lunes, 6 de febrero de 2017

Por las tierras del Bajo Cinca

IXOS MONS
Loma de Valderrevés (565 m)
Tozal (509 m)
Alto de los Aüts (446 m)
Sábado, 4 de febrero de 2017


            Hoy nos toca visitar las tierras del Bajo Cinca, regadas por un río de los grandes, y no sólo por su tamaño, sino por su entidad, por sus orígenes. Nace de las entrañas del mismísimo macizo del Monte Perdido, por lo que trae en su ADN lo mejor de lo mejor, y por si eso no fuera suficiente, su infancia y juventud se ven engrosadas por las esencias del Barrosa, Cinqueta, Bellós, Ara y Ésera, entre los principales. Aguas todas ellas pirenaicas, con carácter. Toda Ribagorza, todo Sobrarbe se rinde a sus pies. El Somontano lo atempera, y manso llega ya con el agua al cuello casi, casi, hasta el Ebro, no sin antes rendirse al Segre sin cambiar el paño cuatribarrado, en el que a la multiplicidad de lenguas de cada uno de los valles pirenaicos inscrita en él, a punto de morir ya se le exige aprender otra.


            Y de uno de esos valles, donde confluyen otros, también de raza lingüística, cultural, histórica… vamos, de raza, como es el del Aragón, bajamos hacia las tierras llanas, primero de la Hoya de Huesca, pasando por la Sariñena monegrina después, para llegar hasta Ontiñena, administrativamente del Bajo Cinca, pero paisajísticamente tan de Monegros, como sus vecinas de poniente. Aprovechando una jornada de menos lluvias por estos lares, nos presentamos pues en este Ontiñena, que nos recibe con sus preparativos para celebrar sus fiestas pequeñas, pero grandes para las más grandes, para las mujeres, para las aguedetas.


            

            Loma de Valderrevés. Partiendo pues de Ontiñena, nos dirigimos hacia  uno de sus extremos occidentales, donde comparte sierra con Villanueva de Sigena. Estamos hablando de Valderrevés, a cuyo punto más alto nos acercamos, al filo de esa buega, que dicen algunos, o muga que decimos otros.

Casa Estrada
            Con el amigo Antonio, paisano y buen conocedor de su territorio, emprendemos desde el campo de fútbol por el camino de Valdefelipe, y luego por el de Valdemorales, por una ancha pista agrícola bien cuidada mientras da juego a los campos de regadío, al término de los cuales, se convierte en más estrecha, en más embarrada. Todo ello por entre el paisaje más monegrino que te puedas encontrar, aliviado por enormes extensiones de campos de regadío, plantados con frutales, que esperan su madurez para empezar a dar. Poco a poco nos vamos metiendo en el barranco de Valderrevés, y al cabo de unos 9,5 km dejamos el coche para comenzar la circular.

Sendero entre romeros y jaras
            Seguimos por el barranco de Valderrevés, dejando a nuestra izquierda el de las Perdices. El paisaje está salpicado con alguna balsa, como la de Regino, que dejamos también a nuestra izquierda. A lo que el barranco hace un brusco giro a poniente, seguimos rectos ya por un sendero, que abandonamos unos metros para asomarnos a un collado, desde el que se divisa gran parte de este extenso territorio de Ontiñena, incluso del vecino de Villanueva de Sigena. Nos incorporamos al sendero, que va discurriendo entre jóvenes pinos, que rompe agradablemente con lo que veníamos viendo hasta ahora.


Sendero más ameno
            Tras pasar junto a las cuatro zapatas de una de las torres proyectadas de la antigua Aragón-Cazaril, salimos a una amplia pista, que viene de Villanueva. Ya estamos en su término, y la seguimos, encontrándonos de nuevo con ese barranco de Valderrevés, justo al entrar en una cabañera, que abandonamos al llegar a una collada, donde está el refugio de Piedrafita. Collada que hay que alcanzar para llegarnos al punto álgido de esta sierra, ya que lo hemos ido dejando en un alto a nuestra izquierda. A lomos ya de ella, incluso de la muga, en poco está ya que sin ningún indicador visible, y ningún punto más alto que el que estamos, a los 565 metros, damos por concluida nuestra ascensión.


Callados bancales
            Los romeros floridos nos acompañan de nuevo hasta esa misma collada de Piedrafita para coger el camino de los Besqueros y dejarnos engullir por la Val Larga o Valle del Coño, que figura en los mapas. Una interminable sucesión de bancales van trayendo otros tiempos a la mente y el verbo de Antonio, que va amenizando la bajada con sus historias de chicorrón, cuando pasaba semanas enteras en pequeños mas, hoy camino de la ruina, sembrando a mano, lo que actualmente está casi abandonado por no ser rentable. Varios son los barrancos que dejamos a la izquierda, el del Morrete, el del Nogal, que calladamente van erosionando estos blandos terrenos.


            Llegados al coche, volvemos a Ontiñena. El circuito completo han sido 29,5 km, con 640 metros de D+  y D-. Al tramo andando le hemos metido 2h 15’ de tiempo total, del que 1h 55’ han sido en movimiento, para recorrer 10,3 km, y salvar 350 metros de D+ y D-. Por unos montes todos ellos conocidos por nuestro acompañante Antonio, pero ahí están los mapas para centrar el tiro, ya que no lo tenía como punto más alto, no sólo de Ontiñena, sino de toda la comarca del Bajo Cinca, tal vez por no reivindicar parte de esa sierra, y de ese alto, todo ello fronterizo con Villanueva de Sigena, de la comarca de Monegros.




