lunes, 11 de abril de 2016

Cubilillo os Fils, la ferrata de los buitres

VÍAS FERRATAS
Cubilillo os Fils 
Sábado, 9 de abril de 2016



            Una nueva salida del CP Mayencos tachada del calendario. Feita, que dirían por aquí. En esta ocasión volvemos a visitar el Reino de los Mallos, en concreto Riglos. Con nuestros aperos de ferratas y con ganas locas de que circulen por la vía Cubilillo os Fils, nos vamos acercando por el barranco de la Mota hacia la pared. La mañana serena alberga a 8 mayencos, 8, y a muchos otros más que se disponen a desafiar la verticalidad de los mallos. Las nubes van siendo testigos de que cada uno vamos a nuestra faena.


Preparados, listos...
            Por ancho camino primero, y por sendero después, vamos llegando a pie de vía, donde vamos siendo pasto de las fotografías de Miguel Ángel, como si de un casting se tratara sobre la aptitud para iniciar la ruta. Parece que todos lo pasamos. Sí. Tras colocarnos los elementos de seguridad vamos desfilando. Es una ferrata en la que conviven elementos viejos y nuevos. Entre los primeros está un sistema de clavijas, reforzado por la nueva instalación de sirga, alguna grapa y algún tramo de cadena.

Descansando en la repisa
            El comienzo ya es vertical, pero pronto se alcanza una pequeña plataforma en la que poder relajarse un poco y poder hacer fotos de grupo en lugar de uno a uno. Una pequeña chimenea media entre otro espacio más ancho, que da lugar a una estrecha senda por la que hay que transitar con cuidado porque se ha quedado atrás la línea de vida.

En el mirador
Se llega de nuevo a la pared, y a nuestra izquierda se nos abre otra repisa, que facilita el paso a un mirador, desde el que se divisan unas panorámicas excelentes sobre todos los amplios espacios que tenemos bajo los pies. De nuevo una pared vertical, que termina en una corta chimenea, dando ya salida a terreno de monte, libre ya de elementos de seguridad. Por la estrecha senda, y con cuidado, alcanzamos el mirador de los Buitres.


            Desde Sarsamarcuello se puede llegar en vehículo hasta este lugar privilegiado. Hay quien lo hace por el placer de ver el mundo desde aquí, y hay quien viene para hacer la ferrata, comenzando por el descenso y subiéndola después, de este modo se pueden ahorrar la aproximación desde Riglos al pie de la vía. De cualquier modo, henos aquí disfrutando de la resaca de la subida y de las impresionantes vistas que nos ofrece esta atalaya.

       Mallos de Agüero, Peña Rueba, Mallos de Riglos, guardianes de las montañas, que sus solanas miran a las llanuras de la Hoya de Huesca, y sus pacos se asoman a esas tierras que ya se van empinando. Barrera infranqueable visualmente a no ser que estés aupado en lugares como éste, donde la vista se mece al viento, sin aleteos, como los buitres. Momentos disfrutones que aprovechamos al máximo antes de disponernos a comenzar el descenso.


            Con buena señalización, el sendero nos lleva hacia el norte para coger ya uno más estrecho, que decididamente nos va bajando entre la vegetación que amortigua la caída visual hacia el exterior, una caída que se nos antoja brutal, a juzgar por las pocas ocasiones que el follaje nos lo permite. Cuando se pone la cosa más arriesgada nos encontramos de nuevo la sirga en la pared, hasta llegar a un corto paso aéreo que hay que salvar a través también de sirgas en pies y manos. Un estrecho y vertical agujero nos espera, para bajarlo por una escalera. Y tras unos cuantos pasos más, salimos de la zona equipada para llegar al sendero convergente con el que hemos tomado para subir.


