sábado, 24 de diciembre de 2016

El Trinidad, en la Sierra de San Just

IXOS MONS
Trinidad (1.547 m)
Jueves, 22 de diciembre de 2016



“Mientras mi voz llora en el suelo
en el talud final y zapapico,
va buscando el cielo abierto
a decirte que te quiero,
que te quiero y que me entierro
en el fondo cual minero”.



Exterior del Museo Minero de Escucha
            De nuevo por tierras de las Cuencas Mineras. Y qué mejor forma de empezar que con estos versos del poeta mejicano Salvador Pliego, en los que se destila una forma de ser, una forma de actuar, una forma de sentir, que en este caso se apaga como el carbón consumido, se apaga como las chamineras sin lumbre, se apaga como la esperanza de una tierra de negras entrañas, frente despejada y ardiente corazón. Restos de arqueología industrial minera, con más pasado que futuro, y poco presente. Gente brava, valiente, con coraje, que han sabido arrancar a la tierra su riqueza, devaluada hoy en día. Gente brava, valiente, nostálgica de su rico pasado. Gente brava, valiente, condenada a encarar el futuro con ilusión, con gallardía, con orgullo… con dignidad.

Escucha

El PR arranca por la vieja carretera
            En una depresión del terreno, entre la Muela de Montalbán al norte y la Sierra de San Just al sur, se encuentra la localidad de Escucha, de apenas mil habitantes, como otros tantos del entorno, lucha por sobrevivir. Toda esa actividad soterrada que se ha perdido, queda recogida en el Museo Minero, que ofrece a sus visitantes la visita a una mina auténtica, acondicionada para su recorrido, y que con sus 200 metros de verticalidad es la de mayor profundidad para ser visitada por el público en general.

Por el sendero
            Justo de la puerta de sus instalaciones parte el PR-TE 113, una circular que nos va a subir a la sierra de San Just, que tiene truco, y que nos ha hecho venir por segunda vez para descubrirlo. El vértice geodésico que lleva su nombre, a pesar de sus 1.523 metros de altitud, no es el punto más alto de la sierra, que para alcanzarlo hay que ir hasta el Trinidad, de 1.547 metros. Pero antes, nos llegaremos a su cornisa para asomarnos al mirador, recorreremos gran parte de su gran planicie para visitar la ermita, y luego ya entre pinos nos acercaremos hasta ese su punto más alto, donde también hay una garita de vigilancia de incendios. Con Vicente León jr. hemos hecho este recorrido. Vamos.

Vista de Escucha desde el mirador.
            Partimos pues del aparcamiento del Museo Minero de Escucha para engancharnos ya a las marcas de PR, unas marcas blancas y amarillas que acusan el paso del tiempo. Los primeros cientos de metros se hacen por el canto de una vieja carretera, la N-420a, ya en desuso. Se cruza un barranco y rodea una vieja torre, que forma parte de ese paisaje de arqueología minera. Dejando esta vieja carretera a la derecha, las balizas nos meten por un ancho camino, que pasa por las proximidades de la mina Concepción. Todo en muy ligero ascenso, hasta que nos enfrentamos a un canalizo, por el que ya más empinado, el camino se vuelve sendero. Un sendero que va jugando al despiste con la pista, que en ningún momento nos ha ocultado el imponente paredón de este anticlinal, y que tras pasar junto a viejos corralones, finalmente nos sube hasta el mirador, desde donde podemos contemplar este paisaje, callado paisaje, labrado por viejos y abandonados bancales que ponen de manifiesto unos usos tradicionales del terreno. Hoy, las nieblas circulan libremente por el fondo de los valles, dándoles un aspecto singular, como bufandas etéreas que quisieran proteger a las montañas.

