martes, 8 de septiembre de 2015

El Tozal de Guara, el vigía de la Hoya de Huesca

IXOS MONS
El Tozal de Guara (2.078 m)
Domingo, 6 de septiembre de 2015


          Valles recónditos, tierras calladas que se resisten a cerrar los ojos. Pueblos abandonados. Casas espaldadas. Lugares de cuentos y leyendas. Lugares donde el reloj va más despacio, debido a su agotado corazón. Lugares donde puedes identificarte con el pequeño arroyo, con el tupido bosque, con una fauna y flora que luchan por salir adelante. Lugares donde el aire es más puro. Lugares. Lugares muy cercanos a la capital de esta comarca de la Hoya de Huesca, pero separados por este gran macizo de despistados montes que han sido su barrera natural.


Barranco de La Pillera
            Una sierra, esta de Guara, que paralela al eje pirenaico se refleja en él, lo emula, quiere parecerse a él, y alabamos su esfuerzo. Conforma, podríamos decir, uno de los primeros valles con clara vocación montañesa, como lo demuestran los restos de construcciones agrícolas y ganaderas, los restos de sus casas, la hacienda en definitiva, de aquellas gentes que en tiempos no muy lejanos poblaron el territorio. Un territorio un tanto olvidado para aquellos que nos gustan las montañas, que nos gusta subir y bajar sus cotas en busca de placeres visuales y amplias sensaciones de libertad. Y somos nosotros los primeros en entonar el mea culpa, ya que pocas son las veces que hemos visitado sus montes. Hoy, hemos querido resarcirnos ascendiendo a su máxima altura, el Tozal de Guara, que con sus 2.078 metros de altitud, se muestra altivo sobre la Hoya de Huesca al sur y sobre este valle de Nocito al norte.

Bellos rincones
            Con Sara y Javier, salimos de Nocito, en pleno Parque Natural de la Sierra y los Cañones de Guara, para subir a este monte, que ya le teníamos ganas, dando una bonita circular llena de bellos rincones. Una circular muy completa con relación a los distintos entornos por los que discurre. Una exigente circular, tanto en distancia, como en desnivel. Para ello salimos de un punto muy próximo al pueblo, una vez pasado el campin, por el Camino Natural de la Hoya de Huesca, dirección a Santolaria, por poco tiempo, puesto que al toparnos con el barranco de La Pillera, nos metemos ya de lleno en él, cruzándolo en varias ocasiones. Nos abrazamos, nos distanciamos, nos juntamos, nos separamos. Poco caudal, aguas mansas que se dejan pasar con la ayuda de piedras bien colocadas. Un juego entre el hombre y el entorno, esa simbiosis que no deja de asombrarnos.

La vida siempre se abre paso
            Así, algo más de media hora, hasta que tomamos a la derecha un sendero que ya nos indica que el coqueteo con el arroyo se ha terminado, ahora hay que hacerlo con el desnivel. Sendero bien trazado que vamos recorriendo con gran respeto a esos seres que pueblan el bosque, un bosque mixto que rezuma humedad por todos sus poros, y que nos acoge con agrado. Estamos en el barranco de La Espátula. El sol se va entrelazando entre las ramas, como queriendo participar de nuestro tránsito. Hora y media larga. Un primer claro, el llamado collado de Chemelosas, nos da una tregua visual y nos permite alargar nuestras miradas hacia donde se nos van siempre, hacia el Gran Norte. Seguimos.

Collado de Petreñales
            Y lo hacemos de nuevo por el bosque, hasta alcanzar al cabo de media hora el otro collado, el de Petreñales, nudo gordiano de esta subida con la que viene de la Tejería por el barranco de Los Valles, y también con nuestra subida y la del Corcurezo, que a través de la cresta de la Ronera, nos llevaría al Fragineto. Pero eso lo dejamos para otros trota montes que hacia allí se dirigen. Nosotros, echamos un bocado y seguimos a lo nuestro. Más bosque. Fuente, seca fuente de Chinebro, y Raso de los Hongos, muy explícitos ambos nombres. La línea de bosque está en torno a la cota 1.600 metros, un bosque que ya dejamos atrás, para al cabo de media hora tomar el desvío del Abadejo para evitar el de la Pedrera.

