sábado, 14 de noviembre de 2020

El Toronzué y su cordal, a los pies del pico Tendeñera y su sierra


IXOS MONS
Monte Torcedor (1913 m)
Tozal de las Planas (1966 m)
Toronzué (2263 m) 
Pastorón (2223 m) 
Monte Navariecho (2248 m) 
Jueves, 12 de noviembre de 2020

            La vida está llena de alternancias. Hay muchas, no sé… día, noche; verano, invierno; frío, calor; alegría, tristeza; blanco, negro; lleno, vacío… Claro, que son extremos, y entre ambos también hay vida. Thomas Merton, escritor y místico estadounidense nos dejó esta frase que, referida a la música encaja muy bien en lo que hablamos: “La música es agradable no solo por el sonido, sino por el silencio que hay en ella; sin la alternancia entre el sonido y el silencio no habría ritmo”. Y humildemente añadimos… claro, y sin ritmo no hay vida.



            La grandiosa sierra de Tendeñera, que altiva mira al norte, también al sur lo hace, pero precisa de esa alternancia de sonidos y silencios que nos hablaba Merton, precisa de esos contrafuertes que la sujetan y de los que se sirve para bajar más suave hacia los solanos. Y lo hace a través de profundos valles, que le aportan el sonido de los barrancos; y de altas lomas, que contrarrestan con su silencio, mientras las síncopas del viento se lo permiten. Como director de orquesta, tenemos esa gran sierra, en la que, de poniente a levante, destacan cotas como Peña Blanca, Peña Roya, Sabocos, Peña del Verde, Mallo de las Peñas, Peña Forato os Diaples, Punta de la Ripera, Pico Tendeñera, Pico del Año, Peña Otal y Fenés, todas ellas por encima de los 2500 metros, cotas que modulan sin cesar esos sonidos y esos silencios.


            Y ahora vamos con los músicos, porque si bajamos a pie de orquesta, tenemos, en el municipio de Biescas, el cordal de Cuchecho, Iguarra Puñero, barranco de San Bartolomé, cordal de Puyas Lanas Sarasé, barranco del Infierno, este último compartido ya por Yésero, que además, y siguiendo hacia levante, el cordal Sagueta y Bachesango, el barranco del Puerto, el cordal Torcedor, Tozal de Planas, Toronzué, Pastorón y Navariecho, compartidos con Torla, y ya en este último municipio, el resto, barranco del Cebollar, cordal de los Fañanizas Bajo y Alto, barrancos de Planas d’Abozo y Sorrosal, Tozal de Suaso y barranco Sarriesas, cordal de Litro, Mondeniero y Tozal de Comas, desde donde se desvanece el sonido, fundiéndose con el atronador río Ara.


EL ASCENSO AL SILENCIO

            Tras esta detallada descripción, hoy le toca el turno al Toronzué y todo su cordal… bueno, todo no, que para llegar hasta el final no da muchas facilidades, pero aun así, se ha pasado por dos cotas antes, el Monte Torcedor y el Tozal de las Planas, y por otras dos después, el Pastorón y el Monte Navariecho, y todo ello en una bonita circular, que como en principio no era cerrada, la hemos tenido que cerrar a base de hacer como medio kilómetro por carretera. Dejamos el vehículo junto a ella, a lo que la cruza el barranco de Sorrosal, por el que vamos a volver. Subimos a Linás de Broto por carretera, y desde allí, pasado el refugio del Último Bucardo, nos metemos a la derecha en un camino que no da tregua, y así va a ser hasta el mismísimo Toronzué.


            Los casi ya desnudos cajicos se van haciendo eco de nuestro resuello. Al cabo de una hora, y tras haber dejado el bosque atrás, damos con el punto final de la pista que viene por encima del túnel, y en un cuarto de hora más llegamos a una pequeña cabaña, muy útil en tiempos de pastoreo, tiempos que van quedando atrás, aunque algún rebaño sigue alegrando la vista por aquí, a pesar de estar mediado noviembre. Se diría que venimos del término municipal de Linás de Broto, aunque en realidad como tal pertenece al de Torla-Ordesa, y hasta el comienzo del descenso, donde volveremos a él, vamos coqueteando con el de Yésero. Y así va a ser a lo largo del cordal, en el que pasaremos por las cinco cotas identificadas, y ya mencionadas.