          Una vez en el camino del barranco de la Mota, sólo nos queda llegarnos al pueblo disfrutando de la compañía, disfrutando de la conversación, disfrutando de esos momentos que sólo el monte te da. Momentos en los que se intercala la observación de los desafiadores de lo vertical en las innumerables vías de escalada de los mallos. Momentos que seguro volveremos a revivir. 




jueves, 7 de abril de 2016

Sierra de Algairén, la corona de Alpartir

IXOS MONS
Nevera (1.209 m)
Espino (1.187 m)
Peña Sangarba (1.173 m)
Miércoles, 6 de abril de 2016




            Hay un tiempo para todo. Hay un tiempo para cada cosa. Lo hubo para el reparto de montes, de valles, de bonitos rincones, donde el agua es el principal protagonista, y los primitivos del  lugar, muy espabilados ellos, supieron estar bien al tanto de todo ello cuando fundaron esta población a la salida de uno de los valles más bonitos, salvajes y sorprendentes de la redolada. Es un auténtico regalo de los repartidores de montes y sierras, y no lo tuvieron difícil para dar nombre al enclave. Alpartir, “regalo”, según los toponimistas especializados en el árabe medieval. No hay mejor nombre para esta población, que vive con un ojo puesto en las llanuras que bajan a La Almunia de Doña Godina, y el otro a la Sierra de Algairén. Y ésta ha sido la elección de hoy, un regalo de elección, sin duda; y ahí hemos ido, a recorrer su río, Alpartir, por cierto, otro regalo, por el fondo de su valle, hasta auparnos a los montes que lo circundan, siempre con la guía e ilustraciones de Luis, de La Butrera, magnífico conocedor, divulgador y amante de su tierra. Vamos.


Nevera, el primer objetivo del día
            Alpartir. Ocho de la mañana. Nos llegamos con el coche hasta la Erilla. Termómetro con un solo dígito, pero lo que le falta para el confort térmico lo vamos poniendo con nuestro ímpetu de ir recorriendo aspacico y callandico, como dice la jota, este fondo de valle, coqueteando con el río Alpartir, o Tiernas, que también lo llaman. Un río que juguetea con el sendero. Un río que nos contagia de su pureza. Un río que, alimentado por los innumerables barrancos del valle, tiene grandes altibajos de caudal. Hoy nos lo encontramos generoso, como muy justo para vadear en alguno de los cruces.

Fuente de la Teja
            Al cabo de media hora, nos encontramos con el desvío de la fuente La Teja, y lo tomamos. La fuente está muy próxima, y alimenta a una pequeña balsa. Al menos eso era antes, porque ahora está seca, y la balsa fagocitada por la vegetación. Y cómo es posible que habiendo tanta agua por todos los lados, y esta fuente, apreciada antaño, baje seca? Luis nos lo explica. - "Estamos en territorio de los extintos oficios de leñeros y carboneros, que en su apogeo tenían los montes limpios. Hoy en día, se han repoblado tanto los montes que se chupan toda el agua que nutría la fuente". Buena razón, y la reflexión sería: se están repoblando los montes con las especies adecuadas?, porque las autóctonas seguro que necesitarían menos agua y mantendrían el equilibrio.

            
Cerca ya del Nevera
            Y con estas y otras reflexiones seguimos el sendero entre bosque, hasta meternos en el barranco La Mina y llegar a la pista de Mosomero, que vamos pateando hasta dar vista al valle del río Grío, y su guardián Vicora. Una hora nos queda de pista, con unas vistas extraordinarias, hasta alcanzar el arranque a la subida a la Nevera, camino de cemento que nos aúpa a la misma cumbre, habitada por una caseta de planta hexagonal, sede de un observatorio contra incendios. Nuestra vista, a lomos del viento abarca lo inabarcable. Desde los valles que tenemos a nuestros pies, hasta el Moncayo y el Pirineo más a lontananza, pasando por las llanuras que ofrecen las tierras de La Almunia y Cariñena. Bocado y trago.


Collado del Tío Francisco
            De bajada, antes de llegar al arranque de la cuesta, tomamos un sendero a mano izquierda, que nos baja hasta el collado del Tío Francisco, para seguir por la loma por el PR-Z 15.1, dirección al Espino, primero por un corto tramo de pista y luego por sendero. Un sendero que comienza también a subir y subir, hasta alcanzar este otro punto elevado, el Espino, adornado por una cruz con cintas al viento. Al poco de bajar de aquí, el cómodo sendero se convierte en más incómodas piedras, un gran risco de roquedo tenemos por delante, y mucho nos tememos que hay que recorrerlo en su totalidad.