Progresando por la piedra
            Estamos ya de lleno en el reino mineral, y todo es subir y subir. En algunos pasos, pocos, pero haberlos hay los, hay que echar las manos. Los bojes parece que quieran colonizar las alturas. La Hoya de Huesca se va abriendo a nuestros pies, en un infinito mezclado con las calimas de la tierra baja. Unas extrañas nieblas se van apoderando de las alturas, llegando a brindar con nuestra cima de hoy. ¿Qué celebrarán? Nosotros a lo nuestro. El sendero, todo por piedras, se desdibuja en ocasiones, dando origen a varios alternativos. De cualquier modo llegamos ya a una cornisa que nos da vista a todo el valle de Nocito en primer término, a otras sierras exteriores, como San Juan de la Peña, Oroel, Oturia, Canciás… en segundo, y a la gran cordillera como telón de fondo, que hoy luce espectacular, porque estas nieblas que vienen de sur, no pasan de aquí.

Llegando a cima
            Cuatro horas clavadas desde el inicio, y la cima se rinde a nuestros pies. Le decimos que se levante, y lo hace con dos símbolos, el de la cruz de tierras conquistadas, y el civil del vértice geodésico. La cruz está subida a un gran montículo de piedras dando vista a los cuatro vientos, y albergando el buzón de cumbre, en el que encontramos una agenda con las impresiones de los que hasta aquí llegan, donde incluimos la nuestra, apoyados en una curiosa plataforma que hace de escritorio. El vértice geodésico, parece que necesita un repasico.



As crabetas
            Dejamos esas neblinas sureñas a su aire y comenzamos el descenso por la loma este, que da a dos aguas. Compartimos momento y espacio con una buena cabaña de cabras, de cuyos cuellos no cuelga esquila alguna, por lo que pensamos que son o las asilvestradas que cuentan que hay por esos pagos, o las reintroducidas de los puertos de Beceite. De cualquier forma, un rebaño de puede que más de 100 ejemplares que no se inmutan ante nuestra presencia. Con la vista puesta ya en ese norte que a cada paso se nos hace más alto, dejamos el sendero lomero y nos tiramos ya decididamente hacia abajo.

Refugio forestal de Los Fenales
            Una hora desde la cumbre hasta dar con la pista de Used, que tomamos hacia nuestra izquierda, topándonos enseguida con el refugio forestal de Los Fenales, donde repostamos agua. Tres cuartos de hora más de pista y la dejamos para tomar un sendero a nuestra izquierda, que nos va a ir bajando ya a Nocito en otra hora y media más. Un pueblo, este de Nocito, recuperado de las garras del olvido, que no se parece nada a ese que visitamos hace tres décadas. Casi siete horas y media hasta aquí. Parada y fonda. A la salida no perdemos ojo con esas casonas restauradas, con ese puente medieval de dos arcos de medio punto, que se remangan para dejar pasar a un incipiente Guatizalema, que según reza en algún mural informativo, le viene el nombre de “Guad ixalam”, que significa “río tranquilo”, y que hace honor a su nombre. Un breve paseo, y al punto de partida.

            Una sorprendente ruta circular esta que nos hemos marcado hoy, con dos puntos clave, Nocito, y la cumbre del Tozal de Guara. Entre ambos todo un mundo de cambiantes ambientes en donde hemos podido dar rienda suelta a nuestros sentidos. En total, casi 8 horas de tiempo total, de las que 6 han sido en movimiento, para recorrer 21,2 km, con un desnivel acumulado entorno a los 1.600 metros de D+ y D-. Una jornada montañera muy bien empleada.






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