Año XV. Entrega nº 1004
«Fonéticamente, y teniendo en cuenta el vocablo aragonés con vitalidad en el Valle de Tena, catiera, cadiera, “banco de hogar”, es la filiación más lógica. Catieras es un ibón, una majada y un pico. Como a toda cubeta que da lugar a un ibón, no es difícil encontrarle una semejanza con “silla” (cathëdra)». Juan José Guillén.
La toponimia es una disciplina que siempre me ha apasionado, y nunca se sabe lo suficiente, por lo que hay que echar mano de quien tiene esos conocimientos, y rebuscando en viejos libros han aparecido esas explicaciones posibles sobre el sonoro vocablo «Catieras», un topónimo que planea sobre un bellísimo espacio panticuto*.
Es uno de esos lugares que visitamos hoy, así como el ibón contiguo de «Mallarruego» que, como el pico homónimo cercano, es nombre compuesto de los originales latinos malleus* y rubeus*, o sea, «mallo rojo». Y para completar el triplete, hay que añadir «Yenefrito», que posiblemente venga de liene-yene* y fito*, que vendría a decir: «piedra hincada», y eso es lo que encontramos, una gran roca muy sobresaliente, a la que llaman el «Dedo de Yenefrito», o el «Dedo de Dios».
Todo ello, no siendo tema menor, no debe eclipsar lo importante, que es pasar una buena jornada de alta montaña, con buen tiempo, y en buena compañía. Para ello, salimos de la telecabina de Panticosa al filo de las nueve de la mañana del brazo del río Bolática. Se le atribuye el origen de «volador», y tiene sentido, especialmente cuando baja mayenco*.
El tránsito por el sendero es una auténtica delicia a estas horas de una mañana que promete calor. Dejamos a la izquierda un par de desvíos para hacer una circular en torno a la peña del Saso*, y en cosa de media hora del arranque, cruzamos el río a través del puente de la Zoche*, y un poco más adelante, lo volvemos a cruzar, definitivamente ya a la margen derecha, por el puente Aulot*, para salir a la pista de la Ripera*.
Puente de la Zoche
La tomamos a la izquierda, para retroceder unos 300 metros y meternos en un desvío a la derecha, que pronto se convierte en sendero, y que nos va subiendo hasta alcanzar el collado de Yenefrito, custodiado por ese Dedo señalador. Dos horas hasta aquí. Dejamos el Dedo para la vuelta, y proseguimos nuestro camino formando parte del paisaje para ir subiendo barranco arriba.
Se pasa por los corrales de Yenefrito*, con su mallata*. El camino está señalizado con unas balizas, que nos llevan a la orilla del río, que su condición de mayenco* nos obliga a descalzarnos. Dejamos este recóndito valle para ir adentrándonos en el barranco de Catieras*, por una cuesta, que le viene el nombre al pelo. Tras un pequeño portillo, nuestros pasos se dirigen ya definitivamente al ibón, que lo sorprendemos en sus cosas, sereno, apacible, algo que nos contagia generosamente.
Tres horas y tres cuartos hasta aquí, y los próximos minutos los dedicamos a alimentar el cuerpo y el alma en un escenario de profunda admiración.
Volvemos sobre nuestros pasos como un cuarto de hora, para tomar un desvío a la izquierda, que nos encamina al siguiente objetivo, el ibón de Mallarruego*. Sobre los 2250/2300 msnm encontramos ya nieve continua, lo que ya es posible que nos haga perder la traza del sendero, debiendo continuar como se pueda por el itinerario que más convenga. La nieve no es dura, y las pendientes no son muy inclinadas, por lo que la progresión no se hace incómoda.
Finalmente llegamos a la cuenca donde reposa bajo una casi total capa de hielo nuestro ibón, que va ya desperezándose de su letargo invernal. Tras rendir los honores, media vuelta haciendo algo de circular para ir atajando, pero siempre sobre nieve.
Cruzamos como podemos un pequeño barranco y nos incorporamos al sendero de Catieras, que le damos continuidad hasta el río, que volvemos a cruzar descalzos y ya, tranquilamente, otro bocado al coleto.
Desandamos lo andado hasta el collado de Yenefrito* y nos acercamos hasta el Dedo, bueno hasta el meñique, que al grande no llegamos. Fotos de rigor, y de vuelta, hasta llegar a la pista, que tomamos a la derecha por no retroceder.
La abandonamos al meternos en un sendero del circuito de la peña del Saso*, que nos lleva hasta el de la Ripera*, y ya en poco, al punto de salida.
Una intensa jornada de montaña de la buena, que se ha saldado con una duración total muy próxima a las 9 horas, recorriendo 20,8 km, y salvando un desnivel acumulado total de 1540 m D+/- (Wikiloc: 1422 m), con la altitud máxima en los 2454 msnm de un punto elevado sobre el ibón de Mallarruego.
GLOSARIO
Panticuto: gentilicio de Panticosa
Malleus: martillo, mazo, pudiéndose adaptar como mallo
Mallo: gran pináculo rocoso, generalmente de conglomerados
Rubeus: royo, rojo
Liene: roca
Fito: hincada
Mayenco: de mayo, vocablo altoaragonés para describir un río en el deshielo
Saso: terreno arcilloso y pedregoso, planicie con piedra y tierra suelta, terraza fluvial
Zoche: derivación lejana de olla
Aulot: posiblemente derive de glot, lurte, avalancha
Ripera: del latín riparia, ripa, orilla, ribera
Forato: agujero
Diaple: diablo
Partacua: parte agua
Mallata. lugar donde se guarda el ganado
BIBLIOGRAFÍA
Toponimia del valle de Tena. Juan José Guillén. Institución Fernando el Católico (1981).
RECURSOS DIGITALES
Las fotos, con sus comentarios, y el track
*A partir de 2250/2300 msnm se encuentra nieve de forma continua, por lo que no se garantiza que la traza se haya realizado sobre el sendero de verano.
*La publicación de las rutas, así como de los tracks, constituyen únicamente la difusión de la actividad, no asumiendo responsabilidad alguna sobre el uso que de ello conlleve.
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