Rincones de los carboneros
            Estamos en Peña Sangarba. La primera altura que llegamos, parece ser la mayor. Así la tomamos. Teniendo claro el punto al que salir, que no es otro que el vallado del Cortado, los hitos nos van llevando por toda esta raya de piedra, subiendo y bajando a todas sus cotas. Entretenido. Finalmente bajamos a la senda de la Lechera, y en poco a la de la Hermana, ya junto al vallado. Desde aquí, un gran barranco a descender, hasta llegar al fondo de Mosomero. Tres cuartos de hora de bajada entre bosque de carrasca, adivinando esos huecos, esos ensanches que los antiguos carboneros robaban al terreno para hacer sus piras con lo que los leñeros dejaban tras llevarse lo más menudo. Tierra negra y húmeda, que descansa en paz tras tanto trasiego.

            Al llegar al fondo del valle, sólo resta recorrerlo hasta la Erilla, pero al llegar a la altura del sendero del Puerto lo tomamos, pasando por la paridera del Mesonero, donde según Luis llegaron a vivir tres familias. Esta senda sube y sube, hasta dar con la pista, que apenas tocamos unos metros, para seguir por entre bosque para dar finalmente como a medio kilómetro por debajo de la Erilla, hasta la que llegamos a pie para coger el vehículo.


            Valle de Alpartir, que en otros tiempos albergaba cantidad de pequeños corros de tierra, fértil tierra necesaria para el sustento de las casas. Valle de Alpartir, en otros tiempos transitado por leñeros y carboneros. Valle de Alpartir, hoy convertido en un lugar virgen, en un lugar de esparcimiento, donde la tupida vegetación se asoma a los riachuelos de cada barranco, que van engrosando este río Alpartir, que como un regalo da nombre al valle, que como un regalo da nombre al pueblo. Un regalo también para nosotros que, con Luis, en esta extraordinaria jornada se nos ha permitido recorrerlo de arriba abajo, de la cara y del revés, en 7 h de tiempo total, del que 5h 5’ han sido en movimiento, para recorrer 20,5 km, con un desnivel de 1.240 m  D+. Gracias por el regalo.






lunes, 4 de abril de 2016

Angelé - Grosín - Borau, al filo de dos valles

IXOS MONS
Sierra de Angelé - Grosín - Borau
Domingo, 3 de abril de 2014




            Ser el destinatario de un regalo, aunque colectivo, siempre es motivo de ilusión y de un puntito de ansiedad por saber qué es, por conocer qué es. Qué será? Algo ya sabíamos, porque en estas cuestiones, el personal tiene que saber a qué se enfrenta, por lo menos, qué tamaño tiene el paquete que tenemos delante. Algo ya sabíamos, sí, pero ir desgranando poco a poco, ir quitando el lazo poco a poco, ir destapando poco a poco, ir encontrándote poco a poco circulando por esas arrugas de la piel de estos montes, acompañado por el resto de agraciados, es algo que no está al alcance de todos los días, y hay que aprovechar.


Progresando
             Sí. Una nueva jornada para estrenar. Una nueva mañana para vivir junto a un numeroso grupo de amigos andarines. Una nueva página del libro de la vida que se nos presenta en blanco y que hay que ir rellenando. No es un borrador, hay que hacerlo con determinación y con buena traza. La sierra de Angelé, que vierte al valle del Aragón y al del Lubierre, súbdito de aquél, es un buen territorio para pellizcar su lomo, que como si de un gran camello se tratara, vamos navegando por joroba tras joroba, tobogán tras tobogán, en busca del aire de estas montañas.

Duras rampas
            Dieciséis de dos patas, con perfecta paridad de género, y uno de cuatro que la rompe, partimos del puerto de Borau dirección sur, con un arranque que quita el hipo. A la china chana, y charra que te charra, se hace más dócil el camino. Pasamos, y dejamos atrás, el desvío que nos bajaría a Castiello por los restos de la ermita de San Bartolomé. A los cuarenta minutos de comenzar a andar llegamos al arranque que sube a Grosín por delicioso pero empinado sendero entre bojes.

