sábado, 8 de julio de 2023

La Sierra Negra, atalaya sobre los grandes pirenaicos

                                                                         Año XII. Entrega nº 830


AQUERAS MONTAÑAS
Tuca de Posolobino (2778 m)
Pico de Castanesa (2858 m)
Tuca de Roques Trencades (2755 m)
Pico d'Estibafreda (2694 m)
Tuca Royero (2548 m)
Domingo, 2 de julio de 2023

            “Cuando, más tarde, descubrí la montaña, inmediatamente me gustó ver en ella la forma más sublime y acabada que hubiera podido revestir la materia mineral, y la manifestación más evidente de la divina armonía de las cosas. Distinguí en ella un ímpetu y, por consiguiente, una intención. Pero la intención es pensamiento, y el pensamiento es vida. Así, la montaña se convertía para mí en un ser”. Georges Sonnier.



            No hay nada más gratificante que el verse uno reflejado en estos pensamientos de gente, como Saunnier, que con su habitual empleo de la palabra comunica un sentimiento, con el que nos sentimos plenamente identificados y que no somos capaces de verbalizar. Las montañas no solo son componentes del paisaje, que también en ellas, como integrantes del mundo mineral vemos un ser vivo, cuyo corazón late distinto, que ven pasar el tiempo a otro ritmo, pero con identidad propia, con conciencia propia. Un mundo mineral que es la base de nuestro planeta, y sobre el que se sustenta el mundo vegetal, imprescindible para el resto de seres vivientes. El ser humano, situado en la cúspide de ese mundo natural, aunque una buena parte de él se empeñe en darle la vuelta a la pirámide, tiene la inmensa responsabilidad de cuidar de sus hermanos menores en el espectro evolutivo, es por ello por lo que nuestra relación tanto con animales, como con vegetales, como con minerales ha de estar fundamentada en el máximo respeto, compasión y ayuda.


            Y con ese respeto abordamos las montañas, porque no las conquistamos, nos dejamos conquistar por ellas, no las elegimos, nos eligen ellas. Y en este caso ha sido la Sierra Negra la que nos ha elegido, la que nos ha conquistado. Esperamos estar a su altura, porque lo estábamos esperando desde hace mucho tiempo, pero al final se ha fijado en nosotros y nos ha visto preparados para subirla y acariciarle el lomo. Sierra Negra, una singular formación que llama la atención por sus espacios solitarios, desérticos, de aspecto lunar, cuyo primer contacto visual, se acordará, fue ya hace cuatro décadas, pero ha esperado hasta ahora para permitirnos tratarla de tú a tú. Asumiendo ese privilegio, nos hemos acercado a ella para recorrerla casi íntegramente. Una sierra que da juego a varios valles, Cerler, Ardonés, Castanesa, Vallibierna… Todos ellos disfrutan de ella, todos ellos beben de ella, todos ellos están a su sombra, todos pendientes de ella, porque se deja querer.


            Nos acercamos hasta Cerler para continuar por la carretera hacia l’Ampriu, pero sin llegar, porque un poco antes del km 11 se abre una pista a la izquierda, que lleva hasta la cabaña d’Ardonés. Antes de llegar a ella, habiendo recorrido como 3 kilómetros, nos topamos con el barranco de l’Ubago, donde dejamos el vehículo en un apartadero de la pista, al pie de la Ballberdera, donde da comienzo nuestra ruta, que lo hace bajando unos metros para tomar un ancho camino, que no pierde su vocación ascendente hasta llegar hasta la mismísima sierra dos horas más tarde, pero vayamos por partes. A un tramo de pinar en el que hay que ir atento para no perder el sendero, le sigue ya la salida a campo abierto, al pastizal, desde el que ya se va viendo el collado al que hay que llegar, y que se hace de rogar, ya que está 750 metros por encima del punto de arranque, con el que media una incesante cuesta que pone a prueba “la pecha di cantare”.



            Todo eso queda atrás, cuando el esfuerzo se ve recompensado con el haber conseguido encaramarse al cordal, a esa sierra, que nos da vista al valle de Castanesa, con esa otra sierra de Basibé, impresionante, y que ya visitamos hace unas semanas, contemplando ésta en la que estamos con una cierta, aunque sana, ambición. Estamos ya a caballo entre los términos de Benasque y Montanuy, y para recorrerla tenemos que acercarnos a la Tuca de Posolobino (2778 m), que se asoma al collado de Basibé, que parte aguas entre Cerler y Castanesa, y por el que ya pasamos hace siete años, antes de desacralizar las montañas, como parte del Tour del Aneto, un amplio circuito con salida y llegada en Viella, y que concluimos en seis días. Pero todo eso ya quedó atrás, como lo tiene que hacer esta primera cota para volver a ese pequeño collado que nos ha dado entrada al cordal, que tenemos que seguir en un permanente subibaja, mientras contemplamos las nieblas que suben por nuestra derecha y que esperamos se disipen a lo largo de la mañana.