Terrenos que hubieran desaparecido bajo el Gran Scala
            Tozal. Salimos de nuevo de Ontiñena para acercarnos a esta cota, concebida en el imaginario popular como más alta. Más emblemática, sí. Más querida, también. Y más visitada, seguro, pero sus 509 metros de altitud la delatan como la segunda, aunque está por los cuatro costados en este municipio, dominando un vasto territorio en el que pusieron su mirada los políticos de turno promoviendo un proyecto para el que sacaron la alfombra roja, y ante el que se les fundían las neuronas al contemplar cifras como las de 4.000 hectáreas, 32 casinos, 6 parques temáticos grandes y 12 pequeños, 70 hoteles con capacidad para 25.000 personas, 250 tiendas, museos, campos de golf, 26.000 empleos directos y 65.000 indirectos, con su propio aeropuerto y terminal de ferrocarril… todo ello bajo una supuesta inversión que superaba los 17.000 millones de euros, en un municipio de poco más de 600 habitantes, en el que se preveían más de 5 millones de visitantes en los inicios y 25 cuando el proyecto se culminara, en 2020. Gran Scala. En fin, pa’echarse al monte.


Llegando al Tozal
            Y eso hacemos con el amigo Antonio, sin cuyo concurso nos hubiera sido complicado dar pie con bolo por entre tanta pista agrícola. Éste al que nos dirigimos en esta ocasión se podría decir que está en los dominios de San Gregorio, el santo patrón que protege a las gentes y los campos de este municipio. Salimos también, desde el campo de fútbol, por el camino de Valdefelipe, y luego por el de Valdemorales, hasta un punto en el que va a converger nuestro regreso, y que bien podría ser el punto en el que las ruedas den relevo a las piernas, pero dadas las horas, continuamos motorizados. Y lo hacemos por pista casi, casi al límite. Finalmente llegamos al pie del Tozal, que como su nombre indica, es un tozal que permanece enhiesto, y que para acceder a él tenemos una corta pero brava subida.


            El regreso, tras un corto tramo común, lo hacemos ya tomando el camino de los Besqueros, que ya hemos transitado en nuestra anterior incursión por Valderrevés. Nos lleva a la ermita de San Gregorio, nombrado anteriormente. Nos detenemos para contemplarla de cerca. Se trata de un conjunto eremítico bien cuidado, con gran explanada y cubierto que alberga cantidad de mesas y bancos en los que se reúnen los paisanos en el día de la fiesta, en torno al 9 de mayo.


            Avanzamos para llegar al embalse del mismo nombre, punto terminal de una de las acequias del canal de los Monegros, y que recoge las aguas que enriquecen los campos próximos, pasando del “miro al cielo a ver qué pasa” de los secanos, a llenarlos de frutales con sus lonas anti granizo. Seguimos con nuestro regreso hasta pasar tangencialmente con el punto antes mencionado e incorporarnos al poco a ese Camino Viejo de San Gregorio, que nos devuelve al pueblo.


            En esta segunda incursión a estas sierras, el recorrido completo ha sido de 32 km, con 460 metros de D+ y D-. El tramo andando ha sido muy, pero que muy breve, casi vergonzoso, apenas 150 metros con 17 metros de D+ y D-, en 5’. De haber dejado el coche en ese punto en el que converge la ida y la vuelta, salen 16,6 km, y 250 metros de D+ y D-, valores algo más razonables.
  


Monumento
            Alto del Aüts. Para este tercer hito de la jornada, partimos de Mequinenza, cruzamos el Ebro al tiempo que el Segre se encauza en él, y tomamos la A-1411 hacia el sur. Pasamos junto a ese monumento a los muertos de la sinrazón, a los muertos de una guerra fratricida, junto al lugar donde se inició el primer combate de la que sería la batalla más larga y cruenta de la contienda civil del siglo pasado.  


Caminos de cochins
            Continuamos unos kilómetros, coincidiendo con algún tramo del GR 99, ese Camino Natural del Ebro que lo acompaña desde su nacimiento hasta su desembocadura. Guiados por las coordenadas, nos metemos en una pista a mano derecha, a cuyo término, en breves, dejamos el coche y nos echamos al monte en busca de este nuevo objetivo. Sin caminos, sin senderos, en plan cochín, conseguimos llegar a él. Se trata de un alto, que lo disimula bastante bien, en cuya planicie se encuentran unas tablas de labrados campos, y que en uno de sus cantos se encuentra el vértice geodésico.


            El entorno es de monte bajo con vegetación mediterránea, entre la que no siempre es fácil el tránsito. Breve vistazo alrededor y vuelta por donde hemos venido, llegando al coche a media luz, o menos. Hemos contabilizado 55’ de tiempo total, del que 50’ ha sido en movimiento, para completar los 2,8 km de ida y vuelta, y hacer 150 metros de D+ y D-.
  



            Una jornada vivida plenamente por las tierras del Bajo Cinca. Sí señor.

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