La cumbre se ensancha para caber toda cuadrilla que llegamos. Inevitable el pasar lista a los montes, los cercanos y lejanos, sumidos todos bajo los efectos de una mañana de transición, de una mañana que las predicciones meteorológicas le han dicho que tiene que aguantar hasta la tarde para romper a llover, y que ahí está, un tanto impaciente. Te queremos, mañana impaciente, no pases de ahí.

Bajando por el bosque
            Vuelta por el mismo camino hasta la pista, y en seguida a la senda de bajada, de bajada, de bajada… Cuarenta minutos bajando por uno de los senderos locales recuperados por los vecinos de Borau. Un sendero, decimos, que atraviesa lugares verdaderamente bonitos, por bosque mixto. Cruce de un barranco, con alguna comedia, que nos deja en el Lubierre, escenario de más comedias, porque hay que descalzarse para pasarlo, con distintos resultados, como es menester entre tanta peña. El agua, no demasiado fría, sienta bien a los pies, que nos han de llevar, ya por pista hasta Borau, donde tres damiselas prefieren alcanzar los coches por el GR 15, que es más corto.


            Los demás, seguimos las marcas de otro de los senderos locales, que nos lleva hasta la pista de las Blancas, y ésta al puerto, donde nos esperan los vehículos. Bonita mañana, bonita ruta, bonito regalo, en definitiva, en buena compañía, con la que la conversación, el buen rollo y la animación están aseguradas. Para todo ello, hemos recorrido 15,1 km, en casi 4 horas, de las que 3h 10’ han sido en movimiento, salvando 880 m D+. Y todos, todos, con la misma conclusión… queremos más regalos de estos. Gracias, Julián. Gracias a todos.




Torre del Moro, línea de reconquista

IXOS MONS
Torre del Moro
Sábado, 2 de abril de 2014




            En el barranco de Atarés, próximo a Jaca, está la Torre del Moro, de alto valor estratégico en la reconquista del territorio, protegiendo esta población en la entrada del valle.

            A él nos dirigimos a través del Camino de Santiago (GR 65.3), que tras atravesar los terrenos de las obras por la nueva autopista, continuando un poco más, nos saca a la carretera general, que hay que cruzar para aprovechar el mayor espacio del otro lado. Se cruza también el río Gas, agonizante ya presto a se acabar en el Aragón. Monclús, Casa de Municionero y vuelta a cruzar, para hacernos paisaje junto a una hilera de chopos.


            Se pasa por las Batiellas, y el propio camino va coqueteando con la carretera, hasta que se rinde a ella y se vuelve a cruzar. Estamos en el monte El Boalar, de propiedad del CSIC, empleado como área experimental, realizando estudios de flora desde los años sesenta del pasado siglo.


            Justo antes de llegar al barranco, abandonamos el Camino de Santiago para tomar un sendero en dirección sur, que al poco nos lleva a la Torre del Moro, único vestigio de un castillo feudal de una antigua aldea medieval conocida por el nombre de Santa Crucella, cuyo conjunto fue disgregado del castro de Atarés allá por los siglos XII o XIII. De planta rectangular, y con cinco alturas, sólo quedan en pie los muros.

La magia del bosque
            Desde aquí, en dirección este, parte un sendero, que comienza en franco ascenso, hasta incorporarse en un bosque mixto, en el que predominan los bojes tapizados de musgo, que va jugueteando con el barranco, hoy seco, hasta alcanzar otro más importante, en el que sí baja agua, formando algún pequeño salto. Se pasa por un manantial, que deriva en abrevadero, saliendo a una pista, que al cabo de unos cientos de metros cruza el GR 65.3.2, que tomamos dirección Jaca, hasta un cruce, en el que se dirige a la izquierda para terminar en la Casa del Municionero. Nosotros tomamos el de la derecha, que sube al monte Guaso, para bajar a Casa Soro y salir al puente Kennedy, que cruzamos, subiendo en dirección recta por el costado de la depuradora hasta Forranchinas.