El camino a su paso por el viejo mesón
            Una vez encaramados a esta loma de San Just, seguimos la dirección de los indicadores, que nos llevan hacia el sur, topándonos con el camino de Escucha a Mezquita de Jarque, que cruzamos si queremos acercarnos hasta la ermita que comparte nombre con la sierra. Y como queremos, allá que vamos. Se trata de un edificio de tamaño medio, datado en el siglo XVIII, que se halla junto a un gran círculo de piedras que no cuesta imaginarse lleno de visitantes en torno a una buena merienda. Pero eso será en momentos con mejor temple. Nosotros volvemos sobre nuestros pasos hasta ese camino, que ya no abandonamos, y que es el de Escucha a Mezquita de Jarque, dejando a la izquierda lo que queda del antiguo mesón de San Just, en cuyas proximidades abandonamos este camino a Mezquita, que ya va buscando el barranco de la Umbría del Buitre que se nos abre a nuestra derecha.

Vista hacia el sur, con los techos de Teruel nevados


Línea de aerogeneradores
            Nuestro caminar discurre entre pinos y corros de nieve reciente, cuya blancura contrasta con las negras entrañas de esta tierra. Vamos un tanto alejados de la cornisa, en la que dejamos atrás el vértice geodésico que lleva el nombre de la sierra, pero que como decimos, no es el punto más alto de ella, sino que es otro vértice geodésico de nombre Trinidad, que alcanzamos saliéndonos de la pista para acercarnos a esa misma cornisa, donde lo encontramos junto a una vieja garita de vigilancia de incendios. La vista que se nos abre es extraordinaria. Hacia el norte, a nuestros pies, esa depresión en la que Escucha es el protagonista; la Muela de Montalbán, y una sucesión de sierras que configuran este singular paisaje; debajo de nosotros, bancales otrora humanizados, y que quedan como vestigios de una forma de vida ya desaparecida. Por el sur, sierras y más sierras, destacando en lontananza las montañas nevadas de los techos de la provincia. Al oeste, Utrillas. Y al este, un poco más alejado se ve humear la imponente chimenea de la central de Andorra, contando ya las horas. Y a uno y otro lado, en el borde de la cornisa, sin la menor muestra de vértigo, modelando el viento, una serie de aerogeneradores, que además de ser molinos, son gigantes, mi señor.

Bancales en desuso

            Breve bocado, cuatro fotos, y abandonamos la cornisa para incorporarnos a la pista que traíamos, que va buscando un hueco para emprender ya la bajada por una secundaria, dejando que la principal vaya hacia el punto neurálgico del parque eólico. Nos metemos ya de lleno en el paco, la temperatura y lo blanquecino del suelo lo indican. Unas zetas nos van bajando para salvar las primeras rampas, y luego ya más suave nos llevan por entre antiguos campos de labor con sus corrales espaldados. Se va apreciando ya un túnel de la vieja línea Teruel – Alcañiz, que no se llegó a terminar, truncando así las ilusiones de los habitantes de la veintena larga de poblaciones por las que estaba proyectado su trazado. Nuestro camino nos lleva a él, pero sin entrar, las señales nos bajan a la derecha, por encima de un barranco en el que reposan un buen número de chopos cabeceros, para pasar por el corral de la Ortiga, y el camino del mismo nombre, llegamos ya a Escucha, pasando antes por una parte del polígono industrial.

Sierra callada


            Y callejeando llegamos ya hasta el vehículo, en ese Museo Minero, tras haber recorrido 16,9 km en poco más de 4 horas de tiempo total, del que 3h 20’ han sido en movimiento, con 675 metros de desnivel acumulado D+, en una extraordinaria circular que nos ha permitido no sólo visitar uno de los pueblos mineros de esta cuenca, sino la de auparnos y recorrer la sierra de San Just, y poder deleitarnos con sus vistas, en una fresca mañana que nos ha lanzado sus penachos de nieblas que adornan el ambiente.




lunes, 19 de diciembre de 2016

Santa Cruz de la Serós, el CP Mayencos con el LV Belén Montañero FAM

IXOS MONS
Santa Cruz de la Serós
LV Belén Montañero FAM
Domingo, 18 de diciembre de 2016



            Y como no hay dos sin tres, con este tercer montaje de Belén terminamos por este año. Un año único, un año que para el CP Mayencos ha sido de celebraciones, porque 60 años sólo se cumplen una vez, y la Sección de Montaña no ha querido ser ajena a todo ello. De modo que no sólo se ha llevado a cabo la expedición al Ama Dablam, alargando el trekking hasta el CB del Everest, sino que ha habido dos colaboraciones con la FAM. Por una parte organizamos el X Día del Raquetista, allá por Febrero; y por otra, el LV Belén Montañero, y ahí vamos.