            La vista se cae hacia las profundidades del barranco del Puerto, teniéndola que mantener, incluso levantar para que nos traiga las delicias de los enormes paredones de la sierra madre, hacia la que nos dirigimos para postrarnos a sus pies. Pero antes, la franca montaña no oculta a nuestras miradas la lejanía todavía de la máxima cota de hoy, y de los lomeros por los que hay que pasar con gran esfuerzo para alcanzarla, porque la cuesta se las trae. En un cuarto de hora desde la caseta, el Monte Torcedor, y en veinte minutos más, el Tozal de las Planas, ambos un pelín por debajo de los dos mil metros, pero eso se soluciona rápido, porque en diez minutos cruzamos a pecho esa curva de nivel para dirigirnos al Toronzué, por suave loma. Decimos suave por no ser escarpada, pero no por carecer de pendiente.


           Finalmente llegamos al techo de nuestra ruta de hoy. Luego estaremos más cerca de la gran sierra, pero no más altos. Las vistas desde aquí son grandiosas, extraordinarias. Hacia el norte nos vemos abrumados por los grandes paredones de Tendeñera, y más concretamente del pico homónimo al que justamente se dirige nuestro cordal. Al sur, las dos vertientes del puerto de Cotefablo, y la extensa sierra del Pelopín, y como telón de fondo las sierras exteriores, Guara, Árguis, Caballera, Loarre... A poniente, el Sobremonte, y al fondo nuestras familiares Oroel y San Juan de la Peña… y hasta el Moncayo se perfila por encima de las nieblas del valle del Ebro. A levante, la vista no puede ser mejor, también, Ordesa, destacando las Tres Sorores entre las muchas montañas nevadas; también Peña Montañesa, el Turbón, Cotiella… Aprovechamos para echar un bocado y aproximarnos a una loma hacia el este, atalaya desde donde se ve la cruda realidad, nuestro itinerario de descenso, porque siempre hace duelo bajarse de las alturas, y no solo por el esfuerzo de haber subido, que también, sino porque parte de nuestra alma se reencuentra con la de las montañas… y la separación siempre es dolorosa.



EL DESCENSO A LOS SONIDOS

            Bueno, al turrón. Comienza la bajada con el primer paso de los muchos que hay que dar hasta llegar al fondo del barranco de Suaso, como unos cuatrocientos metros más abajo. Pero antes del vertiginoso descenso, tenemos que continuar por el cordal. Diez minutos para el Pastorón y veinte más para el Navariecho, desde el que ya no podemos continuar el cordal, teniendo que bajar por una canal cuyo comienzo es muy pendiente y descompuesto, habiendo dejado atrás dos o tres canales más, peores todavía. Tras esos primeros pasos delicados, se va atemperando el terreno, sin dejar de ser muy pendiente. En menos de media hora salvamos los trescientos metros de desnivel, y nuestros pies se ven favorecidos por las caricias de las heladas aguas del barranco. Un barranco que cruzamos, igual que la loma siguiente, para caer a otro, el del Cebollar, y que juntos hacen el de las Fuebas, un poco antes de llegar a los pies del refugio de la Faja, a donde llegamos, y que encontramos rodeado de una buena cabaña de ovejas que alegra los sentidos. Lo que hace unas décadas era normal… ahora es excepcional.



            No nos entretenemos mucho. Lo que tampoco hacemos es subir al otro refugio, al recién reformado de Planas d’O Bozo, porque nos tiramos ya por la senda hacia abajo. Cruzamos el barranco homónimo bajo una preciosa cascada, y pronto el puente A Pasata, para ver cómo el barranco de las Sarriesas aporta su caudal al principal, desde aquí llamado de Sorrosal, nombre que mantiene hasta su mismísima desembocadura en el Ara, en Broto, tras hacer sus cabriolas junto a la ferrata. Y en una hora desde la cascada, por un delicioso camino de viejo entre tapiales, con la vista puesta en el otro lado del río sobre preciosos campos con sus bordas, llegamos al final de la ruta, habiendo completado una bonita circular en la que hemos disfrutado de lo caduco de la media montaña y del ambiente de la alta, acompasando los silencios de esta con los sonidos del alborozo de los barrancos.