            Ya en terreno urbanizado, nos metemos por el camino de la derecha, yendo a dar a la trasera de la residencia, completando así esta bonita vuelta de 17,1 km, a la que le hemos dedicado 4 horas de tiempo total, del que 3h 25’ han sido en movimiento, con 670 m de D+.
  


sábado, 2 de abril de 2016

Peña Oroel, con Os Andarines d'Aragón

IXOS MONS
Peña Oroel (1.769 m)
Jueves, 31 de marzo de 2016



            De nuevo y una vez más, la Peña Oroel es el escenario de una mañana de monte. Esta vez, acompañando a un nutrido grupo de jóvenes promesas de Os Andarines d'Aragón. Y decimos lo de jóvenes porque es gente que a pesar de su larga trayectoria en esta vida siguen siendo jóvenes, porque mantienen su ilusión por las cosas sencillas, su ilusión por mantener ese contacto con la naturaleza, que tantos beneficios aporta en todos los órdenes. Y promesas, porque su lealtad a las andadas, al pateo, al monte, desde luego, es encomiable.


Reponiendo fuerzas
             Quien no ha sido tan leal, quien nos ha hecho un poco la púa ha sido el orache, como llaman por aquí a esas vueltas de mal tiempo, una intempestiva cuña de bajas presiones que se nos ha colado este día entre dos jornadas extraordinarias de mucho mejor tiempo, pero que no ha sido óbice para que 35 andarines, 35, más dos acompañantes locales, hayan, hayamos, hecho el sinuoso camino hasta el collado, visitando los pozos y alcanzada la cruz, en un ambiente verdaderamente invernal.

Progresando
            La jornada comenzaba sobre las 9 de la mañana en el Parador, que a pesar de haberle hecho un tiento para que nos acogiera a tal hora, no lo conseguimos. Las previsiones meteorológicas eran para echarse a llorar, ya que de 6 a 12 de la mañana pintaban un 100% de precipitaciones. Y aquí nos hallamos, que no están, pero no se puede decir que ni se le esperan, porque cuando alzas la vista hacia la Cruz, parece que sí, que sí que se le esperan. De todos modos, no hemos venido hasta aquí para hacer cábalas, ni mucho menos los visitantes, que lo hacen de lejos. En marcha.

Acercándonos a las neveras
            El pelotón se convierte en sinuosa serpiente multicolor para adaptarse al trazado del sendero. Un sendero vivo, que por más veces recorrido no deja de sorprendernos. Las primeras manifestaciones de la nueva estación comienzan ya a salir al encuentro del caminante. También nos asaltan algunos ejemplares de troncos cruzados, fruto de la combinación de nieve y viento de días anteriores a estos últimos, que han sido pre-veraniegos. Así está el tiempo, de primavera, con unos bruscos cambios de tiempo que para hoy daban descensos de doce o catorce grados de temperatura.


Reagrupándonos en el collado
            Entre revuelta y revuelta, parada, bocado y trago. Seguimos. En menos de hora y media vamos llegando al collado, con visita a los pozos incluida. Desafiando el fuerte viento, continuamos nuestra marcha por la senda de la cornisa, que nos da buena vista sobre todo el Campo de Jaca, pero no así sobre las montañas, que andan ya soportando la visita de este zarpazo invernal en esta primavera ya entrada. Y no será el último.

Luchando contra los elementos
            Con la Cruz ya a tiro de piedra se desata una furiosa competición entre los primeros en llegar y esa cuña de bajas presiones que trae más viento, más frío, más niebla, hasta el punto de que se hace muy incómoda la estancia y muy urgente la foto de familia. Pero lo damos todo por bien empleado. Objetivo cumplido. El descenso lo hacemos ya por el sendero de abajo. Pasamos por el desvío a la ermita de la Virgen de la Cueva, a la que teníamos previsto llegarnos, pero que este furioso orache nos aconseja dejarlo para otro momento. De nuevo al bosque, para recorrer sus 33 curvas y llegarnos al Parador, donde recalamos sobre las doce y media, lo que nos da margen para bajar hasta Jaca andando. Así es que en marcha, tomamos el barranco de San Salvador y lo vamos pateando hasta llegar al ancho camino que nos conduce a las proximidades de Escolapios tras detenernos un momento en la fuente Baños y sus vivencias.