            Tras subir este año el Montañero del club al Puntal Alto del Foratón, y el Popular a la habitual Peña Oroel, nos ha tocado organizar la 55 edición del Belén Montañero FAM, y tras barajar varios escenarios, se he elegido finalmente el de Santa Cruz de la Serós, concretamente en la parroquial de San Caprasio. Habrá quién se pregunte cómo un belén montañero puede recalar en una población, por bonita que sea, que lo es, desde luego. La explicación es sencilla. Si en la práctica del montañismo en general hay poco relevo generacional, en la actividad belenista, mucho menos… por no decir ninguno, de modo que los que siguen asistiendo hoy a este encuentro que anualmente promueve la FAM, son los mismos que vienen acudiendo desde hace décadas, y aunque hayan sido aguerridos montañeros, que nadie lo pone en duda, hoy en día hay que facilitarles la jornada.  


            Pues con los parámetros ajustados a la situación actual, no se nos ocurrió otro emplazamiento mejor que la localidad de Santa Cruz de la Serós, que con su iglesia conventual de Santa María forma parte del conjunto monumental, artístico e histórico de San Juan de la Peña, considerado la cuna del Reino de Aragón. Declarado Conjunto Histórico Artístico del Camino de Santiago, este antiguo monasterio de monjas benedictinas fue fundado por Ramiro I de Aragón hacia 1060 alcanzando su máximo esplendor durante la estancia de su hija Doña Sancha, que ingresó como abadesa en 1070, siendo enterrada en 1095 en un magnífico sarcófago que actualmente se encuentra en el Real Monasterio de las Benedictinas de Jaca, a donde se trasladó la comunidad en 1555. En la localidad, encontramos también la parroquial de San Caprasio, de reducidas dimensiones, siendo una joya de estilo lombardo, la más occidental de Aragón. Y qué mejor lugar para emplazar nuestro Belén Montañero FAM.


            A pesar de que hablamos del emplazamiento a pie de coche, se dio la opción de estirar las piernas, convocando a los asistentes que lo desearan, en el Monasterio Viejo de San Juan de la Peña, para hacer andando el tramo del Camino de Santiago (GR 65.3.2) hasta Santa Cruz de la Serós, y es lo que se llevó a cabo. Qué menos que 3,5 km con 400 metros de desnivel acumulado D- y 50 m D+, para una jornada montañera.


            Las paredes de ese viejo monasterio destilaban humedad y frío, pero aun así a gusto nos hubiéramos quedado a escuchar todo lo que callan, porque estas piedras saben mucho de historia, y de la buena. Con estos vanos pensamientos, van llegando cuatro autobuses, cuyos ocupantes, o la mayoría de ellos comienzan a transitar por el solitario bosque que se ve sorprendido con nuestra presencia. Tras un breve tramo de subida se llega al cruce, que reparte juego entre los miradores del Monasterio Nuevo (derecha), Atarés (de frente), y nuestro destino (izquierda). Pronto el sugerente camino de bosque se torna algo más incómodo por los bolos del conglomerado, pero es algo que se ve compensado por la extraordinaria panorámica que se abre ante nosotros. Todo el Pirineo Occidental Aragonés se nos muestra claro, nítido, como en una gigante pantalla. Pero no todo es mirar al frente, que hay que hacerlo allí donde se pisa, porque hay algún tramo helado y hay que tener cuidado.