            Una bonita circular, decimos, por estas solitarias montañas, a la que le hemos dedicado 6h 35’, recorriendo 14,7 km, con un desnivel acumulado total de 1145 m D+/-.






Las fotos y el track

lunes, 9 de noviembre de 2020

Somport - Jaca, una mañana jacobea

 


ANDADAS
Somport - Jaca
Domingo, 8 de noviembre de 2020


SOMPORT - CANDANCHÚ

            Primera de las etapas del Camino de Santiago Francés por Aragón, que parte del puerto fronterizo de Somport, el Summus Portus romano, donde nos encontramos una baliza señalando que quedan 858 kilómetros hasta Compostela. De momento, nos conformamos con los 30 primeros. Se pasa por las ruinas del antiguo Hospital de Santa Cristina, pendientes de seguir sacando a la luz toda su riqueza, que le permita aproximarse, aunque sea de lejos, a su glorioso esplendor. El Codex Calistinus, o Liber Sancti Iacobi, escrito por el clérigo francés Aimeric Picaud, describe el trazado oficial y clásico del camino, incluyendo las cuatro principales vías que atravesaban Francia. No hay datos exactos fiables de su fundación, pero recordemos que en el siglo XI, durante el naciente reino de Aragón y el vizcondado de Bearne, ya estaba considerado por dicho Códice Calixtino como uno de los tres más importantes del mundo cristiano, junto con el de Gran San Bernardo, a su paso por los Alpes, y el del mismísimo Jerusalén. Al menos eso rezaba la leyenda Unum Tribus Mundi que presidía el altar mayor de su iglesia. 



CANDANCHÚ – CANFRANC ESTACIÓN

            Sigue descendiendo el camino hasta dar con la carretera interior de Candanchú a la altura del puente de Santa Cristina, donde se une al trazado del GR 11, con el que comparte sendero, cruzando la N-330. Continúa, pasando por encima del puente del Ruso, y posteriormente la finca Anglasé, a partir de la cual se mete en el bosque. Al poco, abandona el GR 11, justo donde a este se le incorpora el GR 11.1, con el que continúa valle abajo. Cruza el barranco de Izas y pasa por debajo de Col de Ladrones. Al aproximarnos a Canfranc Estación, podemos seguir por la pista para tomar el Paseo de los Melancólicos, por el que se pueden contemplar las actuaciones para recuperar la Estación Internacional, pero el trazado, digamos oficial, pasa por el interior de las poblaciones, con el fin de acercar los servicios al peregrino. Destacamos el paso por la entrada principal de dicha estación, frente a la moderna iglesia de Nª Sª del Pilar. Unos metros más adelante, disponemos de fuente, junto al edificio del ayuntamiento. Una de las instalaciones anejas a la estación, es el Centro de Acogida de Peregrinos.




CANFRANC ESTACIÓN - CANFRANC

            Al final de la población no nos libramos de un tramo un tanto expuesto, desde que se sale a la carretera, a la altura de la central eléctrica, hasta que se pasa el túnel y se baja a pie de presa. Aquí nos encontramos otro vestigio de la antigüedad, unos restos de la Torre de la Espelunca, en un terreno totalmente desdibujado desde la construcción de la presa. Dicha torre la construyó Tiburcio Spannocchi en 1592 como defensa ante invasiones francesas. Hoy, aquí, solo un montón de piedras y un cartel explicativo dan fe de todo ello. Tiene réplicas en los valles de Ansó, Hecho, Santa Elena de Biescas y Baños de Benasque, todas con el mismo fin.