            Todo está bien si bien termina, y en este caso lo ha hecho en torno a una mesa comiendo todos juntos y a salvo ya del temporal. A pesar de todo, buena jornada, y por encima de todo buena compañía.
  



sábado, 26 de marzo de 2016

Ferrata Sorrosal, la magia del agua

VÍAS FERRATAS
Sorrosal
Sábado, 26 de marzo de 2016


            Uno de los mayores placeres que se pueden sentir en el mundo natural, es el de ver el espectáculo del agua de una cascada precipitarse al vacío. El agua, esotéricamente vinculada con los sentimientos, ejerce un especial atractivo sobre el alma humana. La mente se evade a lugares insospechados, y el corazón repiquetea en nuestro interior como queriendo formar parte de la escena. Y más cuanta más agua baja, como hoy ha sido el caso. Anticlinales y sinclinales, retorcidos estratos que atestiguan tiempos convulsos, sólo remunerados con el acompasado rugir del agua entre ellos, que deja una estela de millones de gotas al aire, que combinadas con la luz del sol, nos deja ese iris en el ambiente que aporta más magia al momento.


Bienvenida antes de entrar en el barranco
            Hoy ha sido uno de esos días excepcionales en los que el gran caudal del barranco de Sorrosal, combinado con la pureza del aire, ha hecho motivo de verdadero disfrute. Y hoy, ha sido una de esas ocasiones en las que hemos podido constatar que lo menos preparado, lo más inesperado, suele salir lo mejor. De la invitación de una mano amiga, volvemos a esta vía ferrata porque le pillamos cariño cuando la hicimos por primera vez. Fue un verdadero flechazo, un amor a primera vista. Su espectacularidad juguetea con tus sentimientos haciendo más liviano el vertical ascenso en casi todo el tramo, ayudado por cadenas, escalas y clavijas, siempre asegurado por la sirga.

En plena progresión
            Verticalidad que se pone de manifiesto en las últimas escaleras antes de dejarte engullir en esa boca túnel que te transporta a otro lugar. Te saca del gran espacio para incorporarte a las mismas tripas del barranco, de un barranco estrecho, alegre, jugoso, que a través de la sola ayuda de tres sirgas cambiamos de margen, para continuar arrastrándonos verticalmente y desafiando la ley de la gravedad, en contra de la marcha del agua, hasta salir a un espacio distinto, sorprendente, en el que por un momento, breve momento, las aguas se calman para coger más fuerza en sus prisas por llegar a fundirse con el Ara que trae sus esencias del mismísimo corazón del Pirineo.

Disfrutando por las fajas
            La salida del estrecho, umbrío y húmedo barranco y la llegada a ese remanso de paz invita a detenernos para contemplar y meditar sobre todo ello. Pero hay que seguir, porque no hemos terminado. Una gruesa maroma nos invita a adentrarnos en un corto tramo de bojes, al cabo del cual de nuevo la verticalidad. Un breve paso por bosque mixto de pino y carrasca media para salir a unas amables fajas que horizontalmente recorremos sin perder de vista el inmenso patio que tenemos. Al ir apartándonos de la impresionante cascada, vamos tomando perspectiva sobre la misma y sobre el itinerario que hemos ido siguiendo para ganárnosla.


            Bien, todo se acaba, y esto también. De nuevo en terreno de bosque, tenemos la oportunidad de volver a asomarnos hacia el ancho barranco, que se hace uno con el valle. Ya sólo nos queda seguir el sendero para bajar al pueblo. Algo más de dos horas de auténtico disfrute vertical, abrazados a la cascada primero, y al barranco después, seguido del transcurrir por las fajas hasta alcanzar el bosque. Una jornada de auténtico lujo en un extraordinario lugar y en buena compañía.