            Tras pasar por una amplia explanada donde hay una vistosa torre del tendido eléctrico, nos metemos ya en terreno más domesticado, acercándonos enseguida ya a Santa Cruz, a donde llegamos los primeros con una media hora de retraso sobre el horario previsto, debido a que no se ha salido a tiempo. Esto hace que se trastoque un poco el horario. Se llega al comienzo de la misa parroquial, a la que asiste todo el que lo desea. A continuación, el alcalde y algunos de sus colaboradores nos dan la bienvenida, ofreciendo café caliente, torta y moscatel. En este acto protocolario se hace entrega por parte de la FAM de unos recuerdos conmemorativos del acto al cura párroco, al alcalde, al club organizador y a dos de los veteranos que pocos belenes se han perdido en los últimos 55 años.


            Seguidamente se acude a la parroquial de San Caprasio, donde está colocado el belén, que puede visitarse gracias a la gentileza del párroco, que nos dejó las llaves de la reja que impide el paso a su interior. A la salida, y ya en una caldeada mañana, se ofrecía por parte del club un detalle a los participantes, y tras ello se asistía al recital de villancicos por parte de la coral de los Amigos del Camino de Santiago y de la del Stadium Casablanca, ambos de Zaragoza, que nos ofrecían bonitas piezas navideñas, al cabo de lo cual animaban a todos los presentes a entonar el Adeste Fideles, con lo que se concluía el programa de la jornada



            Los voluntarios del club, a los que desde aquí queremos agradecer su dedicación, tuvimos la oportunidad de compartir mesa y mantel con los asistentes del bus de la FAM, entre los que se encontraban viejos amigos, que no amigos viejos, del Stadium, de Os Andarines d’Aragón, y de otras procedencias, a los que también agradecemos su asistencia, así como al resto de participantes, hasta completar casi 240. También, cómo no, al cura párroco y al ayuntamiento de Santa Cruz de la Serós, por facilitarnos las cosas.


            Y así fue, así pasó y así lo contamos. Tras la algarabía propia de tanto ajetreo, sus menos de 200 habitantes se quedan ahí, en sus cosas, al igual que las históricas piedras que cierran el pueblo por el sur, y que albergan una parte importante de nuestra historia.





sábado, 17 de diciembre de 2016

La Peña Oroel acoge el Belén Popular del CP Mayencos

IXOS MONS
Peña Oroel (1.769 m)
Punta Sora (1.707 m)
Punta Bacials (1.698 m)
Sábado, 17 de diciembre de 2016



            La historia de los belenes del CP Mayencos viene de lejos. Con motivo de la creación de la Sección de Montaña, en el año 1968, y como acto inaugural de la misma, se sube el primero a la Collarada. Desde entonces ininterrumpidamente hasta nuestros días, se suceden todos los años buscando distintos objetivos localizados en montañas de la zona como Bisaurín, Aspe o Petrechema, pero también en otras de mayor entidad, como Infiernos y Balaitús. En el año 1978, en el décimo aniversario se decide su diversificación, manteniendo el Belén Montañero, que sigue rotando por nuestras montañas, y dando origen, por otra parte, al Belén Popular, que desde entonces se sube y se coloca todos los años bajo las faldas de la Cruz de Peña Oroel.   

Partimos del Parador de Oroel
Senda de la cornisa, partiendo del collado
            Siguiendo esa tradición, este año, tras haber colocado el montañero en el Puntal Alto del Foratón el sábado pasado, hoy nos ha tocado hacerlo en la Peña Oroel, y para ello nos hemos dado cita en el Parador, desde donde hemos ascendido por la ruta normal hasta el collado, para encaramarnos por la senda de la cornisa hasta llegar a la Cruz, donde nos hemos visto invadidos parcialmente por unas nieblas que no han aportado calidez precisamente.

Las nieblas no abandonan los valles sureños
Belén bajo las faldas de la Cruz de Oroel
            Tras los actos propios del momento, y de regreso ya hasta el collado, algunos de los participantes hemos optado por seguir por la cornisa, superando primeramente unos cortos pasos por la roca para continuar por ese sendero entre erizones. Tras pasar por la Punta Sora (1.707 m), seguimos por los cubilares de Ara hasta alcanzar ese otro extremo oriental que se da en llamar Punta Bacials (1.698 m), desde donde retrocedemos hasta tomar el sendero de los Lobos.