            Una vez cruzado el puente bajo la presa, el camino entra, por uno de los tramos más bellos de todo el recorrido. Enseguida se pasa por enfrente de la torreta de Fusileros, de fábrica mucho más reciente. Es a mediados del siglo XIX, cuando se termina de construir la, entonces moderna, carretera que unía las tierras bajas con el puerto de Somport, viéndose que podía dar paso a nuevas y más fáciles invasiones extranjeras, dando pie al asentamiento de esta fortificación, que estuvo décadas en estado ruinoso, y que se restauró con motivo de la puesta en funcionamiento del túnel carretero, para albergar una exposición de los trabajos. Todo ello tras pasar apuros por el ensanche de la actual carretera, que abrió la reflexión del traslado a otro lugar. Finalmente reinó la cordura, y actualmente es la sede de la Asociación Turística del Valle del Aragón (ATVA).


            Seguimos por el bosque, un delicioso sendero que ofrece lo mejor de sí mismo en las cuatro estaciones. Se cruza el barranco de Ip, muy próximo ya al puente de Arriba de Canfranc, población por la que pasamos, el Campus Francus de los romanos, convertido en sede aduanera en el siglo XI por Ramiro I, expuesto a grandes peligros dada su condición de próximo a la frontera, pero ha sido uno no previsto, el fuego, su mayor enemigo, destruyéndolo en varias ocasiones. La última, la de 1944, que lo sumió en una casi total despoblación de la villa, recuperándose lentamente en las últimas décadas debido al gran empuje del turismo. Lo primero que nos encontramos al entrar a la población son los exiguos restos del castillo. La calle principal deja a la izquierda la iglesia de la Asunción, con fuente contigua. Enfrente se está terminando de rehabilitar un edificio para albergue de peregrinos. Si disponemos de tiempo, podemos darnos un paseo por el camino junto al río, donde veremos los restos de la torre de Aznar Palacín y lo que queda de la iglesia de La Trinidad. Todo ello habla de un pasado de esplendor. 


CANFRANC - VILLANÚA

            Finalmente llegamos al cementerio, donde se halla el antiguo Pont Nou que, aunque de apariencia románica, solo lo son los restos de su base medieval. Fue destruido por una gran avenida del río Aragón, y restaurado a final del siglo XVI por Ramón de Argelas, maestro cantero bearnés. En lo más alto del lomo del interior del muro norte, hay un sello con una borrosa inscripción que reza “RAMON ME FECIC”, “Ramón me hizo”, perpetuando la memoria de su reconstructor. Posteriormente tomaría nombres como el de Puente de Canfranc, Puente del Cementerio o Puente de Abajo, pero nunca Puente de los Peregrinos, aunque siempre fue su esencial utilidad. 


            Dejamos ya este núcleo de población, que no es ni la sombra de lo que fue, y que concentra un gran número de importantes vestigios religiosos y defensivos dado su carácter de zona fronteriza y en cuyo seno discurre una da las vías más importantes de entrada de peregrinos de Europa a la península ibérica. Mucha evocación y contemplación hasta aquí, pero aún hay mucho que ver hasta Jaca. El camino pasa por debajo de la moderna carretera. Un poco antes, han adecentado otro búnker como refugio para el caminante. Pasando de nuevo por debajo de la carretera, el profundo lecho del río deja al aire una bella garganta, horadada a lo largo de milenios. 



            Pronto llegamos ya a la entrada de la Cueva de las Güixas, un corto tramo del inmenso sistema de galerías subterráneas que alberga el enorme macizo calizo de Collarada. Un poco más adelante, unos obsoletos postes de luz señalan el camino para llegar a la estación ferroviaria de Villanúa, y que si hablaran nos contarían el trasiego de gentes y mercancías de antaño. En un lugar próximo al puente, han construido un edificio que alberga el Centro de Interpretación y la Oficina de Turismo de Villanúa. Desde aquí, cruzamos el puente y salimos a la acera de la carretera, que recorremos hasta el final. Otra ocasión para que el peregrino pueda abastecerse. A la izquierda dejamos el casco antiguo del pueblo, donde se halla la parroquial de San Esteban. 


