domingo, 8 de enero de 2017

GR 15 Oto - Yésero, por el Arco Norte de Sobrepuerto

IXOS MONS
GR 15 Oto - Yésero
Sábado, 7 de enero de 2017



            Damos los últimos coletazos a estas azules navidades, que no blancas como correspondería. Azules por el cielo, permanentemente azul, cansinamente azul, monótonamente azul, aunque cierto es también que agradablemente azul, con unas temperaturas, especialmente por las alturas, de una suavidad inusitada. Partir del fondo de los valles a varios grados bajo cero, e ir subiendo cientos de metros de desnivel, a la par que lo hace el termómetro, hasta ponerse en marcha el dígito de la decena, es algo que nos está ofreciendo este comienzo de invierno, y que no podemos dejar pasar. Los técnicos lo llaman inversión térmica. No importa mucho, lo verdaderamente importante es aprovecharlo. La montaña nos llama. Vamos.

Saliendo de Oto

Yosa, uno de los cientos de pueblos abandonados del Pirineo
            En esta ocasión, hemos elegido un tramo, que ni siquiera la etapa entera, del GR 15. La que va de Broto a Biescas, pero capándola en los extremos, para quedarnos con la parte central, para quedarnos con la esencia misma. Le hemos quitado algo de distancia, pero poco desnivel. Partiendo de Oto y con final en Yésero, pasamos por dos de esos pueblos abandonados, como son Yosa (de Broto) y Otal. Dos ejemplos de los cientos que hay en nuestro Pirineo, cuyas lágrimas van cayendo en forma de piedras desencajadas, de desolación y abandono, un abandono por parte de sus habitantes que, ignorados por los tiempos y sus próceres, marcharon buscando algo mejor… o simplemente algo, dejando sus casas, sus raíces, su pasado, todo por lo que habían luchado generaciones y generaciones. Hoy, transitamos por sus calles, nos asomamos a sus ruinas, nos trasladamos a la memoria de esos duros inviernos menos azules que los actuales, más blancos que los actuales, en los que el hogar era el centro de la casa, y los mayores la autoridad de la familia.

Caminos de viejo

Recorriendo esos viejos caminos
            Los integrantes de esta expedición somos Toño, Carlos, Olga, Sara, Marisa, Eva, Isabel, Manuel, Blanca, Javier, Abel, Pepe y servidor picapedrero, en busca de los pasos perdidos. Con varios grados bajo cero, como decimos, pero a punto de entrar ya el sol en el barranco de Yosa, comenzamos en Oto esta ruta que promete, esta ruta recientemente remarcada como Sendero Turístico de Aragón, que forma parte del GR 15 o Senda pre pirenaica, y que como hermana pequeña del GR 11 que va por los más altos cuellos de la cordillera, el GR 15, también los tiene, pero a menor cota, circulando por la cintura de estas montañas, pero recorriéndolas del mismo modo de muga a muga de los territorios vecinos. Hoy nos adentramos en tierras del Sobrepuerto, por las más altas, por su arco norte, por unas montañas calladas, replegadas sobre sí mismas.

