección al Paso del Sarrio, o por el camino que seguimos, en dirección al collado, y que algo antes de llegar dejamos para tomar ya dirección a nuestro objetivo de hoy.

Roca cimera
            Estamos en torno a dos mil metros de altitud, y tenemos que hacer una travesía horizontal, en ligero descenso, por un terreno sin apenas camino trazado. El tener el collado del Águila a la vista te ayuda a ir directamente, pero sin camino evidente, y con el peligro añadido de la escarcha depositada en un suelo todavía a la sombra y con una pendiente considerable. Aunque nada de todo ello representa problema alguno a una cabaña de huidizos sarrios que merodean por el entorno.

            Llegamos al collado, que da vista a la cara norte, a Rioseta, de la que nos separa una más que empinada canal. Suelo con piedra muy descompuesta, pero con la anchura suficiente como para que lo andemos sin más complicaciones hasta alcanzar la base de la roca cimera, que nos va subiendo hasta que una agrupación de piedras te indican que estamos en la misma cumbre del pico del Águila (1.972 m), que por más que se aúpe no alcanza los dos mil metros, pero sabemos que no le importa porque no añadiría nada a la extraordinaria atalaya de la que hace gala.

Cima del Pico del Águila
            Estamos en el extremo NE de esta sierra que viene desde el Borreguil de la Cuca (2.097 m), y que hace de divisoria entre Estiviellas y Tortiellas, encima de Rioseta. La continuación de esta sierra nos lleva visualmente hacia los picos de Lecherín, el Sombrero, el Aspe… Al N, el paso del Pastor, encima del Monte Tobazo. En último horizonte, el Anie; más cerca el cordal de Arnousse, Benou, Belonseiche, Escalar y Moines, que cierran al norte el valle de Astún; y el de la Raca, Malacara y Canalroya, que lo hacen al sur. La propia Canalroya, sobre la que sobresale el Midi d’Ossau. El pico de Anayet y el vértice tampoco quieren faltar a la cita, y se asoman para disfrutar también de esta extraordinaria mañana. 

              Seguimos con el recuento. Las Negras, Canal de Izas, con su collado, y su campanal. Iserías, Moleta, Collarada. A nuestros pies, y aun a ochocientos metros por debajo, siguen siendo impresionantes las instalaciones de esa Estación Internacional, que lleva tantos años no siéndolo que los que lo fue, ya que fue inaugurada en 1928, y cerrado el tráfico al país vecino en 1970. Al sur, el valle del Aragón, por donde se va abriendo paso este río que como cualquier ser humano, de niño amamanta de dos pechos, en este caso dos ibones, el de Truchas y el de Ranas, o el de Astún y el del Escalar, para los más puristas. Se va abriendo paso, decimos, hasta el Campo de Jaca, dominado por la Peña Oroel, donde un brusco giro hacia el ocaso del día le lleva a amansarse en el pantano de Yesa, junto a tierras navarras.
Valle del Aragón y Canalroya

            Melenas verdes con penachos ocres. Azul del cielo con algún contrapunto ya nuboso. Rojizas las magmáticas tierras en redor de Anayet. Blancos flequillos que cuelgan de las cabezas rocosas. Y el sol, el sol por encima de todo ello. Estos son los ingredientes para este suculento plato que degustamos desde aquí, abstraídos de las estrecheces y de las miserias humanas, dando el verdadero culto en el verdadero templo.

            Pero tenemos que marchar, no hay más remedio. Volvemos sobre nuestros pasos. Bajamos al collado y emprendemos esa travesía, ahora en ligero ascenso, que nos llevará a tomar el camino que hemos abandonado para desviarnos hacia este magnífico pico. Aprovechamos el regreso para colocar algunos hitos de piedra y afianzar otros. Y sin más, a participar de esta borrachera de vueltas y revueltas, único modo de salvar los tremendos desniveles de estas laderas.

Muralla de Borau y Aspe
            Una vez llegados a la Olla de Estiviellas (1.710 m), en lugar de seguir por el camino de subida, optamos por descender por la margen contraria, por los antiguos viveros forestales de Secrás (1.580 m), por donde pasamos para continuar ya por el interior del bosque, hasta que cruzamos el barranco por la primera travesía, para volver al camino inicial y llegar de nuevo a las piscinas al cabo de algo más de cinco horas desde la partida, salvando unos 1.700 metros de desnivel acumulado.

            Bueno, pues qué decir que no se haya dicho ya. Para repetir.


El reportaje completo de fotos, en:
https://picasaweb.google.com/chematapia/PicoDelAguila


6 comentarios:

  1. Muy buen paseo y un día fantástico.

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    1. Así es, Anónimo. Gracias por el comentario.

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  2. muy bien¡¡, nada de nieve, veo

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    1. Hola Cacatúa. No, nada de nieve para pisar. Viene bastante frío para primeros de mes. A ver si vienen precipitaciones. Gracias por el comentario.

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  3. Hola Chema,
    No se si el Monte te echará en falta a tí, yo desde aquí desde luego que sí le hecho en falta a él; en fín a ver si en el puente de la constitución pudiera hacer esta bonita ascensión, te avisaré para que me des alguna indicación.
    Un abrazo
    Luis F. Olivares

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    1. Hola Luis. No sé si estaré por aquí, pero puedes intentarlo. Gracias por el comentario.

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