VILLANÚA – CASTIELLO DE JACA

            Se pasa por detrás de un área de descanso, al tiempo que al otro lado de la carretera dejamos los restos de una aldea, Aruej que, en sus mejores tiempos, bajo el nombre de Bardaruej (valle de Aruej), era punto de referencia del tramo de valle comprendido entre Canfranc y Castiello de Jaca. Continuamos por pista paralela a la carretera, hasta que se llega a otra, en la que también hay fuente, internándose un poco a la izquierda. Con sumo cuidado, se cruza la carretera, pasando por un albergue Salesiano. Subimos por la cabañera, que nos deja en la pequeña carretera que baja de Aratorés y por detrás de Villa Juanita continúa hasta llegar a la parte alta de Castiello, habiendo dejado a la derecha el albergue A’Noguera. En esta parte alta se encuentra la parroquial de San Miguel. Descendemos por la calle principal, donde está la fuente del Arco. Llegamos a la carretera, que cruzamos por el paso de peatones, cruzamos el puente y seguidamente tomamos el camino a mano derecha, que nos va a llevar hacia Jaca. 



CASTIELLO DE JACA - JACA

            El río Ijuez baña la Garcipollera, y se atraviesa por un moderno puente de madera, junto a una hilera de piedras, que era el antiguo paso. Llegamos a una finca llamada Bergosilla, próxima al puente de Torrijos, y aquí nos detenemos de nuevo. Hay una silueta metálica de un peregrino, y un pequeño cobertizo con imágenes y leyendas alusivas al Camino. La historia da cuenta de que este lugar se llamaba Hijos, y que ha sido desdibujado por el trazado ferroviario y carretero. En lo alto de una gran ladera de roca, donde ahora hay una torre de alta tensión, había una torre fortificada, y de ahí deriva el nombre de Torrijos, de torre de Hijos. En los siglos XIV y XV los Jiménez de Arloz eran los señores de Hijos. Actualmente está la cantera de Torrijos, en la que siguen dando vida a este oficio tan antiguo como artesano. Otro punto digno de mención es la existencia de una fuente, hoy casi cegada, de aguas sulfurosas, debajo mismo del puente, y que era apreciada en la antigüedad por sus propiedades medicinales.


            Dando continuidad al camino, dejamos a nuestra derecha el puente de Oliván, también llamado de Grallas, o Grajas. Al poco, nos topamos con una ermita, hoy en manos privadas. Es la de San Cristóbal, de factura popular, que fue construida por Francisco Villanúa en 1796 junto al empedrado puente del mismo nombre. Cristóbal significa “el que porta a Cristo”, y es patrón de conductores y viajeros. Y cerca ya estamos de nuestro destino, Jaca, en cuya entrada tenemos el puesto del kilómetro 829 a Santiago. Está junto al parque que hasta hace poco albergaba el Árbol de la Salud, un viejo olmo que no resistió el paso del tiempo. Aquí estaba en la antigüedad la iglesia de San Esteban y el hospital de San Marcos, de vocación leprosera. En el casco viejo de Jaca, las dependencias del antiguo hospital han sido acondicionadas para que sean sede hoy en día del Albergue de Peregrinos. Llegados a la antigua capital del reino podemos visitar la catedral, como colofón de este viaje por la geografía y la historia jacobeas.

            De este modo concluimos esta primera etapa del Camino de Santiago Francés por Aragón, señalizado como GR 65.3, y que discurre por el puerto pirenaico de Somport hasta Jaca, habiendo recorrido 29,4 km, en un tiempo total de 6h 55', con un desnivel acumulado total de 155 m D+ y 960 m D-. 



Más fotos y el track

miércoles, 4 de noviembre de 2020

Centenario de la declaración de San Juan de la Peña como Espacio Natural Protegido

 


            Difícil se hace comenzar la crónica de una efeméride en estos tiempos sin mencionar los condicionantes que la situación sanitaria nos impone, y máxime cuando esos mismos condicionantes impiden la celebración de dicha efeméride, pero trataremos de ser positivos y de no nombrarlo más. No es preciso resaltar la enorme importancia que el monumento y el lugar tienen en la historia de Aragón, hundiendo sus raíces en tiempos legendarios, pero lo que hoy nos ocupa es el aspecto puramente natural del entorno, auténticamente privilegiado, que al fin y al cabo es el protagonista de la celebración.