            Las vistas a ambos lados, incluso a nuestra espalda son impresionantes; no tanto las de enfrente, ya que nos las tapa la propia sierra, algo que vamos corrigiendo conforme vamos tomando altura porque, sin despreciar las demás, son las que más esperamos, las más bellas, las que más nos van a dejar con la boca abierta. Estamos hablando del macizo de los macizos, del rey de reyes, de su majestad el Aneto y toda su corte, Albas, Maladetas, Malditos, Coronas… al oeste, y Margalidas, Russell, Mulleres, Salenques… al este. Todo un mundo salvajemente bello, “la manifestación más evidente de la divina armonía de las cosas”, que decía Sonnier. Es lo que podemos contemplar, con permiso de esas nieblas, en franca retirada, al llegar a la segunda de nuestras cotas, y techo de la jornada, el Pico de Castanesa (2858 m), a las dos horas y media desde el arranque.


            El estar en lo más alto de la ruta no nos tiene que hacer pensar que todo va a ser ya bajada,no. Porque cada una de las elevaciones que nos quedan, y son tres, hay que ganárselas. De momento, bajamos los 170 metros de desnivel que nos separan del collado de Castanesa, para abordar la subida a la Tuca de Roques Trencades (2755 m), desde donde volvemos a recuperar terreno de Benasque para lo que queda de ruta. La visión del enorme macizo del Aneto se hace más nítida y cercana, es como si estuviera al alcance de la mano, con ese circo de Coronas, de origen glaciar, y por el que lo abordamos hace nueve años. En esa retirada de las nieblas va el que tenemos también al alcance visual la Tuca Culebras, y su inseparable compañera, la de Vallibierna, dos tres miles que hay quien los considera integrantes de la Sierra Negra siendo, de ese modo, sus techos, y que también ascendimos en alguna ocasión, pasando de uno a otro por ese Paso del Caballo, no apto para cardíacos.


            Mirándolas a todas ellas desde debajo de su horizonte, continuamos nuestro periplo por el lomo de esta sierra, cuyo color desconcierta, es su morfología, su sello de identidad, esa sensación de ir andando por la Luna. Si hasta el Roques Trencades llevábamos rumbo NNE, ahora viramos hacia el NNW hasta el pico d’Estibafreda (2694 m), donde se acentúa, para alinearse con la Vallibierna. Seguimos visualmente nuestro itinerario, e intuimos que vamos a pasar por entre dos pequeños ibones, como así ha sido, como Basetes d’Ardonés figuran en los mapas, y es el paso previo para dejar atrás una pequeña prominencia, la última cota de hoy, la Tuca Royero (2548 m). Vamos echando la mirada atrás, como despidiéndonos de esta singular sierra que nos ha acogido en las últimas horas. Ahora sí ya, en decidido y largo descenso, continuamos en dirección oeste hasta un pequeño collado, que nos permite formar parte ya del circo d’Ardonés, por una zona algo confusa, que hay que ir descendiendo por intuición.




            Una vez damos con una trocha, no la dejamos ya, porque va a ser la garantía de la comodidad bajando. Se cruza el barranco de La Mascarada, luego el del Clotet, y el de Ardonés, llegando a la cabaña de su mismo nombre, desde la que únicamente queda ya recorrer el menos de un kilómetro por plácida pista para terminar esta circular, que nos ha subido a los aleros de estas negras montañas, habiendo recorrido 14,3 km, en 6 horas y cuarto, con unos 1040 metros de desnivel acumulado D+/-.


Bibliografía:

La montaña y el hombre. Georges Sonnier. Editorial R.M. (1977)

Web:

Barrabés 

Wikipedia 

Wikiloc   

RAE  

IGN 

Geamap 

Hijo de la Tierra  

El Pirineo no se vende 





Las fotos y el track


viernes, 7 de julio de 2023

Manolo Marco, una persona ejemplar

                                                            Año XII. Entrega nº 829


            Hace un par de semanas, con el amigo Carlos departíamos un largo rato con Manolo en el hospital, recordando viejos tiempos. Tiempos de atrás a los que hay que volver cuando sabes que no te quedan muchos por delante. Tiempos de amistad, tiempos de deporte, tiempos de entrega, a su familia, a sus amigos, a su club. Con Carlos habían coincidido en numerosas pruebas deportivas, duatlones, triatlones, con muchos amigos en común, con muchas e intensas experiencias vividas, que han quedado en los anales de la memoria, una memoria que encontramos intacta, y que acariciaba con suavidad, extrayendo de ella bonitos recuerdos, incluso llevando la iniciativa en la conversación.