En la Punta Bacials
Tres de los cuatro precursores
            El descenso por él es una auténtica delicia, ya que es más solitario, lo que te permite intimar más con el medio. Si no se toma ningún desvío, se sale a la curva 13, por donde se accede ya a la ruta normal, que siguiéndola nos deja de nuevo en el Parador, tras cuatro horas y media desde que hemos salido de él, contando con que en la Cruz hemos estado como una hora. Una mañana pasada entre amigos, siguiendo una tradición del CP Mayencos de Jaca.




Alguna foto más en: https://www.facebook.com/chema.tapiagr/posts/1290284340994286

viernes, 16 de diciembre de 2016

Caimodorro, Muela de San Juan y Carbonera, sobrevolando Albarracín

IXOS MONS
Caimodorro (1.936 m)
Muela de San Juan (1.841 m)
Carbonera (1.540 m)
Martes, 13 de diciembre de 2016


Albarracín,
quilla de piedra,
rojo penacho de cuestas y de arcadas,
sobre ti duerme el tiempo,
sólo pervive el agua

            Con estas estrofas del ínclito Labordeta comenzamos esta nueva entrada. Una entrada que trata de Albarracín, porque hoy nos hemos ido a esas tierras sureñas, que con su máximo exponente en la población homónima, están llenas de monumentos que el devenir histórico y la multitud de sus moradores a lo largo de los siglos han ido legando, conservándose hasta nuestros días. Declarada Monumento Nacional en 1961 y propuesta para ser incluida en la lista del Patrimonio Mundial de la Humanidad de la UNESCO. Tierra de mil colores, que armoniza los azules cielos, con los verdes pastos y pinares, con el rojizo rodeno, con sus claras aguas. Tierra que casi vuela. Tierra que alberga tres de los ocho pueblos más altos de España. Albarracín, cuyo topónimo viene del clan bereber de los Banu Razin allá por el siglo XI.
  
Extraordinaria mañana nos recibe en Orihuela

Interior de la fuente del Tío Mantecas
            Caimodorro. Para acceder al punto más alto de la comarca partimos de la localidad de Orihuela del Tremedal, desde donde tomamos la A-2707, y a eso de kilómetro y medio tomamos una pista que pasa junto a la balsa de la Toba, con su fuente del Cura. A menos de dos kilómetros más encontramos un merendero, con edificio que contiene amplia barbacoa y buena fuente, del Tío Mantecas la llaman. Aquí dejamos el vehículo, porque da comienzo una ruta junto al río Gallo, al que nos abrazamos casi hasta su nacimiento en las faldas de este monte que hoy queremos tratar de tú a tú. Estamos en una parte de ese poco más del 10% del territorio aragonés que no pertenece a la cuenca del Ebro, ya que el Gallo es afluente del Tajo.

El sol acaricia suavemente, sin molestar, a la escarcha

Río de piedras
            Desde estas instalaciones, y a tres bajo cero, partimos por la llamada Ruta del Mirador de la Portera, y la comenzamos pasando bajo un curioso marco de troncos con los postes verticales adornados con las huellas palmares y sus nombres debajo. El frío y la humedad de ir por el fondo del barranco no impide el disfrute de recorrerlo en su serpentear, cruzándolo en varias ocasiones por puentes de troncos. Solitario lugar en donde abunda el pino royo, que crece a sus anchas jalonando el incipiente sendero. Allí donde falla el arbolado, el suelo luce un blanco tapiz de escarchas matinales, y creemos que también vespertinas, porque el tímido sol no es fácil que pueda con ellas. En poco más de media hora salimos a la pista, y con ello al aparcamiento, desde el que continuamos por lo que parece una trocha de madera. Resulta curioso observar los ríos de piedra, para los que no hay mucho acuerdo en su origen.