Pradera de San Indalecio, con el Monasterio Nuevo, y Peña Oroel al fondo

            

EL TERCER ESPACIO NATURAL PROTEGIDO DE ESPAÑA

            No es baladí el acontecimiento, pues todos los días no se conmemora un centenario. Hace un par de años, se celebraba el de la creación del Parque Nacional de Ordesa, que en 1982 se ampliaba a Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, siendo el segundo Espacio Natural Protegido de España (ENP), tras unos meses antes haber declarado el del Parque Nacional de los Picos de Europa, Parque Nacional de la Montaña de Covadonga cuando se creó. Al cabo de dos años de esos primeros nombramientos impulsados por Pedro Pidal, marqués de Villaviciosa, se ponía en marcha oficialmente por Real Orden del 30 de octubre de 1920, el tercer ENP de España, con la creación del Sitio Natural de Interés Nacional de San Juan de la Peña, que comprendía los dos monasterios, sitos en el monte H-1002, la Covadonga Aragonesa, según la prensa de la época, por la similitud histórica ligada a la reconquista.


Acantilados de la fachada sur del Monte Pano, con la ermita de San Salvador al fondo

EL PIRINEO ARAGONÉS, DECANO DE LA PRENSA ARAGONESA, YA LO RECOGÍA

            El Pirineo Aragonés, en su número 1963, del 13 de noviembre de 1920, se hacía eco de la noticia: “Por Real Orden del 30 de octubre último, publicada por la Dirección General de Agricultura, Minas y Montes, ha sido declarado “Primer Sitio Nacional de España”, el tradicional y pintoresco monte de San Juan de la Peña, en el que se asienta el histórico monasterio que le da nombre. Esta preferente distinción, que tanto ha de contribuir a que aquellos sacrosantos lugares sean atendidos con la veneración que su historia merece, es debida a la gestión del Ilustre Comisario regio de Parques Nacionales, que en su reciente visita a esta provincia pudo convencerse de la justicia con que Aragón desea conservar sus glorias bajo la tutela oficial”.


Ermita de San Salvador, en el extremo occidental del Monte Pano

RECLASIFICACIÓN Y AMPLIACIÓN

            En tiempos ya más actuales, el Gobierno de Aragón, en Ley 6/1998 del 19 de mayo lo reclasificaba como Monumento Natural, con 264 has. Posteriormente, en Decreto 13/2007, del 30 de enero, del Gobierno de Aragón, ratificado en el BOA 20/2007, de 16 de febrero, se declaraba oficialmente la actual figura de Paisaje Protegido de San Juan de la Peña y Monte Oroel, añadiendo este último macizo a su zona de protección, sumando así hasta las 9514 has. actuales, incluidas en los términos municipales de la redolada, afectando a las comarcas de La Jacetania, Alto Gállego y Hoya de Huesca, con el siguiente reparto:


- La Jacetania (8934 has.): Jaca (6350 has.), Santa Cruz de la Serós (1376 has.), Bailo (932 has.) y Santa Cilia (276 has.)

- Alto Gállego (364 has.): Caldearenas (364 has.)

- Hoya de Huesca (216 has.): Las Peñas de Riglos (216 has.)



Bajando a cuello Betito, con el Cuculo al fondo


"QUITAD EL MONTE AL SANTUARIO Y HABRÉIS MUTILADO EL MONUMENTO"

            Según consta en un documento de Medio Ambiente del Gobierno de Aragón, “… este Paisaje Protegido, antiguo Monumento Natural de San Juan de la Peña, incluye una conjunción poco frecuente entre naturaleza y cultura: unidades ambientales representativas de la media montaña pirenaica (con una densa y variada masa forestal y cortados de conglomerados refugio de aves rupícolas de especial interés), y la existencia de uno de los monasterios más importantes de la Alta Edad Media y primer panteón real de Aragón, el Monasterio de San Juan de la Peña”. Y añade: “En 1869, tras la desaparición de las comunidades religiosas, el Estado tenía previsto subastar el monte de San Juan de la Peña. Tras las mediaciones del ingeniero de la zona quien enunció la célebre frase de “quitad el monte al Santuario y habréis mutilado el monumento”, evitó que esa subasta se llevase a cabo. De esta manera, en 1920 se declaró…”. 





