viernes, 30 de noviembre de 2018

Santo Cristo y Peña del Morral, de ferratas por el Ésera

VÍAS FERRATA
Santo Cristo y Peña del Morral
Miércoles, 28 de noviembre de 2018



            Hoy teníamos mono de ferrata, de modo que con el amigo Toño hemos ido a hacer un par de ellas, la del Santo Cristo de Olvena y la de la Peña del Morral, en Graus.  De dos comarcas distintas, Somontano de Barbastro y Ribagorza, pero con algo en común, que ambas localidades están en el eje del Ésera. Allá que vamos.

Congosto de Olvena

Arranque del sendero
            La carretera N-123, que recorre el eje de ese gran río hasta Graus, cuando sale del puente de las Pilas, arriba de Barbastro, y se encañona en el congosto de Olvena, justo a dos kilómetros del desvío a esta localidad, y nada más salir del triple túnel 5, encontramos a mano izquierda un apartadero. Seguimos el indicativo al puente de la Sierra, de donde parte un sendero que en pocos pasos nos lleva hasta tal puente que, en su pequeñas dimensiones, nos muestra “al mismo tiempo la enorme dificultad del proyecto y la pericia técnica de quienes lo levantaron”, como indica un mural cercano. “… presenta una sólida estructura pétrea con una sola arcada en arco de medio punto que apoya directamente sobre la roca. Sobre ella se extiende una estrecha calzada empedrada que nos permite el paso a la margen opuesta y, al mismo tiempo, disfrutar de una sobrecogedora panorámica del congosto de Olvena”, concluye.


Puente de la Sierra

Congosto de Olvena
            Bueno, pues tras deleitarnos con esta singular obra de ingeniería, la cruzamos y tomamos el sendero de la derecha, evitando tentaciones de tomar el de la izquierda, que se muestra con equipación nueva de sirga de seguridad. Estamos ya bajo parte de los impresionantes paredones que conforman este congosto. A escasas decenas de metros del puente tenemos el arranque de la ferrata, sin mayores indicaciones que el comienzo de una vieja sirga. Por entre los materiales blandos entre dos de esas ralleras, ayudados intermitentemente por algún resalte de las mismas, se va avanzando con una considerable inclinación, por una roca bastante lavada, con el único artificio de la línea de vida.




Subiendo por la canal
            Como una hora se está metido entre las paredes, al cabo de la cual unos pasos que revisten mayor dificultad que los traídos hasta ahora, median para encaramarnos a una sorprendente cresta a dos aguas, una de ellas en una pura vertical sobre los casi 200 metros por encima del Ésera. Nos encontramos un ramal de la sirga que desciende, quizá hasta algún anclaje para montar algún escape. Al finalizar esa cresta, un corto tramo de también sorprendente sendero hace de antesala al tramo final, el más físico, el más expuesto, como nada de lo visto hasta ahora. Equipado por grapas, se hacen imprescindibles para tirar de ellas en un corto paso horizontal, con el agravante de lo mojado de la roca, que te obliga a extremar más si cabe la atención.

Caída libre al Ésera

En el paso clave
            Sin llegar al final ya se divisa la enorme estrella de forja con vocación de llevarnos hasta nuestras fechas más entrañables. Bueno, pues terminando ya llegamos al mirador que preside. Una plataforma sobre el punto más alto del pueblo, que es el cementerio, y que nos ofrece unas vistas espectaculares sobre el congosto de Olvena bajo nuestros pies, y sobre la nevada cordillera pirenaica en lontananza. Casi dos horas hasta aquí. Ahora solo resta bajar.


Olvena, desde el mirador
            Y lo hacemos por el camino pavimentado que une el cementerio con el pueblo, en cuya entrada encontramos el indicador para tomar el sendero de bajada que, señalizado como GR 45, era el empleado antiguamente por las gentes del lugar para acceder a la localidad, y que saneado recientemente luce su primitivo empedrado. Bien, una vez bajados los 220 metros de desnivel desde el mirador hasta el fondo del congosto y cerrado el círculo al paso por el arranque de la ferrata, solo resta continuar hasta el puente de la Sierra y cruzarlo. De este modo hemos completado los 200 metros aproximadamente de desnivel, en menos de dos horas en subir y media en bajar.

La satisfacción del deber cumplido

Sirga y vestigios de otros tiempos
            Pero antes de llegarnos hasta el coche, se ofrece la visita a una traza de sendero excavado en la roca y que veíamos en las paredes de enfrente. Se trata de las paredes exteriores de la boca norte del túnel 5, y tiene toda la pinta de que fuera el modo de superar peatonalmente el congosto antes de la construcción de la carretera. En unas decenas de metros se mete hacia un barranco que hace que se parta el túnel, ofreciendo una ventana al exterior. Para salvar ese barranco hay un par de sirgas, y en la pared de enfrente vestigios como de que hubiera existido una pasarela colgada sobre el vacío. Es impresionante pensar que fuera lo que parece.






Ferrata de la Peña del Morral
            Para rematar la faena ferratera de la jornada, nos acercamos hasta Graus, para rendir cuentas a la de la Peña del Morral, junto al Santuario de la Virgen de la Peña, que altivo se alza sobre la capital ribagorzana. Nos acercamos hasta un lugar próximo al santuario, donde arranca el sendero, que en cosa de doscientos metros nos sube al comienzo de la ferrata, que lo hace con un paso horizontal por una faja, asegurados ya a la línea de vida.


            
Comienzo del tramo vertical
Progresando
            Esta travesía termina debajo de una serie de grapas, que de forma vertical nos permitirá subir hasta la faja superior, que tras otra ascensión nos situamos al pie de una escalera. Seguidamente hay un breve tramo de ascenso, también vertical, seguido de otro que desciende y que nos pone en situación de cruzar una larga travesía horizontal, quizá lo más espectacular de toda la ferrata, y que deberemos pasar con mucho cuidado, pues la pared suele estar mojada, alternando los pasos entre la propia pared y unas grapas oportunamente colocadas sobre el vacío.

En la travesía horizontal

            Una vez terminada, nos queda superar el último tramo vertical, ligeramente extraplomado,que culmina con la última parte, más asequible ya, y que ayudados de una cadena nos permite llegar al final, junto al Cristo del mirador del Morral, que nos ofrece unas vistas espectaculares sobre la localidad grausina y sus alrededores, entre lo que destaca el Isábena en sus últimos compases antes de rendirse al Ésera, cuyas aguas se amansan en el embalse de Barasona. Guiados por un mural informativo, conseguimos interpretar las montañas del horizonte.

Últimos compases

            Y poco más, un sendero bien definido nos baja hasta el santuario, concluyendo de este modo el circuito abierto en este mismo punto, tras haber superado los 180 metros de desnivel de esta ferrata generosa en grapas, habiendo invertido 45’ en subir y 15’ en bajar.


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