            En mi caso han sido menos años, aún así, casi treinta los que han pasado desde nuestro primer encuentro, que me iba recordando con extraordinaria lucidez, mientras yo asentía, porque lo sigo teniendo muy vívido, aunque bien es cierto, no recordábamos la fecha, que a resultas de escudriñar en mis archivos, debió ser el 9 de septiembre de 1995, cuando coincidimos en la Cruz de Oroel. Subía con mi familia, Ángela y nuestros dos hijos, David (13 años) y Jesús (7 años) cuando, en la rampa final, ambos comenzaron un esprint para culminar el ascenso. Acababan de llegar Manolo, Pilar y Amaya, su hija menor. Fue Pilar, en su habitual empeño de atraer a la juventud al deporte la que, tras los saludos de rigor, irrumpía con un: “… ay qué chicos más majos y más valientes!… estos pa’ fondo… sabéis que hay en Jaca un club?…”. Mi ufana respuesta fue que ya hacíamos fondo, porque sí, el invierno anterior ya comenzamos los hijos y yo a monear por la base de la estación de Candanchú, cuando subía con los dos y me ponía a fatear con el mayor, dejando al pequeño en el coche durmiendo hasta más templada la mañana, cuando salíamos los tres. Pero le hice caso, y a los dos meses nos asociamos al club, inscribiendo a los chicos a los cursillos de fondo.



            En octubre de 2010 formábamos parte del equipo que realizábamos el circuito de la vuelta a los Annapurnas, y junto con Fernando Val formaban el perfecto tándem en el que descansaba la veteranía del grupo. Hacía muy poco tiempo que había salido de una grave lesión, pero no le faltó el tesón para no echarse atrás y cumplir su sueño de visitar las montañas de Nepal, todo un majestuoso escenario, meca de cualquier montañero que se precie. Seguro que estos recuerdos, como otros tantos, habrán estado presentes en su partida a esas otras montañas, en las que no le faltará una bicicleta y una mochila llena buenos recuerdos y de más proyectos por realizar. 


            Hace escasamente veinticuatro horas que nos dejaba el amigo Manolo Marco, y ya le echamos de menos. Todo un ejemplo para los que hemos coincidido en muchos momentos. Que tu sonrisa y tus ganas de vivir te acompañen siempre. Nunca olvidaremos los momentos vividos. Nunca olvidaremos tus ganas de vivir. Nunca olvidaremos tu lucha contra esa despiadada enfermedad. Nunca te olvidaremos.




jueves, 6 de julio de 2023

Ermita y puerto de Las Aras, desde Espés y Abella por el GR 15 y el PR-HU 133

 Año XII. Entrega nº 828


IXOS MONS
Ermita de Las Aras (1740 m)
Puerto de Las Aras (1904 m)
Sábado, 1 de julio de 2023

            … un arriero de casa Farré de Espés Bajo, se encontraba una noche con sus machos, pasando por el puerto cerca de la ermita de Las Aras y oyó una música. Se asomó y vio en la explanada delante de la ermita un grupo de encantarias bailando. Una de ella se le acercó y le preguntó si quería bailar con ella. Estuvieron bailando mucho tiempo y finalmente, se despidieron y ella le dijo que había bailado con la reina de las encantarias”. Relato de Josefina Roma en Piedras Sagradas.



            Años oscuros, seres mitológicos, el pliegue de una montaña, agua, rocas cerca, pastores, niños, arrieros, gentes sencillas, en definitiva, son los ingredientes comunes en todos los casos, y requeridos para entronizar una virgen tras su aparición. Leyendas que forjan tradiciones y devociones que algunas duran hasta nuestros días, mientras que otras se han perdido en la noche de los tiempos. El caso que traemos hoy, afortunadamente para sus partidarios, sigue latente entre los corazones de las personas, ya mayores, claro, que viven en la redolada, a uno y otro lado del puerto de Las Aras, entre el macizo del Turbón al oeste, y la sierra de Ballabriga al este. Situada la ermita bajo la vertiente norte del puerto, “… no parece conocerse el origen ni la advocación… se alude a un posible lugar sagrado, ya en tiempos de la dominación romana. La ermita recibía la romería de los pueblos de ambos lados del Turbón, desde Laspaúles hasta Benasque, el 2 de julio. Los vecinos de Espés y Abella, acudían cada día para cuidar de la lámpara de la Virgen. En los años 60 del siglo XX, fue decayendo la romería y el edificio, por la despoblación. Se volvió a reunir la gente en romería, aún en ruinas la ermita, a finales del s. XX, y sus aportaciones más las ayudas de las instituciones restauraron la ermita alrededor de 2010. Se entronizó de nuevo una imagen moderna de la Virgen, de pie, con el Niño en su brazo izquierdo”.


