martes, 21 de abril de 2015

La Gabardiella

IXOS MONS
La Gabardiella (1.696 m)
Domingo, 19 de abril de 2015



            De largos y bellos cabellos dorados al sol de estas montañas, había una de ellas, que enamoraba a todo el que por allí se acercaba. Esos cabellos, convertidos hoy en extraño magnetismo nos atraen hasta su presencia. La llamada de una fémina siempre despierta curiosidad. Enclavada en un lugar de vastos paisajes, de montes hace décadas deshumanizados, cuya fuerza se guardan para sí, vamos a visitar a esta mujer de sonoro y redondo nombre que encajamos el mes pasado en el calendario de Montaña de Mayencos, que no se pudo hacer, y que no nos hemos querido perder. Humilde, callada, de poca altura, pero indispensable, como todas. Hoy vamos a La Gabardiella.


            Con Sara, Marisa, Javier, Paco y Antonio, sin olvidarnos de Chiqui, partimos del puente de Lúsera, hasta el que hemos llegado desde la boca sur del túnel de La Manzanera, en la vieja carretera del puerto de Monrepós, y pasando por Belsué, una de las pocas poblaciones aún escasamente habitadas de la redolada. La idea es hacer cumbre y volver por la circular de Cienfuens. Y es lo que hacemos.

Restos de la granizada de la víspera
            Comenzamos por bosque de pino y boj, a cuyos pies se van manteniendo restos del granizo que azotó estos montes ayer por la tarde. Cuanto más altos, más cubierto el suelo está. En hora y cuarto, muy próximos ya al collado, en previsión de que azote más el viento, hacemos parada y fonda, para proseguir seguidamente. Finalmente llegamos a ese collado, que nos da vista a la cuenca del Guatizalema, que va presuroso a embalsar sus aguas a Vadiello. Fragineto, Montidinera, Borón, todos quieren asomarse a él. También nosotros, sin conseguirlo a pesar de ver un poco de esa lámina de agua.

La primavera va empujando al invierno
            Por este punto se pasa para hacer la circular, pero no le vamos a hacer un feo, y la hacemos esperar para visitar la cumbre de esta arista. Es algo que hacemos en poco más de media hora. Una breve estancia para mostrarle nuestros respetos y contemplar esa cuenca de Nocito, a los pies del Tozal de Guara, y de regreso hasta el collado, para proseguir con la vuelta por esa circular que nos va a llevar al acantilado de Cienfuens, que pronto se va ya dejando ver, y que luego es el monte que rodeamos el que nos lo impide. Bajada a Las Paúles, unos puertos con las solanas hacia el Salto de Roldán, y los pacos hacia la cuenca de Belsué, que es hacia donde nos dirigimos. De momento, otra parada y fonda junto a lo muy poco que queda en pie de unas viejas parideras.



Un alto en el camino
            Puertos otrora humanizados, ramoneados, pastados, y que hoy son lenta y tristemente fagocitados por los erizones. El medio toma lo que es suyo, pero las tradicionales labores pastoriles también lo fueron. Con el pico del Águila enfrente, vamos bajando poco a poco, hasta que el camino se hace sendero y la suavidad pendiente. Entramos en el barranco de Las Paúles, que en un cuarto de hora de ojos cerrados de bosque nos abre sus párpados para mostrarnos ya esos acantilados que inhiestos se yerguen sobre el escuálido lecho del Flumen, en un embalse que comparte el nombre de Cienfuens, y que fue construido para mayor aprovechamiento del de Belsué, justo encima de él, y que una vez hecho se les descubrió a sus hacedores que tenía filtraciones… y fíjese Vd., había que hacer otro.



Bajando del puerto de Las Paúles
            Que me  pierdo. Estábamos con las paredes, con esas impresionantes paredes que dejan con la boca abierta, y que esta circular te muestra en todo su esplendor. Por debajo de ellas, muchos son los pequeños senderos que acceden a la base de esas vías de escalada, y que parten todos de ese camino que bordea el embalse por esa otra orilla. Vamos llegando ya a la presa del embalse de Belsué, y vemos justo debajo las ruinas de lo que suponemos fue un pueblo abandonado, otra muestra más del fatídico binomio abandono-pantano. Pero no, resultan ser las ruinas de las casas y barracones empleados durante la construcción de ambos embalses.



            Y en menos de media hora llegamos ya al puente de Lúsera, de donde arrancamos hace 6h 40’, de las que 4h 40’ han sido en movimiento, para recorrer los 17,4 km, con 1.180 m de D+ y los mismos de descenso. El regreso a Jaca lo hacemos por Nocito y la Guarguera, y lo aprovechamos para entrar a ver el dolmen de Ibirque. Una mayenca jornada con suave y agradable ascenso a los cabellos de esta bella mujer y sorprendente retorno por unos acantilados que rompen el paisaje.  Pa’ repetir, vamos.

  






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