ZEPA Y LIC, OTRAS FIGURAS DE PROTECCIÓN

            Destacamos también otras figuras de protección, como Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA), de 6149 has, y Lugar de Importancia Comunitaria (LIC), con 18185 has. Y compartiendo gran parte del espacio, en el ámbito cultural, digno de mención es también la creación del Parque Cultural de San Juan de la Peña, de 60400 has, con el objetivo de proteger y desarrollar un territorio donde conviven excepcionales muestras del patrimonio cultural y natural. Aunque saliéndonos del puro ámbito natural, al igual que con esta última entidad, no podemos dejar de nombrar también la creación el propio 24 de junio de 1949, fecha de San Juan Bautista, de la Hermandad de Caballeros de San Juan de la Peña, concediéndole el título de “Real” por Juan Carlos I en 2009.




ESCENARIO DE NUMEROSOS ESTUDIOS CIENTÍFICOS

            Volviendo al interés medioambiental y paisajístico, según manifiesta Daniel Gómez, presidente del Patronato del Espacio Natural Protegido (ENP), y no en vano investigador del Instituto Pirenaico de Ecología (IPE), dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), “… estamos ante un ecosistema de media montaña que reúne todas las condiciones para ser estudiado, porque recoge todos los biotipos de montaña, salvo el piso alpino…”. El espacio ha sido objeto de múltiples estudios en diversas áreas, desde las geológicas y edafológicas, hasta las faunísticas, dendrológicas y botánicas, pasando por los aspectos pastoriles y de aprovechamiento de pastos. Uno de los beneficios de tantas investigaciones, y algunas tan antiguas, es que han servido de base también para el estudio del clima, que desarrollamos brevemente más adelante, y tan particular es que hasta albergó en tiempos algún proyecto de construir un sanatorio en el lugar. Numerosos estudios que se pueden consultar en el IPE o en el Dpto. de Medio Ambiente de la DGA.




LAS COTAS DE LOS MACIZOS

            Entrando ya en materia, el espacio que nos ocupa tiene un gradiente altitudinal de más de 1000 metros, entre los 700 del piedemonte y los 1769 de su máxima altura, la cima de la Peña Oroel. Se trata, en definitiva, de dos teselas, que forman un conjunto geológico con orientación WNW-ESE, constituyendo unas de las llamadas Sierras Exteriores Pirenaicas. Las mayores cotas, aparte de la ya mencionada de Oroel, en este mismo monte están la Punta Bacials, de 1698 metros, en el extremo oriental, y la intermedia Punta de Sora, de 1707 m. Y en San Juan de la Peña, el Tozal de San Salvador, de 1547 m., al oeste del macizo, y el apéndice norteño del Cuculo, de 1552 m.




GEOLOGÍA

            Se trata de sinclinales colgados, comenzándose a formar hace, en torno a, 30 MM de años en el Oligoceno del Período Terciario, cuando finalizaba el proceso de formación de la cordillera. Los ríos desplazados por los movimientos orogénicos que dieron lugar a los Pirineos produjeron una intensa erosión que arrastró enormes masas de sedimentos, que originaron estos espectaculares paisajes. El sustrato rocoso, según el “Estudio de Pastos y Uso Ganadero en el Paisaje Protegido de San Juan de la Peña y Monte Oroel”, informe realizado por diversos investigadores del IPE-CSIC, encargado por el Departamento de Desarrollo Rural y Sostenibilidad del Gobierno de Aragón, en abril de 2018, “… está constituido por alineaciones de margas y areniscas sobre las que se sitúan depósitos de conglomerados, muy característicos de las zonas elevadas…”, unas composiciones que ofrecen un “ph” ligeramente ácido, que da pie al crecimiento de plantas acidófilas, por ejemplo del acebo. 