            No es extraño que en un lugar ancestralmente de paso entre la alta y la baja Ribagorza aragonesa se dotara de esta instalación para cobijo y auxilio de pastores, comerciantes, peregrinos y demás gentes. Tampoco lo es que en un lugar tan cercano al Turbón o a Laspaúles, con tantísima carga de tradición brujeril, se erigiera en este emplazamiento una ermita, en un acto de sacralización de espacios otrora paganos. Con la mente racional del siglo XXI y con el respeto a la historia e historias habidas en éste como en otros muchos episodios similares, nos acercamos al paraje con la curiosidad que siempre nos acompaña al visitar lugares ignotos para uno, de los que cada vez nos quedan menos, pero descubres que hay más. Es algo inexplicable para las matemáticas, el cómo restando se va sumando. 

 


            Lo hacemos por la vertiente norte, precisamente por la que se halla la ermita, para llegarnos, seguidamente hasta el puerto y recorrer, al menos visualmente, la vertiente sur que, alejándose de los Pirineos, ya llanea más. Y como nos gusta poner en valor los pueblos cercanos, que alojan a los verdaderos héroes pirenaicos, hoy serán dos los que entren a formar parte de nuestra ruta: Espés, punto de salida y llegada, y Abella. Ambos del municipio de Laspaúles y de los que más pendientes estaban del cuidado de la ermita. En marcha pues. Partimos de Espés, mal llamado Bajo, porque hay otro Alto, pero que los lugareños consideran que no necesita el apellido. Nos abrazamos al GR 15, esa Senda Prepirenaica que recorre la media montaña aragonesa, desde cerca de Pont de Suert, en el límite con Cataluña, hasta el Vértice de Algaraieta, con Navarra.


            Por la corta carretera local salimos a la general, que recorremos unas decenas de metros para continuar por la izquierda, por caminos de viejo, coqueteando con el barranco de Espés, hasta toparnos con el de las Navinas, que cruzamos. Al cabo de media hora encontramos el desvío para la ermita y el Turbón, por el que vendremos, pero que ahora obviamos porque queremos seguir por el GR 15 hasta Abella. Tras circular por terrenos semi inundados fruto de las últimas intensas lluvias, llegamos a una pista, que tomamos hasta situarnos bajo Abella, tras una hora desde el comienzo. Dejamos el GR 15 para tomar el PR-HU 133, que se nos abre a la izquierda, y que nos va a ser ya fiel hasta coronar el puerto. A tramos por un pinar, y otros al descubierto flanqueados por verdaderos mantos amarillos de los erizones, volvemos a emboscarnos para llegar a Selvaplana, cuya pista cruzamos.






            Diez minutos más y cruzamos un arroyo para incorporarnos ya a la pista, que nos va a subir hasta la ermita, dejando a la izquierda el desvío para Espés, que tomaremos a la vuelta. A otros diez minutos del desvío, dos horas y media desde el arranque, llegamos finalmente a la ermita, espacio provisto ya de los hierros para el entoldado que acogerá mañana la romería, a la que asistirán, previsiblemente, más de cien personas. Nos hallamos ya en un recóndito y bello lugar, que invita a continuar por el sendero para alcanzar el puerto, algo que hacemos en menos de media hora. Al llegar, como premio, se nos abre una extraordinaria vista hacia el sur, con un paisaje que se va dulcificando y con la sempiterna mole caliza del Turbón a nuestra derecha. Si echamos la vista atrás, vemos con perspectiva el circo que hemos superado para llegar hasta aquí, y rompiendo el horizonte del fondo, el Gallinero y sus adláteres.






            Un puerto, éste, transitado, muy transitado por hombres y animales en un pasado no muy lejano, se nos muestra hoy al retiro de todo ello, algo que aprovechamos para respirar su soledad mientras echamos un bocado. Nos despedimos de la dirección que traíamos del PR-HU 133, que se va para Vilas del Turbón, y le decimos que cambiamos la nuestra para desandar lo andado. Salimos de este magnético lugar, en el que confluyen los municipios de Torre La Ribera, Beranuy y Laspaúles, para volver a la ermita, acompañada desde hace unos pocos años por un refugio. Continuamos por la pista, y tomamos el desvío a Espés, dejando ya el PR, para tomar un SL. Al cabo de una hora por sendero, no siempre bien definido, por el bosque y algún prado, llegamos a dar con el GR 15, cerrando de este modo la circular. 




            Ya sólo nos queda volver por el mismo itinerario que a la ida, para llegar a Espés, habiendo recorrido 15,2 km, en 5 horas y 20 minutos, con un desnivel acumulado en torno a los 765 m D+/-.



Identidad aragonesa

Piedras Sagradas 

Diario del Alto Aragón  

Heraldo de Aragón  

Senderos FAM  

Wikipedia 

Wikiloc  

RAE 

IGN  

Geamap  

Hijo de la Tierra 

El Pirineo no se vende 






Las fotos (la de la hada es de Identidad aragonesa) y el track