Vegetación en la planicie del Caimodorro
Cima del Caimodorro, con su buzón de cumbre
            Seguimos avanzando, y algún claro del bosque nos permite ver el Santuario de la Virgen del Tremedal, y más a la izquierda y alejado, el San Ginés, ya en la comarca del Jiloca. Nuestro no muy definido sendero nos lleva hasta unas paredes de roca que tenemos que superar a través de una de las canales que se aprecian. Una vez arriba, cerca estamos ya de una planicie, donde encontramos ya un claro itinerario marcado con hitos, que nos lleva hasta lo que se supone es el punto más alto, ya que está muy bien acompañado de pinos, que te impiden todo tipo de visibilidad. Aquí conviven un vértice geodésico, un buzón de cumbre en la rama de uno de esos pinos, y algo más, que desmerece totalmente, y es la base de lo que parece una torre de vigilancia, con los restos de la misma esparcidos por el entorno.

Bosque callado
Gran hito próximo a la cumbre
            Las fotos de rigor, cuatro palabras en el libro de cumbre y volvemos hacia la explanada siguiendo los hitos. Unos hitos que pensábamos nos iban a acompañar ya durante todo el descenso, pero no así, durante una hora vamos bajando monte a través unas veces por incipiente sendero, otras por intuición. Finalmente damos a una estrecha pista que nos lleva ya inequívocamente hasta el punto de inicio, al que llegamos con los mismos 3 grados, pero ya sin signo negativo. Desde que salimos de este suponemos que amable lugar en verano, hemos recorrido 8,8 km, para los que hemos invertido 3 horas de tiempo total, del que 2h 30’ han sido en movimiento, y hemos salvado 550 metros de desnivel acumulado D+.






Muela de San Juan
            Muela de San Juan. Volvemos a Orihuela para tomar la A-1512 dirección Noguera de Albarracín, tomando la TE-V-9032 una vez pasado el Campamento Juvenil Montes Universales, hasta Griegos, que con sus 1.604 metros de altitud es el segundo pueblo más alto de España, amparado en una enorme solana bajo esa sierra llamada la Muela de San Juan. Y a ella nos dirigimos. Justo junto al mural que ello indica, dejamos el coche para con la vista puesta ya en nuestro próximo objetivo, que es la torre de vigilancia que ocupa su cima. Un ancho camino entre campos nos dirige hacia la carretera, que cruzamos para continuar por sendero entre el bosque, por cuyos claros nos permite la vista sobre el Caimodorro, una visión que no ha sido recíproca.

Ruta de las Pernalas
Ya en la planicie, acercándonos a la cumbre
            Seguimos la Ruta de las Pernalas, que va zigzagueando hasta alcanzar la planicie, convirtiéndose en ancho camino entre grandes ejemplares de pinos, que nos lleva hasta el puerto de la Muela de San Juan, de 1.796 metros de altitud, donde encontramos el aparcamiento de las pistas de esquí de fondo, una antena de telecomunicaciones y el restaurante, teniendo que caminar por el borde de un acantilado hasta llegar a la torre de vigilancia, a cuyo lado se haya muy próxima una cruz, un par de bancos y un cartel indicador, todo ello formando parte del mirador de la Muela de San Juan, con extraordinarias vistas sobre Griegos y sus alrededores, en los que destacan sus dolinas.

Instalaciones de la estación de fondo de la Muela de San Juan
Vida al borde del abismo
            Volvemos sobre nuestros pasos, y como a unos 250 metros encontramos una debilidad en el acantilado, que aprovechamos para ir bajando por el bosque por sendero definido, cruzando la carretera y volviéndonos a meter en él, hasta que alcanzamos de nuevo la carretera, que ya seguimos hasta un paso canadiense que tras cruzarlo damos con el sendero de la subida, que tomamos a la derecha hasta alcanzar el vehículo.