Bancales de Yosa
Pura resistencia
            Desde Oto, un camino entre los campos que reposan bajo la cencellada nos va subiendo sin apenas darnos cuenta, hasta que los abandonamos y nos metemos por el bosque, donde sí empezamos ya a darnos cuenta, pero siempre con nuestra primera cota a la vista, ese puerto de Yosa encima del pueblo, de este pueblo abandonado, al que llegamos tras hora y veinte. Como todas las aproximaciones a este tipo de pueblos, también ésta es impactante. Cantidad de casas espaldadas, entre las que destaca un erecto muro, sostenido por las piedras angulares y sus ganas de sobrevivir. Levantando la vista de los montones de piedras, los 1.345 metros de altitud de este pueblo permiten ver laderas enteras aterrazadas, de las que no sin trabajo extraían los recursos de la tierra. Por encima de ellas, una buena parte de esos dioses del Pirineo, las Treserols rompiendo el horizonte más lejano. Este Yosa, abandonado en la década de los sesenta, lo fue sin que sus habitantes hubieran conseguido tener agua corriente ni luz en las casas; de accesos ni hablamos.
Un alto en Yosa
Monte sin nombre, cuál os gusta?
            Pero nosotros seguimos por el sendero, hasta alcanzar ese puerto que separa ambas vertientes, la del barranco de Yosa y la del de Otal, a donde nos dirigimos tras una breve parada en este privilegiado alto, favorecido por unas extraordinarias vistas sobre ese Gran Norte. Aún hay quien se aventura a subir a esa pequeña cota, hermana de la siguiente, del cordal que apunta al Manchoya por el sur, a través del Cotonal, y que pasaron desapercibidas a los ponedores de nombres. Ésta primera está habitada por un tótem de piedra seca, que bien resiste los airados embites del cierzo. El Manchoya, con sus 2.035 metros es el punto más elevado de la sierra que lleva su nombre, y que forma este extraordinario Arco Norte de Sobrepuerto, en cuyas laderas se asienta Otal. Otros montes significativos de este cordal son el Cotonal (1.986 m), Pelopín (2.007 m), Peña Ronata (1.943 m), Pico Yésero (2.005 m) y Erata (2.002 m).

En un collado previo al puerto de Yesa

Comenzando el blanco descenso hacia Otal
            Agrupados, y con los primeros compases sobre nieve, comenzamos pues el descenso hacia Otal, al que llegamos en tres cuartos de hora, a través de bancales y un último tramo de bosque, cruzando el barranco de Artosa, tras haber pasado junto a un gran abrevadero. La entrada a este pueblo es sobrecogedora, el deambular por sus calles plagadas de piedras, cada una con su historia, es un ejercicio de respeto y de admiración por todo lo que han vivido. Pero hoy, una sensación indescriptible nos embarga. Hoy, Otal no está solo, todavía hay una chaminera que tira fumo. Se trata de la casa O Royo, habitada discontinuamente por un amante de la soledad, que la busca por estos pagos, y vive Dios que la encuentra. No es la primera vez que damos con él, en pasadas visitas también estaba, y con la misma amabilidad de siempre nos ofrece una visita guiada.

Otal
Nave destechada. Imagen de abril 2015
            Hay dispersión en el grupo, otras casas, aunque con cuidado son visitadas. Pero en una sí que coincidimos, en la recién restaurada iglesia mozárabe de San Miguel, desde donde arrancamos el ascenso al puerto para continuar con nuestra ruta, cruzando esa pista recién arrancada al monte, y de dudosa utilidad. Una vez llegados a ese puerto, que nos da ya vista al norte, el sendero se torna camino, hasta el collado de Erata, por el que volvemos a pisar nieve, abandonando ya este cordal para comenzar el descenso hacia Yésero, con el barranco de Espierre a nuestros pies, al que se puede acceder por sendero desde la collada de su nombre, y que nosotros abandonamos para meternos ya en el bosque, en lo que se convierte en trocha de madera, vertiginosa en algún tramo, hasta llegar a nuestro destino, que lo hacemos a las cuatro en punto.

Parroquial de San Miguel, restaurada
Collado de Erata
            Hemos dejado un vehículo en Yésero, marchando hasta el arranque de Oto con otros tres, de modo que los cuatro conductores se adelantan para ir ganando tiempo, un buen puchero nos aguarda en el Último Bucardo de Linás de Broto, en donde nos reunimos en torno a mesa y mantel pasadas las cinco de la tarde, con más hambre que el perro de un ciego, y que pronto se nos pasa al dar buena cuenta de esos pucheros de garbanzos que entran sin apenas masticar.

Tras la divisoria, de nuevo la nieve
            Una extraordinaria travesía, con magníficas vistas y en muy buena compañía, a la que le hemos metido 6h 50’ de tiempo total, del que 5h 35’ han sido en movimiento, para hacer 17,6 km, y salvar un desnivel acumulado de 1.655 D+ y 1.415 D-.                      

  




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