BOTÁNICA

            Continuando, pues, con los aspectos botánicos, el área geográfica que nos ocupa está situada en una zona de transición entre la Región Eurosiberiana y la Mediterránea, lo que da lugar a una notable presencia de comunidades vegetales, distribuidas entre el arbolado, los matorrales y el pasto. Entre las distintas composiciones de bosque, y sin extendernos mucho, podríamos citar: el carrascal, el quejigal, el hayedo, el abetal y el pinar. En el apartado de arbustos: el espinar y zarzal, el bujedo y el erizón. Y en cuanto a las formaciones herbáceas, se podrían agrupar en las de pasto mesófilo, pasto con junquillo, pastos secos con tomillos y aliagas, los surgidos en antiguas zonas cultivadas, las herbáceas nitrófilas, las que colonizan los humedales o las propias de los roquedos. 




FAUNA

            En cuanto a la fauna, en el apartado de los mamíferos, podríamos enunciar el jabalí, corzo, zorro, jineta, garduña, liebre, conejo, erizo y otros menores, como ratones, topillos... La avifauna está representada por el buitre leonado, la especie más numerosa sin duda, destacando también el quebrantahuesos, alimoche o el águila real, y de menor tamaño, los cuervos, chovas, gorriones, treparriscos, aviones… En reptiles hay diversas especies de culebras, incluidas las víboras, lagartos y lagartijas. Y los anfibios, diversas especies también de ranas y sapos. También hay invertebrados, como escarabajos, libélulas y mariposas.




CLIMA

           Un aspecto muy destacado es el concerniente al clima que, como citado anteriormente, está influenciado por la transición entre el atlántico y el mediterráneo, lo que le confiere notables variaciones en el régimen de temperaturas y precipitaciones, con importantes diferencias entre los pacos, o caras norte, más frías y húmedas, y las solanas, o caras sur, más secas y cálidas. Uno de los protagonistas de ese fenómeno es el efecto Föhen, por el que el viento procedente del NW, cargado de humedad, la deposita en la vertiente norte, descendiendo más cálido y seco por la contraria. Es algo que favorece una enorme riqueza ecológica y paisajística en relativo poco espacio. Las precipitaciones están más concentradas en otoño e invierno, siendo más escasas en el resto del año, con un estío relativamente severo, que propicia el desarrollo de más vegetación de perfil mediterráneo; al contrario, esos vientos húmedos de NW forman condensación de nieblas. Todo ello da lugar a un enorme número de hábitats y una gran heterogeneidad del paisaje.




ANTROPIZACIÓN

            Otro de los aspectos objeto de estudios ha sido la antropización del paisaje, es decir, la transformación que ejerce el ser humano sobre el medio, y en este sentido, acudiendo de nuevo al Estudio de Pastos y Usos Ganaderos del ENP, mencionado anteriormente, nos encontramos que “… el modelado biótico-paisajístico de este territorio se debe en gran parte a la influencia humana más o menos intensa y prolongada durante más de dos milenios. Como en otros territorios de nuestras latitudes, dicho modelado ha tenido muchas variaciones a lo largo de tan dilatada historia”. En otro pasaje del mismo informe habla de que “… cabría estar muy atentos a cómo la sociedad tradicional modeló el paisaje, ordenó el territorio y estructuró un complejo sistema económico, de tal forma que logró establecer y mantener durante milenios una equilibrada adaptación al medio natural; una perfecta organización de las diversas actividades, permitiendo su encaje complementario y la participación de los diversos sectores sociales, así como una mesurada explotación de los recursos naturales…”. Hoy, nos encontramos con que toda esa actividad tradicional ha sido relegada a términos residuales, lo que está dando lugar a una transformación del paisaje.



            Se trataba, pues, de dar unas pinceladas sobre este excepcional espacio que tenemos a la puerta de casa, y quizá por ello no valorado lo suficiente. Un espacio de altísimo relieve en el ámbito medioambiental y paisajístico y del que nos debemos sentir orgullosos, incluso poniéndolo en valor entre propios y visitantes. Baste recordar que es el tercer Espacio Natural Protegido de España, declarado hace ahora cien años, y que se queda a la espera de la celebración que merece.