Cruz y mirador de la Muela de San Juan
            Una bonita vuelta por este monte tan característico de esta zona, y que para hacer 5,2 km, le hemos metido 1h 40’ de tiempo total, del que 1h 25’ han sido en movimiento, para salvar los 265 metros de desnivel positivo acumulado D+, en una fresca pero clara mañana, con un sol que ya ha pasado del medio día.
  


  
Carbonera
            Carbonera. Para este tercer monte de la jornada, tenemos que llegarnos hasta Gea de Albarracín, y lo hacemos por Villar del Cobo, Tramacastilla y Albarracín. Desde que salimos de Gea ya podemos contemplar nuestro nuevo objetivo. Como a algo más de cuatro kilómetros y medio, y al pronto de pasar la llamada fuente del Meadero, sale una pista a nuestra izquierda. Es un monte sin demasiada prominencia, cuya cumbre está habitada por una torre de vigilancia forestal y vértice geodésico. No se conocen senderos que suban a ella, por lo que debido al buen estado de la pista, optamos por circular por ella.

Pista forestal de subida al Carbonera
Torre de vigilancia y vértice geodésico
            Entre Pinos y vegetación de monte bajo discurre esta pista que va subiendo hasta alcanzar un pequeño espacio que sirve de ensanche para poder dar la vuelta con el vehículo. Al sol no le queda más de una hora para que deje de alumbrar sobre estas ingentes masas de pinar, que transmiten riqueza, que transmiten gozo, que transmiten futuro. Nos aupamos hasta el vértice geodésico y las vistas son extraordinarias. Por una parte, la cuenca del Guadalaviar, antes de convertirse en Turia, con su embalse del Arquillo que da de beber a Teruel, que también se adivina. También se aprecian los hangares de Caudé. El Palomera, al otro lado del Jiloca. Al lado contrario, toda la serranía de Albarracín, con los Montes Universales, montes de todos y para todos, montes de altura, con esa tierra rodena excavada por esa obra de ingeniería hidráulica como es el acueducto de Albarracín – Cella, en el que merece la pena detenerse un poco.

Uno de los tramos del acueducto romano (turismocomunidaddeteruel.es)
Cumbre del Carbonera
            Se trata de una infraestructura romana, -se cree que data del siglo I dc- de unos 25 km de longitud, cuya función era llevar agua desde el Guadalaviar, desde las proximidades del castillo de Santa Croche, encima de Albarracín, hasta Cella. Ya se nombraba en el Cantar del Mío Cid, que refiriéndose a Cella dice: “Celfa, la del canal”. A través de un sistema de galerías, túneles, canales, arquerías, pozos verticales, y demás ingenios para el buen discurrir del agua, se dice que se utilizó hasta el siglo XII, cuando se descubrió la fuente natural de Cella. Hoy en día, está considerado como una de las obras hidráulicas más importantes del Aragón romano. A lo largo de los últimos tiempos se han ido efectuando investigaciones sobre su trazado, y se han abierto tramos accesibles, que se pueden visitar. Hay un Centro de Interpretación en Gea de Albarracín.

Extraordinaria vista sobre la cuenca del Guadalaviar
            Pues poco podemos decir de los datos de este último monte, que debido a las horas lo hemos hecho ya en coche. Han sido 7,4 km, con un desnivel de 380 metros acumulados D+; la duración, cercana a la hora, que andando puede pasar de dos.


            Una jornada, pasada con Pedro, del CA Javalambre de Teruel, en la que hemos tenido ocasión de visitar estas tierras de Albarracín y su curioso sistema de administración del territorio en sexmas, que viene del siglo XIII. Es la llamada Comunidad de Santa María de Albarracín, que sobrevivió al Decreto de Disolución de 1837, en el que desaparecieron las de Calatayud, Daroca y Teruel. Una jornada, en la que nos hemos aupado a tres de sus máximas alturas, el Caimodorro, que con sus 1.936 metros despunta sobre todas ellas; la Muela de San Juan, esa gran planicie sobre Griegos, el segundo pueblo más alto de España; y finalmente, el Carbonera, en Gea de Albarracín, desde el que se divisa media provincia. Una jornada, sin duda, bien aprovechada.